Opinión Migración 260622

Melilla: brutalidad antimigrante

Al menos 37 migrantes subsaharianos murieron en el intento de cruzar la valla que divide a Marruecos de la ciudad autónoma de Melilla, pero la cifra podría incrementarse en las próximas horas debido a que 35 personas más se encontraban heridas de gravedad. De acuerdo con las autoridades españolas, al menos 2 mil personas participaron en la desesperada tentativa de alcanzar suelo europeo en este enclave hispánico en el norte de África; la mayoría de ellas fueron contenidas por gendarmes marroquíes, alrededor de 500 alcanzaron la cerca y 133 lograron franquear la frontera, todas las cuales fueron detenidas por agentes de la Guardia Civil.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, calificó los hechos como un asalto violento y organizado por mafias que constituye un ataque a la integridad territorial de su país, y afirmó que el operativo de contención fue un extraordinario trabajo por parte de las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado español y de los de Marruecos. Posteriormente, reiteró que su primera reacción ante la tragedia consistió en mostrar su solidaridad y reivindicar el trabajo que hicieron las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, así como en reconocer la colaboración de la gendarmería marroquí en la neutralización del ataque.

La postura de La Moncloa resulta incomprensible, cuando hay imágenes que documentan la inhumana brutalidad con que la gendarmería de Rabat arremete contra los buscadores de refugio: en un video se observa cómo, sucesivamente, se lanzan gases lacrimógenos para hacerlos caer de la valla (la cual tiene una altura de entre seis y 10 metros), se les dispara con balas de goma cuando ya se encuentran en el suelo, y se les propinan golpizas; otra filmación recoge el momento en que dos agentes lanzan piedras contra un migrante que permanece aferrado a la cerca para obligarlo a descender, y después lo llevan a empujones y golpes a donde ya se amontonaban otras personas detenidas previamente. De acuerdo con organizaciones no gubernamentales que operan sobre el terreno, a los detenidos se les negó cualquier atención médica por horas.

Pero la violencia desmesurada no es exclusiva de las fuerzas de Marruecos, cuyo régimen es bien conocido por su talante autoritario. En marzo pasado, la cadena de televisión RTVE difundió una grabación en la que agentes españoles rodean y golpean con sus toletes a un joven que cayó de la cerca, y días antes se había dado a conocer otro video donde se muestra a uniformados pateando en el suelo a dos muchachos que intentaban huir.

En este contexto, las palabras del mandatario dan cuenta de un discurso maniqueo que pretende convertir la necesidad de millones de personas que huyen del hambre, la guerra, el crimen, la persecución política y la falta de oportunidades en una amenaza para la integridad territorial de las naciones ricas, narrativa articulada con la finalidad de eludir sus responsabilidades humanitarias y el cumplimiento de los derechos humanos. Asimismo, el contraste de la actitud de los líderes y algunos sectores de las sociedades occidentales frente a los migrantes provenientes de África, Asia y Medio Oriente con la que mantienen hacia los refugiados ucranios deja traslucir que sus posturas están salpicadas de una enorme hipocresía y no poco racismo.

Además de merecer una firme condena de la comunidad internacional y los organismos de derechos humanos, episodios como éste terminan por borrar cualquier rastro de autoridad moral en la pretensión de las naciones ricas por dictar al resto del mundo la manera en que deben proteger las garantías individuales de sus ciudadanos. (Editorial, La Jornada, p. 2)

Encuentros y desencuentros presidenciales recientes (México-Estados Unidos)

A propósito de la próxima visita del presidente López Obrador a Washington para verse con Joe Biden, su homólogo estadunidense, la cita acontece poco después del sonoro desaire a la Cumbre de las Américas en Los Ángeles por la negativa a invitar a los gobernantes de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Viene a cuento recordar:

Una vez que inició el mandato del presidente López Obrador en diciembre de 2018, en los círculos políticos mexicano estadunidenses, se especulaba y hasta se temía un inminente “choque de trenes” con su homólogo, el presidente de la Unión Americana de ese entonces, Donald Trump. Eran de todos conocidas las expresiones de menosprecio y vituperio de Trump hacia los mexicanos y, especialmente, respecto de los inmigrantes que cruzan por la frontera para internarse en el país del norte para lo cual, luego de repetidas amenazas, comenzó la edificación del insultante muro. López Obrador antes y durante su campaña presidencial había anunciado que, llegando al poder, reprocharía oficialmente al estadunidense cada ofensa, pero eso nunca ocurrió. Para sorpresa de no pocos, aquel encuentro acaecido en Washington el 8 de julio de 2020, quedan para la historia aquellas estampas de extraordinaria cordialidad entre ambos, dado que las hostilidades eran y fueron siempre del lado norte del río Bravo, se esperaba que, por lo menos, hubiera expresiones de exigencia al esquema de respeto entre países socios, porque el principal motivo del viaje era cerrar detalles para la firma del T-MEC con Canadá.

Está por demás traer a cuento que si con España, AMLO envió aquella carta de reclamos por los abusos cometidos desde la conquista de Hernán Cortés y los crímenes de la Colonia, había quienes esperaban algo parecido respecto de la pérdida de más de la mitad del territorio y de las invasiones militares del Tío Sam durante el siglo XIX. Nada de eso.

Incluso, el mexicano expresó satisfacción por las buenas relaciones entre ambas naciones (sin haber excluido de esa afirmación a las complejas relaciones bilaterales, tensionadas a partir del gobierno de Donald Trump).

Mayor extrañeza causó la reacción del jefe de Estado mexicano, después de las elecciones presidenciales de allá, dado que se impuso un denso silencio con tufo de objeción a reconocer el triunfo del demócrata Biden.

En el contexto del apretado resultado electoral del país vecino, la demora en reconocer los resultados electorales afincó la impresión de estar con ello ofrendando una suerte de respaldo político a la reelección del polémico Trump, lo peor, en probable contradicción a la prohibición de intervenir de cualquier modo en los asuntos internos de otra nación.

Carlos Salinas de Gortari hizo presencia en Estados Uni­dos durante la campaña reeleccionista de George Bush padre, cuando perdió frente al carismático Bill Clinton.

Y salió caro a México haber evidenciado la preferencia interesada por la reelección, dado que con Bush se había afianzado el Tratado de Libre Comercio (TLC) que se estrenaría en breve. Efectivamente, Clinton impuso modificaciones a las cláusulas que beneficiaban a México y ese trance correctivo aplazó la entrada en vigor del instrumento de cooperación comercial trilateral.

Es probable que Biden sea un presidente menos poderoso (en términos de popularidad en su país y de liderazgo mundial) que Clinton, ojalá. (Francisco Javier Acuña, Excélsior, Nacional, p. 15)

La Esquina

Algo que debe agradecerse de la Ciudad de México es la vocación de sus habitantes por la tolerancia. Cómo en pocas ciudades, la CDMX se convierte rápidamente lo mismo en hogar permanente de migrantes que en escenario de las manifestaciones de mayor resonancia sobre derechos civiles. (Redacción, La Crónica, P.p.)