Opinión Migración 120322

Kiosko

Funcionario del Migración huye “como guepardo” de los medios

Quien se vio como celebridad y salió huyendo en Chiapas, nos platican, fue el director general de Coordinación de Oficinas de Representación del Instituto Nacional de Migración (INM), Héctor Martínez Castuera, durante la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador. Nos relatan que, ante la protesta de migrantes, mandaron a don Héctor para ofrecer visas humanitarias para frenar la manifestación, pero fue detectado por los reporteros, quienes de inmediato lo rodearon para preguntarle sobre las denuncias de que agentes del INM estaban vendiendo los permisos y varios abusos, por lo que don Héctor hizo drible futbolero para escabullirse y salió corriendo, perseguido por una horda de periodistas. ¡Patitas, pa´que las quiero!  (El Universal, Estados, p.13)

Sacapuntas

Cubanos esperan a AMLO

Andan muy contentos en el gobierno de Cuba, encabezado por Miguel Díaz-Canel. La alegría se debe a que el presidente López Obrador anunció que visitará la isla en mayo. Los altos mandos cubanos, nos cuentan, estarían complacidos de que el mexicano incluya a su país en el programa Sembrando Vida, con el que se busca frenar la migración hacia EU. 

Mayorkas viene el lunes

Toca ahora al secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, visitar México. Llega el lunes, para tratar con funcionarios del gobierno del presidente López Obrador el tema de la migración. Su plan es acordar un enfoque regional para frenar el tránsito irregular de personas, y crear lo que llama “vías legales viables”.   (El Heraldo de México, La 2, p.2)

Rozones

La visita de Mayorkas

Ayer se conoció que la próxima semana, los funcionarios mexicanos que tienen que ver con los temas de seguridad recibirán aquí al Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas. ¿Y cuál es el tema que se abordaría? Bueno, pues lo que se informó de manera preliminar es que será el del “enfoque regional a fin de frenar la migración irregular y crear vías legales viables”. Sin embargo, la visita se dará, nos recuerdan, en medio de un recrudecimiento de la violencia ligada a la actividad criminal en varias entidades, y tras un episodio de diferencia que ocurrió hace apenas un par de semanas por expresiones hechas por otro Secretario del gobierno de Joe Biden, el de Estado, Antony Blinken, quien dio cuenta de la preocupación que aquel tiene por el alto número de periodistas asesinados y que derivó en una respuesta del gobierno, para el que dichos señalamientos fueron injerencistas. (La Razón, La 2, p.2)

Ávalos / La salida de Ucrania

Przemysl, Polonia, en la frontera con Ucrania. En unos 70 kilómetros se puede ver todo el horror de la guerra. La carretera que va de Leópolis, en el oeste de Ucrania, hasta la fronteriza ciudad de Przemysl en Polonia refleja en toda su dimensión la tragedia humanitaria causada por la brutal invasión rusa. El éxodo se intensifica ante el avance de los bombardeos. Dos millones de ucranianos han huido de su país en dos semanas, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados. Y nada es fácil durante la guerra.

Un trayecto que a un grupo de cuatro periodistas y una conductora ucraniana nos hubiera tomado normalmente una hora, terminó en siete. Y fuimos afortunados. Pasamos varias barricadas y sitios de vigilancia dentro de Ucrania ante los tensos ojos de militares, policías y voluntarios. Todo iba bien hasta que, según el GPS del auto, faltaban 12 kilómetros para llegar a la frontera. Y ahí, de pronto, todo se detuvo.

Ante nosotros aparecía una interminable fila de autos. Al principio creímos que era simplemente otra barricada, otro retén militar. Pero al rato nos dimos cuenta de que se trataba de una enorme hilera de vehículos que se extendía hasta la frontera polaca. La ecuación es sencilla: mientras más muerte y ataques ocurran en Ucrania, más gente tratará de escapar.

Esperamos pacientemente una, dos, tres horas. Casi no nos movimos. La gente a nuestro alrededor se empezó a desesperar. Varios autos se dieron vuelta en U. Pero muchos ucranianos decidieron bajarse de los coches y caminar los 12 kilómetros que faltaban hasta la frontera en temperaturas congelantes. Y ahí quedó totalmente al descubierto la magnitud del drama ucraniano.

Familias con niños empezaron a desfilar al lado de la carretera. Una joven llevaba cargando a su perrito, una bola de pelo café que temblaba, no sé si por el frío o por el miedo. Un adolescente cargaba su guitarra a la espalda; pudo escoger cualquier otra cosa pero pensó que la música era su mejor acompañante. Vi una niña que tendría cuatro o cinco años, vestida toda de rosa, incluyendo las botas y cubierta hasta la cabeza. Apenas se le veían los ojitos. Pero caminaba ágilmente y con propósito, tomada del guante de su mamá como si fuera a la feria o a ver a una amiga.

El equipo madre/abuela es invencible. Los hombres, de 18 a 60 años de edad, tienen prohibido salir de Ucrania. Así que son las madres y las abuelas las que han tomado el liderazgo en este éxodo. Vi muchos equipos de cuatro personas, perfectamente coordinados. Mientras una carga a un niño, la otra le da de comer a la nieta. Y todo al tiempo de jalar dos o tres maletas sin un solo gesto de protesta. Su paciencia parece infinita. Mis respetos.

A pesar de que los refugiados estaban exhaustos, sorprendentemente, no daban muestras de cansancio. Su destino se acercaba. Es como si hubieran recibido un shot de energía y no estuvieran dispuestos a parar hasta llegar a la frontera. Estas muestras de determinación y fuerza las vi una y otra vez en esa carretera.

Lo que pasa es que en la guerra se vive más intensamente. Tus sentidos están al máximo. El hambre, el cansancio y el frío pasan a un segundo plano; lo importante es sobrevivir. Cuando todo a tu alrededor te amenaza, cada célula de tu cuerpo trabaja para mantenerte con vida. Estás en overdrive. En la guerra aprendes que se puede vivir de adrenalina por mucho tiempo, sin dormir ni cansarte, con muy poca comida y agua, hasta que estás a salvo. Y es ahí, en ese instante, cuando el cuerpo te lo cobra. Pero mientras tanto, la máquina corporal te va a mantener al cien por ciento. O más. Es cuando estás rodeado de tanta violencia y muerte que estás más vivo. Cada día de guerra es como si te chuparas un año de vida.

Finalmente llegamos a la frontera. Era el momento de las despedidas. Una pareja frente a nosotros se dijo adiós. Ella con un bebé en brazos. Los dos llorando. Nadie sabe si se volverán a ver.

Del lado polaco, un pianista tocaba a los recién llegados. Era una canción de Coldplay como fondo musical a la tragedia. Seguro más tarde, cuando pueda digerir todo lo que vi, sacaré mis propias conclusiones. Uno nunca queda igual después de algo así. Por ahora solo sé que la guerra es el horror. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

Los otros afectados de la guerra

Los efectos de la guerra entre Rusia y Ucrania no sólo traen como consecuencia cambios drásticos en lo económico, político y social. Además de cambiarle la vida a millones de personas, también se está afectando la de otros seres vivos: los animales de ese país.  Ya sean de compañía, exhibición, protección, apoyo terapéutico, etcétera, todos ellos están expuestos, sufriendo y pereciendo igual que los humanos ante el embate en suelo ucraniano.

En medio de esta emergencia, muy poco se piensa en el destino que les deparará a los miles de animales acechados por los bombardeos por tierra y aire, tanto en las principales ciudades como en cualquier campo de batalla, que pone en riesgo algún hábitat animal cercano a un objetivo militar a destruir en ese país.

Hace unos días se hizo viral en redes sociales que, tras los bombardeos del ejército ruso en Kiev, en el Parque Zoológico una lémur, presa de terror, abandonó a su cría por el estrés causado por las detonaciones exteriores. Los cuidados de la cría fueron asumidos, por supuesto, por los veterinarios y empleados del parque, pero habrá cientos de casos similares de otras especies que por obvias razones no podrán tener la misma fortuna.

La proximidad de aquel zoológico con una residencia militar, la vuelve altamente vulnerable a ser atacada, por ende, pese a la resistencia que los propios veterinarios y empleados de éste y otros zoológicos en condiciones similares intentan para cuidar y mantener a salvo a los animales, no será una tarea fácil sin el apoyo y compromiso de organizaciones internacionales y de otros países.

La conciencia sobre esta problemática está empezando a mostrar una atención tímida sobre el tema. Por ejemplo, los países que están recibiendo a los miles de refugiados están aceptando que entren acompañados de sus mascotas de compañía como: perros y gatos, lo cual permite poner a salvo su vida en este largo peregrinar. Sin embargo, muchos más también están quedando atrapados en departamentos vacíos, calles, etcétera, y su destino es incierto al no contar con la protección, alimentos y agua.

A más de 15 días de iniciada la guerra, asociaciones internacionales como el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) continúa ampliando su apoyo en Ucrania con la entrega de alimentos y suministros para la rehabilitación de osos, que han sido evacuados y reubicados en el Santuario de Osos de Cuatro Patas Domazhyr, en la región de Lviv.

De igual forma, Veterinarios para Ucrania y la Federación Europea de Asociaciones Veterinarias de Animales de Compañía (FECAVA) coordinan la forma de trasladar algunos animales a zoológicos de países cercanos, trabajar en el tratamiento y atención a animales lesionados, así como reunir hogares temporales para veterinarios ucranianos y sus familias.

Asimismo, la Comisión Europea hizo un exhorto a sus estados miembros que, de conformidad con el artículo 32 del Reglamento (UE) 576/2013, y como excepción a las condiciones previstas para los desplazamientos de animales de compañía sin ánimo comercial, pueden en situaciones excepcionales, autorizar el desplazamiento a su territorio de animales de compañía, siempre que se cumplan unas condiciones mínimas a nivel comunitario.

En pocas palabras están facilitando el proceso para que los refugiados entren con sus mascotas, pero ¿qué pasará con el resto de las especies que no son animales de compañía y no puede ser trasladado con la oleada migrante? Además, si los ciudadanos ucranianos están teniendo trabas en ciertos países para obtener la condición de refugiado, cómo se asegura que las mascotas no correrán la misma suerte.

Falta mucho por hacer, la guerra aún no termina y es necesario focalizar el apoyo internacional para salvaguardar la vida de los humanos, pero no olvidemos también a los animales. (Fernando Aguirre, Excélsior, Opinión, p. 7)