Más migración, misma política
Nos hacen ver que con la llegada de cientos de ucranianos a la Ciudad de México se está confirmando lo que dijo la Acnur en el sentido de que se podrían abrir más frentes de presión migratoria: frontera sur, con la llegada de miles de indocumentados, particularmente centroamericanos; frontera norte, con personas que una vez en ese punto buscan cruzar a Estados Unidos, y ahora en el centro. Un éxodo de ciudadanos de Ucrania que escapan de la guerra ha llegado a la capital, en donde ya se instaló un albergue para que esperen por tiempo indefinido el llamado del vecino del norte para atender sus peticiones de asilo. Nos señalan que ya son varios los indicadores que dan cuenta de que la situación migratoria está complicándose, sin embargo, hasta ahora no se ha informado de ajuste alguno de la política en la materia. (La Razón, La dos, p. 2)
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Fue desde la Casa Blanca de donde se pidió el encuentro a distancia del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con su homólogo de México, Andrés Manuel López Obrador, por el problema de los miles de migrantes procedentes de Centroamérica y la posible cancelación del programa Quédate en México por parte del gobierno vecino con el que, junto al envío “gratis” de 25 mil soldados de nuestro país, Donald Tump presume que “dobló” al tabasqueño y a su canciller. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 5)
Susurros
Mañana, de manera virtual se reunirán los Presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden para discutir temas como seguridad, cooperación económica y relaciones con Centroamérica por la magnitud de migrantes que salen de esos países y previo a la gira del Presidente López Obrador a El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice del 5 al 9 de mayo. El encuentro de los líderes de México y Estados Unidos se realiza previo a la cumbre de las Américas a realizarse en junio en la ciudad de Los Ángeles. (Dolores Colín, 24 Horas, CDMX, p. 8)
Ken le pone sal a la herida
El embajador Ken Salazar tocó, nuevamente, una fibra sensible para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante la presentación de los avances del Acuerdo Bicentenario, en materia de seguridad, el diplomático pidió redoblar esfuerzos para enfrentar el tráfico de personas, asegurando que Estados Unidos está dispuesto a hacer todo para cooperar en este tema. ¿Será que la amenaza de Trump y su discurso antiinmigrante está empezando a preocupar a la Casa Blanca? (El Financiero, Nacional, p. 45)
Entre la guerra y el deshonor, habéis elegido el deshonor, y tendréis la guerra”, dijo Winston Churchill al referirse al primer ministro británico, Neville Chamberlain, quien después de acordar con Hitler el expansionismo nazi en Checoslovaquia, a cambio de la paz, tuvo la ilusa esperanza de apaciguarlo.
En nuestro país, Benito Juárez es ejemplo de templanza, quien con pocos recursos luchó en la adversidad contra el poderoso ejército de Napoleón III, hasta que las circunstancias cambiaron. Nunca se rindió: “Aquel que no espera vencer, ya está vencido”, dijo.
Hay momentos cruciales en la historia que ponen a prueba el temple de los gobernantes, esa “fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos”.
Ahora, guardadas las proporciones y las circunstancias, el actual gobierno de México experimentó el reto más difícil que ha enfrentado en política exterior: evitar, sin perder el honor, la amenaza de EU de imponer aranceles si no frenaba con militares la migración en nuestras fronteras y si no instrumentaba el programa “Permanecer en México”.
La alternativa para salvar la honra era aplicar de manera estratégica y proporcional aranceles de represalia a productos agrícolas de Iowa, Idaho o Kansas, estados afines a Trump que dependen en su gran mayoría de las exportaciones a México, pero tuvieron miedo las autoridades mexicanas de entrar en una guerra comercial, lo cual ciertamente era un riesgo, pero iba a dañar a los dos países.
El miércoles 5 de junio de 2019, en la Casa Blanca, al terminar la primera ronda de las negociaciones sobre los aranceles, Marcelo Ebrard entró solo, sin testigos mexicanos, a la sala donde se encontraba el presidente Donald Trump. No se supo de esa reunión.
Nada se supo hasta que, casi tres años después, Trump reveló que Ebrard, sin la presencia de testigos mexicanos, aceptó desplegar 25 mil soldados en las fronteras sur y norte e implementar el programa “Permanecer en México”, que el mismo canciller designado aceptó en noviembre de 2018 en Houston Un ex presidente de Estados Unidos que elogia al presidente de México como “me cae muy bien. Es socialista, pero me gusta” y al mismo tiempo ofende a los mexicanos como criminales, no debería ser correspondido con palabras de respeto. Al contrario, el mandatario debe exigir respeto al pueblo mexicano, no sólo a su persona.
Por su parte, Ebrard no contestó a la ignominiosa declaración que de él hizo Trump: “Nunca he visto a nadie doblarse así”. El canciller se salió por la tangente y se envolvió en la bandera del patriotismo.
El 7 de junio, al concluir las negociaciones en el Departamento de Estado, Ebrard informó del resultado, pero ocultó a la opinión pública mexicana un documento firmado que mantuvo en secreto, hasta que Trump lo exhibió cinco días después de que el canciller negó que existiera, acuerdo por el cual México aceptaría convertirse en “tercer país seguro” si no frenaba la corriente migratoria a satisfacción de Estados Unidos. Y así fue como México se convirtió en la Border Patrol en la frontera con Guatemala.
Ebrard no tiene carácter para negociar, cedió fácilmente a las presiones. Negoció el programa “Permanecer en México”, por el cual nuestro país fue degradado a una sala de espera de los tribunales migratorios de Estados Unidos, supuestamente a cambio de recibir 2 mil millones de dólares en el sur de México. Pero Trump no le dio ni un solo dólar. Otra burla más. Cada uno elige lo que se merece. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 12)
Afirmar que Donald Trump hace su propio mundo y recrea su realidad es historia vieja para quienes hemos seguido su carrera.
De acuerdo con una estimación del diario The Washington Post, durante su presidencia Trump pronunció un promedio de ocho o nueve mentiras, exageraciones o fabricaciones diarias.
Y el periodo posterior a su presidencia, y quizá previo a su siguiente, no ha sido mejor.
Entonces, ¿por qué el escándalo alrededor de lo que dice que negoció con Marcelo Ebrard respecto al tema de las caravanas de migrantes centroamericanos que cruzaban México rumbo a la frontera estadounidense?
De creerle a Trump, Ebrard –y de paso el gobierno mexicano– “se quebró” tan pronto lo amenazó con imponer una sobretasa de 25 por ciento a las exportaciones mexicanas a Estados Unidos.
Para empezar, resulta difícil pensar que el presidente Andrés Manuel López Obrador le hubiera dado “carta blanca” a Ebrard para convenir así como así en el despliegue de tropas mexicanas para detener a las caravanas de migrantes centroamericanos.
De acuerdo con íntimos de Ebrard, no se trata más que de una “grilla” y un intento inútil de crearle problemas con el presidente López Obrador, al que describieron como pendiente de las negociaciones en todo momento, y al tanto de los planteamientos y opciones que se presentaban.
Con todo, la amenaza era una situación que debía atenderse con rapidez, porque aun cuando la publicidad en torno a la amenaza dio lugar a una polémica en torno a la capacidad de Trump para emitir e imponer una orden de esa índole, hubieran pasado meses antes de que fuera rechazada, con los consecuentes daños a la economía mexicana.
Había la posibilidad de aceptar que México fuera “tercer país seguro”, o sea una nación receptor de refugiados, que en la versión presentada a El Heraldo de México hubiera sido “un desastre” y habría dejado al país a cargo de más de 500 mil refugiado,s pero sin recibir los recursos que percibe Turquía de la Unión Europea.
En sus conversaciones con Trump y sus ayudantes, Ebrard buscó no crear confrontaciones directas innecesarias y a cambio hizo notar problemas prácticos, como la dificultad política de convocar al Congreso mexicano, que estaba en receso, sólo para que votara sobre la conveniencia de convertirse en “país seguro”.
En todo caso, y a final de cuentas, fue necesaria una “decisión de Estado” para obtener el mejor resultado, o el menos malo si se quiere, posible para México.
Una táctica política favorita de Trump, como empresario y como político, es reclamar éxito aunque el resto del mundo perciba fracaso y nunca aceptar pasivamente acusaciones sino siempre contraatacar.
Ese es el estilo que aprendió de su mentor Roy Cohn, que fuera “Consiglieri” de la Mafia neoyorquina y antes, abogado en los comités legislativos que desarrollaron la “cacería de brujas” ideológica hoy conocida como “macartismo”.
Después de todo, es el mismo personaje descrito como “mal perdedor hasta cuando gana”. Lo malo es que es posible que gane en 2024. (José Carreño, El Heraldo de México, On line)
Han pasado más de tres años de que iniciara gobierno del presidente López Obrador y no hay una definición estratégica sobre la relación que México desea con Estados Unidos.
Ebrard en sus propias palabras: “En el rediseño geopolítico de la política exterior de México siempre vas a tener dos reflexiones: una corriente propone que México prácticamente no tenga una política exterior. Propone alinearte a Estados Unidos en decisiones, llámese Grupo de Lima, OEA, ONU; defender lo necesario para estar en el mismo cause. Como México tiene tal asimetría con Estados Unidos, la única posibilidad de México de tener una buena relación con Estados Unidos es la subordinación”.
Así se lo expuso el secretario de Relaciones Exteriores a Alfredo Serrano Mancilla en un programa radial emitido en Argentina y Bolivia a inicios de abril.
Marcelo Ebrard mencionó el nombre de Jorge Castañeda como ejemplo de subordinación que fue seguida durante “el foxismo y posteriormente”, indica el propio secretario.
Ebrard en sus propias palabras: “Nosotros sostenemos otra idea. En la medida que México tiene una política exterior independiente, más cercana a América Latina y el Caribe, le va mejor. A mayor autonomía relativa de México, mayor autonomía para defender sus intereses. A mayor sumisión, menor capacidad para defender sus intereses”.
“La única posibilidad de México de tener una buena relación con Estados Unidos es la subordinación”. Esta sería la frase que condensa la charla que tuvo el secretario de Relaciones Exteriores a principios de abril.
Un pensamiento claramente decepcionante viniendo del secretario Ebrard. Concibe a la política exterior como juego de suma cero.
Lo publicado por dos corresponsales del diario The New York Times, Julie Hirscfeld Davis y Michael D. Shear, en su libro Border wars inside Trump´s assault on immigtation describe una negociación de Marcelo Ebrard sobre la estrategia migratoria. Ocurrió en octubre de 2018, antes de que AMLO tomara posesión.
Fue sumisión el costo que México tuvo que pagarle a Trump para impedir que violara el TLCAN al imponer aranceles: la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala para impedir el ingreso de centroamericanos.
En el entorno diplomático flota una sencilla pregunta: ¿Por qué AMLO evita lanzar críticas a Trump, inclusive, sabiendo que sus gobiernos no volverán a coincidir?
Trump deja la Casa Blanca, pero AMLO continúa llamándole “presidente”. Así lo hizo esta semana como reacción a la burla que Donald Trump le dedicó a su gobierno la noche del sábado en Ohio, incluyendo a Marcelo Ebrard.
AMLO prefiere a los republicanos sobre los demócratas porque, dice, estos son “injerencistas”.
Por lo pronto, la relación con EU carece de identidad. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 73)
En días pasados el expresidente Donald Trump hizo una serie de afirmaciones bravuconas y virulentas sobre la manera en que “obligó” a nuestro país para imponer su voluntad en el tema de la seguridad fronteriza y para detener el flujo de migrantes a cambio de no imponer aranceles a los productos mexicanos que potencialmente hubieran podido llegar hasta el 25%, supuestamente.
La realidad es que no sabemos exactamente de lo que hubiera sido capaz dicho personaje, pero la verdad es que debemos recordar que este fue el estilo incendiario y brusco de negociar y hacer política (interna y externa) del anterior inquilino de la Casa Blanca. Más allá de los dimes y diretes que esto ha provocado, lo que debemos de tomar en consideración es que la amenaza de un potencial regreso de Trump a la Casa Blanca en 2024 es no solamente posible, sino incluso probable.
En un entorno sumamente dividido y con grandes problemas en el espectro político estadunidense entre liberales y conservadores (por decirlo de alguna manera), la verdad es que la cosa se antoja sumamente complicada para México en los años venideros; por tal razón debemos prestar especial atención a lo que sucede con el vecino del norte, porque nuestro futuro está ligado a esta nación, nos guste o no.
La primera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿qué tan probable es que Trump vuelva a ganar la elección presidencial y convertirse en Presidente? ¿tienes posibilidades de lograrlo? La respuesta es sí y las probabilidades son altas.
Si Trump vuelve a competir frente a un candidato demócrata (Joe Biden o alguien más) la realidad es que se ve difícil que pierda, porque la popularidad y aprobación actual de Biden no es elevada y las cosas no marchan bien (por ejemplo, en materia inflacionaria y la amenaza de la guerra en Ucrania). Luego entonces, bastaría que Trump así lo desee para volver a presentarse a los comicios y en un escenario muy probable, volvería a ganar la presidencia en 2024. Para ello, las elecciones intermedias de este año serán un indicador muy importante de la temperatura política en Estados Unidos y de la fuerza que tienen los republicanos y demócratas respectivamente.
En segundo lugar, la pregunta que tenemos que hacernos es: ¿qué tan peligroso para México sería un eventual segundo término de Trump en la Casa Blanca? La respuesta no es agradable, porque tenemos que entender que un segundo mandato de este tendría todavía menos frenos y contrapesos que los que tuvo en 2016, porque ya no tendría nada que perder.
Habiendo ganado dos elecciones y perdido una, el margen de maniobra de Trump sería inmenso. A ello habría que sumarle que Trump no ve con malos ojos una eventual alianza con Putin en Rusia, en cualquier sentido, por lo que despierta sentimientos encontrados en la población de Estados Unidos, tanto para evitar que las cosas se desborden, como para poner fin al conflicto, aunque fuese de forma artificial. Pero con un presidente empoderado, a quien la retórica antimexicana ha dado enormes dividendos y con ganas de venganza, la cosa pinta difícil. Desde ya hay que pensar en que podríamos hacer en caso que este escenario se convierta en realidad. (Federico LIng, El Sol de México, Mundo, p. 25)
Las estrategias políticas de una campaña electoral y de un Gobierno en funciones son muy distintas. En campaña es común buscar el apoyo del electorado mediante la visibilización de las diferencias entre los proyectos por elegir —que en su versión menos virtuosa se manifiesta como la creación de un enemigo común por causas ideológicas—, mientras que en una administración las decisiones y acciones de Gobierno se deben implementar en beneficio de la sociedad en general, sin distinciones.
Si bien en países como México, en donde hay una pluralidad de partidos, también es común la construcción de coaliciones y alianzas, en naciones como Estados Unidos, con sólo dos fuerzas políticas que se enfrentan, son de esperarse más escenarios de polarización y posiciones maniqueas.
Esta constante en los ciclos de renovación del poder político en las democracias nos ayuda a entender las recientes declaraciones del expresidente Donald Trump durante un acto de campaña en el que se refirió al Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador en términos que algunas personas interpretaron como poco respetuosos.
La narración pública del exmandatario estadounidense de presuntas amenazas hechas al Gobierno de México para imponer aranceles a la importación de productos nacionales, en caso de no disponer de elementos del Ejército de nuestro país en la frontera norte, contrasta con expresiones amables formuladas durante su mandato, cuando afirmó que el presidente López Obrador era una “persona estupenda”, “un buen hombre” e incluso su amigo.
La estrategia mediática de impulsar un mensaje de rechazo a las personas extranjeras que en 2016 le sirvió al entonces candidato Trump fue repudiada en 2021 tras su periodo de gestión, optando la ciudadanía estadounidense por una política basada en un discurso diametralmente diferente en cuanto a la cuestión migratoria; sin embargo, el expresidente parece insistir en aquel tipo de descalificaciones que pretenden demeritar la patriota gestión del presidente AMLO, que ha defendido la soberanía nacional y la autodeterminación de México como no ocurría desde hace varias décadas.
En este contexto, el presidente Andrés Manuel López Obrador y su homólogo estadounidense Joe Biden sostendrán una reunión virtual el próximo viernes, en la que abordarán distintos temas de la agenda binacional, como migración, control de armas e inversión para el desarrollo regional, antes de la Cumbre de las Américas, que se celebrará del 8 al 10 de junio próximos en Los Ángeles, California.
Ambos mandatarios saben que su mejor estrategia es la vía del diálogo y la construcción de acuerdos, por lo que se espera que ese encuentro se desarrolle en términos respetuosos, como siempre ha sido la relación AMLO-Biden, entre iguales. No obstante, las declaraciones proselitistas del expresidente Trump fueron retomadas por quienes se resisten a la transformación en México, para seguir alimentando su infructífera campaña sucia contra la imagen del jefe del Estado mexicano.
Parafraseando un refrán, hay tiempos para ser martillo y otros para ser clavo. Mientras la oposición se enfoca en un constante golpeteo, el Gobierno de la 4T debe ser firme y mantenerse recto, pese a las malas intenciones de quienes lo quisieran ver derrotado. (Ricardo Monreal Ávila, 24 Horas, p. 6)