Como un fracaso es como se está viendo la política de contención migratoria emprendida por nuestra nación y que se refleja en un aumento constante en la cifra de detenciones de migrantes en distintos puntos de su paso por el territorio de México en su ruta hacia la Unión Americana.
Ahora se teme que la migración a Estados Unidos se incrementará notoriamente con la eliminación del Título 42, decretado al inicio de la pandemia y durante la gestión de Donald Trump para legitimar la expulsión masiva de migrantes argumentando razones sanitarias de emergencia, medida cuyo fin llevaría también a que aumentara el paso de migrantes indocumentados de todas las nacionalidades, pero especialmente latinoamericanas por nuestro territorio, con la consiguiente cauda de problemas derivados de su tránsito hacia la frontera norte mexicana.
Atrás parecen haber quedado los discursos que prometían puertas abiertas en México y los ofrecimientos de trabajo para todo migrante que lo solicitara. La realidad es que el aumento creciente en el número de detenciones, la mayor parte de ellas realizadas con poco o nulo respeto a la dignidad humana, hablan de políticas de contención, pero especialmente de desalentación, que han fracasado en sus propósitos, métodos y objetivos.
También parece que la política migratoria olvidó que se trata de una situación que también viven los mexicanos que intentan entrar ilegalmente a EU en busca de las oportunidades de progreso que en México no se les dan y que programas como Sembrando Vida parecen no estar resolviendo o no funcionando con los resultados que se esperaban con este tipo de iniciativas.
Ahora, para contener la problemática que amenaza con agravarse, será necesario que México redefina sus políticas migratorias, sus protocolos para un trato más apegado al respeto de los derechos humanos y un mayor acercamiento con el gobierno de Estados Unidos para repensar planes de acción conjuntos y de apoyo mutuo en este sentido, ya que ambas naciones resienten en mayor o menor grado el impacto de la migración masiva.
También es necesario un análisis a fondo del problema migratorio y un rediseño, con los países de origen de las migraciones, de políticas destinadas a atender las causas que están motivando los desplazamientos masivos, ya sea por falta de oportunidades laborales o escapando de la violencia en sus lugares de origen. Todavía es posible encontrar una solución. (Editorial, El Universal, Opinión, p. A16)
La independencia de Tejas, en 1836, es un caso muy raro, cuando un grupo de inmigrantes, aceptados por un país soberano, luego se rebelan, declaran la guerra y se independizan. Desde ese momento las relaciones, ahora con Texas y los texanos, se volvieron complicadas. Los inmigrantes que se convirtieron en invasores, no sólo se sienten ahora conquistadores de un territorio al que tienen derecho, sino que también se sienten agredidos y recuerdan una y otra vez a su población lo que pasó durante la guerra: Remember Alamo, para tenerlo siempre presente y marcar distancias.
Por añadidura, Texas es un estado sureño, con todas sus connotaciones racistas hacia los negros, pero también hacia los mexicanos, a los que ponen en la misma categoría, como los carteles que se colocaban en algunos establecimientos: “No negroes, No mexicans, No dogs”. El racismo en contra de los mexicanos viene de atrás (1870), con la aplicación, a nivel estatal, de las leyes racistas, segregacionistas y discriminatorias conocidas como Jim Crow. El racismo implica un desprecio hacia el otro, al considerarlo inferior y esa actitud persiste hasta hoy en día, en parte de la población y en muchos políticos, como el actual gobernador de Texas.
El racismo texano fue denunciado expresamente por el gobierno mexicano durante el Programa Bracero, que excluyó a este estado de las negociaciones, asunto que le afectó muy poco porque sabían que los trabajadores mexicanos llegaban por su cuenta y riesgo. Algo que persiste hasta hoy, como diría el profesor Simón Izcara: “los texanos son adictos a la mano de obra barata”.
Otra evidencia del doble estándar que se solía utilizar en Texas con los mexicanos es la Texas Proviso, de 1952, una disposición legal donde se considera delito trabajar como indocumentado, pero al mismo tiempo se exime al empleador de cualquier culpa al contratar un indocumentado.
La historia de agravios es larga. Por decir algunos, habría que recordar que Texas no aceptó las disposiciones de la Corte Internacional de la Haya sobre el caso Avena, que obliga a la policía a notificar al consulado en caso de que un mexicano sea procesado. De hecho, el estado de Texas ha ejecutado a tres mexicanos, sin cumplir con esta disposición.
Hace poco, un juez texano, obligó al presidente Joe Biden a reinstalar el programa Quédate en México, que se había negociado con Trump, por el cual el gobierno mexicano se compromete a recibir a solicitantes de asilo en Estados Unidos que tienen pendiente sus citas en la corte. Ahora resulta que un juez texano, de cuarta categoría, es capaz de forzar acuerdos internacionales.
Por otra parte, vale la pena recordar dos casos pendientes en los juzgados, de madres mexicanas que han sido acusadas de asesinar a niños.
El caso de Rosa Jiménez encarcelada de por vida, con una sentencia de 90 años, expuesto por Lucía Gajá en el impresionante documental Mi vida dentro, que se puede ver en YouTube y, el más reciente, de Melissa Lucio, acusada de asesinar a su hija de dos años, que espera ser ejecutada y sobre quien también se puede ver el documental The State of Texas vs. Melissa, dirigido por Sabrina Van Tassel.
Ambas películas, además de estrujantes, ponen en evidencia la manera en que la justicia texana se ensaña en el caso de mexicanos, donde, a todas luces, se trató de accidentes o descuidos al cuidar a los niños, pero no de asesinatos.
Y ahora viene el gobernador de Texas, Greg Abbott, a chantajear a México con fines estrictamente de votos, de cara a su relección, algo que hace ya unas décadas (1994) hizo Pete Wilson, gobernador de California, con la Proposición 184, que le sirvió para ganar la relección. Ese fue el comienzo de una serie de compañas antimexicanas con fines de conseguir votos, especialmente en Arizona, California y Texas y que llegaron a su cenit con el caso de Trump y la presidencia de Estados Unidos.
Llama la atención que con 39.3 por ciento de población hispana en Texas, los representantes con apellido hispano sean tan sólo 5 de 33, de los cuales cuatro son demócratas y uno republicano y que, en el Senado, con apellido hispano, sólo figuren seis de 31, todos demócratas. El apellido es un indicador burdo y es posible que falten algunos representantes y senadores hispanos, pero de todos modos es alarmante la situación y la poca presión que pueden ejercer.
También llama la atención que, ante la agresión texana de hace unos días, al imponer revisiones excesivas al transporte de carga, la reacción de algunos gobernadores fronterizos haya sido agacharse y correr a firmar acuerdos.
La relación con Texas hay que tomarla en serio a nivel federal y estatal y tener respuestas inmediatas. En este caso de las revisiones, Ciudad Juárez tiene la opción de evitar el cruce por Texas y desviar el tráfico por Nuevo México; en los otros cruces fronterizos se puede responder con la misma moneda, revisiones técnicas a todos los camiones de carga que lleven productos como destino final al estado de Texas, lo que afectaría directamente su economía y generaría reclamos inmediatos.
Una por otra. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 11)
Luego de encabezar la ceremonia de la batalla del 5 de mayo en la ciudad de Puebla, el Presidente de la República inició por la tarde de ese día, una importante serie de reuniones con sus homólogos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba. Debe tomarse en consideración, que en la recta final de los trabajos preparatorios para la Cumbre de las Américas, a realizarse en la ciudad de Los Ángeles en el mes de junio, la visita del mandatario mexicano, puede ser una buena oportunidad para acercar posiciones para las conversaciones y negociaciones que se celebrarán a convocatoria de Presidente Jospeh Biden, con todos los países del Continente Americano a excepción de Cuba, Nicaragua y Venezuela. El regreso está programado, para el domingo 8.
Por otra parte debe también destacarse, que es la primera salida del país por parte del Presidente López Obrador, que no sea Estados Unidos. Pero más relevante, es que se trate de una serie de reuniones, a los países con los que de forma histórica, geográfica, cultural, comercial, entre otras fuentes de identidad, México ha mantenido una muy estrecha relación. En cualquier manual de Geopolítica, la región que va de Canadá hasta Colombia, es articulada como unidad de análisis, de allí la relevancia de valorar e impulsar las relaciones y vínculos de nuestro país con Centroamérica en su conjunto.
Tan larga como la historia, es la presencia de nuestro país, en los principales y más difíciles problemas de esa región. Recordando por ejemplo, el asilo al “General de hombres libres” César Augusto Sandino (1930) hasta la creación del grupo Contadora (1983) o el reconocimiento de las guerrillas como actor político y beligerante (1979), han evidenciado las capacidades constructivas y propositivas de la política exterior y de las relaciones internacionales de México. Todo indica que de nueva cuenta, existen las condiciones para impulsar una agenda común entre los gobiernos de esos país y el nuestro.
Desde luego que el tema central será la migración, en todos las conversaciones. En efecto, la dinámica política electoral en los Estados Unidos, ha ido propiciando que las posturas neutras y las favorables a la migración ordenada, se están viendo presionadas por los grupos simpatizantes de el cierre total de la frontera sur de su país, para cerrar el paso a cualquiera que intente ingresar a aquél país en condiciones no contempladas por la ley. Es sabido, que la relación bilateral entre México y Estados Unidos, no pasa por su mejor momento, sin embargo, justo por lo anterior, es que deben propiciarse las condiciones de un acercamiento de las posiciones en cuanto a la migración forzada.
En esta ocasión la comitiva presidencia, estará integrada por los titulares de las Secretarías de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; de Defensa Nacional, General Luis Cresencio Sandoval González y de Marina Armada de México, Rafael Ojeda Durán. También acompañan a Presidente López Obrador, integrantes de su equipo de trabajo. Esperemos que haya mucho éxito. (Javier Oliva, El Sol de México, Análisis, p. 17)
Resultados diplomáticos
Además de organizar la gira del presidente López Obrador por Centroamérica y Cuba, la Cancillería, de Marcelo Ebrard, da buenos resultados en otras latitudes. Por ejemplo, la ONU aprobó la iniciativa de México y Noruega para respaldar a António Guterres como mediador en el conflicto en Ucrania. El mérito fue del embajador Juan Ramón de la Fuente. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)