Después de la tragedia del tráiler de la muerte que entró a Chiapas con una “carga” de migrantes centroamericanos, busco información sobre el fenómeno migratorio más allá de lo anecdótico y encuentro muchos datos sobre las causas, pero muy pocos sobre las posibles soluciones.
Mire usted, secretario López, nada más el caso de Haití. Esta nación lleva décadas de inestabilidad política, su más reciente tragedia fue la muerte del presidente Jovennel Moïse.
El Indice de Desarrollo Humano de Haití es de los más bajos del planeta; solo la mitad de los niños van a la escuela porque la educación es privada. A eso agregue un terremoto devastador, huracanes destructores y una corrupción galopante para gestionar la ayuda humanitaria.
Guatemala y El Salvador andan por las mismas.
¿Qué puede hacer México por estos migrantes?
Atendiendo a los derechos humanos, lo conducente sería brindar refugio con alimentación, servicios básicos de salud y un techo comunitario a quienes lo soliciten, pero lamentablemente, dudo que contemos con los recursos para mantener por varios meses a cientos de miles de personas, equivalentes a una ciudad mediana de nuesgtro país, hasta que obtengan -si es que lo logran- una visa de ingreso a Estados Unidos.
Las pocas soluciones encontradas son de mediano plazo. Por ejemplo, el gobierno estadounidense mandará a Centroamérica inversión privada por unos mil 200 millones de dólares, con el problema adicional de blindarlos de la corrupción gubernamental.
El Migration Policy Institute (MPI) propone que las soluciones sean acordadas entre los países receptores y los expulsores, para obtener compromisos sólidos. Y también que las naciones receptoras establezcan políticas públicas y leyes migratorias claras; es decir, quién es la autoridad responsable primaria y cuáles son las dependencias de apoyo. En el caso de México, la Guardia Nacional parece superar la autoridad del Instituto Nacional de Migración.
También recomienda el Instituto estadunidense de política Migratoria profesionalizar mecanismos de aplicación de la materia, con protocolos transparentes para sus funciones que eviten palizas como las propinadas por agentes del INM a migrantes. De los polleros, ya ni hablemos…
Dos recomendaciones se antojan prácticamente imposibles, que son mayores inversiones en los sistemas de asilo y de protección dentro del territorio de tránsito, más la negociación de visas temporales de trabajo, a lo que EUA se opondrá y en México apenas tenemos empleo para los nuestros…
Ahora sí no le encuentro la cuadratura al círculo. ¿Usted sí? Al menos así se lo deseo ya que sus antecesores no lo lograron… (Leopoldo Mendívil, La Crónica, Columnistas, p. 4)
Desde ayer y por iniciativa de Heriberto Galindo, quien aprovechó –de manera poco frecuente entre los legisladores– los escasos meses de su representación por el estado de Sinaloa, el Senado luce en el frontis del Patio del Federalismo, debajo de la Bandera Nacional, en letras doradas, el homenaje permanente a la heroica emigración mexicana.
No les va a servir de nada frente al racismo americano, la exclusión, la explotación, el abuso o la ferocidad de la “migra”, dicen los escépticos del pragmatismo, pero tampoco les va a dañar.
Quizá la mejor utilidad de estas letras venga resultar de la comparación por la forma como hemos extendido ese infernal trato a los centroamericanos y caribeños cuyos pasos los llevan de la desesperación a la muerte ya sea en Chiapas o en San Fernando, Tamaulipas, o cualquiera de los muchos puntos de nuestra geografía donde se les humilla, explota, viola o asesina.
Obviamente las letras no exhiben ni aluden a la condición heroica de las personas cuya pobreza las empujó a buscar horizontes de vida digna en el norte de México, pero la naturaleza de su emigración es simplemente un heroísmo porque no sólo los redime a ellos, sino auxilia, de manera altamente significativa (cincuenta mil millones de dólares en remesas son algo más allá del significado monetario), a sus familiares en México.
Uno de los más inexplicables orgullos de la Cuarta Transformación es presentar –como si fuera un mérito y no una vergüenza–, la fuga de mexicanos al norte del país (inviable para ellos), en un logro representado por los millones de dólares cuya incapacidad gubernativa no consigue ni procura por medio de la maltrecha economía nacional.
A la ceremonia para develar la dorada inscripción, asistieron la senadora Beatriz Paredes, vicepresidenta de la comisión fronteriza y migratoria (en franca recuperación del accidente de hace unos meses); obviamente el coordinador, Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política y como invitado especial, el ex alcalde angelino, Antonio Villarraigosa, orgullo mexicano en los Estados Unidos.
Además de la develación, la ceremonia fue para poner en circulación el libro, “Drama y odisea de la migración mexicana”, escrito por el propio Galindo y el investigador Emilio Coral García.
El ensayo –dedicado a la memoria de Jorge Bustamante, el sabio de los movimientos humanos entre México y Estados Unidos y fundador del Colegio de la Frontera– dice en una de sus partes sustantivas:
“…mencionar actitudes humanitarias y de respeto a los derechos humanos, tiene que ver con los maltratos a que son sometidos los migrantes por parte de integrantes insensibles y carentes de humanidad de las fuerzas policiacas…” (Rafael Cardona, La Crónica, P.2.)
Pareciera que no contentos con el trato inhumano y denigrante que se está dando a los migrantes de otros países que pasan por México, los cuerpos de seguridad mexicanos también la emprenden contra los connacionales que desde Estados Unidos o Canadá regresan para visitar a la familia que han dejado de este lado de la frontera para pasar con ellos las fiestas de fin de año.
Lamentable que estos paisanos encuentren en su camino no solo el peligro que representan los grupos delincuenciales que en algunas carreteras están siempre al acecho, sino que también los efectivos policiacos o militares que deberían estar para garantizarles seguridad en su paso de visita por la tierra que los vio nacer, encuentren en ellos un filón de oro al saberlos cargados de dólares que traen para sus familias, algunas en rancherías o en comunidades marginadas de distintos puntos de la República Y triste que la extorsión y el exprimido de los bolsillos de estos mexicanos radicados en el extranjero comience con el propio personal de aduanas y de los módulos de Migración, que buscan cualquier falta menor o resquicio legal para intimidarlos, consiguiendo así “mordidas” o pago de cuotas para dejarlos entrar al país y no regresarlos o retrasarlos.
Más tarde, en las carreteras y caminos, y viendo que algunos de estos migrantes conducen autos con placas extranjeras, otros policías los detienen y les vuelven a sacar dinero por esa causa o por cualquier otra que se les ocurra al hacerles la revisión.
Hay que demostrar a los migrantes de regreso por México ese agradecimiento que les ha expresado el Presidente tantas veces, haciendo algo tan esencial como no permitir que los agentes de las corporaciones de seguridad los extorsionen o intimiden al volver al país.
No hay seguridad ni avance posible si no se erradica la corrupción al interior de los cuerpos de seguridad, corrupción con la cual no podrían explicarse ni esas extorsiones, ni tragedias humanitarias como el accidente en Chiapas que acabó con la vida de 56 migrantes centroamericanos y caribeños, y para el cual hasta la ONU ya pidió una investigación, ante la gravedad efe los hechos.
Si en algún momento del pasado al migrante que dejaba México se le calificó como traidor, y ahora hasta se les etiqueta como héroes y benefactores del país gracias a sus cuantiosas remesas con las que alivian no solo a sus familias, sino a la economía nacional, lo justo es procurarles un trato digno y una estancia tranquila y segura. (Editorial, El Universal, Opinión, p. A16)
Los ojos de Francisca, una mujer del pueblo me’phaa originaria de la comunidad La Soledad, en Malinaltepec, Guerrero, reflejaban el dolor y tristeza que dejó la muerte de su hermano Salvador. Aún no encuentra las palabras que puede consolar a su cuñada y a su pequeño sobrino, de apenas 12 años, que están en el pueblo. ¡Salvador no vino a este país a morir! ¡Salvador vino para buscar un mejor futuro para él y su familia!, donde el hambre no fuera una constante todos los días. Salvador forma parte de los más de 38.5 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos para buscar aquel tan anhelado mejor futuro, que no encuentran en sus comunidades.
Salvador es el tercer repartidor de comida indígena de La Montaña, Guerrero, que muere en Nueva York, en un trágico accidente. El primero fue Victorio Hilario, originario de San Juan de las Nieves, municipio de Malinaltepec, a quien atropellaron intensionalmente en septiembre de 2020; Francisco Villalba Vitinio, oriundo de Xalpatláhuac, en marzo de este año fue brutalmente asesinado en Harlem, mientras descansaba en su bicicleta.
Salvador, un deliverysta de la gran manzana, se suma a esta lista llena de dolor y sueños rotos, al fallecer en un accidente en su motocicleta, perdiendo la vida casi al instante en Manhattan, en el corazón del imperio.
El Colectivo, conformado por repartidores de varias nacionalidades para defender los derechos laborales de los deliverystas en Nueva York, contabilizó en este año más de 20 muertes de repartidores. Lo más preocupante es que la justicia para Salvador, Victorio y Francisco tardará; dentro de las razones está que forman parte de un grupo socialmente discriminado y marginado en este país, que sólo les considera como mano de obra barata.
Del otro lado de la frontera, apenas tres días antes, vimos con horror los cuerpos apilados de 57 personas migrantes y a lo lejos un tráiler volteado, en la carretera de Chiapa de Corzo, en Chiapas.
Estos accidentes se deben, en parte, a que durante los años recientes se han endurecidos las políticas migratorias, invisibilizando a las personas de Centro y Sudamérica que cruzan por México sin documentos. Obligándoles a esconderse en la clandestinidad, arriesgando su vida y la de sus familias.
Los migrantes que fallecieron en el accidente no vinieron a México para morir. Sólo perseguían el sueño americano. Huían de la pobreza y la violencia de sus naciones de origen, donde las políticas extractivas del norte global los han dejado en una mayor desigualdad y pobreza.
Este trágico accidente cobró vidas de personas indígenas del pueblo Quiché, un pueblo que por años se ha mantenido en resistencia por la defensa de su territorio. Decidieron migrar huyendo de la violencia en la que viven. Los grandes capitales se quieren adueñar de sus territorios y bienes naturales, a costa de sus vidas.
Estas historias, a pesar de desarrollarse en latitudes diferentes, tiene en común que el dolor y el enojo es el mismo. El modelo económico neoliberal obliga a que hombres y mujeres abandonen sus hogares ante la incertidumbre del futuro. La precarización de los medios de vida y el aumento generalizado de la violencia en la región sumergen a nuestros países en la desesperación y provocan que las familias migren como única opción de sobrevivencia.
México necesita poner el ejemplo, tender la mano a sus hermanos y hermanas del sur. Lograr que las personas migrantes que pasan por nuestro país accedan a la justicia, que no se vean obligadas a vivir en la oscuridad.
El programa Quédate en México es el claro ejemplo de que la agenda migratoria de nuestra nación ha sido impuesta por su vecino del norte.
El pueblo latinoamericano se tiene que hermanar, nuestra historia, nuestra lengua y nuestras tradiciones son semejantes. No podemos continuar siendo ese muro que Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, mencionaba en todos sus discursos. Repitiendo sin cesar que las y los mexicanos éramos malos hombres y que queríamos dañar a su país.
Las y los migrantes somos el corazón de la economía, los que día a día nos levantamos a trabajar, haciendo jornadas extenuantes de más de 12 horas. El dinero que mandamos representan un porcentaje alto del producto interno bruto de nuestras naciones. Somos el sostén de muchas familias de la región, que migramos por no contar con oportunidades en nuestros propios países. Somos una cultura binacional que traemos nuestras tradiciones a un país extraño, que constantemente nos recalca que no somos bienvenidos y bienvenidas.
Somos el presente y el futuro de grandes naciones que con nuestro trabajo se mueven todos los días. Los sueños rotos y la ilusión de una mejor vida seguirán esperando llegar a los lugares donde se encuentran los más pobres, los olvidados. Los pueblos Quiché y me’phaa, hoy lloran por la pérdida de sus hermanos. A pesar de la distancia, el sentir es el mismo. Necesitamos que nuestro grito de justicia se escuche en todos los rincones del mundo #NoSeamosElMuro. (Fabiola Mancilla, La Jornada, Política, p. 14)
Las escenas son terribles y dolorosas. Decenas de cadáveres cubiertos por sábanas y un mayor número de lesionados, física y emocionalmente al voltearse un camión que transportaba migrantes indocumentados por una carretera de Chiapas.
Difícil imaginar las secuelas que dejará esta experiencia en los niños y niñas que viajaban con sus padres, seguramente con miedo, pero con la ingenuidad de ir hacia una mejor vida, distante y confusa, pero mejor que la pobreza y violencia que han enfrentado en sus pueblos.
En este espacio he descrito la difícil realidad que viven nuestros vecinos al sur de la frontera. Países que han sufrido durante décadas golpes militares, represión, violencia delictiva, narcotráfico y una oligarquía política y económica en su mayoría depredadora, abusiva y corrupta.
Honduras y Guatemala han sido clasificados como de los países más pobres del planeta, con la peor distribución del ingreso; El Salvador no anda tan lejos, pero cuenta con una clase empresarial enjundiosa, que con sus negocios mitigan un poco la miseria en que vive la mayoría. No en balde tuvo una larga guerra civil impulsada por grupos guerrilleros formados por jóvenes rebeldes que no estaban dispuestos a quedarse pasivos ante esa injusta realidad. Recomiendo buscar en la revista Nexos, los escritos de Joaquín Villalobos, uno de sus más ilustrados líderes, hoy analista y asesor de la ONU en la resolución de conflictos internacionales.
Como México, Centroamérica ha sido expulsor de sus habitantes hacia Estados Unidos. Igual que para nosotros, “ir al Norte” es una ilusión de muchos jóvenes, que confían cruzar por nuestro territorio, ignorando los riesgos y abusos que les esperan como es el tráfico de personas; pocos delitos tan deleznables con el que lucran bandas criminales de la peor clase.
El accidente materia de esta entrega ocupó la atención por unos días de los medios de comunicación y de los gobiernos involucrados, para después pasar al olvido colectivo… salvo en las familias de los fallecidos. ¿Se Imagina usted el dolor de la madre, esposa, hijos, que recibieron los cuerpos de sus parientes?
Sabemos ahora que el camión cruzó por varias garitas de control carretero donde se supone que agentes migratorios y aduaneros inspeccionan los vehículos con el objetivo de prevenir, el cruce ilegal de mercancías o de personas, como es el caso. ¿Nadie vio lo que venía en este camión? ¿De qué sirven, entonces, los costosos instrumentos de rayos X que permiten ver el contenido de cada uno de ellos?
Tuve la oportunidad de presenciar el funcionamiento de estos instrumentos que delinean con precisión y claridad lo que está en cada uno de los contenedores inspeccionados, ¿en este caso, hay un responsable? ¿La anunciada investigación que se ha iniciado, fincará responsabilidades?
No soy ingenuo, suponiendo que en este caso se identifique y castigue al chofer, a los traficantes, sus ayudantes y con suerte, a las autoridades corruptas que participaron, me temo que al escribir estas líneas otros delincuentes preparan una nueva incursión, con otras potenciales víctimas, sobre todo a otros menores de edad que tendrán un fin de año amargo.
No me cansaré de reiterar que mientras no tomemos la decisión de crear una política migratoria integral, que cubra todas las facetas de este fenómeno social, seguiremos reaccionado tardíamente, con excusas y verdades a medias. El actual gobierno dice que quiere acabar con la impunidad que caracterizó a los pasados regímenes, en este tema tiene una buena oportunidad de pasar de los dichos, a los hechos. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 10)
Otra vez… ¿Y la corrupción?
Hoy, en la portada de este diario, relatamos las extorsiones que los migrantes deben sufrir, año con año, a lo largo de su camino de regreso a las comunidades de donde son originarios. Lo único que desean es traer regalos a sus familias y convivir con ellas, pero saben que, en el trayecto, serán “mordidos” por toda clase de policías y agentes gubernamentales, quienes se aprovechan de los dólares que los paisanos cargan. Ahora que este gobierno se llena tanto la boca de agradecerles a los mexicanos en Estados Unidos por sus remesas, ¿les ayudarán también a parar a los criminales vestidos de funcionarios? No está de más recordar que la muerte de 55 migrantes en Chiapas debería resultar, también, en una investigación en torno a la corrupción que permite que unidades retacadas con personas no sean vistas por las autoridades. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
Regularizan a migrantes
Ante la crisis migratoria que atraviesa el país, el gobierno mexicano lanzó un plan piloto para regularizar a extranjeros. Empezarán con 200 haitianos y correrá a cargo del subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Asuntos Religiosos de la Segob, Alejandro Encinas. Nos dicen que el proyecto es respaldado por las Naciones Unidas. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Más allá de Encuentro Bicentenario, que es una copia mejorada de la Iniciativa Mérida, no se ven con claridad los objetivos que México tiene en política bilateral. A pesar de contar con la claridad de su contraparte (Biden), el gobierno de López Obrador no ha dado señales de siquiera tener una idea de cómo quiere abordar la relación con el exterior y más, en particular, con EU, entendidas ambas como dos políticas de distintas dimensiones, toda vez que la relación con EU es una relación interméstica, es decir, que, dada la cercanía territorial y política, ésta tiene tanto contenidos domésticos como internacionales. En todo caso, “no se observa una estrategia integral de política exterior a nivel internacional, ni hacia Estados Unidos”, de acuerdo con Jorge Schiavon del CIDE. Lo anterior, según él lo explica, quedó patente en cuatro acciones recientes: 1) no haber ejercido acción penal contra el general Salvador Cienfuegos (enero de 2021); 2) demorar la felicitación a Biden como presidente electo de Estados Unidos (noviembre de 2020); 3) el mensaje de López Obrador durante el 75 aniversario de la ONU (agosto 2020), y 4) realizar una visita de trabajo al presidente Trump en tiempos electorales (julio 2020). Y yo agregaría la invitación al presidente cubano, el 20 de noviembre. Resulta inquietante que, ante los grandes temas que están en la agenda bilateral, México se manifieste alegremente despreocupado o indiferente ante la relación con el EU de Biden. Y con esto provocar una relación de cooperación abiertamente asimétrica, dado el desinterés de México por fortalecer en serio los puentes ya existentes y que han sido debilitados por esta actitud, al tiempo que se tendrían que construir otros que permitan armar una agenda de riesgo común ante los desafíos que la realidad impone a la asociación entre ambos países.
Los tres grandes temas que han estado presentes en todo lo que va del siglo y también en parte del anterior, son migración, comercio y seguridad. Al tiempo que estos tres temas pavimentan los principales espacios de la relación bilateral, constituyen también las ventanas de oportunidad y conflicto que han privado en la sociedad entre los dos países. Aun cuando los tres se tocan de alguna manera, tienen, en el más estricto sentido teórico, su propia esfera temática y funcional, muy a pesar de la insistencia de Washington (y el acatamiento de México) en vincularlos. En este sentido y muy especialmente desde el 9/11, las políticas migratorias han sido asociadas a las estrategias de seguridad. Así, desde los tiempos de Obama, a la migración indocumentada se le ha catalogado como un problema de seguridad. Esto se ha hecho más como resultado de las tensiones de política doméstica de Washington, que como una demostración factual legítima de una relación vinculante entre estas dos dimensiones de la relación bilateral. Y México no ha hecho aún nada por neutralizar esta vinculación con su propia narrativa migratoria. Como ya se ha dicho, durante la presidencia de Trump, México sometió sus políticas migratorias a los designios del expresidente estadunidense, todo lo cual se haría extensivo en el gobierno actual de Joe Biden. Esto ha traído como resultado que en los hechos, México haya convertido a la recién creada Guardia Nacional en el cuerpo policiaco encargado de reprimir a los migrantes de Centroamérica y el Caribe, que se introducen a México para llegar al norte en forma irregular. En los hechos, México se ha convertido en el tercer país seguro que tanto se esforzó en negar durante la crisis migratoria de 2018-19. Sobre esto destacan las revelaciones hechas en un libro de 2019, en el cual la presión de Trump queda de manifiesto toda vez que explica que Washington impuso a Ebrard –con la benevolencia de AMLO. El ignomioso programa Permanezca en México. Según los autores del libro, Ebrard, aún como canciller designado, negoció en secreto con Mike Pompeo, entonces secretario de Estado, que México se convirtiera en tercer país seguro para los solicitantes de asilo centroamericanos en Estados Unidos; todo lo cual, el gobierno de López Obrador siempre negó ser. Todo esto se haría a cambio de la entrega de 10 mil millones de dólares para desarrollo en Centroamérica y el sureste mexicano, los cuales, por cierto, nunca llegaron (ver Julie Hirschfeld Davies y Michael D. Shear, Border Wars. Inside Trump’s assault on immigration, Simon and Schuster, 2019; ver el capítulo sobre México). Este evento, de la máxima gravedad, dadas las implicaciones que ya está teniendo en la geopolítica bilateral y en la integridad del país, supone la entrega relativa de un espacio de soberanía mexicano a espaldas de la opinión pública y de los otros poderes de la República. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 11)