MIGRACIÓN, migración, migración. Ese es el nombre del juego en este momento de la relación entre México y Estados Unidos. A eso obedece, dicen, la reunión virtual que Joe Biden le pidió a Andrés Manuel López Obrador.
SI YA de por sí el tema ha sido candente entre ambos países, se ha agravado en estos tiempos, dados los intentos de Washington por suspender el programa “Quédate en México”, que Donald Trump le impuso a López Obrador.
PRÁCTICAMENTE la mitad de los gobernadores norteamericanos se opone a que la administración Biden vuelva a abrir las puertas a los migrantes. El ejemplo más claro y contundente de esta oposición es el texano Greg Abbott, quien no ha dudado en cerrar unilateralmente la frontera.
OJALÁ que esta vez el presidente de México sí transparente ante la nación a qué acuerdos llega con su homólogo norteamericano. No vaya a pasar lo mismo que con Trump, que se prometió mucha dignidad y lo que se dio fue pura flexibilidad.
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POR CIERTO que ante este panorama, queda claro que se equivocan quienes hablan de un posible relevo de Marcelo Ebrard al frente de la Cancillería. De hecho, su agenda al lado de López Obrador está apretada, pues pasado mañana es la llamada con Biden, luego es la gira por Centroamérica y en junio la Cumbre de las Américas.
ADEMÁS el canciller se sumó ayer a la comitiva de tapados presidenciales que acompañó a AMLO a la réplica de la Capilla Sixtina. La presencia de Marcelo Ebrard y Adán Augusto López… no debe haber gustado nada a la anfitriona, Claudia Sheinbaum. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Temas de uno y temas de otro
México fue convocado a una reunión virtual con Estados Unidos este viernes, antes de la realización de la Cumbre de las Américas que se celebrará en junio. De inmediato, el canciller Marcelo Ebrard informó que las prioridades del Gobierno mexicano se centran en la cuestión migratoria, el asunto de las armerías, así como la posición internacional de México frente al conflicto Rusia-Ucrania. Además, aseguró que se pugnará por una cumbre para todos, en referencia a que no asistirán Cuba, Nicaragua y Venezuela y deberían estar ahí. Sin embargo, nos dicen, las prioridades de Estados Unidos no son las mismas. Ayer en la Casa Blanca se habló de abordar temas como “cooperación en materia de migración, esfuerzos conjuntos de desarrollo en Centroamérica, competitividad y crecimiento económico, seguridad y energía”. Ésas serían las que buscará plantear Joe Biden al Presidente López Obrador. Como que unos coinciden, pero otros no tanto, nos comentan. (La Razón, La dos, p. 2)
Ayer la Casa Blanca anunció que el presidente Biden y el presidente López Obrador sostendrán un encuentro remoto el próximo viernes.
Ayer mismo el mismo gobierno de Estados Unidos a través de un memorándum de Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interior, anunció las medidas estadunidenses; sí, como está planeado, el próximo 23 de mayo se termina la política de Título 42, que permitía la deportación inmediata de aquellos que son encontrados en la frontera (la decisión de Biden ha sido impugnada ante las cortes).
El memo de Mayorkas es una lista, un plan, que en los hechos aplica el Título 42 sin que el Título 42 exista. Es exactamente lo que los opositores (incluido el gobernador de Texas) le han pedido a Biden. Es un nuevo endurecimiento en la frontera con base en lo que llama “pilares”. Aquí los más relevantes: “Estamos aumentando la eficiencia del procesamiento de CBP (La patrulla fronteriza) y moviéndonos con velocidad deliberada para mitigar el hacinamiento potencial en las estaciones de la Patrulla Fronteriza y para aliviar la carga sobre las comunidades fronterizas circundantes.
“Estamos aplicando las consecuencias de la entrada ilegal, incluida la expulsión, la detención y el enjuiciamiento. El núcleo de este plan es nuestro compromiso de continuar haciendo cumplir estrictamente nuestras leyes de inmigración. Esto incluye un mayor uso de la deportación acelerada, la detención de adultos solteros cuando sea apropiado, la remisión para su enjuiciamiento a aquellos cuya conducta lo amerita y la aceleración de las adjudicaciones de asilo que nos permiten actuar más rápidamente.
“Estamos disuadiendo la migración irregular al sur de nuestra frontera, en asociación con el Departamento de Estado (DOS), otras agencias federales y naciones de todo el hemisferio occidental, para garantizar que compartamos la responsabilidad en toda la región. En los últimos dos meses hemos firmado nuevos acuerdos migratorios con Costa Rica y Panamá y continuamos una estrecha cooperación con México”.
Mayorkas anticipa que “los niveles de migración aumentarán, ya que los traficantes tratarán de aprovecharse y beneficiarse de los migrantes vulnerables”.
Esto añadido a los récords de los últimos meses. En el documento de 20 páginas no se menciona ayuda a Centroamérica.
Es un año de elecciones y la migración vuelve a estar en el centro de la discusión estadunidense. ¿Qué dirá el viernes López Obrador? (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Cuando el 31 de agosto de 2016 el presidente Enrique Peña Nieto se reunió en Los Pinos con el entonces candidato republicano Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador exigió que se diera a conocer la grabación de su encuentro privado y que ofreciera una disculpa al pueblo de México. Dijo también que Trump lo ninguneó y sobajó.
Ahora, casi seis años después, el domingo en Ohio, Trump habló de cómo amenazó a López Obrador, ya presidente de la República, al que dobló como nunca antes había visto doblarse a alguien así y cómo logró que desplegara, y gratis, a 28 mil soldados en el lado mexicano. Que cuando se lo soltó, se rio y dijo: ¿Gratis? ¿Por qué haríamos eso en México? Ante lo que lo amenazó con aranceles a todas las exportaciones mexicanas, a lo que le contestó, según Trump: Señor, sería un honor tener 28 mil soldados en la frontera; sería un honor tener Quédate en México. Queremos tener Quédate en México.
Pues bien, a diferencia de lo que exigió en 2016, el lunes, cuando le preguntaron su opinión sobre esas declaraciones, respondió: Pues a mí me cae bien el presidente (sic) Trump. Lo cierto es que nos entendimos, para luego decir que no, no, no, no, él no me faltó el respeto, él es así.
¿Es falso lo que dijo? —le preguntaron —No voy yo a polemizar —se salió del tema. No sé las formas, porque ahora no exigió la copia de la grabación de ese encuentro, pero los hechos confirman lo que reveló Trump: que desplegó 28 mil guardias nacionales para contener la migración, que aceptó el Quédate en México y la amenaza de los aranceles.
Lo demás son tiempos y posiciones: de opositor a Presidente de la República. Y es que no es lo mismo que lo mesmo. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
En un mitin en Ohio, Donald Trump, quien hace campaña para recuperar la Casa Blanca, ventila una presunta conversación privada entre el Presidente López Obrador y él, y dice que presionó al mandatario mexicano para que pusiera 28 mil soldados en la frontera sur de México, para detener la migración a Estados Unidos y lo logró por las amenazas de subir aranceles, sobre todo a la industria automotriz de 25 por ciento.
En un discurso muy violento para México, Trump señaló que López Obrador, después de sus amenazas, accedió y le dijo que sería un honor poner 28 mil soldados mexicanos para resguardar la frontera. Da a entender que la reunión la sostuvo con el Presidente, pero se dice que en realidad este encuentro fue con el canciller Marcelo Ebrard.
Es parte del discurso que busca establecer Trump, primero para las elecciones intermedias que se llevarán a cabo en Estados Unidos en noviembre próximo, y luego para intentar llegar a los comicios del 2024, por ello, regresó a escena tras meses sin actos públicos.
“Nunca he visto a nadie doblarse así”, dijo Trump, refiriéndose a los mandatarios mexicanos, ante cientos de sus simpatizantes. Dio su versión sobre las reuniones que mantuvieron un grupo de representantes de los gobiernos estadounidense y mexicano, éste encabezado por el canciller Marcelo Ebrard, ocurridas en junio del 2019.
Trump dijo: “Vino a verme el máximo representante de México, justo debajo del puesto más alto, del jefe, que resulta ser el Presidente, un tipo muy bueno, que me gusta mucho, es un socialista, pero me gusta, es uno de los socialistas que me gustan.
El canciller Marcelo Ebrard respondió en Twitter a las críticas directas: “En cuanto a las declaraciones del expresidente Trump, me consta el patriotismo del Presidente López Obrador en aquellos momentos críticos. Ante la amenaza de aranceles, no aceptó el tercer país seguro, que era la condición de Estados Unidos para no imponerlos”. Y concluyó: “Lo de ayer es un hombre en campaña agitando el antimexicanismo que lo caracteriza. Lo que nos califica son los hechos, no sus dichos”.
Por su parte, López Obrador indicó que a él le “cae bien Trump, aunque es capitalista”, así comenzó la respuesta del Presidente mexicano, haciendo referencia a las propias palabras de Trump. Y detalló: “Lo cierto es que nos entendimos y fue bueno para las dos naciones”.
La realidad es que Donald Trump utilizó al mandatario mexicano para que fuera a Washington durante su campaña electoral y en donde el Ejecutivo federal mexicano aseguraba en el discurso que dio que Trump era un buen presidente.
Esta frase la utilizaron en la campaña de Trump como publicidad para buscar votos de paisanos en ese país.
Y recordemos que el Presidente López Obrador fue de los últimos mandatarios en felicitar al presidente Joe Biden cuando ganó la elección. Al respecto, Trump no ha sido nada agradecido con dicha actitud.
Mientras estuvo al frente de Estados Unidos, Donald Trump siempre utilizó dos discursos, uno para su grupo más duro y radical, al que aseguraba que construiría un muro y que ningún migrante pasaría al territorio estadounidense de forma ilegal.
Pero cuando se trataba de conversar con su par mexicano López Obrador, su discurso era más suave y siempre con la posibilidad de mantener el diálogo abierto.
Cuando López Obrador acudió a Washington,fue una reunión muy cordial. Trump en realidad sabía que no podía presionar a México para frenar las caravanas migrantes, porque sus asesores siempre le advirtieron que no sólo iba afectar a la economía mexicana, sino también a la estadounidense.
Lo cierto es que, al principio de esta administración, la política migratoria era de libre tránsito para los migrantes. Como reportera estuve en varias ocasiones en la porosa frontera entre Guatemala y México.
En nuestra primera visita en 2018, la frontera estaba completamente descontrolada, con miles de indocumentados ingresando a territorio mexicano para intentar llegar a Estados Unidos, sin control alguno de quien entraba a México.
Tiempo después regresamos a esa misma frontera, ya con los soldados de la Guardia Nacional, y efectivamente había más control y menos migrantes intentando llegar a México.
No ha sido fácil, los enfrentamientos entre migrantes y autoridades han sido muy duros. Pero el haber cambiado la estrategia del cuidado de la frontera sur, además de las presiones de Estados Unidos, es un tema de seguridad nacional para nosotros.
La frontera con Guatemala es muy difícil de controlar, en ese reportaje que hicimos me subí a una panga y cruce con toda la facilidad hasta la mitad del río, sin ningún problema se puede cruzar de Guatemala a México.
El discurso de Trump es a conveniencia, ahora que está en campaña, ataca sin piedad a los gobernantes mexicanos, pero durante la cena en Washington, en el 2020, Trump dijo: “Su Presidente, López Obrador, es el mejor Presidente que han tenido. Es duro, audaz. Y quiere mucho a su país”.
Mientras que López Obrador le dijo: “Lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía”.
Para marzo de 2020, el Presidente López Obrador anunció que Estados Unidos y México estaban trabajando para lograr un acuerdo que generaría 10 mil millones de dólares en ayuda para el desarrollo de nuestro país y Centroamérica.
Hoy Trump busca de nuevo los reflectores con su discurso duro, es un personaje polémico que mantiene altos niveles de popularidad con la base republicana. Especialistas indican que como ejemplo están sus índices de aprobación en Georgia, donde su popularidad con la base republicana de casi el 86 por ciento; Carolina del Norte, 87 por ciento; en Ohio 80 por ciento y en Pensilvania, 77 por ciento.
Y existe la posibilidad de que pueda recuperar la Casa Blanca. Para eso utilizará los discursos que crea necesarios y el antimexicanismo es muy rentable ante sus seguidores.
En estos próximos meses escucharemos sin duda un discurso extremadamente duro contra México.
Aunque varios republicanos lo ven como un candidato peligroso, la encuesta extraoficial de opinión de la Conferencia de Acción Política Conservadora de 2022, CPAC, realizada en Orlando, el 59 por ciento de quienes asistieron al evento se manifestaron a favor de Trump. Su rival más cercano es el gobernador de Florida, Ron DeSantis, con 28 por ciento.
Es muy probable que en la próxima campaña electoral se vuelvan a enfrentar Donald Trump y Joe Biden.
Desde su salida de la Casa Blanca, en enero de 2021, Trump está trabajando en su campaña electoral. Siempre ha manejado un fraude electoral que es falso, pero sus seguidores le creen y sabe que tiene decenas de denuncias en su contra, pero también sabe que tiene un capital político de sus seguidores duros a quienes les gusta el discurso de odio, y en ese discurso de odio esta México. (Bibiana Belsasso; La Razón, México, p. 13)
Durante años, Donald Trump ha utilizado a nuestro país —migrantes, autoridades, ciudadanos en general— como un blanco fácil de ataque para ganar simpatías entre sus seguidores. No es noticia que las huestes trumpianas sean racistas, nativistas, supremacistas blancos, cercanos al Ku Klux Klan. Los hemos visto desafiar las leyes, arrollar a afroamericanos, defender el uso de las armas, a pesar de las muertes que deja entre los jóvenes.
Sabemos quiénes son, qué quieren y cómo operan. Por eso, las más recientes declaraciones de Trump, en las que le falta al respeto al Presidente López Obrador y al canciller Ebrard eran anticipables pero, no por eso, menos importantes. Las palabras de Trump, aunque dirigidas a las autoridades actuales, son, nuevamente, una ofensa a nuestro país, a nuestro Ejército, a todas y todos los mexicanos.
Que un precandidato sostenga en un mitin que “dobló” a nuestro presidente y que consiguió 25 mil efectivos “gratis” es algo que no se puede dejar pasar pues, a diferencia de otras voces, estas palabras sí son una afrenta a la investidura presidencial y cuestionan la soberanía nacional.
El actual Gobierno de México ha sido reacio a las críticas de los periodistas y de los analistas políticos. A cada señalamiento, la Presidencia de la República ha respondido directamente: a veces, con hechos y aclaraciones; las más, con descalificaciones, o ataques personales al punto que, lamento escribirlo, se han documentado claras ofensivas a la libertad de expresión.
Lo de Trump, en cambio, es diferente pues no se trata de un señalamiento puntual o fundado; tampoco es una diferencia de opiniones. Considero que las declaraciones de Trump son tan groseras como un escupitajo; y, eso, no se puede dejar pasar.
¿Cómo explicar a los soldados que fueron desplegados porque un extranjero “dobló” a su jefe supremo? ¿Cómo justificar el uso presupuestario? ¿En dónde queda el discurso de la soberanía nacional? ¿Quiénes son responsables por las violaciones a Derechos Humanos realizadas en la frontera?
A muchos nos sorprendió que López Obrador asistiera al acto de campaña para la reelección de Trump, después de haber visto cómo había menospreciado la hospitalidad brindada por el Presidente Peña Nieto, en su primera campaña. Hoy, la participación no sólo sorprende, además duele pues el primer mandatario respaldó la reelección de quien había ninguneado y menospreciado a México, a su Ejército y a sus ciudadanos.
Ojalá que la Presidencia y la Cancillería no dejen pasar esta insolencia; los señalamientos dicharacheros aumentan el agravio que sentimos los mexicanos, pues lo que corresponde es pedir el respeto que corresponde en el trato entre socios.
Los verdaderos enemigos de México no son las voces críticas internas; tampoco, los que difieren en enfoques políticos o partidistas. La amenaza real es quien utiliza a nuestros presidentes durante sus campañas para, después, mofarse de ellos y ofender a todos los ciudadanos mexicanos: Donald Trump —y los intereses que representa—. (Valeria López Vela, La Razón, Mundo, p. 24)
Una de las razones por las que Donald Trump logró la presidencia fue gracias a sus constantes promesas por frenar la migración de la frontera sur. Sostuvo que los mexicanos eran asesinos, ladrones y violadores, y prometió construir un muro que dividiera la frontera entre nuestros dos países.
El discurso como candidato presidencial y posteriormente como presidente no cambió, por el contrario, siguió siendo racista y xenofóbico. Una vez en la presidencia, amenazó al gobierno del presidente López Obrador con imponer el 25 por ciento de aranceles a los productos mexicanos si no frenaba la migración en la frontera con Guatemala y Belice, para impedir la entrada de millones de centroamericanos que atraviesan nuestro país, con el objetivo de llegar a Estados Unidos. México envió a la Guardia Nacional.
Otro descalabro que ha provocado un fracaso humanitario y que consolidó el “programa” conocido como Quédate en México. Consiste en que los migrantes que buscan asilo de Estados Unidos esperen la resolución de sus trámites en territorio mexicano y no estadounidense como era antes.
Así fue como México se convirtió en un tercer país seguro, aunque lo siga negando el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Todos aquellos que cruzan la frontera y son detenidos por las autoridades migratorias son deportados a nuestro país. Todos aquellos que solicitan asilo al vecino del norte deben esperar uno o dos años en nuestro país para tener una respuesta. Es una desgracia tener que tomar la decisión de abandonar su país porque no hay condiciones para sobrevivir o porque su vida corre peligro.
Además, emprender un viaje que implica atravesar un territorio desconocido y peligroso. Las condiciones de los migrantes en México son terribles. Las experiencias de estas familias, de hombres, mujeres y adolescentes acompañados de niños y niñas que han decidido emprender este viaje solos, son todas historias desgarradoras.
Sabemos de las calamidades a las que se enfrentan: les atacan, asaltan y secuestran, ya sea para extorsionarlos, para obligarlos a trabajar en el crimen organizado, o para prostituirlos (más en el caso de las mujeres y las niñas).
Corren el riesgo de ser utilizadas para generar pornografía o para el tráfico de órganos. Miles de personas se enfrentan a las peores adversidades en la búsqueda de una vida mejor. Guardan su único patrimonio en una bolsa de plástico y son víctimas de la ineptitud y corrupción de las autoridades migratorias de ambos lados de la frontera.
Y ese horror, fue lo que concedió el Presidente, Andrés Manuel López Obrador. Que Donald Trump trate a México como piñata, ya es lo de menos. En mi opinión, ya es tarde para eso. (Jorgina Gaxiola, El Heraldo de México, País, p. 10)
En una de las páginas más negras de nuestra historia diplomática y entre las más vergonzosas padecidas desde Antonio López de Santana, Trump, esa bestia política norteamericana, nos embarra en el rostro un episodio humillante.
Aprovechando un mitin en Ohio durante el fin de semana pasado, el expresidente más antimexicano en el último siglo, relató la visita que le hizo en junio del 2019 Marcelo Ebrard y como impuso un grosero programa llamado Quédate en México.
Amenazó que de un día para otro impondría el 25 por ciento de aranceles a todos los productos mexicanos y, para su asombro, el representante mexicano aceptó que se enviarían miles de soldados a las dos fronteras para impedir el paso a los migrantes provenientes de Centro América.
Trump refiere burlándose que nunca en su larga carrera de negociaciones, había visto doblarse tan fácilmente a alguien. Ese alguien se llama Marcelo Ebrard y obligadamente a su jefe el Presidente de México. En efecto, todos recordamos cómo miles de elementos de la recién uniformada y armada nueva Guardia Nacional perseguían a niños, hombres y mujeres a mitad del río Suchiate y en diversas hondonadas con Guatemala.
Esas fechas de horrores en que vimos como a los más pobres de este continente se les sometía como animales, tuvo como inicio, la sonrisa de Ebrard diciendo en el despacho Oval: “¡Si Señor, será un honor desplegar 28 mil soldados para implantar Quédate en el maldito México!”. Aventuremos que Trump miente y que las palabras no fueron exactas, lo cierto es que en su momento, pregonó en muchos foros, que ya tenía un muro de contención contra los migrantes y este, ¡era gratis!
Gracias al temor mexicano al impuesto a los productos mexicanos en suelo norteamericano. Queda muy atrás el hecho de que, ante la amenaza, fueron muchas las opciones que pudieron haberse tomado. Ese impuesto tenía dos filos y uno era particularmente lesivo a los intereses yanquis. Lo relevante en los hechos relatados, fue el resultado cierto, inequívoco de cómo fuerzas armadas mexicanas sirvieron a los propósitos del entonces presidente norteamericano.
La forma pudo ser diferente, el resultado del cual se vanagloria Trump, es humillante. A ello hay que agregar una caricatura, cuando el grandulón añade en Ohio, “el Presidente mexicano socialista me cae bien, es simpático”.
¿Y cómo no lo sería con el discurso que AMLO fue a soltar al Jardín de las Rosas en la Casa Blanca plagado de elogios a un hombre que se cansó de insultarnos durante cuatro años? Una pesadilla vuelta a revivir sin que tenga respuesta del gobierno. No se atreverían. No la tienen. (Raúl Cremoux, El Heraldo de México, País, p. 10)
Para los republicanos, la llegada de residentes sin autorización, migrantes indocumentados o ilegales, como se les quiera decir, es preocupante a niveles casi paranoicos. Nada nuevo bajo el sol, pero a veces resulta brutal constatarlo en cifras, como lo hizo una reciente encuesta de la empresa Gallup, que puso en claro que seis de cada 10 republicanos se preocupan por la llegada de indocumentados.
Para sus rivales políticos, los demócratas, la cifra es muy distinta: sólo dos de cada 10. Peor aún, sólo cinco por ciento de los estadounidenses considera la inmigración como una cuestión de importancia primordial.
Pero los desacuerdos sobre políticas y las presiones que hoy jalonean a las partes en pugna en Washington reflejan la polarización de los Estados Unidos: las opiniones del país sobre la inmigración son lo más divergentes posible.
A seis meses de las elecciones legislativas de medio término y enormes posibilidades de lograr la mayoría en ambas cámaras, republicanos aprovechan el tema migratorio y el supuesto descontrol en la frontera con México para azuzar a sus partidarios y atacar al Partido Demócrata.
Eso, por supuesto, pone a los demócratas a la defensiva y en problemas internos, ya que sectores centristas temen que la propaganda republicana tenga impacto en los independientes.
Ese es el telón de fondo para el debate que rodea el proyecto del mandatario Joe Biden para terminar con la política de deportación justificada con el llamado Título 42, impuesta por el gobierno del presidente Donald Trump y que se presentó originalmente como una medida para deportar a los migrantes que llegaban a la frontera Estados Unidos-México sin posibilidad de asilo, debido a la pandemia de coronavirus.
La decisión de Biden revitalizó lo que ha sido por décadas un debate brutal sobre el mejor camino a seguir para una política de inmigración integral, ahora que la emergencia provocada por la pandemia de COVID-19 parece estar en una fase diferente. El hecho en todo caso es que mientras Biden y sus aliados proponen el final del Título 42, líderes republicanos encabezados por el propio Trump tratan de aprovechar la preocupación para crear alarma entre sus partidarios.
Trump y sus aliados han evocado las presiones comerciales que han usado, y creen pueden usar, para que el gobierno mexicano ayude a evitar la llegada de migrantes centroamericanos.
Biden, a su vez, está bajo presión de los grupos promigrantes, incluso los legisladores hispánicos, para defender la cancelación del Título 42 y practicar una política migratoria más abierta y humana.
En ese marco, la relación con México adquiere importancia, tanto como por su condición de país fronterizo como por ser origen y punto de paso para inmigrantes. Ahí está una de las razones de la intensidad de las relaciones bilaterales y del encuentro virtual que Biden y el presidente Andrés Manuel López Obrador sostendrán este viernes. (José Carreño, El Heraldo de México, p. 27)
Esta semana, Donald Trump nos recordó el peligro que entraña para México.
En un mitin celebrado en el estado de Ohio, hizo gala y hasta mofa del chantaje al que sometió a nuestro país en 2019, cuando amenazó con imponer aranceles a los productos mexicanos si no se endurecía nuestra política migratoria.
La cita completa no tiene desperdicio: “Vino (a verme) el máximo representante de México justo debajo del (puesto) más alto, justo debajo del jefe que resulta ser el presidente (de México). Nunca he visto a nadie doblarse así. Entró (a mi oficina) y (el representante de México) se ríe de mí cuando le digo: ‘Necesitamos 28 mil soldados en la frontera, gratis’. Él me miró y me dijo algo como ‘¿(Desplegar soldados) gratis?’ ‘¿Por qué haríamos eso en México?’ Le dije: ‘necesitamos algo llamado ‘Quédate en México’… Amenacé con poner aranceles de 25 por ciento. Después de eso (él) me miró y me dijo: ‘¡Señor: sería un honor tener 28 mil soldados en la frontera! ¡Sería un honor tener ‘Quédate en el Maldito México’! ¡Queremos tener ‘Quédate en México!’”
El gobierno mexicano, en voz del presidente López Obrador y del canciller Marcelo Ebrard, ha minimizado las declaraciones de Trump, ubicándolas como meras maniobras electorales. “Él es así”, dijo en tono entre resignado e indiferente el presidente López Obrador.
Y sí, así es él y así nos va a tratar si reconquista la Casa Blanca en 2024, un escenario que no parece remoto a estas alturas. Van a regresar los chantajes, las amenazas, los insultos. Y un Trump empoderado y triunfante podría atreverse a hacer cosas mucho peores a las que hizo en su primer periodo de gobierno. No está de más recordar que hace dos meses, sugirió que tal vez Estados Unidos debería de hacer con México lo que Rusia está haciendo con Ucrania. ¿Simple arrebato? Tal vez, pero esa no es una amenaza que debería de tomarse a la ligera.
Eso implica que habría que empezar a prepararse para Trump 2.0 ¿Cómo? Van algunas ideas potenciales:
Todas estas ideas pueden resultar desatinadas, contraproducentes o francamente inviables. Habrá que encontrar otras. Pero lo que sí no parece razonable es esperar que Trump se comporte de manera distinta a como se comportó en su primera presidencia. En este asunto, ya nadie se puede llamar a sorpresa. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p. 7)
¿Por necesidad o por gusto? El presidente mexicano se llevó la peor parte entre las reacciones de nuestra esfera pública a las renovadas expresiones humillantes recibidas de Trump. Contra la inclinación mexicana a solidarizarse con la víctima, el débil, el ‘doblado’ en este caso, esta vez una opinión extendida descalificó a esa víctima que deja de serlo en cuanto se asume compinche del victimario, el poderoso, el doblador. Más bien, la víctima de ambos parecería ser la dignidad de la nación, la prestancia del Estado. Y es que, en su madurez, la sociedad mexicana puede entender que su gobierno ceda por necesidad —e incluso por sagacidad— ante la embestida de un engranaje gigante de poder conducido por un desquiciado. Pero repudia que su presidente parezca, con sus dichos, sometido por gusto, con la indulgencia, la trivialización, la docilidad o el deleite que aparenta producirle una nueva afrenta.
La inconsistencia. En efecto, en nuestra conversación pública se dio por sabido el doblegamiento mexicano ante la extorsión pública de Trump y su amenaza de imponer aranceles a productos mexicanos si AMLO no frenaba con la tropa —como le cumplió— la migración del sur y si no mantenía en México —como también le cumplió— a los solicitantes de asilo a EU. Además, la crítica se centró en AMLO porque ya es cosa juzgada la percepción adversa a Trump en el debate público mexicano. Para colmo, la respuesta mañanera al agravio de Ohio, puso una vez más en la agenda la inconsistencia del lenguaje de AMLO, que pasó de postular puertas abiertas a la migración a su contención militar, y emigró también de identificar a Trump con Hitler a decir ahora que le cae bien, aunque sea capitalista, lo que acaso lleve a alguno de sus creyentes a concluir que le debe caer bien un nuevo Hitler.
También eso se sabrá. Al presidente mexicano lo persiguen los efectos de sus actos, sus dichos y sus omisiones. Sus afinidades con Trump lo mantienen ahora cercado por la narrativa arrogante, injuriosa del expresidente contra quien suele exaltar el respeto absoluto del estadounidense a nuestra soberanía. Y ya se avistan las consecuencias de las apuestas retadoras con las que AMLO estira la liga de los compromisos de nuestro país, en diversos órdenes, con el actual habitante de la Casa Blanca. El caso es que los términos del doblegamiento de que se jacta Trump, en materia migratoria, persisten intocados con el actual presidente Biden. Y que, independientemente de la maquillada versión que ofrezcan los gobiernos de la conferencia AMLO/Biden de pasado mañana, también eso se sabrá —los resultados de la conversación— a través de la versión que más temprano que tarde ofrecerá la Casa Blanca de Biden, sin bien con un lenguaje quizás más educado, contrastante con el del expresidente que a AMLO le resulta respetuoso.
En la defensiva. Ni el presidente ni el secretario de Relaciones desmintieron el hecho sustantivo del relato de Trump del doblamiento mexicano por el doblador estadunidense. El canciller Ebrard intentó la misión imposible de colocar una postura, que resultó de buen corte publirrelacionista, pero con las inconsistencias y omisiones del género, tanto en el tema migratorio como en el T-MEC. El mensaje se arrinconó en la defensiva, con la vindicación del patriotismo de AMLO y con gestos de independencia en defensa de Maduro y Evo, de los que Trump no se dio por enterado.
A la deriva. No será lo mismo con Biden. Ni en estos temas ni en el coqueteo con Putin, ni en la regresión antidemocrática interna. En la turbulencia planetaria en curso, el incidente Trump muestra a un régimen mexicano a la deriva, dando palos de ciego, además, pertenecientes al naufragio del siglo pasado. El espectáculo continuará previsiblemente en unos días con el presidente en Centroamérica y el Caribe. (José Carreño Carlón, El Universal, Opinión, p. 20)
Quien a diario y en tono grandilocuente invoca la soberanía popular como principio de gobierno y sustento de la democracia, podría aportar (aún puede hacerlo, claro) una explicación a fondo de los hechos que motivaron la más reciente declaración del expresidente Donald Trump en relación con México.
Interesaría saber, por ejemplo, la versión gubernamental mexicana de lo ocurrido y —en cualquier caso— lo que debemos entender ahora como soberanía, una más de las vertientes en las que el Estado ejerce el poder sobre su territorio.
Si en política la forma es fondo, resulta cuando menos odioso escuchar cómo se expresa el expresidente de Estados Unidos —y cómo “dobló” al canciller y al gobierno mexicanos— y la respuesta que recibió de aquel, dibujado como un obsequioso policía de los intereses migratorios del país vecino que cumple órdenes de otro régimen dentro del propio territorio nacional.
Si los hechos en la Sala Oval de la Casa Blanca sucedieron como Trump lo narra, no es un honor ni defensa de la soberanía instruir el envío de 26 mil agentes y soldados mexicanos para servir como barrera humana y frenar la ola migratoria centroamericana de personas en tránsito hacia Estados Unidos.
Quizá sea tema de especialistas en derecho internacional y penal ahondar si con estas actitudes complacientes ante el gobierno de otro país se configura o no el delito de “traición a la patria” al que se refiere el artículo 123 del Código Penal Federal. Y más porque a incitación presidencial la 4T endilga esa grave acusación a quienes votaron recientemente contra una iniciativa de ley enviada por el ejecutivo federal, pese a que se trata de legisladores activos que realizan sus funciones constitucionales.
Si es o no un acto de obediencia contrario no sólo a la soberanía, lo revelado por Donald Trump vulnera el entendimiento responsable de la migración, tema histórico agudo —junto con el narcotráfico— de la relación bilateral entre México y Estados Unidos.
Sin cobijarnos en la retórica de una cortina de nopal, Estados Unidos es el país ante el cual nuestro país perdió en 1847 la mitad de su territorio, un hecho que entonces profundizó el desánimo nacional y pesó incluso a favor del enésimo retorno al poder de Antonio López de Santa Anna.
La personalidad dicharachera y egocéntrica del xalapeño Santa Anna cautivó también, en grado de fanatismo, a sus seguidores, de manera muy similar al acontecer actual. Él se dejó querer y urdió el tejido de su nueva unción. Es historia viva y de recuperación aconsejable para quienes quieran ahondar en un aciago capítulo de la historia.
En páginas de EL UNIVERSAL, Ángel Gilberto Adame refiere magistralmente (“El Honor es Nuestro”, 23 abril 2022) a la desvergonzada ruta seguida por Santa Anna para perpetuarse en la presidencia. Primero, logró que le fueran concedidas “facultades extraordinarias” para dirigir al país en febrero de 1853.
Luego, a Santa Anna le bastó azuzar un pronunciamiento el 17 de noviembre de 1853 en el que se declaró que el plazo de gobierno que se le había concedido no había sido suficiente “para el completo arreglo de todos los ramos de la administración pública” y se reconoció imperativo una prórroga a su mandato de manera indefinida. Además, el presidente quedó investido con el título de Gran Elector de México (destaparía también corcholatas) y en caso de algún impedimento físico o moral para gobernar, proclamaría o designaría en sobre cerrado a su sustituto. También tenía su testamento político.
La decisión del inescrupuloso y hábil elector de sí mismo, se cumplió entre alabanzas, homenajes poéticos y celebraciones diversas. El resto ya es historia. Pero la actual no termina aún. Urgen explicaciones y la verdad de los hechos de lo ocurrido en Washington. (Ignacio Morales Lechuga, El Universal, Opinión, p. 21)
Un bálsamo para Marcelo Ebrard resultó la “placeada” que ayer le dio el presidente en el Zócalo, junto a su favorita Claudia Sheinbaum, después de la balconeada que le puso Donald Trump al canciller, en un mitin republicano celebrado en Ohio.
El más antimexicano de los expresidentes de Estados Unidos –amigo declarado de AMLO– narró, a su modo, un encuentro que tuvo con el canciller cuando era el jefe de la Casa Blanca.
Aseguró que para contener la migración, exigió a Marcelo 28 mil soldados “gratis” en las fronteras y el visto bueno para el programa Quédate en México. De lo contrario impondría aranceles a las exportaciones mexicanas. “Nunca he visto a nadie doblarse tan rápidamente”, aseguró el republicano.
Ese comentario dejó mal parado a uno de los dos aspirantes presidenciales de Morena mencionados por AMLO en su última lista de presidenciales para 2024.
La otra es Claudia Sheinbaum, quien también fue “placeada” ayer durante la visita a la réplica de la Capilla Sixtina instalada en el Zócalo, en compañía del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.
Hay un tercer morenista que aspira a la sucesión, pero que ya no invita López Obrador ni a desayunar, por no alinearse al ciento por ciento a sus designios: el senador Ricardo Monreal. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
En vísperas de visitar Cuba, Biden busca a AMLO // Putin podría dejar sin gas a Polonia y Bulgaria// Paneles solares en la capital
No es casual que el presidente Biden haya buscado a López Obrador para conversar por teléfono cuando éste tiene agendada una visita a Cuba, que incluirá Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice, del 5 al 9 de mayo. El telefonema será el viernes. El encuentro con el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, atraerá la atención –y los comentarios– de políticos y medios estadunidenses. Biden querrá mostrar su cercanía al izquierdista que gobierna al sur de su frontera, quien va perfilándose como líder de los gobiernos latinoamericanos de ese signo.
En este entorno, tiene mucho trabajo el canciller Marcelo Ebrard las próximas semanas. Hoy mismo hará la presentación, junto con el embajador Ken Salazar y la secretaria de Seguridad Pública, Rosa Icela Rodríguez, de los primeros resultados del Entendimiento Bicentenario, el acuerdo de seguridad negociado con la administración de Estados Unidos para sustituir la fallida Iniciativa Mérida.
Luego, como tarea urgente e inmediata, los preparativos para la conversación de los presidentes este viernes. Enseguida, el canciller tendrá a su cargo organizar la participación de México en la Cumbre de las Américas, que se llevará a cabo el 9 de junio en Los Ángeles, California.
La versión sobre la salida de Ebrard del gabinete presidencial forma parte de las leyendas urbanas que se inventan todos los días para debilitar al gobierno de la 4T, con poco éxito. Lo dijo recientemente Andrés Manuel: los punteros para 2024 siguen siendo Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
Remate reunión
Ayer, el Presidente de la República dijo que no sabía en qué consistiría la llamada con Joe Biden, puesto que el gobierno de Estados Unidos había solicitado dicha entrevista. Después dijo el canciller, Marcelo Ebrard, que la reunión tendría que ver con la Cumbre de las Américas y algo así como los temas de la agenda.
En realidad, el Padre del Análisis Superior considera que el gobierno de Estados Unidos tiene preocupaciones mucho más serias que tienen que ver con la migración y, sin lugar a ninguna duda, el respeto al Estado de derecho y, en particular, a las inversiones de Estados Unidos en México.
Quien no haya entendido que el gobierno de Estados Unidos ha venido aumentando la presión en temas como el energético y que la paciencia de las autoridades de aquel país comienza a agotarse o se autoengaña o está mintiendo por cuestiones políticas.
La relación entre México y Estados Unidos ha venido deteriorándose a pasos agigantados. El gobierno de la 4T ha confundido la paciencia y los mensajes extremadamente cuidadosos con debilidad, puesto que quizá estaban acostumbrados a un discurso mucho más violento y provocador.
La llamada solicitada por Estados Unidos no augura nada positivo a la relación; mucho menos la primera respuesta del Presidente al señalar durante su conferencia mañanera que él no sabía cuál era el tema, puesto que Estados Unidos pidió la comunicación. (David Páramo, Excélsior, Dinero, p. 3)
Un Ejecutivo Federal que se contradice en todo lo que afirmaba en sus eternas campañas, como sucede en relación a la soberanía nacional. Salió el deplorable y fascistoide Trump, a decir que “doblegó a López” -y de paso a México-, al amenazar con imponer impuestos en el caso de que no mandara soldados a la frontera sur, a fin de evitar el ingreso de los centroamericanos.
Al conocerse la información, la respuesta del tabasqueño fue patética: dijo que no se ofendía por la supuesta falta de respeto, “porque Trump es así, es mi amigo, aunque sea capitalista”. El calibre de indignidad es propio de un lacayo servil, oportunista y capaz de evadir cualquier responsabilidad.
A esto sí se le puede calificar de ¡traición a la patria! Marcelo Ebrard se tragó el sapo más grande de su carrera, justificando la conducta de AMLO y poniéndolo como un “patriota”, perogrullada que confirma la falta de valores a la que puede llegar un funcionarete, por quedar bien con su amo. (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p. 13)

(Alarcón, El Heraldo de México, La dos, p. 2)

(Rapé, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

(Perujo, El Economista, El foro, p. 63)

(Qucho, El Economista, El Informador independiente, p. 56)