Ayer se reunieron los presidentes de México, Estados Unidos y Canadá, así como partes relevantes de sus gabinetes en los temas a tratar.
Como suele suceder en esas reuniones todo es amabilidad pública, buenas caras y mejores declaraciones. Las consecuencias de los acuerdos alcanzados los veremos en semanas, meses o años.
Uno de los principales temas de la reunión era la migración. Van un par de cosas que ayer pasaron lejos de la Casa Blanca.
Comunicado del Instituto Nacional de Migración (INM): “El INM de la Secretaría de Gobernación, con el apoyo de la Guardia Nacional y la Fiscalía General de Justicia del Estado de Nuevo León, rescató a 195 personas extranjeras hacinadas, sin alimento ni agua, en cuartos de un hotel localizado en el municipio de Apodaca, ubicado en dicha entidad… Se trata de 80 personas migrantes originarias de Honduras, 38 de El Salvador, 36 de Guatemala, 36 de Nicaragua, una de Cuba, una de Perú y tres de República Dominicana. De las personas hondureñas, 44 viajaban en núcleo familiar, además de 22 hombres adultos, tres mujeres adultas, 11 niñas y niños menores de edad no acompañados. De El Salvador, 18 compartían espacio como núcleo familiar, 13 más son varones adultos y siete mujeres adultas; y de Guatemala, ocho iban en núcleo familiar, así como 20 hombres adultos, siete mujeres adultas y un niño no acompañado. En tanto, de Nicaragua, 27 son hombres adultos, seis mujeres adultas, dos en núcleo familiar, y una niña menor de edad no acompañada. De Cuba es una mujer adulta, de Perú es un hombre adulto y de República Dominicana tres hombres adultos”.
En el sur del país, mientras una Caravana sigue avanzando y ya está en Veracruz, ayer mismo arrancó otra desde Tapachula que muy pronto comenzó a chocar con elementos del INM y la Guardia Nacional.
En Tapachula se siguen acumulando por miles los migrantes atrapados en una ciudad que ya no puede darles alojo. Van más de 108 mil peticiones de asilo recibidas por el gobierno mexicano.
La situación en los países de Centroamérica y otros del Caribe, como Haití, sigue deteriorándose y sus habitantes queriendo alcanzar la frontera estadunidense. Todo esto muy lejos de Washington. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p.2)
Planes cimentados. En el segundo encuentro bilateral dentro de la IX Cumbre de Líderes de América del Norte, Andrés Manuel López Obrador, mandatario mexicano, agradeció que el presidente Joe Biden esté comprometido con la idea de regularizar la situación migratoria de 11 millones de mexicanos que, desde hace mucho tiempo, aportan a ese país. “Es justa una reforma migratoria” para los mexicanos que viven y trabajan en los Estados Unidos”, aseveró el presidente de México, durante el encuentro bilateral con Kamala Harris, vicepresidenta de EU, quien mandó el balón a los legisladores de ambos países. La idea está lanzada y aprobada… A darle. (Excélsior, Nacional, p.15)
MAL PINTAN las cosas para México cuando sus asuntos se convierten en arma arrojadiza entre políticos estadounidenses, más aún cuando ocurre en un contexto electoral.
Y JUSTO eso está pasando con el gobernador de Texas, Greg Abbott, y varios influyentes congresistas republicanos fustigando -y con razón- al presidente Joe Biden por lo que ven como una falta de acción en la defensa de las empresas de Estados Unidos, el freno del flujo migratorio y la contrarreforma energética.
LA PRESIÓN ejercida por grupos de poder sobre el mandatario estadounidense, que enfrentará elecciones de medio término el próximo año, se está convirtiendo en un asunto de política interna en la Unión Americana, lo que puede traer severas consecuencias para la tensa relación bilateral.
MUY FINITO tendrá que hilar la diplomacia mexicana encabezada por Marcelo Ebrard -quien tiene aspiraciones presidenciales- más allá de la cumbre trilateral de ayer para evitar una reacción en cadena que le pegue a la relación comercial más importante que tiene nuestro país. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p.10)
Flores al embajador
Elogios del presidente López Obrador se llevó el embajador de EU, Ken Salazar. En la reunión que tuvo el mexicano con la vicepresidenta Kamala Harris, se refirió al diplomático como persona de confianza y “nos hemos llevado muy bien, es muy buena la relación”. Además, destacó que no hay mejor propuesta migratoria que la impulsada por Joe Biden. (El Heraldo de México, La 2, p.2)
Que redondo salió el día de la gira presidencial para el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, con la exposición de AMLO sin matices sobre sus prioridades frente a Joe Biden y Justin Trudeau, migración y comercio, además de explicarles la reforma eléctrica y sacarle el compromiso al jefe de la Casa Blanca de crear el programa Sembrando Oportunidades para el sureste. El canciller vio “química y afinidad”. (Milenio, Al Frente, p.2)
La enchilada completa del foxismo, relativa a la mentada reforma migratoria integral, siempre tuvo una explicación indiscutible para su fracaso: los atentados del 11-S que cobraron la vida de casi tres mil personas en Nueva York, Virginia y Pensilvania. Pero debe recordarse que el propio George W. Bush restaba de forma deliberada relevancia al tema mexicano, como aquella visita meses antes al rancho de Vicente Fox en San Francisco del Rincón, la cumbre vaquera, justo el mismo día en que ordenó un bombardeo que se llevó la atención de la prensa estadunidense cubriendo la gira del republicano.
Pero el tema siempre vende y ningún gobernante gringo lo puede eludir, sea como Donald Trump, para encender los ánimos de la clase supremacista, con baladronadas y órdenes ejecutivas para levantar muros en diversos tramos de la frontera, sea como Barack Obama, para reciclar la persistente promesa de una reforma integral que regularice la situación de 11 millones de migrantes, poco más de la mitad de ellos mexicanos.
Cuando Obama ganó la candidatura presidencial demócrata adoptó el discurso de una reforma migratoria y ya ganador para ocupar la Casa Blanca declaró que era una prioridad de su gobierno en la relación con el socio del sur, siempre convalidada por el entonces vicepresidente, Joe Biden. Enchilada completa o no, desde entonces se manejaba la cifra de los 11 millones candidatos a resolver su estancia. El tema no pasó de los dreamers.
Al final, la guerra legada por Bush junior contra Al Qaeda y el trabajo para limpiar el ardid de las armas químicas de Irak, pretexto para invadir y deponer a Sadam Husein, consumieron los dos periodos del ex senador, coronados, eso sí, con la caza de Bin Laden en Pakistán. Como sabemos, esa hidra, la del terrorismo, no está exenta de la facultad de generar más cabezas, hoy con el nombre Estado Islámico.
Biden ha intentado echar atrás las decisiones antimigrantes de Trump y con una iniciativa revolcada plantea retomar el tema de los famosos 11 millones, que deben ser ya muchos más. No se ve cómo pueda prosperar ahora y no debe haber un solo congresista preocupado por la amenaza de ser exhibidos por AMLO si no apoyan el proyecto. Ni uno. (Alfredo C. Villeda, Milenio, Al Frente, p.2)
Saldo blanco, incluso podemos pensar que fue positivo: no hubo ninguna polémica en lo que consideramos el “reencuentro” de América del Norte, esta cumbre de líderes de la región que no se realizaba desde hace cinco años. Imágenes del saludo y de intercambio de ideas que ayudan a fraternizar y estrechar las relaciones entre México, Estados Unidos y Canadá. Acaso el momento más tenso fue cuando López Obrador hizo un llamado a los otros dos mandatarios, ahí, frente a ellos: “Deben de hacerse a un lado mitos y prejuicios, por ejemplo, dejar de rechazar a migrantes, cuando para crecer se necesita fuerza de trabajo que, en realidad, no se tiene con suficiencia en Estados Unidos y Canadá, por qué no estudiar la demanda de mano de obra y abrir ordenadamente el flujo migratorio”, pero fuera de esto, todo fue cordialidad y fotos, muchas fotos. Las comitivas que integraron e hicieron posible este encuentro, habrán regresado satisfechas a casa.
Era necesario y evidente que este encuentro iba a realizarse. Una negativa del presidente mexicano para no viajar a Estados Unidos, por ejemplo, habría podido entenderse como una provocación, dado el antecedente de que sí viajó para encontrarse con Donald Trump en 2020. Por otro lado, en el entendido de que la mejor política exterior es la interior, la doméstica, de los tres mandatarios, Andrés Manuel López Obrador es quien tiene mayores posibilidades de darse el lujo de poner sus condiciones.
Joe Biden no lleva ni un año en el poder, pero su popularidad ha caído tanto que, según FiveThirtyEight, sólo es aprobado por 4 de cada 10 estadunidenses. La retirada de las tropas de Afganistán, la división al interior de su propio partido que impide el avance de sus reformas e incluso la sombra de Donald Trump, quien, aunque sin redes sociales aún es una voz activa, han entorpecido y afectado el mandato del demócrata.
Lo mismo ocurre con Justin Trudeau, él quien hace unos años fue uno de los rostros más frescos en la política internacional, por su juventud, empatía con varias causas sociales y por la manera en que atajaba las dificultades, ha visto cómo cae su curva de popularidad. Escándalos de corrupción al interior de su gobierno, polémicas por fotografías tomadas en sus años de juventud y que la corrección política ya no perdona… Sus activos apenas alcanzaron para que ganara la elección de hace unos meses, pero sus opositores le dieron un susto. Así que el primer ministro canadiense empata en positivos con los números del presidente de Estados Unidos.
Y de los tres, la diferencia la hace López Obrador. Ya en la mitad de su sexenio, y aún con los tantos, tantísimos pendientes que hay en cuestiones de salud, de seguridad, de incertidumbre económica y hasta de los alcances que puede tener el diálogo, el presidente mexicano es aprobado por seis de cada 10 mexicanos, según datos de Oraculus. Así que si se observa con esta en perspectiva, la IX Cumbre de Líderes de América del Norte tenía en esas figuras el primer y más inmediato objetivo: esas fotos que le dicen al mundo que, por supuesto, que la región está firme, pero más aun, da un mensaje de certeza al interior de cada país, que para nuestro caso es tan necesario. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p.16)
Hace muchos años, con una cierta picardía franco canadiense, Pierre Elliot Trudeau, primer ministro del Canadá; esposo de la espectacular Margaret y padre de un infante llamado Justin, quien hoy ocupa el mismo cargo; le dijo a Miguel de la Madrid, presidente de México.
–México y Canadá son dos grandes naciones de América del Norte, separadas solamente por los Estados Unidos.
Obviamente en aquel tiempo el neoliberalismo continental no había desarrollado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), un el actual TEMEC, denominación tras la cual se ponen los mismos intereses, pero con mayores ventajas para los Estados Unidos.
Y los líderes de esos tres países, reunidos ayer, bajo ese paraguas, hablaron de temas conocidos en términos desconocidos, porque el lenguaje político y más aún el de la diplomacia, no está hecho para la comunicación sino para el disimulo, el engaño, la cortesía, el uso zalamero del pasado, la promesa recurrente de un. futuro luminoso cuyo advenimiento resulta siempre imposible, porque nunca han sido las cosas como se dicen en los discursos, mucho menos cuando los oradores son expertos en el arte del engaño y la simulación, como en este caso.
Por eso las conferencias de prensa no están hechas para informar sino para ganar imagen frente a los medios, quienes nos conformamos con los lejanos resplandores de cosas apenas advertidas. Muy rara vez se dicen cosas claras, concretas e inmutables.
Por ejemplo:
“…PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: Somos pueblos y naciones hermanas (¿Desde cuando?)
JUSTIN TRUDEAU, PRIMER MINISTRO DE CANADÁ (interpretación del inglés al español): Es un gran placer estar aquí hoy con el presidente de México. Tenemos mucho de qué hablar y será un placer sentarme y poder hablar de todos los temas que tenemos en común.
PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: Estamos muy contentos de encontrarnos con el primer ministro Trudeau y, como ya lo mencioné, somos pueblos, naciones hermanas que estamos muy cerca, pertenecemos a América del Norte y tenemos muchas cosas en común y, lo más importante, una muy buena relación de cooperación y de amistad.
Gracias.
JUSTIN TRUDEAU (interpretación del francés al español): Es un placer para mí tener la oportunidad el día de hoy de hablar de todos los temas que tenemos en común, como son el de los pueblos indígenas, el liderato de las mujeres y el hecho de que somos grandes aliados.
“Es un placer para mí tener la oportunidad de sentarme el día de hoy para charlar con el presidente de México y tratar todos los temas que tenemos en común. Será un placer hablar con él a lo largo de esta sesión.
Todo se fue (públicamente, al menos) en palabras huecas, como la lección de historia y las alusiones a Lincoln y Roosevelt pronunciadas por el presidente López Orador ante el presidente Biden quien prefería estirarse los calcetines y colocar su hermosa corbata azul en perfecta simetría con el saco marino.
Solamente un hombre distraído o desinteresado (o ambas cosas) se acomoda las tobilleras cuando el otro le habla de Neruda.
En fin.
Palabras huecas, conceptos de toda la vida.
¿Habrá algo trascendente detrás de esta verborrea? Indudablemente, pero lo sabremos en el futuro. Lejano o cercano, no lo conocemos todavía.
“Dijo Biden:
“…en realidad, cuando yo era vicepresidente y ahora durante mi presidencia en diciembre dije que no iba a ser la política de buenos vecinos, sino la política de iguales, en pie de igualdad.
“Y en realidad, señor presidente, ya no usamos expresiones como ‘nuestros amigos del sur’, sino que estamos hablando de nuestros pares, nuestros países que están en pie de igualdad, eso es lo que me gusta.
“En realidad, es una nueva relación, una relación emergente que se basa en respeto mutuo.
“Bueno, en realidad desde enero nosotros hemos tomado medidas muy importantes para profundizar y solidificar la relación entre ambos pases y hemos relanzado el Diálogo Económico de Alto Nivel, también llevamos a cabo la reunión de Diálogo de Seguridad de Alto Nivel, lo cual resultó en un enfoque conjunto sobre seguridad y también dentro del marco del bicentenario (de las relaciones diplomáticas)”.
Ni una palabra sobre las empresas energéticas,cero alusiones a los espías de la DEA, a pesar de la captura de la Doña Jefa esposa del Mencho. Nada.
Declaraciones tan invertebradas como una almeja con limón.O sin limón.
Sin embargo, hubo algo cercano a la realidad. No al realismo, pero si a los hechos actuales. Dijo López Obrador:
“…Nosotros estamos atentos a ese proceso (la regularización migratoria de 11 millones de indocumentados) y deseamos que le apoye el Congreso, tanto los legisladores del Partido Demócrata como los legisladores del Partido Republicano.
“Vamos a darle seguimiento a esa iniciativa (ya no insistió en la exhibición pública de quienes no la respalden en el Congreso de EU), que beneficia a millones de migrantes, de mexicanos, que viven y trabajan honradamente en Estados Unidos.
“Es una iniciativa, entre otras cosas, con dimensión social; es una iniciativa para hacer justicia y por eso nos da mucho gusto estar aquí…”
Pero la reunión tuvo un matiz interesante.
Kamala Harris, la vicepresidenta, enterada obviamente de la actitud del embajador Ken Salazar en torno de las preocupaciones estadounidenses por el posible empuje contra (casi expropiatorio) las actividades extranjeras en la industria eléctrica, le dijo al presidente de México del respaldo al embajador:
KAMALA HARRIS, VICEPRESIDENTA DE ESTADOS UNIDOS (interpretación del inglés al español): … Hace muchos años que conozco al embajador Salazar y estamos muy orgullosos de que él represente a los Estados Unidos en México.
Y sin más, les paso a ustedes la palabra y vamos a trabajar juntos.
PRESIDENTE ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR: Agradecer esta reflexión gentil, amable de su parte, vicepresidenta. Nos da mucho gusto volvernos a encontrar aquí en Washington. Yo coincido en que tienen ustedes a un buen embajador”. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Columnistas, p.4)
Una vez que se ha reactivado el encuentro entre los jefes de Estado de América del Norte, junto con los temas previsibles que se abordarán relacionados a la migración centroamericana y mexicana, la seguridad fronteriza, el narcotráfico, la pandemia, el tráfico de armas, el comercio trilateral, o la protección de los trabajadores migrantes mexicanos, aparece otro tema al que se le ha prestado menos atención pero que no es menos relevante: la deseable integración cultural de la región.
La creciente integración económica y comercial de México, Estados Unidos y Canadá, en el marco del TMEC, es un instrumento que permite a su vez la construcción de un nuevo horizonte de identidad común para la región Norteamericana a partir del reconocimiento de su diversidad lingüística, étnica y cultural.
Hay una historia en común, un pasado entretejido y mutuamente condicionado entre México, Estados Unidos y Canadá, que nos permitirían construir políticas culturales trilaterales para la integración de algo a lo que podríamos empezar a llamar como el Espacio Cultural Norteamericano. De enorme complejidad y profundas asimetrías, sin duda, pero de un enorme potencial en su diversidad, en sus vasos comunicantes, en su contribución al desarrollo económico de la región, y en la proyección hacia el exterior de una nueva identidad regional con la que en México no terminamos de identificarnos del todo: somos latinoamericanos, o iberoamericanos, de la misma manera que somos parte de Norteamérica.
Imagino entonces al Espacio Cultural Norteamericano como la columna vertebral de una nueva diplomacia cultural trilateral –con proyectos comunes entre México, Estados Unidos y Canadá- proyectada hacia el resto del mundo: una región enriquecida en el presente y en el futuro por sus mutuas interdependencias históricas y las aportaciones de sus comunidades creativas. Un nuevo territorio incluyente para desandar los viejos caminos de la intolerancia y la mutua incomprensión.
Para ello, es necesario revisar de nuevo lo acordado en el marco del TMEC y las lecciones que nos dejó el TLC. A nivel global internacional hay repunte expansivo y sin precedentes de la circulación, comercialización y consumo de contenidos y bienes culturales digitales, que México, Estados Unidos y Canadá deben de tomar en cuenta al momento de pensar el papel relevante de estos productos culturales desmaterializados en la integración comercial del bloque norteamericano, a partir del diseño de políticas y legislación en esta materia que favorezcan a los tres países.
Es de particular relevancia revisar en la etapa temprana de implementación del TMEC el artículo 19 que prohíbe la imposición de derechos aduanales a la transmisión de cualquier contenido cultural por vía electrónica. Éstos comprenden todos los programas de cómputo, texto, video, audio e imagen producidos para efectos de venta comercial o de distribución, un aspecto muy sensible que podría desfavorecer a los sectores mexicanos y canadienses menos desarrollados en este ámbito., toda vez que ninguna de las partes puede imponer cuotas arancelarias o cualquier otro cargo a la importación o exportación de productos digitales transmitidos en forma electrónica.
EL TMEC incluyó en su artículo 32 un régimen específico de excepción cultural para Canadá, que protege a sus industrias editorial, audiovisual, musical, de telecomunicaciones, de televisión abierta y por cable, de programación satelital y de servicios culturales a través de la red. México deberá encontrar en el proceso de implementación del TMEC los mecanismos previstos para ejercer el derecho de retorsión (esto es, medidas de reclamación y compensación) en caso de afectación de los intereses de cualquiera de las partes a consecuencia de la aplicación del artículo 19 y otros artículos del acuerdo con un impacto directo o indirecto en el desarrollo de sus sectores creativos y culturales, amparados en el marco de los derechos de propiedad intelectual sancionados por otros organismos multilaterales como la OMPI, la OMC o la UNESCO. En otras palabras, Canadá se defendió mejor que México para proteger a sus industrias creativas en el marco del TMEC, y esto es algo que debemos revisar en los próximos años.
El derecho de adoptar e implementar medidas que reviertan o mitiguen las posibles afectaciones a los sectores culturales de los tres países como resultado de la instrumentación del TMEC en los próximos años, constituye uno de los aspectos centrales del dialogo trilateral hacia la construcción del Espacio Cultural Norteamericano.
México, Estados Unidos y Canadá otorgan un papel de la mayor relevancia al comercio de sus bienes y servicios culturales como un aspecto esencial de su crecimiento económico. Los tres países consideran estratégico el acceso de sus productos a los mercados internacionales de bienes culturales a través de los mecanismos de negociación comercial internacional contemplados tanto en el TMEC como en otros instrumentos internacionales vigentes.
Hace 60 años, al cumplirse medio siglo de la Revolución Mexicana, el joven diplomático e internacionalista Jorge Castañeda escribió a propósito de nuestra política exterior : “el punto que ha alcanzado México en su evolución interna exige una mayor actividad internacional e impone nuevas modalidades de actuación. (…) México ha sido un país de escasas ventanas abiertas al exterior”.
Dos décadas antes de ocupar la titularidad de la SRE en 1979, Castañeda cuestionaba en 1960 los alcances de la visión latinoamericanista de nuestra política exterior: “el panamericanismo no ha probado ser el marco institucional adecuado para estimular la indispensable integración política y económica de los países latinoamericanos entre sí. Nuestros intereses comunes, sobre todo económicos, son a menudo opuestos a los de Estados Unidos”. Es tiempo de reconsiderar sus reflexiones. Es tiempo de crear una nueva narrativa para explicarnos como parte de un espacio ampliado de identidades colectivas e intereses comunes al que llamamos Norteamérica. (Edgardo Bermejo Mora, La Crónica de hoy, Columnistas, p.5)
El Presidente de México entiende al mundo a través de agravios, reclamaciones y retribuciones. El rencor disfrazado de afán justiciero es una de sus tácticas de negociación, junto con la fantasía de sentirse un hombre brillante cuyas ideas deben ser emuladas. Pide, exige, porque cree merecerlo. Malo para ofrecer, bueno para estirar la mano. Porque le encanta hablar de países pares y soberanos, pero no ofrece un intercambio de iguales, sino que demanda un trato de privilegio.
López Obrador es el príncipe de las frases huecas que usa la historia como evasión. Es como sus “otros datos”, pero con referencias en el pasado lejano. No lleva a nada, excepto pretender cultura en un ámbito que demandaría ser innovador y audaz: durante ese escaso tiempo para dialogar con el Presidente de los Estados Unidos, la vicepresidente, el Premier canadiense. Sus peroratas ponen una oportunidad dorada en el basurero más cercano.
Incapaz de mirar hacia el futuro, habló repetidamente de Benito Juárez y de Abraham Lincoln, de Franklin Roosevelt y Lázaro Cárdenas, que qué bonita relación bilateral tuvieron en las décadas de 1860 y 1930. Sobre los embajadores respectivos, nada de mencionar a los actuales, pero tiempo le sobró para pontificar sobre Josephus Daniels (el enviado diplomático de Roosevelt).
A Joseph Biden y Kamala Harris les tocó la felicitación por la legislación propuesta por la administración demócrata de legalizar a millones de migrantes. Que ojalá tuviera el apoyo de su partido y de los republicanos, y que seguiría dicho proceso atentamente. Tuvo la desfachatez adicional de plantear que Estados Unidos y Canadá dejaran de rechazar migrantes.
Esto del Presidente que estableció, por presión de Donald Trump, y mantiene hasta hoy, una barrera de contención a los migrantes que tratan de entrar a México por la frontera sur. La exigencia del que pide que se abran (más) las puertas a los mexicanos, pero hace en muchas ocasiones lo indecible para cerrar el ingreso al país de capitales extranjeros. Entonces sí, se acuerda de la soberanía e ignora lo que él mismo firmó en el T-MEC.
Nada sobre México expulsando a sus nacionales hacia tierras extranjeras. En materia migratoria, es como si la pelota solo estuviera en la cancha de Estados Unidos. A Harris hasta le tocó la sobada propuesta de que Estados Unidos tenía que hacer programas de empleo en América Central para evitar la expulsión de personas. Programas que, ya se sabe, son Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro.
Por otra parte, ni siquiera dio las gracias a Biden por las vacunas que tanto le han servido para hacer caravana con sombrero ajeno. Porque el Covid es un tema central del que habló Biden en el evento tripartito, y también lo hizo Trudeau. López no lo mencionó ni siquiera de paso. Quizá porque para él simplemente no es un problema.
El tabasqueño ya encontró hace tiempo una fórmula para mantenerse en la década de 1970 fingiendo ser moderno: hay que producir lo que se consume. En su discurso dijo explícitamente lo que se estudia en los textos de historia económica: “sustitución de importaciones” (imposible imaginar lo que pensaron Biden y Trudeau). Que los fletes están muy caros y que China domina el comercio mundial, y por ende América del Norte debe casi transformarse en una fortaleza.
Fue una cumbre tripartita en que departieron dos líderes globales y un mendigo con visión aldeana e ínfulas históricas, y además demandando lo que no está dispuesto a ofrecer. (Sergio Negrete Cárdenas, El Financiero, Economía, p.8)
La primera cumbre de líderes de América del Norte en cinco años estuvo llena de símbolos. En esta pista los ojos estaban puestos en el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien llegó a Washington en medio de expectativas, y con cierto morbo, por su visión etnocentrista sobre México, la política y la vida. La prensa extranjera había reflejado las vísperas la forma como se aísla del mundo y, al mismo tiempo, cómo le gusta presumir que ideas y acuerdos que toma el mundo en cónclaves internacionales, fueron inspirados en lo que él ha puesto en marcha en México. Sin embargo, era un enigma cómo se comportaría ante Joe Biden y Justin Trudeau, aunque al finalizar el día en la capital estadounidense, realmente no decepcionó. Sus discursos públicos, improvisados, fueron reiterativos, erráticos e inocuos.
López Obrador no supo, porque no quiso o no lo persuadieron de otra cosa, aprovechar el viaje a Washington. Pudo haber viajado el martes por la noche a la capital estadounidense tras inaugurar el Tianguis Turístico en Mérida, pero como no utiliza aviones oficiales, perdió todo el día porque tuvo que salir de Cancún, que no tiene vuelos directos. No se sabe cómo se fue ni por dónde llegó, pero mientras volaba, el primer ministro canadiense estuvo en el Capitolio sensibilizando a legisladores sobre el impacto negativo que tendrían algunas medidas proteccionistas que está impulsando Biden.
Trudeau fue con quien primero habló López Obrador en un encuentro bilateral, que comenzó con un discurso de bienvenida en el Centro Cultural de México en Washington, que no habló del presente sino del pasado, que no se refirió a los problemas que enfrentan ambos frente a Estados Unidos y alinearse, aunque fuera retóricamente, contra las acciones emprendidas por Biden que afectan la integración norteamericana. Trudeau no perdió el tiempo y expresó desde temprano sus objeciones a los créditos fiscales para consumidores y sindicatos propuestos por Biden para estimular la producción de autos eléctricos.
López Obrador le mostró los murales del Centro Cultural y habló de Lázaro Cárdenas y Benito Juárez. Sobre temas contenciosos de importancia para las dos naciones, ni una palabra. La forma de actuar de Trudeau en Washington llevó a que Biden elogiara la relación bilateral con Canadá y buscara públicamente limar cualquier aspereza. Cuando se reunió con López Obrador, mientras el Presidente mexicano volvía a hablar de Juárez, de Cárdenas, y a hablar históricamente de Abraham Lincoln y Franklin Delano Roosevelt, sin dar espacio para la traducción, Biden se levantaba los calcetines y escribía algunas notas ajenas.
Las dos fotografías más importantes de ese momento en la Oficina Oval fueron donde López Obrador se veía achicado en una silla dura con las manos cruzadas, y donde Biden lo tomaba un momento de la rodilla. La más reveladora del encuentro con los canadienses es donde aparece en la mesa, a la izquierda del Presidente, el embajador de México en Ottawa, Juan José Gómez Camacho, porque durante días informó a la prensa de Canadá lo que pareció ser lo único, o lo más importante, que acordaron los dos a nivel bilateral: compartir experiencias sobre cómo reivindicar y restaurar la relación con los pueblos originarios.
Para la prensa canadiense, el encuentro de Trudeau con López Obrador fue intrascendente, salvo en aquellos momentos donde los dos países resultaban afectados por las políticas de Biden, sobre las que López Obrador guardó silencio. En otros temas habló, aunque cometió errores. Uno fue señalar a Biden como el presidente estadounidense que más ha hecho por los migrantes, en apoyo a su iniciativa de ley –que aún no se aprueba– para regularizar a 11 millones de inmigrantes, 5 millones de ellos mexicanos. No sabe que el presidente Ronald Reagan sí logró que el Congreso aprobara la llamada Ley Simpson-Mazzoli en 1986, que buscaba dar amnistía a 5 millones de inmigrantes aunque, al final, sólo resultaron elegibles unos 3 millones.
Estados Unidos, Canadá y México mostraron ser asimétricos en todo. En imposiciones, como fue la agenda de la cumbre hecha a la medida de la Casa Blanca, en la personalidad y la forma de actuar de sus líderes, y en su densidad y defensa de intereses. Trudeau fue a Washington a buscar el beneficio de empresas y ciudadanos canadienses, frente a Biden, que busca la protección de empresas, sindicatos y clientelas políticas, en choque con el primer ministro. López Obrador debió haber hecho la misma defensa que esgrimió Trudeau, porque las amenazas proteccionistas demócratas son iguales, pero se perdió en la historia corta y en confusiones conceptuales.
Por ejemplo, la integración económica, donde quiere que Estados Unidos jale las economías de México y América Latina. Sobre su visualización regional, ni en lo discursivo le hicieron caso. América Latina sólo existió para que México y Canadá distribuyan en el subcontinente las vacunas anti-Covid que les da Estados Unidos. América Central sólo jugó un papel secundario cuando acordaron buscar oportunidades de empleo para un número no especificado de ellos, pero en los tres países, no sólo en Estados Unidos, como quería López Obrador, y diseñar planes de inversión productiva, no sembrando árboles. En este renglón, quien pedía una locomotora que generara la integración, quedó integrado en las políticas diseñadas por la Casa Blanca.
Todo esto no significa algo malo para México, o para su Presidente, o para los resultados de la cumbre. Al contrario. El encuentro dio más resultados concretos e inmediatos de lo que anteriores reuniones han alcanzado, y fue la placenta de lo que la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, definió horas antes de la cumbre como lo más importante, reanudar el nivel de compromiso de cada uno de los líderes para con Norteamérica, que se había estancado desde 2016, durante la etapa negra de la presidencia de Donald Trump. El involucramiento activo no es negativo, aunque López Obrador, por lo que se sabe, fue un mero pasajero en el asiento de atrás y se desconoce cuántos compromisos cumplirá. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p.48)
WASHINGTON. Una de las principales promesas de Joe Biden en su elección fue restablecer las relaciones y alianzas económicas y políticas de Estados Unidos.
La necesidad y las dificultades de esa búsqueda quedaron reflejadas el jueves en el primer encuentro de líderes de América del Norte en cinco años, cuando Biden se reunió con Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, y Justin Trudeau, primer ministro de Canadá.
Amén de ser sus vecinos, México y Canadá son al mismo tiempo dos de sus mayores socios comerciales y aliados inevitables para uno y otros en la producción y seguridad estadounidense. La integración económica regional, la creación de una unidad productiva, fue una de las razones del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) y luego del Tratado México-Estados Unidos-Canadá.
Los geopolíticos consideran que una de las ventajas estratégicas estadounidenses es que su territorio está protegido por océanos, al este y al oeste, mientras al norte y al sur tiene frontera con dos países amistosos y relativamente más débiles.
Pero con frecuencia, o al menos así parece, EEUU se olvida de que sus vecinos, con economías importantes por derecho propio, tienen intereses, necesidades, problemas y consideraciones políticas que pueden diferir de los suyos, pero los impactan.
Donald Trump fue uno de esos mandatarios que en aras de exaltar el nacionalismo estadounidense ofendió, y de hecho maltrató a sus socios. Su tendencia se puso de manifiesto, por ejemplo, en temas como el contenido local en la manufactura de automóviles, que bien puede ser considerada como una de las mayores para la región como un todo.
Biden tiene una visión similar, en tanto que su meta explícita es mejorar el empleo y las condiciones económicas de los estadounidenses, pero al buscarlo violaría el espíritu, si no la letra del T-MEC y de la alianza obligada entre los tres países.
Oficialmente, el anfitrión estadounidense buscó centrar la cumbre trilateral en la profundización de la cooperación económica con sus vecinos, pero como parte de la discusión estuvieron las reservas de Canadá y México sobre el aspecto de exclusión en la doctrina de “compre productos estadounidenses” de la agenda “Reconstruir Mejor” de Biden, en perjuicio de los exportadores canadienses y mexicanos.
El incremento en los contenidos automotrices estadounidenses, de 62.5 por ciento en el TLCAN a 75% en el T-MEC y la cuestión de la fabricación de vehículos eléctricos, son parte de ello.
A nivel bilateral, temas como migración y la reforma eléctrica en México siguen como puntos de preocupación, pero aunque anotados fueron deliberadamente puestos de lado y dirigidos a foros bilaterales.
Sin embargo, hicieron recordar que para bien o para mal, la seguridad económica, social y política de cada uno de los países de Norteamérica los obliga a buscar soluciones de colaboración y no todo puede ir en una sola dirección. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.35)
A menos de que algún día se filtre alguna grabación o minuta oficial de la reunión, nunca sabremos de qué tanto hablaron ayer en la Casa Blanca los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden.
Después de su reunión, ambos participaron junto con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la Cumbre de Líderes de América del Norte, la novena desde 2005 y la primera desde 2016.
Pero, no nos engañemos, fue la reunión entre AMLO y Biden la que llamó la atención desde antes de que se efectuara la Cumbre.
Seguramente hablaron sobre la reforma energética que el primero pretende que le apruebe un Congreso en donde los partidos de oposición, humillados por la forma en que Morena y sus aliados aprobaron el Presupuesto de Egresos 2022, aseguran que nunca se alcanzarán las dos terceras partes de los votos necesarios para aprobarla.
¿Le habrá dicho AMLO a Biden que estaba “apoyando a los corruptos” cuando éste le dijo que la reforma afectará los intereses de las empresas energéticas estadounidenses que ya han invertido en México o de aquellas que quieren participar y competir en el lucrativo mercado energético de nuestro país? ¿Cómo defendió Andrés Manuel su propuesta después de que le recordara Biden que de aprobarse violaría diversas disposiciones del T-MEC que fue negociado con uno de sus representantes presente en las negociaciones? ¿Le explicó el estadounidense al mexicano que la reforma energética afectará no sólo a empresas energéticas, sino a miles de personas que trabajan en ellas? ¿Entendió Biden la manera en que AMLO entiende conceptos como soberanía nacional y recursos propiedad de la nación? Y, el mexicano, ¿le solicitó a su contraparte que empresas y trabajadores mexicanos se beneficien de alguna manera del recién aprobado plan de infraestructura?
¿Habrán platicado ambos sobre cómo acabar con la corrupción que hay en ambos países que permite sin mayores problemas el ingreso de enormes cantidades de drogas a Estados Unidos y que a México entren cientos de millones de dólares en billetes de baja denominación que ganan los narcotraficantes y las armas que utilizan las bandas del crimen organizado?¿Qué actitud asumió el presidente de México al enterarse de que antes de su reunión, Biden firmó una ley que permitirá al Departamento de Justicia de su país perseguir donde sea, dentro de nuestro país inclusive, a quienes ataquen a agentes estadounidenses? ¿Afectó esa noticia el ambiente en el lugar de su encuentro?
¿Le habrá explicado Biden a AMLO las dificultades que enfrenta para lograr que en el congreso de su país se aprueben sus iniciativas de ley para regularizar a millones de mexicanos que viven ilegalmente en su país? ¿Habrá entendido el mexicano que, a diferencia de lo que ocurre con los legisladores morenistas, verdes y pesistas que siguen sus instrucciones al pie de la letra, los demócratas de Biden muchas veces ignoran sus deseos porque obedecen a sus intereses particulares? ¿Comprendió que Biden enfrenta cada día más fuertes presiones de la oposición republicana que le piden que haga algo contundente para frenar ya la entrada de ilegales a EU?
Al final de cuentas, deberemos conformarnos con una declaración conjunta que no nos dirá de lo que realmente hablaron. (Eduardo Ruiz-Healy El Economista, Política, p.39)
Globall… ¡Qué? / Discurso del presidente López Obrador en Washington: una agradable anomalía
El entorno de la cumbre entre los presidentes Biden, López Obrador, y del primer ministro Justin Trudeau, antes de llevarse a cabo, estaba rodeado de más preguntas que de respuestas.
El discurso público del presidente López Obrador es una anomalía que no deja mal sabor de boca si tomamos en cuenta que el acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México hace las veces de Constitución compartida.
Es anomalía debido a que el discurso de AMLO fue económico, de integración de mercados y en contra de China. Tres elementos ausentes durante sus conferencias en Palacio Nacional.
Es anomalía porque define al acuerdo comercial como “un valioso instrumento para consolidar nuestros procesos productivos”. Elemento fundamental: habla en plural escapando de la visión etnocentrista de sus discursos domésticos.
Es anomalía porque por fin reconoce la necesidad de competir como región frente al exterior: el T-MEC “permitirá desarrollarnos como ninguna otra región del mundo”.
Es anomalía porque introduce datos en su discurso: “De mantenerse la tendencia de la última década, en otros 30 años, para el 2051, China tendría el dominio del 42% del mercado mundial y nosotros, Estados Unidos, México y Canadá nos quedaríamos con el 12 por ciento”.
Es anomalía porque en su discurso introduce indicadores macroeconómicos: “El consumo per cápita de América es de 18 mil 100 dólares anuales, mientras que en Asia es de 4 mil 400 dólares”.
El discurso de AMLO deja atrás el capítulo Trump al aplaudir a Biden su intención de legalizar a migrantes: “Ningún mandatario en la historia de Estados Unidos ha manifestado, como usted, un compromiso tan claro e inequívoco para mejorar la situación de los migrantes y le expreso, por ello, mi reconocimiento”.
Los discursos no domésticos y, en particular, los viajes al exterior del presidente López Obrador son anómalos porque solo viaja fuera del país solo una vez al año en promedio. Cualquier reacción o comentario que haga sobre sucesos no mexicanos se convierte en noticia.
No hay duda que la cumbre con Canadá y Estados Unidos incentiva el pragmatismo del presidente López Obrador, y deja atrás su retórica chavista que sin duda alguna lo deja mal parado frente a demócratas o líderes de Estado acostumbrados a respetar el Estado de derecho.
El contacto con el exterior del presidente López Obrador no debería de ser una anomalía. Todas las interacciones y contactos en cumbres representan la ampliación del espectro nacional, situación que no tendría que ser materia optativa para el presidente.
Ha sido el embajador Ken Salazar el político que ha encendido las luces largas de la Casa Blanca. Con ellas ha visto el riesgo que representaría la aprobación de la reforma energética que propone el presidente AMLO.
La dependencia que tiene México sobre Estados Unidos convierte al acuerdo comercial T-MEC en el cuarto poder mexicano, un poder con el que Estados Unidos y Canadá tienen clara injerencia legal en México, todo, con el visto bueno del presidente AMLO.
El embajador Ken Salazar le ha recordado al presidente López Obrador las líneas rojas a las que se enfrentaría en el escenario de que incumpla lo establecido en el T-MEC.
Ayer, el presidente Biden firmó la ley extraterritorial con la que su Gobierno apoyará a los agentes de la DEA que realicen operaciones en el extranjero. Se trata de la respuesta a la enmienda de la ley de Seguridad que el presidente López Obrador firmó el año pasado, la ley anti DEA. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Política, p.43)
El Presidente Andrés Manuel López Obrador planteó a su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, y al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, emprender una acción conjunta con un programa de inversión productiva en América del Norte que logre sustituir las importaciones y hacer frente a la competencia de otras regiones, al reconocer que la ratificación del T-MEC fue una acertada decisión para la integración económica de los países firmantes y ser el mejor instrumento para hacer frente a la expansión productiva de China.
En esa reunión trilateral en la Casa Blanca llamó a eliminar mitos y prejuicios y dejar de rechazar migrantes, porque para crecer se necesita su fuerza de trabajo de la que en realidad carecen con suficiencia tanto Estados Unidos como Canadá, para lo cual, propuso un estudio de la demanda de mano de obra que permita ordenar el flujo migratorio, hoy convertido en uno de los más graves problemas que enfrentan los tres países.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Mientras su jefe está en la Casa Blanca –la de Washington– Mario Delgado, presidente de Morena, incluyó pública y formalmente al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, como un cuarto prospecto en la sucesión presidencial de 2024, y reiteró que “la encuesta” para elegir al candidato de ese partido, que Ricardo Monreal, líder del Senado y otro de los aspirantes, rechaza, es el mejor mecanismo para ello.
Según el excoordinador de la bancada morenista e identificado como el más allegado al canciller Marcelo Ebrard, otro de los precandidatos que igual que Claudia Sheinbaum son los mencionados para suceder al Presidente López Obrador, la encuesta establecida en los estatutos de Morena “es el mecanismo que nadie puede controlar, es la gente directamente quien decide”, lo que ni él mismo cree.
José Ángel Gurría, exsecretario general de la OCDE, declaró que si el Gobierno de México quiere hacer una Reforma Energética que quiere cambiar todo lo hecho antes, “debe considerar que habrá costos, por las consecuencias legales y financieras que afrontará”, con lo que el también exsecretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores en sexenios anteriores, se suma a quienes alertan sobre los riesgos de que esa propuesta presidencial sea aprobada por la Cámara de Diputados.
Sostuvo, en un evento de Coparmex, que si el Presidente y los tres secretarios de Hacienda que ha tenido insisten en no incrementar un poco la deuda, México tendrá un Gobierno chiquito, ya que con un PIB de 17 por ciento, como el actual,para administrar gastos de salud, infraestructura, educación, agua, seguridad, policía, Guardia Nacional, no podrá hacer muchas cosas, mientras otros países miembros de la OCDE andan en el doble: un 34 por ciento. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p.4)
Escribo estas líneas desde el avión. Voy camino a Washington DC. El Presidente ya está allá. Voló de Quintana Roo y llegó este miércoles por la tarde. Yo, ya en el último vuelo nocturno, apenas voy siguiéndole los pasos.
Si no me equivoco, éste es su tercer viaje al extranjero. Primero fue a ver a Trump y habló sobre lo bien que trataba a los migrantes mexicanos; después, hace una semana, fue a Nueva York, a la ONU, y adelantó que presionará al presidente Biden y al Congreso de Estados Unidos para que aprueben una reforma migratoria; ahora, finalmente, López Obrador viene a ver a Biden a la Casa Blanca. Es la primera vez que se encontrarán en persona desde que ocupan estos cargos. ¿Qué pensarán cuando se vean?
* * *
La última vez que hubo una Cumbre de Líderes de América del Norte fue en 2016. Vaya año. Pero qué digo, si luego vino 2020. Tan cierto eso de que siempre las cosas pueden ir peor. Y, pensándolo bien, 2016 para mí fue un buen año: nació mi primer hijo. Pero es inevitable pensar también en aquella campaña presidencial de Estados Unidos.
En 2016, pues, Barack Obama, Justin Trudeau y Enrique Peña Nieto se reunieron en Ottawa, Canadá. En un inicio, los aliados y socios comerciales, de esta parte del planeta, se veían una vez al año. Con el paso del tiempo les pareció demasiado y los encuentros pasaron a ser cada dos años. Nunca había habido una separación de cinco años.
* * *
Son las 8 de la mañana del jueves 18. Caen los primeros rayos del sol sobre el parque Lafayette, del lado norte de la Casa Blanca. El frío lastima hasta los huesos. Aquí acabo de conocer a Eduardo Ortíz, un soldado mexicano del ejército de Estados Unidos. Tiene una energía explosiva, un espíritu de lucha contagioso y una sonrisa gigante. Lo entrevisté porque su historia es apasionante.
Inmigrante michoacano, él es el abanderado de la Casa Blanca. En la inauguración del presidente Biden, el 20 de enero pasado, él llevaba la bandera del ejército de Estados Unidos. Ahora, en la reunión de los Tres Amigos, él llevará la bandera mexicana. Pocas cosas simbolizan tan bien la relación tan estrecha que hay entre México y Estados Unidos.
* * *
11:30 de la mañana, entrevista con el embajador Ken Salazar a las puertas de la Casa Blanca.
“¿Por qué no hay conferencia de prensa al finalizar la cumbre trilateral?”
“Ésa es una pregunta para los organizadores.”
“Se lo pregunto a usted porque parece que también hay muchas diferencias entre los socios y no quieren que haya un momento de preguntas incómodas. Están, por ejemplo, Cuba, Nicaragua, Venezuela.”
“No queremos dejar que eso nos distraiga. En el 90% de las cosas estamos de acuerdo con México. No queremos enfocarnos en las diferencias.”
Reconoce, implícitamente, que los dos países tienen visiones distintas de la democracia.
* * *
Escribo estas líneas a las 4 de la tarde. AMLO está con Biden en la Oficina Oval. Le plantea al presidente de Estados Unidos su visto bueno por su propuesta para un alivio migratorio. Le dice que desde México le dará seguimiento al proceso en el Congreso. La inmigración es el tema más viejo en la relación entre los dos países; el que define el resto de las discusiones; el mayor de los obstáculos. Lo sigue siendo. (Julio Vaqueiro, La Razón, México, p.8)
Hace tiempo que las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos sufren de tensiones y cambios en su paradigma de comunicación. Lo que no cambia son los mensajes con acciones o discursos que generalmente anteceden una reunión de alto nivel como la de ayer. Finalmente los tres presidentes se toman la foto dándose a la tarea de idear un nuevo mecanismo que permita avanzar en las coincidencias y resolver diferencias en una muy compleja coyuntura.
El asunto se antojaría sencillo si no fuera porque México no está en sincronía en materia de seguridad nacional, energética, laboral, ambiental, migratoria y de salud, faltaba más.
El concierto mexicano ha mostrado una clara desafinación musical.
Y el hombre orquesta que habita el palacio da muestra de fuertes contradicciones en política exterior en aquello del principio de la no intervención al manifestar que exhibirá a los legisladores estadounidenses que no estén a favor de la reforma migratoria impulsada por Joe Biden para beneficiar a millones de indocumentados.
El contexto de la reunión trilateral de los Three Amigos sucede en momentos donde el gobierno de México ha enviado señales que suman meses de incertidumbre alrededor de varios rubros que son estratégicos en el (muy neoliberal) T-MEC cuya firma y ratificación “ha sido una acertada decisión en bien de nuestros pueblos y naciones..” expresaba ayer el Ejecutivo asumiendo, quizá, que con esto se disipe la niebla de los incumplimientos de su administración.
Se debe recordar que la última década del siglo XX fue una etapa difícil e intensa que culminó finalmente en el acuerdo comercial transformado en la práctica en un instrumento de integración económica, ideológica, política y de seguridad nacional. El espíritu de ese Tratado quedó ayer más vivo que nunca, y como los mensajes en estos eventos de alto nivel son el fondo de las formas, Biden ayer—en un excelso timing— se dio tiempo para firmar antes de su encuentro con López Obrador, una ley que permite a Estados Unidos perseguir en cualquier país a quienes ataquen a sus agentes.
La contundente señal es la primera para la política de los abrazos de la cuatroté. La prospectiva de los escenarios de violencia, inestabilidad e ingobernabilidad en varias regiones del país exhibiendo el fracaso en el rubro de seguridad no sólo atentan contra el Estado de derecho sino han sido recurrentes alarmas para la inversión y la seguridad binacional.
En la reunión de ayer al presidente mexicano se le vio a ratos incómodo, pero todavía más al pronunciar un discurso con una visión geopolítica al señalar a un actor como China como una amenaza para la región. Ello constata que pese a la propaganda mañanera y al mundo de los otros datos, la realidad se impone en materia de política exterior, intereses estratégicos y lo más importante, en el inicio de una nueva integración aunque para este régimen sea a regañadientes.
Porque si, como le expresó Biden a López Obrador, su voluntad de no ver a México sólo como “buenos vecinos” sino como iguales, implica reciprocidad y un compromiso bilateral —en muchos rubros— de juntos hacer frente al crimen trasnacional, a la crisis sanitaria por el SARS-CoV-2 y al complejo fenómeno migratorio que hoy ya está en un punto de inflexión con los cientos de migrantes circulando por el territorio nacional rumbo a la frontera norte.
Una bomba de tiempo, pues. (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p.7)
Es innegable que la relación más importante para México es con América del Norte, tanto por su intercambio comercial como porque buena cantidad de mexicanos llevan décadas desplazándose más allá del Río Bravo en busca de oportunidades de progreso y echando raíces en Estados Unidos y en menor medida en Canadá.
Por ello, y tras el receso en su relación que las tres naciones debieron enfrentar a raíz de la administración de Donald Trump, que redujo los contactos a su mínima expresión y hasta en algún momento amenazó con suspender los tratados trilaterales por considerarlos desventajosos para Estados Unidos, es hasta ahora, con un demócrata en la presidencia estadounidense, que se han podido volver a retomar los encuentros tripartitas que hasta antes de 2017 habían sido habituales en su relación diplomática.
La propuesta del presidente estadounidense Joe Biden, en el sentido de dejar de lado políticas nocivas que niegan oportunidades a sus gobernados y que impulsan el desplazamiento de personas hacia los países industrializados, arrojó un viento fresco sobre uno de los tópicos más espinosos de su relación con México: la migración, y da esperanza a 11 millones de mexicanos para regularizar su situación en Estados Unidos.
Y también por primera vez y a tono con los nuevos tiempos, los mandatarios expresaron su disposición a promover una integración económica que sea incluyente y en la que tengan cabida y preponderancia mujeres, jóvenes e indígenas, entre otros grupos de población, a los que se buscará beneficiar de manera predominante.
La de América del Norte es una asociación en la que van juntas las tres naciones y cuya mayor integración podría dar origen a una comunidad norteamericana —a semejanza de la europea, como lo proponen el ministro Trudeau y el presidente López Obrador— que podría ayudar a enfrentar de manera conjunta los retos y desafíos que se presenten —como el que constituye ahora el Covid—, así como dar solidez y fortaleza al comercio y otros rubros de la economía regional, cuyo impulso redunde en bienestar para todos los habitantes de esta parte del planeta.
Más allá de los buenos deseos que siempre se expresan en este tipo de encuentros, pero que difícilmente pasan al campo de las acciones, es de esperar que la cumbre trilateral de América del Norte siente por lo menos las bases para un mejor acercamiento y entendimiento en el que las tres partes se beneficien mutuamente. (El Universal, Editorial, p.20)
Mientras las buenas formas, la cordialidad y el lenguaje cortés dominaban ayer en lo que fueron, después de tres años en el Palacio Nacional, los primeros encuentros personales del presidente López Obrador con su homólogo estadounidense, Joe Biden, y con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, la realpolitik de Washington avalaba una ley que permite a Estados Unidos perseguir en cualquier país a quienes ataquen a sus agentes.
Y no es que la diplomacia carezca de sentido y peso. No es desdeñable que los tres líderes de América del Norte hayan ratificado su empeño en la integración regional, ni que Biden comprometiera un trato de iguales a México, no más como patio trasero, ni que AMLO reconociera como acto de justicia la reforma migratoria que pretende el mandatario de Estados Unidos para regularizar a los once millones de mexicanos que sin documentos residen en el vecino país, promesa incumplida por sus tres últimas administraciones. Fueron, cierto es, pronunciamientos significativos de los nuevos términos de la relación.
Dominó, pues, la diplomacia, el discurso público, aunque se antoja imposible que en las conversaciones privadas no hayan salido a relucir temas que son motivo de confrontación como el de la reforma eléctrica que pretende nuestro país, el del desordenado y creciente flujo migratorio del sur al norte o el de los términos de la cooperación en seguridad y las reticencias estadounidenses hacia la política de la 4T de abrazos y no balazos.
En este último tema es por donde parece que saltó la liebre, pues horas antes de recibir a AMLO en la Casa Blanca, Biden firmó una ley que permitirá al Departamento de Justicia estadounidense perseguir donde sea a quienes ataquen a sus agentes, en franca violación a soberanías y al derecho internacional.
Al argumentar los motivos de esa ley, la Casa Blanca recordó el ataque del crimen organizado a los agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas, Jaime Zapata y Víctor Ávila, ocurrido el 15 de febrero de 2011 cuando circulaban a bordo de una camioneta de Monterrey a la CDMX. Ávila sobrevivió pese a la gravedad de sus heridas, pero Zapata murió. Los responsables fueron detenidos, juzgados en Estados Unidos y, dos de ellos, condenados a cadenas perpetuas por diversos delitos, más no por asesinato, ya que la ley no dejaba claro que el Departamento de Justicia podía perseguir a quien mate o intente matar a uno de sus agentes federales fuera de ese país. Biden subsanó la limitante con la ley que firmó ayer.
No se pueden descartar razones con más fondo y una principalísima. Estaríamos, acaso, ante la respuesta legal de Estados Unidos a una decisión legal de México.
Recuérdese la detención en octubre del año pasado en Los Ángeles del exsecretario de la Defensa Nacional Salvador Cienfuegos por su presunta protección a un cártel de la droga. El alto mando militar fue entregado a la justicia mexicana y ésta lo exoneró. La decisión caló hondo en la DEA, agencia que coordinó el operativo y caló más cuando dos meses después, el Congreso mexicano aprobó en la nueva Ley de Seguridad Nacional severas restricciones a la operación de agentes extranjeros en territorio nacional.
Entre otras: la obligación de compartir información de inteligencia, la prohibición de que detengan personas en territorio nacional, la autorización específica para que porten armas, la restricción de su inmunidad judicial y la expulsión si infringen la nueva normativa.
Estos asuntos no están saldados y podrían escalar, pese a las buenas formas de la diplomacia mostradas ayer en Washington.
Instantáneas:
En sus recientes visitas a Nueva York y Washington, el mensaje del presidente de México ha estado más orientado a nuestros compatriotas, aquí y en Estados Unidos.
Se puede plantear: él es el jefe del ejecutivo, y le corresponde decidir el rumbo de la política exterior. Concedido. De acuerdo, pero no deberíamos de descuidar ni la forma ni el fondo. Ya se va haciendo costumbre que el mensaje no corresponde al foro desde donde se envía.
Se reunieron ‘los tres amigos’ en la Casa Blanca ayer 18 de noviembre: el presidente estadounidense Joseph Biden, el primer ministro canadiense Justin Trudeau, y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Llaman la atención cinco contradicciones flagrantes:
Vienen tiempos muy complejos. Las relaciones con Estados Unidos y con Canadá, así como las cumbres entre los tres líderes, requieren una cuidadosa preparación, un conocimiento profesional de la geografía, la diplomacia, los actores económicos y políticos. No se limitan a relaciones entre las capitales, sino que resulta crucial entender los ejes norte-sur, de Columbia Británica hasta la Baja California, las montañas Rocallosas, las zonas productoras de energía desde Alberta hasta Tabasco y Campeche, los Grandes Lagos, la costa este y el golfo de México.
Y lo más importante: ¿quién va a instrumentar la estrategia? El servicio exterior mexicano está desplazado y en buena medida desmoralizado. Tenemos a diplomáticos relegados, replegados, subvalorados y subrremunerados en un momento en que su experiencia resulta invaluable. ¿Como puede articularse así una política exterior coherente? (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p.21)
En el plano formal, el encuentro del presidente López Obrador con su homólogo Joe Biden y el primer ministro Justin Trudeau, mandatarios de Estados Unidos y Canadá, respectivamente, ha sido, no sé si un éxito pleno, pero sí una jornada muy prometedora (y comprometedora) para la administración federal y la región.
El discurso del presidente López Obrador estuvo bien planteado y estructurado, no hubo improvisaciones y seguramente algunas cosas se podrían haber dicho en forma diferente, pero es difícil estar en desacuerdo, sobre todo en la necesidad de una real y profunda integración regional para hacer frente al desafío que plantea China. No es un tema menor, si es así, ello constituiría el eje de la política internacional en relación con Estados Unidos, Canadá y el mundo, e involucra muchos otros capítulos decisivos en el tema regional. También estuvo muy bien planteado lo referente a la migración y al apoyo a Biden para la legalización de once millones de migrantes.
Sin embargo, los resultados reales de estos discursos y encuentros no se ven en las declaraciones diplomáticas y formales, sino en la política cotidiana. ¿Hasta qué punto, por ejemplo, México está dispuesto a apostar en la integración regional?, ¿cómo la concibe?, ¿apostaremos por América del Norte y pondremos distancia comercial y económica con China, incluyendo en obras de infraestructura?, ¿estamos dispuestos, como se dice que se presentó en la reunión de las comitivas, a avanzar hacia un mercado energético regional, algo que es una aspiración presente tanto en el viejo TLC como en el nuevo T-MEC? No lo sabemos, cuando se deja el ámbito diplomático y se va a la política interna no siempre parece existir esa claridad, porque incluso se toman acciones contrarias a ello, como lo demuestra la propia Ley de Reforma Energética.
Apostar plenamente por la integración regional sería la mayor contribución económica y política que podría hacer el presidente López Obrador en su periodo. Pero ello, debe ser considerado desde una perspectiva moderna y global: no se trata sólo de sustituir importaciones, como se dijo, sino de integrar las economías y los países, incluyendo, por supuesto, los acuerdos necesarios para el tránsito controlado de la migración y la mano de obra. Ya veremos si el discurso de Washington se refleja en acciones y en apreciaciones cotidianas. Ojalá, sinceramente, sea así.
Pero esa integración implicaría también muchas otras cosas. Según la agenda, por ejemplo, no se abordó el tema de la violencia en México. Sin embargo, apenas unas horas antes de encontrarse con el presidente López Obrador, se dio a conocer que el presidente Biden había firmado una ley que autoriza al Departamento de Justicia a perseguir donde sea, incluso fuera de sus fronteras, a quienes ataquen agentes estadunidenses. La legislación fue impulsada en honor a los agentes de la oficina de Inmigración y Aduanas atacados en México, Jaime Zapata y Víctor Ávila, el 15 de febrero de 2011, por miembros de Los Zetas en San Luis Potosí, cuando viajaban en una camioneta blindada con placas diplomáticas. Zapata murió y Ávila sobrevivió, pero gravemente herido. Según Biden, la ley “va a proteger a los agentes que sirven en el exterior y envía un mensaje a los cárteles de la droga, terroristas y criminales, dondequiera que operen, que si atacan a nuestros agentes no escaparán a nuestra justicia”.
La medida va en consonancia de las presiones que se ejercen, ya desde la época del presidente Trump, para un mayor involucramiento de la Unión Americana en los temas de seguridad y narcotráfico en México, y cuando, con la Ley de Seguridad Nacional aprobada hace exactamente un año, se ha frenado la operación de agentes de Estados Unidos en México y establecido un control que se supone mucho más estricto de los que ya operaban. Una de las primeras peticiones del embajador Ken Salazar al asumir su cargo fue que se permitiera el ingreso de nuevos agentes y se restableciera su inmunidad, suspendida por dicha ley.
El tema, obviamente, no debe haber estado en la plática entre los presidentes, pero, sin duda, está en la agenda que tienen que haber tratado ambas delegaciones. Porque, además, la violencia está desbordada en buena parte del país, el narcotráfico sigue controlando amplios territorios y eso se refleja en cifras terribles en nuestro país (cien mil muertos y 24 mil desaparecidos, sólo en esta administración), pero también en Estados Unidos, con cien mil muertos por sobredosis de opiáceos, muchos de ellos por fentanilo introducido desde México.
Pareciera, es sólo una impresión, que la propia realidad, más allá de los discursos, está comenzando a obligar a la administración federal a endurecer sus políticas de seguridad. Hay situaciones que terminan siendo insostenibles para éste o para cualquier gobierno, desde los ataques en zonas turísticas, las concentraciones masivas de hombres armados, los ataques a fuerzas militares o los secuestros de sus integrantes, que van de la mano con el asesinato cotidiano de policías, sobre todo —pero no sólo— estatales y municipales. Escenas como los colgados en un puente de Zacatecas son irreproducibles para cualquier otro país. Sin romper con ese empoderamiento criminal, la integración regional, incluso con la mejor voluntad de los tres gobiernos, siempre estará incompleta. Ojalá que los buenos deseos de Washington también se reflejen en ello. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p.12)
Al comenzar la novena Cumbre de Líderes de América del Norte en Washington, los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden y el primer ministro Justin Trudeau expresaron su beneplácito por esta reunión y destacaron el buen momento que viven las relaciones entre los socios del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Tras dar la bienvenida a sus invitados, el anfitrión se pronunció por emprender “acciones decisivas ante el cambio climático, manejar los retos de la migración en nuestro hemisferio y salir de esta línea que sigue negando oportunidades a tantas personas”.
Por su parte, el mandatario mexicano llamó a fortalecer la integración económica regional para evitar que Norteamérica sea desplazada por sus competidores globales, y conjurar tentaciones de uso de la fuerza en la competencia internacional. “Lo mejor”, remarcó, es fortalecer nuestras economías y las de todo el continente a partir de las ventajas con que contamos: fuerza de trabajo joven y creativa, recursos naturales, y la cercanía geográfica. Asimismo, señaló la pertinencia de impulsar un programa de “sustitución de importaciones” tanto para crear fuentes de trabajo en nuestras naciones como para acabar con la paradoja de que nuestros puertos estén saturados con mercancías provenientes de Asia, mientras aquí debemos esperar para adquirir algunos artículos debido a los problemas en las cadenas de suministro.
En el transcurso de su estadía en la capital estadunidense, y como ya había ocurrido la semana pasada en Nueva York, el presidente López Obrador recibió efusivas muestras de respaldo de la comunidad mexicana en ese país. El homenajeado, por su parte, manifestó en su primera reunión presencial con Biden que el gobierno mexicano saluda y dará seguimiento a la iniciativa demócrata para regularizar la situación migratoria de 11 millones de personas, en su mayoría connacionales.
Más lacónico, el jefe de gobierno canadiense expresó su preocupación por las inundaciones que azotan la región oeste de su nación y adelantó que al terminar la emergencia sanitaria los principales retos serán “la recuperación económica, apoyar los empleos y a la clase media”. Horas antes del encuentro trilateral, Trudeau acudió al Instituto Cultural Mexicano en Washington para sostener una reunión privada con López Obrador, y ahí se refirió a la importancia de hablar de temas en común, como los pueblos indígenas, los liderazgos de mujeres y “el hecho de que somos grandes aliados”. Esta plática bilateral dio paso a expresiones de gran cordialidad y sirvió para refrendar unos lazos que en ocasiones quedan en segundo plano debido a la omnipresente agenda de la relación México-Estados Unidos.
El tono de los mensajes emitidos por los tres líderes y la voluntad mostrada para privilegiar las coincidencias hacen de esta cumbre el arranque oficial de una nueva etapa en las relaciones trilaterales. En esta misma línea, terminan de desmentir las inquietudes –reales o fingidas–, los rumores y las versiones que consideraban inevitable una confrontación entre Biden y López Obrador; a lo que puede verse, el clima de respeto e incluso de deferencia que se logró construir con la administración de Donald Trump ha transitado a la era Biden. Este entendimiento con el gobierno demócrata no debería resultar sorprendente habida cuenta de los puntos de coincidencia entre ambas partes en el ámbito de la política social. Y si bien es cierto que existe un potencial motivo de desencuentro en la recuperación en curso de la tradicional política estadunidense de intervenir en los asuntos internos de otras países, la cual se atenuó en el periodo anterior por las preferencias aislacionistas del republicano y su electorado, ese riesgo latente no tiene por qué concretarse en diferendos bilaterales mientras Biden mantenga su palabra de ir más allá de la política de “buenos vecinos” y tratar con México “en pie de igualdad”.
De cumplirse este compromiso, todo permite augurar que el encuentro trilateral dará paso a una serie de acuerdos fructíferos en beneficio de los 579 millones de habitantes de América del Norte. (La Jornada, Editorial, p.4)
AMLO, bien en la cumbre // Falta conocer detalles // Barbosa contra prensa crítica // Adán Augusto ya es precandidato
A reserva de que se vayan conociendo detalles de los acuerdos de fondo que se hubieran tomado en la reunión de mandatarios norteamericanos, las primeras versiones mediáticas apuntan a una decorosa participación del Presidente mexicano, en un contexto difícil, sabidamente asimétrico y con temas polémicos en la agenda privada.
A diferencia de lo sucedido con la mayoría de quienes habitaron Los Pinos, el actual residente de Palacio Nacional llegó a la capital estadunidense sin filtraciones periodísticas sobre enriquecimiento ilícito, cuentas secretas en el extranjero o acusaciones en general de corrupción. Tampoco con señalamientos de vendepatrias. Al contrario, por parte de paisanos recibió apoyo en las inmediaciones de los lugares a donde asistió e hizo intervenciones en la sesión trinacional que corresponden al sentido político que le llevó al poder.
En particular, destaca la reiteración del apoyo a la iniciativa del estadunidense Biden para regularizar la estancia documentalmente irregular de millones de migrantes y, por otra parte, el llamado a dejar de lado mitos y prejuicios (y, esta columna agregaría: hipocresía) sobre la mano de obra de migrantes que realmente necesitan Estados Unidos y Canadá, sin decidirse a establecer un flujo ordenado.
Aun cuando constituye un giro retórico que no necesariamente se cumplirá en la práctica, Biden ofreció un trato de pares a México, lo cual resulta favorable para López Obrador en la medida que podrá desplegar en sus discursos la mención de que nuestro país ha dejado de ser visto como el patio trasero. También le ayudará la convocatoria a otra cumbre norteamericana, el año entrante con la Ciudad de México como sede.
Como es usual en estos encuentros, la declaración conjunta “Reconstruyendo mejor juntos: Una América del Norte segura y próspera, para reafirmar la fortaleza de la relación y trazar un nuevo camino de colaboración”, contiene generalizaciones con sentido positivo. En los detalles, como es sabido, mete la cola el diablo geopolítico, lo cual es el riesgo en este caso.
Habrá de saberse más adelante si hubo algún tipo de análisis o decisiones trascendentes, en los encuentros bilaterales, sobre todo con la parte estadunidense, o en la cumbre en sí, respecto a seguridad (combate a cárteles mexicanos, para frenar el tráfico del fentanilo), energéticos (la defensa de Estados Unidos (EU) de los intereses de sus empresas ante la reforma eléctrica en particular) y migración (que México apriete el puño para ayudar a Biden, criticado por el alto ingreso de migrantes en condición jurídica irregular).
En Puebla, la administración de Miguel Barbosa (de los Chuchos perredistas, converso oportunamente al morenismo) mantiene un acoso abierto, mediante auditorías, hostigamiento administrativo, campañas de desprestigio, bloqueos informativos, agresiones digitales y demandas contra dos medios de comunicación que son críticos del barbosismo, e-consulta, cuyo director es Rodolfo Ruiz, y El Popular, dirigido por Carolina Fernández. Ruiz, por ejemplo, enfrenta siete demandas por daño moral, que están en proceso y por las cuales se debería pagar “un total de 37 millones de pesos en indemnizaciones que pretenden obtener del medio” (reporte de Artículo 19 México: https://bit.ly/2Z2xu9F). (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p.12)
¿Qué acordaron en Washington? // AMLO: “integración con soberanía” // Litio mexicano para bien de México
La “cumbre” trilateral –más los encuentros bilaterales– en Washington se desarrolló en un ambiente público de intercambio de abundantes piropos, reparto de flores y muestras de “buena voluntad”, pero, más allá de lo protocolario que ello implica, es de suponer que los presidentes de México y Estados Unidos, más el primer ministro canadiense Justin Trudeau, llegaron a acuerdos concretos sobre el devenir de los distintos cuan abundantes temas de la agenda política-económica-social entre las naciones representadas por los mandatarios.
El primer punto planteado (reiterado, en realidad) por el presidente Andrés Manuel López Obrador fue el de fortalecer la integración económica trilateral, pero siempre en el contexto del “respeto a las soberanías”, es decir, que aquélla no se utilice como pretexto para meter la mano –como es costumbre de los gringos– en asuntos que sólo competen a los mexicanos (por ejemplo, la decisión mexicana en materia eléctrica).
Antes de iniciar el encuentro con Joe Biden, el mandatario mexicano adelantó parte de la agenda bilateral: “El tema migratorio, atendiendo las causas; tenemos que invertir para que haya trabajo, bienestar en América Central, para que la gente no se vea en la necesidad de migrar, que sea opcional, no forzado, que no salgan de sus pueblos, que abandonen a sus familias por necesidad o por violencia, y por eso la importancia de la integración económica”.
Además, detalló, “tenemos información de que a partir de lo que hemos hablado, ya hay un plan de Estados Unidos para apoyar a Centroamérica, lo cual celebramos mucho. Así se fortalece la integración económica, se va a ordenar el flujo migratorio y va a haber oportunidad de empleos, para crecer en América del Norte y producir en América del Norte lo que consumimos, no estar dependiendo de las importaciones. Eso es ideal, no sólo en América del Norte, sino en todo el continente”.
Buen punto, pero, históricamente, cada que se aborda el tema migratorio en la relación bilateral se festejan los “acuerdos” y “compromisos” del gobierno estadunidense, los cuales tardan más en pronunciarse que en violarse, y en cada ocasión la respuesta real, concreta y permanente suele medirse en el número de kilómetros que agrega al muro fronterizo, junto con el “reforzamiento” o aprobación de las leyes en la materia.
Habrá que ver si en esta ocasión, más allá del protocolario cuan histórico bla, bla, bla, asociado a las reuniones bilaterales y, ahora, trilaterales, surgen acuerdos concretos, efectivos y realizables, porque el horno no está para bollos toda vez que la tendencia descendente de la economía mundial se registró desde mediados de 2018 y la pandemia llegó a dar el tiro de gracia. La cruda realidad política, económica y social del planeta (en este caso con especial enfoque en América del Norte) es muy distinta a la de tres años atrás, y el que caprichosamente quiera controlar al vecino lo único que provocará será su propio hundimiento.
Dijo López Obrador que existe “una gran demanda en comparación con otras regiones; creo que la integración de América del Norte, con respeto a las soberanías, es una opción y (también) la del continente americano, para hacer la región más fuerte del mundo. Vamos a plantear al presidente Biden que celebramos que haya llegado al Congreso la iniciativa para regularizar a migrantes, y ojalá los legisladores de los dos partidos ayuden, porque es justo. Vamos a estar observando este proceso, que aplaudimos muchísimo”.
Con el primer ministro canadiense parece que el encuentro bilateral fue más relajado, y (de acuerdo con Palacio Nacional) ambos dignatarios “se manifestaron por partir de las coincidencias mutuas para avanzar en materia de inclusión y reconciliación con las comunidades y pueblos originarios”. El comunicado oficial señala que en su encuentro “resaltaron la importancia de avanzar en la consolidación de una comunidad norteamericana en la que la calidad de vida y el bienestar de las personas sea la métrica central de las políticas públicas de los gobiernos. Coincidieron en avanzar hacia una integración económica más incluyente”.
Las rebanadas del pastel
Los gobiernos neoliberales resolvieron que el oro mexicano y sus beneficios se lo llevaran los canadienses; ahora la decisión es que el litio –oro blanco– se lo queden y usufructúen los mexicanos, lo que queda claro con la creación de una empresa del Estado para su exclusiva explotación. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Política, p.24)
De octubre a agosto del año fiscal 2021 casi se ha triplicado el número de eventos de aprehensión de personas mexicanas en la frontera sur de Estados Unidos (indicador del crecimiento del flujo migratorio) al pasar de 213 mil (octubre-agosto de 2019) a 595 mil. Paralelamente, se registran cifras inéditas en el incremento de las remesas a México, que las personas emigrantes hacen a sus familiares que viven acá. En 2020 el aumento fue de 21.7 por ciento respecto del año anterior (https://www.jornada.com.mx/2021/07/30/opinion/016a2pol?partner=rssEs). Se trata de un insumo de gran importancia para el desarrollo económico que se relaciona con cambios en las relaciones familiares y sociales, y que puede generar dependencia económica cuando representa un alto porcentaje del producto interno bruto (PIB).
De acuerdo con las estimaciones de Rafael López Vega y Víctor M. Isidro Luna, investigadores de la Secretaría General del Consejo Nacional de Población (Conapo), entre 2003 y 2019 las remesas representaron 2.3 por ciento del PIB, en 2020 este valor llegó a 3.8 por ciento, alcanzando 40.6 mil millones de dólares. Respecto al valor agregado bruto estatal, Zacatecas ocupa el primer lugar, Guerrero y Oaxaca se ubicaron en las posiciones segunda y tercera, en estas dos últimas el porcentaje que las remesas promediaron fue de 9.0 y 8.2 en el periodo señalado, mientras en 2020 se estima que su valor fue de 14.4 y 12.9 por ciento, respectivamente.
Un nuevo récord de remesas se rompió este año. De enero a septiembre de 2021 las remesas acumuladas en el país llegaron a sumar 37.3 mil millones de dólares, cantidad superior en 24.6 por ciento frente a la cifra de 2020. Menos de la mitad, 40.9 por ciento de esas remesas se recibieron en regiones que configuran los flujos tradicionales de la migración internacional, 22.8 por ciento van a la región centro, 19.5 llegó a la región sur-sureste del país y 16.8 a la región norte. Desde hace décadas hay entidades que concentran las remesas, en esta ocasión 10.2 por ciento llegó a Jalisco, 9.7 a Michoacán y 8.3 por ciento a Guanajuato, las tres entidades en conjunto recibieron 28 de cada 100 dólares enviados.
Sin embargo, pueden identificarse dos pautas distintas: una entre quienes residen en Estados Unidos y otra en las personas que se identifican como migrantes temporales y asumen a México como su lugar de residencia. Entre 2015 y 2019 se observa que aumentaron los emigrantes residentes en Estados Unidos que envían remesas, al pasar de 25.3 a 39.9 por ciento; pero quienes declararon residir en México presentan un comportamiento intermitente: eran 20 por ciento del flujo migratorio en 2015, 2016 y 2017 tuvieron valores descendentes (22.1 y 21.1 por ciento), para 2018 su porcentaje fue de 28 por ciento y para 2019 se estimaron en sólo 20.1 por ciento (Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México, EMIF Norte).
Existen diferencias por sexo. Casi 82 por ciento (81.9) de los envíos fueron de hombres residentes en Estados Unidos y 18.1 por ciento, de mujeres emigrantes. La edad promedio de ellos es de 48.4 años y de ellas, 44.7 años. Durante 2019 tanto los hombres como las mujeres enviaron un promedio de seis montos al año, ellos cada 60 días y ellas cada 58 días. Quienes más envían son los hombres de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Sinaloa y Chihuahua, así como las mujeres originarias de Chihuahua, Jalisco, Michoacán, estado de México y Sinaloa.
¿En qué se gastan las remesas? La mayor parte del dinero se utiliza para cubrir las necesidades del consumo cotidiano. De acuerdo con las estimaciones más recientes, cuatro de cada cinco dólares enviados se utilizan en alimentación y vestido, en algunos casos 36.4 por ciento se gasta en servicios de salud (Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte, EMIF Norte, 2019). Hay otras cifras derivadas del cuestionario ampliado del Censo de Población y Vivienda 2020. En este ejercicio se preguntó al residente de la vivienda si recibe dinero de alguien que vive en otro país: 5.1 por ciento contestó afirmativamente; en estos hogares 45.7 por ciento tienen jefatura femenina, una mujer cuya edad se ubica en 50 años o más. Son nucleares la mitad (49 por ciento) de los hogares que recibe el mayor número de remesas, una tercera parte (34.5) son ampliados, en 14.9 por ciento de casos se trata de hogares unipersonales.
La migración internacional en México es un proceso complejo y multifactorial que se ha forjado en el largo plazo. La relación estrecha entre flujo migratorio y hogares que reciben remesas internacionales se extiende en el tiempo; 12 por ciento de quienes reciben remesas, vienen de parientes que migraron hace más de cinco años. Se trata de una expresión de solidaridad que es símbolo identitario de lo mexicano. Quien se va carga una brújula cuya aguja imantada no apunta al norte, sino que se orienta siempre hacia las coordenadas del afecto, hacia donde viven la madre, la esposa o el esposo, los hermanos e hijos. (Gabriela Rodríguez, La Jornada, Opinión, 20)
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Lo realmente importante fue lo que los equipos de los tres países negociaron después del encuentro de los presidentes López Obrador, Joe Biden y Justin Trudeau.
Ni Biden ni Trudeau reclamaron, al menos públicamente, al mandatario mexicano por su iniciativa de reforma energética que pone en jaque las inversiones de ambos países en el sector.
Ni siquiera el hecho de que previamente los legisladores demócratas habían pedido a Biden ser “más contundente’’ en la defensa de los intereses de los inversionistas estadounidenses en México.
Tampoco hubo un reclamo por la porosidad de la frontera sur mexicana ni por la ineficacia del Gobierno de la 4T por detener el flujo migratorio.
Al menos en los discursos públicos y en las respectivas conferencias, todo fue reconocimiento al espíritu de colaboración entre los tres países.
Lo interesante fueron las reuniones posteriores de los equipos ejecutivos de los tres países.
¿Qué se dijo en esas reuniones? Se conocerá con el paso de los días.
La información provendrá, sin embargo, de los funcionarios de Estados Unidos y Canadá, porqué de México solo se publicitan las cosas buenas; los reclamos se reservan.
Como sea, por lo visto en público el Presidente mexicano y su delegación, al menos por lo que se vio en público, salieron bien librados.
El tiempo nos dirá si fue pura escenografía.
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El doctor Hugo López-Gatell participó en la reunión trilateral que sostuvieron los mandatarios de Norteamérica.
Fue el único subsecretario de una delegación que compartió mesa con el resto de los integrantes de los equipos presidenciales, lo que sin duda debió saberle a gloria.
El subsecretario no la está pasando bien, no solo por las críticas que a diario recibe por sus declaraciones -una más desatinada que otra-, que la terca realidad se ha encargado de ubicar en su justa dimensión.
A eso añada el fuego amigo y comprenderá su carita de niño con juguete nuevo ayer en Washington. (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p.5)