Opinión Migración 080122

Gente como uno / De la mano de la muerte, van los niños migrantes

El aumento de niños migrantes en México creció exponencialmente desde el inicio del año pasado. Este 2022 es prácticamente nueve veces superior, según lo reportado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

El panorama para ellos resulta desolador, porque llegan a un México que ha demostrado que cuida muy poco a sus niños, mucho menos lo hará con los extranjeros.

Niños hondureños, salvadoreños, guatemaltecos o haitianos, llegan aquí absolutamente vulnerados, a veces ya huérfanos, o enfrentados a la deportación con un final incierto.

Pero otros, los que sí se quedan, en su mayoría lo harán para enfrentar un peor escenario, el de no existir para nadie una vez que caen en manos del crimen organizado.

Lo han denunciado sin descanso organismos nacionales e internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que sostiene que el crimen organizado tiene control territorial en México, lo que hace que las personas migrantes, sobre todos niños y mujeres jóvenes, caigan en manos de la delincuencia con fines de trata, esclavitud y explotación sexual.

Sin papeles ni registro, los niños para la delincuencia son prácticamente desechables, la más barata carne de cañón para el negocio de la trata, que aquí se ha triplicado en los últimos 15 años.

“Pero es central insistir en que esto no sucede sin la participación activa de funcionarios mexicanos de gobierno, del Instituto Nacional de Migración, de las policías municipales, y las autoridades locales. Estamos hablando de una red de macrocriminalidad”, me aseguró Juan Martin Pérez, Coordinador de la Organización Tejiendo redes de Infancia en América Latina y el Caribe.

Hasta 5 mil millones de dólares al año, es lo que el crimen organizado puede exprimir del jugoso negocio que para ellos representa la crisis migratoria, que quedó evidenciada el 9 de diciembre pasado, con la muerte de los 56 migrantes que viajaban hacinados en la caja un tráiler que volcó en una vía de Chiapas, donde sobrevivieron 10 menores de edad.

Eso significa que el riesgo de muerte, a un niño migrante no lo está esperando en la línea fronteriza con los Estados Unidos, se la puede encontrar muchísimo antes, casi a cada paso que da.

De enero a octubre de 2021, el gobierno mexicano realizó 48 mil 707 detenciones de migrantes de entre 0 y 17 años, lo que significa un aumento del 402.5 % con respecto a los detenidos en 2021.

Las restricciones implementadas por el gobierno mexicano han obligado a los migrantes a planear sus recorridos por rutas más peligrosas, en las que por supuesto incluyen a sus niños.

En México hasta 250 mil niñas, niños y adolescentes están en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos en el país y entre ellos se cuentan muchos migrantes en total indefensión.

Hasta la mitad de estos menores avanzan sin sus padres, de acuerdo a lo reportado por UNICEF. Viajan sin documentos, en un limbo jurídico y social que aprovechan los cárteles para hacer su reclutamiento forzado.

Es una circunstancia “ideal” para las células criminales, quienes encuentran “soldaditos” sin voluntad ni dueño, para esclavizarlos en laboratorios, fabricación de drogas y explotación sexual. Niños invisibles.

Entre el 1 y el 7 de diciembre del 2021, la Red por los Derechos de la Infancia en México contabilizó 4 mil 328 desapariciones de menores y en la cifra negra se encuentran los niños migrantes.

Y a esos ¿quién los está buscando? Si sus padres apenas sobreviven, tan atemorizados como las mismas familias locales, que buscan a sus desaparecidos pidiendo a la delincuencia permiso y clemencia:

“Porque son los que mandan, lo están demostrando con los hechos, cada día hay más desapariciones y cada día matan más personas enfrente de los gobiernos”, como me dijo esta semana en entrevista Cecilia Flores Armenta, líder de las madres buscadoras de Sonora.

Y así tenemos a miles de niños extranjeros huyendo en territorio mexicano, de las autoridades que los persiguen, de la delincuencia organizada y del virus de la Covid-19…

Pero ahí siguen caminando de la mano de la muerte, para los niños migrantes cada día es un volado… (Mónica Garza, La Razón, Opinión, p.15)

La seducción del poder

El padre Solalinde, -benefactor de los migrantes y hoy muy cercano al poder-, a finales de diciembre pasado expresó públicamente que el presidente López Obrador “tiene rasgos de santidad” y remató agregando que “Dios nos bendijo con un presidente como el que tenemos”.

La hoy senadora Olga Sánchez Cordero, en una reunión que tuvo con un grupo de personalidades de los medios de comunicación, así como con los directivos de la Sociedad Interamericana de la Prensa, SIP, al inicio de este sexenio, siendo secretaria de gobernación expresó: que nadie había protegido más la libertad de expresión que el presidente López Obrador. Además, añadió que es un gran historiador. Esta descripción refleja gran admiración.

¿Cómo afecta el poder sobre la percepción de quienes están muy cerca física y afectivamente de quien lo ejerce?

La acumulación de poder que pretende el presidente y la idealización de su persona, que hoy hacen sus seguidores, genera el mayor riesgo que tiene su proyecto político. Quien termine siendo el candidato de MORENA a la presidencia de la república se verá “chiquito” en comparación con él. Por ello podemos entender que este es un proyecto unipersonal, que naufragará cuando el presidente deje el cargo.

Puede ser que al presidente López Obrador le alcance su carisma para inducir el voto de un amplio sector de seguidores hacia el “ungido” por el dedo divino, -en alusión al tradicional “dedazo” característico de los presidentes priístas del siglo XX-, fenómeno hoy repetido en ese gobierno.

Sin embargo, cuando el candidato morenista que llegue a la presidencia se quede solo en el ejercicio de poder, parecerá una caricatura de su antecesor. Por ello, entre más grandiosa sea la imagen del presidente López Obrador, -al grado de que se le idealice como un ser excepcional-, más grande será el abismo que le separe de su sucesor, sea quien sea y este difícilmente podrá gobernar con apoyo popular como hoy lo hace Andrés Manuel. Por tanto, ese será el fin de la 4T. No habrá quien llene las expectativas colectivas, aunque el “ungido” haya recibido la voz divina que le invistió de poder. No es lo mismo el original que el “émulo”.

El patético ejemplo lo tenemos en Nicolás Maduro, quien se ve pequeño frente a un mítico y carismático líder como lo fue su antecesor, el dictador Hugo Chávez. Entendamos que el poder se puede heredar, pero el liderazgo se construye de modo personal como un “traje a la medida”.

La desesperación del “delfín” Maduro le llevó a intentar investirse del espíritu de Hugo Chávez con la metáfora del “pajarito que le hablaba al oído para darle consejos”.

El liderazgo es el atributo que legitima al poder, pues permite gobernar un país generando consensos y apoyo popular. Por ello, a pesar de los graves errores que ha cometido el gobierno de la 4T, la imagen del presidente permanece intacta.

No hay razonamientos que puedan convencer a quienes de modo emocional e intuitivo simpatizan con el presidente, respecto de los daños a la salud pública provocados por un ineficiente INSABI, así como los graves riesgos derivados de la inseguridad provocados a partir del empoderamiento de grupos criminales que generan violencia en contra de la sociedad. La gran cantidad de mexicanos y mexicanas desaparecidos o agredidos, dan constancia de ello.

Y no digamos las consecuencias de la falta de apoyo al sector productivo, lo cual ha impactado a la economía y provoca pérdida de empleos, lo cual ha sido una constante en este gobierno. Más de un millón de microempresarios han perdido su patrimonio en esta pandemia, -sin recibir apoyos gubernamentales-, pero aun así, un importante porcentaje de ellos culpa a otros de su desgracia, pero no ha perdido su simpatía por el presidente.

La aprobación pública cercana al 70% responde a factores emocionales vinculados al carisma del presidente y no hay indicios de que esto cambie de aquí al final del sexenio. El mexicano de buena fe es generoso y leal en sus afectos.

Podemos decir que el poder sin liderazgo auténtico se vuelve limitado y vulnerable. El liderazgo no es ni una etiqueta aspiracional, ni un concepto racional como la mayoría de la gente interesada en el tema lo interpreta. Es un fenómeno psicosocial de impacto público que guía la percepción grupal. Esta mecánica opera a nivel del inconsciente colectivo, a favor de quien se ha ganado el poder de influir y convertirse en un guía que representa las expectativas, valores, temores, aspiraciones y la identidad de sus seguidores.

Sin embargo, si Nicolás Maduro sigue en el poder es porque para la comunidad internacional Venezuela no es importante. Esto le permite al dictador ejercer la represión directa y robarse las elecciones con impunidad. Del mismo modo tampoco le preocupan Cuba ni Nicaragua y por tanto, simplemente desgastan a esos gobiernos, los aíslan y confinan en su territorio.

Debemos reconocer que lo que mueve a la comunidad internacional son intereses y México, -aún con los daños que ha sufrido su sector productivo-, sigue siendo uno de los 20 países más importantes del mundo, por el tamaño de su propia economía, por el volumen de la inversión extranjera y por los 3,169 kilómetros que compartimos con una de las principales potencias políticas, económicas y militares del planeta.

La comunidad internacional se mueve por intereses y no por valores y principios democráticos.

A final de cuentas la historia nos muestra que aún con el poder del “dedazo” ningún presidente mexicano ha podido gobernar a través de su sucesor, aunque lo haya deseado. Más bien, para gobernar todos los mandatarios anteriores se han tenido que deslindar de su antecesor, incluso al grado de distanciarse. En los tiempos priístas la imagen del antecesor se debilitaba paulatinamente conforme el nuevo presidente tomaba el control y el nuevo aparecía como una nueva oportunidad de lograr un cambio verdadero, lo cual le permitía tomar todo el poder y gobernar con fuerza.

Sin embargo, el presidente López Obrador es un caso atípico y seguramente terminará su gestión con mucha aprobación ciudadana, pues a final de cuentas cada quien ve lo que quiere ver y lo interpreta de acuerdo con sus personales impulsos emocionales.

Esto significará para su sucesor, -si es un morenista y militante de la 4T-, un referente perverso que le debilitará, pues difícilmente podrá llenar las expectativas de los hoy seguidores del presidente. Le quedará muy grande “el saco” y eso significará una debilidad insuperable. Entre más grande e idealizada sea la imagen de López Obrador después de su mandato presidencial, mayor será la fragilidad de su discípulo y sucesor.

¿A usted qué le parece? (Ricardo Homs, El Universal, Opinión, p.15)