Empatía con migrantes
Una de cal por las que van de arena. Luego de las varias escenas de abuso de la fuerza por parte de agentes migratorios mexicanos contra indocumentados, ayer el que mostró un poco de empatía hacia las víctimas fue Francisco Garduño, comisionado del Instituto Nacional de Migración. Se reunió con integrantes de la caravana de madres de migrantes desaparecidos. “Escuché el dolor de familiares de las y los migrantes mesoamericanos que buscan a sus desaparecidos, cargando su mochila de recuerdos y esperanzas”. El funcionario anunció que habrá colaboración estrecha con el Movimiento Migrante Mesoamericano, a quien le ofreció diálogo permanente. (El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 29)
Que el gobernador de Texas, Greg Abbott, y el Congreso local desviaron más de mil millones de dólares de apoyos federales destinados a enfrentar el covid-19 para financiar la operación Estrella Solitaria, que no es otra cosa que la persecución de migrantes en la frontera, de acuerdo con el Texas Tribune, que aclara que si bien esas transacciones son “aparentemente legales”, el recurso debió usarse para pagar a trabajadores de la primera línea, comprar suministros y enfrentar otras necesidades surgidas en la pandemia. La vocera del vaquero responsabilizó, por supuesto, a Joe Biden. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Dime de qué presumes…
Quien dejó más de una ceja levantada en Chiapas, nos comentan, fue la alcaldesa de Tapachula, Rosa Irene Urbina Castañeda (Morena), pues se apunta para estar en foros internacionales —como en la asamblea de ONU-Hábitat, en Nueva York, o en la más reciente gira del presidente Andrés Manuel López Obrador en Centroamérica— hablando de migración, cuando en su localidad uno de los principales reclamos es que el gobierno municipal “no asoma ni la nariz” para atender el problema, y como “botón de muestra”, nos dicen, está la salida ayer de una nueva caravana migrante que fue disuelta, mientras la queja común de los centroamericanos eran las malas condiciones que padecen en Tapachula. (El Universal, Estados, p. 14)
Por cierto, el presidente de México dijo que quizás no vaya a Los Ángeles para la Cumbre de las Américas si Estados Unidos no invita a Cuba, Nicaragua y Venezuela. ¿Qué planea hacer el presidente Biden?, le preguntaron a la todavía vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki.
“Bueno, las invitaciones aún no han sido emitidas. La cumbre no es hasta principios de junio, el 10 de junio, del 6 al 10, debería decir. Sabemos que la cumbre es una valiosa oportunidad para centrarse en algunos de los temas compartidos más importantes, como la lucha constante por la libertad y la democracia para todos los países; nuestros objetivos climáticos compartidos; una respuesta al Covid-19 más fuerte y colaborativa; y abordar las causas profundas de la migración, como perseguir el crimen organizado y la inestabilidad económica”, respondió formalmente el gobierno de Estados Unidos, mientras que el embajador en México, Ken Salazar, corrió de inmediato a Palacio Nacional y salió sin querer emitir palabra al respecto, con un rostro de molestia evidente. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
El presidente Andrés Manuel López Obrador realizó visitas de Estado a cinco naciones de Centroamérica: Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba.
Con los mandatarios de todas las naciones realizó una apretada agenda de trabajo impulsada por el canciller Marcelo Ebrard Casaubon, entre otros temas: acuerdos en materia sanitaria, de comercio, inversión, innovación y sustentabilidad, y programas sociales de bienestar social como el de Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, con el objeto de generar oportunidades de desarrollo económico y social a familias de comunidades que son altamente vulnerables.
Lo anterior, con la participación del vecino país del norte, pues hace cuatro años, Estados Unidos de Norteamérica se comprometió a invertir 4 mil millones de dólares para el desarrollo de la región centro del continente americano, lo anterior con el propósito, entre otros, de arraigar a la gente en sus lugares de origen e inhibir los flujos migratorios de la gente hacia su país y que necesariamente cruzan por nuestra geografía con los riesgos que esto implica al poner en riesgo su seguridad y su vida, pues las penurias del medio ambiente y las acechanzas de la delincuencia organizada son inevitables; por increíble que parezca, Estados Unidos no ha enviado los recursos económicos acordados, pero eso sí, a Ucrania para ayudarla en la guerra que sostiene con Rusia le ha enviado 30 mil millones de dólares en armamento y equipo pesado de guerra.
Y cómo no, al realizar otro de los negocios fabulosos a los que está acostumbrado con el impulso de la industria de la guerra, insumos energéticos de su reserva petrolera que por millones de barriles está enviando, así como grandes barcos repletos de gas licuado; sin duda, Ucrania quedará endeudada de por vida y ojalá no la dividan geográficamente las dos grandes potencias que así históricamente acostumbran hacerlo Rusia y Estados Unidos.
Por ello, voltear a Centroamérica es importante, pues pareciera que la inversión realizada no es redituable, debemos recordar que invertir en la gente para que logren ingresos sustentables es la mejor fórmula de convivencia social y de humanismo.
Los programas de beneficio social que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha impulsado en nuestro país son poco comprendidos por las clases medias altas y sus antagonistas conservadores, así, la atención a las personas adultas mayores, discapacitados, niñas y niños, hijos de madres trabajadoras y ellas mismas; becas Benito Juárez para los estudiantes que se inician y para los de nivel medio superior, Jóvenes Escribiendo el Futuro, tandas para el Bienestar que apoya a micronegocios, Crédito Ganadero a la Palabra y los ya mencionados, Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, todos para ayudar a evitar la cooptación de los jóvenes por parte de las bandas delictivas que los recluta como halcones, vendedores de droga, cobradores de derecho de piso, sicarios y demás figuras escalafonarias del crimen organizado.
De ahí que el canciller Ebrard, usando los instrumentos de la diplomacia como el multilateralismo, haya pactado con la Comisión Económica para América Latina (Cepal), la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) el impulso y promoción de todos estos programas en América Latina; recientemente el canciller Ebrard celebró una reunión bilateral con Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, para seguir impulsando la colaboración entre ambos países, con una agenda compartida en la construcción de un mejor futuro y con ello fortalecer la presencia en la Cumbre de las Américas, próxima a realizarse en la Ciudad de Los Ángeles, para mejorar las oportunidades de todas las personas que habitamos el continente. Debemos apoyar este tipo de iniciativas. ¿O no, estimado lector? (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Editorial, p. 11)
Con los países hermanos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice nos unen fuertes lazos culturales desde que, por miles de años, conformamos una sola región. Mesoamérica fue un archipiélago de naciones con lenguas distintas, en un universo con civilizaciones de rasgos comunes, que desarrollaron un elevado conocimiento científico y exquisitas creaciones artísticas. La arquitectura, la escultura, la astronomía, el urbanismo y las artes plásticas que cultivaron hoy nos siguen deslumbrando.
Con Cuba y el Caribe también compartimos orígenes, mestizaje e idioma; pero igualmente carencias, falta de oportunidades, inclemencias naturales, atentados a los derechos humanos, inseguridad y violencia y, por ello, también tenemos los mismos anhelos de justicia y prosperidad para nuestros pueblos.
Por estas razones, la visita que el presidente López Obrador realizó el pasado fin de semana a Centroamérica y Cuba es un acierto diplomático, un poco tardío y fugaz, pero necesario para equilibrar los intereses en materia de política exterior y cooperación internacional de nuestro país.
Voltear al sur se hacía urgente, sin embargo, el diseño de la gira declinó incorporar una visión de largo plazo y apostó por la coyuntura para dejar constancia del interés y solidaridad de México con hermanos —particularmente los pueblos indígenas— que, ciertamente, padecen carencias fundamentales, pero también por el papel que desempeña nuestro país de barrera para la inmigración indocumentada hacia Estados Unidos. Hace pocos días supimos que, según datos oficiales, las detenciones de migrantes se dispararon, pues en el primer trimestre crecieron 89% respecto del mismo periodo de 2021, al pasar de 41 mil a 77 mil aprehensiones.
No han faltado críticas sobre si en la visita el Presidente fue candil de la calle y oscuridad de su casa o hizo caravanas con el sombrero ajeno del erario nacional. La realidad es que los apoyos anunciados son modestos y no comprometen las finanzas nacionales, como modestos serán sus alcances y resultados, particularmente para el objetivo que han sido planteados: frenar el creciente flujo migratorio. Cuando un pobre comparte lo poco que tiene es más meritorio que cuando un rico y poderoso dona en mayor cantidad. Por ello, exportar programas asistenciales como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro es un gesto solidario, pero de efectividad limitada.
Más allá de formalismos diplomáticos, expresiones de buenos deseos y retórica, lo que urge —como lo hemos dicho en este espacio— son inversiones productivas que generen empleos y arraiguen a las personas en sus comunidades y países, tanto en Centroamérica como en los estados del sur de México, donde ya existe una cartera de proyectos, pero que carecen del financiamiento que sólo los 4 mil millones de dólares ofrecidos por Estados Unidos harán realidad.
Causa frustración la demora, por lo que urge actuar mientras quitan trabas a los fondos estadunidenses, pero si el eje de la política mexicana para atender las causas de la inmigración son los programas asistenciales, difícilmente se logrará.
Para promover el desarrollo y mitigar las raíces del fenómeno migratorio es urgente que Washington apruebe con sentido de apremio los tan ansiados fondos.
Es previsible que el éxodo desde Centroamérica se incremente por la desaparición, dentro de dos semanas, del llamado Título 42 de la Ley de Seguridad Pública de Estados Unidos, lo que hace más urgente que se tomen medidas de fondo, lo que parece difícil cuando la actual administración superó la mitad de su periodo.
¿La frontera de México con Centroamérica se recorrerá al Istmo de Tehuantepec? Afortunadamente, hemos recibido la buena noticia de que el gobierno federal prepara, con más de una veintena de empresas nacionales, de Estados Unidos y de Canadá, un portafolio de inversiones millonarias para el Istmo. Como atractivo se les ofrecieron beneficios fiscales y facilidades en trámites y servicios. Pero como Roma no se construyó en un día, el subsecretario de Hacienda dijo que el gobierno está diseñando un plan de incentivos: “lo estamos estudiando”.
Por su lado, el embajador de Estados Unidos, Ken Salazar, declaró que su país tiene la mirada en el sureste para invertir, particularmente en el Corredor Interoceánico. Al optimismo del embajador, nuestro país debe responder con acciones para mejorar el clima de certeza que requieren las inversiones nacionales y extranjeras.
Mientras los proyectos, empleos y sueños se hacen realidad, los mexicanos en Estados Unidos vuelven a darnos otra lección de solidaridad: las remesas hacia México aumentaron 18% en el primer trimestre del año. El Banco de México reportó que el envío de recursos alcanzó 12 mil 521 millones de dólares entre enero y marzo pasado, por encima de los 10 mil 615 millones de dólares de 2021.
La lealtad de nuestros paisanos en el extranjero es ejemplar y representa gran beneficio para sus familias y también un gran aliento para la economía nacional. (Juan Carlos Gómez Aranda, Excélsior, Nacional, p. 11)
Ya salió AMLO con su bravuconada. No irá a la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Los Ángeles en junio próximo, si Estados Unidos excluye a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
“No quiero que continúe la misma política en América y quiero, en los hechos, hacer valer la independencia, la soberanía y manifestarme por la fraternidad universal… “Nadie tiene el derecho excluir a nadie”, sentenció en la mañanera de ayer.
Lo más probable es que el presidente Biden no admita presiones e insista en no invitar a la cumbre a estos tres países que viven bajo regímenes autoritarios, por no decir dictatoriales. En ese caso, el canciller Marcelo Ebrard irá a Los Ángeles en representación de México, adelantó el Presidente.
No sabemos si fue una postura premeditada o si respondió a un impulso momentáneo. Revisamos la versión estenográfica de la mañanera. Encontramos dos posturas distintas.
La primera vez que le preguntaron si dejaría de asistir en caso de que Estados Unidos excluyera a países como Cuba, respondió: “No, vamos todavía a definir cuál va a ser nuestra postura, pero sí estamos convenciendo, persuadiendo, de que debemos unirnos todos. En cumbres pasadas se ha invitado a todos, no tiene ahora por qué ser distinto.” Nada qué ver con lo que dijo después.
Antes del anuncio de López Obrador hablamos con el excanciller Jorge Castañeda sobre la gira del Presidente por Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y, sobre todo, Cuba.
“Lo que hay que tomar en cuenta en todo este rollo de los médicos cubanos, las vacunas, la condecoración, el bloqueo, pedir a Biden que lo invite a la Cumbre de las Américas, todo eso, en el fondo, es para compensar.
“Hace tres años le tuvo que decir que no a Díaz-Canel cuando le pidió petróleo y dinero desde la primera vez que vino en el 2019. No se lo puede dar. Se mete en un problema con Estados Unidos.
“No es el caso de El Salvador, donde AMLO anunció una ampliación de 30 millones de dólares (alrededor de 600 millones de pesos) para los programas sociales; ni de Guatemala, Honduras o Belice.
“Allí los gringos no la hacen de pedo. Además, a nadie le consta que (AMLO) haya metido ese dinero antes ni que lo vaya a meter ahora. Es sólo un anuncio.
“El gran problema ahorita es que Biden quiere mandarle a López Obrador todos los cubanos (que llegan a su territorio) y el Presidente mexicano no sabe qué hacer con ellos.
“Los cubanos que se van a Nicaragua y de Nicaragua a México y de México a Estados Unidos salen de la isla con el beneplácito del gobierno cubano. Son balseros y marielitos. Son como 60 mil en dos meses”. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
El Presidente se había resistido a hacer clara su postura hasta ayer en los últimos momentos de la mañanera. Si no están invitados todos los países, él no asistirá y enviará al canciller.
Por supuesto que cuando dice todos los países piensa principalmente en Cuba, pero ahora ha incluido a otros dos que son más que problemáticos para el anfitrión: Nicaragua y Venezuela.
Queda claro que el Presidente lo hace porque para él toda política exterior es interior. Es decir, él sabe que esos gestos refuerzan su conexión con su base de votantes y estamos en tiempos en que todo lo que hace el presidente López Obrador tiene que ver con eso… con el voto morenista y el apoyo a la 4T.
Y hasta un regalito les da a sus candidatos para las elecciones de este año y a los aspirantes a la candidatura presidencial, es decir, las corcholatas.
Con un poco de suerte, lo dudo, pero igual el gobierno de Biden decide invitar a todos y hasta se lo apropia el Presidente, pero insisto, dudo que así pase.
También, como ha sucedido, igual y los que no quieren ir son los presidentes de esos tres países.
Ahora, las cumbres son las cumbres y, seamos honestos, tampoco es que ahí se arregle el mundo ni mucho menos. Y está claro que no estaría mal que estuvieran todos y se vieran las caras —Obama lo hizo—, aunque ninguna cumbre arreglará años, décadas de agravios. El verdadero posible costo para el gobierno de López Obrador estará por otros lados.
El mismo Presidente ha mencionado la negativa o al menos omisión de Washington con el compromiso para impulsar el crecimiento en Centroamérica, o las presiones para seguir actuando como muro migratorio en la frontera sur, o la intención de ampliar el trabajo temporal para mexicanos en Estados Unidos, ya no digamos una nueva iniciativa para regularizar a los paisanos —temas de los que habló ayer el mandatario—.
Esto por no mencionar lo que está sucediendo en la lucha contra el crimen organizado y el transporte de drogas hacia Estados Unidos.
La mejor diplomacia se hace en privado. Si AMLO en verdad quisiera ver a Díaz-Canel en la cumbre el camino era ese.
Hacerlo público en el mayor foro público del Presidente solo hará que los muchos que no quieren ayudar en ninguno de los asuntos arriba planteados, más en año electoral, encuentren una razón para decir no.
Algunos cubanos y los más duros morenistas aplaudirán. Millones de mexicanos… no tanto. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
El Presidente debiera tener claro lo que puede provocar su ausencia en la Cumbre de las Américas en Los Ángeles. Debe medir lo que puede detonar en la relación con nuestro principal socio económico y con nuestra gran frontera.
Hay varios asuntos a resolver bajo este supuesto. Habrá que ver si los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua estarían dispuestos a participar y si el gobierno de Biden está interesado en ello, lo primero está en veremos, en tanto que lo segundo lo vemos realmente difícil.
EU, Cuba, Venezuela y Nicaragua se la han pasado en medio de confrontaciones y críticas, muchas fundadas, en medio de una interminable guerra verbal.
Son historias, particularmente con Cuba, en que en EU se ha manifestado una sistemática crítica, que ha terminado por afectar a todos y de manera señalada a la isla.
Lo que es un hecho es que en Cuba, Venezuela y Nicaragua se vive bajo regímenes en que los cuestionamientos a la violación de los derechos humanos, las libertades, la libertad de expresión y la democracia son sistemáticos. Muchos testimonios de ciudadanos, de organismos internacionales y fundadas investigaciones periodísticas lo confirman.
Con razón se puede argumentar que otras naciones presentan circunstancias equiparables. Nuestro país puede ser ejemplo de problemas crecientes que ya llaman la atención de la comunidad internacional.
La violencia y asesinatos de periodistas, los desplazados, los feminicidios, las fosas clandestinas, la violencia de los cárteles de la droga, la impunidad en el sistema de justicia, por mencionar los dolorosos entornos en que estamos, han sido motivo de señalamientos, los cuales no se pueden soslayar bajo la dinámica que se vive en el continente.
Lo que hace diferentes las cosas son las formas políticas que prevalecen en cada uno de los países. Por más problemas que tengamos vivimos bajo un régimen de libertades y una organización democrática en que somos los ciudadanos quienes determinamos el rumbo-país; la legitimidad de López Obrador no merece discusión, así como la crítica ciudadana a su gobierno como parte del proceso, a pesar de que andamos con problemas cuando se piensa diferente.
Biden tiene poca capacidad de maniobra en este momento. Estos años ha enfrentado una oposición creciente bajo la sombra de Donald Trump y todo lo que el personaje conlleva. Tiene muchos frentes destacándose el proceso electoral.
El riesgo que podría correr al atender la provocadora propuesta de López Obrador tendría consecuencias en las próximas elecciones. Como están las cosas no le queda de otra que moverse con cautela más allá de lo que quisiera hacer, además no pareciera que existan condiciones internas para la convocatoria.
Lo que no puede dejar de contemplar López Obrador es que su amague o amenaza le va a traer secuelas. En el último año su gobierno se ha distanciado de EU de asuntos fundamentales. Por más que Biden “sea respetuoso de la relación” no se puede perder de vista que la narrativa del gobierno mexicano ha causado molestia en EU.
López Obrador debe saber lo que puede significar una Cumbre de las Américas sin él para EU y para México. Somos una presencia estratégica para América Latina, en particular para Centroamérica y más después de la reciente gira.
Como están las cosas lo mejor sería que en caso de que no asistieran los países referidos como todo parece indicar que López Obrador diera una batalla para el futuro en lugar de amagar o amenazar.
Marcelo Ebrard tendrá que hacer maletas para ser testigo de cómo México va a jugar un papel secundario en una reunión en que EU por fin voltea hacia América toda.
RESQUICIOS
AMLO: todos o no voy // Apuesta en la Cumbre // Roemer: videos en fuga // Bancos, grandísimos ganadores
Es una apuesta alta la que hace el Presidente de México al adelantar que no asistirá personalmente a Los Ángeles, a la Novena Cumbre de las Américas, si no son invitados todos los países del continente.
Esa postura fortalece en primer saldo la figura de López Obrador como un político dispuesto a desalinearse de programas confeccionados en Washington, así sea a riesgo de debilitar o afectar intereses de su propio país.
No son meritorios, a juicio de los poderes estadunidenses, los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que no están en la lista de convidados de Joe Biden, y la defensa mexicana de la unidad continental en abstracto, que en lo concreto se refiere a esos tres países, puede generar reticencias o preocupación en la élite imperial.
Sin embargo, es posible que al gobierno de Biden le convenga contar con un interlocutor confiable en cuanto a la relación con gobiernos centroamericanos, sudamericanos y del Caribe, específicamente el cubano, a fin de procesar temas delicados y multifactoriales como la migración y el crimen organizado, la evolución crítica de la situación cubana y la multiplicación de liderazgos progresistas en Sudamérica.
Se corre el riesgo, desde luego, de que un presidente débil y manejable, como parece ser Biden, ceda a intrigas o presiones que busquen castigar la osadía. En todo caso, hay tiempo para negociaciones. Proveniente de Cuba como último destino de su gira internacional, el presidente López Obrador parece lanzar un reto que también puede ser leído en la Casa Blanca y el Pentágono como oportunidad de interlocución. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 10)
“Es un honor estar con Obrador”, dijo la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, al recibir al presidente de México. Esa frase marcó el tono de una gira exitosa en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador refrendó por Centroamérica y Cuba la ruta de la solidaridad y el desarrollo compartido, además de reforzar el liderazgo regional de nuestro país y dejar claro que sólo con el diálogo respetuoso y la cooperación multilateral podemos construir soluciones de fondo para nuestros problemas comunes.
En días recientes, el presidente de México fue recibido por sus pares de Guatemala, Honduras, El Salvador, Belice y Cuba.
Las primeras tres naciones tienen altos índices de migración y miles de sus ciudadanos atraviesan nuestro país en su afán de llegar a Estados Unidos (cada vez un mayor número de ellos buscan refugio aquí, lo que nos ha convertido también en destino migratorio).
La diáspora se expresa en cifras como las que ofrecen las autoridades migratorias estadounidenses: entre septiembre de 2020 y octubre de 2021, poco más de 700 mil ciudadanos de esos tres países fueron detenidos en su intento de alcanzar el llamado “sueño americano”.
El presidente López Obrador insistió que sólo puede atenderse cabalmente el fenómeno migratorio si se va a las raíces, a los problemas estructurales que obligan a las personas a dejar sus países y lanzarse a un viaje que suele estar lleno de peligros.
Así, recordó el apoyo a naciones hermanas donde funcionan ya los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro. Con ellos se beneficia, por ejemplo, a 10 mil jóvenes y 10 mil productores en El Salvador.
Un acuerdo destacable fue el que da paso a la incorporación de 30 mil trabajadores agrícolas guatemaltecos al Seguro Social. Se trata de jornaleros que laboran en fincas de plátano y café en el estado de Chiapas, de personas que contribuyen con su esfuerzo al desarrollo de la región, y que tienen derechos a beneficios elementales como la atención médica.
Algunos opositores criticaron esta medida con manidos argumentos chauvinistas que sólo exhiben el racismo y el clasismo de quienes los emiten.
La relación con la República de Cuba tiene un lugar especial en nuestra historia y la geopolítica regional. Con Cuba nos unen fuertes lazos históricos y culturales, además de la solidaridad permanente –con la excepción vergonzosa de los sexenios del Partido Acción Nacional–, que México ha expresado en todos los foros internacionales para rechazar el bloqueo criminal contra una pequeña nación que defiende su libre determinación.
Con Cuba se firmó un acuerdo de colaboración en el que destaca la formación de médicos especialistas en la isla, la adquisición de la vacuna contra el Covid y la contratación de médicos cubanos para trabajar en áreas marginadas.
La gira del presidente López Obrador delinea la recuperación del liderazgo regional de México y da continuidad a los esfuerzos que se han desplegado durante su gobierno, como los emprendidos en el marco de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).
El año pasado, el presidente López Obrador planteó dar un giro a la relación del poderoso vecino del norte, a partir de persuadir a los gobernantes estadounidenses de la necesidad de construir un nuevo tipo de relación entre los países de América, una relación de respeto y colaboración que deje atrás el sometimiento y el trato de “patio trasero” que se ha ejercido durante largo tiempo.
Mirar al sur implica desarrollar lazos de solidaridad y cooperación con países a los que nos une la historia. La integración económica y la colaboración frente a los retos comunes no tiene por qué estar reñida con el respeto a la soberanía de cada nación.
En ese contexto y en un acto de congruencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha anunciado que, si no son invitados todos los países de la región, a la novena Cumbre de las Américas, a celebrarse en junio en Los Ángeles, California, sólo asistirá una representación del gobierno de México. (Dolores Padierna, El Financiero, Opinión, p. 25)
El anuncio del presidente López Obrador de cancelar su asistencia a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles si no invitan a Díaz-Canel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, es una medida típicamente populista: le va a beneficiar a él, pero va a dañar a México.
La postura “antiyanqui” va a traerle puntos de popularidad al Presidente, la cual se empeña en acumular para los fines personales o de grupo que tenga en mente.
Al país que gobierna le creará problemas, porque esa decisión le puso a México la etiqueta de socio no confiable.
Lo que para algunos congresistas e integrantes del Poder Ejecutivo en Estados Unidos eran indicios preocupantes, ahora para todos en la Unión Americana ha quedado claro que al sur de la frontera no hay un gobierno amigo.
Es extorsión política: Estados Unidos está involucrado en un peligroso conflicto con Rusia, que demanda toda su atención y necesita el respaldo internacional de sus aliados, y resulta que el gobierno de México, en lugar de darle la mano, se la muerde.
Despreciar la invitación de Biden en caso de que no invite a los dictadores caribeños, es ponerse del lado de las dictaduras.
Con ello el gobierno mexicano, no nos engañemos, le está haciendo un favor a Vladimir Putin, al debilitar a Biden en la zona de influencia de Estados Unidos.
Ayer había señales de que países del Caricom se sumarían a la decisión de desairar la cumbre, mientras el presidente López Obrador hacía gestiones para que su homólogo ecuatoriano tampoco asistiera.
México, a la cabeza de una extorsión contra su principal socio, cuando éste vive tiempos de guerra (en los hechos, así es), no necesita comentarios.
La semana pasada el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos dio a conocer cifras interesantes sobre flujos migratorios en el sur:
Este año, Cuba es el segundo país de origen con mayor número de migrantes ilegales detenidos en la frontera, y el tercero es Nicaragua. El primero resulta ser México.
Ahí está el retrato de la conducción económica en esos tres países: expulsan a sus nacionales. Necesitan atraer inversión y la ahuyentan.
El desplante “antigringo” le va a funcionar a López Obrador, porque entusiasma a su clientela electoral, como gustaban los de Echeverría y López Portillo.
Para México es malo porque, en lugar de dar confianza, llena de dudas a quienes pueden traer inversiones para mejorar la economía del país y evitar que gente valiosa se vaya (sugiero leer la columna de Enrique Quintana de anteayer lunes, El desastre de la inversión: https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/enrique-quintana/2022/05/09/el-desastre-de-la-inversion/).
México vive de la vecindad con Estados Unidos. Hasta hace poco era, decorosamente, por comercio. Ahora lo que destacan son las remesas.
Llegan al país 50 mil millones de dólares anuales enviados por mexicanos que trabajan en la Unión Americana, en fábricas, servicios y zonas agrícolas.
Irse de bracero no es cosa fácil. Se deja a la familia, se arriesga la vida, se expone al trato a veces denigrante, a la intranquilidad de ser detenido y deportado con lo puesto, se duerme hacinado en bodegas clandestinas, se despierta con miedo.
Y el gobierno le pone trabas a la inversión, que evita ese sufrimiento, crea riqueza y genera desarrollo.
Se alía con Cuba, Nicaragua y Venezuela para pelearse con Estados Unidos en un asunto menor: no es un tema vital, como la soberanía o los derechos humanos.
Se le hace el juego a Trump, para que despliegue sus banderas antimexicanas.
Ante él, López Obrador se dobla de inmediato, dijo Trump sin ser desmentido.
También se le hace el juego a Rusia, mientras en Estados Unidos hay 12 millones de mexicanos, de los cuales seis millones son ilegales.
La extorsión es directa a Biden, un presidente débil en lo interno, que no tiene intenciones de enemistarse con México y lo necesita como aliado.
Le sirve al presidente López Obrador para desviar la atención de los crímenes de periodistas en México, la peor cifra de que se tenga registro.
Le es útil para dejar en segundo plano los asesinatos de mujeres, que aumentan a niveles de tragedia nacional.
A él y a su candidata el pleito les cae como anillo al dedo para no hablar del crimen en la Línea 12, por falta de mantenimiento.
Desgasta a Marcelo Ebrard en Estados Unidos.
Con la decisión de ayer, el presidente López Obrador antepuso su beneficio personal y de su grupo (popularidad, para usarse en quién sabe qué), al interés de la nación que gobierna. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)
Partamos de que no es el mejor momento para la Cumbre de las Américas. La región está encabezada en muchos países por líderes populistas, dictadores o aspirantes a serlo.
Desde los 3 países que no han sido convocados: Cuba, Nicaragua y Venezuela; hasta El Salvador de Nayib Bukele; Bolivia, con Luis Arce; Brasil con el suicida del medio ambiente, Jair Bolsonaro; Pedro Castillo en Perú; Iván Duque en Colombia; Alberto Fernández en Argentina y finalmente Andrés Manuel López Obrador.
Esto ocurre con un Estados Unidos que enfrenta enormes problemas más allá de las Américas por la amenaza de la Rusia de Putin y claro, el enorme desafío de la China de Xi Jinping.
El pasado 3 de mayo, el subsecretario para América Latina y el Caribe, Brian Nichols, publicó un mensaje en el que dejó saber que ni Cuba, ni Nicaragua ni Venezuela estarían invitados a la Cumbre de las Américas.
Biden, como presidente del país anfitrión de esta Cumbre, tiene todo el derecho de decir quién está y quién no, invitado. Puede pensar que invitar a alguien como Daniel Ortega, que apenas en abril expulsó a la Organización de Estados Americanos de su país y expropió su sede en Managua fue la gota que derramó el vaso y que convocarlo a la reunión era simplemente seguir haciéndole el caldo gordo a un presidente que ganó las más recientes elecciones después de haber encarcelado a cualquier candidato de oposición.
En el caso de Cuba y su dirigente, Miguel Díaz-Canel, la simple presencia en suelo estadounidense del dictador cubano sería razón suficiente para complicarle aún más a los demócratas y a Biden las elecciones intermedias entre la población cubanoamericana. Pero además, está la represión a los manifestantes del 11 de julio de 2021 que llevó a condenas de entre 6 y 30 años de prisión para 127 de quienes salieron a las calles cantando por la libertad, en un ejercicio inusual de protesta contra el gobierno.
Y ¿cómo invitar a Nicolás Maduro si Estados Unidos, junto con otros 50 gobiernos del mundo, reconocen a Juan Guaidó como el presidente de Venezuela desde el 2019?
La pregunta no es si debe Biden de invitar a Díaz-Canel; a Ortega o a Maduro. Son tantos los liderazgos cuestionables en este momento en la región, que el presidente de Estados Unidos tendrá que plantear cómo es que la Cumbre de las Américas puede ser relevante para tratar, discutir y avanzar la democracia con todos. Y de paso, sumarle temas tan trascendentales como el cuidado del medio ambiente y la migración.
Y en ese sentido, lo ideal habría sido tener en la frontera sur un vecino solidario que sumara para este reto y no que decidiera amenazar con no atender la Cumbre a menos de que se haga lo que él quiere.
Un vecino que viene de darse abrazos con Díaz-Canel en Cuba desde donde López Obrador pidió el fin del embargo y la creación de una asociación similar a la Unión Europea que sustituya a la OEA por una “realmente preocupada por la democracia y los derechos humanos”. Eso dijo, desde la cuna de la isla que lleva décadas violando los derechos humanos y sin una sola elección democrática desde la llegada de Fidel al poder en 1959.
No veo a miles de mexicanos queriendo migrar ni a Cuba, ni a Venezuela ni a Nicaragua y por el contrario, son tantos los que han decidido hacerlo hacia Estados Unidos, que las remesas no han dejado de crecer y que ya representa el 4.1 por ciento del PIB de México. En el primer trimestre del 2022 han crecido un 18 por ciento, algo que el presidente López Obrador agradece constantemente en sus mañaneras a los paisanos.
¿Es buena idea regatearle apoyos y aguarle la fiesta a Estados Unidos y a Biden en estos momentos? ¿A cambio de qué vale la pena alinearse mejor con Ortega, Maduro y Díaz-Canel? (Ana Paula Ordorica, El Universal, Nación, p. 8)
Ahora sí se tiene que poner las pilas el general retirado Isidoro Pastor, administrador del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), para que haya condiciones en el funcionamiento de la base aérea de Santa Lucía. El paquete es muy grande y es momento de que todos asuman sus responsabilidades para solucionar el caos aeroportuario que adelantamos en este espacio desde la semana pasada.
La tarde-noche del 6 de mayo, cuando la Ciudad de México fue azotada por tormentas eléctricas, la Torre de Control del Benito Juárez se vio impedida a recibir llegadas nacionales e internacionales y tuvo que buscar alternativas como Querétaro, Acapulco y Guadalajara para recibir los vuelos: el AIFA no fue considerado por varias razones.
Además de la nula conectividad terrestre para ingresar o salir de ese aeropuerto, las aeronaves no pueden cargar combustible en la noche en Santa Lucía, tampoco hay personal de Fuerzas Armadas en el aeropuerto, ni agentes migratorios, ni administrativos. Tampoco existen servicios comerciales, ni cajeros automáticos, ni nada porque aunque ya se concedió la licitación de Internet aún no está funcionando. Tuvieron tres años para hacer el trabajo administrativo de forma paralela a la obra precisamente para que no ocurriera el peor desastre de los últimos 40 años.
No es un tema nada más de las aerolíneas (es verdad que son caóticas y a veces ingobernables), pero no basta con jalarles las orejas a los dueños de las mismas y obligarlos sí o sí a que se muden al AIFA: el gobierno está obligado a darles todas las condiciones y seguridad no sólo a las compañías de aviación, sobre todo a los viajeros y sus familias.
No nos lamentemos al rato de la inseguridad, pues el Estado de México, lo vemos todos los días, es una de las entidades más inseguras del país en delitos de diferentes modalidades. Sin pretender alarmar, pero quienes salen a trabajar, estudiar o de entretenimiento padecen homicidios, feminicidios, asaltos o violaciones. No es un tema de dar manotazos solo a unos cuantos por la falta de sinergia que se necesita para sacar adelante el proyecto del presidente López Obrador, quien ha tenido que meterse directo a arreglar la solución de los problemas.
Sucede que en medio de la crisis aeroportuaria, Pastor junto con Carlos Alfonso Morán, ingeniero y administrador del aeropuerto capitalino, no han sido si quiera mencionados por lo que no han hecho bien, al igual que el militar Carlos Antonio Rodríguez Munguía, titular de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC). Rodríguez y Morán debieron ser los primeros en dar la cara de lo que sucedió en los últimos días en el Benito Juárez, por las funciones que les toca ejecutar. Las Fuerzas Armadas tienen en gran medida el control de la aviación y están quedando a deber a la Presidencia de la República que confío creyendo que era la solución, pero parece estar siendo contraproducente. Algo tienen qué hacer y pronto, pues agosto está encima y es cuando deben empezar los más de 100 vuelos que se irán de la Ciudad de México a Santa Lucía.
UPPERCUT: López Obrador no sale de los problemas que le causan sus subalternos cuando le brinca otro: en Palacio ya esperan el agarrón entre Sheinbaum y Ebrard en que se va a convertir las revelaciones del tercer informe del peritaje sobre la Línea 12 mandado a hacer por la jefa de Gobierno, quien finalmente decidió abrirlo luego de salir muy mal librada. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México, País, p. 9)
“No nos conocen”, me dijo David Hayes Bautista, el reputado académico de la Universidad de California que se ha esforzado por poner sobre la mesa el estudio de la comunidad latina en Estados Unidos.
Y tiene razón. Los hispanos o latinos estadounidenses son una nación por sí mismos, o un grupo social en desarrollo, dicho quizá más correctamente.
Pero son 60 millones de personas, lo que constituye la segunda mayor población de origen hispano en el mundo, después sólo de México. Y no sólo son migrantes o sus hijos. Propiamente, comienza a haber una mayoría que al igual que otros estadounidenses puede definirse como descendientes de migrantes, al margen del origen primario del grupo al que pertenezcan.
De hecho, hay entre ellos lo mismo personas que trazan su origen a los tiempos de la Nueva España, que quienes recién han obtenido su ciudadanía. Pero al mismo tiempo, el crecimiento demográfico de los latinos ha sido notable en los últimos 50 años, tanto que el incremento de la población hispana se debe ahora principalmente a los nacimientos, no a la llegada de nuevos migrantes.
De 2000 a la fecha, se estima que anualmente nacen un millón de latinos-estadounidenses y, según Hayes Bautista, son ya tanto como 25% de los jóvenes estadounidenses.
De acuerdo con un reporte de la Universidad de California, “la influencia de los latinos se manifiesta en la cultura estadounidense desde el idioma, la gastronomía, el arte, la música y los deportes, entre muchos otros aspectos de la vida. Si bien esta influencia empieza a ser reconocida en EU, en México son inexistentes los programas públicos o privados que busquen comprender la identidad y cultura de los latinos, y en particular, de los mexicano-americanos, en Estados Unidos”.
La queja/señalamiento/advertencia de Hayes Bautista considera que la incomprensión, o más bien el desconocimiento de la naciente identidad latina, lleva a que grupos políticos o diversos ignoren muchas de sus características y crean la narrativa que a lo largo de su historia han creado respecto a los latinos, como un grupo de migrantes permanentemente en desventaja o como la “invasión” que proclama el gobernador de Texas, Greg Abbott, con fines claramente electoreros.
Pero ya no son inmigrantes. Como grupo, son mayormente ciudadanos que, según estudios hechos por Hayes Bautista, están cada vez más integrados a la sociedad estadounidense, con aspiraciones de clase media.
Y entre lo mucho que está pendiente de estudiarse, está la relación de los latinos de segunda o tercera generación con los países de donde salieron sus abuelos, o tatarabuelos.
Las personas de origen mexicano son 60% del grupo, incluso los 11 millones de residentes documentados o no que nacieron en México y son la fuente de los miles de millones de dólares en remesas –51 mil millones de dólares en 2021–, que se han convertido en una de las principales fuentes de divisas y un extendido programa no oficial de beneficios sociales. (José Carreño, El Heraldo de México, País, Orbe, p. 27)
“No les va a gustar lo que voy a decir, pero ahora que fui de gira por países de Centroamérica y Cuba la gente nos trató de maravilla por ser mexicanos, ya están viendo a México de nuevo como el hermano mayor”. Esta declaración de López Obrador lo pinta de cuerpo entero. Todas sus decisiones son un duelo de poder, es ver quién está arriba y quién está abajo. Él no se siente cómodo cuando no es el admirado del lugar, el líder que tiene la última palabra.
Su más reciente viaje a países latinoamericanos lo vivió cual epopeya de un libertador, de un padre obsequioso que llevó a sus hijos menores buenas nuevas. Como si estuviera en campaña, Andrés Manuel llegó a esos lares de condiciones menos prósperas que México con promesas, a inaugurar programas espejo a los suyos y a recibir condecoraciones. Así claro que se siente bonito viajar, sin menospreciar el hecho de poderse comunicar en su idioma, sin ayuda de un traductor.
Para viajes con más dosis de realidad está Marcelo Ebrard, el canciller se puede acostumbrar a ser menospreciado, exigido y regañado por los poderosos, pero Andrés Manuel jamás se rebajará a tales humillaciones, por eso Marcelo será el encargado de apersonarse en la Cumbre de las Américas. La ausencia de López Obrador del evento que reúne a los mandatarios del Continente Americano sería su forma de protestar porque las naciones machuchonas que manejan el encuentro están excluyendo a sus amigos, los presidentes de Nicaragua, Venezuela y Cuba.
En su mañanera de ayer, AMLO dijo: “Aunque tengamos diferencias, las podemos resolver cuando menos escuchándonos, dialogando”.
El Presidente que dentro de su país no escucha y no dialoga con nadie exige que Estados Unidos sea amigable con los autócratas colegas suyos. Quizá su fantasía de pasar a la historia ya rebasó los libros de historia nacional y ahora busca inscribir su nombre en la historia mundial. Al parecer, le quedó chico México a Andrés Manuel, ¿qué hace ahora si en nuestro país se acabó la corrupción, la inseguridad y la pobreza? ¿Qué hacía Supermán cuando cesaban los problemas locales? Daba la vuelta al planeta.
Nuestro Superpeje no puede ser desperdiciado, que vaya y ayude a naciones que no tuvieron la suerte de haberlo parido. No dudamos de su capacidad de lograr una foto como la de Clinton entre Arafat y Rabin estrechando manos en lo que estuvo a punto de ser el fin de la guerra de Israel con Palestina.
Siendo así, AMLO puede citar a Miguel Díaz-Canel y a Joe Biden en Tuxpan, de donde salió el Granma, y aprovechar la ocasión para fundir sus manos en un saludo. ¿Qué tan difícil puede ser la negociación entre Biden y Díaz-Canel estando Andrés Manuel de mediador? Abrazos, no bloqueos, dice el presidente mexicano para abrir boca y romper el hielo.
De ahí se pasa a temas ligeros, confiesa que no son de su agrado los cubanoamericanos de la calaña de Ted Cruz o que prefiere la música de Silvio sobre la de Gloria Estefan. Cuando Biden se siente seguro y baja la guardia, AMLO ataca con argumentos fuertes.
Dice usted, señor Biden, que en Cuba no se respetan los derechos humanos, pero volteemos a ver cómo ha tratado Estados Unidos a los ciudadanos de los pueblos invadidos o cómo trata a sus migrantes ilegales. A Joe se le atraganta el mojito sin que AMLO dé tregua. Se queja de la falta de oposición política en la isla sin darse cuenta que al menos en Cuba no hubo Watergate, no había necesidad de espiar a opositores. En Cuba los matan, contesta Biden.
Los ánimos se comienzan a caldear. La gota que derrama el vaso es cuando Joe recuerda como un asunto simpático que al final de su vida Fidel Castro dejó el uniforme militar por ropa deportiva. ¿Qué marcas? Nike y Adidas.
Díaz-Canel no puede más, se levanta de la mesa al son de “¡Abajo el imperialijmo!”. Andrés Manuel no sabe cómo controlar la situación. Le llama a Marcelo quien, en el arrebato del momento, se pone a hablar en su segunda lengua, el francés. Luego entra al quite Sheinbaum y de su boca sólo sale noruego.
Sus corcholatas le resultan inservibles al Presidente, nadie les entiende. ¿Quién podrá defenderlo? Con su perfecto inglés aparece Ricky Riquín: “This is insulting and unacceptable”. Biden entra en razón y acepta darse un saludo con Díaz-Canel.
Andrés Manuel asiste a la Cumbre de las Américas acompañado de su nuevo traductor y amigo, Ricky Riquín. El Presidente que no se metía en asuntos del extranjero resulta un nuevo libertador de América. (Andrés Clariond Rangel, Reforma, Opinión, p. 8)