Opinión Migración 201221

Alhajero / De nuevo, camino al norte

Este 2021 tenemos los flujos migratorios más altos de todos los tiempos. Y no sólo se trata de migrantes centroamericanos o sudamericanos; hablamos de mexicanos.

Tonatiuh Guillén, especialista en temas de migración, advierte que esa “pausa” que hicimos entre 2008 y 2020 –de enviar grandes flujos de trabajadores mexicanos a Estados Unidos hasta reducirla prácticamente a tasa cero– se rompió ahora con los efectos de la crisis económica, la recesión, la pérdida de empleos o la reducción de ingresos que tuvimos, sobre todo, en los últimos dos años.

“Y ahí vamos de nuevo al norte…”, advierte. Las cifras son espeluznantes: en octubre pasado, por ejemplo, de los 160-170 mil “encuentros” registrados tan sólo en ese mes por la autoridad migratoria de EU, aproximadamente 60 por ciento son mexicanos.

Ese flujo tiene además un componente nuevo: ya sumamos una vertiente de refugiados, gente que ha sido desplazada de sus comunidades –como vemos prácticamente todos los días–, de Michoacán, de algunas áreas de Guerrero, también hay de Zacatecas, de Guanajuato; personas desplazándose desde Oaxaca y Chiapas. “Desplazados por la franca y cruda violencia; por ausencia de autoridades, de ausencia de Estado en términos de instituciones capaces de garantizar la supervivencia en términos normales. Y la gente huye”, señala el exdirector del Colegio de la Frontera Norte.

El gran cambio de estos años –refiere el doctor Guillén– es justo que ya no es solamente la migración laboral y económica; tenemos algo parecido a lo que sucede en países como Honduras, en donde hay una violencia e inseguridad que obliga a las personas a buscar alternativas de vida en otros países. Esa sería la gran novedad de la coyuntura y es grave”.

En opinión del excomisionado del Instituto Nacional de Migración, vivimos una “tensión” entre nuestras leyes de migración y de refugio, y nuestro marco constitucional, frente al aparato militar (sea la Guardia Nacional o el Ejército).

“Estamos en un punto donde no habíamos estado nunca, que es el de la necesidad de poner a un Ejército como parte del control migratorio. ¡Nunca había ocurrido en México!, pero ya lo estamos normalizando –el Ejército ahora está en muchísimas más funciones, lo cual tampoco es la salida ideal para mí”.

Para el profesor e investigador Tonatiuh Guillén, en estos últimos dos o tres años lo que quedó claro es “el peso de EU en nuestra política migratoria y el peso de un gobierno tan xenófobo y racista como el de Donald Trump, que además se la pasó insultando a los mexicanos de manera completamente inaceptable.

Ahora, con (Joe) Biden –considera–, es la oportunidad para dar pasos atrás y rehacer el camino.

El problema son las políticas migratorias, subraya, y éstas están construidas no por razones estrictamente económicas, sino –como en el caso de Trump– por razones ideológicas, racistas y xenófobas.

“Reconstruir el camino es un evento político, es un evento de construcción de voluntades y ojalá se aproveche la coyuntura para regresar unos pasos o muchos pasos, y volver a los principios que están en la Constitución, en la ley de migración y en las leyes de refugio”.

¿Utopía? “¡No!”, alega el especialista, porque se tienen que complementar con iniciativas de desarrollo, de mercado laboral y con la construcción de regiones de desarrollo alternativas.

Y se puede hacer, es mucho más barato que lo que estamos haciendo ahora.

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GEMAS: Obsequio del senador Ricardo Monreal: “México ha sido históricamente un país de refugio y de trato humanitario para las personas migrantes. Pero tengamos cuidado para que su capacidad de aceptación no sea superada y ello detone en conflictos internos, violaciones a derechos humanos y surgimiento de discriminación y xenofobia”. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p. 6)

El sufrimiento migrante

Periódico Excélsior, aprovecho la distribución nacional de su importante diario para llamar la atención respecto del accidente que aconteció en Chiapa de Corzo hace unos días; el lamentable fallecimiento de los cincuenta y seis migrantes debería despertar la conciencia de los ciudadanos y de las autoridades.

Para todos quienes vivimos en el municipio y en los colindantes ha resultado muy triste ver los discursos de las diferentes autoridades haciendo gala sentimental, cuando todos sabemos que existe en el entorno y en todo el país una corriente de antipatía contra los migrantes que está muy cerca de la xenofobia y el racismo; no es raro ver comentarios en redes sociales y en periódicos locales expresiones que hacen creer a la gente que los desplazados de Centroamérica constituyen un peligro económico y social para los mexicanos, ese mismo discurso fue utilizado en los genocidios que azotaron el siglo XX.

Es importante encontrar una solución ordenada y humanitaria para quienes atraviesan nuestro país con la esperanza de llegar a la frontera norte, pero, sobre todo, no parecer que las autoridades educativas, culturales o de salud hagan alguna campaña efectiva para concientizar a la población sobre el drama humano y la condición de la corriente migratoria.

No dudaría que en algún momento comencemos a ver expresiones de odio étnico y es importante adelantarnos a los hechos.

Por la seguridad y la humanidad toda, es importante que hagamos conciencia de la situación y que las autoridades dejen los discursos emotivos para empezar con las acciones reales en el menor tiempo posible.

Ojalá seamos más empáticos autoridades y ciudadanos con los migrantes que cruzan el territorio nacional, es gente que detrás trae sufrimiento y violencia, hambre y pobreza.

Es menester ayudarlos y, en la medida de lo posible, apoyarlos para que su estancia en el país no sea tan incómoda.

Con mi agradecimiento.

GUILLERMINA SOLANO D.

CHIAPAS (Carta de lector, Excélsior, Nacional, p. 13)

La temible reciprocidad

La popularidad presidencial es muy parecida a una tarjeta de crédito. Las hay con topes reducidos y otras de colores oscuros y metales preciosos con las que se puede gastar a placer: alquilar Ferraris, comprar joyas extravagantes o alojarse en suites principescas. De igual manera, un presidente popular puede, si tiene crédito suficiente, decir una cosa y después la contraria y recibir el aplauso de sus bases y un prudente y comprensivo silencio de las bancadas del Congreso y sus aliados funcionales.

Digo esto porque, en materia migratoria, el mandatario ha desplegado, en tres años, tres posturas contrastantes sin que se advierta en el Congreso una voz de alerta. Y no lo digo por lo escandaloso de la mudanza, porque cuando se es popular la coherencia es una minucia, pues la masa aplaude cuando dices digo y cuando dices Diego, sino por sus consecuencias; toda decisión presidencial en política exterior sienta precedente.

En su Plan Nacional de Desarrollo, AMLO decía que transformaría a los consulados en defensores de migrantes y estableció que no se metería en el proceso político del vecino. Lo cito para evitar confusión:

“…las presidencias neoliberales (…) trataron de impulsar en el país vecino una reforma migratoria y en ese afán recurrieron al cabildeo legislativo y a la formulación de propuestas de negociación. Pero, en rigor, la política migratoria es un asunto soberano de cada país, y en ese sentido los representantes del viejo régimen incurrieron en prácticas intervencionistas injustificables y perniciosas” .

Del PND ya ni él se acuerda, pero sigue vigente. En una alocución a los migrantes en NY sugirió que “exhibiría” a los legisladores americanos que no apoyaran la regularización de migrantes y el pasado jueves dio una vuelta más a la tuerca, pues además del “balconeo”, amenazó con sugerir a los mexicoamericanos que no votaran por el partido cuyos legisladores se opusieran a esa ley.

Es curioso que, el primer mandatario que no quiso decir “esta boca es mía” frente a Donald Trump sobre estos temas, ahora muestre esta proclividad al activismo en tierra extraña. Me pregunto si realmente cree que, desde las mañaneras, se puede influir (como lo hace en México) en el ánimo de millones de compatriotas para condicionar su voto en un sentido. Sigue pendiente, por cierto, la reorientación que le dará a los consulados cuya reestructuración ha anunciado ya desde hace varios meses. ¿Será más política la misión que se les pida a los cónsules?

Influir en el proceso americano es una apuesta riesgosa pues, además de un cambio en la línea política, al optar por erigirse en grupo de presión en el Congreso norteamericano, como lo hacen otras comunidades, tiene implicaciones inmediatas. Una de ellas será que el Partido Republicano y algún otro recalcitrante podrán agregar a su tradicional antimexicanismo la expresión de una injerencia que no augura nada bueno.

Y lo segundo es que, una vez que se ingresa por la vía de hacer política en otro país, no se puede sugerir que no se haga lo mismo en el propio. Imaginar al embajador Salazar señalando con el dedo flamígero a los legisladores que aprueben una versión lesiva para sus intereses de la reforma eléctrica, me parece preocupante. O que, en 2024, desde la Casa Blanca sugieran no votar por Claudia Sheinbaum. ¿Se imagina usted?

Queda claro entonces que la popularidad sirve para disimular inconsistencias, pero igual que ocurre con las tarjetas de crédito, al final del periodo se tiene que pagar la totalidad o a plazos con onerosos intereses. Ojalá lo piense bien. Feliz Navidad. (Leonardo Curzio, El Universal, Nación, p. A21)

Migrantes: la moneda de cambio con EU

De acuerdo con la Unidad Política Migratoria (UPM) del gobierno de México, hasta el 4 de diciembre de este año en nuestro país han sido detenidos más de 228 mil migrantes, 64% más que en todo 2020; han sido deportadas 82 mil 627 personas hasta octubre, 27% más que en los 12 meses previos. Del número total de detenidos 48 mil 707 son menores de edad, 400% más que el año anterior y, de ellos, mil 124 viajan solos.

Los migrantes provienen en su mayoría de cinco países: Honduras, Guatemala, El Salvador, Haití y Nicaragua, países que se encuentran en graves crisis económicas, políticas, de seguridad, pobreza y desastres naturales, entre muchas calamidades. Más allá de los números y orígenes, cada uno de ellos representa una tragedia. No migran por gusto: son desplazados de sus países con las mismas razones que los millones de indocumentados mexicanos que han viajado a Estados Unidos. Un gobierno que le ha fallado a los que lograron llegar y a los que murieron en el camino o que han sido presa de los traficantes de personas y bandas de narcotraficantes, expuestos a las extorsiones, maltratos y abusos de las manzanas podridas que trabajan como autoridades migratorias mexicanas y aprovechan las circunstancias de estos extranjeros para llenar sus bolsillos con extorsiones. Aun a pesar de que entre los funcionarios de Migración existen personas que cumplen su trabajo no sólo a cabalidad, sino que van más allá de lo que marca el deber para dar sosiego y protección a la diáspora que transita por nuestro país, seamos sinceros: el trato que se da a los migrantes en México es mucho peor que el que reciben nuestros paisanos en Estados Unidos. Eso ya es una tragedia en sí misma.

En la mayor parte del país comenzamos a ver las consecuencias de esta tragedia migratoria: extranjeros centroamericanos y caribeños mendigando en las esquinas con niños pequeños y bebés de brazos. En una de las peores desgracias migratorias a nivel mundial, 55 migrantes murieron y 107 resultaron heridos por la volcadura de un tráiler en Chiapas, comparable con las muertes de migrantes sirios en botes improvisados en el Mediterráneo. De esa envergadura es la tragedia, aunque no la queramos ver. Las economías locales de las ciudades y pueblos que están en el camino de las caravanas se han visto afectadas gravemente. Los albergues no se dan abasto para dar techo y comida a las personas que buscan llegar a la frontera con Estados Unidos donde, hasta el momento, de acuerdo con cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), se encuentran más de 1.7 millones de indocumentados que quieren cruzar la frontera, muchos de ellos en procesos de asilo, visas humanitarias y otros trámites para acceder a ese país. Incluso es común encontrar comunidades de indocumentados colombianos, venezolanos, peruanos y bolivianos.

Estimado lector, ¿se ha preguntado el porqué de esta situación, justo en estos momentos de pandemia, cuando es más peligroso emprender el ya de por sí riesgoso camino? En cuanto a seguridad, México sólo tiene frontera con Estados Unidos; todos sabemos que la frontera al sur es sólo una línea en los mapas.

Entra quien quiere, cuando quiere. La posición política del gobierno mexicano es como el agua y el aceite con respecto a la del gobierno de Biden. La contrarreforma energética es incompatible con el T-MEC, el fracaso de Pemex, la corrupción “ya eliminada” que es rampante y endémica en todos los niveles de gobierno, el fracaso de las políticas públicas y la lucha contra la pandemia, el aumento exponencial de la pobreza en el país, la protección a figuras prominentes de la política junto con personas y grupos de dudosa reputación, los asesinatos de políticos y reporteros haciendo del país el lugar más peligroso del mundo para desarrollar esta profesión, la militarización de las instituciones civiles, ni qué decir de las amenazas a los órganos reguladores autónomos, como el INE y la CRE.

Al parecer, los migrantes se han vuelto la moneda de cambio más valiosa del gobierno federal para negociar con el gobierno de Biden, con la amenaza de permitir que millones de indocumentados tomen todos los cruces fronterizos, trasladando la crisis humanitaria al otro lado de la frontera. EU tiene suficientes problemas internos en este momento: la pandemia, la baja popularidad del presidente, la inflación, la economía. Es peligroso querer chantajear al vecino del norte utilizando las vidas de los migrantes. (Carlos Kenny Espinosa Dondé, Excélsior, Nacional, p. 15)

En el filo / La Cuenca del Caribe

Llegan migrantes a la frontera sur de zonas tan lejanas como Asia y África. Pero la vasta mayoría, 85%, proviene de la Cuenca del Caribe: Cuba, Haití, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala. Además, ahora México es el mayor abastecedor de migrantes sin documentos, producto de muchos fenómenos internos, como la violencia criminal, la pandemia y el deterioro económico general del país bajo el gobierno de López Obrador. Más de 50% de los indocumentados cruzando la frontera norte son mexicanos.

La circunstancia humana de masas de seres humanos que se mueven hacia el norte, no sólo de otras naciones, sino también de la migración interna mexicana, refleja el fracaso de las políticas económicas de la región denominada la Cuenca del Caribe, México incluido. Ante tan terrible fracaso, la débil respuesta para la región de México –sembrando árboles y regalando dinero a jóvenes– no sirve para nada. La respuesta tiene que ser general en toda la región, con una visión de largo plazo y estructural.

La Cuenca del Caribe está en llamas. La región atraviesa varias crisis entrelazadas. Hay una profunda crisis económica y una contracción brutal del consumo popular, junto con reiteradas y prolongadas crisis políticas y sociales. Ejemplos de estas últimas crisis políticas y sociales son Cuba, Venezuela, Nicaragua, Haití, El Salvador y Honduras. Son países que padecen dictaduras o semidictaduras, con rebeliones internas de diverso grado. De hecho, en el caso cubano, venezolano, nicaragüense y haitiano, la migración internacional es una expresión de rebelión interna contra sus gobiernos. En los casos de El Salvador y Honduras, la migración es producto de la violencia interna y la debacle económica.

México debiera ser líder en la Cuenca del Caribe, con visión y oferta integral de las necesidades de la región bajo su resguardo. En vez de ello, ofrece ideas fragmentadas y sin una verdadera noción de progreso. Plantea una concepción de paliativos coyunturales ineficaces, como lo son los “apoyos” de árboles y dineros que ofrece a los mexicanos, que no resuelven sus problemas. Y titubea frente a sus aliados dictatoriales, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y no se atreve a convocarlos a reformas democráticas.

Lo que se requiere para la zona, que abarca todo el Caribe, Venezuela, Colombia y Centroamérica, es un plan estratégico global. No sirve un proyecto ideológico nacionalista y antiyanqui. Debe ser un plan que promueva la integración económica, la inversión extranjera dirigida a fortalecer los mercados internos y la inserción en el mercado global, que fortalezca los valores democráticos y las libertades individuales y de expresión. México debiera enarbolar una visión de los próximos 50 años para la Cuenca del Caribe, concibiéndola como una región con gran potencial económico, de desarrollo social y ejemplo de consolidación democrática.

La Cuenca del Caribe tiene la posibilidad de ser un ejemplo para todo el continente americano. Combina culturas tan diversas como la negritud de África, las tradiciones británicas, francesas, holandesas de industria y comercio, la cultura expansiva española, las tradiciones mesoamericanas y la confluencia con el intercambio hacia Oriente. Ello ofrece una región de vasta cultura e historia. Al reconocerlo se puede avanzar en una visión integral de desarrollo. O se puede perder, otra vez, la oportunidad de dar el paso hacia adelante en nuestra historia, tratándolo únicamente como un problema migratorio pasajero, violento e incómodo. (Ricardo Pascoe Pierce, Excélsior, Comunidad, p. 27)

Juegos de Poder / Personajes de 2020

En 2020, las personas físicas o morales que destacaron, para bien o para mal, fueron el movimiento feminista mexicano, Hugo López-Gatell, las Fuerzas Armadas, Salvador Cienfuegos, Emilio Lozoya, Pío López Obrador, la Suprema Corte, el avión presidencial, Morena, Banco de México, los fideicomisos, Omar García Harfuch, Nexos, el Sars-Cov-2, Ugur Sahin, Özlem Türeci, Joe Biden y Juan Carlos de Borbón. Presento, ahora, la lista de los personajes que destacaron en este 2021 que está terminando:

Variantes Delta y Ómicron del Sars-Cov-2. La pandemia del coronavirus dominó, de nuevo, las noticias. El virus mutó y, en 2021, sobresalieron estas dos variantes de las cuales se contagiaron millones de seres humanos.

La comunidad científica internacional. Su trabajo ha sido fundamental para detener el avance y la mortandad de la pandemia.

Las vacunas. Millones se han salvado de la pandemia gracias a ellas. Se aplicaron ocho mil 700 millones de dosis en este año. El 57% de la población mundial ha recibido por lo menos una.

Instituto Nacional Electoral (INE). Organizó unas elecciones ejemplares y una consulta popular. Es una de las instituciones más aprobadas por la opinión pública y pilar de la democracia. Termina el año bajo el asedio del gobierno federal y su partido político.

Reforma constitucional eléctrica. La pieza legislativa más importante que ha mandado el Presidente al Congreso en este sexenio. Pretende un regreso al modelo de monopolios públicos en el sector energético. No se aprobó porque el gobierno no consiguió los votos para lograr una mayoría calificada. Volverá a discutirse el año que viene.

Félix Salgado Macedonio. Ante su inminente candidatura como gobernador de Guerrero, varias mujeres lo acusaron de abuso sexual y violación. No obstante, Morena y AMLO lo apoyaron. El INE le retiró la candidatura por no presentar un reporte de las finanzas de su pre campaña. Morena lanzó, entonces, a su hija como candidata y ganó la gubernatura. Hoy, este presunto violador es el que realmente gobierna el estado.

El Metro de la Ciudad de México. Viejo, desgastado y mal construido en algunas líneas. La 12 colapsó dejando 26 muertos y decenas de heridos. Cierra el año sin que la justicia haya procesado a los responsables.

Crimen organizado. Documentada está su participación activa en las elecciones de junio. Como nunca, intervinieron para que ganaran sus candidatos.

Morena. Gran ganador de las elecciones de gobernador este año. De 15, ganaron 12 para consolidarse como partido hegemónico.

Va por México. La alianza PRI, PAN y PRD sirvió para quitarle a la coalición gobernante la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y nueve de las 16 alcaldías de la Ciudad de México. De no haber existido, Morena habría arrasado en todas las elecciones de junio.

Arturo Herrera. Hizo una labor buena como secretario de Hacienda. Lo premiaron para ir como gobernador del Banco de México. Sin explicación alguna, AMLO retiró su candidatura en el último momento.

Arturo Zaldívar. El ministro presidente de la Suprema Corte no solo sacó adelante dos temas fundamentales de derechos (la despenalización de la mariguana y de la interrupción voluntaria del embarazo), sino que renunció al “regalo” envenenado de AMLO para quedarse dos años más en la presidencia de la Corte.

Migrantes. Gente que huye de sus países por la inseguridad o falta de oportunidades económicas. Protagonizaron varias noticias malas incluyendo el volcamiento de un tráiler donde viajaban hacinados decenas de ellos muriendo 56.

Estudiantes del CIDE. Ante la imposición del director de este centro y la renuencia de la directora de Conacyt a dialogar con ellos, mantienen tomadas las instalaciones de Santa Fe y Aguascalientes. Han realizado varias marchas. Ejemplo de una lucha por causas buenas y justas.

Alejandro Gertz Manero. Fiscal de escasos resultados pero abundantes cuestionamientos.

Santiago Nieto. Ejemplo que el poder es pasajero. Su boda en Guatemala le costó su puesto.

Angela Merkel. Después de 16 años al frente del gobierno alemán, se retiró la canciller quien fue la gran ancla de los regímenes democrático liberales de occidente.

Los radicales que tomaron por la fuerza el Capitolio el 6 de enero. Azuzados por el entonces presidente Trump, tuvieron la osadía de violentar la sede del Congreso de Estados Unidos donde se estaba votando la legalidad de la elección presidencial. El asalto fue la imagen perfecta del final de un presidente que mermó a una de las democracias liberales más añejas del mundo.

Vacaciones

Tomaré unos días de vacaciones por lo que “Juegos de Poder” volverá a aparecer el martes 11 de enero. A todos los amables lectores les deseo un magnífico 2022. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 13)

Desde el otro lado

El paulatino deslizamiento del voto latino

La sinuosa ruta del voto latino en Estados Unidos es una prueba más del error de encasillar a cualquier grupo social en los cánones tradicionales de su comportamiento y predilección política. Desde la lucha en 1994 contra de la propuesta 187, mediante la que Pete Wilson, gobernador republicano de California, planteó negar a los inmigrantes indocumentados servicios sociales, médicos y educación pública, los latinos, particularmente los de origen mexicano, organizaron un gran movimiento de repudio a los republicanos. En las subsecuentes elecciones votaron mayoritariamente por los demócratas. En 2007, en un panel sobre las preferencias del voto latino, la directora de Política del Estado del Concilio de la Raza comentó: La mayoría de los latinos votan por los demócratas y se identifican como demócratas, pero están sucediendo cambios. En el mismo evento otro panelista advirtió que en las elecciones, los candidatos no deben pasar por alto las demandas de los latinos a riesgo de perder su voto. El tiempo les concedió alguna razón.

Se creyó que la tendencia de favorecer a los demócratas sería irreversible. Sin embargo, se ha deslizado paulatinamente hacia la causa republicana, de manera más notoria en las dos últimas elecciones. Tal vez la demostración más dramática fue en la última: 34 por ciento de los latinos votaron por Trump. Las causas de ese cambio son múltiples y diversos estudiosos del tema han tratado de esclarecerlo. La Institución Brookings ha elaborado estudios sobre el tema desde hace algunos años. El más reciente (2020) establece algunas premisas que pueden explicar esos cambios. Una de ellas es que en la medida que la población ha envejecido, es más educada y étnicamente más diversa. Es de esperarse que en las próximas décadas esos cambios influirán en la conducta política de la población en general y desde luego en la de los latinos.

Una de las virtudes del estudio es que pone de manifiesto las diversas variables que se alejan de una interpretación monolítica y tradicional de la conducta política de los latinos, como su rechazo al aborto, la educación liberal o la intervención del Estado. Es difícil llegar a una conclusión definitiva, debido a que ese sector de la población también se ha diversificado al igual que el resto de la sociedad y, en esa medida, actúa en sincronía con ella. Es oportuno conocer el reporte, ya que ofrece diversos escenarios sobre la forma en que esos cambios afectaron la elección de 2020 y posiblemente afectarán las siguientes. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 14)

La imagen de 2021

Digan lo que digan, estoy convencida que mil palabras dicen más que una imagen. No lo puedo ver de otra manera, quizá porque me dedico a escribir, y escribo porque no tengo duda que la correcta combinación de verbos, personas y adjetivos puede romper el código de cualquier cerradura y abrir con ello una relación, pero también cerrar una disputa. Creo en el poder de una oración —sujeto, verbo y predicado— aún del ateo y del infiel. A pesar de ello, no puedo negar que existen imágenes que contienen un poderoso pegamento en el reverso. Un adhesivo que, aunque pase el tiempo, no se despega. Basta con nombrarlas para evidenciar que siguen fijas en la memoria. Evocarlas. Cierre los ojos y deje que yo las llame para usted: las Torres Gemelas, imposible no despertarlas alineadas contra el cielo entre las nubes de humo y polvo. El Hindenburg, cayendo envuelto en llamas, con la torre de alta tensión en un costado. La Plaza de Tiananmen, el tanque y él. La caída de la Línea 12 del Metro.

Este 2021 tenía que ser un año distinto al que fue. La esperanza de la llegada de las vacunas hacía pensar que regresaríamos a nuestra realidad. Ni siquiera a una nueva, sino a la que ya teníamos, a la de siempre. Todavía no es así. Sin embargo, la primera imagen que marcó este 2021 sí es la de una vacuna. Como la evidencia del poder de la ciencia. Como una afilada línea de salvación que se hunde hasta el fondo en cualquier brazo, en millones de hombros. Una vacuna vista de reojo, con la distancia de apenas una barbilla, hundiéndose en nuestro propio hombro.

La segunda imagen de este año cae debajo de un titular que dice: “República Bananera”. La toma del Capitolio entre el humo y una turba que escaló paredes y rompió vidrios siguiendo la arenga del que en ese momento todavía era presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para intentar detener la ratificación de Joe Biden. Ya sé, parece que fue hace más tiempo, pero apenas fue este 6 de enero. Y es que además de distinto, 2021 también debió ser menos largo de lo que hasta hoy ha sido.

Una imagen imborrable que resultó brutal al tiempo de conmovedora: la estructura que se puso para “defender” Palacio Nacional de las mujeres. Una gruesa estructura de hierro negro que las mujeres terminaron derribando con el sentimiento al llenarla de flores y escribir con pintura blanca los nombres de las muertas, agredidas y desaparecidas. Evidencia indeleble del poder vencido por el poder simbólico.

Y una imagen trágica: la caja blanca de un tráiler volteada a mitad de una curva en la cual viajaban 150 migrantes y a la fecha han muerto 55. La imagen de una corrupción asesina.

El peso de este álbum lo llevaremos a cuestas por el resto de nuestras vidas, sin embargo, hay una imagen que trae doble pegamento: la Línea 12. Dese cuenta que no dije “caída” y no dije “Metro” y, a pesar de ello, sé que la está viendo. Los cables, como ligamentos, aún tensados. La vía colgada. Los vagones en “v” contra el pavimento.

Una imagen de indolencia y corrupción tan fuerte, que arrancó de manera adelantada la sucesión presidencial, para tratar de proteger y distraer.

Imágenes todas que marcaron 2021, menos una: la Línea 12. Esa imagen será una de las que marcará el sexenio. (Ana María Olabuenaga, Milenio, Política, p. 8)

Uso de Razón / Biden se derrumba en lo esencial

MIAMI, FL.- Malas noticias para Estados Unidos y para el mundo democrático: la agenda social de Biden está liquidada.

Se propuso la transformación de su país a través del “reconstruir mejor”, pero el proyecto quedó sepultado ayer. A Biden no le sale nada.

Del abanico de programas que cambiarían la faz del capitalismo por un rostro más humano, solidario y comprometido con el medio ambiente, no ha quedado ninguno.

El vehículo para esa transformación era el plan de infraestructura social, originalmente de 3 billones 500 mil millones de dólares, a gastar en 10 años. En las negociaciones al interior del Partido Demócrata, se redujo a 1.75 billones de dólares.

Pero el senador demócrata Joe Manchin lo frenó al ponerle un candado al programa estrella de Biden, que es el crédito fiscal de 300 dólares por cada hijo, destinado a acabar con la pobreza infantil en el país.

Ayer, sin embargo, le dio un tiro de gracia: anunció que votará en contra del programa de infraestructura social.

Con ello no habrá un freno, sino un retroceso: 61 millones de estadounidenses perderán los beneficios sociales que ya tenían, desde marzo de este año.

Y 4 millones 100 mil niños regresarán a la condición de pobres.

También se caen el financiamiento a los programas de energías limpias, apoyo adicional a la ciencia, educación preescolar universal y gratuita, estancias infantiles atendidas por profesionales, estatus legal a migrantes sin papeles, atención médica a los mayores, ampliación del programa de salud a bajo costo, recursos para la lucha contra los efectos del cambio climático (incendios, inundaciones, sequías prolongadas…), etcétera.

¿Por qué tiene tanta importancia un solo senador, en este caso Joe Manchin?

Porque la composición del Senado es 50 demócratas y 50 republicanos. Sólo en caso de empate decide el voto de calidad de la vicepresidenta, en este caso Kamala Harris.

Si un solo senador demócrata opta por no apoyar, como ocurre ahora con Manchin, entonces no les alcanzan los votos para aprobar el presupuesto.

¿Por qué no lo convenció Biden? ¿No que era un negociador muy hábil?

Manchin y Biden se reunieron varias veces, y el senador por Virginia del Oeste, cada vez que hablaba con el presidente, agregaba nuevas objeciones.

Ayer se quitó la careta y dijo que votaría contra el paquete social.

La aureola de gran negociador de Biden se reventó.

Para los republicanos la situación es cómoda. Dicen: ya te aprobamos el presupuesto de infraestructura física, que es el que nos interesa: puentes, carreteras, aeropuertos, puertos. Si quieres regalarle dinero a los pobres, un welfare state (estado de bienestar, o algo así), hazlo con tus votos, los tienes, adelante.

Pues resulta que no, que Biden no tiene los votos demócratas suficientes.

Salvo que ocurra un vuelco espectacular esta semana, el programa social de Biden está liquidado.

No habrá legalización para 11 millones de migrantes que se encuentran en el país, como prometió en campaña.

Ni siquiera garantías de no deportación durante cinco años para dreamers y trabajadores esenciales, como quedó en la versión rasurada (hubo que darle gusto a Manchin).

La experta parlamentaria en el Senado (autoridad que fiscaliza los proyectos que se presentan) dictaminó que esa medida no es un tema presupuestal, sino que implica un cambio a la Ley de Inmigración, por tanto requiere ser votada como tal –y Biden no tiene el apoyo de senadores republicanos–.

A Biden no se le acaba el tiempo, sino la confianza que se depositó en él.

Puede decir que la culpa es de Manchin, de los republicanos, de los antivaxxers, de quien sea… pero en política cuentan los resultados, no las intenciones.

No ha podido acabar con la pandemia, que iba a estar erradicada de Estados Unidos en Navidad.

La inflación es la más alta en cuatro décadas.

En casi todas las grandes ciudades del país los homicidios han aumentado.

La migración ilegal, sin nadie capaz de ordenarla, está siendo veneno para su imagen.

Hay explicación para todo, pero los malos resultados ahí están.

Tendrá que reinventarse, de cara a las elecciones de noviembre, y a los tres años que le quedan en la Presidencia.

Por las señales que ha mandado, la batalla la dará en tres frentes:

-El derecho al voto, que los republicanos buscan acotar. Biden ya lo plantea como una lucha épica, a la altura de la Guerra Civil.

-Política exterior, contra Rusia y China.

-Y, ojo México, la guerra contra los traficantes de drogas.

Lo esencial, reconstruir mejor, fracasó. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 34)

Desde afuera / Los problemas de Biden y su agenda

A reserva de sorpresas, y apenas a un año de haber tomado posesión el 20 de enero de 2021, el gobierno del presidente Joe Biden está enmedio de una brutal guerra política doméstica que prácticamente cancela su capacidad de cumplir promesas electorales.

Biden, un político capaz, entró al poder con un Congreso literalmente dividido a la mitad, con una mayoría de apenas 221 a 212 en la Cámara baja, y de 51 a 50 en la alta, gracias a que por ley, la presidencia del Senado corresponde al vicepresidente, en este caso la exsenadora Kamala Harris.

Pero ni siquiera los más optimistas partidarios de Biden esperan que los demócratas retengan su relativo control del Congreso en las elecciones legislativas de noviembre de 2022, que desde ya se augura como desastrosa para el partido del Presidente.

Parte importante del problema es la división en las propias filas demócratas, un partido tradicionalmente fraccionado.

Según encuestas, Biden es un presidente impopular, con números que se acercan a los de su antecesor Trump y un apoyo decreciente entre los mismos demócratas, tanto entre los independientes y un ala conservadora visiblemente desconfiada de las tendencias progresistas del mandatario, como especialmente de un ala izquierda que se siente decepcionada porque Biden no puede imponer su agenda.

Con todo, mantiene respaldo entre demócratas, aunque entre los más liberales parece reflejar la sensación de que no hay tanto lugar  hacia dónde dirigirse en un país que parece hoy por hoy dominado por tendencias derechistas, sean extremistas aliados con Trump como conservadores que a querer o no lo acatan.

Los problemas de Biden se reflejan, más recientemente, en el virtual fracaso de su propuesta legislación de “Reconstruir mejor” (Build Back Better) que dedicaría 1.75 millones de millones de dólares a programas sociales y de reconstrucción de infraestructura, pero que fue literalmente demolida por las dudas y la oposición final del demócrata conservador Joe Manchin, de Virginia occidental.

El hecho, en todo caso, es que en estos momentos, Biden no es demasiado popular en el país, y eso tiene un impacto negativo real sobre su mandato. Peor aún, las perspectivas no son de que su situación vaya a mejorar, ante la abierta guerra política que los republicanos planean en su contra.

De entrada, la posición política de Biden ha sido debilitada por problemas de alta visibilidad, como la desordenada y muy debatida retirada de Afganistán; el aparente fracaso en controlar la pandemia de COVID-19, primero ante el embate de la variante Delta y ahora que la llegada de la Ómicron destruyó las esperanzas de un final de la crisis de salud.

Y para rematar, sus problemas con migrantes en la frontera con México y la práctica derrota de su propuesta reforma sin haber llegado siquiera a discusión en el pleno del Congreso.

Pero faltan 11 meses para las elecciones legislativas y casi 35 para las presidenciales. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)

Radiopasillo

La migración y el atole con el dedo

El problema de la migración ha entrado en un impasse.

Estados Unidos presiona a México para que vigile su frontera y para que no deje pasar a nadie.

Es decir, lo que impilsaba el güero Donald Trump y que fue calificado por la mayoría como acto abusivo, hoy se repite con el gentleman Joe Biden.

-¿No será atole con el dedo lo que quiere darnos el demócrata que suele portar trajes cortados a la medida y que no tiene una sola arruga? Se escuchó en radiopasillo. (Radiopasillo, Ovaciones, Política, p. 2)

Cartones

Peregrinos

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)