1 El incidente del sábado pasado en el que dos aviones de Volaris pudieron colisionar en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que dirige Carlos Morán, ha puesto en la mira todos los temas que aquejan a esa terminal, no sólo los técnicos, sino aquellos que están relacionados con la experiencia del pasajero. Es así que han salido a relucir nuevamente las fotografías y videos de filas interminables de personas esperando en el área de migración. Aquí, el tema no es que el Instituto Nacional de Migración, al mando de Francisco Garduño, sólo ponga más elementos, sino que estén mejor capacitados, pues son el primer contacto que los turistas tienen al llegar a México. (El Contador, Excélsior, Dinero, p. 3)
Con más de 50 mil profesionales mexicanas y mexicanos de la medicina que desdeñan, engañan o maltratan las instituciones de salud pública, es muy explicable que las asociaciones, federaciones y colegios nacionales del sector manifiesten indignación ante el anuncio de que serán contratados 500 médicos cubanos.
En su carta al Presidente, dicen que aquí “sí hay médicos con capacidad avalada por las universidades de la República, formados en el pleno conocimiento de las necesidades e idiosincrasia de nuestra población, algunos de ellos desempleados o empleados eventualmente con salarios muy bajos o en zonas de inseguridad extrema”.
Argumentan que médicas y médicos han sido relegados injustamente por las instituciones públicas de salud, “privilegiando a médicos extranjeros y desconociendo la capacidad académica de nuestras universidades”.
Traerlos de fuera es un agravio, “toda vez que estos médicos extranjeros no reúnen las competencias requeridas, no tienen funciones debidamente especificadas, no cuentan con los requisitos establecidos por las leyes vigentes y carecen del aval de los colegios de profesionistas…”.
Con Joaquín López-Dóriga (ayer en Radio Fórmula), el eminente doctor Fernando Gabilondo Navarro —quien dirigió de 2002 a 2012 el prestigiado Instituto Nacional de Nutrición— sintetizó:
“Es una afrenta para los médicos mexicanos”.
Y alertó sobre la turbiedad que priva en la contratación de los cubanos porque entraña prácticas de “trata” y “esclavitud”.
En 2020, con la emergencia de la pandemia, de Cuba vinieron 600 que costaron alrededor de 250 millones de pesos, pero a las solicitudes de información al IMSS, a la Secretaría federal de Salud, al Instituto Nacional de Migración, a la Comisión Nacional de Arbitraje Médico y a Salud de la capital requiriendo los salarios, las copias de títulos profesionales, la acreditación de su profesión en México, los criterios de compatibilidad y las unidades médicas a que fueron enviados, esas instituciones manifestaron “incompetencia” o “inexistencia” de datos.
Cundió el sospechosismo cuando trascendió que el pago del gobierno de CdMx se hizo al Ministerio de Salud de Cuba, mientras que los médicos enviados recibieron solo 10 por ciento de lo que se suponía iban a cobrar.
Para el régimen castrista, el de la salud es un negocio millonario, tanto en los servicios de alta calidad para extranjeros como en la exportación de personal sanitario, mientras al grueso de la población se le mantiene mal atendida: en las protestas del 11 de julio del año pasado, con la exhibición del colapso hospitalario y la escasez de medicamentos que, contra su costumbre, reconoció inclusive la tiranía, quedó de manifiesto lo engañoso del cacareado internacionalismo proletario de Cuba.
Médicos generales hay en México suficientes. Pero faltan especialistas, porque no abre sus puertas el sector público para que se formen expertos en lo que más se necesita.
Y de los cubanos ni siquiera se sabe cuáles padecimientos, realmente, dominan… (Carlos Marín, Milenio, Política, p. 7)
Sostengo que ya es tiempo de la hermandad y no de la confrontación… Es el momento de una nueva convivencia entre todos los países de América, porque el modelo impuesto hace más de dos siglos está agotado…Hay que hacer a un lado la disyuntiva de integrarnos a Estados Unidos o de oponernos en forma defensiva.
Andrés Manuel López Obrador, La Habana, Cuba, 8 de mayo, 2022.
Del 5 al 8 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador cumplió su cometido de efectuar su primera gira a América Latina, que incluyó Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba.
Esta fue una gira de resultados donde, además de estrechar lazos, se ampliaron los vasos comunicantes que ya unen a nuestras naciones hermanas. Con los países visitados compartimos la problemática de la migración irregular y las consecuencias del cambio climático, así como la urgencia de reactivar nuestras economías asoladas por la pandemia. Sin embargo, también reconocemos el gran potencial que tiene nuestro comercio e inversiones mutuas en el marco del tratado de libre comercio con Centroamérica y el avance en la interconexión de nuestras infraestructuras.
Con Guatemala, se abrieron nuevos cruces fronterizos para facilitar el comercio y la movilidad de trabajadores. En particular, se simplifican los trámites para que los trabajadores fronterizos guatemaltecos tengan acceso al Instituto Mexicano del Seguro Social. En materia de turismo se incrementan las rutas aéreas: Ciudad de Guatemala-Tapachula, Cancún, Chetumal y Mérida. Guatemala se ha convertido en nuestro principal socio comercial centroamericano.
Asimismo, se intensifican las medidas de protección de los migrantes frente a la trata de personas y se fortalece la coordinación entre nuestras respectivas redes consulares en Estados Unidos. El gobierno guatemalteco se unió al Programa Sembrando Vida.
Con El Salvador, se comprobó la aplicación exitosa de los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, que ya benefician a 20 mil personas, por lo que nuestros gobiernos acordaron duplicar el presupuesto correspondiente. También, se intercambiarán buenas prácticas en materia de infraestructura vial, ferroviaria, portuaria y aérea. La colaboración consular permitirá una mayor vigilancia y protección de los migrantes.
En el caso de Honduras, se busca ampliar la interconexión oceánica a través del Canal Seco y del Corredor Transístmico, así como la interconexión eléctrica en la región. Se reconoció el potencial de desarrollar los yacimientos petroleros hondureños. Ambos gobiernos profundizan su compromiso de proteger a los migrantes y de fortalecer los programas regionales del Plan de Desarrollo Integral (PDI), que benefician a 20 mil personas y son una respuesta a la migración forzada de población vulnerable.
En Belice, se inicia el exitoso programa Sembrando Vida y se amplía la colaboración del Programa Escuelas México. Además, se analizará la extensión del Tren Maya y se facilitará la importación de ganado bovino a México.
Con Cuba, se celebraron 120 años de relaciones diplomáticas. El Presidente mexicano recibió la condecoración José Martí y rememoró la asistencia y solidaridad históricas que han unido a nuestros pueblos. Se prevé un mayor intercambio económico, reactivación del turismo y cooperación sanitaria.
Ante la próxima Cumbre de las Américas, el mensaje central del Presidente fue reiterar el compromiso mexicano para poner fin al bloqueo estadunidense, que ya se extiende por seis décadas, y la necesidad de buscar el acercamiento y el diálogo entre todos los países del continente, sin exclusiones políticas e ideológicas.
Durante la gira, el presidente López Obrador hizo votos por no descartar una posible sustitución de la Organización de los Estados Americanos en favor de un organismo auténticamente panamericanista basado en el respeto a la igualdad soberana de todos sus miembros, sin exclusiones. (Maximiliano Reyes Zúñiga, Subsecretario para América Latina y el Caribe de la SRE, La Jornada, Opinión, p. 17)
Terminó la gira internacional del presidente Andrés Manuel López Obrador realizada a Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y Cuba. El principal objetivo según lo mencionado por el gobierno mexicano fue promover los programas sociales de Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF) y Sembrando Vida en la región para aminorar los factores de empuje de la migración. Asimismo, durante la gira se trataron temas de cooperación aduanera, inversión privada, seguridad, defensa y la próxima Cumbre de las Américas que tendrá lugar en los Estados Unidos.
Sin duda, la parada más polémica fue El Salvador. Extraña que se haya elegido acudir a esa nación, a pesar del estado de excepción puesto en marcha por el Presidente Bukele desde el 27 de marzo pasado. Las políticas contrarias a los derechos humanos implementadas en ese país, como el encarcelamiento y enjuiciamiento de menores de 12 años y las denuncias de diversos organismos internacionales respecto de las acciones realizadas por el gobierno salvadoreño, distan mucho de una política humanista y de los ¨abrazos y no balazos¨ promovidos por el presidente mexicano. De igual forma es incongruente la promesa de redoblar recursos para apoyar a los jóvenes que no estudian ni trabajan a través del programa JCF en El Salvador, cuando muchos de ellos, especialmente aquellos con mayores factores de riesgo, van a terminar encarcelados bajo las políticas de Bukele.
En su paso por Guatemala, además de las medidas relacionadas con la migración como el fortalecimiento de la seguridad en la frontera ante probables aumentos en los flujos migratorios, se comprometió, a la afiliación en el IMSS de 25 mil guatemaltecos que se encuentran trabajando en estados sureños de nuestro país. Medida que, a pesar de avanzar hacia la justicia laboral y la reivindicación de derechos de los trabajadores guatemaltecos que cumplen con las cuotas obrero-patronales establecidas por la ley, ha sido fuertemente criticada por parte de la población mexicana, que considera que el ejercicio de los derechos humanos de los extranjeros que se encuentran en nuestro territorio debería quedar relegado ante las necesidades de los mexicanos.
La visita a Cuba coincidió con los 120 años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones y destacó por el reconocimiento de los lazos de amistad que han perdurado en el tiempo. El presidente mexicano elogió al gobierno isleño y lo defendió frente a su posible exclusión de la próxima Cumbre de las Américas, a lo que señaló “que nadie excluya a nadie porque somos países independientes…soberanos y nadie puede situarse por encima de los derechos de los pueblos y naciones¨.
Durante la gira, el mandatario mexicano criticó reiteradamente la falta de corresponsabilidad y cumplimiento del gobierno de Estados Unidos en la solución del fenómeno migratorio. Recordó la promesa de Washington de invertir cuatro mil millones de dólares para el desarrollo e implementación de estrategias que atiendan tanto las causas de la migración como la ampliación de vías legales para la regularización de migrantes y de refugiados.
Todo parecería indicar que el propósito de esta gira ha sido avanzar hacia la integración regional para atender, entre otros asuntos, el creciente fenómeno de la migración en América Central y Norteamérica. Sin embargo, llama la atención que el mandatario mexicano, por un lado, se posicione como un líder en la región en la promoción de una migración segura y ordenada, con discursos que respaldan la cooperación entre los Estados del Sur, haciendo llamados fuertes y claros al vecino del norte, y por el otro, continúe implementando políticas enfocadas en la securitización, militarización y externalización de las fronteras, con un marcado énfasis en las detenciones y deportaciones de migrantes. Tan solo durante 2021, más de 114 mil personas-la mayoría nacionales de los países visitados- fueron devueltas, siendo el 15% de estos, niños y niñas migrantes. (Eunice Rendón, Articulista Invitada, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Es difícil encontrar en la historia de EU dos mandatarios en polos tan opuestos respecto a la relación con México, como los que mantienen Trump y Biden.
El mejor precedente está en James Polk y Abraham Lincoln a mitad del siglo XIX. Polk condujo la guerra contra México, a la que Lincoln se opuso como “guerra injusta”, posición invariable durante su presidencia y estupenda relación con Benito Juárez.
Al anunciar su candidatura en 2015, Trump calificó a los mexicanos migrantes como “gente con un montón de problemas, en muchos casos criminales, narcotraficantes y violadores”. Mantuvo la amenaza hecha realidad, de la construcción de un muro en la frontera con México, que “debían pagar los mexicanos”.
En reciente mitin en Ohio, Trump denostó públicamente a nuestro presidente y al canciller Ebrard, al decir: “Nunca he visto a nadie doblegarse así”, y con sorna afirmó haber obligado a nuestro país a desplegar una fuerza militar en la frontera sur, para evitar imponernos un 25% de aranceles a las exportaciones mexicanas.
En su libro A Sacred Oath y entrevista con 60 Minutes (Youtube), Mark Esper, exsecretario de Defensa de Trump, reveló que su jefe le sugirió disparar misiles Patriot contra los laboratorios de los carteles en territorio mexicano. Esper le dijo que violaría el derecho internacional y sería terrible para su vecino del sur, a lo que Trump replicó “nadie sabría que fuimos nosotros” (sic). En el programa de radio, “The Clay Travis and Buck Sexton Show”, afirmó que EU debiera hacer lo mismo con México que Putin en Ucrania, esto es, invadirnos.
En el polo opuesto, Biden reitera la política del buen vecino de Roosevelt. Canceló la construcción del muro, terminó con la separación de los hijos de migrantes ilegales de sus padres, y aceptó trabajar con AMLO para atender la migración centroamericana; además de regularizar a los casi once millones de ilegales en EU. El problema migratorio no se ha resuelto, pero puede discutirse con elemental decoro y decencia con la administración Biden, sin los amagos e insultos de Trump.
Para celebrar la batalla de Puebla, el pasado 5 de mayo los Biden invitaron a la Casa Blanca como huésped distinguida a la escritora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente, (¿lo hicieron Trump y Melania?). Frente a ella, Biden negó que México sea el “patio trasero sino el delantero de EU” y agregó que “EU y México son más que buenos vecinos, son verdaderos amigos, socios. Existe un vínculo inquebrantable fortalecido por nuestro respeto mutuo”.
En ese contexto de la polarización creciente sobre México entre Trump y Biden, en 2020 el presidente AMLO visitó a Trump en la Casa Blanca y le dijo: “En lugar de agravios hacia mi persona, y lo que estimo más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted comprensión y respeto”.
Después de la injuria de Ohio, en reciente mañanera expresó: “A mí me cae bien Trump, aunque sea capitalista”, y a pregunta expresa: “¿Le faltó el respeto?”, respondió: “Él es así y hay que ver las circunstancias”.
Es entendible, como lo dijo el presidente, no “ponernos con Sansón a las patadas” (CELAC 2021) y buscar una relación llevadera con el poderoso vecino, pero eso no puede incluir la cortesía diplomática con quien nunca ha tenido la mínima “comprensión y respeto” hacia México, antes, durante y después de su mandato. Un mínimo de decoro y pundonor para reclamar con dignidad a quien se vive insultando y agrediendo a nuestro país (Trump) y dar la mano a quien nos respeta (Biden), no es mucho pedir.(Emilio Rabasa Gamboa, Docente e investigador de la UNAM, El Universal, Opinión, p. A17)
La costumbre de subestimar a Andrés Manuel López Obrador explica en gran medida la debacle en la que se encuentra la oposición. El presidente rústico, limitado, provinciano, autodestructivo e ignorante que describen los adversarios, ha ganado una tras otra las principales batallas políticas en las que se ha enzarzado. Alguna moraleja tendría que haberse desprendido de lo anterior. El mismo Pep Guardiola, seguramente a su pesar, debió reconocer, a propósito de su archirrival el Real Madrid, que tantas victorias de último minuto, aparentemente imposibles, son tan frecuentes que no pueden ser atribuidas a la buena suerte.
En cuatro años el Presidente ha mantenido el apoyo popular a pesar de crisis y pandemias, neutralizado a los gobernadores de oposición y desdibujado a la Conago, atraído a su causa a las fuerzas armadas, suscitado el apoyo de los grandes empresarios cuando lo ha necesitado, conservado la mayoría simple en las cámaras, conquistado el grueso del territorio para su partido en las elecciones estatales y sostenido la estabilidad de la economía, las finanzas públicas y nuestra moneda.
Y, sin embargo, la oposición sigue actuando como si su única tarea fuese mostrar “el fraude” político que representa este personaje que tiene “engañado” a México y esperar a que su siguiente disparo al pie sea el último empujón que provoque su caída. Tras cuatro años y tantas evidencias en contra de que esto no ha sucedido y podría no suceder, los adversarios del obradorismo tendrían que comenzar a pensar, como Guardiola, que algo estaba mal en el diagnóstico y por ende la necesidad de modificar su estrategia. Ha sido tanta la confianza de la oposición en la autoderrota del Presidente, que hoy no tienen ni programa ni candidatos para competir con su movimiento.
La negativa de López Obrador para acudir a la reunión de jefes de Estado a la Cumbre de las Américas que habrá de celebrarse en California en junio ha sido interpretada como uno más de estos disparos al pie. La exigencia de que se invite a todos los países (es decir, también a Venezuela, Cuba y Nicaragua) como requisito para asistir a una reunión de la que Estados Unidos es anfitrión, ha sido asumido por sus críticos como una actitud suicida de parte de nuestro gobierno, considerando la enorme dependencia de la economía mexicana y las posibles represalias del poderoso vecino.
Pero, otra vez, tendrían que asegurarse que todo esto no termine dándole la razón a López Obrador. Primero, en términos de las consecuencias políticas. La vocera de la Casa Blanca respondió, a pregunta expresa sobre la declaración de AMLO, que todavía no se habían enviado las invitaciones. Es decir, Washington no rechaza que existe espacio para la negociación o que Estados Unidos prefiere analizar el caso antes de tomar una decisión irreversible. Entre otras cosas tendrían que asegurarse de que la actitud no sea imitada por otros mandatarios de países de América Latina con gobiernos afines al mexicano, como Argentina, Perú, Honduras, Chile, Bolivia, El Salvador, lo cual condenaría a la reunión a un fracaso político.
Segundo, por razones políticas y eventualmente electorales, Joe Biden necesita la colaboración del gobierno mexicano frente al explosivo tema de la migración. Una pesadilla que literalmente puede costarle la reelección porque los republicanos han asumido el acoso a las fronteras como el principal misil en sus ataques en contra de la Casa Blanca. No es casual que la agenda de esta Cumbre, a solicitud de Estados Unidos, lleve como título Democracia y Migración. La primera mitad de esta mancuerna, Democracia, derivará en un tratamiento discursivo (sobre libertades, derechos humanos y críticas a las “dictaduras”). Pero la segunda, Migración, es la que verdaderamente les importa, pues persigue acuerdos que de alguna manera permitan matizar la crisis política y social que experimenta el país receptor de las migraciones. Y si bien es cierto que las caravanas proceden de Centroamérica y El Caribe, el hecho de que todas pasan por México, convierte a nuestro país en protagonista imprescindible de cualquier estrategia o recomendación.
Tercero, en última instancia, a López Obrador le asiste la razón, al menos en términos éticos. ¿Cuál es la legitimidad de un foro sobre democracia en la que se excluye a los que piensan distinto que el anfitrión? ¿O la validez de una cumbre de América en la que no se incluyen a varios países americanos? Hace unas semanas el propio Estados Unidos exploró posibilidades de saltarse su propio boicot a Venezuela durante la búsqueda de suministros adicionales de petróleo, para sustituir la caída del aporte de Rusia al mercado mundial.
Estados Unidos tendrá que valorar los pros y contras en materia de invitaciones. Es evidente que recibir a representantes de Cuba y Venezuela tiene un costo político interno para Biden, por el peso de las comunidades exiliadas y su músculo político, particularmente en el caso del anticastrismo. Pero no incorporar a todos los países también pasa una factura, porque su Cumbre nace debilitada. Podrían explorar modalidades intermedias (representaciones sin jefe de gobierno) o de plano mantener la idea original de excluir a los países satanizados, pero dudo que el ruido introducido por el Presidente mexicano concluya en represalias puntuales. Como en tantas otras ocasiones, Estados Unidos operará en términos de sus intereses prácticos; y los de Biden, está claro, pasan por la colaboración con el delicado vecino de al lado.
Lo que parece una actitud irresponsable y arrebatada puede concluir en un ganar ganar para el Presidente. Si AMLO consigue que se abra la invitación, habrá quedado como el héroe del día de cara a América Latina. Si no lo logra, tendrá el beneficio moral de haberlo intentado. Pero, más importante, plantarle cara a Estados Unidos sin pagar una factura constituye un gesto que forma parte de la larga tradición a la que recurre nuestro país, en aras de mantener posiciones propias y cartas para negociar frente a un vecino tan poderoso. No ha sido fácil sostener los márgenes necesarios para matizar el impacto de esta relación tan desigual. Lo cierto es que nuestro país ha utilizado una amigable relación con el gobierno castrista como una forma de deslinde permanente frente a Estados Unidos. Un acto de dignidad e insubordinación hasta ahora tolerada. No es la primera vez que AMLO se excusa de participar en una cumbre, que en general no son de su gusto. Ahora se las arregló incluso para posiblemente ausentarse y, al mismo tiempo, obtener alguna ventaja. Habrá que esperar unas semanas para saber si, como en el caso del Real Madrid, el resultado final vuelve a concederle la razón. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio, Política, p. 12)