Con fronteras abiertas no habría tragedias como la de ayer en Texas. (La Jornada, Contraportada)
El 23 de mayo pasado, la Agencia de la ONU para los Refugiados (UNHCR) publicó un dato estremecedor, el número de personas que se han visto obligadas a dejar su hogar debido a violencia, conflicto, persecución, etc. por primera vez en la historia llegó a los 100 millones. Esta cifra sobrepasa la población de la mayoría de los países del mundo, y es equivalente al 79% de la población de México (de acuerdo con el Censo 2020).
El nivel de aceptación y las percepciones sobre los refugiados ha cambiado de forma importante en el tiempo y se observan diferencias significativas entre países acorde al número de refugiados que reciben. Con el fin de entender las actitudes hacia los refugiados y generar información que permita un debate informado y el diseño de medidas y comunicación eficiente para ayudar en este complicado tema, Ipsos realizó el estudio “Día Mundial de los Refugiados 2022” recabando la opinión de los ciudadanos en 28 países alrededor del mundo, incluido México.
Los resultados del estudio muestran que las actitudes hacia los refugiados se han vuelto más positivas con el tiempo, y significativamente mejores desde 2021, muy probablemente a raíz de la crisis en Ucrania. A nivel global (promedio de los países incluidos en el estudio), el público está en general abierto a dar refugio a aquellos que están escapando de una guerra o de un desastre natural y menos dispuesto a recibir personas que buscan refugio por características personales, ya sea sus creencias religiosas, etnia, género, opinión política, etc.
En el caso concreto de México, ocho de cada diez mexicanos están de acuerdo con el derecho de la gente de buscar refugio (vs. 78% a nivel global), 14% más que el apoyo registrado en el 2019. Arriba del 70% apoya la migración por temas de conflicto o desastres naturales, mientras que sólo el 50% está de acuerdo en permitir la migración cuando se basa en posturas políticas o religiosas.
A pesar del incremento en las actitudes positivas hacia los refugiados, existe también una preocupación sobre los verdaderos motivos por los que estos abandonan su país y buscan establecerse en otro. En especial, destaca la percepción que muchos de ellos migran por razones económicas, buscando aprovechar las oportunidades y beneficios sociales de otros países. Hoy en día, a nivel global 54% manifiesta esta preocupación, mientras que en México el 57% opina de esta manera.
Desafortunadamente, la buena voluntad hacia los refugiados no se está traduciendo en un mayor interés entre los ciudadanos de que sus gobiernos incrementen el apoyo hacia los mismos, ya sea permitiendo una mayor entrada o destinando más recursos. Sólo un 16% en promedio global considera que su gobierno debería incrementar el gasto en ayuda a los refugiados.
De la misma forma, la ayuda a nivel personal es aún limitada; cuatro de cada diez personas mencionan que han hecho algo para apoyar a los refugiados, ya sea mediante donaciones (21%), apoyo en redes sociales (15%), y sólo una minoría menciona un involucramiento activo. En México, éste porcentaje es aún menor, sólo tres de cada diez menciona haber realizado alguna acción en los últimos doce meses, siendo el apoyo en redes sociales lo más común (13%), seguido de la donación de bienes o dinero (10%).
Es momento de reconocer que un número importante de personas necesita de nuestra ayuda y que seguir con una actitud pasiva hacia el tema no es posible. Busquemos juntos la mejor forma de ayudar; hoy por ti, mañana por mí. ¡Hasta la próxima! (Ricardo Salas, El Heraldo de México, Editorial, p. 16)
La ampliación de derechos y libertades es un objetivo fundamental en cualquier sociedad democrática. Es un trabajo permanente y un horizonte a seguir. También es el punto de partida de nuestro contrato social: el Estado debe respetar una esfera de libertad individual, es decir, el espacio íntimo en el que cada persona determina cómo vivir y decide quién quiere ser.
El canciller Marcelo Ebrard ha impulsado por años una agenda progresista por los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Por ejemplo, fue el arquitecto detrás del reconocimiento del matrimonio igualitario en la Ciudad de México, tarea en la que tuve el honor de ser parte desde la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, junto a un amplio grupo encabezado por el entonces legislador David Razú. Hoy, 27 de las 32 entidades federativas han modificado sus códigos civiles, además de las sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que han ratificado múltiples derechos humanos protegidos por esas reformas.
En la presente administración, desde el frente internacional, hemos tenido la encomienda de continuar con la batalla hacia una sociedad más libre e incluyente. En primer lugar, a partir del 2019, el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocido en cualquier representación de nuestro país en el mundo. Nuestras 148 embajadas, consulados y oficinas de México en el exterior son espacios seguros. Además, todas las parejas pueden realizar trámites de registro de nacimiento.
Desde enero de este año es posible solicitar un acta de nacimiento que reconozca la identidad de género de la persona solicitante. De esa forma, las personas trans pueden homologar su identidad en el exterior y en territorio nacional, mismas que, en muchas ocasiones, no coinciden. Así, la Cancillería no sólo protege la identidad de las personas trans, sino que, al emitir actas de nacimiento, les da acceso a más derechos. En suma, les permite ser quienes son, dentro y fuera de México.
Destaco, además, la nueva matrícula consular de tercera generación: un documento de identidad que otorga nuestra red consular y que resulta fundamental para millones de personas mexicanas en el exterior, dado que se expide sin importar el estatus migratorio de la persona solicitante.
Esta nueva versión del documento, además de contar con nuevas medidas de seguridad, es la primera identificación mexicana no binaria. Es decir, reconoce a las personas que no se identifican con el género masculino ni femenino.
Promover una agenda de inclusión para todas las personas no es tarea sencilla. Siempre existen inercias burocráticas, entramados jurídicos propios del pasado y defensores del statu quo. Sin duda, tenemos que seguir trabajando para que el orgullo se viva a diario, se respete la identidad de todas las personas y la dignidad se haga costumbre, pero hoy somos una sociedad más abierta que hace apenas unos años. Me entusiasma vivir en un país cada día más tolerante e inclusivo y estoy seguro de que, con el trabajo de muchas personas compañeras de batalla, seguiremos avanzando en esa dirección.
Escribo esta columna desde Washington, D.C., en donde realizaré una serie de reuniones con la Casa Blanca y el Departamento de Estado, junto con nuestro embajador, Esteban Moctezuma, en preparación a la visita del presidente López Obrador. Estamos seguros de que, como han señalado el propio Presidente y el secretario Ebrard, será un encuentro muy productivo con diversos temas de interés común en la agenda, como inflación, comercio e inversiones, seguridad alimentaria y el seguimiento a la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección, entre otros. (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 14)