EL GOBIERNO de México desperdició una oportunidad histórica para aprovechar el vuelo “humanitario” de la Fuerza Aérea, que repatriará a mexicanos desde Ucrania, para hacer un gesto de solidaridad y diplomacia con el asediado pueblo ucraniano.
EN Cancún y la Riviera Maya hay cientos de turistas ucranianos que anhelan volver a su país. Hay casos de parejas jóvenes que dejaron a sus hijos pequeños con sus abuelos en Kiev. Otros quieren volver para pelear en la defensa frente a la invasión rusa. El avión militar hubiera podido darles un aventón aéreo a esos turistas a los que la guerra les cambió sus vidas y sus planes de vacaciones.
TAMBIÉN se hubiera podido transportar material médico o alimentos para los cientos de miles de personas que dejaron sus hogares y hoy pasarán la noche en un campo de refugiados. Oportunidad perdida de México y la 4T frente a la desgracia ajena y la crisis internacional.
(F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
De regreso a casa
Superadas fueron las expectativas sobre el número de mexicanos que podrían ser auxiliados para abandonar la zona de conflicto en Ucrania. De acuerdo con el reporte de nuestro colega Raymundo Sánchez, inicialmente, el canciller Marcelo Ebrard y su equipo tenían previsto repatriar a una veintena de connacionales, cifra que ya se duplicó en sólo un día. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
Durante las últimas décadas, nuestro país ha destacado en el panorama internacional gracias al alcance, calidad y oportunidad de las acciones que emprende el Estado mexicano, a través de las representaciones consulares y diplomáticas en el exterior para salvaguardar los derechos y la integridad de nuestros connacionales en el extranjero.
En ese sentido, destaca la pertinencia de realizar un ejercicio de reflexión sobre el particular, habida cuenta del contexto y la coyuntura global en el marco del conflicto armado entre la Federación de Rusia y Ucrania, considerando el impacto específico de dicho fenómeno en la vida de cientos de mexicanas y mexicanos.
La política exterior de nuestro país enmarca una larga tradición en materia de protección consular. En ese sentido, fue la Ley Consular de 1874 el primer marco normativo que estableció cabalmente el deber de nuestros cónsules de brindar protección a los mexicanos transeúntes o residentes en otros países.
Posteriormente, el desarrollo de nuestra legislación fue confirmando tal encomienda, al tiempo de establecer nuevos mecanismos de asistencia y protección que derivaron en una dinámica generalizada y sostenida de expansión y fortalecimiento de nuestra red consular, en el contexto del aumento de los flujos migratorios de mexicanos hacia el exterior —principalmente hacia Estados Unidos—.
No resulta exagerado afirmar que nuestro país es referencia obligada a nivel internacional en materia de servicios consulares. Lo anterior, considerando que las actividades de nuestras representaciones no se limitan a la implementación de acciones de protección para vigilar el respeto de los derechos humanos de nuestros connacionales en situaciones de injusticia y arbitrariedad, ni a la expedición de pasaportes, matrículas, actos del registro civil y demás certificaciones, sino que dicha encomienda ha tenido que replantearse a efecto de incorporar una visión integral en la asistencia de los mexicanos en el exterior, mediante una perspectiva amplia y preventiva apoyada en nuevos mecanismos en materia de educación, salud, inversión social y vinculación cultural y académica.
Por ello, en la presente coyuntura, no sorprende la respuesta del Estado mexicano a efecto de garantizar la protección de nuestros connacionales, en este caso aquellos que por diferentes circunstancias están o estaban ubicados en Ucrania al momento del inicio de las hostilidades —aproximadamente un centenar de familias—. Dicha respuesta se ha reflejado en la activación de los protocolos consulares correspondientes para repatriar a varias decenas de mexicanos, en el marco del establecimiento de un corredor humanitario hasta la frontera con Rumanía.
En tales circunstancias, la atención pública habrá de seguir enfocada en dar puntual seguimiento a las iniciativas y buenos oficios nacionales e internacionales que coadyuven en el cese de las hostilidades en Europa del Este, y a la resolución de la crisis humanitaria correspondiente, al tiempo de seguir siendo partícipes de los esfuerzos que una vez más nos dan testimonio fehaciente de la pasión y el compromiso que despliegan día tras día los funcionarios consulares de nuestro país en el exterior, en beneficio de las y los mexicanos en situaciones de peligro o vulnerabilidad. (Emilio Suárez Licona, El Heraldo de México, La dos, p. 2)
Tres mil 930 millones de dólares en remesas // Barril mexicano: 97.57 dólares // Censura y listas negras en redes
Vía remesas, en el último bienio los paisanos inyectaron alrededor de 97 mil millones de dólares a la economía mexicana y a la de sus respectivas familias, monto equivalente a 90 por ciento del ingreso por exportación de petróleo en cinco años (de 2017 a 2021, cuando acumuló 108 mil millones de billetes verdes).
La Jornada (Braulio Carbajal) lo reseñó así: el monto de remesas que recibe México sigue creciendo en forma importante, y en enero pasado se disparó 19.6 por ciento respecto al mismo mes de 2021, reveló el Banco de México. Según datos del banco central, en enero de 2022 el país captó remesas por un total de 3 mil 930 millones de dólares, frente a 3 mil 287 millones de dólares de un año atrás. De esta forma, las remesas continúan en máximos históricos para el acumulado de los últimos 12 meses.
Según el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, en el primer mes de 2022, con cifras originales, los ingresos por remesas familiares ascendieron a 3 mil 930.8 millones de dólares, lo que significó un alza de 19.6 por ciento respecto del mismo mes de 2021. Con este resultado se rompe un periodo de 10 meses continuos en el que los in-gresos por remesas familiares estuvieron por arriba del umbral de 4 mil millones de dólares.
Millones de paisanos deben enfrentar cotidianamente la amenaza de deportación del cada día más agresivo gobierno estadunidense, pero no por ello dejan de laborar y hacer remesas a sus familias. Tal situación se ve reflejada en un análisis del Pew Research Center, del que se toman los siguientes pasajes.
La deportación sigue siendo una preo-cupación importante para muchos latinos estadunidenses. En general, casi cuatro de cada 10 (39 por ciento) dicen que les preocupa ser deportados ellos, un familiar o alguien cercano. Esa inquietud es mayor entre los inmigrantes.
Poco más de la mitad de los latinos inmigrantes (51 por ciento) dicen que les intranquiliza mucho o algo que ellos o alguien que conocen puedan ser deportados, una proporción más alta que entre los latinos nacidos en Estados Unidos, 28 por ciento de los cuales dice tener las mismas preocupaciones.
Entre los inmigrantes latinos, las preocupaciones sobre la deportación varían ampliamente y están relacionadas con el estatus migratorio. Casi ocho de cada 10 inmigrantes que no son ciudadanos estadunidenses y carecen de tarjeta de residencia (79 por ciento) dicen que les preocupa mucho o algo la posibilidad de que ellos o alguien cercano sea deportado.
Este es un grupo que probablemente está en el país sin autorización. Mientras tanto, 53 por ciento de los migrantes que no tienen ciudadanía estadunidense, pero cuentan con tarjeta verde, dicen que les angustia que ellos o alguien cercano puedan ser deportados. Por el contrario, alrededor de un tercio de los migrantes latinos que son ciudadanos estadunidenses naturalizados se preocupan por la deportación. Dicha zozobra ha cambiado poco en el transcurso de la pandemia y durante la transición de la presidencia de Donald Trump a la de Joe Biden.
Los inmigrantes constituyen aproximadamente un tercio de la población latina de Estados Unidos y alrededor de la mitad de todos los adultos latinos. Si bien ellos constituyen la mayor parte de los inmigrantes no autorizados, los latinos no autorizados representan algo menos de 40 por ciento de los alrededor de 20 millones de inmigrantes latinos en el país.
El temor a la deportación es más fuerte entre los latinos de 18 a 29 años que entre los de 50 a 64 y mayores de 65. Y aquellos cuyo ingreso familiar total en 2019 fue inferior a 30 mil dólares anuales tienen más elementos de preocupación que aquellos con un ingreso familiar de 80 mil o más. (Carlos Fernández – Vega, La Jornada, Economía, p. 20)
El lugar común consiste en trazar paralelismos entre la invasión rusa de Ucrania con la crisis de los misiles o con la tentativa de Chamberlain por apaciguar a los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial. Hemos dejado de lado las semejanzas entre nuestro tiempo con el colapso de certezas en la Primera Guerra Mundial. Christopher Clark, profesor de historia en la Universidad de Cambridge, publicó en 2014 el libro Sleepwalkers: How Europe Went To War in 1914 (en español se llamó Sonámbulos), donde exhibió cómo las grandes potencias europeas caminaban dormidas hacia un conflicto nunca visto por cálculos estratégicos completamente erróneos.
Desde que Rusia invadió Ucrania, hemos visto desmentidos los cálculos de los expertos. Primero, que Putin no se atrevería a invadir y se conformaría con el reconocimiento de independencia de algunas provincias. Segundo, que la OTAN era una alianza fracturada y no lograría una respuesta coordinada contra la agresión. Tercero, que el grado de integración comercial de Rusia con el resto de la economía mundial, obligaría a Putin a no escalar la agresión para evitar las repercusiones financieras sobre su país. Cuarto, que las libertades políticas europeas eran sostenibles en el tiempo sin pagar un alza en los presupuestos militares. Todas estas predicciones, unas del lado ruso y otras en el bando occidental, fallaron. Consecuentemente, atemoriza pensar que también se equivocan quienes aseguran que Putin nunca recurrirá al arsenal nuclear, que las sanciones económicas ya lo vencieron, o que China va a contener a Rusia antes de que ésta última utilice armas de destrucción masiva.
Lo más desalentador ha sido que el gobierno mexicano no se equivocó en sus cálculos porque no hizo ninguno. Igual que con la elección de Trump en 2016, no existió un diseño institucional de escenarios alternativos en caso de que lo peor sucediera. El Estado mexicano no tomó previsiones ni planeó nada para proteger a los mexicanos ante las repercusiones de la invasión, de ahí que procedió a la evacuación de connacionales en el último minuto. Al inicio, ni siquiera hubo claridad sobre la condena de México a la invasión de Ucrania, un país soberano. La pregunta más alarmante es quién y cómo informa al presidente de lo que está ocurriendo en Ucrania, puesto que él siempre ha reconocido su desconocimiento de los temas internacionales. El presidente Manuel Ávila Camacho creó el Estado Mayor Presidencial para disponer de información y puntos de vista expertos en su planeación y toma de decisiones durante la Segunda Guerra Mundial. (Raudel Ávila, El Universal, Opinión, p. 17)
Cartón

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)