Diario de debates // Avanzamos hacia nuevas facilidades para nuestros connacionales con Remesas Paisano
Las remesas son el envío de dinero que realizan las personas de un país diferente a su país de origen, como es el caso de los mexicanos que mandan dinero a sus familias desde Estados Unidos.
Tan sólo en el primer trimestre de 2022, en el estado de Puebla se recibieron 576.5 millones de dólares, según datos del Banco de México (Banxico).
El pasado 1 de junio, Banxico publicó el Reporte Analítico de Ingresos y Egresos por Remesas de abril de 2022, en el que reportó que, en ese mes, los ingresos por remesas provenientes del exterior tuvieron un aumento anual de 16.6%, ascendiendo a 4 mil 718 millones de dólares.
Por otro lado, las remesas enviadas desde México al extranjero ascendieron a 114 millones de dólares, con un incremento anual de 31.4%. De esta manera, hay un superávit de la cuenta de remesas de México con el resto del mundo, de 4 mil 605 millones de dólares.
De enero a abril de 2022, hubo un incremento anual de 17.6% del valor de los ingresos por remesas, acumulando un total de 17 mil 240 millones de dólares, monto mayor al de 14 mil 664 millones de dólares observado en el mismo periodo en 2021.
Esta cifra de abril publicada por Banxico representa, al igual que la cifra de marzo, una cifra histórica para nuestro país; reflejando no sólo el trabajo y esfuerzo de nuestros compatriotas en el exterior, sino también su compromiso con sus familias al seguirlas apoyando económicamente.
La proporción de remesas que llegan a nuestro país, representa una nueva oportunidad para mejora y facilitar su envío. Por ello, se creó la nueva tarjeta Remesas Paisano, que es parte de un convenio entre la cancillería mexicana, Telecomm y Banxico.
Con esta nueva tarjeta, los mexicanos podrán recibir las remesas que les envían desde Estados Unidos, por un monto máximo de hasta 7 mil 499 dólares, y retirarlos en las sucursales de Telecomm de todo el país.
Asimismo, Banxico ha estado trabajando para que los envíos de remesas se puedan realizar de manera más fácil, ágil y sin costo por medio del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), que, a través del celular, sea posible realizar nuevos servicios de pago, generando la posibilidad de que instituciones de fondos de pago electrónico se puedan conectar al SPEI. (Alejandro Armenta Mier, Excélsior, Nacional, p. 15)
Sacapuntas
Para mejor momento
Confirmó el presidente López Obrador que no acudirá a la Cumbre de las Américas, pero ayer mismo informaron desde Washington que el mandatario mexicano visitará en julio la Casa Blanca, para reunirse con Joe Biden, eliminando de esta forma cualquier resquicio de disgusto por su ausencia en la reunión de esta semana en Los Ángeles, California. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
Inicia la Cumbre de las Américas sin la invitación a dictadores del continente y con la ausencia del presidente mexicano. El presidente López Obrador gana poco con su posición principista, pero no pragmática. Quien obtendrá reflectores, y mayor capacidad de interlocución en Estados Unidos y América Latina es su canciller, Marcelo Ebrard. (La Crónica de Hoy, P.p)
En las últimas semanas ha tenido lugar un debate acerca de la forma en que debemos relacionarnos entre nosotros, los países de América; una nueva reflexión en cuanto a si resulta pertinente, posible y deseable un proyecto de integración entre las naciones de nuestro continente. Esta discusión fue detonada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, al anunciar que condicionaría su participación en la IX Cumbre de las Américas –que se celebra esta semana en Los Ángeles– a que los anfitriones estadunidenses extendieran invitaciones a todos y cada uno de los Estados americanos.
Pese a los esfuerzos de las diplomacias mexicana, estadunidense y de los tres países excluidos para acercar posiciones, no se alcanzó un punto de acuerdo y, en consecuencia, Cuba, Venezuela y Nicaragua quedaron fuera de la convocatoria a la reunión hemisférica, con el argumento de que carecen de regímenes democráticos, característicos del resto de la región.
Ante esto, y según lo anunciado previamente por el presidente López Obrador, la representación de México en la cumbre estará a cargo de un servidor, en mi calidad de secretario de Relaciones Exteriores.
Algunos observadores han interpretado esta postura como una decisión precipitada, motivada por la ideología de izquierda de nuestro gobierno. En sus argumentaciones señalan, de manera errónea, que el presidente López Obrador optó por alinearse o “defender” a aquella tríada de “dictaduras latinoamericanas” en detrimento de Estados Unidos –no sólo una democracia plena, sino nuestro mayor socio comercial–, y concluyen que México perdería demasiado –el favor de nuestro vecino, que es la primera potencia económica global– a cambio de muy poco –la defensa de tres Estados autoritarios con los que no tenemos relaciones económicas de peso–. Otra línea de cuestionamiento es que México no debería expresar ni desarrollar posiciones de política exterior no ceñidas a las de Washington. Para un interlocutor sin el contexto adecuado, esto resulta persuasivo, pero se trata de planteamientos simplistas y falaces.
Lo que ha hecho México va más allá de defender o tomar partido por Caracas, La Habana y Managua frente a Washington. El gobierno de López Obrador –un demócrata incuestionable– no reniega del régimen democrático y de respeto a los derechos humanos del que es el principal artífice en su fuero doméstico: lo que está haciendo México es recuperar su mejor tradición de política exterior, aquella que pondera el respeto al derecho internacional y cuya piedra angular es la defensa del no intervencionismo, ambos elementos fundamentales cuando se aspira a erigir una arquitectura continental renovada.
Expresado con otras palabras, el Presidente defiende así el principio de no intervención y acusa las contradicciones del principio de intervención selectiva. Lo hace por un tema de valores y principios, sí, pero también como un cálculo estratégico y con la vista puesta en la construcción de un arreglo inédito de relaciones políticas y económicas en el continente americano para el siglo XXI.
En los siguientes apartados argumento:
III) Que las sanciones políticas y económicas impuestas como instrumentos para el cambio de regímenes políticos han fallado en forma recurrente y, usualmente, sólo han provocado daño a la población civil.
Por último, apunto que los principios de inclusión, respeto al no intervencionismo y apego al derecho internacional son fundamentales para implementar la visión del presidente López Obrador y otros líderes que consideran necesaria una mayor integración de las Américas ante el ascenso económico y político de otros bloques y potencias.
I
En primer lugar, la posición de México en esta coyuntura recupera la mejor tradición de nuestra política exterior y se halla muy lejos de constituir una ocurrencia. A lo largo de nuestros más de 200 años de existencia como Estado independiente, sucesivas generaciones de líderes mexicanos entendieron a golpes de realidad –desde invasiones hasta pérdidas de territorio– que enfrentábamos una situación de desventaja ante Estados Unidos y potencias europeas como Francia, Reino Unido y España, dadas las diferencias en el tamaño de nuestras economías y ejércitos. Para compensar o atemperar el desbalance, nuestros dirigentes y diplomáticos comprendieron que en el interés estratégico de México se encuentra postular la prevalencia del multilateralismo, el no intervencionismo y el derecho internacional. Esa tradición tiene sus raíces en el pensamiento juarista y está consagrada en los postulados de la Constitución de 1917 y en la doctrina formulada por Genaro Estrada en 1930, que no sólo representan valores abstractos, sino que se desarrollaron durante decenios con base en el interés nacional.
Cuando fue secretario de Relaciones Exteriores de México (1970-1975), Emilio Rabasa Mishkin escribió que “nada se ha inventado nuestra política exterior, es consecuencia inmediata y lógica de la azarosa historia nacional”. Por su parte, Bernardo Sepúlveda Amor, durante su gestión como canciller (1982-1988), explicó de este modo la razón de ser de nuestros principios de política exterior: México defiende algo más que meros postulados teóricos, defiende su derecho a ser un pueblo soberano frente a los demás pueblos. Se trata, por otra parte, de principios cuya violación México ha sufrido en experiencia propia a lo largo de su historia y cuya validez universal y acatamiento constituirían un valladar para la defensa del país.
II
En segundo lugar, la exclusión de países de esta IX Cumbre de las Américas y de otros mecanismos de gobernanza continental, en especial de la Organización de los Estados Americanos (OEA), no sólo está en contra de los principios de México, sino que además resulta inconsistente, por no decir contradictoria, con la realidad que prevalece en la membresía de la mayoría de las organizaciones de gobernanza global.
En el G20, por ejemplo, durante muchos años las naciones occidentales han convivido, negociado y acordado con regímenes que ellos mismos califican, en otros foros, como no democráticos –como los excluidos de la cumbre de Los Ángeles–. ¿Por qué? Porque es necesario: así lo requiere el funcionamiento correcto de la economía global, del comercio internacional y de las relaciones políticas entre los países. En las Naciones Unidas, una mayoría de Estados miembros no son considerados por los países occidentales como democracias plenas, cuando no calificados como autoritarios. De aceptarse el postulado que se pretende imponer a la Cumbre de las Américas, no existirían la ONU ni el G20 ni el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), o al menos tendrían una membresía debilitada y resultarían inoperantes.
En este 2022, en que se celebrará la IX Cumbre de las Américas en la ciudad de Los Ángeles, el gobierno de Estados Unidos –ese mismo que ha excluido de la reunión continental a tres países latinoamericanos por la naturaleza de sus regímenes– ha impulsado un acercamiento con la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental y lanzado el Marco Económico del Indo-Pacífico, en los que varios de sus integrantes carecen de regímenes con el estándar democrático exigido a Cuba o Venezuela. Se trata entonces de que la denominada cláusula democrática no se aplica por igual en todos los casos, sino sólo en algunos, cuando es conveniente.
III
En tercer lugar, por principio, ningún país tendría el derecho de excluir a otro de la participación en la Cumbre de las Américas. Es decir, la membresía en la Cumbre de las Américas no es –ni ha sido– una prerrogativa del país anfitrión. Puesto de otro modo: la Cumbre de las Américas es o debería ser de todos, no de quienes la hospedan. A la letra, el artículo 10 de la Carta de la OEA reconoce que los Estados son jurídicamente iguales, disfrutan de iguales derechos e igual capacidad para ejercerlos, en tanto que el artículo 19 defiende la no intervención, un valor fundamental de convivencia entre los miembros. Y el artículo 20 complementa el principio de no intervención a una escala panamericana, al prohibir las medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado. Ciertamente, la evolución del sistema panamericano ha puesto la promoción de la democracia como uno de sus más altos valores, sin dejar de lado el principio de no intervención. En septiembre de 2001, se aprobó la Carta Democrática Interamericana, en cuyo artículo segundo se establece que la democracia representativa es la base del Estado de derecho y los regímenes constitucionales de los Estados miembros de la OEA. No obstante, la Declaración de la Ciudad de Quebec, emanada de la III Cumbre de las Américas (2001), establece que los países acordamos “llevar consultas en caso de una ruptura del sistema democrático de un país que participe en el proceso de cumbres”. Tales consultas no tuvieron lugar antes de decidirse la exclusión para Los Ángeles, por ejemplo, de Cuba, país que ya había sido invitado a participar en las últimas dos reuniones continentales.
Aquí es pertinente apuntar que la exclusión de foros políticos forma parte de un cuerpo de sanciones más amplio, que contemplan embargos u otras medidas de boicot o presión económica, cuyo fin último es modificar el régimen político de un país. La visión de México consiste en que, además de ser expresiones de un intervencionismo inaceptable, representan herramientas inefectivas de política, cuyos efectos negativos se sienten en el largo plazo entre la población de las naciones afectadas. Estados Unidos mantiene contra Cuba el régimen de sanciones económicas más antiguo de cualquier parte del mundo. Tras más de 60 años, el principal objetivo de las mismas no se ha conseguido; a saber: el derrocamiento del régimen revolucionario en esa nación del Caribe. Resulta imposible calcular el costo humano del bloqueo: han sido décadas de separación de miles de familias cubanas; sin embargo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha cifrado en 130 mil millones de dólares las pérdidas de la economía cubana a causa de las sanciones estadunidenses: un monto superior a su PIB. En plena pandemia, el bloqueo a la isla, por ejemplo, imposibilitó a empresas vender el combustible que requerían los hospitales cubanos para operar sus plantas de electricidad.
* * *
Hasta aquí he argumentado que la decisión del presidente López Obrador de oponerse a la exclusión de países de la IX Cumbre de las Américas es consistente con nuestra tradición de política exterior; contradictoria con la realidad imperante en otras organizaciones e instituciones internacionales en las que participan Estados Unidos y las democracias occidentales, como la ONU y el G20, y congruente con los principios fundacionales de la OEA y lo establecido en la Declaración de Quebec.
Falta, sin embargo, señalar que es indispensable un criterio de inclusión y respeto al principio de no intervencionismo que favorezca un nuevo orden interamericano, uno de mayor integración, como el planteado con visión de estadista por el presidente de México ante el ascenso de otras potencias y regiones.
En su ya célebre discurso pronunciado el verano pasado ante cancilleres de países integrantes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el Castillo de Chapultepec, López Obrador propuso un nuevo arreglo interamericano que deje atrás la historia de agravios que caracterizó la relación de Estados Unidos con sus vecinos latinoamericanos durante buena parte de los últimos 200 años:
“La propuesta es, ni más ni menos, construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades. En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia”.
Así lo expuso entonces y volvió a plantear su visión en noviembre pasado, durante la Cumbre de Líderes de América del Norte. En el Salón Este de la Casa Blanca, ante al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, López Obrador alertó una vez más acerca de la posible pérdida de peso relativo que tendría la economía norteamericana y llamó a una mayor integración económica y movilidad laboral entre los países del continente.
Una escuela de pensamiento en México y América Latina ha postulado durante décadas que nuestros países deben plegarse sin cuestionar las decisiones de política exterior de Washington. Otras, en el polo opuesto, son sistemáticamente antiestadunidenses. En el gobierno del presidente López Obrador, nuestra convicción es que podemos y debemos tener autonomía en nuestras decisiones de política exterior, cuando ello sea acorde a nuestros principios e intereses. Así ocurrió, por ejemplo, en 1962, cuando nos opusimos a la expulsión de Cuba de la OEA. Nuestro postulado es que el arreglo necesario para las Américas debe constituirse con base en el diálogo y el respeto a las diferencias de los países del continente.
Esta IX Cumbre de las Américas podría haber sido el momento de retomar el camino iniciado por el presidente Barack Obama en la cita de 2015, en la ciudad de Panamá. El acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, bajo su administración, es el mejor ejemplo de que debemos y podemos construir en este continente políticas que beneficien a nuestros pueblos, incluso desde las más profundas diferencias.
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha hablado de la urgencia de apuntalar el sistema interamericano de manera que se convierta en una comunidad de naciones soberanas, cada vez más y mejor integrada para afrontar los retos del llamado “siglo del Pacífico”. Es una propuesta que abona al bienestar de las naciones latinoamericanas, pero también de Estados Unidos ante el declive de su peso relativo en la economía y la geopolítica mundial. Frente a este desafío, la disyuntiva implica permitir la prevalencia del intervencionismo y la desconfianza, o bien transitar hacia un nuevo panamericanismo fundado en el respeto para todas las naciones y que derive en mejores condiciones de bienestar para nuestros pueblos.
Para nosotros resulta claro: creemos que una América de todos y para todos es posible. (Marcelo Ebrard, Excélsior, Nacional, p. 9)
El presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó ayer que no asistirá a la novena edición de la Cumbre de las Américas que tiene lugar en Los Ángeles debido a que el anfitrión decidió excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela. El mandatario consideró que realizar la Cumbre sin todos los países del continente es seguir con la vieja política de intervencionismo, de falta de respeto a las naciones y a sus pueblos, por lo que urgió a Washington a cambiar la política que ha venido imponiendo desde hace siglos de querer dominar sin razón alguna, de atropellar la soberanía y la independencia de cada país. Como ejemplo de esa política, el presidente López Obrador recordó el bloqueo que desde hace seis décadas Estados Unidos mantiene contra Cuba, al cual calificó como un tipo de genocidio, una tremenda violación de derechos humanos que priva al pueblo cubano de alimentos y medicamentos.
Sin embargo, el titular del Ejecutivo puso estos posicionamientos al margen de la relación bilateral y, de hecho, anunció que en fecha por especificar del mes entrante visitará a su homólogo Joe Biden para insistir en varios temas, como la unidad continental a fin de cumplir el sueño de Simón Bolívar sin exclusiones, la necesidad de una reforma migratoria que permita regularizar la situación de 11 millones de migrantes, y la urgencia de atajar este fenómeno en sus causas mediante apoyo directo al desarrollo de Centroamérica.
La postura del mandatario mexicano, secundada por sus pares Luis Arce, de Bolivia, y Xiomara Castro, de Honduras, representa un auténtico parteaguas en las relaciones hemisféricas. No se trata, como lo quieren hacer ver las derechas en México y Estados Unidos, de una adhesión a los regímenes de La Habana, Managua o Caracas, sino de un rechazo firme al uso consuetudinario, por parte de Washington, de su poderío y su ascendiente económico y político para imponer su agenda a la región latinoamericana y erigirse en certificador de las credenciales democráticas de cada nación.
Tal pretensión no sólo es contraria a la legalidad internacional y violatoria de la soberanía, sino que resulta a la vez risible y execrable cuando la enarbola quien ha financiado, organizado y respaldado los más cruentos golpes de Estado y a los más sanguinarios autoritarismos que han azotado al subcontinente. Tampoco puede ignorarse que, mientras veta a gobiernos por su orientación ideológica, Washington mantiene estrechos vínculos con regímenes totalmente ajenos a las formas democráticas y a los derechos humanos, lo cual desnuda su hipocresía y las verdaderas motivaciones tras su conducta.
En este contexto, la decisión de no asistir personalmente al encuentro continental representa la inauguración de una nueva eraen las relaciones entre América Latina yWashington, una en la que no se olvida la importancia de la colaboración y el entendimiento para abordar los problemas comunes, pero se marca sin ambages un alto a las imposiciones indebidas y a la idea de la superpotencia como un hermano mayor con la facultad de tutelar a sus vecinos. (Editorial, La Jornada, p. 2)
La Cumbre de las Américas que esta semana se realiza aquí en Los Ángeles, California, empieza desangelada, descafeinada dirían algunos, por la ausencia de líderes de países del continente como México. El vacío que hará el presidente Andrés Manuel López Obrador sí impactará en el resultado de la misma, aunque se intente decir lo contrario.
La ausencia de los presidentes de México y Centroamérica minimizará cualquier intento por utilizar la cumbre para poner el tema migratorio en el debate. Los funcionarios americanos del más alto nivel, encabezados por López Obrador, pudieron exigirle a Estados Unidos que les garantice derechos mínimos a sus ciudadanos que por años han aportado a este país.
Un boicot, o berrinche, en defensa de la invitación de Venezuela, Cuba y Nicaragua no era para dejar de asistir a la cumbre en la que, frente a todo el continente, se pronunciaran por la reforma migratoria que piden a gritos los millones de mexicanos y centroamericanos que trabajan, pagan impuestos y forman parte de la sociedad estadunidense.
Quienes llegaron indocumentados, pero son motores de la economía de este país, y contribuyen a que se mantenga como la principal potencia mundial. López Obrador dejó ir una ex traordinaria oportunidad para liderar ese llamado en conjunto frente al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con clara dedicatoria al Congreso que no ha avanzado en la aprobación de las leyes que garantizarán que esos millones de migrantes puedan vivir tranquilos, en paz y sin temor a ser expulsados del país en el que se quieren quedar.
Los países cuyos líderes no asistirán tendrán algún representante, firmarán acuerdos, sonreirán para la foto y lograrán que EU comprometa millones de dólares en apoyos para que intenten generar desarrollo y reducir los flujos migratorios hacia el norte del continente. Pero los migrantes que ya están aquí, que mes con mes mandan las remesas de las que sus países se benefician, sabrán que sus presidentes prefirieron quedarse en casa por defender a tres dictadores, en lugar de venir a la cumbre y, juntos, exigir las garantías que merecen sus ciudadanos. (Alejandro Domínguez, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Por legítima que sea la convicción del presidente López Obrador de no asistir a la Cumbre de las Américas porque no será tal si no están los mandatarios de la totalidad de países del continente (los de Cuba y Nicaragua anticiparon que no irían y el de Venezuela dijo interesarse únicamente en ir a Nueva York para bailar salsa), su inasistencia al foro lo priva de plantear no solo sus razones, sino de la oportunidad de ventilar con sus pares cuando menos el tema de la desbordante migración que tanto dice importarle.
Al margen de que esas reuniones de poco sirvan y de que el gobierno de Joe Biden haya sido ineficaz en el armado diplomático de la que comenzó ayer en Los Ángeles, la automarginación deja al mexicano alineado a tres dictadores, sobre dos de los cuales — Daniel Ortega y Nicolás Maduro— pesan órdenes de aprehensión que, por ser materia del poder judicial estadunidense, la Casa Blanca difícilmente podría impedir que fueran apañados.
“No voy a asistir a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos, la exclusión, el querer dominar sin razón alguna, no respetar la soberanía de los países.
No puede haber Cumbre de las Américas si no participan (ninguno de los tres dictadores quieren) todos los países del continente americano, o puede haber, pero nosotros consideramos que es seguir con la vieja política de intervencionismo, de falta de respeto a las naciones y sus pueblos”, dijo ayer en la mañanera.
Para la embajadora emérita Martha Bárcena, quien representó impecablemente a México ante la descocada gestión presidencial de Trump, el riesgo de que AMLO no haya ido puede generar una lamentable “pérdida de confianza”, por lo que consideró (entrevistada por Ciro Gómez Leyva) que la decisión de no asistir “es un error”, por más que en su representación acuda el canciller Marcelo Ebrard, ya que se frustra la ventaja de una interlocución al más alto nivel.
Recordó que desde las primeras cumbres se puso énfasis en el valor de la democracia y los derechos humanos. (Carlos Marín, Milenio Diario, Política, p. 7)
Más allá del justificado triunfalismo de Morena por los resultados de las elecciones de gobernadores en cuatro de los seis estados en la jornada de este domingo que amplía su presencia en el país y de que las coaliciones partidistas opositoras confirmen que ése tendrá que ser el camino de cara al 2024, la rotunda negativa del Presidente Andrés Manuel López Obrador de asistir a la Cumbre de las Américas que se inició en Los Ángeles por no haber invitado a países gobernados por dictadores, seguramente tendrá consecuencias diplomáticas, económicas y políticas, a pesar de que hoy se niega en Washington y “entienda” esa decisión.
Además de su vecindad en la extensa frontera norte, Estados Unidos es el principal socio comercial de México, el que más productos fabricados aquí importa, con cuantiosas inversiones en diversos rubros, con el que sostiene una estrecha, aunque siempre difícil relación, que se ha mantenido en buenos términos, que no tarda en empezar a deteriorarse por las frecuentes críticas desde Palacio Nacional al gobierno del presidente Joe Biden y, sobre todo, por el empeño en mostrar simpatía y apoyo a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela y su “acercamiento” a la lejana Rusia. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 9)
Sin el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se celebrará la IX Cumbre de las Américas. Será el único país grande no representado al máximo nivel en esta reunión que a partir del miércoles acogerá a los líderes del hemisferio occidental.
La polémica que se generó a raíz de la decisión de Estados Unidos de no invitar a Cuba, Nicaragua y Venezuela, y la posición del presidente mexicano de no asistir a la cumbre por este motivo, ha ensombrecido esta reunión considerada por la administración estadounidense como “el evento de mayor prioridad del presidente Joe Biden para la región”.
La ausencia de México es notoria y refleja el mal estado en el cual se encuentran las relaciones políticas entre los presidentes de ambas naciones.
Ahora bien, la región latinoamericana es mucho más amplia que las fronteras mexicanas y las ausencias de unos abren el espacio para un mayor protagonismo de otros. (…)
Estados Unidos no logrará reunir alrededor de la mesa a todos los líderes de las américas para tratar los objetivos de la Cumbre entre los cuales se encuentra fortalecer la respuesta ante la pandemia (generada por el COVID-19), fomentar una recuperación ecológica y equitativa, construir democracias fuertes y abordar la migración irregular. Pero la administración Biden trabajará con quién se pueda y los dispuestos a hacerlo no son pocos. Así la realidad de una América Latina dividida que sigue soñando con la unidad y luchando contra los fantasmas del pasado. (Beata Wojna, El Heraldo de México, Opinión, p. 12)
¿A cuántas Cumbres ha ido el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su mandato como Presidente? Exacto, a ninguna reunión mundial importante más allá de los encuentros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) donde se siente cómodo y sí tienen cabida los dictadores del continente.
Hay una evidente incomodidad personal del presidente López Obrador de estar entre iguales, de participar en foros donde diplomáticamente se le invite a dar explicaciones de algunas de las más polémicas decisiones que ha tomado su gobierno y donde no tenga control de la prensa, porque no estén invitados sus youtuberos y blogueros de confianza.
El desdén que ha hecho el presidente López Obrador a la Cumbre de las Américas que inició ayer en Los Ángeles, California, era algo totalmente predecible. Lo que sorprende es el alto costo que le imprimió para cubrir esas fobias político-sociales.
El contexto geopolítico es muy delicado para Estados Unidos y va más allá que querer la perfección en una cumbre de la cual el gobierno demócrata de Joe Biden es anfitrión.
La OTAN encabezada por Estados Unidos se va a ir a meter, a través de Finlandia y Suecia, ahí a la frontera con Rusia y si algo no quiere Washington es que tanto el gobierno de Vladimir Putin como la China de Xi Jinping quieran acercarse a Norteamérica a través del sur del continente.
México y su enorme dependencia del norte no es candidato a ser terreno de acercamiento, pero sí lo son los regímenes poco democráticos del sur. Por eso es importante que en estos momentos de tal tensión geopolítica se logre demostrar la mayor cohesión posible y López Obrador no está colaborando con ese mensaje.
De todas las razones o pretextos que pudo haber expuesto el gobierno de López Obrador para no estar hoy en la Cumbre, el boicot es la peor que pudo haber elegido.
Las fotos que vengan de Joe Biden con Jair Bolsonaro de Brasil o hasta el apretón de manos con el presidente argentino Alberto Fernández son lo de menos para un gobierno como el mexicano que le ha restado toda importancia a una relación cercana política y diplomática con sus principales socios comerciales. Lo que pesa es ver al principal socio comercial haciendo el trabajo sucio a los regímenes antidemocráticos del mundo.
Va a ser inevitable un enfriamiento en las relaciones entre México y Estados Unidos como consecuencia de este desdén de López Obrador, porque le va a propinar una derrota política al presidente Biden en medio de una crisis económica en su país y con niveles de popularidad muy bajos.
Este boicot habrá de provocar cuestionamientos, tanto de demócratas como de republicanos, cuando se pretenda dar paso a una agenda migratoria como la que quisiera ver López Obrador en el Congreso estadounidense.
Y ni hablar de que el régimen mexicano vuelva a estirar la mano al gobierno de Estados Unidos para que financien su Sembrando Vida en Centroamérica.
Y todo por ese extraño temor del presidente López Obrador de no estar entre iguales de países democráticos.
El costo del desdén
Enfriamiento
Va a ser inevitable un enfriamiento en las relaciones entre México y Estados Unidos como consecuencia de este desdén de López Obrador.
Agenda migratoria
Este boicot habrá de provocar cuestionamientos, tanto de demócratas como de republicanos, cuando se pretenda dar paso a una agenda migratoria.
Sembrando Vida
Ni hablar de que el régimen mexicano vuelva a estirar la mano al gobierno de Estados Unidos para que financien su Sembrando Vida en Centroamérica. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y dinero, p. 7)
Es posible que, como dice afirman el embajador Kenneth Salazar y el canciller Marcelo Ebrard, el desaire del Presidente López Obrador al mandatario estadunidense Joseph Biden no afecte la relación.
Después de todo no se desmantela de la noche a la mañana la compleja e intrincada red de vínculos financieros, comerciales, empresariales y sociales que forman la relación bilateral.
Si ya era difícil una reforma migratoria a favor de millones de indocumentados, la rijosa narrativa de Palacio Nacional contra los republicanos en estricto rigor ha levantado altísimo muro político contra una reforma migratoria en Estados Unidos. (…) (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 38)
AMLO y la cumbre: congruencia // Respeto a pluralidad continental // Alito define al PRI: Meyer // Elecciones: mirada distinta
La reiteración presidencial de no ir a la Cumbre de las Américas si no eran invitados todos los países del continente suministró algo de entretenimiento y parque discursivo a maltrechos opositores de la llamada Cuarta Transformación (4T) que aún no se reponen del descontrol argumental que les asestó el 4T-2 electoral de este domingo.
Como ha sucedido en otros episodios polémicos, los contrarios a López Obrador recurrieron a la exageración, al planteamiento de escenarios catastróficos por la osadía de no acudir a una invitación facciosa de Washington.
En particular, centran sus críticas en la presunta alineación cómplice con Cuba, Venezuela y Nicaragua, sin entender que, ayer como hoy, en la historia política del México atrapado por la vecindad con el máximo poder mundial, la defensa de la pluralidad continental, en especial de las naciones acosadas o boicoteadas por Estados Unidos, es una forma de defensa del interés mexicano.
Declinar la invitación a la reunión a celebrarse en Los Ángeles, California, es una forma de rechazo a las decisiones unilaterales que desde la Casa Blanca pretenden extender certificados de buena conducta en materia de democracia y respeto a los derechos humanos (como si el gobierno sede fuera de verdad un luminoso ejemplo de pulcritud en esos temas).
Aceptar que Estados Unidos decida cuáles países pueden asistir a una reunión formal continental no es algo que honre a mandatario latinoamericano alguno, aunque cada cual ha tomado sus propias decisiones. El Presidente de México ha sido congruente con su posición, al igual que sus homólogos de Bolivia y Honduras. En todo caso, se espera que el argentino Alberto Fernández, quien sí asistirá, incluya en su discurso del próximo viernes alguna referencia a las posturas de los ausentes.
La postura del Presidente mexicano, sin embargo, no implica una ausencia absoluta, sino la utilización de un relevo generalmente bien aceptado en los poderes estadunidenses por su condición amable, el canciller Marcelo Ebrard. No está de más recordar que los intereses de ese país están bien servidos aquí en materia migratoria y de inversión extranjera, incluso en proyectos estratégicos y de seguridad nacional para México, en el sur del país, con el prefecto Ken Salazar como operador de rigurosa mirada vigilante y constante diálogo en Palacio Nacional. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 14)
AMLO representa al pueblo de México, NO a la dictadura cubana, ni a la venezolana ni a la nicaragüense: el supremo interés del pueblo mexicano demanda que asista a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles para fortalecer los LAZOS que nos unen, comercial y socialmente, con Estados Unidos.
Sobre todo porque el estar presente se lo pidió expresamente el Presidente norteamericano, Joe Biden, a quien DESPRECIA y ningunea con su negativa de asistir, so pretexto de insistir en que les den lugar en la mesa a los dictadores de los países citados.
Este desaire, este desprecio, no será rápidamente olvidado por el Gobierno norteamericano, ni en la presente Administración demócrata, ni en subsecuentes, sean del partido que sean. Ello, no obstante que el Departamento de Estado minimice el hecho y diga que “entienden” su negativa.
Seguramente han decidido en el Department of State manejar esta diferencia de otra manera, ajena a la confrontación pública. Este muletazo no minimiza para nada lo mal que ha sido recibida en Estados Unidos la terca negativa, injustificada, por parte del señor López de NO asistir, que va directamente contra los legítimos intereses norteamericanos en el continente y viola las más básicas reglas de la diplomacia. Equivale a escupirle en la cara a la democracia norteamericana por defender a tiranos opresores que violan los derechos humanos en esos países, que encarcelan a los opositores, que pisotean la LIBERTAD, la democracia y sus valores.
Por defender a estos truhanes repudiables, AMLO se suma a ellos y da la espalda a Estados Unidos y a sus esfuerzos por promover regímenes democráticos en nuestro continente.
¿En qué momento y en qué lugar es más importante que los intereses supremos del pueblo de México la defensa de tiranos indefendibles? ¿Por defenderlos a ellos va a poner en riesgo nuestra relación con nuestro principal SOCIO COMERCIAL, con el único País del mundo con el que compartimos 3 mil kilómetros de frontera y fuertes lazos sanguíneos y materiales?
¿Por qué considera AMLO “injerencista” el interés norteamericano de defender a las víctimas de los dictadores, cuando él mismo acaba de entrometerse en la política interna de Colombia para apoyar a un candidato izquierdista? ¿Cómo es que él sí puede opinar sobre la política interna de otros países, pero Estados Unidos no puede, según él?
Se diría que el Presidente López peca de un doble discurso, lo cual es una manera elegante de decir que su proceder en este tema es totalmente hipócrita.
Desde 1994 que no se celebra una Cumbre de las Américas en Estados Unidos, pues la sede de esta asamblea continental es rotatoria, y estará ausente el Sr. López, cuando hay sobre la mesa temas tan importantes como la migración, que atañe específica y especialmente a México. O la guerra contra las drogas, otro tema de suma importancia para Estados Unidos en el que México está dejando caer la tarea que le toca y ha dejado de cooperar con su vecino del norte, llegando a la casi expulsión operacional de la DEA en el País.
Éste, al parecer, es OTRO tema en el que el Gobierno del Sr. López toma el lado de los capos y no el de las víctimas. Habla mucho el Presidente de que “son seres humanos“… ¿y sus víctimas qué son? ¿Por qué para él adquiere un mayor interés la defensa de la “humanidad” de los sicarios que la de las víctimas de la violencia que imponen en México y de los SERES HUMANOS que envenenan con fentanilo y otros psicotrópicos allende nuestras fronteras?
¿Por qué rehúsa el señor López cooperar con Estados Unidos y otros países europeos para frenar el tráfico de estupefacientes? ¿Qué intereses -o a quién- defiende?
Agregado al desaire por su ausencia en la Cumbre, en terreno norteamericano ni más ni menos, el señor López adicionalmente se dio el lujo de AGREDIR en lo personal -por nombre, colmándolo de epítetos- al Senador demócrata por Nueva Jersey, Bob Menendez, quien Preside nada menos que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano. Doble pifia ésta de echarse encima a este Senador, pues Menendez acarrea mucho peso en lo que se refiere para definir el rumbo de la diplomacia norteamericana.
A todas luces resulta totalmente innecesario meterse en lo personal con este Senador, y lo hizo el Sr. López casi casi como provocando, incitando la respuesta que finalmente recibió. Dijo Menendez: “Me uno a los que están cada vez más preocupados por la decisión del Presidente López Obrador de apoyar a dictadores y déspotas por encima de la representación de los intereses del pueblo mexicano en una Cumbre con sus socios de todo el hemisferio”.
Pudiera parecer que López anduviera en busca de un pretexto para no asistir, empleando el de sus amiguitos los déspotas caribeños, pero siendo otra la razón de fondo. Por ejemplo: adquirir su real dimensión ante los demás mandatarios continentales, siendo esto algo que hiere insoportablemente su considerable ego mesiánico. (Manuel Jáuregui, Reforma, Opinión, p. 12)
Cartón

(OBI, Reforma Opinión, p. 10)