Un cónsul Rambo
Quien de plano no se midió, nos comentan, es el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Héctor Vasconcelos. Don Héctor aseguró que la ratificación de Marcos Moreno Báez, como cónsul de México en Nogales, prácticamente resolverá los problemas de delincuencia en esa frontera. El morenista dijo que su experiencia en las secretarías de Relaciones Exteriores y Gobernación ayudará a enfrentar “el tráfico de armas y personas, migración irregular, delincuencia organizada, entre muchas más”. Y será que además de inmunidad diplomática el Senado también le entregará a Moreno Báez un chaleco antibalas. Nos dicen que ante la ola de violencia que se vive en varios puntos de la frontera se requieren muchos cónsules con perfil de Rambo. (Bajo Reserva, El Universal, p. 2)
Es plausible la referencia del presidente López Obrador al monto de la ayuda de Estados Unidos para Ucrania, pues es muy superior a lo que debe aportar para los programas de empleo en Centroamérica, los que tienen como finalidad retener a la población en sus países de origen.
AMLO contrastó la celeridad con que se resolvió apoyar a Ucrania con el tortuguismo de la burocracia estadunidense, pues desde hace cuatro años ambos países —EU y México— acordaron destinar ciertas cantidades para los países centroamericanos, las que están pendientes de aprobarse en Washington, mientras que nuestro país sí ha cumplido con su cuota.
López Obrador aprovechó el tema para señalar que si aquí tenemos una burocracia que entorpece los procesos, la potencia del norte no canta mal las rancheras: “Hay mucha burocracia también allá, creo que el elefante ése está más grande y más reumático que el de nosotros”, dijo el Presidente mexicano.
Otro punto que abordó el tabasqueño fue la prometida regularización migratoria de los mexicanos que “trabajan y viven honradamente en Estados Unidos”, iniciativa que está retenida o congelada en el Capitolio.
Ya no son los tiempos del Plan Mérida —siguió AMLO—, “cuando Washington donaba a México helicópteros, aviones artillados o equipos bélicos”, pues se canceló ese acuerdo que —agreguemos— abría las puertas a una mayor injerencia del vecino en asuntos internos. Pero en Washington insisten en meter su cuchara donde no deben, como lo hizo el señor Bill Barr, quien apuntó que por acá ya se perdió el control del país, lo que es relativamente cierto, entre otras cosas porque en EU sucede lo mismo en lo referente a las drogas ilegales, lo que representa un problema mayúsculo para las autoridades mexicanas.
Otro flanco lo ofrece la propuesta de México en la ONU para que Rusia detenga sus operaciones militares en Ucrania y permita el ingreso de ayuda humanitaria. El problema está en que la presunta ayuda “humanitaria” suele ser militar, pues como en el caso del Plan Mérida, se aprovecha esa vía para dar salida al exceso de armamento estadunidense, lo que, a su vez, representa un estímulo para elevar la producción de material bélico, poderosísima rama de la economía de esa nación.
Y a propósito de todas estas medidas y críticas, cabe mencionar la iniciativa del Partido del Trabajo para crear en la Cámara de Diputados un Grupo de Amistad México-Rusia, lo que en Washington no verán con buenos ojos ni mejores intenciones, porque en las crisis bélicas todo se reduce a estar a favor o en contra, o al menos así lo ven los halcones de ambos bandos.
Es de celebrarse que el gobierno mexicano no acate en todo y por todo lo que dispone nuestro vecino del norte, aunque las instituciones culturales no muestran mucho entusiasmo por llamar artistas rusos para nuestros escenarios o adquirir y difundir productos culturales del mismo origen. El colega Javier Aranda Luna escribió, recordando las dictaduras sudamericanas de los años setenta, que “nada habríamos ganado vetando a Borges por el dictador Pinochet”, pues el autor de El Aleph se expresó positivamente del matarife chileno.
Aranda agrega que igualmente absurdo sería si dejáramos de leer a Paul Auster debido a “las constantes guerras emprendidas por los expresidentes de Estados Unidos (como) en Irak o en Vietnam”. Lamentablemente, los vetos dictados por Washington y socios contra artistas, espectáculos y otros productos rusos representan uno de los golpes más estúpidos contra la cultura, que es patrimonio del género humano, aunque pretendan olvidarlo.
Por último, resulta indispensable referirse a las ligas del presidente ucraniano con los grupos neonazis. Las grandes agencias informativas omiten de manera sistemática las referencias a los nexos de Volodímir Zelenski con el batallón Azov y otros grupos del mismo tinte, con un largo historial de crímenes originados por su antisemitismo, pese a lo cual el presidente ucraniano ha condecorado a varios de sus líderes. Por si fuera poco, su gobierno y el de Donald Trump fueron los únicos que votaron contra una resolución de la ONU que condenaba el antisemitismo. Si Zelenski, judío, es capaz de traicionar a su comunidad, puede traicionar a cualquiera. Conviene no olvidarlo. (Humberto Musacchio, Excélsior, Nacional, p. 11)
Petróleo, remesas y alimentos
Las sanciones a Rusia han provocado ondas de choque desde Nur-Sultan, la capital de Kazajistán, hasta Ashgabat, la capital de Turkmenistán, ya que cada uno de los países de Asia Central lucha con las consecuencias de estas sanciones y el impacto que tendrán en sus economías.
Kazajistán, que exporta dos tercios de sus suministros de petróleo a través de puertos rusos, aumentó apresuradamente su tipo de interés básico de 10.25 por ciento a 13.5 por ciento e intervino en los mercados de divisas para proteger el tenge (su moneda), que se hundió junto al rublo ruso después de que Moscú lanzó ataques contra Ucrania, según Reuters. A partir de entonces, los funcionarios kazajos mantuvieron conversaciones con la embajada de Estados Unidos en Nur-Sultan para minimizar el impacto que las sanciones occidentales impuestas a Rusia podrían tener en la economía de Kazajistán.
Mientras tanto, ninguna gran ciudad rusa puede funcionar sin migrantes estacionales, especialmente en el sector de la construcción. Según datos del Ministerio del Interior ruso, aproximadamente 5.2 millones de trabajadores migrantes entraron a este país entre enero y septiembre de 2021, procedentes de los países centroasiáticos Tayikistán, Uzbekistán y la República Kirguisa. Muchos de estos migrantes envían el dinero que ganan a sus países de origen. Esto supone un porcentaje importante del PIB de los estados de Asia Central, como la República Kirguisa, donde estas remesas representaron 31 por ciento del PIB en 2020, y Tayikistán, donde supusieron 27 por ciento del PIB durante el mismo año. A medida que el rublo siga cayendo frente al dólar, que Rusia imponga controles centralizados a las transferencias de divisas y que se produzca un endurecimiento económico dentro del país, la migración y las remesas se irán agotando lentamente en Asia Central. El tenge de Kazajistán y el som de Uzbekistán ya están luchando por mantener su valor. Las continuas sanciones occidentales contra Rusia van a tener un grave impacto a largo plazo para las repúblicas de Asia Central.
Además de la crisis del petróleo y de remesas a las que se enfrentan los países de Asia Central, Rusia también anunció recientemente que dejará de suministrar grano y azúcar a Kazajistán y a la República Kirguisa. En tiempos normales estas repúblicas dependen de las importaciones de grano y azúcar, pero con la sequía del cinturón central en 2021 estas importaciones se han convertido en algo fundamental para la supervivencia de sus habitantes. Por ahora, los gobiernos de la región dicen tener suficientes reservas de grano y azúcar, pero la prohibición temporal de estos artículos por parte de Rusia se convertirá en un problema si la situación se prolonga hasta el verano.
Es importante señalar aquí que las personas rusoparlantes conforman sectores significativos de la población de cada una de las repúblicas de la antigua URSS y que también representan una gran parte de la población de muchos de los países de Europa del Este. A medida que prosperan las actitudes nacionalistas en Rusia –algo contra lo que Vladimir Lenin se pronunció en 1914–, se teme que se produzca una desestabilización similar entre los países fronterizos, especialmente considerando que, en algunos casos, los rusoparlantes son mayoría (como en Bielorrusia, donde 70 por ciento de la población habla ruso) y, en otros caso, representa una minoría sustancial (como en Kazajistán, donde 20 por ciento de la población habla ruso). No ayudó que en diciembre de 2020, Vyacheslav Nikonov, del partido Rusia Unida (del presidente ruso, Vladimir Putin), dijera en el programa de la televisión rusa El Gran Juego que Kazajistán simplemente no existía. Esta declaración irritó al gobierno de Nur-Sultan, que le exigió retractarse.
Por ahora, las relaciones entre Rusia y muchos de estos estados han sido fraternales –en gran medida–; con Rusia proporcionando seguridad cuando es necesario, en especial a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) (alianza militar formada por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Armenia y Tayikistán) producto de un tratado firmado en 1992 por estos estados postsoviéticos. Fue a través de la OTSC que las fuerzas rusas intervinieron en Kazajistán en enero de 2022 y ayudaron al gobierno a poner fin a un movimiento de protestas en su contra, y, después de que Estados Unidos se retirara de Afganistán en agosto de 2021, las fuerzas de la OTSC acordaron reforzar las fronteras compartidas de Afganistán con los estados de Asia Central que son miembros de la organización. Como parte de la OTSC, Bielorrusia podría apoyar y unirse a Rusia en la guerra de Ucrania. Hasta ahora, ningún otro Estado miembro de la OTSC se ha unido a esta guerra. (Vijay Prashad, La Jornada, Mundo, p. 22)