Opinión Migración 180522

EU y Cuba, una ceja levantada

Las medidas sobre Cuba anunciadas por la Casa Blanca este lunes fueron recibidas con un suspiro de alivio y una ceja levantada. La cancillería cubana reaccionó con siete palabras justas: “un paso limitado en la dirección correcta”. 

Es la primera noticia en cinco años que llega desde Estados Unidos que no cancele viajes, corte remesas, sancione un hotel, incluya al país en una lista espuria o se invente un cuento, como el de unas imposibles armas sónicas que atacaron selectivamente a diplomáticos estadunidenses en La Habana.

El paquete incluye la eliminación de los límites a las remesas, la reautorización de los llamados viajes pueblo a pueblo, los vuelos regulares a varias ciudades de la isla y el programa de reunificación familiar, suspendidos por Donald Trump.

Los funcionarios de la administración de Joe Biden han dicho que las acciones “se centrarán en los derechos humanos y en el empoderamiento del pueblo cubano”, argumento difícil de digerir. Primero, Washington ha tardado casi medio mandato para cumplir su promesa electoral de revertir las sanciones de su predecesor.

Segundo, las consecuencias de la actitud de los sicópatas de cuello blanco que han conducido la política hacia Cuba están a la vista. Al impedir que las familias a los lados del estrecho de la Florida se ayuden entre sí, incluso durante la pandemia, y al cerrar el consulado en La Habana y la posibilidad de otorgar visas, la tensión migratoria ha desembocado en una crisis real que amenaza con impactar de manera nefasta para los demócratas en las elecciones de medio término. Una encuesta de RealClearPolitics sobre la cobertura de los asuntos migratorios durante el actual gobierno, sitúa la aprobación pública en un miserable 35 por ciento.

Pero hay otras claves ocultas. Claro que se agradece el anuncio del restablecimiento del programa de reunificación de las familias cubanas y el aumento de servicios y procesamiento de visas en el consulado de Estados Unidos en La Habana, porque significa que muchos cubanos no tendrán que viajar a Guyana o a México para hacer los trámites. Pero las medidas soslayan la histórica politización de la migración que incentiva el éxodo irregular y riesgoso de los cubanos.

La decisión de levantar las restricciones de 11 dólares al día para las remesas –mil dólares en un trimestre– aliviará la economía de muchas familias cubanas y potencialmente podría ayudar a los negocios y a las pequeñas y medianas empresas privadas. Pero no está claro cómo se ejecutará esta decisión, puesto que Fincimex, la entidad a través de la cual se distribuyen las remesas en Cuba, fue incluida por Trump en la “lista negra” de las empresas con las que los estadunidenses tienen prohibido hacer transacciones.

La pregunta lógica es cómo atravesarán el Atlántico las ayudas familiares. La extensión limitada de los viajes a Cuba también es una buena señal. Sin embargo, en el paquete ni se menciona el derecho de los estadunidenses a viajar a la isla. Washington les exige portar una licencia del Departamento del Tesoro, so pena de una multa ejemplar. Los llamados “contactos pueblo a pueblo” sólo pueden realizarse en grupo, con una agenda prestablecida, un guía responsable de hacer cumplir las regulaciones y mecanismos de auditoría, que obligan a justificar cada gasto y guardar la documentación durante cinco años.

La desconfianza de la ceja levantada en realidad obedece a lo de siempre. Cada vez que nos despertamos, con o sin anuncios del gobierno de Estados Unidos, el dinosaurio del bloqueo todavía está ahí con su retorcida ecuación de asfixia económica más aislamiento político, que debe conducir al caos social y, en consecuencia, justificar el cambio de régimen a voluntad de Washington.

No importa que esto haya sido ineficaz durante 60 años. El gobierno estadunidense sigue gastando más de 25 millones de dólares anualmente en programas públicos para el cambio de régimen en Cuba (la cifra total es infinitamente mayor, porque no conocemos los fondos secretos) y ha mantenido a la isla en la lista de países que patrocinan el terrorismo, a pesar de que no hay evidencia alguna que justifique semejante cosa. Eso impide que la mayoría de las instituciones financieras del mundo se arriesguen a ejecutar transacciones con el gobierno cubano o que éste pueda acceder a créditos para bienes y servicios básicos. Es decir, el bloqueo es también un hecho trasnacional por decisión de Trump, y Biden lo ha mantenido en el mismo lugar. Las medidas son un paliativo, sí, pero el secreto está en la ceja. (Rosa Miriam Elizalde, La Jornada, Opinión, p. 14)

Entre colegas // Tour hemisférico

Dedico la colaboración de esta semana al análisis de algunos temas de política hemisférica. Me refiero a la ruptura dentro del gobierno argentino, a la preparación de la Cumbre de las Américas a celebrarse en Los Ángeles en junio próximo y a la visita del Presidente mexicano a Cuba y a los países del triángulo norte de Centroamérica.

(…) Falta mucho todavía para las siguientes elecciones, pero, mientras tanto, el gobierno cae en picada en aprobación, la oposición macrista aprende de sus errores, recupera espacios y mira con fruición las presidenciales de 2023.

La cumbre, la gira, la amenaza y los bravucones del barrio. Qué bueno que el Presidente mexicano haya asistido, después de tres años de gobierno, a visitar a los países vecinos del sur (Guatemala, Honduras y El Salvador) con los que, entre muchos temas, comparte como preocupación central el migratorio. También fue interesante la visita a Cuba, cuya dictadura —tan apreciada por diversos sectores del oficialismo mexicano— impide que se le toque con el pétalo de una rosa.

Ahora bien, dado que en la próxima Cumbre de las Américas uno de los temas centrales es la agenda migratoria, parecería óptima la alineación de intereses entre los gobiernos de Estados Unidos y México. Pero no: Estados Unidos es quien convoca y ha manifestado que los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua no son precisamente bienvenidos. El Presidente mexicano, en consecuencia, ha anunciado que, en caso de que el país anfitrión no rectifique tal decisión, a manera de protesta enviaría representación a nivel de cancillería. Como en el ámbito internacional siempre importa con quién te juntas y para qué agenda, Honduras, Bolivia y Argentina se sumaron a la postura mexicana. Pues allá ellos.

Hay que entender la naturaleza diferente de un foro a un organismo multilateral. En esa lógica, en nada sorprendería ver a Ortega, Maduro o Díaz-Canel en la Asamblea General de las Naciones Unidas: son líderes de Estados miembros de la ONU y, por tanto, no requieren invitación. Pero en el caso de la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Los Ángeles, Estados Unidos está en absoluta libertad de decidir a quién invitar y a quién no, especialmente tratándose de países que actualmente no cumplen estándares democráticos y cometen sistemáticamente violaciones a derechos humanos. Así de simple. (Horacio Vives Segl, La Razón, México, p. 12)

Política exterior bolivariana

López Obrador ha dicho desde hace tiempo que la mejor política exterior es la política interior, lo que refleja que en realidad no tenía claro qué tipo de política exterior podría desplegar. Y en efecto, en términos generales no la ha habido; sólo ha respondido a los reclamos o exigencias de Estados Unidos, en particular a la amenaza de Trump para destinar parte de la Guardia Nacional a cuidar las fronteras y frenar la migración centroamericana, de lo cual hace poco Trump se burló (pese a que Amlo le había dado las gracias en Washington por el “buen trato” que el populista norteamericano había prodigado a los mexicanos).

Pero si hay algo que pueda denominarse política exterior en este gobierno, es la ayuda y complacencia hacia los gobiernos miembros del Foro de Sao Paulo. Tal disposición ha sido explicada por Amlo a partir de principios de la política exterior mexicana; la Doctrina Estrada, la búsqueda de la paz entre los países, la fraternidad universal y el respeto a los derechos humanos. Pero, como en todo, cambia los principios según convenga.

En realidad, esa parte de su política exterior surge del propio Foro de Sao Paulo, que además de presentar una agenda de política interna, también lo hace en materia de política exterior. Pide a los partidos que alcancen el poder dos cosas en general: ayudar, en la medida de lo posible, a otros gobiernos bolivarianos en lo que requieran. Ofrecer refugio por ejemplo a Evo Morales, o contratar médicos cubanos cuyo pago en su mayoría irá a dar al gobierno cubano (siendo considerado por la ONU, la Unión Europea y varios organismos internacionales de derechos humanos como “trata de personas”). También plantea el Foro considerar como principal enemigo a Estados Unidos, defensor y promotor del imperialismo y del neoliberalismo, modelo que es el foco de ataque de la ideología bolivariana.

Dice el documento “Consenso de Nuestra América” (2017): “Nuestro objetivo es construir una correlación de fuerzas a favor del campo democrático popular para continuar avanzando contra el capitalismo salvaje y hacia un horizonte socialista”. (…)

En ese documento, el Foro pide a sus miembros cerrar filas con aquellos países que son hostilizados por Estados Unidos y los gobiernos conservadores; desde luego Cuba, pero también Venezuela y Nicaragua. Y es lo que en cierta medida ha hecho el gobierno mexicano, al no firmar protestas por la violación a los derechos humanos en Venezuela, al reconocer la dudosa elección de Bolivia donde Evo Morales se proclamó ganador en 2019 (y detonó un movimiento social que lo derrumbó), o bien mostrando reticencia a desconocer las elecciones de Nicaragua (aunque al final se sumó al resto del subcontinente por lo obvio y burdo de la imposición de Daniel Ortega). No debe pues extrañar el esfuerzo de Amlo para que se invite a la Cumbre de las Américas a Cuba, Venezuela y Nicaragua, subordinando el interés mexicano al de esas dictaduras.

A ver qué decide Biden, pues este reto puede debilitarlo electoralmente más de lo que ya está. Como sea, contrariamente a lo que sostenían diversos analistas en 2018 (incluso no obradoristas), Amlo sí está siguiendo en lo posible las directrices, externas e internas, del Foro paulino, proclamándose como “Hermano mayor” de los países bolivarianos y centroamericanos. A ver hasta dónde llega. (José Antonio Crespo, El Universal, Opinión, p. 17)