Las migraciones en serie, de centroamericanos y otras regiones continentales, según diversos analistas, tienen su origen en varias situaciones comunes, con muy pocas particularidades, por la evasión fiscal de las oligarquías locales y foráneas; por las políticas neoliberales que favorecen a sectores privados y empobrecen las políticas públicas; por la escasez o nulidad de seguridad social para las mayorías; por la dependencia y empobrecimiento de las economías de los países debido a monopolios imperiales, sobre todo yanquis.
En nuestro país, el gobierno debe analizar el programa Quédate en México, pues es una especie de pausa y parálisis para los migrantes que deben esperar que se resuelva su entrada al país del norte; fue una exigencia, bajo amenaza “de amigos”, durante el gobierno de Donald Trump, y continuada por Biden. Cada país cuenta con políticas propias en el tema.
En tanto, la cifra de los migrantes regularizados que va en crecimiento, para el Estado mexicano, representa una responsabilidad monumental para nuestra nación, pues garantizarles derechos universales como trabajo, educación, vivienda, etcétera, no es poca cosa.
Jamás se había visto tanto movimiento migratorio como ahora, y es así porque el problema es sistémico, ni los núcleos hacia donde se mueven, es decir, países ricos o receptores donde estarían a salvo. La explotación y la miseria no termina con el arribo hacia naciones con economías fuertes. Los grupos que alientan la migración deben ser investigados y castigados por inducir a la desesperación y toma de decisiones equivocadas. La migración debe darse naturalmente, de lo contrario, es lucrativa, dañina y perversa, dada la desintegración familiar que se origina. (Luis Langarica A., La Jornada, Correo Ilustrado, p. 2)
Hace 26 años, el asunto migratorio en Estados Unidos escalaba en el debate político impulsado por grupos antiinmigrantes, gobernadores fronterizos con México, así como legisladores restriccionistas, principalmente republicanos.
Denunciaban lo que ellos definían como “el caos” prevaleciente en la frontera con México por la llegada de miles de migrantes indocumentados. En los puertos de entrada, las garitas de Tijuana, El Paso, Nogales, se organizaban columnas de migrantes que dirigidos por su líder, corrían por la carretera que venía del norte y arriesgando sus vidas, lograban evadir a la Patrulla Fronteriza.
Hicieron de ello una bandera que les rindió frutos al elegir a Pete Wilson como gobernador de California, quien hizo su campaña con base en insultos y distorsiones sobe los mexicanos. Años después Trump utilizó la misma receta para ganar su elección.
El entonces secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, pensó en la conveniencia de abrir una oficina en la embajada mexicana en Washington para tener un diálogo directo entre las autoridades responsables de la política migratoria en ambos lados de la frontera, tarea que hasta entonces era de responsabilidad exclusiva de la Cancillería.
Su visión se ha consolidado con los años, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron las prioridades bilaterales y hasta la fecha los vínculos entre la seguridad y la migración adquirieron un carácter estratégico.
Tuve la oportunidad y el privilegio que me haya seleccionado para esa nueva tarea, con el beneficio adicional de que el titular de nuestra representación diplomática era Jesús Silva-Herzog Flores, con quien había trabajado en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, otro personaje excepcional.
El primer consejo que recibí fue presentarme con el Dr. Demetrios Papademetriou, reconocido desde entonces como el experto indiscutible en las complejidades y vericuetos de las migraciones internacionales, al igual que de los retos y dificultades que enfrentan los refugiados.
Llegué a su pequeño cubículo donde había papeles, carpetas, recortes periodísticos por todo el suelo. Su escritorio cubierto de torres de documentos, su saco y corbata colgados en un viejo perchero. Demetrios estaba escribiendo en un bloc rayado amarillo y escribía cada párrafo con una pluma de distinto color con una letra que sólo su leal secretaria Violet, refugiada vietnamita, podía descifrar.
A partir de ese momento inició una de mis más queridas amistades. Trabajamos largas horas en múltiples propuestas de política migratoria bilateral; sobre lo que México podría hacer con los flujos centroamericanos y sobre una administración más eficiente de nuestras fronteras. Asimismo, asistí a conferencias internacionales convocadas por Demetrios, donde su mensaje final siempre era una brillante recapitulación de lo discutido.
Su capacidad mental y física era inagotable, llegaba a sus oficinas a las 5:00 am, donde permanecía por lo menos 14 horas. Publicó 245 libros y centenas de reportes, ensayos, artículos académicos y periodísticos. En una ocasión viajó de Washington a Sídney, Australia, para dar una conferencia a los ministros de migración de esa área, viajó cerca de 20 horas, dio su plática y tomó el siguiente vuelo a su casa.
Lector voraz, estaba al tanto de lo que se publicaba en estas materias por todo el mundo.
En lo personal, expresaba su alegría y entusiasmo por la vida con los amigos a los que nos deleitaba con un delicioso carnero a la leña, el que aprendió a cocinar en su nativa Grecia, con un buen vino y un vaso bien servido de Ouzo (el licor típico de su país de origen).
Termino con un pensamiento amable: además de su legado intelectual y académico, Demetrios deja un sinnúmero de amigos, colegas, dos hijos, dos nietos y una mención especial merece su igualmente maravillosa mujer: Margie McHugh, a quien espero que el tiempo le permita superar el inmenso dolor que hoy la abruma. Descansa, amigo. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 12)
La Rivera Maya, que se extiende a lo largo de 130 kilómetros entre Cancún y Tulum, es considerada por los sistemas de seguridad en el continente americano como el sitio en el que se trafica el mayor volumen de drogas, al más alto precio, con la zona de Playa del Carmen como su centro neurálgico.
Este último sitio, encuadrado en el municipio de Solidaridad, encierra dos características singulares. La primera, que ha hecho brincar hasta 70% el número de turistas que desde todo el mundo viaja a la región en búsqueda expresa de drogas, alcohol sin límites ni consecuencias, y sexo, en muchos casos con menores.
La otra coincidencia es que Solidaridad sirvió de plataforma política al expresidente municipal y actual gobernador aliancista, Carlos Joaquín González. Pero hasta hace poco fue administrado por una alcaldesa postulada por Morena, Laura Beristaín, quien el año pasado buscó infructuosamente reelegirse.
El asesinato de dos turistas canadienses en un hotel de lujo en el desarrollo de Xcaret, y del gerente en un conocido exclusivo restaurante en el corazón de Playa del Carmen -ambos episodios este mismo mes y ligados con las drogas- ha prendido sin remedio las alertas en los sistemas de seguridad internacional, que advierten cómo el crimen en esa zona cosmopolita está en permanente día de campo ante la pasividad de las autoridades.
La Rivera Maya está seccionada entre diversas bandas del crimen organizado, que inicialmente encabezó la mafia de Sinaloa, luego la de Ciudad Juárez y finalmente su fragmentación más relevante, el Cartel Jalisco Nueva Generación.
El auge ilimitado del tráfico de drogas en la zona atrajo a bandas más allá de las fronteras, incluso las pandillas de Canadá, que usualmente se agrupan en torno a clubes violentos de motociclistas, como los denominados “Hell Angels”, que parecen extraídos de una película de los años 70.
Pese a las alertas del FBI y de la policía de Canadá, sobre viajes frecuentes de emisarios de esas bandas hacia Cancún, un grupo de ellos estableció con las mafias de la zona una ruta de contrabando de drogas y armas desde Playa del Carmen hasta ciudades canadienses. Deudas no pagadas atrajeron a inicios de este mes la ejecución de dos operadores llegados desde ese país del norte, aunque de origen oriental. Los sicarios fueron contratados en Iztapalapa, en la ciudad de México.
El gobernador Joaquín González, parte de una suerte de cacicazgo político y económico originalmente asentado en Cozumel, está por iniciar con más pena que gloria el último año de su mandato, y su legado no se reflejará en obras relevantes ni en transformaciones políticas. El primer gobierno de alternancia en Quintana Roo quedará marcado por la ausencia de estado de derecho, por la descomposición de su clase política y por un nuevo giro, ahora hacia Morena, en alianza con el Partido Verde.
Mara Lezama, que desempeñaba su segundo periodo al frente del municipio de Benito Juárez-Cancún, es la candidata del partido del presidente López Obrador, en un entorno de aparente transición pactada con intereses creados, hoy representados no solo por personajes cercanos a Joaquín González sino también al dirigente-propietario del Verde, Jorge Emilio González.
El polémico actor y empresario Roberto Palazuelos fue postulado por Movimiento Ciudadano. Existen indicios de que la senadora morenista Marybel Villegas desistió de buscar esa postulación por presiones desde la 4T. La candidatura de Palazuelos podría atraer a un amplio espectro de personajes marginados, incluso algunos que tengan ligas soterradas con el crimen, lo que podría generar efectos explosivos. (Roberto Rock L. El Universal, Nación, p. A7)