El 28 de junio pasado fue encontrado un tráiler abandonado en una carretera cercana a la ciudad de San Antonio, Texas, en Estados Unidos. Dentro de su contenedor perdieron la vida 53 migrantes, por asfixia, hacinamiento y deshidratación. 27 eran de nacionalidad mexicana, y también había personas provenientes de Guatemala y Honduras. 16 más, incluyendo menores de edad, fueron sacadas vivas del transporte para ser trasladadas a un hospital, aunque de ellas lamentablemente ya han fallecido seis.
Las investigaciones se encuentran en marcha y de manera conjunta entre autoridades mexicanas y estadounidenses. El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, adelantó que el vehículo salió de una casa de seguridad situada en la localidad de El Valle de Río Grande, en Texas, y que en su trayecto cruzó dos puestos de revisión de la Oficina de Aduanas y Protección Migratoria de la Unión Americana. Agregó que el tráiler nunca estuvo en puestos fronterizos de nuestro país ni pasó por ninguna de las garitas nacionales, por lo que, hipotéticamente, las y los migrantes ya estaban en suelo estadounidense.
Por su parte, el gobernador de Texas, Greg Abbott, indicó que la patrulla fronteriza no tenía recursos para inspeccionar todos los camiones.
Una de las derivaciones del crimen organizado es el tráfico de personas, un fenómeno que implica facilitar el cruce ilegal de fronteras, a cambio de una ganancia económica o material. Desafortunadamente, alrededor de ese tráfico giran otros ilícitos, como secuestros, trata laboral y sexual, tráfico de drogas y de armas, así como cobro de derecho de piso por ejercer tales acciones, entre otros, sin soslayar que las políticas migratorias restrictivas incrementan los costos y los riesgos de cruce por rutas más peligrosas para las personas migrantes.
La industria del tráfico de personas en América genera alrededor de 14 mil millones de dólares al año, debido al traslado de personas o familias hacia la Unión Americana, cruzando por México.
Se sabe que las causas de la migración y, por ende, del incremento de actividades ilegales, como el tráfico de personas, son desempleo, pobreza, desastres naturales, pandemia, violencia y conflicto armado o persecución.
Los delincuentes aprovechan estas situaciones para hacer negocio, al mismo tiempo que fomentan la corrupción a través de sobornos a funcionarios o autoridades. A esto se suma que estos contrabandistas de personas se organizan de manera cada vez más sofisticada y establecen redes profesionales que sobrepasan límites fronterizos o regiones.
Los esfuerzos de diversos gobiernos del continente americano no han sido pocos para buscar combatir este fenómeno pernicioso. A finales de 2021, se instaló el Grupo de Acción Inmediata, que es un trabajo de coordinación internacional entre países como México, Guatemala, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, para compartir información de inteligencia generada en cada nación.
Recién en junio de 2022, durante la IX Cumbre de la Américas, los países participantes (incluido México) se comprometieron a fortalecer y ampliar las vías regulares de migración y el acceso a la protección internacional, además de incrementar la colaboración para procesar a las organizaciones delictivas dedicadas al tráfico ilícito de migrantes, entre otras medidas.
La migración debe ser una elección voluntaria e informada, no una necesidad. Infortunadamente, desgracias como las ya referidas ponen de momento la atención en la importancia de crear las condiciones para generar una migración segura, ordenada, regular y humana, así como reforzar las acciones y los marcos necesarios para la cooperación y protección internacionales.
Sin embargo, se requiere también voluntad política persistente, además de ajustar, actualizar y redefinir en forma permanente todas las acciones planteadas, así como resolver las causas del fenómeno migratorio desde su origen. (Ricardo Monreal, El Sol de México, Análisis, p.12)
En septiembre se va a armar un Foro Internacional de Migración en Tijuana con el ayuntamiento, el Instituto Nacional de Migración, la CNDH, el Colegio de la Frontera Sur y el de la Frontera Norte más alcaldes y exalcaldes de Chipas, Baja California, San Diego y otros puntos fronterizos.
El organizador es el regidor y presidente de la Comisión de Bienestar Social de Tijuana, Juan Carlos Hank Krauss, y el objetivo es crear protocolos de atención para los migrantes que llegar a esta ciudad ay frenar la crisis humanitaria que se vive entre México y Estados Unidos, frontera que se ha convertido en el cruce más letal a nivel mundial, tras registrar mil 238 muertes en 2021. (La Prensa, La dos, p. 2)
La oscura historia de cómo Marcelo Ebrard cedió la soberanía nacional al aceptar el programa de Donald Trump “Quédate en México” se va aclarando con nuevas revelaciones de ex funcionarios mexicanos.
Cuando aún no asumía la responsabilidad como secretario de Relaciones Exteriores, Ebrard comprometió al nuevo gobierno de López Obrador, el 15 de noviembre de 2018 en Houston, en una reunión secreta con el secretario de Estado, Mike Pompeo, a recibir en México a los solicitantes de asilo extranjeros mientras los jueces migratorios dictaminaran sus solicitudes.
Quédate en México no solo convirtió a nuestro país en el patio trasero migratorio de EU, gracias a Ebrard, sino que Trump jamás le dio los 4 mil millones de dólares solicitados de ayuda al desarrollo centroamericano y obligó al gobierno mexicano, con la amenaza de imponer aranceles, a militarizar las fronteras, con las consecuentes violaciones a los derechos humanos de los migrantes.
A pesar de que Trump se fue hace año y medio de la Casa Blanca, el gobierno mexicano siguió instrumentando Quédate en México como si la amenaza continuara y cuando Joe Biden lo repudió desde el principio.
Ante la humillación, la indignidad. Tres años y medio después de que Ebrard aceptó el plan, la carga humanitaria para nuestra nación por Quédate en México solo benefició a Estados Unidos y nos perjudicó, pues únicamente 2.4 por ciento de las 75 mil solicitudes de asilo ha sido otorgado, según fuentes oficiales estadunidenses, mientras que en la frontera persiste la crisis humanitaria.
Jorge Alcocer V., ex coordinador de asesores de la Secretaría de Gobernación, quien fue testigo cercano de los hechos, denunció en la revista Voz y Voto de junio de 2022: “Desde los acuerdos Ebrard-Pompeo, primero en CdMx y luego en Washington, a mediados de 2019, la política migratoria del gobierno de México se diseña y opera con enfoque y mando militar, lo que ha traído costos enormes para los derechos humanos de las personas migrantes, generando y alimentando, como daño colateral, según las evidencias disponibles, una mayúscula red de corrupción dentro del Instituto Nacional de Migración”.
Después de denunciar como letra muerta la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que asigna a la Secretaría de Gobernación la facultad para formular y conducir la política migratoria (de la cual fue despojada pues no es competencia de la SRE), Alcocer propuso respetar la ley y devolver las facultades migratorias a Gobernación, recuperando la visión y mando civil, fundados en el respeto a los derechos humanos.
El ex funcionario de la Segob propuso que se abrogue el decreto presidencial del 19 de septiembre de 2019 y la desaparición de la Comisión Intersecretarial de Atención Integral en Materia Migratoria, a cargo de Ebrard.
“No podemos dictar a la Casa Blanca o al Capitolio lo que deben hacer. Pero sí podemos hacer lo que está en la esfera de nuestra soberanía como nación y nuestra tradición como país solidario. Volvamos a una política migratoria con visión y mando civiles. Ese será el mejor tributo a la memoria de los cientos de migrantes muertos. Ya es hora”, concluyó Alcocer.
Y mientras aquí en México callaron los poderes Legislativo y Judicial ante la sumisión del Ejecutivo, allá en Washington tuvo que ser la Suprema Corte de Justicia de EU la que avaló el fin del programa Quédate en México, repudiado por Joe Biden, pero aceptado e instrumentado por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, su nefasto legado. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Que por cierto Andrés Manuel López Obrador adelantó que su propuesta en materia migratoria ante Joe Biden será la “legalización” de la estancia de trabajadores mexicanos y el ordenamiento del flujo para que deje de ser un asunto de traficantes y polleros, que ponen en peligro vidas, a seis días del encuentro que sostendrá en Washington y semanas después de la tragedia que dejó más de 50 indocumentados fallecidos en un tráiler encontrado en San Antonio, Texas. La iniciativa se parece mucho a la vieja demanda de legalizar las drogas para arrebatar el negocio al crimen y bajar la violencia, tema que no ha prosperado. Ayer, a propósito, hubo encerrona con el gabinete de seguridad en pleno. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
La idea del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de lanzar una propuesta al presidente Joe Biden para formalizar la migración laboral de nuestro país hacia Estados Unidos es la primera estrategia verdaderamente trascendental de su mandato. El martes 12 de julio, en la Casa Blanca, podría ser el clímax de su gobierno.
AMLO adelantó que actualmente ese país carece de trabajadores para sus actividades productivas: ¿cómo va a crecer una nación sin fuerza de trabajo?, cuestionó.
“Vamos a ponernos de acuerdo en lo laboral y vamos a ordenar el flujo migratorio y a legalizar la contratación de trabajadores; que no sea un asunto de particulares (…) sino que sea un asunto de gobiernos. Vamos a ponernos de acuerdo sobre las visas de trabajo. No solo para campesinos o para obreros; (también) para profesionales…”.
AMLO desafiará a Biden. Habló de tener atrevimiento para resolver el problema migratorio y laboral, e insistirá en la figura de Roosevelt como artífice del programa “braceros”, y como uno de los mejores Presidentes estadounidenses.
¿Qué le podría ofrecer AMLO a cambio? No lo dijo, pero podrían ser tres cosas: (1) establecer un registro ordenado de mexicanos que aspiren a migrar; (2) detener el flujo migratorio de centroamericanos —el programa sería exclusivo para mexicanos—; (3) destrabar el tema energético y permitir sin reserva la inversión estadounidense aquí. ¿Qué probabilidad tiene AMLO de ser exitoso en su propuesta? De mediana a alta, porque la tasa de desempleo estadounidense en este momento es de 3.6 por ciento.
Prácticamente todas las entidades expertas en el tema han subrayado la actual “crisis de empleo”. De acuerdo con la US Chamber of Commerce, existen 11.4 millones de vacantes, pero sólo seis millones de personas sin empleo.
En esa brecha es donde AMLO puede insertar su propuesta si establece bases creíbles y compromete algo a cambio que sea apetecible a los norteamericanos, sobre todo, en un contexto de elevada inflación, derivada de la escasez de mano de obra en múltiples industrias.
Esta propuesta, de ser exitosa, sería la coronación de Marcelo Ebrard en el ánimo popular. El canciller puede ser el artífice del acuerdo más ambicioso de que se tenga memoria, con consecuencias en su carrera hacia las elecciones presidenciales de 2024. En una de esas hasta pueden bautizar el programa como el Plan Marcelo. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Merk-2, p. 19)
Compartimos 3,169 km de frontera con EU, donde 3 de cada 4 hispanos (36.6 millones) son de ascendencia mexicana. En 2019, intercambiamos 677.3 mil millones de dólares de mercancías (en pesos, 25 millones cada minuto del año). Ese año, México le vendió 12 veces más a EU que a toda América Latina sumada. El año pasado, 1.7 millones de migrantes de diferentes países fueron detenidos al ingresar a EU, sin documentos, desde México; de éstos, 40% eran mexicanos. Se estima que 200 mil armas de fuego entran ilegalmente a México desde EU cada año, mientras que 90% de la heroína, 88% de la cocaína, 87% de las metanfetaminas y 80% del fentanilo, que entran ilegalmente a EU, provienen de México. Nuestro vínculo es inevitable.
Sin meternos a discutir sobre la lejanía de Dios y la proximidad de EU, sólo dos países comparten frontera con el país más poderoso, que también es la economía más grande del mundo. Pero más allá de eso, la humanidad vive la revolución tecnológica más disruptiva, y su epicentro está ahí. No, China no será el país dominante en este siglo. Extrapolar su extraordinario desempeño reciente sería un error, no sólo por su endeudamiento, por su colosal crisis inmobiliaria y por su pesadilla demográfica que apenas comienza, sino porque es un país cada vez más cerrado que no podrá competir contra talento del resto del mundo que se concentra, predominantemente, en EU, y algo también en Europa. Sería un error histórico no aprovechar nuestra cercanía para ser parte de esa revolución.
No podemos desperdiciar las crisis que se presentan. Tragedias como la de San Antonio, donde murieron más de 50 migrantes, deberían ser el catalizador para al menos poner sobre la mesa un acuerdo extraordinario que permita la migración temporal de trabajadores mexicanos en grandes números, cuando EU no logra contener la presión inflacionaria precisamente por falta de trabajadores. Deberíamos también acelerar la integración entre ambas economías, aprovechando la urgencia que tienen empresas de EU para sacar sus cadenas de suministro de China. Eso generaría más trabajos en México y reduciría la presión de muchos compatriotas para migrar. Tenemos que entender que, si no logramos incrementar nuestra relevancia, los días del T-MEC están contados. Al renegociarse nuestro acuerdo comercial, el gobierno de EU estableció una cláusula para su posible terminación en 2026, si los tres países no lo ratifican. Si un republicano gana la elección presidencial en 2024, eso ocurrirá.
Esta coyuntura presenta oportunidades irrepetibles. Las cadenas de valor se regionalizan, pero nos empeñamos en ahuyentar a empresas de EU, que han tenido que migrar de China a Taiwán y Vietnam, mientras otras regresan a casa e incrementan robotización y automatización. Procesos como el de impresión digital, que permite producir pequeñas cantidades de bienes con gran eficiencia de costo, también le restarán importancia a lograr grandes escalas de capacidad industrial, como las que antes venían a México. Pronto no nos necesitarán.
La zanahoria para EU sería reducir la presión sobre la migración indocumentada, cuando la administración de Biden más lo necesita. Pero en vez de buscar estrategias sensatas y objetivos comunes, se deteriora la relación bilateral. Fue insultante el cabildeo de AMLO para convencer a otros mandatarios de la región de no asistir a la cumbre en Los Ángeles. Es igualmente decepcionante constatar que Ken Salazar, un embajador que pudo impulsar la relación dada su cercanía con Biden, se olvidó de que su chamba no es volverse patiño de las fantasías de AMLO, ni su golpeador contra instituciones de la sociedad civil que son contrapesos indispensables, sino defender los intereses de EU en nuestro país.
Nuestro único motor de crecimiento este sexenio ha provenido de nuestra integración económica con EU, nos urge acrecentarla. EU necesita mandar a Ken Salazar de regreso a Nuevo México, para que lo sustituya alguien que entienda por qué apoyar las ocurrencias de un populista demente también amenaza a la estabilidad de su país. (Jorge Suárez, Reforma, Opinión, p. 11)
AMLO va por acuerdo migratorio // Oferta buena para ambos pueblos // Francia: nacionalización tota
En cuestión de días –cinco, para ser preciso– se reunirán en la Casa Blanca los presidentes López Obrador y Biden, y aunque bien a bien no se conoce el detalle de la agenda del encuentro, el mandatario mexicano adelanta que el tema migratorio será central, toda vez que son momentos de tomar decisiones (especialmente si se conoce que unos 40 millones de paisanos viven en la nación del norte) y hay que enfrentar todas las resistencias. Si no hay una política atrevida en beneficio de los pueblos, ni se resuelve nada ni se tiene nunca el apoyo de la gente.
Sexenio tras sexenio el gobierno mexicano ha intentado –algunas veces en términos reales, otras, la mayoría, sólo de forma retórica– alcanzar un acuerdo migratorio con el vecino del norte, pero todo ha sido rechazado por los gringos. La excepción fue el Programa Bracero (lo firmaron Manuel Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt), como excepcional fue la decisión estadunidense de procurar mano de obra mexicana, porque la propia peleaba su guerra en el Pacífico y después en Europa. Este acuerdo bilateral se prolongó 22 años (1942-1964). Con Canadá, México mantiene, desde la década de los 70, el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales que resulta muy limitado, pues la cuota autorizada ronda 25 mil personas por año.
Por ello el presidente López Obrador acudirá a la Casa Blanca con una propuesta concreta que es buena para ambos pueblos y para los dos países en materia de migración, especialmente si se considera que hay una crisis mundial y hace falta tomar decisiones. Se trata de ponernos de acuerdo en lo laboral y vamos a ordenar el flujo migratorio, y a legalizar la contratación de trabajadores. Que no sea un asunto de particulares, de traficantes de personas, de polleros, de empleadores sin escrúpulos, sino que sea un asunto de gobiernos. Y vamos a ponernos de acuerdo sobre visas de trabajo, no sólo para campesinos, para obreros, para profesionales, para mucha gente.
Desde luego, la permanente negativa del gobierno estadunidense a firmar un acuerdo migratorio repercute en beneficios –ilegales a todas luces– para los patrones del otro lado, quienes reclutan mano de obra mexicana a un costo mucho menor que el que les representaría contratar trabajadores estadunidenses. El propio López Obrador subrayó que desde hace mucho tiempo se mantiene una política injusta de pagar menos al trabajador indocumentado y de poderlo correr cuando les da la gana. ¿Cómo va a crecer una nación sin fuerza de trabajo?, y como ejemplo citó lo siguiente: “Hay mucha simulación en este tema, como en otros, pero sólo menciono una: si ustedes van a Estados Unidos y les alcanza para ir a un restaurante, puede que esté vacío, que sólo haya dos mesas ocupadas, o tres, y no les den servicio teniendo las mesas vacías, y la persona que atiende les dice: ‘No podemos darles el servicio porque no tenemos trabajadores de cocina ni trabajadores que atiendan las mesas’. No hay trabajadores en Estados Unidos para sus actividades productivas. Entonces, ¿por qué negar este hecho real, la falta de trabajadores, y al mismo tiempo impedir que lleguen migrantes?”
Se trata de asuntos de Estado que hay que resolver sin importar lo que diga gentuza como los senadores gringos Bob Menéndez, Ted Cruz y otros de la misma calaña, en el entendido de que hay que transformar, porque si se va a seguir con la misma política de siempre, pues va a continuar la decadencia; es un proceso de degradación progresivo.
En fin, habrá que ver los resultados, pero en vía de mientras López Obrador detalla que mi planteamiento es más unidad, integración con soberanía, integración que no significa sometimiento, respeto a nuestra independencia. Esto que no entienden los del New York Times, que creen que somos colonia. Pero eso no significa que no podamos ponernos de acuerdo. Además, son 38 millones de mexicanos en Estados Unidos, tenemos 3 mil 180 kilómetros de frontera. Hay salidas al asunto, ni siquiera voy a decir problema, a la cuestión migratoria, pero se requiere de tomar decisiones. (Carlos Fernández Vega, La Jornada, Economía, p. 20)
Pasó de noche.
La declaración del presidente López Obrador en la cual propuso que la Estatua de la Libertad, en Liberty Island, debería desmontarse en caso de que se procese y condene en Estados Unidos a Julian Assange, fue de tal desproporción que fue mayormente ignorada por la prensa de los Estados Unidos.
Fue algo así como si el presidente de un país centroamericano hubiera dicho que habría que desaparecer el Ángel de la Independencia porque la Guardia Nacional hace labores de contención de los migrantes centroamericanos.
Aquí, a cualquiera que hubiera dicho lo anterior, se lo hubieran acabado en la mañanera y anexas.
No crea usted que en Estados Unidos va a preocupar demasiado esta declaración del presidente mexicano en el contexto de la reunión que habrán de sostener la próxima semana los presidentes López Obrador y Biden.
La visión que prevalece en ciertos círculos norteamericanos muy influyentes es que hay que ignorar los dichos de AMLO mientras no tengan repercusiones en la relación bilateral.
Muchos políticos y analistas en Estados Unidos consideran que una parte importante de las declaraciones de López Obrador respecto a Estados Unidos tienen que ver con su clientela electoral y no tienen ninguna trascendencia real.
Pero, hay otros que van coleccionando declaraciones y hechos para poder usarlos contra AMLO, en el momento más oportuno, antes o después de que termine el sexenio.
López Obrador ni siquiera es consciente de su desafío a los Estados Unidos.
Un ejemplo de ello es su ignorancia respecto a lo que significa para los norteamericanos la Estatua de la Libertad.
Piensa AMLO que la buena relación que tiene con Biden, así como fue el caso de la que tuvo con Trump, es suficiente para mantener una buena química entre los dos gobiernos y naciones.
Se equivoca de todo a todo y ni siquiera se da cuenta.
La relación con Estados Unidos va mucho más allá de la que existe con el presidente Biden y en esa relación más amplia y diversa, hay muchos signos de deterioro.
López Obrador es el responsable de ello.
La Cancillería y sus funcionarios se pasan mucho tiempo tapando agujeros e impidiendo que las cosas se agraven.
Hasta ahora lo han hecho bien, pero los bomberos no pueden apagar todos los incendios.
¿Por qué poner sobre la mesa un tema tan distante de los mexicanos como pudiera ser la eliminación de la Estatua de la Libertad?
Algunos piensan que esto tiene que ver solamente con la creación de un elemento de distracción respecto a los problemas reales del país.
Puede ser, pero creo que hay mucho más que eso.
El hecho de que el tema haya pasado casi desapercibido muestra que si ese fuera el propósito, simplemente no funcionó.
Creo que el asunto de fondo es una pérdida de conexión con la realidad del presidente de la República.
Hay indicios que muestran que el presidente ha perdido la proporción.
Los elementos de distracción podrían ser otros, pero él quiere pensar que lo que diga de la Estatua de la Libertad puede importar.
Después de que su secretario de Salud, Jorge Alcocer, habló de la “hora de Dios”, ya todo es posible.
Si los asesores del presidente Biden ven este hecho con una sonrisa burlona y piensan que se trata de un gesto folklórico y pintoresco de un mandatario tropical, el tema será meramente divertido e irrelevante.
Pero, me parece que AMLO está jugando con fuego.
La debilidad que hoy padece el presidente Biden hace indispensable que tenga una buena relación con México.
Pero, Estados Unidos es un país muy complejo y diverso. Una buena relación entre los presidentes está lejos de significar una buena relación entre los países.
Y las declaraciones del presidente destruyen las posibilidades de la buena relación.
Así que, ojalá que López Obrador deje en paz a la Estatua de la Libertad y se concentré en los inacabables pendientes que tiene en México.
Nos va a convenir a todos. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)
Su relación con los presidentes de la República se remonta a 1991, cuando Carlos Salinas de Gortari reunió a representantes religiosos para informarles sobre la reforma constitucional para el reconocimiento de las iglesias. En cuanto a López Obrador, la cercanía data de la primera campaña presidencial, en 2006, y ambos la han mantenido desde entonces. En sus tres campañas, el candidato se dejó ver orando junto a pastores evangélicos.
Ya siendo Presidente, el tabasqueño invitó a Farela al acto en defensa de la “dignidad nacional” en Tijuana, convocado luego de que el presidente estadunidense Donald Trump amenazara con castigar a México con aranceles si no ayudaba a contener a los migrantes que buscaban llegar a su país.
“Las iglesias cristianas evangélicas vienen a dar su apoyo incondicional al presidente de México, porque Estados Unidos es una nación fundada con principios cristianos bíblicos”, dijo Farela cuando fue su turno de hablar. “Nos sentimos orgullosos, señor Presidente, de la justicia social que es la Cuarta Transformación”, agregó. Pero no fueron las oraciones, sino la aceptación del gobierno mexicano de destinar a efectivos de la Guardia Nacional a labores migratorias las que, al final, desactivaron el amago de Trump. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
¿Cuáles son las implicaciones del crítico artículo que The New York Times dedicó a la aparente cercanía entre el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, y el presidente Andrés Manuel López Obrador?
Los embajadores estadounidenses suelen tener una enorme presencia política en México, y Salazar no es la excepción. Al contrario, tal vez sea uno de los que han tenido mayor perfil, sobre todo, a partir de sus frecuentes viajes por todo el país y sus encuentros con personajes de la política, la economía y la sociedad en general.
Destaca ciertamente su relación con López Obrador, al grado que para muchos lo que trata es de obtener con cortesías y simpatías hacia el mandatario la cooperación que el presidente Donald Trump logró a base de presiones.
Pero, al mismo tiempo, hay quienes en Estados Unidos creen que ha ido demasiado lejos en su acercamiento.
“Hay una creciente preocupación en la administración de (Biden) de que el embajador puede haber comprometido realmente los intereses de Estados Unidos en el proceso, y no ha aprovechado la relación para ganar políticas cuando el Presidente de EU más las necesita”, señaló The New York Times.
En ese sentido, tanto o más que una crítica a Salazar es un ataque a las políticas de López Obrador.
Lo cierto es que el embajador camina por una línea peligrosamente delgada, que lo hace tanto abogado del Presidente mexicano ante sus jefes como portaestandarte de una política que no parece del todo definida y que es sacudida por las demandas de inversionistas frustrados.
La cercanía de Salazar con López Obrador no parece haberse reflejado en las posiciones o la retórica del mandatario mexicano, sea en lo que se refiere a la invasión rusa de Ucrania, su política energética o su ausencia en la reciente Cumbre de las Américas, en Los Ángeles. Ambas posturas contribuyeron a la imagen de debilidad que los republicanos y algunos demócratas atribuyen al gobierno del presidente Biden.
La otra cara de la moneda, sin embargo, es que Salazar es uno de los pocos aliados que el gobierno de López Obrador tiene en el seno del gobierno estadounidense, donde su retórica y sus acciones han sido frecuente causa de irritación, de la oferta de asilo a Julian Assange a la política de “abrazos, no balazos” y sus consecuencias.
Los choques de López Obrador con Organizaciones No Gubernamentales, especialmente las dedicadas a derechos humanos y medio ambiente, sus confrontaciones con influyentes legisladores estadounidenses, no lo han ayudado ciertamente a construir puentes y alianzas que ahora se reflejan en una visión negativa de su gobierno.
Pero, al mismo tiempo, una de las constantes de la política estadounidense es tratar de evitar acciones que puedan tener efectos desestabilizadores en México y traducirse, por tanto, en uno de los mayores problemas que pudiera enfrentar una administración estadounidense: una migración masiva en su frontera sur. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
Sin que ello signifique alguna forma de admiración, y probablemente todo lo contrario, los críticos del presidente Andrés Manuel López Obrador han tenido que asumir el oficio político del tabasqueño, que en cuatro años ha conseguido debilitar a la oposición y neutralizar potenciales adversarios. Un hombre al que se creía que, por su rusticidad o incapacidad, sería políticamente inepto, más allá de haber sido un candidato popular. Al margen de la opinión que a cada uno le merezca el gobierno de la llamada cuarta transformación, el hecho es que las habilidades políticas de López Obrador están a la vista.
Sin embargo, en política exterior se sigue sosteniendo la noción de que nuestro Presidente es un factor errático, definido por sus aparentes ocurrencias surgidas de caprichos y del desconocimiento de los asuntos internacionales. No obstante, creo que el balance de estos años nos obligaría a revisar tal aseveración. En lo que toca al punto más sensible de las relaciones internacionales de México, es decir Estados Unidos, el Presidente ha conseguido logros insospechados. Primero, la ratificación del tratado comercial en condiciones desventajosas por la hostilidad de Donald Trump y su deseo inicial de eliminarlo.
Segundo, la impensable relación personal que estableció con el ex presidente, lo cual ayudó en mucho a que los infames prejuicios del neoyorquino en contra de los mexicanos no se tradujeron en políticas adversas para nuestro país.
Tercero, a pesar de la cercanía con Trump, AMLO consiguió que eso no diera lugar a un enfriamiento con el gobierno demócrata, como algunos pronosticaban. Cuarto, pese a la relación desigual entre nuestras economías, el gobierno de López Obrador se las ha arreglado para impulsar una agenda propia que reivindica la posición de México en el continente. Y todo ello sin poner en riesgo lo sustancial. Tres casos recientes ejemplifican el oficio del tabasqueño en esta materia.
El embajador Ken Salazar.
Hace unos días, una nota del diario The New York Times afirmó que en Washington hay una preocupación creciente por el visible acercamiento del embajador Salazar con el Presidente mexicano, y el temor de que eso ponga en riesgo la negociación de los intereses estadunidenses. La publicación dio pie a una batería de críticas locales adversas a AMLO, como si hubiese algo vergonzoso en tal cercanía. Me parece que ambos, embajador y Presidente, están en lo correcto al buscar una relación fluida.
Por lo que respecta a Salazar, la nota misma afirma que el embajador fue instruido para construir una relación sólida con López Obrador con la esperanza de impulsar la agenda de la Casa Blanca. Y lo ha hecho cabalmente, al grado que se ha convertido en el facilitador para la visita reiterada a Palacio Nacional de empresas de su país, urgidas de comunicar al más alto nivel sus argumentos y negociar proyectos e inversiones en México. No deja de ser irónico que el presidente que habría de espantar a los mercados y convertirse en enemigo personal de los intereses estadounidenses, según sus críticos, sea el mandatario mexicano que en la historia del último siglo ha sostenido la mejor relación con el representante de Estados Unidos.
Y por lo demás, habría que decir que en los códigos de la diplomacia, las presiones y críticas a las que haya lugar son emitidas por el Departamento de Estado, o la cancillería en nuestro caso, pero no por el embajador en funciones, cuya responsabilidad primaria es mantener un acceso fluido con las autoridades del país.
La Cumbre de las Américas.
Después de varias semanas de haber concluido la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, a la que el Presidente mexicano se negó a asistir, para indignación de sus críticos, me parece que el saldo ha terminado por darle la razón. Nunca sabremos si su asistencia habría modificado los magros logros de los acuerdos de la reunión misma, algo que dudo.
Pero con su negativa consiguió cosas más importantes. Su posición, que fue secundada por algunos gobiernos, dejó en claro que en el futuro ninguna cumbre de esta naturaleza tendrá éxito si no se descartan las precondiciones ideológicas que Estados Unidos ha impuesto.
Al colocar sobre la mesa la noción de que no puede llamarse de las Américas una cumbre que no incluya a todos los países, México asume su responsabilidad como una de las naciones líderes del continente, con una posición ética y geopolítica sensata. No olvidemos que plantarle cara a Estados Unidos, sin pagar una factura, constituye un gesto que forma parte de la larga tradición a la que recurre nuestro país, en aras de mantener posiciones propias y cartas para negociar frente a un vecino tan poderoso.
Lo que fue denunciado como “un suicido político” al “dar la espalda” al país del que tanto dependemos, AMLO lo neutralizó rápidamente comprometiendo una visita personal semanas más tarde (programada para este 12 de julio).
Julian Assange.
Resulta curioso que la comentocracia, que se percibe a sí misma como paladín de la lucha por las libertades y la transparencia, haya ridiculizado la protesta de Andrés Manuel López Obrador contra Estados Unidos por su pretensión de llevar a juicio a Julian Assange. El activista sueco podría enfrentar una condena de por vida por el delito de exhibir, a través de WikiLeaks, las prácticas ilegales del gobierno estadunidense en contra de otras naciones, líderes políticos y personalidades.
Una acción punitiva de Washington que debería ser condenada por todos los que defienden la libertad de opinión. Y, sin embargo, las críticas se han cebado en contra de López Obrador por haber mencionado que, para ser congruente con su incongruencia, Estados Unidos debería desmontar la Estatua de la Libertad, símbolo del compromiso de esa nación con la lucha por las libertades en el mundo.
En realidad, el planteamiento de AMLO es éticamente irreprochable. Y para lo que valga, no es poca cosa que un jefe de Estado haga un reclamo público frente a la arbitrariedad y soberbia que representa la exigencia del gobierno norteamericano a otros países, para extraditar y juzgar a un extranjero que evidenció sus delitos.
Y si el fondo es correcto, me parece que también la forma. El Presidente mexicano suele tener la habilidad de formular sus planteamientos en frases mediáticas. Y en este caso lo de la Estatua de la Libertad lejos de ser un disparate, como se ha señalado, tiene la doble virtud de ser una alegoría viralmente eficaz en la forma y absolutamente justa en el fondo, porque pone en evidencia la hipocresía del comportamiento del vecino del norte. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio Diario, Política, p. 17)
Respuesta del embajador de Marruecos a editorial de La Jornada
El editorial de La Jornada publicado el 4 de julio de 2022 bajo el título de Complacencia entre monarquías adelantó unas afirmaciones infundadas que hacen necesaria una aclaración.
Segundo, respecto al tema migratorio, cabe señalar que Marruecos no sólo es un país de origen y de tránsito de migrantes, sino también, desde principios de los 2000, es un país destino.
Esto llevó a implantar políticas alternativas en las que la dignidad de los seres humanos es condición fundamental. Marruecos es el único país al sur del Mediterráneo que dispone desde 2014 de una política de regularización del estatuto legal de los migrantes, mayoritariamente procedentes de África subsahariana.
En 2018, las autoridades marroquíes ya habían regularizado a más de 70 mil personas, dando prioridad a las mujeres migrantes y a los trabajadores sin contrato. Por lo tanto, la presión migratoria en Marruecos y sus esfuerzos de gestionarla dentro de lo previsto por las convenciones internacionales no es un fenómeno reciente.
Lo nuevo es la agresividad del modus operandi de las estructuras y regímenes que provocan y promueven estas avalanchas humanas, así como su avituallamiento con armas artesanales.
El desconocimiento hacia el tema migratorio sorprende en más de un sentido porque honestamente no se podrían ignorar los dramas humanos observados a diario en la frontera con Estados Unidos, durante los intentos de desplazamiento forzado y el desesperado paso de mexicanos y latinoamericanos hacia el suelo estadunidense.
Tampoco se puede ignorar la participación de mafias transnacionales en estas tragedias humanas, como ocurrió en Melilla, sabiendo que las autoridades mexicanas están librando una lucha feroz contra estas redes. (Abdelfattah Lebbar*, La Jornada, Mundo, p.24)

(Kemch, El Universal, Opinión, p. 16)