El que propuso a Salmerón de embajador no fue Ebrard. El que liberó al hijo del Chapo no fue Durazo. El que militarizó la seguridad no fue el general Sandoval. La estrategia de seguridad no la lleva Rosa Icela. La estrategia contra el Covid no es de Gatell.
El culpable de la falta de medicinas no es Alcocer. El culpable de desaparecer el Seguro Popular no fue el director del Insabi. La estrategia contra los medios no es de Jesús Ramírez. Los ataques no son de la señorita de las mentiras. El que decidió no apoyar con un peso a las empresas ante la crisis de la pandemia no fue Herrera.
La mala idea de Dos Bocas no fue de Nahle. La mala idea del Tren Maya no fue de Jiménez Pons. El aeropuerto no lo canceló Rioboó. Quien ideó tomar por asalto el CIDE no es Álvarez-Buylla. El que anda expropiando los terrenos de los hoteleros no es el de Sedatu. La que extorsiona a empresarios no es la del SAT. El que ha usado el congelamiento de cuentas como arma política no se apellida Nieto ni se apellida Gómez. Quien inventó el esquema de morder el sueldo de los trabajadores del gobierno para sacar lana para el “movimiento” no es Delfina.
El dinero en efectivo no era para Pío, ni para Martinazo, ni para Esquer, ni para la oficial mayor. El que quería a Salgado Macedonio de gobernador no era Mario Delgado. El que mantiene en el bote a Rosario Robles no es el juez. Acabar con la promoción turística de México no fue idea de Torruco. Proteger a los corruptos del gabinete no fue iniciativa de Irma Eréndira.
El que decidió reprimir migrantes no es Garduño. Los pactos con Lozoya a cambio de que diga lo que el presidente quiere oír no son de Gertz. El que inundó a los pobres en Tabasco no fue el de Protección Civil. El que dejó al país sin gasolina no fue el director de Pemex. Y puedo seguirme.
Es el presidente.
Detecto muchas voces que responsabilizan a los segundos-al-mando de lo que realmente tiene un solo culpable. A sus colaboradores les podrán decir sumisos, cómplices, lo que sea, y no disminuye la responsabilidad de todos ellos que asienten y aceptan. Pero dejemos también la formulita de “alguien le está mintiendo al presidente” o “lo están malinformando”.
No perdamos el foco de quién es el autor de las barbaridades. Y quien tendrá, algún día, que pagar por ellas.
SACIAMORBOS
1.- Uno de los grandes activos que tiene México es su cuerpo diplomático de carrera. Es una pena que los sobornos políticos del presidente a gobernadores de oposición, los premios a sus fieles y los mantos de impunidad a sujetos impresentables manchen algunas carreras destacadas y reconocidas que aparecen en la misma lista de embajadores y cónsules.
2.- En la columna de ayer expuse que para el presidente López Obrador, la extorsión es una herramienta de trabajo. Un caso más: los hoteleros de la Riviera Maya se quejan de que recibieron una carta del gobierno que les advertía: nos venden sus terrenos para hacer el Tren Maya o se los expropiamos. Esta vez, la extorsión estaba firmada por Sedatu. Ayer mismo el presidente mintió en su conferencia mañanera al decir que no eran abusos, sino “expropiaciones concertadas” con los hoteleros. Está claro que no. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 8)
Ante el desbordamiento de los flujos migratorios de los últimos años, relacionados con Guatemala, El Salvador, Honduras y México, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) realizó un enorme esfuerzo en la idea de abatir las causas que obligan al desplazamiento a millones de seres humanos a través del Proyecto de Desarrollo Integral (PDI).
La directora de la Cepal, Alicia Bárcena, lo presentó en la Reunión de Embajadores y Cónsules 2022. Señaló que consta de 114 proyectos a cinco años, con un costo de 45 mil millones de dólares y busca abordar las causas estructurales de la migración; involucra a 20 agencias, fondos y programas de Naciones Unidas que operan en América Latina y el Caribe cuya idea central es cambiar la narrativa de la migración ligándola al tema del desarrollo sostenible y la paz. La pandemia de covid-19 ha mostrado que la estructura de la cultura del privilegio genera un crecimiento económico insuficiente, alto nivel de desigualdad, persistencia de la pobreza y daño ambiental, cuatro factores que, de acuerdo con la Cepal, constituyen causas estructurales de la movilidad humana.
La propuesta es importante y los documentos apuntan a enfrentar los rezagos de la región a partir de un nuevo estilo de desarrollo y de esta forma ir a las causas de la migración.
Sin embargo, surgen algunas preguntas. ¿Es posible que las inversiones extranjeras tengan por sí mismas la capacidad de transformar las condiciones de la flagrante desigualdad si se aplican sobre las mismas estructuras nacionales que la sostienen? Lo probable es que se potencie y profundice y con ella la cultura de los privilegios.
Para evitar este peligro se requiere reformar instituciones que claramente son generadoras de desigualdades, es decir, las políticas fiscales. Los estados de la región deben comprometerse a impulsar una reforma tributaria que cambie la ineficiente recaudación y la enorme evasión fiscal aplicando medidas para una equitativa redistribución.
Los datos de la Cepal reflejan esta situación. Las tasas de recaudación tributaria de Guatemala y México están entre las más bajas de la región y del mundo que en 2018 correspondían a 10 y 13 por ciento del PIB, respectivamente, en tanto que en El Salvador y Honduras alcanzaron 18 por ciento del PIB; una fiscalidad débil y con muchos componentes regresivos, ya que menos de un tercio de la recaudación corresponde a impuestos directos y el grueso de la carga recae en los impuestos sobre el consumo y otros impuestos indirectos lo que promueve la concentración del poder económico en Centroamérica al constatar que 10 por ciento de la población de mayor ingreso ganó 70 veces más que el 10 por ciento de menores ingresos.
Es decir, la pobreza se sostiene y expande porque hay una política fiscal que genera la más profunda desigualdad e impide impulsar políticas sociales universales. Los impuestos deben aplicarse en forma progresiva, el que más gana paga más, y así dinamizar la capacidad del Estado para financiar los programas sociales, los bienes públicos y la infraestructura con una clara orientación hacia la salud, educación, vivienda, transporte, investigación, etcétera.
Con el cambio de políticas impositivas será posible elevar los niveles de inversión en ciencia, tecnología y la innovación que en la región se han mantenido bajísimos en los últimos 15 años. Por ejemplo, México aplica sólo 0.53 por ciento del PIB, El Salvador 0.13, Guatemala 0.03 y Honduras 0.02, muy inferiores a otros países como Suecia (3.26) o Corea del Sur (4.34). La inversión en conocimiento es un factor estratégico que apunta al crecimiento económico, a la creación de empleos y mejora los estándares de vida, pero sobre todo es un paso central para ir superando la dependencia tecnológica.
Finalmente, los gobiernos de la región deben acordar las condiciones en que las inversiones extranjeras van a trabajar en sus países, establecer regulaciones que eviten, como señala la propia Cepal, que se privilegie los derechos de los inversionistas extranjeros sobre los derechos del Estado anfitrión que busca el interés público y el desarrollo sostenible. En este mismo sentido, las condiciones para la transmisión de la tecnología deben ajustarse a los objetivos del desarrollo económico y social y de independencia nacional.
El PDI sin los cambios en las políticas impositivas difícilmente podrá alcanzar sus objetivos de desarrollo y abatir la movilidad de millones de personas. El desafío es enorme y requiere el compromiso de los estados y los grupos sociales para consolidar un nuevo proyecto de desarrollo regional y hacer realidad el derecho a no migrar, así como el derecho a migrar. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 17)
Precisamente la publicación de esta columna coincide con el primer aniversario de la administración de Joe Biden en Estados Unidos. Se cumplen exactamente doce meses de la toma de posesión del mandatario estadunidense después de una serie de complicaciones que culminarían con la famosa toma del Capitolio en Washington, DC por una turba de personas que irrumpieron de forma violenta en el recinto, tratando de bloquear el resultado electoral: ¡vaya imagen!
¿Cuál es el saldo de la Presidencia de Biden a un año de haber comenzado su gestión? Adelantaré la conclusión de este artículo ahora: no es positivo, al contrario (aunque ha habido cosas buenas, sin lugar a duda). Como lo he mencionado anteriormente hay dos asuntos que le han costado a Biden en términos de popularidad y que tiene a sus niveles de aprobación estancados en los 40s por ciento: la salida desaseada de tropas de Afganistán y el recrudecimiento del COVID en Estados Unidos (y con ello sus consecuencias, por ejemplo, la paralización de la economía y la elevada inflación). Pero más allá de ello, hay un elemento que tiene que ver con la percepción que la gente tiene de la persona del presidente: no lo ven como un líder fuerte, sino por el contrario, le adjudican adjetivos que demuestran lo contrario.
Ahora bien, no todo ha sido un fracaso. Durante los primeros meses de su administración se pudo vacunar a un número elevado de personas (al menos con una dosis) y se aprobó un plan federal bipartidista de infraestructura por casi dos trillones de dólares (la cifra es casi inimaginable). Ello, por supuesto, ha sido minimizado por los negativos que mencioné antes. La pregunta más importante: ¿qué pasará este año con las elecciones legislativas y qué pasará en 2024 con las elecciones presidenciales? A ciencia cierta no sabemos, pero es casi seguro que el Partido Demócrata pierda el control en el Congreso en noviembre – y si no actúa rápido – la reelección (o la elección) en 2024.
Por último mencionaré dos cosas que podrían tener consecuencias para México: el tema económico. Muchas de las variables e indicadores económicos en nuestro país (como por ejemplo el tipo de cambio, las remesas, etc.) dependerán de cómo ataque Washington el tema de la inflación y las tasas de interés en 2022. Pero también, si la Casa Blanca busca a grupos afines y con quienes pueda tener una victoria rápida, debemos estar atentos a dos asuntos (casi antagónicos entre ellos): seguridad fronteriza y migratoria, y regularización de los jóvenes llamados “Dreamers”. En estos frentes la presidencia de Biden podría tener triunfos inmediatos (que aunados a una potencial contención del COVID y la reactivación económica) podrían sacar del atolladero a la actual administración rumbo a los comicios próximos.
En ocasiones anteriores hemos analizado la conveniencia que nuestro país actúe de forma proactiva y asertiva frente a tales retos. ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente a que las cosas marchen mejor para ambos países en los próximos meses? Creo que siempre hemos tenido claro que nos necesitamos el uno al otro, y además, así conviene a nuestros intereses. (Federico Ling, El Sol de México, Mundo, p. 24)