Cómodo con soldados
Llamó la atención la declaración de ayer del presidente López Obrador en a que normalizó la presencia de fuerzas militares para controlar la migración irregular. Ya lo normaliza como ha hecho con la presencia de los militares en las calles, construyendo obras, repartiendo medicinas y hasta gas. Se acordará de cuando era líder opositor, miembros del PRD, y acusaba que se estaba militarizando el país. ¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)
En Washington lo saben hace un tiempo, pero con la ausencia del presidente López Obrador en la Cumbre de las Américas lo han confirmado. En los próximos dos años la relación entre ambos países caminará en piloto automático, nada más.
Muchas sonrisas, los mejores deseos, un próximo encuentro en la Casa Blanca, bonitas declaraciones y ya está. El embajador Salazar seguirá visitando Palacio Nacional para intentar, sin mucho éxito, arreglar asuntos de empresarios estadunidenses maltratados por el gobierno, en Washington seguirán poniendo recursos frente a los mecanismos que contempla el T-MEC, pero en el entendimiento que no hay mucho que hacer en términos de diplomacia real, ese lugar donde el diálogo y los intereses comunes imaginan proyectos y estrategias frente a tiempos difíciles como los que hoy vivimos.
Las broncas de López Obrador con algunos legisladores estadunidenses solo confirman que nada que tenga que pasar por el Capitolio y que beneficie a la relación bilateral, y por lo tanto a México, será muy bien recibido. Menos cuando el Presidente invita a mexicanos residentes allá a votar en contra de ciertos candidatos.
Piloto automático menos en un tema que hoy en México manejan las fuerzas armadas. Ahí sí, México cumple con la orden del trumpismo que Biden —en silencio—agradece.
Como lo reportó ayer mi compañero Pedro Domínguez: “las fuerzas armadas mexicanas desplegaron a casi 30 mil elementos del Ejército, Marina y Guardia Nacional para frenar las olas migratorias que vienen de Centroamérica con personas que buscan llegar a EU, mediante cuatro líneas de contención establecidas en distintos puntos del territorio nacional… Hasta el momento, su operación ha permitido la detención de 48 mil migrantes centroamericanos, según estadísticas de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, en el primer trimestre de 2022”.
Ayer el Presidente dijo que “es normal lo que se está haciendo”. Y pues sí, ya es normal.
Tal vez por eso el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Brian Nichols, le dijo a Alejandro Domínguez que “tenemos una relación con México excelente, el presidente López Obrador viene a reunirse con el presidente Joe Biden el mes que viene”.
A eso se ha reducido la relación con nuestro principal socio comercial, donde más paisanos viven, de donde más inversión recibimos. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
“Envíame tus masas empobrecidas…” decía el soneto de Emma Lazarus para la Estatua de la Libertad de Nueva York. Por su inicial política migratoria, en el 2018, al Gobierno de México sólo le faltó imprimirlo y lanzar volantes sobre Centroamérica.
Poco duró la ilusoria política lopezobradorista. Los migrantes abalanzados hacia el Suchiate asustaron a Donald Trump, quien fino como es, advirtió: “Los detienes en tu frontera sur o te cobro aranceles por lo que me vendes”. Sin chistar, México los detuvo.
Fino, sí, pero Biden exigió lo mismo. No importó la justificada indignación mexicana. A Palacio le confrontaron con la cruda realidad: “Si no los detienes en el Suchiate, ¿con qué atiendes la crisis humanitaria de docenas de miles en las ciudades de tu frontera norte? (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 46)
La migración centroamericana que pasa por México y se dirige hacia Estados Unidos se ha elevado sustancialmente. En los primeros cuatro meses de este año la detención de migrantes en la frontera de EU fue de 776,000 personas. Un año antes había sido de 531,000. El incremento es de 46 por ciento.
La migración ofrece desesperación, vulnerabilidades y depresión. También crimen organizado. En Ucrania, un país de 44 millones de habitantes, han salido por la invasión rusa 7 millones de personas como refugiados y se calcula que 12 millones se han desplazado internamente. Total, el 43% de la población del país. El futuro es una incógnita. Si la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fue creada después de la Segunda Guerra Mundial para lograr la paz mundial, no ha podido detener la guerra, la población se hunde en el miedo y en el duelo.
Quedan para la frustración las imágenes de horror creadas por la destrucción bélica y la huida de su población. Ucrania es un país mutilado que ofrece el entorno apropiado para observar la catástrofe; 11,000 crímenes de guerra lo confirman.
Para la población que emigra su deseo es llegar a un lugar que le permita vivir. Otros caminos están cerrados. Después del fracaso de los países llamados socialistas de crear un sistema que acabara con la desigualdad y la pobreza, involucrarse en una revolución es un anacronismo. Bertrand de Jouvenel lo decía con claridad: “Las revoluciones o sirven para concentrar el poder o no sirven para nada”.
La crisis migratoria mexicana y la centroamericana choca con la resistencia de Estados Unidos –país receptor de población migrante– de lograr una reforma migratoria. Hay muy buenas intenciones, pero se hace poco. A ello hay que agregar la actitud xenofóbica de una parte de la sociedad y de grupos de poder político en Estados Unidos.
En este año se observa que la migración ilegal de mexicanos hacia Estados Unidos pasó de 213,000 personas en el periodo enero-abril del año pasado a 302,000 personas en igual periodo en este año. Esto es, 42% de incremento.
De tal manera, la migración centroamericana que pasa por México y se dirige hacia Estados Unidos se ha elevado sustancialmente. En los primeros cuatro meses de este año la detención de migrantes en la frontera de Estados Unidos fue de 776,000 personas. Un año antes había sido de 531,000. El incremento es de 46 por ciento.
Si sumamos la emigración irregular de mexicanos y centroamericanos hacia Estados Unidos en cuatro meses, excede el millón de personas.
Hay otra nueva corriente migratoria de Sudamérica y el Caribe. Así, mientras que en el primer trimestre del 2021 llegaron 294 cubanos, en el mismo periodo de este año fueron 12,000. Los venezolanos, por su parte, pasaron de 41 en el primer trimestre de 2021 a 4,728 en igual periodo en este año. Y los emigrantes de Colombia fueron 117 en el 2021 y 6,845 en este año.
La cuestión más importante para el país expulsor de población es realizar una atracción de inversiones que permitan retener a la población. Asimismo superar los altos niveles de pobreza e inseguridad, así como ofrecer servicios sociales, principalmente salud y educación, los más importantes de la inversión en capital humano.
La experiencia que ahora observamos con la administración de la migración ucraniana es útil. Los países europeos resolvieron cuotas de absorción de migrantes, un paracaídas temporal asociado a los empleos disponibles. (Sergio Mota Marín, El Economista, El foro, p. 55)
LOS ÁNGELES, California. Si el éxito de la IX Cumbre de las Américas se definiera sólo por el número de jefes de gobierno asistentes, la que ayer comenzó formalmente en Los Ángeles sería desde ya un fracaso.
Sin embargo, la realidad es que casi todos los países de la región, menos tres, están representados aquí por sus presidentes o delegaciones de alto nivel y, como de costumbre, la verdadera medida del éxito o fracaso estará en la capacidad de Estados Unidos de sostener sus propuestas y cumplir sus promesas.
Pero lo normal ha sido que en el largo plazo les haya resultado más fácil mantener acciones punitivas, como bloqueos económicos y prohibiciones comerciales. Cierto, nada agradables y enormemente dañinos, aunque tal vez menos visiblemente brutales que la alternativa, de acciones militares o clandestinas que correcta o incorrectamente aún califican su relación con Latinoamérica.
De hecho, no fuimos pocos los que consideramos que el evento estaba en peligro de ser un fiasco, sobre todo a partir de las ausencias y muy en especial la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, pero también de varios centroamericanos y caribeños que al margen de otras consideraciones son centrales en el drama migratorio, como Guatemala, Honduras y El Salvador.
Puede afirmarse que algo más de la mitad de los jefes de Estado y de gobierno de la región estarán ausentes. En concreto, la mayoría de las naciones de habla inglesa del Caribe.
Pero aunque no habrá represalias directas contra ninguno, el precio estará en la consideración de sus demandas o prioridad a sus requerimientos. Después de todo, los que están sentados en la mesa tienen mejores posibilidades de hacerse oír. La controversia en torno a la no-invitación a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, que Estados Unidos considera como tiránicos y antidemocráticos, fue parte del problema, aunque haya terminado por reducirse a valoraciones de la relación entre EU y México.
El creciente rechazo latinoamericano a las medidas de bloqueo económico contra Cuba, y en menor medida contra Nicaragua y Venezuela, estuvieron en el centro de lo que se llegó a calificar como boicot contra la cumbre y un desdén, o una reprimenda, al gobierno del presidente Joe Biden.
Después de todo, Biden prometió que desarrollaría una política distinta hacia la región.
Pero la realidad también es que a pesar de todo, al menos en la región y los avances económicos de China, Estados Unidos es todavía el país indispensable, sea en lo económico, como socio comercial, como destino de migrantes o como punto de referencia socio-cultural.
El hecho es que presidentes como el argentino Alberto Fernández y el brasileño Jair Bolsonaro, que enfrentan complicados retos para sus ambiciones de reelección, se dejaron convencer de asistir con promesas de entrevistas bilaterales con Biden y hasta visitas a Washington. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
El Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, se ofreció como intermediario entre los países centroamericanos y del Caribe con Estados Unidos y les ha quedado mal.
Consistentemente, el presidente mexicano hace referencia al incumplimiento de Estados Unidos del envío de recursos ofrecido a esa región del continente, como una manera de justificar la incapacidad de su administración para concretar los apoyos prometidos por el Gobierno de Biden.
Comprometerse a resolver problemas externos como la falta de empleo y la delincuencia que provocan la migración hacia Estados Unidos pasando por México, ha llevado a López Obrador a tratar de exportar sus programas sociales como “Sembrando Vida’’, hasta ahora con resultados muy pobres o inexistentes.
De esa fallida exportación, López Obrador ha pasado a la entrega directa de recursos que quizá alivian una semana los problemas económicos de los países beneficiarios, pero no resuelven los problemas locales.
Claro, no es responsabilidad del gobierno mexicano resolver los problemas de otros países por muy hermanos que sean, pero en congruencia con su discurso de fraternidad y lo demás, esta administración decidió que por lo menos podía mediar.
Es como cuando un familiar le pide dinero prestado a usted, pero no tiene recursos.
Sin embargo, como es familiar, le dice que usted no puede, pero se compromete a pedirle a su jefe un préstamo para solventar la necesidad ajena.
Pero pasa que el jefe no quiere o no puede en ese momento prestarle dinero; la necesidad pasó a ser suya y de paso tendrá que cargar con la responsabilidad de que su familia le dé la espalda.
En esas andamos. (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p. 3)
La migración, es parte de los procesos demográficos que junto a la natalidad y mortalidad introduce cambios en el tamaño, composición y distribución de la población. Este fenómeno está relacionado con el movimiento o desplazamiento espacial de las personas, que tiene vigencia desde que la especie humana existe, motivado a que el hombre tuvo la necesidad de salir de su lugar de origen en búsqueda de alimentos, vestimenta o vivienda para él y sus afectos. Además, las grandes catástrofes naturales, pérdida de cosechas, guerras y hechos sociales como persecuciones raciales o ideológicas, han promovido el movimiento migratorio.
En este sentido, se trae a colación los postulados de quien señala que la migración es un derecho ejercido por los individuos con la perspectiva de mejorar su situación o enfrentar circunstancias adversas, que puede producir cambios ligeros o hasta radicalmente bruscos en estas personas. Asimismo, indica que todo sujeto está expuesto a migrar en algún momento de su vida y aunque puede que esto no ocurra, existe siempre una expectativa latente de migración susceptible en cualquier lapso de tiempo.
Por su parte, el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía expone que la migración es un fenómeno social indisoluble del cambio de la población, que está determinado por la estructura social y económica de una región o país, que a la vez, repercute sobre dichas estructuras, pues es un hecho potencial que trasciende en la vida de las personas, dado que existe un traslado de residencia que exige el cruce de alguna delimitación administrativa o geográfica. De allí que, son desplazamientos de grupos humanos que los alejan de sus residencias habituales.
Al respecto, Rodicio y Sarceda manifiestan que “las migraciones son un fenómeno constante que reporta beneficios más allá de los puramente económicos. Gracias a ellas muchos países han podido modernizarse y abrirse a la pluralidad social que conlleva recibir personas de muy diferentes culturas” . En ese sentido, De La Vega refiere al proceso migratorio como el desplazamiento espacial de la población, vinculado al desarrollo de las personas que ha traído como consecuencia la diversidad étnica y cultural que se observa en la actualidad. Esta movilidad de personas que ha sido característica de la humanidad a lo largo de la historia, implica el cruce de un territorio delimitado por una frontera.
En este mismo orden algúnos definen la migración como el cambio de residencia de un lugar llamado “origen” hacia otro llamado “destino”, con un carácter casi permanente, el cual es motivado por razones económicas, sociales y/o políticas. De esta manera, el fenómeno se compone de la salida de un individuo (emigración) de una comunidad, estado o país (lugar de origen) por un tiempo determinado y la llegada de éste al nuevo territorio (inmigración) o lugar de destino. En este sentido, conviene considerar el cruce de fronteras, que distinguen dos tipos de migraciones: Las internas y las internacionales.
Las migraciones internas, son aquellos movimientos de población que ocurren al interior de un mismo país, es decir, acontecen desplazamientos entre municipios, Estados, condados, distritos o regiones. Mientras que las migraciones internacionales o externas, de acuerdo a Valente, son desplazamientos de población que ocurren entre países, trayendo como consecuencia el traspaso de una frontera. Sin embargo, CELADE sugiere precisar los movimientos específicos que denota el concepto; llevando al investigador a delimitar el tipo de migración a estudiar, teniendo en cuenta que en este fenómeno quedan excluidos los desplazamientos laborales cotidianos, los viajes de turismo, los traslados de corta duración y los cambios de residencia dentro de la misma unidad administrativa.
Ante estas consideraciones, la migración como proceso demográfico, puede ser entendida como el fenómeno social que altera la estructura, crecimiento y distribución de la población de un país; debido a que un número de personas realiza el cruce de algún límite o frontera administrativa, en búsqueda de asentarse en nuevas tierras para mejorar sus condiciones de vida, de trabajo, entre otros aspectos. Se denominará migrante, al individuo que toma la decisión de salir de su lugar de origen para trasladarse a otro; emigrante, a la persona que traslada su lugar de residencia habitual geográfica o administrativa a otra (sale); e inmigrante, a la misma persona, pero que viene a asentarse en el lugar de destino escogido (entra), tales procesos se pueden apreciar en la Figura I. Aunque puede responder a muchos tipos de causas, las migraciones están normalmente originadas por la necesidad o deseo de alcanzar unas mejores condiciones económicas, culturales, sociales y políticas. (Luis David Fernández Araya, La Crónica de Hoy, Negocios, p. 18)
Ken Salazar llegó a México como embajador de Estados Unidos como una bocanada de aire fresco. Remplazaba a Christopher Landau, que se había dedicado a la frivolidad pública, tomándose selfies en viajes turísticos y culinarios, pero fracasando en el tema más delicado de su paso por México, la investigación y captura del general Salvador Cienfuegos, que no supo cómo manejar. Salazar parecía ser todo lo contrario, pero más pronto que Landau, decepcionó.
Salazar tenía una gran carrera, como abogado, fiscal en su natal Colorado, cabildero en Washington, secretario del Interior en la administración Obama y nombrado jefe del equipo de transición de Hillary Clinton, si llegaba a la Casa Blanca en 2016. Cuatro años después, cuando Joe Biden derrotó a Donald Trump, vio en Salazar una gran opción para México, por su experiencia política, judicial y legislativa. Empero, en poco tiempo, ya se había metido en problemas.
Presentó sus cartas credenciales al presidente Andrés Manuel López Obrador el 14 de septiembre pasado, y tres meses después, en diciembre, estaba en medio de un serio problema con las empresas de energía estadounidenses, cuando varios de sus representantes le pidieron al secretario de Estado, Antony Blinken, que lo remplazara porque, decían, no estaba defendiendo los intereses de su país. Gestiones al margen del embajador allanaron la interlocución de las empresas con el gobierno, y la presión se redujo.
Salazar, sin embargo, siguió emproblemado. En febrero, en el contexto de la reforma eléctrica, declaró que López Obrador tenía razón en hacer cambios “para lo mejor del pueblo”, lo que le generó críticas ante las violaciones en las que incurría dentro del acuerdo comercial norteamericano, aunque recibió calor y agradecimiento mañanero del Presidente, que le agradeció su espaldarazo.
Para evitar una confusión de López Obrador, viajó dos veces el representante especial para el cambio climático, John Kerry, a precisar al Presidente la posición de Estados Unidos, que no era la que el embajador le transmitía. Pero más tardaba Kerry en regresar a Washington, que López Obrador, tras hablar con Salazar, en insistir en la reforma y negar violaciones a la ley. Por alguna razón, López Obrador tenía la idea de que, con Salazar de mancuerna con él, la relación con Biden caminaría sólida.
En Washington, mientras tanto, había una batalla entre dos bandos. Por un lado, Blinken y el consejero de Seguridad Nacional para América Latina y el Caribe, Juan González, y por el otro, el procurador general, Merrick Garland, el FBI, la DEA y la representante comercial, Katherine Tai. Garland y las agencias pedían una posición dura contra el gobierno de López Obrador por sus acciones en materia de seguridad y cooperación bilateral, mientras Tai quería presentar demandas por violaciones al tratado comercial. Sin embargo, la instrucción fue que querían cuidar al máximo la relación con López Obrador, conocedores, por los informes de inteligencia, de lo temperamental y explosivo de su comportamiento.
López Obrador, que no tiene filtros, acusó reiteradamente al gobierno de Estados Unidos de intervencionista porque la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) donaba una pequeña cantidad de recursos a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad. Hubo varios extrañamientos por esos ataques, pero no frenaron a López Obrador. Salazar tampoco podía contenerlo.
Las declaraciones de López Obrador eran temerarias y mentirosas, y llevaron a Salazar a una encrucijada, cuando comunicó al canciller Marcelo Ebrard –revelaron fuentes de alto nivel– que su gobierno no respondería los señalamientos del Presidente, como cuando se quejó de falta de apoyo de Washington a los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, que quería llevar a Centroamérica, cuando en realidad nunca se acordó ese tipo de compromiso, que sólo estaba en la cabeza del inquilino de Palacio Nacional.
Poco después, López Obrador inició su campaña para boicotear la Cumbre de las Américas, con una fuerte crítica al “bloqueo” a Cuba, lo que motivó un nuevo extrañamiento al gobierno mexicano. La posibilidad del boicot preocupó a Washington, y le encargaron a Salazar, el único interlocutor que tiene López Obrador, que lo persuadiera y que asistiera a Los Ángeles. Pero el Presidente endureció su posición y Salazar, que presume una cercana amistad con López Obrador, cayó en su propia trampa.
Aunque hace más de 10 días notificó a Ebrard que la Casa Blanca no respondería a López Obrador su demanda de hacer pública la lista de invitados a la Cumbre de las Américas, Salazar le dio a Biden la expectativa de que asistiría, como lo reveló el lunes en una entrevista con Ariel Moutsatsos, corresponsal de Televisa y Foro TV. Salazar, que a veces parece que cree que tiene bien decodificado a López Obrador, volvió a fallar. Públicamente reconoció haber engañado, involuntariamente, al presidente Biden y, de paso, provocó un desorden en la organización de la cumbre, donde la Casa Blanca tuvo que ir improvisando por las mentiras inopinadas de su embajador.
Salazar ha tenido más reveses que aciertos en sus primeros nueve meses como embajador, lo que ha renovado la especulación en Washington sobre una pronta salida. Eso realmente es difícil de saber, aunque en los últimos días aquella posición de no tocar a López Obrador ni con el tono de una frase, ha cambiado. Biden lo enfrió, Blinken también, lo degradaron en cuanto a interlocución, y los militares han estado hablando del control del narcotráfico sobre franjas de territorio nacional, mientras las agencias policiales dicen que la cooperación en materia de seguridad está congelada.
Biden invitó a López Obrador a la Casa Blanca en julio, el mismo día en que Tai introdujo la cuarta demanda laboral a México, pero las señales que ha enviado Washington a Palacio Nacional son de disgusto. Públicamente están tratando de mostrar que no está dañada la relación, pero en la práctica es todo lo contrario. Salazar, que debía haberlo evitado, la aceleró por pensar que podía con López Obrador y resultó que el Presidente se lo comió. Pobre vaquero, que está quedando mal en los dos países. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)
Biden no es un “buen hombre” como dice López Obrador. Es un buen político que lleva décadas jugando en las grandes ligas de la política estadunidense y no se iba dejar amedrentar aceptando una demanda extranjera que le hubiera costado votos en su país.
Biden es un jugador con más fichas que López Obrador. Puede darse el lujo de que el jefe del Estado mexicano no asista a la Cumbre de las Américas y no pasa nada. López Obrador, en cambio, perdió la partida. Se perdió la oportunidad de tener un mayor impacto en su agenda de invitar a todos. Le dejó todo el liderazgo crítico a la política exterior estadunidense y a la nueva figura de la izquierda latinoamericana: el presidente chileno, Gabriel Boric. Éste, al igual que López Obrador, estaba en contra de la marginación de Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero fue a decírselo en su cara al Presidente de Estados Unidos con una mayor cobertura mediática. México, en cambio, tuvo una participación testimonial con una delegación presidida por el canciller Marcelo Ebrard.
López Obrador subió la apuesta, Biden dijo “voy”, López Obrador abrió su juego, no tenía buenas barajas y perdió.
Peor aún, Biden sacará la legendaria libretita de la que hablaba Lyndon B. Johnson, donde el presidente de Estados Unidos debe apuntar todas la cosas buenas y malas que le ocurren para, llegado el tiempo, premiar a los que ayudaron y castigar a los que lo perjudicaron.
Biden ya tiene apuntadas varias en las que López Obrador lo ha tratado de fastidiar. Hasta ahora ha sido muy cauto en no castigarlo porque lo necesita para detener las olas de migrantes que están tratando de cruzar al país vecino del norte.
Pero eso no significa que no llegará el momento en que le cobre las facturas a López Obrador. Y, como suelen hacer los avezados políticos de Washington, será donde más le duela al Presidente mexicano.
Como todo imperio, tienen que demostrar su poder de vez en cuando. Por eso, como reza el dicho, no conviene meterse con Sansón a las patadas. Estados Unidos es un país muy poderoso, con muchísimas fichas que jugar y puede darse el lujo de enfrentar las bravuconerías de López Obrador. Mi intuición es que el castigo llegará en 2024 con el fin de afectar el principal objetivo del Presidente mexicano: la continuidad electoral de su proyecto político.
Mientras tanto, lo irán desgastando en todo tipo de temas. Que si prohíben el paso del aguacate, tomate o atún mexicanos a Estados Unidos. Que si lo demandan porque no está cumpliendo el T-MEC. Que si cierran temporalmente la frontera para revisiones sanitarias. Que si no le dan visas a los legisladores que apoyan a Rusia. Que si no comparten información de inteligencia. Que si critican a México por la gran cantidad de periodistas asesinados. Que si aprueban más dinero para organizaciones no gubernamentales que fiscalizan el uso de recursos públicos. Que si le bajan el nivel a la interlocución a los funcionarios mexicanos. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 11)
Se equivoca el presidente López Obrador: Estados Unidos puede tener muchas y diferentes agencias de seguridad, puede haber contradicciones e incluso enfrentamientos entre ellas, puede ser que, como dio a entender, es que ya no se les deja operar con tanta libertad en México como en el pasado y están, por eso, mal informadas. Puede haber, incluso, lo ha habido en ocasiones, mala fe en algunos operadores. Pero no puede decir eso del jefe del Comando Norte de la Defensa estadunidense. No sólo porque el grado de información de ese tipo de instituciones es muy alto, sino también porque, como sus propios mandos sostienen, su relación con sus homólogos mexicanos es excelente.
La historia comenzó cuando, en marzo del año pasado, el jefe del Comando Norte de la Defensa estadunidense, el general Glen D. VanHerck, hizo dos declaraciones muy importantes para entender el diagnóstico que tienen los militares estadunidenses de nuestro país.
Durante una rueda de prensa con periodistas que cubren el Pentágono, sostuvo que “las drogas, la migración, el tráfico humano, todos son síntomas de organizaciones criminales transnacionales que a menudo operan en áreas no gobernadas, entre un 30 a 35 por ciento, de México”.
Ese mismo día, ante el muy influyente Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos, declaró que “hay dos importantes organizaciones criminales transnacionales: el Cártel de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación”. Agregó que “tenemos un imperativo de seguridad nacional dada la inestabilidad que crean estas organizaciones, las tragedias que provocan y las oportunidades que generan para que actores malignos como China y Rusia puedan tener acceso e influencia directamente en nuestra frontera sur”.
Este año, ante el mismo comité del Senado, el general VanHerck ratificó sus declaraciones respecto al control territorial de las organizaciones criminales en México.
Desde entonces se han reiterado las declaraciones similares de muchos otros funcionarios estadunidenses, de legisladores, republicanos y demócratas, y la idea se repite en los medios de ese país. Hace un año, después de todas esas declaraciones, el propio jefe del Comando Norte, el general VanHerck, estuvo en México y se reunió con el secretario de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, y el de Marina, el almirante José Rafael Ojeda: hablaron, se dijo, de seguridad y migración.
Hay que entender, como ya hemos dicho en otras oportunidades, que las relaciones entre las Fuerzas Armadas de México y de Estados Unidos suelen correr por carriles diferentes a las diplomáticas. Para Estados Unidos, México es parte de su seguridad interior, por eso, tanto nuestro país como Canadá forman parte de lo que se denomina el Comando Norte de la Secretaría de Defensa. Todo el resto de América, incluyendo el Caribe, es parte del Comando Sur, una de las otras siete áreas de seguridad exterior de la Unión Americana. Ser considerado parte del Comando Norte implica un tipo de relación y de compromisos distintos, superiores, entre las fuerzas armadas de esos tres países por la sencilla razón de que Washington considera lo que pueda suceder en sus fronteras, en este caso en México, como temas de su seguridad interior y nacional.
El diagnóstico del jefe del Comando Norte no está alejado de la realidad. Hay territorios en nuestro país que sólo formalmente están bajo control de las autoridades. Zonas completas de Michoacán, Guerrero, Chiapas, Colima, Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Sinaloa, Sonora, Durango, Tamaulipas, entre otros, son territorios de alta presencia e, incluso, hegemonía criminal.
Al Comando Norte no le preocupa, en ese sentido, el gobierno de López Obrador y los vaivenes sexenales. La operación de los grupos criminales es considerada un factor de riesgo interno en la Unión Americana, por su propio accionar y por la posibilidad de ser utilizados o manipulados por potencias externas. Les importa su seguridad interior, que los cárteles sean el conducto para ataques contra su territorio. Y cuando ello implica también el involucramiento cada vez mayor del crimen organizado en la migración ilegal, esos desafíos no pasan desapercibidos. Y sumémosle los más de 100 mil muertos al año por sobredosis de opiáceos, muchos de los cuales son traficados por cárteles mexicanos. La estrategia de seguridad que está siguiendo México ignora o subestima esa preocupación y lo que ella implica en la relación bilateral. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)
El inquilino de Palacio Nacional creyó que podría erigirse como el líder de la región, sin embargo se ha quedado esencialmente solo. Los datos indican que a la Cumbre de las Américas asistirán los presidentes de los países más significativos de América Latina. Su desplante “solitario”, arguyendo que deberían asistir todos los países, sin exclusiones, no tuvo el efecto esperado.
Dos naciones simétricas a la economía mexicana concurren a dicha reunión. Su amigo, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, no lo siguió en su aventura, y el presidente de Brasil, el derechista Bolsonaro, por supuesto que tampoco iba a apoyarlo. Los presidentes de izquierdas de Perú, Chile y Bolivia tampoco se engancharon en el emplazamiento del tabasqueño.
Por lo que, López Obrador quedó como el “representante” de tres países gobernados por dictadores. Nadie significativo lo siguió. Sus cálculos fallaron. Supuso que la Casa Blanca cedería. Se equivocó rotundamente. La jugada se le revirtió y la interlocución con Biden será endeble y poco confiable. No es un líder regional. Simplemente quedó como una expresión vernácula y aldeana. Eso sí, reconocido por los tres autócratas. No más.
Quedó claro que AMLO no representa una opción para agrupar a los países latinoamericanos. Su discurso no da para más. Carece de una agenda que cuestione la hegemonía estadounidense y los unifique. Su nacionalismo de pacotilla es anémico estructuralmente. Pasa por un beligerante antineoliberal, mas su política económica en México defiende los mismos intereses cupulares. El catecismo neoliberal es cumplido puntualmente.
¿Qué puede ofrecer López Obrador a los países de la región para construir un frente común, más allá de discursos vacuos y demagógicos? Nada. Un ejemplo claro del doble discurso presidencial es su trato a los migrantes. Sigue siendo el muro guardián del vecino del norte. En conclusión, AMLO fracasó en su chantaje a Biden. Perdió en este primer round. ¿Qué ganó en términos de correlación de fuerzas regionales? Nada sustancial. Pero, quedó claro, que su fuerte es emitir ocurrencias, desde el púlpito en las misas de siete a ciudadanos ingenuos y alimentar a sus fanáticos.
Otro aspecto de su postura retadora, es la contradicción discursiva, en donde el presidente llama a la unidad y la concordia entre los gobiernos de la región, pero, por otro lado, en México atiza la hoguera de la polarización y las descalificaciones contra quienes emiten críticas a su gestión. Aquí no hay paz ni tolerancia. Todos los días son propicios para denostar a quienes no están presentes. Esa es su dinámica. (Pedro Peñalosa, El Sol de México, Análisis, p. 18)
La IX Cumbre de las Américas se lleva a cabo en Los Ángeles, California, Estados Unidos, del 6 al 10 de junio del presente. En ese espacio se discuten temas diversos que interesan a la región en su conjunto.
En las anteriores ocho cumbres se abordaron asuntos referentes a la integración regional, fortalecimiento y preservación de la democracia, combate a la corrupción, crecimiento económico, comercio, erradicación de la pobreza, sostenibilidad ambiental, y avance en el acceso a la salud y a la educación, entre otros.
Durante la actual edición de la Cumbre se planteó abordar tópicos como cambio climático; recuperación económica; migración y seguridad; COVID-19; falta de acceso equitativo a oportunidades económicas, sociales, educativas y sanitarias; crisis climática e, incluso —y a propuesta del Gobierno mexicano—, la idea de caminar hacia un nuevo tipo de organización de las Américas, basado en la participación y el respeto a todos los países, además del tema de la terminación del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.
Cabe subrayar que el papel de nuestro país ha ido más allá de su participación, de suyo importante, en ese espacio, pues no sólo ha recuperado presencia y liderazgo en América Latina, sino que mantiene muy buenas relaciones con los Estados Unidos y Canadá. Todo ello bajo los principios constitucionales de política exterior consagrados en la fracción X, del artículo 89, de nuestra Carta Magna.
Por un lado, México se ha fortalecido como puente entre la América Latina y la América francesa y anglosajona, es decir, entre los pueblos del sur y los del norte de nuestro continente. El presidente Andrés Manuel López Obrador enarboló y situó en el debate regional la idea de una verdadera Cumbre de las Américas, y no una Cumbre de la Exclusión, ya que, como señaló, “Nadie tiene derecho a hablar en nombre de toda América y decidir quién participa y quién no”. Insistió en que se debía invitar a todos los Estados del continente y, así, poner en práctica el principio de que las naciones somos libres, independientes y soberanas. Agregó que si un país no quería asistir a la Cumbre sería por decisión propia, pero lo fundamental era no exceptuar a ninguno.
Finalmente, el mandatario mexicano decidió no asistir a la reunión, al ver que se cumplía la no invitación a ciertos países. Expresó: “No puede haber Cumbre de las Américas si no participamos todos”.
Sin duda, México ha dejado ver su peso en el continente como interlocutor en temas que interesan tanto al Gobierno estadounidense como a otros de América Latina, que ven en una hegemonía impuesta hace dos siglos un resabio del pasado que debe ser superado. Las distancias ideológicas o dogmáticas no tienen que estar por encima de la democracia y del bienestar de los pueblos.
Por otro lado, entre los Gobiernos de México y de Estados Unidos hay una comprensión mutua de que debe existir corresponsabilidad para resolver desafíos regionales como la migración, la seguridad y el tráfico de armas, entre otros, a partir del respeto de nuestras soberanías y en el marco de una relación entre iguales. Un ejemplo: nuestro país donó alrededor de 100 millones de dólares estadounidenses a naciones centroamericanas, a fin de generar condiciones que desmotiven la expulsión de migrantes hacia el vecino país del norte. Por su parte, el Gobierno de éste se comprometió hace unos años a donar 4 mil millones de dólares para el mismo fin. Esta ayuda, que no se ha entregado, sin duda será indispensable para el desarrollo de esa región.
El continente requiere del diálogo entre todos los países que lo conforman, pues ello permitirá seguir construyendo consensos en torno a su desarrollo y fortalecimiento. La búsqueda de las convergencias por encima de las diferencias es lo fundamental para que continúe el avance en los temas que interesan a todos los pueblos de nuestra América. (Ricardo Monreal, El Sol de México, Análisis, p. 17)
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho de la denuncia del bloqueo a Cuba y de la lucha por su levantamiento una de las principales banderas de su política exterior, basada en históricos principios consagrados en la Constitución mexicana. ¿Por qué? ¿Por qué es este un tema central en las mañaneras a la hora de expresar su inconformidad con que los anfitriones de la cumbre de Los Ángeles hayan excluido a Cuba, Nicaragua y Venezuela?
Para un estadista de la estatura moral e intelectual de López Obrador el asunto tiene una enorme importancia ética, humana y estratégica. Relacionada nada menos que con el horizonte que propone de una unión de pueblos y Estados de América Latina y el Caribe (ALC) con Estados Unidos y Canadá.
Hagamos un recuento. AMLO ha venido insistiendo en que Estados Unidos (EU) no puede seguirse conduciendo en sus relaciones con los pueblos y gobiernos de nuestra región como lo ha hecho “en los últimos dos siglos”. Estudioso de la historia, conoce muy bien lo que el hegemonismo, la arrogancia y la violencia entrañadas en la doctrina Monroe (1823) le han costado a nuestras naciones en opresión, intervenciones y sangre. Lo argumentó en el venerable Castillo de Chapultepec cuando llamó a “mantener vivo el sueño de Bolívar”.
El presidente de México está convencido de que lograr el levantamiento del bloqueo a Cuba es no sólo un acto de justicia elemental para el pueblo cubano que lo sufre. Es también una acción estratégica indispensable para conseguir que EU acepte, por fin, mantener una relación de verdadero respeto e igualdad con los pueblos de ALC. En sus declaraciones sobre la cumbre ha dicho: “¿cómo es que se va a mantener un bloqueo que impide que lleguen los alimentos al pueblo cubano, que impide que lleguen las medicinas? …
La empresa que les vende de otro país pasa a una lista negra y ya no puede vender nada en Estados Unidos, un barco que va a Cuba queda tachado, es más, declaran: es un país ‘terrorista’ y no se puede hacer ningún acuerdo, no puede viajar nadie a un país ‘terrorista’. Entonces ¿Cumbre de las Américas para qué?
En esa línea, el canciller Marcelo Ebrard afirma que poner fin al bloqueo es el “tema central” de la cumbre (La Jornada 6/6/22). AMLO plantea que no basta con el rechazo al cerco gringo por el que votan todos los años la inmensa mayoría de los países en la Asamblea General de la ONU. Aspira a mucho más: lograr que Washington comprenda, o al menos admita, por elemental realismo político, que ya los pueblos de nuestra América no están dispuestos a aceptar su injerencia, sus intervenciones y sus imposiciones, y que únicamente si pone fin al bloqueo a Cuba es que puede aspirar a una relación de amistad y cooperación con sus vecinos del sur. Naturalmente, ya para entonces se habrá enterrado a la OEA, como se hizo con el ALCA en Mar del Plata.
Aunque por principios se ha negado a asistir a la cumbre, AMLO ha sido prudente y enviado en su representación al jefe de su diplomacia pues, como dijo en una ocasión: “no nos vamos a fajar con Sansón a las patadas”. Admirador del ideal bolivariano de unidad regional, aseguró desde un principio que si no se invitaba a todos los países, no concurriría a la cita y así lo ha cumplido.
Si Washington le hubiera prestado la debida atención a los razonamientos de López Obrador, tal vez podría haber disminuido algo, el papel pobre, menor y antidemocrático que protagonizará en la cumbre de Los Ángeles. Pero no ha sido así. La lluvia de críticas procedentes incluso de gobiernos amigos y de analistas de tendencias políticas opuestas que señalaban el grave error de excluir países, ya rechazado unánimemente en la sexta Cumbre de Cartagena, no (Ángel Guerra Cabrera, La Jornada, Mundo, p. 26)
Las remesas que reciben mensualmente un poco más de 11 millones de adultos, en casi 5 millones de hogares, son impresionantes: en ocho de los últimos 12 meses (mayo 2021-abril 2022) el monto recibido mensualmente fue superior a 4.5 mil millones de dólares y muy probablemente llegará a 5 mil millones mensuales en el segundo semestre de este año. El impacto en el bienestar de esos 5 millones de hogares que reciben remesas es extraordinario, lo que se documenta, por ejemplo, en las compras de bienes y servicios, exceptuando vivienda y bienes de lujo, que han aumentado ligeramente durante los últimos nueve meses y que resultan ya superiores a los niveles registrados en 2020.
El impacto para la economía en su conjunto es también extraordinario. La balanza comercial de nuestro país en enero-abril de 2022 tuvo un déficit de mil 884 millones de dólares, en tanto que en el mismo periodo se recibieron remesas por 17 mil 240 millones de dólares. Si comparamos las remesas solamente con la balanza comercial con Estados Unidos en estos cuatro meses, que alcanzó un superávit de 41 mil 900 millones de dólares, representan 41 por ciento del monto logrado en nuestros intercambios de mercancías con Estados Unidos.
Consistente con estos montos, el peso se ha fortalecido sistemáticamente pese a las dificultades que enfrenta la economía mexicana. El pasado 26 de noviembre la cotización alcanzó un pico de 21.91 pesos por dólar; casi dos meses después, el 14 de enero, el dato fue de 20.29; regresó a la banda de los 21 pesos, llegando a 21.30 el 7 de marzo, y el martes pasado, 6 de junio, el registro fue de 19.56 pesos por dólar. En este desempeño influyen, por supuesto, varios factores, no solamente las remesas. El precio de la mezcla mexicana de crudo, que se ha elevado significativamente por la invasión rusa a Ucrania, es importante. Es significativo también el saldo de la balanza turística. Pero las remesas tienen un papel fundamental.
Una manera de ilustrar esta relevancia es comparar su evolución respecto de las remuneraciones totales de trabajadores formales e informales. Según la nota de Dora Villanueva en estas mismas páginas, en los dos últimos años las remesas crecieron seis veces más que las remuneraciones totales. Este contraste ilustra un hecho fundamental: los mexicanos ocupados en el extranjero contribuyeron con un monto equivalente a 70 por ciento de las remuneraciones que los mexicanos ocupados recibieron trabajando en nuestro país.
Por eso, estimaciones de Coneval señalan que en el primer trimestre de este 2022 el ingreso laboral per cápita llegó a 6 mil 611 pesos, aumentando en todos los quintiles de la población, pero sobre todo en el 20 por ciento más pobre. El aumento en el salario mínimo ha sido fundamental en este resultado.
De esta manera, pese a que la evolución del PIB se mantiene por debajo de lo comprometido por las autoridades hacendarias, y que se revisa a la baja en prácticamente todas las estimaciones disponibles, el bienestar general de la población ha mejorado. Hacienda planteó que este año creceríamos 3.2 por ciento, pero ha corregido esta meta estableciendo que sólo lograremos 2.4 por ciento en el año. El Banco Mundial, por su parte, en el marco de una revisión a la baja de la expectativa de crecimiento mundial, ha reducido su previsión para México de 2.1 a 1.7 por ciento. El promedio de las estimaciones de los especialistas en México señala que creceremos alrededor de un punto porcentual.
Es claro que este cambio de expectativas tiene como explicación central la modificación del escenario que se esperaba para la economía mundial, resultado de la invasión rusa a Ucrania. La caída de las expectativas nacionales se explica en gran medida por ese cambio de circunstancias en el escenario global. Existen, además, razones internas que explican que el desempeño observado esté por debajo de lo esperado. Lo importante, sin embargo, es que estas evidentes dificultades no han impedido que se sostengan las políticas sociales.
Así las cosas, con un flujo creciente de remesas recibidas, con una mejoría clara del salario mínimo, con políticas sociales que benefician a sectores vulnerados y vulnerables, la situación nacional se mantiene en condiciones razonables. La inflación persiste global y localmente, y aunque parece que pudiera estar cerca su control, no se logrará sino hasta los primeros meses de 2023. Así que, sin estabilidad de precios, con un desempeño muy pobre de la economía, la población más necesitada no ha sido afectada negativamente. En realidad, el 20 por ciento más pobre del país ha visto crecer sus ingresos y, en consecuencia, ha podido resolver de mejor manera sus necesidades. En ello, los envíos de nuestros paisanos han sido fundamentales, equivalentes a toda la política social de este gobierno. (Orlando Delgado Selley, La Jornada, Economía, p. 23)