Indudablemente, una de las relaciones más importantes de México en el exterior es aquella con Estados Unidos. Los vínculos que nos unen forman un muy amplio mosaico que combina los ámbitos político, económico, cultural, social, geográfico, ambiental e, incluso, demográfico. En ese sentido, el diálogo diplomático con Washington incluye una serie de canales que reflejan esa complejidad y que buscan encauzarla hacia una dirección no sólo de respeto a nuestras soberanías, sino de cooperación hacia una agenda en común. Las visitas de los días más recientes y los que están por venir son un claro botón de muestra.
La semana pasada, acompañé al presidente López Obrador, en representación del canciller Ebrard, quien se encontraba de visita de trabajo por Oriente Medio e India, para recibir al enviado especial presidencial para el clima de Estados Unidos, John Kerry. La conversación en esta tercera visita del exsecretario de Estado fue constructiva y respetuosa. Tras el diálogo, nutrido con varios secretarios del gabinete de México, una vez más confirmo que la relación con Estados Unidos se encuentra en un punto que permite llegar a acuerdos en favor del medio ambiente y con apego al principio de soberanía nacional.
El día de ayer recibí en la Cancillería a la subsecretaria de Trabajo para Estados Unidos, Julie Su. La subsecretaria Su escogió México como primer país destino de su primera visita de trabajo en el exterior, desde su ingreso al Departamento de Trabajo. Tras la productiva conversación, quedó de manifiesto la profunda coincidencia de ambos gobiernos para alcanzar una sociedad más equitativa. Compartimos la visión de una Norteamérica con libertad sindical y con mejores protecciones laborales; un escenario donde nuestra integración y dinamismo, no nuestros salarios bajos, fortalezcan nuestra competitividad.
Subrayo la coincidencia en favor de los derechos de las y los trabajadores en ambos países, particularmente de nuestros paisanos que trabajan en Estados Unidos. Reiteramos nuestro propósito central: hacer valer sus derechos, mejorar sus condiciones laborales y acercarnos aún más a través de nuestra robusta red consular para entender sus necesidades en esta etapa de la pandemia. Asimismo, enfatizamos la importancia de ampliar las oportunidades de trabajo para las y los migrantes, una decisión benéfica no sólo para ellos y ellas, sino para las empresas y consumidores en toda la región. Trabajamos para ampliar las vías de una migración circular que, además, sea ordenada, segura y regular, como establece el Pacto Global para la Migración firmado en Marrakech.
El día de hoy, el presidente López Obrador recibirá en Palacio Nacional al secretario de Agricultura, Thomas Vilsack, con cuyo equipo hemos sostenido reuniones preparatorias desde la Secretaría de Relaciones Exteriores. Destacan también los esfuerzos en materia de protección consular para brindar mejores condiciones a las y los jornaleros que han sido esenciales para hacer frente a la pandemia por covid-19. Como parte de la agenda de esta semana, y como muestra del diálogo plural al que me refiero, también tendré oportunidad de reunirme con Miguel Cervino, miembro republicano de más alto rango de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.
Esta serie de reuniones ejemplifica la complejidad de la relación bilateral: diálogo sobre cambio climático; sobre derechos laborales; sobre cooperación en materia migratoria; sobre una América del Norte con una visión en común. Esa agenda norteamericana en común es el camino que seguiremos en adelante, tanto en el marco del bicentenario de las relaciones México y EU como hacia la próxima Cumbre de Líderes de América del Norte, a celebrarse en nuestro país. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 14)
El 24 de febrero de este año, después de crecientes tensiones, Rusia invadió a Ucrania provocando un conflicto que, además de generar una crisis, ha llamado la atención internacional.
De acuerdo a ACNUR, más de 10 millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares a raíz del conflicto; de ellos, más de 4 millones se han desplazado internacionalmente. A su vez, se estima que una creciente cantidad de ciudadanos rusos han escapado de su país por miedo a las sanciones internacionales o la represión ejercida por su gobierno. Así, el conflicto representa una de las mayores crisis de desplazamiento y refugio en la historia contemporánea.
La respuesta colectiva ante esta crisis ha sido impresionante, prueba de ello es que los líderes en Europa aprobaron medidas para la integración de personas ucranianas buscando refugio. Esta reacción unificada de brazos abiertos ha sido muy diferente a la adoptada en 2015 tras el flujo masivo de sirios que escapaban de una creciente crisis humanitaria.
La espera para ingresar a Estados Unidos ha sido considerablemente menor para la ciudadanía ucraniana y algunos grupos rusos que para grupos provenientes del sur.
En 2018, EEUU implementó la política de “Quédate en México”, para que los solicitantes de asilo esperen en México, mientras se decide si les otorgan o no ese estatus; sin embargo, los procesos son largos y sus derechos se ven constantemente violentados.
En contraste, un reportaje de Vice News, reveló que, EEUU permitió ingresar a su territorio a 35 personas rusas, con un trato notoriamente preferencial; a diferencia de las personas centroamericanas y caribeñas, quienes llevan prolongados periodos de espera. Tras negociaciones realizadas con el gobierno mexicano, el grupo fue admitido y procesado secretamente, bajo la condición de que el campamento en el que se alojaban (en la frontera con Tijuana) fuera abandonado. Algunos análisis indican que el pacto fue hecho para evitar la formación de un asentamiento que llamara la atención de más migrantes rusos.
Desde la entrada del Título 42, EEUU estableció que, por motivos de salud pública, se faculta a la Oficina de Aduanas y Protección de la Frontera para deportar casi inmediatamente a migrantes que intentan ingresar al país; 1.7 millones han sido deportados bajo esta política.
A pesar de ello, el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense ha extendido un estatus de protección temporal a la población ucraniana. Un paso en una dirección contraria a las medidas de prevención migratoria aplicadas a otros grupos que también escapan de sus países. Cabe mencionar que, tras presiones públicas, la administración de Biden ha anunciado que en los días siguientes se anunciará si el Título 42 será modificado, revocado o extendido.
La apertura política y solidaridad internacional no son criticables, es el deber ser. Lo criticable es la arbitrariedad de las políticas migratorias, la ambigüedad de los supuestos que las respaldan y la discrecionalidad de su aplicación. La evidencia es que la bondad del gobierno estadounidense no incluye a personas históricamente racializadas originarias de países como El Salvador, Honduras, Guatemala, el Caribe, Siria o África. (Jamile Esquivel, Estudiante de la licenciatura en Relaciones Internacionales y Gerardo Trujano, Profesor de la Facultad de Estudios Globales, El Sol de México, Mundo, p. 23)
Las relaciones entre México y Estados Unidos son siempre complicadas y perennemente llenas de conflictos sobre temas de fondo, que regularmente crean tensiones y desacuerdos temporales.
2022 parece uno de esos momentos en que todo problemas permanentes y temporales confluyen para poner a prueba la solidez de la relación y la capacidad de los respectivos gobernantes.
En el momento actual, la situación se puede describir como una en la que los temas ambientales tienen un papel importante: por un lado, en lo temporal se encuentra el evidente forcejeo en torno a la ley de reforma eléctrica propuesta por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que, según la queja estadounidense llevará a un mayor uso de combustibles fósiles, en detrimento del medio ambiente, y de paso discrimina la inversión estadounidense.
Pero está también que los dos países se encuentran en cuencas hidrológicas compartidas, en medio de un periodo de sequía, y que la cooperación y la comunicación resultan indispensables.
Ciertamente, el tema de seguridad es uno de los más escandalosos. Por un lado, incluye migración, en concreto la llegada de presuntos migrantes indocumentados a la frontera de México y Estados Unidos, muchos de ellos con demandas de asilo, en un torrente que durante los últimos 15 meses sumó 1.7 millones de expulsiones. La mitad o más de los expulsados –y de los que logran entrar– son mexicanos y centroamericanos en busca de oportunidad económica.
Se da la cooperación en cuestiones que van del combate al narcotráfico –con sus acompañantes de trasiego de armas, violencia y entrada de productos químicos– a preocupaciones sobre el presunto espionaje ruso basado en México. EEUU quiere que nuestro país haga más en todos los sentidos y los mexicanos se quejan de la intromisión estadounidense.
Así, las recientes críticas del gobierno estadounidense a la incapacidad de las autoridades mexicanas para proteger a los periodistas chocan con las críticas mexicanas al apoyo de EEUU a las organizaciones no gubernamentales, que investigan la corrupción y abusos contra derechos humanos y civiles en México han recrudecido críticas y expresiones de rechazo. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
Llegando a Estados Unidos, Kerry repitió la dosis. Aquí hizo lo propio el embajador Salazar.
Volvieron a dejar claro que la reforma de energía propuesta amenaza inversiones por miles de millones de dólares, y que el camino a seguir es el de las energías limpias.
El presidente mexicano se vio obligado a responder. Aceptó la versión de sus visitantes sobre lo tratado en la reunión, pero dijo que él no había respondido nada y por tanto no había aceptado como un condicionamiento la posición de sus invitados.
Es decir: que en silencio dijo No. Lo dijo al día siguiente con todas sus letras: “La reforma se queda como está”.
Si algo puede preverse de este presidente es que sigue adelante con su curso previsto, a menos de que lo amenacen en forma abierta, como lo hizo Trump.
No le faltan a México fichas de negociación con Estados Unidos, aunque no sean fichas para presumir.
Una es la contención de los migrantes centroamericanos por la Guardia Nacional. Otra es la colaboración, o no, en la guerra contra el narco y el crimen organizado, de la mano de los agentes de la DEA y otras agencias que operan semiclandestinamente en México.
La reciente racha de capturas de algunos capos del crimen tiene un aire de familia con lo que se hacía antes: cazar a los capos que Estados Unidos persigue.
Por lo pronto quedó roto el tono que el gobierno mexicano quería mantener en sus diferendos energéticos con Washington: un tono de generalidades amigables y sonrisas de cartón.
El corto circuito quedó a la vista. (Héctor Aguilar Camín, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Hoy empezará en la Suprema Corte de Justicia la discusión del proyecto de la ministra Loretta Ortiz en el que propone rechazar la inconstitucionalidad de los cambios que se le hicieron a la Ley de la Industria Eléctrica en la que considera infundados los argumentos presentados por la Cofece y otros agentes que señalan se eliminan la libre competencia en el mercado de generación y suministro de energía.
La discusión en la Corte es otro ángulo en la batalla que está dando la administración actual contra la reforma energética de 2013. Más allá del deterioro en competitividad que tendría esto como consecuencia, los cambios al sector están complicando una relación que siempre ha sido compleja.
La semana pasada visitó el país John Kerry, enviado de la Casa Blanca en temas climáticos. Es la tercera vez que viene a México en meses recientes, la previa en febrero de este mismo año. Las reformas propuestas en el sector energético serían violatorias del TMEC y tendrían implicaciones climáticas y de transición energética. Los socios comerciales de México han manifestado su preocupación que incluye las afectaciones a las inversiones de empresas norteamericanas y canadienses que ya operan en México.
La reunión con el presidente López Obrador fue encabezada por el embajador Salazar e incluyó a 20 empresarios del sector. Kerry reveló que se formaría un equipo especializado para asegurarse que la reforma que apruebe el Congreso refleje la mejor posibilidad de “salir adelante”. En su mensaje, señaló que el presidente de México estuvo de acuerdo en la necesidad de trabajar en los problemas de la reforma. Posteriormente, López Obrador negó que se haya acordado la formación de ese grupo. Reconoció, sin embargo, que sí le fue planteada la idea pero que él se quedó callado ante la propuesta. Dudo que la reacción del presidente mexicano haya caído bien en los altos mandos de nuestro vecino.
No es el único tema que ha tensado la relación bilateral. México, intentando mantener un extraño equilibrio, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, votó condenando la invasión rusa. Pero al mismo tiempo, se ha negado a imponer cualquier sanción a ese país. Importamos de Rusia hierro, acero y aproximadamente 500 mdd de fertilizantes al año. Estados Unidos esperaba otra reacción de su vecino y socio.
Dudo que a Estados Unidos le haya pasado desapercibido el grupo de amistad México-Rusia que un conjunto de diputados afines al partido del presidente López Obrador instalaron hace unos días y al que dieron gran cobertura mediática.
El crecimiento económico que tuvo México el año pasado, ese rebote frente a la caída de 2020, se debió al impulso del sector externo. Sin la recuperación del mercado norteamericano, el crecimiento hubiera sido significativamente menor dada el lento motor interno de la economía mexicana. Este año pasará lo mismo. Y probablemente el siguiente también.
La relación internacional más importante que tiene México es con Estados Unidos. Va mucho más allá de los millones de dólares que se intercambian cada día. Pasa por las personas, las remesas, la cultura y, desde luego, la migración. Uno supondría que es una relación que se tiene que cuidar. En los últimos meses hemos hecho precisamente lo contrario. (Valeria Moy, El Universal, Nación, p. 10)
Lo que mortifica es que los responsables del actual Gobierno no se percatan, o si se percatan no les importa el DAÑO que su sordera y su inflexibilidad le están causando a México y que, principalmente, esta desconfianza dificulta -si no que imposibilita- el crecimiento económico Y LA CREACIÓN DE EMPLEOS.
Desde que esta Administración tomó las riendas del Gobierno HAY MÁS POBRES, el nivel de desempleados, o de empleados marginalmente, ha aumentado: no estamos creando empleos con la velocidad y la cantidad requerida por el crecimiento poblacional.
Las DÁDIVAS gubernamentales no alcanzan, la migración sur-norte a nuestro País -como alternativa por default al ingreso a Estados Unidos- tiende a afectar de manera negativa nuestro mercado laboral. En condiciones normales, México debería crear UN MILLÓN de NUEVOS empleos al año, tan sólo para mantenerse en equilibrio con el crecimiento poblacional interno, hoy día andamos como a un ritmo de entre 250 y 300 mil, muy por debajo de lo necesitado, y no estamos tomando en cuenta un par de cientos de miles de migrantes que se han quedado en México y que demandan empleos “extras”.
Los errores acarrean consecuencias: el Gobierno actual DESPRECIA al pueblo al conformarse con su falta de resultados y en insistir en continuar por el sendero de los yerros sin contemplar siquiera corregir el rumbo. (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 10)