Retales
CUMBRE. Es cierto lo que me dijo el embajador Arturo Sarukhán: el presidente Biden, más que querer a López Obrador en la Cumbre de las Américas, lo quiere para contener a los cientos de miles de migrantes que desde México buscan entrar a Estados Unidos y que su gobierno, con Guardia Nacional y Ejército, sigue tratando de contener en Chiapas hasta que se dé una tragedia, que no deseo. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Avanza desde Chiapas la mayor caravana de migrantes esperanzada en llegar a territorio de EU, en donde le impedirán cruzar la frontera. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 7)
Por la pospuesta inversión
Nos cuentan que una de las encomiendas más importantes que lleva el canciller Marcelo Ebrard a la novena reunión de la Cumbre de las Américas es la de convencer a la administración Biden de invertir cuatro mil millones de dólares en Centroamérica, como una medida para generar empleos que arraiguen a los ciudadanos y éstos no tengan necesidad de migrar. La resistencia del gobierno de Estados Unidos tiene un trasfondo político: esa promesa la hizo el expresidente Donald Trump. Sería un hit que los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden hicieran juntos en julio el anuncio formal. No la tiene fácil el encargado de la diplomacia mexicana, aunque tampoco pudiera ser algo imposible, sobre todo porque ayer la vicepresidenta Kamala Harris anunció una inversión de fondos privados por mil 900 millones de dólares. Pendientes. (La Razón, La dos, p. 2)
¡Presente! Tela de dónde cortar da la determinación presidencial de no asistir a la Cumbre de las Américas, que se realiza en California, y los politólogos sacan sesudas conclusiones. Sin embargo, la representación mexicana recaerá en el más alto nivel con la presencia del canciller Marcelo Ebrard. “Rumbo a Los Ángeles a la Cumbre de las Américas. Presentaré y defenderé la propuesta de México. Orgulloso de mi país y de su Presidente. Les mantengo al tanto”, escribió en su cuenta de Twitter. México y sus funcionarios no se distraen de su labor integradora de todos los pueblos del continente. Merecen ser escuchados por el bien de todos. Si queremos que las cosas cambien, hay que atreverse a hacerlas cambiar. Solas, nunca. (Excélsior, Nacional, p. 13)
En estas mismas páginas de Excélsior, el secretario Marcelo Ebrard explicó ayer la Doctrina López Obrador: una política exterior anclada en el respeto entre iguales y el diálogo inclusivo como principal vehículo para forjar acuerdos. Ante opiniones divergentes, la doctrina del Presidente se plantea un ejercicio de conversación permanente y plural en la arena internacional. Invitar a todos los y las integrantes del vecindario a hablar y a escuchar —sin más, pero tampoco menos— para alcanzar respuestas a problemas en común. Como sucede, explicaba el canciller de México, en foros como el G20 o la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Es decir, nuestra política exterior sigue la norma diplomática en otros espacios de consultas internacionales.
Al margen del debate sobre las invitaciones, México tendrá una participación robusta en la IX Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Los Ángeles, California —una de las principales ciudades mexicanas en el mundo—. El secretario Ebrard encabezará la delegación de México en la Cumbre. Acudirán representantes de más de 30 naciones americanas, así como observadores de múltiples países, organismos financieros y cuerpos internacionales como la Celac, la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas, entre otros.
Nos reuniremos con empresarios y empresarias que representarán a México en la Cumbre de CEO, con el objetivo de conversar sobre oportunidades con el sector privado tanto bajo el T-MEC como a partir del Diálogo Económico de Alto Nivel. Se contemplan también encuentros con ejecutivos, empresarios y empresarias clave invitadas a la Cumbre. En el Consulado General de México en Estados Unidos, una de las principales representaciones de México no sólo en Norteamérica sino a nivel global, el canciller Ebrard dará un mensaje a la enorme comunidad mexicana y anunciará avances en materia de inclusión tanto para nuestros pueblos indígenas como para la comunidad LGBTIQ+. En la línea progresista que marca el trabajo del secretario de Relaciones Exteriores, daremos a conocer nuevas pautas de modernización que, a través de la innovación, amplían los derechos de las personas mexicanas en el exterior. Lo anterior, también en el marco del inicio de junio, mes del orgullo LGBTIQ+.
La participación de México en la Cumbre comenzará con la ceremonia de bienvenida, que encabezará el presidente Joseph Biden. Posteriormente, se contempla un diálogo encabezado por los titulares de la política exterior de Estados Unidos, Antony Blinken, y de Canadá, Mélanie Joly. A nivel trilateral discutiremos los retos de las Américas y también del resto del mundo desde una perspectiva norteamericana. El secretario Ebrard tendrá también encuentros bilaterales con varios de los presidentes de la región, así como con el gobernador de California, Gavin Newsom.
El secretario encabezará la delegación mexicana durante las sesiones plenarias que contempla la cumbre. Además, participará en un panel sobre el futuro sustentable en el continente y en una reunión de los jefes de delegación con representantes de la sociedad civil, el sector privado, así como con delegados jóvenes de las Américas. Hacia el cierre de la IX edición del foro, el canciller también acudirá a la presentación de la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección. Finalmente, anunciaremos el inicio de los programas de cooperación para el desarrollo de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), no sólo en Centroamérica y el Caribe, sino también en California.
En suma, se trata de una participación robusta en la que llevaremos el mensaje de diálogo incluyente del presidente López Obrador, así como la voluntad de trabajo y cooperación de México para el futuro de las Américas y de nuestra comunidad en Estados Unidos. (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 18)
(…) El presidente López Obrador también es muy selectivo en la aplicación de la Doctrina Estrada. Se dice no intervencionista con las dictaduras de Cuba, Venezuela o Nicaragua, incluso en los momentos de máxima represión, como ha ocurrido en esos tres países en lo que llevamos de esta administración, pero no ha dudado en opinar e intervenir, hace apenas unos días, en el proceso electoral de Colombia, lo que aquilató una dura protesta de la cancillería de ese país. Intervino en Bolivia, ante la destitución de Evo Morales; lo hizo en Perú, enviando a apoyar al presidente Pedro Castillo, cuando estaba a punto de ser destituido, a Rogelio Ramírez de la O, el secretario de Hacienda. Interviene en Brasil apoyando a Lula en la próxima contienda electoral. Intervino criticando y enviando cartas muy duras contra el Parlamento Europeo y contra España (donde la relación con Podemos es tan estrecha como lejana con el PSOE).
Interviene opinando y operando en temas de Estados Unidos, yendo de visita a Washington y alabando a Trump a pocas semanas de las elecciones en ese país, o esperando hasta después del 6 de enero, como hicieron China y Rusia, para reconocer el triunfo de Biden. Lo hace indirectamente al no ir a la Cumbre de las Américas y al entrar en conflicto y descalificar a los congresistas de Estados Unidos con los que tiene diferencias.
Pero no toquemos a Cuba, no opinemos sobre los juicios que iniciaron esta misma semana contra los artistas que participaron en las manifestaciones de Patria y Vida. No digamos una palabra sobre la represión de las manifestaciones en Nicaragua que dejaron casi 400 muertos, dos mil heridos y centenares de presos, incluyendo todos los candidatos de oposición en las elecciones del año pasado. Durante el gobierno de Daniel Ortega han salido al exilio 200 mil nicaragüenses en un país de sólo cuatro millones de habitantes. Y ni hablemos de la tragedia de Venezuela, asolada por la dictadura de Maduro, la pobreza generalizada del que fue el país más rico de América Latina y ahora con el narcotráfico instalado en el mismo poder.
Lo decíamos la semana pasada y debemos refrendarlo ahora: no ir a la cumbre de Los Ángeles es un perder-perder. Claro que se afecta la relación con Estados Unidos, claro que nos deja asociados en la percepción social, diplomática y política a dictadores decadentes. Claro que perdemos la oportunidad de defender en esa misma cumbre, a la que no se quiere asistir, los derechos de nuestros paisanos y de muchos más, de los que habla el canciller Ebrard en su texto.
Así es muy difícil decir que no se está apoyando a los republicanos en los comicios de noviembre en Estados Unidos: nadie, comenzando por los demócratas y la administración Biden, lo va a entender así, sobre todo por la confrontación abierta con los congresistas que son, casualmente, los que buscan reelegirse en noviembre.
Por cierto, ¿alguien cree que fue casualidad que el mismo día en que iniciaba la cumbre de Los Ángeles, con la migración como tema central en la agenda, partiera de Tapachula hacia la frontera, buscando llegar a Tijuana, la caravana migrante más grande de la historia con más de 10 mil participantes? (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)
Los Ángeles, California. Estar de acuerdo en estar en desacuerdo… Ese viejo principio de la relación entre Estados Unidos y México volvió, de repente, a la vigencia y resurgió cuando muchos temíamos una situación de crisis entre los gobiernos de los dos países, apropósito de la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador, de no asistir a la cumbre de Los Ángeles.
La ausencia de AMLO no se debió a que Cuba, Nicaragua y Venezuela no asistan, sino porque no fueron invitados, que era su postura desde el inicio, en función del principio de inclusión.
Pero la administración estadounidense, organizadora del evento, reclamó por su parte el derecho del anfitrión. Y aunque aseguró que escuchó las opiniones de los otros países, incluso de los que considera sus aliados, como México, optó por no extender invitaciones a gobiernos que en su criterio son tiránicos y autoritarios.
“La posición principal del Presidente es que no creemos que se deba invitar a dictadores, que es la razón por la que (López Obrador) ha decidido no asistir”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean Pierre.
A cambio, “esperamos recibir al secretario de Relaciones Exteriores (Marcelo) Ebrard como representante de México, y damos la bienvenida a la importante contribución, a los principales resultados de la cumbre”.
La divergencia provocó un enorme gasto de tinta –o de bytes–, ante lo que es un desacuerdo real y uno que en cierta forma tiene décadas de existir, como el referente a la situación de Cuba.
Dicho eso, el debate puso de relieve otros problemas, incluso que el presidente Joe Biden es el principal, y tal vez único aliado que tiene López Obrador en Estados Unidos.
El mandatario mexicano se confrontó esta vez con Robert Menéndez, un demócrata que preside el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EU y, de paso con la comunidad cubano-estadounidense, que es mayormente republicana.
Pero la verdad sea dicha, la relación entre el gobierno mexicano y la comunidad cubano-estadounidense nunca ha sido buena, debido a la postura de nuestro país respecto a Cuba.
Más allá, las posiciones de la administración de AMLO han irritado lo mismo a partidarios que adversarios de la migración, ha chocado con el gobierno de Biden –y otros– por su renuencia a determinar sanciones contra Rusia en torno a la invasión de Ucrania y manifestando problemas con la Organización de Estados Americanos.
Teóricamente, cada choque ha sido un irritante más. Y probablemente es correcto. Pero también lo es que aunque no con la frecuencia y, por supuesto, sin la intensidad y la resonancia de las redes sociales, los problemas derivados de posiciones divergentes han existido antes.
Luego de años de estira y afloja, y de conflicto, los dos gobiernos llegaron a la pragmática formulación del “estar de acuerdo en estar en desacuerdo”. Los ucranianos hubieran deseado un “acuerdo” así. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
El Banco Mundial confirma con datos lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador provoca con su actitud, una marginación de México del desarrollo del resto del continente.
La posición personalísima de López Obrador de defender a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua contrasta con la realidad mexicana de ser dependiente en lo comercial, financiero, migratorio y mucho más de Estados Unidos y abierto al comercio con muchos países de Centro y Sudamérica.
López Obrador no sólo boicotea con su ausencia la Cumbre de las Américas, tan importante para el presidente estadounidense, Joe Biden, sino que manda a su canciller Marcelo Ebrard a tratar de minar la fuerza de la Organización de los Estados Americanos (OEA), con la idea de sustituirlo con un grupo donde quepan las naciones que no respetan la democracia.
Esos dogmas del Presidente mexicano habrán de comprometer la relación de México con el continente. Y aunque no lo quiera la 4T, se va a enfriar la relación con Estados Unidos, porque con sus lances de defensa de las autocracias continentales, el gobierno mexicano quedó ya en mira de demócratas y republicanos que exigirán a su presidente un trato diferenciado a este gobierno mexicano.
Pero es también el Banco Mundial el que marca que México empieza a distanciarse de la suerte económica del resto de América.
Ya estaba claro que este país se había desvinculado de la economía de Estados Unidos. Desde el sexenio pasado el sector industrial mexicano ya no marcaba los mismos ciclos de la industria estadounidense.
Pero a partir de la pandemia, México tuvo un derrumbe económico contrastante con una baja moderada de la economía estadounidense y mientras el país del norte se recuperó y creció durante el 2021, este país garantizó que le tomará todo el resto del sexenio salir de la recesión del 2020.
Y ahora, la brecha la abre México con el resto de América Latina. El Banco Mundial recortó el pronóstico del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano para este año a 1.7% desde su estimación previa de una expansión del 2.1 por ciento.
Mientras que para toda la región de América Latina y el Caribe el Banco Mundial mejora su pronóstico de crecimiento del PIB de 2.3 a 2.5% y si no subió más la estimación regional fue precisamente por esa degradación en la estimación mexicana.
Al mismo tiempo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe anticipa que los altos niveles de inflación, de la mano de esos bajos niveles de crecimiento, harán que en México otros 2.5 millones de personas se conviertan en pobres.
Claro que la baja en la actividad económica y la alta inflación son fenómenos globales. Pero también queda claro que en México estas condiciones se agravan como consecuencia de las políticas públicas asumidas por la 4T que no enfocan el gasto hacia lo productivo y ahuyentan a las inversiones.
Este es precisamente el tipo de escenarios que deberían llevar a un país de la importancia y las relaciones que ha tenido México en materia diplomática y comercial a participar y encabezar un trabajo conjunto con sus pares americanos.
Y no a boicotear una Cumbre porque no se invita a tres dictadores que han acabado con sus países.
La Cepal anticipa que los altos niveles de inflación, de la mano de bajos niveles de crecimiento podría hacer que 2.5 millones de personas se sumen a la pobreza. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 9)
La Cumbre de las Américas es una reunión trianual de los jefes de Estado y de Gobierno del continente americano, en la que se busca atender los temas más importantes de la región, delimitados tanto por el contexto internacional como por los intereses del país anfitrión.
Existe una confusión en torno a que si la Cumbre de las Américas forma parte de la OEA. El alboroto se debió a que en la IX cumbre a celebrarse en Estados Unidos, entre el 6 y el 10 de junio 2022, el país anfitrión decidió no invitar a tres países: Cuba, Nicaragua y Venezuela, porque no los considera regímenes democráticos y además los tres tienen diferencias con el organismo regional. El presidente Joe Biden y ciertos legisladores estadounidenses, impusieron sus intereses a una reunión en la que se pretendía mandar un mensaje de inclusión continental, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿es la Cumbre de las Américas una parte de la OEA?, veamos:
En la III Cumbre de las Américas en Quebec en 2001, se acordó qué, la OEA, como socio institucional de las cumbres, las apoyaría desde una secretaría técnica, que se encargara de llevar el seguimiento y la memoria de las cumbres y coordinar a los grupos de trabajo y de revisión e implementación, entre otras funciones. Por lo tanto, la OEA es un espacio en el que se les da seguimiento, organización y acompañamiento a dichas reuniones.
A la IX Cumbre de las Américas se le conocerá como la cumbre de la desunión, ya que no pudo reunir a todos los mandatarios de la región. Un grupo de países lidereado por el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, decidieron no asistir a la reunión en los Ángeles, ante la negativa de Estados Unidos de incluir a los tres países mencionados, lo que deja ver un continente dividido en dos bloques con intereses diversos, en un contexto complicado.
En el ámbito internacional, la situación no podría ser peor, pandemia, guerra en Europa, crisis de alimentos, cambio climático al alza, enfrentamientos ideológicos entre democracias y populismos. En el ámbito regional, el continente enfrenta una crisis económica brutal: alta inflación, desaceleración económica e incremento de la pobreza, aunado a grandes tensiones entre los países de la región y una marcada indiferencia de Estados Unidos que le ha restado liderazgo e influencia. La cumbre era un buen momento para demostrar su sensibilidad hacia la región.
Los temas que el anfitrión ha puesto sobre la mesa: democracia, derechos humanos, cambio climático, comercio, migración, resiliencia de la pandemia y tecnología digital. Las acciones: el fortalecimiento y financiamiento de programas, la propuesta: la firma de una declaración sobre migración regional.
En ese sentido, el secretario de Estado Anthony Blinken, anunció que se espera en cada tema:1
Democracia: fortalecer la democracia, desde la propuesta americana, pasa por superar las divisiones ideológicas y fortalecer procedimientos para una mejor libertad de expresión, situación de los derechos humanos y elecciones libres.
Comercio y tecnología: se busca eliminar barreras que impiden a las pequeñas empresas sumarse a la economía formal, fortalecer las cadenas de suministro, combate a la corrupción, mejorar el acceso a las tecnologías emergentes, fortalecer el sector privado y acercarse más a las economías de ingreso medio. En este sentido la presencia de la vicepresidenta Kamala Harris será muy importante para fortalecer y empoderar a las mujeres empresarias.
Migración: mejorar las condiciones de los migrantes apoyando a las comunidades que los reciben, buscar la forma de crear una ruta legal y humana para la migración, mejorando las condiciones de la seguridad en la frontera y combatiendo a las organizaciones criminales que hacen presa a los migrantes.
Otros actores que forman parte de las cumbres y que trabajan junto con los funcionarios gubernamentales, para el avance de las agendas son: la sociedad civil, los jóvenes y los empresarios. Es clara la importancia que estos actores tienen en cada uno de los temas planteados por Estados Unidos. Los acuerdos se darán, ¿pero serán suficientes para cumplir con los dos objetivos principales de Estados Unidos como organizador la cumbre?
El primer objetivo de ser una cumbre incluyente, ya no se logró por las ausencias, por lo tanto, la unidad del continente está comprometida. El segundo objetivo, lograr mejorar las necesidades fundamentales de los pueblos de la región, está en veremos. Cómo siempre, las ideas no son malas, pero parece que lo que se propone en las cumbres se queda en las cumbres, los ciudadanos del continente no percibimos cambios profundos, por lo que estas reuniones, se sienten lejanas, inalcanzables, como las cumbres. (María Pía Taracena Goût, asociada del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, El Sol de México, Análisis, p. 13)
A Los Ángeles no va; a Washington, sí // España: buscan al rey para que informe de sus finanzas // La oposición
El presidente López Obrador confirmó que no asistirá personalmente a la Cumbre de las Américas que se lleva a cabo esta semana en Los Ángeles, California, pero México estará representado por el canciller Marcelo Ebrard, quien ya se encuentra allá. Sin embargo, se reunirá con su homólogo Joe Biden en Washington en julio próximo. ¿Por qué no estará en la Cumbre de las Américas?
Porque no se invitó a todos los países del continente, fueron relegados Cuba, Venezuela y Nicaragua. Dijo en la mañanera que hay una necesidad de cambiar la política de exclusión, el querer dominar sin razón alguna, el no respetar la soberanía de los países, la independencia de cada uno.
No puede haber Cumbre de las Américas si no participan todas las naciones del continente americano. Lamentó la actitud del senador Robert Bob Menéndez, quien descarriló la asistencia de los tres países mencionados.
Perteneciente al Partido Demócrata, es representante de Nueva Jersey y preside el Comité de Relaciones Exteriores. Es hijo de inmigrantes cubanos y nació en Nueva York en 1954. Ha sido un crítico implacable de los gobiernos de Cuba. Marco Rubio, otro senador de origen cubano, pero del Partido Repúblicano, comparte la posición de su colega demócrata contra La Habana. Ante la advertencia de López Obrador de no asistir a la cumbre si no se invitaba a los tres países, dijo: si no quiere venir, que no venga.
Pues no va, sólo que sin México la reunión no tiene razón de ser. Es la segunda economía de América Latina, después de Brasil. AMLO dijo que tiene muy buenas relaciones con el presidente Biden, un hombre bueno, y espera resultados importantes de su reunión en Washington en materia de migración. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)