No todos los venezolanos son bienvenidos
Organizaciones de extranjeros que residen en México nos comentan que en los últimos tres años se ha incrementado el acoso, hostigamiento y casos de violaciones de derechos humanos en contra de visitantes y turistas extranjeros, en especial de colombianos y venezolanos, con una política del Instituto Nacional de Migración para criminalizarlos. El caso más reciente, nos comentan es el de la activista y líder del partido venezolano Copei, Sandra Rincones, quien, nos dicen, fue retenida, interrogada varias veces e incomunicada por cuatro horas. ¿Será casualidad o es por sus críticas al régimen de Nicolás Maduro?
Una selfie de Marcelo
El canciller Marcelo Ebrard presumió en sus redes sociales una selfie en la que aparece con el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. En la imagen, los dos funcionarios muestran su mejor sonrisa y se difunde justo en el contexto en el que el Presidente ha lanzado críticas a Washington por no invitar a todas las naciones de América, incluidas Cuba, Venezuela y Nicaragua, a la Cumbre de las Américas, a celebrarse en junio en Los Ángeles, y a la que ha amenazado con no asistir si no son convocadas todas las naciones del continente. La foto fue tomada por el canciller en una reunión binacional celebrada ayer en Tijuana, en la que Ebrard presumió la realización de obras comunes en la frontera. (El Universal, A2, p.2)
América Latina vive una crisis humanitaria desde hace ya varios años. La guerra civil de El Salvador dejó aproximadamente 70 mil muertos, el conflicto con las FARC y el ELN en Colombia ha dejado 200,000 muertos, la Guerra civil en Guatemala terminó con 200 mil vidas, la lucha contra Sendero Luminoso en Perú dejó 70 mil víctimas, la revolución sandinista en Nicaragua dejó 65 mil muertos.
Esto, más el funesto número de víctimas del terrorismo de Estado de dictaduras en el Cono Sur del continente y la historia enterrada e ignorada de los movimientos armados de México, suman un número de asesinatos que, aún con la llegada de la democracia en la región, no han dejado de crecer. Hoy, América Latina es la región más violenta del mundo con una tasa de homicidios, por cada 100 mil habitantes, cercana a 20, cuando la tasa mundial es de 6. El costo de la violencia, como porcentaje del PIB, alcanza el 6% del PIB de Honduras o el Salvador y más del 3% en Brasil.
Actualmente, el crimen organizado es el gran protagonista de la violencia latinoamericana y cobra la vida predominantemente de jóvenes entre los 15 y los 29 años. También son los jóvenes quienes integran las pandillas en El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, con un rango de edad entre los 7 y los 30 años. A la violencia y la falta de Estado de derecho, se suma la falta de crecimiento económico por la falta de trabajo altamente calificado, inversión privada y pública para el desarrollo y de infraestructura en el suroeste mexicano y en Centro América, ha producido olas migratorias hacia los Estados Unidos que han desencadenado por sí mismas un tipo de violencia específica. Por ejemplo, ocho de cada diez mujeres son violadas en el trayecto hacia los Estados Unidos.
La crisis humanitaria de la región es enunciada por organismos internacionales con tibieza, y vivimos en regímenes que a pesar de la violencia que impera han sabido subsistir entre cárteles de la droga, grupos paramilitares o pandillas, lo que ha tenido el efecto de que esta situación no tenga la relevancia global que debería de tener. No sólo eso, la violencia generalizada, por lo menos, en el triángulo norte-centroamericano y México no es típicamente reconocida como un problema supranacional, sino nacional, lo que complica la atención de la población, que es afectada por la misma.
En este sentido, la gira que realizó López Obrador a Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba, tiene una relevancia política y humanitaria que debe de reconocerse. Aún cuando los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro han generado consecuencias indeseables como la deforestación o la sustitución de empleos formales por becarios, su exportación es, por lo menos, un esfuerzo por parte del gobierno mexicano de atender la difícil situación que enfrenta la región y por mirar al sur. (Pedro Sánchez Rodríguez, La Razón, México, p.7)
El anuncio del presidente López Obrador de no asistir a la Cumbre de las Américas convocada por Estados Unidos en Los Ángeles es un grave error por varias razones.
En primer lugar, se trata de un nuevo desaire hacia el gobierno norteamericano que es el anfitrión del evento y como tal tiene la prerrogativa de decidir a quiénes convoca, independientemente de cómo se llame la reunión. López Obrador es un invitado y no puede imponer las reglas. No se puede acudir a una fiesta y poner como condición aprobar o vetar la lista de asistentes. Por lo tanto, es una injerencia indebida con el país y una agresión directa al presidente Biden, ambas totalmente improcedentes.
En segundo lugar, porque el primer compromiso de López Obrador es con los intereses de México y con los mexicanos, por encima de sus filiaciones o simpatías personales. A México le conviene estar alineado con sus socios comerciales y el principal de ellos es Estados Unidos. Está en los intereses de nuestro país fortalecer la integración en la región de América del Norte y el presidente tiene que velar por esos intereses y responderle a los mexicanos antes que a cualquier otro pueblo o gobierno.
En tercer lugar, porque los países excluidos de la convocatoria lo han sido en gran medida por su propia decisión. Nicaragua, por ejemplo, renunció a pertenecer a la OEA y su propio embajador hizo una dramática denuncia de los abusos de Daniel Ortega. Junto con Venezuela o Cuba comparten la ausencia de regímenes democráticos.
Ya lo dijo el secretario de Estado Antony Blinken, incluso después de haber recibido al canciller Ebrard hace unos días en Washington, que el principal objetivo para los países de América debe ser promover el desarrollo a través del fortalecimiento de las democracias. Esto no le queda claro a López Obrador, quien concibe la relación con Centroamérica de manera asistencial, basada en apoyos directos, programas sociales, dádivas, y no de desarrollo institucional, generación de empleos productivos, incorporación del sector privado y organizaciones de la sociedad civil, transparencia y rendición de cuentas para alcanzar un progreso sostenible.
De ahí la discordancia entre las visiones de López Obrador y de Biden sobre las relaciones de Estados Unidos y México hacia América y el choque de objetivos.
Lejos del pretendido heroísmo, la ausencia del presidente mexicano pondría en riesgo el pacto regional que busca atender las causas de origen de los crecientes flujos migratorios. El presidente no está defendiendo a los pueblos afectados, sino a las dictaduras de Maduro, Ortega y Díaz Canel.
Pero lo más serio es que coloca a Mexico como artífice de un boicot que compromete el liderazgo de la administración Biden, para regocijo de Donald Trump y Vladimir Putin. El primero lo capitalizará electoralmente, y el segundo agradecerá que distraigamos a Biden de su criminal invasión en Ucrania.( Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p.8)
La relación entre México y Estados Unidos es complicada porque es asimétrica. Tanto que, según algunos exfuncionarios estadounidenses, a veces sus acciones más extremas son descartadas por objeciones legales y razones políticas internas.
Una de las bases en la relación bilateral es que por seguridad nacional, EU desea evitar acciones que lleven a la desestabilización de México, ante las consecuencias económicas y políticas de una crisis en un país vecino.
Pero, ¿y si hubiera un gobierno estadounidense que no se preocupara?
Ese es un mensaje en el libro A Sacred Oath, del exsecretario de Defensa Mark Esper, quien afirma que si Donald Trump no ordenó el bombardeo de laboratorios de drogas ilegales en México, o el envío de 250 mil soldados a la frontera para prevenir la llegada de migrantes centroamericanos, fue por las objeciones de sus colaboradores.
De poder bombardear laboratorios ilegales en México podían y pueden hacerlo, indica Esper. Pero eso es ilegal y no se hace a países amigos; las tropas en la frontera habrían sido un problema político y legal interno.
Pero… A poco más de dos años de las próximas elecciones en Estados Unidos, el gobierno mexicano podría preguntarse cómo sería vivir, o convivir, con un país donde parece tener cada vez menos amigos, y un régimen donde las conspiraciones y las frustraciones políticas inmediatas guíen la toma de decisiones.
De acuerdo con las actuales estimaciones, es posible que el Partido Republicano gane los comicios de noviembre próximo, cuando esté en juego el control del Poder Legislativo, y las elecciones presidenciales de 2024.
El problema es que se trata de un Partido Republicano dominado por teóricos de la conspiración, de esos que como el gobernador de Texas, Greg Abbott, hablan de “invasiones” de migrantes indocumentados, de que la administración mexicana no controla su territorio, de que una gran cábala de pedófilos integrada por demócratas y liberales se basa en el inexistente sótano de una pizzería de Washington.
O en una trampa electoral sin pruebas.
El predominio de tesis conspirativas entre los republicanos se debe en buena medida a Trump, que logró amalgamar a su alrededor tendencias ya existentes, y busca regresar al poder con las mismas nociones de nacionalismo, xenofobia y racismo.
Es el mismo hombre que amén de preguntar sobre la posibilidad de bombardear laboratorios de drogas en México, comenzó la construcción de una barda en la frontera y presionó al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador a usar las Fuerzas Armadas para detener las caravanas de migrantes centroamericanos y aceptar que miles de presuntos peticionarios de asilo en EU se apiñaran en el lado mexicano.
Muchas acciones del gobierno de Trump fueron detenidas por colaboradores con una visión clara de situaciones legales, legislativas y políticas, pero un segundo gobierno Trump, o trumpista, puede no tener esos frenos… (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbita, p.27)

(Perujo, El Economista, El foro, p. 55)