El Presidente López Obrador está convencido de que los males deben combatirse desde su origen, no contener sus consecuencias.
Después de la tragedia en Chiapas que mató a 55 centroamericanos, el mandatario urgió a Estados Unidos y a su homólogo, Joe Biden, a clonar los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo Futuro para que los más de 300 mil salvadoreños, hondureños y guatemaltecos a punto de migrar a través de nuestro territorio, permanezcan en sus lugares de origen.
El tráiler que llevaba en el contenedor a más de 150 seres humanos circulaba en el tramo Chiapa de Corzo-Tuxtla Gutiérrez volcó cuando su conductor perdió el control en una curva. La Guardia Nacional asegura que el tractocamión no cruzó ningún retén de revisión y vigilancia. El Instituto Nacional de Migración dice nada, que dice mucho.
Estemos atentos a la reacción de la Casa Blanca y el Capitolio estadounidenses a ver si, como pidió AMLO, la tragedia y el dolor, sirven para que el elefante reumático —el de allá, no el de acá— reaccione y Washington se decida de una vez por todas a intervenir, humanitariamente hablando, en los países del llamado triángulo del norte con asistencia social que arraigue a sus pobladores y también, de una vez, regularice a más de 11 millones de migrantes de origen mexicano que viven, aportan y envían remesas a México desde Estados Unidos.
Esta convicción presidencial se hace patente en otras problemáticas como el crimen organizado que produce los niveles más altos de homicidios a nivel nacional de los que se tengan registro. Los muertos de este sexenio serán muchos más que los dos últimos del periodo neoliberal.
El Gobierno federal no quiere contener ni atacar las expresiones de violencia delincuencial sino atender sus causas; pobreza, exclusión, contaminación ideológica y moral que hace que las personas, esencialmente buenas, vivan y aterren como auténticos sociópatas sin límite ni frontera.
Un dilema social que la actual administración federal parece no tener. Abrazos no balazos, ganar la paz, no la guerra. Mientras los efectos de tal estrategia aparecen, caminos, poblados y ahora hasta playas, padecen los estragos del tiempo y la espera.
Por lo pronto, otra caravana de migrantes centroamericanos avanzó de San Martín Texmelucan, Puebla, hacia la Ciudad de México. Son más de 500 personas, entre ellas mujeres y niños quienes avanzan en su peligroso andar hacia el norte, justo para llegar a la frontera mexicana con Estados Unidos donde van a topar con albergues habilitados para recibir, ironía binacional, a sus paisanos devueltos por la Border Patrol a esperar en suelo mexicano resoluciones de los jueces migratorios norteamericanos.
Mientras Joe Biden hace lo que debe, en México y Centroamérica se agilizan los trámites para repatriar los cuerpos de los 55 muertos en la carretera Chiapa de Corzo-Tuxtla Gutiérrez. Atender el origen de los fenómenos migratorios en su origen y no en su manifestación cuesta, y por lo visto costará, mucho sufrimiento y drama. (Carlos Urdiales La Razón, La 2, p.2)
Políticas migratorias fallidas
La sociedad civil, como siempre, fue la primera en responder. La tarde del jueves comenzaron las solicitudes de donaciones de sangre para los migrantes heridos, mientras la población cercana acudió de inmediato a auxiliar el dramático siniestro.
Un día después (viernes), lejos de apaciguarse con el duelo internacional, el Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional realizaron detenciones violentas y arbitrarias a integrantes de una caravana de migrantes que se encontraban transitando por San Martín Texmelucan, Puebla, rumbo a la Ciudad de México, donde, al parecer, el gobierno federal no quiere que lleguen. En este contexto, la Brigada de Acompañamiento Gilberto Bosques Saldívar exige parar las agresiones en contra de las personas en tránsito en cualquier lugar del territorio.
Por su parte, organizaciones como la Casa Migrante de Saltillo, el Instituto para las Mujeres en la Migración y la Asamblea Popular de Familias Migrantes, advirtieron que el siniestro es el resultado de las políticas migratorias mortales que vulneran a las personas migrantes. Explicaron que lo ocurrido deja nuevamente en claro que el anonimato y las condiciones en que las personas migrantes se ven forzadas a transitar son mortales y consecuencia de políticas migratorias fallidas, entre las que se incluyen la militarización de las fronteras y las rutas de tránsito, así como la falta de acceso a los procedimientos de asilo y regularización migratoria.
Reglamentar la situación migratoria de las personas heridas, terminar con la persecución y diseñar una política de derechos humanos es lo que sigue. (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornada, Política, p.12)
Dentro del calvario de peligros y riesgos que los migrantes extranjeros deben sortear en su paso por nuestro país en persecución de sus sueños y esperanzas de una mejor vida o del escape del infierno que viven en sus lugares de origen y que prácticamente los expulsan y obligan a dejar todo atrás, una nueva tragedia ha estremecido al país y al mundo, haciendo voltear hacia la situación de los migrantes y las vicisitudes que enfrentan.
Un choque fatal del tráiler que los transportaba de forma clandestina, en una carretera de Chiapas, que hasta el momento ha dejado un saldo de 55 muertos y heridas a 107 migrantes, se viene a sumar a otras fatalidades que los aquejan en su tránsito por México, como son asaltos, extorsiones, explotación laboral y sexual, hambre, hacinamiento, enfermedades, accidentes, atropellamientos, maltrato, insultos, golpes y represión, hasta llegar a quizás la peor de todas: el abandono a su suerte.
El presidente López Obrador tiene la razón de que el problema es complejo, y que requiere no sólo el esfuerzo de México sino enfrentarlo a nivel continental con la indispensable participación de los países destino y de las naciones origen de la migración.
No obstante hay una realidad evidente que le toca a México y que es el control de quienes pasan por su territorio, pero en los hechos ni siquiera ha establecido una política clara y explícita sobre qué hacer con los migrantes, ya que va primero de abrirles las puertas y prometerles trabajos, a otra en la que se les cierra la frontera y se les persigue y expulsa si entran, para luego permitir su paso pero solo si lo hacen en caravanas.
Sin duda detrás de la tragedia de Chiapas están presentes no uno sino varios elementos de corrupción que llevaron a este desenlace fatal, tanto de los grupos criminales que entre sus actividades está el tráfico de personas, como la complicidad de las autoridades que permiten el tránsito de estas personas en condiciones de hacinamiento que han llevado a centenares de muertes en su búsqueda de una mejor vida al norte del continente.
Y es que no es posible que camiones y traileres cargados con cientos de personas, no puedan ser detectados en los múltiples retenes que para ese fin se dice se han dispuesto en la franja sur de México.
Con cada nuevo episodio de muerte de migrantes se hace más que urgente plantear estrategias hacia una solución humanitaria de su problemática, ¿o cuantos más deben morir para buscar por fin solución a su drama? (El Universal, Opinión, p.14)
Tenía que ocurrir la espantosa y lamentable tragedia migratoria en Chiapas, donde al menos 55 migrantes resultaron muertos al volcar un tractocamión que transportaba a más de un centenar de ellos para que el gobierno de México exigiese al de Estados Unidos un cambio en su política migratoria.
Pero, exactamente, ¿qué política de migración estadounidense pidió el presidente López Obrador reflexionar para modificar? Pues la de cerrar sus fronteras como la vía para detener la migración.
A decir del mandatario mexicano, el gobierno de Estados Unidos debe apoyar económicamente a las naciones centro y sudamericanas para generar desarrollo y empleos, y de esta manera detener el flujo de personas en busca de una mejor vida.
Como en caso todos sus razonamientos, el titular del Ejecutivo mexicano plantea una presunta “sencilla” solución a un problema complejo, con décadas de esfuerzos de muchas partes sin que se haya llegado a buen cauce.
La tragedia tocó a las puertas de México y el régimen, como siempre, busca a quién echarle la culpa. En esta ocasión a la nación norteamericana, por no ayudar con dinero suyo a otras naciones.
Creo que por ahí no va la cosa.
Fue en octubre de 2018 cuando, como presidente electo, López Obrador afirmó que la política migratoria de México sería “de puertas abiertas” a todas las personas que buscasen llegar al sueño americano.
Ofreció otorgarles visas de trabajo, y pidió a los gobernadores de los Estados fronterizos que den alojamiento y alimento a los viajantes, quienes, dijo, también recibirían protección y ayuda de su administración, y no deberían preocuparse por su sustento gracias a la generosidad de las familias mexicanas, pues “donde come uno, comen dos”.
Pero la realidad, esa terca insistencia, llegó al asumir plenamente el poder, y encontrarse cara a cara con los designios del entonces presidente Donald Trump, que exigió que México funcionase como campo de detención de migrantes.
El tan cacareado muro fronterizo de Estados Unidos se pasó del Río Bravo al Suchiate, cuando el mandatario mexicano emanado de Morena, aceptó que miles de efectivos de la flamante Guardia Nacional sirvieran de patrulla fronteriza para proteger no a México, sino al vecino del Norte.
Y el “donde come uno, comen dos” se transformó en sucesivas represiones en vivo y a todo color en las que hemos apreciado desde las redes sociales cómo las autoridades mexicanas dan a los migrantes verdaderas tundas de macanazos, patadas y golpes, muchas de las veces ante los aterrados ojos de sus hijitos e hijitas.
Hoy el presidente de México exige a Estados Unidos cambiar su política migratoria, pero debería revisar lo que está haciendo su propio gobierno, porque es el primero que debería no cambiar, sino definirse de verdad en favor de los derechos de las y los migrantes, que son derechos humanos.
Porque los más de cien centroamericanos que iban en el tráiler de la tragedia viajaban a escondidas y tomaban el riesgo porque llegaron a una frontera donde quienes ofrecieron recibirles y ayudarles, los esperaban para deportarlos.
¿Tradición de asilo? ¿Libre determinación de los pueblos? ¿Respeto a los derechos humanos? Demasiadas veces el gobierno actual ha demostrado que son solo enunciados de sus discursos publicitarios, porque en la práctica la política migratoria de nuestro país, gracias al régimen actual, es una: represión a las órdenes de Estados Unidos. (Ivonne Ortega Pacheco, El Universal, Opinión,p.15)
¿Y la corrupción en la tragedia migrante?
Ayer México y Guatemala descubrieron la existencia de las bandas criminales que trafican con los migrantes. Después de la tragedia que dejó 55 muertos, la mayor parte de ellos guatemaltecos, ambos países lanzaron una iniciativa de cooperación que, si bien debe implementarse, llega muy tarde a un problema que se registra en la frontera sur desde hace al menos tres décadas. Mientras el canciller guatemalteco, Pedro Brolo, hablaba de medidas inútiles como “endurecer las penas”, para lo cual no se necesita más que el voto de legisladores, nadie habló del problema de fondo: la corrupción. ¿De verdad puede concebirse que un tráiler con más de 150 personas cruce la frontera de ambos países sin que ninguna autoridad lo note? ¿Cómo es que los traficantes saben cuándo los retenes no están colocados? Quizá el esfuerzo conjunto de ambos países sirva para localizar a la banda responsable del accidente ocurrido en Chiapas, pero no acabarán con el negocio cuyos beneficiarios son también policías, agentes de migración y funcionarios. (El Universal, A2, p.2)
Desafortunadamente, la trágica pérdida de la vida de al menos 55 personas migrantes que viajaban en el vagón de un tráiler, hacinados y en condiciones inhumanas, ocurrida el pasado jueves en Chiapas, no es algo nuevo. Es parte de la terrible realidad a la que se exponen miles de personas en movilidad, que lo que buscan es mejorar las precarias y riesgosas condiciones en las que viven en sus países de origen. En los últimos años diversos son los accidentes y desastres que han involucrado a migrantes, particularmente en los estados de Chiapas, Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas y Baja California Norte.
La Organización Internacional para las Migraciones estima que de 2014 a 2021, 5,756 migrantes han perdido la vida tratando de llegar a Estados Unidos. La cifra más alta corresponde a 2021, con 1,067 muertes. Sin embargo, la mayoría no se registran. La tragedia tiene culpables, debemos visibilizarlos y actuar. Las redes criminales relacionadas con el tráfico de personas se han fortalecido y encontrado nuevos actores y aliados. Todos son responsables, desde las autoridades migratorias y los oficiales corruptos, hasta los polleros, los choferes, los que cobran, los que reciben y los que vigilan.
El tráfico de migrantes diversifica los negocios de la delincuencia organizada y es una tarea muy redituable que se realiza en total impunidad. No tenemos detenciones emblemáticas de traficantes. Entre más amenazas, contención y dificultades existan para cruzar las fronteras, mayor es el costo para hacerlo, aumentando así las ganancias de los delincuentes. La dificultad de contar con denunciantes, testigos y seguimiento por parte de los afectados hace que el reto sea más grande y requiere la presencia y trabajo a mayor profundidad de la Fiscalía General de la República, que ha brillado por su ausencia, por ello me congratula que haya atraído el caso del jueves. También requiere ir más allá del discurso y poner en marcha una estrategia y colaboración transnacional prioritaria para desmantelar las redes y proteger a las personas.
El modus operandi de los traficantes también es parte de la tragedia. El tráfico, abuso y trata son parte de la cadena del terror que vulnera más a estas personas de por sí vulneradas. El maltrato y desvalorización con la que tratan a los migrantes, las condiciones en las que los hacen viajar y la extorsión de la que son víctimas, es atroz. La caja de un tráiler, escondidos y hacinados en camionetas, cuartos o casas, sin comida ni bebida por largas horas es el pan de cada día para los que viajan. Con una mayor vulnerabilidad de mujeres y niños que, además, sufren de violaciones, abusos y reclutamiento por parte de células criminales.
El contexto actual de la migración importa. El 80% de los que viajaron durante el último año lo hicieron en núcleos familiares, también incrementó el número de menores no acompañados que transitaron por nuestro territorio y vemos un aumento del 74% en las deportaciones vía título 42, bajo el cual Estados Unidos retorna a cientos de personas centroamericanas cada día a nuestro país. Durante 2021 más de 300 mil migrantes han sido detenidos por las autoridades migratorias mexicanas y más de 1.7 millones por la patrulla fronteriza en Estados Unidos. Las solicitudes de refugio en nuestro país también rompieron récord, más de 123 mil personas realizaron este trámite, principalmente haitianos, hondureños y cubanos y solo fueron resueltas el 20% de las mismas.
La desgracia sucedida debe servir para la reflexión, pero sobre todo para la URGENTE acción y visión que en materia de política migratoria se requiere. Es tarea de todos cambiar las cosas y atenderlas con una perspectiva más humana, estratégica e integral. Los alcaldes, gobernadores, legisladores, autoridades de seguridad de los tres órdenes de gobierno, las instancias encargadas de la política migratoria y de relaciones exteriores. Más allá de que sea su responsabilidad, a todos conviene atender el fenómeno. (Eunice Rendón, Reforma, Opinión, p.11)
Reunión a modo
Este viernes se realizó on line en Washington, la ‘’Cumbre Mundial por la Democracia’’, organizada por el presidente Joe Biden, que logró ‘reunir’ a más de 110 países.
El objetivo de Biden era ‘’alcanzar compromisos para enfrentar retos compartidos, respetar los derechos humanos y combatir la corrupción’’.
Pero ocho países de América Latina y el Caribe quedaron excluidos de la reunión (Bolivia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y Venezuela). Además, otros también quedaron fuera del encuentro, incluidos China y Rusia, así como aliados de E.U. en la OTAN como Turquía y Hungría, donde Washington observa crecientes desafíos democráticos…
¡Uh! ¿Qué no sabe Mr. Biden que, lo que mal empieza, mal termina? Que recuerde que no sólo los cuates cuentan… Además, las palabras de Don Corleone en El Padrino son básicas: ‘’Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca’’ (¡y ni siquiera los invitó…!)
Ni así…
Luego de que el TEPJF confirmara la pérdida de registro como partidos políticos, Encuentro Solidario, Fuerza Por México y Redes Sociales Progresistas, formaron un tercer bloque político.
“Hemos constituido Fuerza Solidaria Progresista como un método para construir una agenda en beneficio de la democracia, pero sobre todo, a favor de la ciudadanía”, señaló Gerardo Islas, presidente de FxM…
Pero, ´liliputienses unidos, también serán vencidos’, se oye por ai… (Eva Makivar, El Sol de México, República, p.2)
A fondo. La tristeza por la muerte de 55 migrantes es inocultable. Que se pudo prever, que alguien debe ser responsable, cierto. Pero es más importante aún no cerrar los ojos ante una tragedia de tintes dramáticos que enfatiza la gravedad del éxodo. La migración tiene mucho más de fondo. Por ello, el canciller Marcelo Ebrard y el secretario de Relaciones Exteriores de Guatemala, Pedro Brolo, al hablar sobre la situación de los migrantes que sufrieron un accidente en Chiapas, informaron que las personas que viajaban en el tráiler eran víctimas de una red internacional de trata de personas. El siguiente paso es desmontar ese oscuro negocio que deja pérdidas humanas un día sí y otro, también. Nunca había sido tan urgente frenar la migración. (Excélsior, Nacional, p.13)
“Hay una reacción errónea por parte del personal militar porque no hubo ninguna agresión con arma de fuego o una agresión de alguna otra manera…”, fueron palabras de Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional, cuando en marzo pasado un militar disparó a los pasajeros de una camioneta; precisó: “Donde hiere a uno de los civiles que iban en ese vehículo. Eran tres personas las que iban en ese vehículo, al herido se le da atención por parte de nuestro propio personal y desafortunadamente pierde la vida”.
En cualquier país de leyes, ésta sería una agresión que se investiga y culmina en consecuencias, pero no es así. Es más, no es la única. La víctima se llamaba Elvin Mazariegos, era migrante guatemalteco. México se ha convertido en ese muro militar que evita el paso de quienes optan por dejar su tierra para buscar el sueño americano.
Al momento en que escribo estas líneas, son 55 los ciudadanos centroamericanos que murieron en el accidente de un tráiler del que el chofer perdió el control en Tuxtla Gutiérrez, porque no tienen otra alternativa de tránsito que viajar hacinados en la caja de un vehículo de carga, pues ahí está la Guardia Nacional revisando la documentación de quienes abordan un camión de pasajeros. Y el que según sería un cuerpo con mando y directrices de corte civil, terminó convirtiéndose en un brazo de fuerza y control del gobierno de México.
Aunque este texto para es hablar de aquéllos, los civiles que sin deberla son también parte de una estadística, pero no una causada por los grupos criminales, sino generada por aquellos que serían los protectores. Lo cuentan Marco Antonio López, Nayeli Valencia, Scarlett Lindero, Abraham Rubio y Juan Luis García en el reportaje “La pacificación de AMLO es más letal que la guerra de Felipe Calderón”, publicado en La-Lista, la filial de diario británico The Guardian en México: “En el caso de los integrantes del Ejército mexicano, desde el primer día que el presidente Andrés Manuel López ocupó su cargo en diciembre del 2018 hasta agosto del 2021 han sido ejecutados 557 civiles a manos de militares y 95 han resultado heridos, según el registro de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), entregado vía transparencia. Así, el indicador promedio de letalidad en este periodo es de 5.9 muertos por cada herido. Esto es superior al promedio de un fallecido por cada cuatro sobrevivientes de los conflictos modernos estimado por la Cruz Roja, de acuerdo con el Monitor del uso de la fuerza letal en América Latina…”.
Éste es el resultado de aquella promesa no cumplida por el Presidente. Ese engaño de cuando López Obrador expresó que su Guardia Nacional tan anunciada tendría un mando civil. Así se aprobó en una discusión en la que participaron todas las fuerzas políticas y hasta la sociedad civil, parecía el inicio del cambio de estrategia en materia de seguridad. Fue más bien el inicio de una militarización, en donde hoy el Ejército y la Guardia Nacional se encargan desde la construcción de refinerías y aeropuertos hasta de la distribución de medicamentos. Cuando nos quieran hablar de transformación, bastará con cruzar estos indicadores con los índices de violencia. Ni los “otros datos” podrán refutar esta realidad. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p.14)
Cartones
Sin Resultados Gülecom a México

Svald, El Sol de México, Análisis, p.11)
Tragedia Migrante

(La Crónica, Nacional)
Tragedia Migrante

(En Reforma, Reforma, Opinión, p.10)