Refuerzo de la Marina
Más que relevante, nos comentan, el que ayer la Marina se sumara a la estrategia de seguridad aeroportuaria, por lo pronto del AICM, en sus dos terminales. Su rol será importante, pues trabajará en colaboración con al menos siete dependencias del Gobierno federal y con el gobierno capitalino. Para ese fin creó la Coordinadora de la Estrategia de Seguridad Aeroportuaria y la Unidad Naval de Protección Aeroportuaria, mismas que quedaron integradas por 1,500 elementos, que realizarán operaciones de vigilancia, inspección, apoyo y control en el recinto aeroportuario para neutralizar el tráfico de armas, drogas, divisas, mercancía ilegal y evitar el tráfico de personas, en coadyuvancia con las autoridades fiscales, aduanales y de migración. (La Razón, La dos, p. 2)
CHIAPAS: Continúa la entidad como un polvorín. Por un lado, están los grupos indígenas molestos por la violencia y por la presencia de grupos criminales que los despojan de sus propiedades y les cobran derecho de piso. Ahora, los migrantes de Haití, Cuba, África y otras regiones, pelean por trabajo con mexicanos en Tapachula, Comitán y otras ciudades. Migración, sólo pelea con ellos, a pedradas, y el gobierno de Rutilio Escandón, mejor no se aparece. Violencia y abandono. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 28)
A dos fuegos
Con estos aliados para qué queremos enemigos.
Primero Donald Trump vuelve con su tacto de mastodonte, le lanza piropos a Putin, y dice que a él le gustaría hacer lo mismo que hizo el ruso con Ucrania en la frontera entre Estados Unidos y México.
Poco después, 14 estados de la Unión Americana pidieron la inmediata dimisión de Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interior, por el desastre que hay en la frontera con México que coloca a EU, dijeron, al borde de una crisis de seguridad nacional.
Quieren mano dura contra los carteles de la droga y los migrantes que aprovechan la política de fronteras abiertas de los norteamericanos. ¿Fronteras abiertas? (La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
Uno podría tener toda una carrera diplomática, por décadas representando a su patria en diversas embajadas alrededor del mundo, y no tener una experiencia tan satisfactoria como la que debió haber tenido el embajador mexicano en Washington la semana pasada. La oportunidad se le presentó al embajador Esteban Moctezuma cuando el senador republicano de Texas, Ted Cruz, señaló en una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense que le preocupa el deterioro del Estado de derecho en México.
El embajador respondió con una carta abierta que se distingue por su lenguaje medido y por la contundencia de lo que expresa sin decirlo explícitamente: “Además, usted habló sobre una ruptura del Estado de derecho. Lo invito a estudiar lo que sucedió en nuestras elecciones federales en junio pasado. Todos los partidos políticos, sin excepción, aceptaron los resultados y siguieron adelante para reforzar nuestra democracia y libertad de expresión”. Punto y aparte. Gana el embajador.
La soberbia de Ted Cruz asombra. El senador que tanto se ha humillado por defender a Donald Trump (aquel que insultó a su padre y a su esposa cuando Cruz y Trump eran precandidatos a la Presidencia en el 2016) y sus atentados en contra de la democracia estadounidense -difundiendo conspiraciones absurdas sobre la elección y minimizando el ataque contra el Capitolio de Washington en enero del 2021- aún siente que tiene alguna autoridad moral para juzgar los excesos antidemocráticos en otras partes. Con buena razón el presidente Andrés Manuel López Obrador presumió las críticas de Cruz, diciendo que son un “timbre de orgullo”.
La actitud de Cruz creo que trasciende la mera hipocresía; es un caso severo de disonancia cognitiva. Creo que él, como muchos otros líderes republicanos en Washington, sienten que pueden armar su desmadre en Fox News, consentirle todo a Trump y lanzar cualquier acusación demente contra Hillary Clinton, Joe Biden o los medios, para provocar y alentar a su base, sin mayores consecuencias. Lo ven como parte del show, del teatro político, y no pasa nada, porque la democracia y el Estado del derecho en Estados Unidos ya están establecidos y no hay nada en peligro (una suposición muy cuestionable).
Además, Cruz y sus colegas republicanos sienten que pueden participar en este show, y a la vez, cuando se requiera, ir al camerino, cambiarse y regresar siendo otro personaje listo para para ejercer su tarea de gobernar, como en este caso, en una audiencia solemne del Comité de Relaciones Exteriores. Paradójicamente, en estas audiencias critican un comportamiento de líderes en otros países, aunque quizá sólo se diferencia del de ellos mismos por no ser tan irresponsable. Claro, Cruz tiene en la mente esa disonancia justificadora -la idea de que se vale jugar al norte de la frontera porque la democracia ya está establecida, pero al sur es intolerable porque puede traer consecuencias.
De cualquier forma, resulta fácil y necesario que el embajador responda: “¿Quién te crees? Todos te hemos visto en el show”.
A diferencia de cuando se enfrentan nuestras selecciones de fut, esta victoria de México no es para celebrar, más allá de Palacio Nacional. Los acontecimientos en México que han llamado la atención de Washington (y no sólo de Cruz, sino también de otros senadores de ambos partidos, después de mucho tiempo y cuando parecía que sólo había interés por el tema migratorio) sí son deplorables.
Si la democracia estadounidense se está devaluando por el berrinche poselectoral de Trump, la democracia mexicana -enriquecida por las instituciones autónomas en la vida cívica como lo son la academia, el periodismo independiente y autoridades como el INE- está siendo asediada por todos los rencores paranoicos de nuestro Presidente, cuyos orígenes se pueden rastrear hasta su propio berrinche poselectoral del 2006.
Es sano que países vecinos, grandes socios y aliados tengan un diálogo franco y continuo sobre el estado de sus respectivas democracias, cuestionándose y animándose mutuamente en su compromiso de cumplir con principios e ideales compartidos. Resulta trágico llegar a una coyuntura donde ya nadie puede pronunciarse a favor de la democracia ajena porque en casa descuidó a la suya. (Andrés Martínez, Reforma, Opinión, p. 10)