México y EU llevan décadas de tensión por la guerra contra las drogas. Durante los 90, gran parte del trabajo de la Cancillería se enfocaba en compilar información para que México pasara la certificación antidrogas del gobierno estadounidense. La relación era y es tan asimétrica, que no quedaba de otra. Había que cooperar/ceder con EU en temas de seguridad y migración a cambio de la unión económica. Vicente Fox y Jorge Castañeda intentaron modificar la relación en materia migratoria y de integración, pero los atentados del 11-S imposibilitaron el cambio. Felipe Calderón ajustó aún más la subordinación en seguridad y con Peña Nieto no solo en seguridad, sino en política migratoria hubo mayor dependencia. AMLO tuvo que modificar sus intenciones en materia migratoria y ceder también en este tema, pero Marcelo Ebrard ha intentado cambiar la ecuación en materia de seguridad y va por un buen camino.
La Iniciativa Mérida fue el pilar de la relación bilateral en seguridad y prometía una mayor cooperación entre ambos países, ayuda financiera a México, intercambio de inteligencia, una corresponsabilidad en la guerra contra las drogas y en el control de armas. Desde que entró en vigor en 2008, la Iniciativa fue un verdadero fracaso. Nunca tuvo un buen financiamiento, el intercambio de inteligencia sí permitió la captura de algunos capos en México, pero generó pugnas entre Marina y Sedena en México, mientras que EU hizo realmente poco o nada por controlar las armas y el Operativo Rápido y Furioso demostró que no había ningún interés de EU por ver a México como su igual. Por demás, Mérida jamás tuvo un impacto en reducir el consumo de drogas en ambos países, ni la violencia. Un fracaso por donde se le vea y el paradigma equivocado.
Por ello es más que adecuado el enfoque que Ebrard impulsa hoy. Respecto al tráfico de armas, el equipo legal de la Cancillería mexicana demandó a fabricantes de armas estadounidenses en tribunales de EU por “prácticas comerciales negligentes e ilícitas que activamente facilitan el tráfico ilícito de armas a México“. Y no es gratuito: hasta 90% de las armas recuperadas en escenas del crimen en México vienen del mercado ilegal de EU. El mismo canciller se ha referido al apoyo que la demanda mexicana contra las armerías estadounidenses ha generado entre 14 fiscales generales de distintos estados. Este litigio estratégico es una buena herramienta para la diplomacia mexicana y ojalá que avance en tribunales estadounidenses. Limitar la venta de armas y el tráfico ilegal de éstas a México es urgente.
La relación entre México y EU pasa por un buen momento. A pesar de que la era Trump sí dejó la herencia de una política migratoria impuesta y más dura contra los centroamericanos, en los temas comerciales y de seguridad impera el pragmatismo y la cordialidad. En el tema de seguridad la Iniciativa Mérida es sustituida por el llamado “Entendimiento Bicentenario”, que tiene metas específicas y que incorpora el enfoque de atender el consumo problemático de drogas como un tema de salud pública.
La guerra contra las drogas solo ha servido para enriquecer a fabricantes de armas, para aumentar los presupuestos de los ejércitos de ambos países y para que los grupos más conservadores sigan incidiendo en políticas prohibicionistas binacionales que no erradican el consumo y que solo generan más violencia. En EU esas voces han perdido terreno frente a la ola regulatoria que hay desde hace varios años a nivel local. En menos de diez años, EU ha avanzado a la regulación de la mariguana y varios estados discuten ya la de otras drogas, mientras que en México el Ejército sigue presumiendo tontamente la erradicación de cultivos de cannabis y la regulación sigue atorada en el Congreso.
El Entendimiento Bicentenario es un buen inicio para cambiar el paradigma, pero del lado mexicano urge romper la política prohibicionista con una buena regulación del mercado de las drogas, que empiece por la cannabis y siga con todas las demás y en materia de la relación bilateral también ajustar la política migratoria, pero soplan vientos de xenofobia en Washington y México los resiente y aún más nuestros vecinos centroamericanos. (Genaro Lozano, Reforma, Opinión, p. 9)
En el pasado cierre de año, se registró una reducción trimestral del 0.1 por ciento del PIB, a lo que varios medios de comunicación decidieron llamarle una “recesión técnica”, pues la economía nacional presentó contracciones durante 2 trimestres seguidos. Esta situación fue la oportunidad para que explotaran contra del manejo macroeconómico del actual gobierno, sin embargo, es necesario hacer un análisis más exhaustivo de lo que en realidad está pasando en nuestro país.
Para comenzar, debemos observar que las remesas enviadas por nuestros paisanos migrantes tuvieron un récord histórico, al sumar en 2021 un total de 51 mil 594 millones de dólares, lo que representó un aumento del 27.06 por ciento respecto al 2020, esto, después de que en el último mes del 2021 se recibieron 4 mil 760 millones de dólares.
Además, a inicios de 2022, la creación de empleo formal tuvo un aumento histórico, registrando sus mejores niveles de los últimos 10 años, lo que se tradujo en la creación de 142 mil 271 nuevos empleos; así, el número de trabajadores asegurados se ubicó en 20 millones 762 mil.
Las estrategias de combate a la evasión fiscal y del aumento de la eficiencia recaudatoria, permitieron ingresos tributarios extras por 33 mil 774 millones de pesos, debido a una recaudación histórica en el IVA e ISR.
Derivado de las políticas de austeridad republicana, tenemos como resultado finanzas públicas sanas, resultado del combate a la corrupción, además de una buena estabilidad macroeconómica que toma en cuenta indicadores como el empleo, el nivel de precios, el consumo interno, la estabilidad en la capacidad de pago de los agentes y el nivel de producción. Y no solamente el PIB.
Para hablar de recesión, se debe cumplir con 3 factores claves: profundidad, duración y difusión, actualmente sólo tenemos duración. La disminución trimestral del PIB que se ha observado durante estos trimestres, no debe alarmarnos, pues atiende a ligeras contracciones que son posibles de corregir a través de políticas económicas, el gasto público y otros recursos, los cuales se han venido manejado muy bien.
Analizando lo anterior, podemos concluir que la recesión no es técnica, sino más bien mediática, cuyo objetivo es generar caos y alarmar a la población.
Son notables los esfuerzos que se han impulsado desde el Senado de la República. Es una prioridad del Grupo Parlamentario de Morena, bajo el liderazgo del senador Ricardo Monreal Ávila, legislar con el objetivo de mantener la estabilidad económica del país.
Estamos seguros de que se llevarán a buen puerto estas turbulencias desencadenadas por la desaceleración mundial generalizada, provocada por la pandemia del Covid-19. (Alejandro Armenta, El Financiero, Opinión, p. 35)