Opinión Migración 211121

Reconocer a los haitianos como pueblo nómada

Hace un siglo que se estudia el fenómeno migratorio y siempre surgen nuevas y sorpresivas modalidades. Es el caso de Haití, una migración generada por fenómenos naturales, crisis ambientales, económicas, políticas y sociales. Si bien en ese país hay una larga tradición migratoria, especialmente hacia Estados Unidos, República Dominicana, Canadá, Francia y otras naciones; el terrible terremoto de 2010, que dejó miles de muertos, devastó la pobre infraestructura existente y arrasó con miles de viviendas, fue el detonador para originar un intenso flujo migratorio con un destino diferente, hacia Brasil, Chile y Argentina.

En efecto, en 2010 el éxodo fue masivo. Muchos haitianos utilizaron la vía de Ecuador, que no requería de visa, para pasar de ahí a Perú y llegar a la frontera con Brasil que ofrecía visas humanitarias, pero también requería de mano de obra para el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos. Otro grupo se dirigió a Chile, el país sudamericano con mejores salarios y con escasez de mano de obra, y otros tanto es hacia Argentina.

Pero el proceso de integración en Brasil y Chile parece no haber funcionado. En Brasil, una nación con 50 por ciento de la población negra, los haitianos eran discriminados y obtenían los peores trabajos y menores salarios que los demás. Con todo, podían llegar a ganar unos 700 dólares mensuales. Pero la crisis económica y la devaluación redujo los salarios al equivalente de 400 dólares, con lo que ya no era posible sobrevivir, pagar sus deudas y enviar remesas.

En 2016, un primer grupo, de unos 20 mil haitianos, decidió invertir sus ahorros en una nueva aventura migratoria para dirigirse hacia Estados Unidos y solicitar asilo. Es año llegaron a México cerca de 20 mil isleños y en la frontera norte se generó una crisis; no era posible atender a todos los solicitantes de asilo.

Otro grupo decidió arriesgarse y cruzar de manera subrepticia, con la esperanza de mimetizarse con la población negra que no es estigmatizada como “ilegal”, como la latina. Finalmente, unos 4 mil optaron por quedarse en México, en la ciudad de Tijuana, y se incorporaron con muchas dificultades al trabajo en la maquila, la construcción y el ambulantaje. No sólo se trata de trabajar, hay que encontrar dónde vivir y es muy difícil hallar cuartos o casas en renta.

La experiencia en Chile fue complicada para los haitianos, no había vías de legalización como en Brasil y las leyes migratorias son más estrictas y complicadas para los migrantes que ingresan de manera irregular.

La acogida fue mala por parte de la sociedad, en general, acostumbrada a la llegada de bolivianos y peruanos, más cercanos culturalmente a ella, especialmente para realizar trabajo doméstico. No obstante, los empleadores, vieron con agrado la llegada de mano de obra barata para la construcción y para la agricultura, el segundo rubro sufre por escasez de trabajadores en tiempo de cosecha de frutas y verduras destinadas a la exportación. Hay trabajo temporal, aunque no existe infraestructura adecuada de vivienda y únicamente se consigue’ trabajo durante la temporada, lo cual dificulta la sobrevivencia y el asentamiento.

En vez de quedarse y asentarse en un lugar de destino, sea Brasil, Chile u otra nación, grupos de haitianos se fueron movilizando en el territorio continental buscando un lugar adecuado para vivir y arraigarse. El flujo se convirtió en itinerante, como si fuera un pueblo nómada que busca el mejor lugar donde asentarse y tener las condiciones adecuadas.

Y así llegó a México, atravesando el continente, otro grupo de unos 20 mil haitianos con la esperanza de entrar a Estados Unidos o quedarse en México. Los haitianos, a diferencia de los centroamericanos, viajan en grupos de familias extensas, a los que se agregan paisanos y conocidos, estrechamente conectados por medio de las redes sociales familiares y de paisanaje, y todos comunicados vía celular y las redes sociales.

Se trata de un grupo organizado, estructurado y jerarquizado. “El portazo” que dieron en el puente internacional de Ciudad Acuña y Del Río fue algo muy pensado y organizado. En vez de ir a la frontera más cercana, a Nuevo Laredo, que queda a tres horas de Monterrey, eligieron Ciudad Acuña que se ubica a 500 kilómetros y seis horas en camión. Escogieron ese lugar como punto de reunión y unas 15 mil personas llegaron a Ciudad Acuña de manera pacífica y silenciosa y esperaron un día preciso para cruzar el río juntos, en un lugar donde existía un vado y era fácil cruzar. Por otra parte, no había muro, y debajo del puente ya estaban en territorio de Estados Unidos.

Los migrantes haitianos tienen organización y recursos; muchos viajan en avión a la frontera y conocen perfectamente las regulaciones migratorias y los resquicios que tiene. Su fuerza está en que se mueven en grupos de varios miles, con familias y niños, prefieren el anonimato, algunos se hacen pasar por africanos, manejan y utilizan varios idiomas de acuerdo con las circunstancias y muchos llegaron para asentarse en México, cerca de Estados Unidos y otros esperan la oportunidad de ingresar o cruzar al otro lado.

Los migrantes haitianos son como un pueblo nómada que se mueve por el continente, como en otros tiempos, se trata de un éxodo, donde no hay retorno posible y van en busca de la tierra prometida, y merecen reconocimiento. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 20)

Bajo Reserva

Estados Unidos no olvida las drogas

Una de las mayores preocupaciones del gobierno estadounidense es el tráfico de opioides sintéticos que llegan, entre otros orígenes, desde México. Se trata de una droga ilícita que ha matado a cientos de personas en el vecino país del norte y que está impulsada por una adicción también ligada a la medicación indebida de antidepresivos. Para coordinar acciones, el Director de Política Nacional de Control de Drogas, Rahul Gupta, estuvo en México. En un muy discreto viaje por la CDMX, se reunió con autoridades mexicanas para saber qué acciones se toman para el control de estas sustancias. La visita, a la cual también asistieron funcionarios de la DEA, entre otros, terminó en la frontera entre los dos países, en donde funcionarios mexicanos conocieron la tecnología estadounidense para detectar sustancias ilícitas. El gobierno de Joe Biden tiene la migración indocumentada como prioridad, pero han dejado claro que el trasiego de drogas no pasará desapercibido. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

México en Washington

La visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington para reunirse con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá mereció las primeras planas de los periódicos mexicanos, de los principales noticieros en la televisión y la radio. En Estados Unidos, ningún medio le dio importancia al evento, algunos lo reseñaron en sus páginas internas y en CNN hubo un breve comentario. ¿Cómo explicar lo anterior?

No es un caso inusual, a la capital de Estados Unidos llegan con mucha frecuencia mandatarios de todo el mundo (lo mismo sucedió con la visita del presidente francés, Emmanuel Macron).

Es la visita obligada de todo nuevo mandatario para establecer contacto con el presidente en turno, con los legisladores relevantes, los medios de comunicación de influencia global; para reunirse con los influyentes centros de pensamiento (think tanks) especializados en analizar el país en cuestión o en los temas que ocupan la agenda mundial.

¿Qué impacto real tiene el acercamiento con estos foros? ¿Cómo se puede influir en los temas de interés para un gobierno extranjero?

Es obvio que ésa es la tarea primordial de los embajadores acreditados ante el Departamento de Estado y la Casa Blanca, pero los laberintos burocráticos y políticos del Distrito de Columbia (nombre oficial de la capital estadunidense) son extraordinariamente complejos. En ocasiones no basta con la labor diplomática, se recurre a mecanismos de influencia y cabildeo político no sólo en Washington, sino en los estados y congresos estatales, en las organizaciones empresariales y en las organizaciones de la sociedad civil.

Los gobiernos extranjeros hacen esa tarea a través de firmas privadas formadas por exlegisladores y políticos que utilizan sus contactos para promover los intereses de sus clientes. México utilizó con éxito este medio para lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio y años después para evitar que prosperaran iniciativas de senadores y representantes que querían “descertificar” a nuestro país por considerar que no hacíamos lo suficiente para combatir al narcotráfico.

Hoy, este tipo de labor se antoja indispensable. Para que el Congreso apruebe una reforma migratoria que beneficie a millones de connacionales, deberá construirse una ofensiva orientada a construir una coalición de grupos de presión que no sólo abarque al Ejecutivo, sino, sobre todo, al Poder Legislativo. Es una línea fina que habrá que cuidar para no dar pauta a que los que están opuestos a este proyecto, acusen a México de interferir en sus procesos internos.

Como me comentó hace ya varios años una alta funcionaria de migración encargada de la relación con México, al cuestionarla por la falta de apoyo para dar una solución en favor de los mexicanos indocumentados residentes en ese país: “Diario recibo quejas similares por parte de muchos otros países, ¿te imaginas qué pasaría si le damos a México una respuesta positiva? ¿Qué estarían ustedes dispuestos a darnos a cambio? ¿Por qué no la comunidad mexicano-estadunidense no hace el mismo trabajo que la comunidad judía, mucho menor que la de ustedes?

Es decir, el tema migratorio tiene una enorme relevancia en el debate político interno, no es un asunto que se regule con una óptica de política exterior.

Más allá de si el presidente Biden quisiera dar una respuesta favorable a la legítima petición del presidente mexicano, es natural que sus cálculos estén basados en los impactos que ello tendría en su imagen y popularidad frente al electorado de su país y de su propio partido.

Desde 1986 no se ha legislado una reforma migratoria de calado que corrija las claras disfuncionalidades de las leyes actuales. Es uno de los asuntos más controversiales. Para que ello sucediera, el presidente Biden, su partido y sus legisladores afines tendrían que invertir buena parte de su ya de por sí demeritado capital político, lamento creer que no estarán dispuestos a hacerlo.

Veremos qué suerte corre el siguiente comentario del presidente López Obrador en su reciente estancia en ese país: “Por ello es de celebrar que haya (Biden) enviado al Congreso la iniciativa para regularizar migrantes y que ojalá los legisladores de los dos partidos ayuden, porque es justo, ya que es gente muy trabajadora, honrada, que vive en Estados Unidos desde hace mucho tiempo… vamos a estar observando el proceso de esa iniciativa… que aplaudimos mucho”. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 10)

“Cumbre” para AMLO y el pragmatismo

La propuesta de un bloque económico de América del Norte en el discurso de López Obrador en la “cumbre” con EU y Canadá representa un giro hacia el pragmatismo o es otro ejemplo de la adaptación simbólica a la audiencia. Los contrastes entre sus posturas internas, de alta carga ideológica, y en el exterior, de acomodarse a las condiciones del entorno internacional, no son desviaciones de su gobierno, sino dos caras de la misma moneda. Mucha ideología y mucho pragmatismo, aunque eso no salve las contradicciones, por ejemplo, de sus políticas energéticas nacionalistas con los socios comerciales.

A López Obrador le fue bien en este espacio de diálogo al más alto nivel con Biden y Trudeau, suspendido 5 años en la era de Trump. Sólo el objetivo de reactivarlo lo avalaba como oportunidad para relanzar la colaboración trilateral en seguridad, migración y comercio. Fue un paso adelante de lo simbólico de las fotos de mandatarios en la Casa Blanca con una declaración conjunta y 10 compromisos sobre el desafío del cambio climático o el tráfico de fentanilo que tanto preocupan, sobre todo a EU por la crisis de salud por opioides y que, junto con el tema de migración, bien valen altas dosis de pragmatismo en relación bilateral.

¿Cuántos podrá cumplir el gobierno de López Obrador? Por lo pronto, su discurso apuntó a las fibras más sensibles de la Casa Blanca sobre su mayor desafío de la competencia económica con China. Con un discurso enmarcado en el realismo económico ofreció profundizar la integración con un enfoque regional para elevar la competitividad frente a la disputa comercial global y pidió asertivamente a EU abrirse a la migración regulada para abastecer de mano de obra su reactivación económica. Es el discurso de un político pragmático que entiende la ventaja de encadenar la economía mexicana a la recuperación en EU. Que ve su utilidad para llamar a la inversión, a pesar del desencuentro con su proyecto energético y las dificultades con los compromisos contra el cambio climático, o la defensa de Cuba y Nicaragua.

La participación de López Obrador albergaba expectativas por discursos previos en que amenazaba con exhibir a legisladores de EU que se opongan a una reforma migratoria o la defensa de su reforma energética de corte nacionalista. Habría tenido pocos efectos prácticos, aunque tampoco llegó a la practicidad de Trudeau, que aprovechó la “cumbre” para cabildear con legisladores sobre el conflicto con EU por las armadoras de coches eléctricos.

El pragmatismo de López Obrador se preocupó por mostrar la cara de la cooperación eficaz ante problemas que ninguno puede resolver solo como la migración o la crisis sanitaria de la pandemia. Y dejar en el lado oculto los mensajes de rectificación ideológica que usa en el interior para encender a sus bases, presionar a empresarios o neutralizar opositores. Habría desatado reclamos por las contradicciones con el gobierno de Biden de sus políticas energéticas y del cambio climático, lo que hubiese dado al traste con el foro.

 Biden también se centró en sus intereses más que en la forma de abordarlos, sabe que para los conflictos está el T-MEC como sucedáneo de Constitución. Puso en la mesa la exigencia de la cooperación en seguridad, a la vez que recibió a López Obrador con la firma de una ley para perseguir y juzgar en EU a quien atente contra sus funcionarios en el exterior. De su discurso también silenció las inconsistencias de su política migratoria, que no logra diferenciarla de la de Trump ni evitar que la “crisis de migración” sea usada como arma política entre demócratas y republicanos.

Pero el pragmatismo del presidente con EU no es una anomalía, por el contrario, dominó su discurso para temperar a Trump y ceder a sus pretensiones de hacer de México tercer país seguro de facto en migración. Ocurre también con Biden, que aparca su desencuentro por las energías limpias mientras México la contenga. Ese pragmatismo expresa la profunda interrelación que se materializa en el cruce de 2 millones de dólares en comercio bilateral por minuto, que ni siquiera la pandemia pudo interrumpir. Ese dato es suficiente para ver el interés de todos los líderes por evitar el dogmatismo en los discursos y, en todo caso, dejar la arenga ideológica o electoral a la comunicación interna donde construyen su popularidad con sus audiencias. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 12)

Sacapuntas

Festejo en Washington

Una celebración muy mexicana tuvo lugar en la Residencia Oficial de México en Washington, la noche del jueves. El embajador Esteban Moctezuma agasajó al presidente López Obrador, al canciller Marcelo Ebrard y al resto de la comitiva con tacos de mole, fajitas, agua de jamaica, tequila y mezcal. El motivo: el éxito de la IX Cumbre de Líderes de Norteamérica. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LADOS, p. 2)

Socio incómodo

Brexit no es el único desafío que enfrenta la Unión Europea (UE). Aunque el Reino Unido fue siempre un socio incómodo, hay otras naciones que causan tensiones permanentes. Algunos casos obvios son los de las regiones que buscan autonomía, como Cataluña, pero en los últimos años son las naciones de Europa oriental las que se han convertido en dolores de cabeza. Hungría hace mucho que rompió con el protocolo de civilidad democrática, quizá el corazón, al menos en sentido emotivo, de la UE, pero en los últimos tiempos es Polonia la nación que se ha destacado por desafiar los sustentos clave de la organización regional. Para integrarse a la UE, un aspirante tiene que homologar toda su estructura legal, incluso constitucional, con las reglas dictadas desde Bruselas; sin embargo, recientemente, la suprema corte en Varsovia (que nadie considera independiente) decretó que diversas regulaciones europeas no concordaban con la Constitución polaca. El gobierno polaco no tiene intención alguna de abandonar a la UE, pero su permanencia choca con la esencia del proyecto europeo. Mientras que el Reino Unido rompió de tajo, Polonia es vista cada día más como un socio crecientemente incómodo e incompatible. Me pregunto si México comienza a parecerles así a nuestros dos socios en Norteamérica.

El proyecto europeo es muy distinto en estructura y naturaleza al tratado comercial norteamericano. El objetivo explícito de las naciones que conformaron la Comunidad Económica Europea desde el Tratado de Roma de 1957 era el de avanzar hacia una integración política bajo la premisa de que una interacción constante en todos los planos -económica, laboral y política- eliminaría la propensión a incurrir en agresiones bélicas como las que había sufrido el continente dos veces en el siglo XX.

El TLC norteamericano y su sucesor, el T-MEC, no tiene mayor pretensión u objetivo que el de integrar procesos industriales, establecer reglas claras para el intercambio comercial y para las inversiones entre los tres países. Para ese fin, el contrato que une a las tres naciones establece mecanismos para el funcionamiento de los cruces fronterizos, así como para la resolución de controversias y disputas.

En lo que ambas regiones, Europa y Norteamérica, sí comparten un objetivo común es en fortalecer las instituciones y capacidades para acelerar el desarrollo de sus socios más recientes y vulnerables. Las naciones que antes eran parte del bloque soviético que solicitaron su incorporación a la UE veían ese acceso como una forma de transformarse, consolidar sus economías y anclar su democracia. En esa misma dimensión, la propuesta mexicana de negociar un esquema de relación económica similar a la que Estados Unidos había acordado con Canadá fue entendida por los estadounidenses como una oportunidad para apoyar la transformación que México había emprendido en los años anteriores y contribuir a su consolidación.

Independientemente de los objetivos contrastantes, las naciones originales que se incorporaron en estos mecanismos regionales compartían una historia y niveles de desarrollo similares (Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Italia y Luxemburgo y Canadá y Estados Unidos, respectivamente). Sin embargo, ambas regiones respondieron ante la oportunidad de apoyar a naciones vecinas con características muy distintas y lo hicieron porque eso las fortalecía a ellas mismas.

La discusión actual entre los socios originales dentro de la Unión Europea es qué hacer con naciones como Polonia y las que se vayan acumulando en el tiempo. Con la experiencia que ya existe de una nación alejándose del bloque, el Reino Unido, los políticos europeos comienzan a hablar del contraste entre un mal matrimonio y un buen divorcio. Aunque muchos deploraron la salida de Inglaterra, ahora comienzan a verla como un mal menor frente a la complejidad inherente a un socio que no se va pero que constituye un dolor de cabeza permanente, además de susceptible de contagiar a otras naciones en la vecindad.

Por tres décadas, México mantuvo, al menos formalmente, el objetivo de avanzar la integración como mecanismo para elevar la productividad y, con ello, los ingresos de la población y el desarrollo del país. No se hizo mucho al respecto -ni siquiera se procuró sumar a cada vez más regiones, actividades y empresas en el mecanismo regional- pero, hasta ahora, no había divergencia en la visión general de futuro.

El gobierno actual no comparte esa visión de futuro y cada uno de sus actos e iniciativas apunta hacia una divergencia cada vez mayor. No me queda duda de que la legislación en materia eléctrica puede ser la gota que derrame el vaso, consagrando a México en el socio incómodo de la región. Nadie va a buscar el divorcio, pero desprecian la incapacidad e indisposición del gobierno mexicano a enfrentar y resolver sus problemas, cuando no a causar adicionales. Inevitablemente, nuestros socios protegerán a sus empresas de las medidas arbitrarias (y contraproducentes) y se apertrecharán para evitar que la inseguridad, corrupción y migración crucen sus fronteras.

En lugar del respeto que tanto añora el presidente, veremos bloqueos y en lugar de cooperación habrá una estrategia defensiva. De la mano vendrán más pobreza y menos crecimiento. Un gran éxito. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 11)

Cartón

excelsior

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)