PREGUNTA seria: ¿A qué va Andrés Manuel López Obrador a Washington el martes?
MÁS ALLÁ de su absurda ocurrencia de proponer que se retire La Estatua de la Libertad si se condena a Julian Assange y de meras generalidades como el hecho de que se abordarán temas migratorios y de “cooperación bilateral”, no queda claro cuál es el objetivo de visitar a Joe Biden.
PORQUE si resulta cierto que su principal propuesta es invitar al presidente de EU a unirse a su fallido plan para “controlar” la inflación, suena a que la gira acabará siendo una oportunidad desperdiciada de plantear al menos un asunto concreto que beneficie a México.
QUIEN regresará a la Casa Blanca después de que estuvo por allá por las celebraciones del “5 de Mayou” es Beatriz Gutiérrez Müller.
EL MISMO día de la reunión entre los presidentes de México y EU, ella se reunirá con Jill Biden para tratar temas relacionados con la educación.
PERO NO vayan a decir que es un encuentro entre primeras damas porque Gutiérrez Müller insiste en que ella es solamente la “compañera Beatriz”. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
El mundo de las últimas tres décadas fue una anomalía histórica: el fin de la guerra fría pareció congelar al planeta por la existencia de una superpotencia que hizo irrelevantes a las tradicionales zonas de influencia, donde cada potencia regional imponía su ley. Independientemente de la manera específica en que acabe la invasión de Ucrania, lo único que es certero es que el llamado “orden mundial” habrá cambiado. Nos encontramos ante un inexorable punto de inflexión, justo en el momento en que el presidente López Obrador va a Washington.
Más allá de sanciones y cálculos sobre el resultado final de aquel conflicto, lo directamente relevante para México es qué cambiará en la relación México-Estados Unidos, sea esto con el gobierno de Biden o con quien le siga.
Es fácil subestimar al tío Sam, como le pasó a los japoneses en 1941, a los terroristas de septiembre 11 y a los rusos en Ucrania. Biden no ha sido un líder particularmente exitoso, pero no es la persona, sino la superpotencia que él representa, con quien México debe lidiar.
Visto desde la Ciudad de México, sobre todo dada la enorme capacidad que AMLO parece creer tener para influir sobre las decisiones internas de ese país, es fácil imaginar que puede imponerle su agenda a Biden, como hizo con la Cumbre de las Américas. Sin embargo, la experiencia histórica muestra que apostar contra los estadounidenses, como de hecho lo ha estado haciendo el gobierno mexicano, no es una estrategia muy inteligente.
En una entrevista cuando Rusia comenzó su embate contra Ucrania, Natan Sharansky, un prisionero político en la era soviética, explicó a Putin con la siguiente metáfora: “El cabecilla en su celda” cuando estaba en prisión no era la persona más fuerte físicamente, sino quien estaba dispuesto a emplear su navaja. “Todos tenían una navaja, pero no todos estaban dispuestos a usarla; Putin está convencido que él usará su navaja en tanto que occidente no, que occidente solo puede hablar a pesar de ser físicamente mucho más poderoso”. Putin lleva años midiendo a occidente, especialmente a EUA, y su lectura le llevó a concluir que podía invadir Ucrania y salirse con la suya. El veredicto sobre el devenir está por conocerse, pero el hecho de haber invadido cambió la historia y eso tiene enormes implicaciones para México.
El presidente López Obrador actúa bajo un marco de referencia previo a la invasión de Ucrania. Independientemente de esa nación, es imposible no reconocer que el mundo volverá a la lógica de las zonas de influencia donde las potencias -dos o tres, según lo que resulte- comenzarán a hacer sentir sus prioridades y preferencias. Esto que ya han venido haciendo China y Rusia, cada uno a su manera, tarde o temprano se reproducirá en nuestra región.
México es la primera línea de fuego en esa lógica y será sin duda el primero en sentir el peso de la potencia de la región. Desde la perspectiva estadounidense, México lleva años a la deriva, sobre todo en materia de seguridad, pero también por su incapacidad para resolver problemas elementales que impiden el crecimiento de su economía. Por algún tiempo desde finales de los ochenta en que se llegó a una serie de acuerdos seminales sobre los principios que regirían la relación bilateral, Estados Unidos fue un factor activo y dispuesto a apoyar la ansiada transformación interna, el TLC siendo el principal caballo de pelea para lograr el objetivo. Con el tiempo, sin embargo, la falta de resultados y de acción llevó a una desilusión por parte de los norteamericanos, que se limitan cada vez más a cuidar su frontera, abandonando la expectativa de que México lograría un desarrollo integral.
AMLO ha pasado meses provocando al gobierno estadounidense, amenazando y desairando a su presidente y, más recientemente, ofendiendo a su población con la grandiosa idea de destruir la estatua de la libertad, de los pocos símbolos que todavía unen a todos los norteamericanos. No tengo duda que, si la geografía lo permitiese, su preferencia sería distanciar a México de su vecino norteño pero, como no puede, hace todo lo posible por enfriar y disminuir la relación, probablemente confiando con ello lograr el mismo objetivo, independientemente del costo.
Quizá el presidente piense que tiene una desmedida capacidad para imponer sus preferencias sobre los estadounidenses, pero todos los que los conocen saben que, como superpotencia a veces renuente, tarde o temprano pintará su raya e impondrá sus reglas. Tal vez no pueda obligar a México a enfrentar la violencia y extorsión a que están sometidos los mexicanos o a que mejoren los niveles de vida de los mexicanos, pero, como ilustró Trump en su momento, no va a tolerar una ofensa tras otra.
El presidente clama respeto y habla de soberanía, pero se trata de una quimera en la era de la globalización. El respeto, para existir, tiene que ser mutuo y México no se ha caracterizado por esa virtud hacia Biden. Por lo que toca a la soberanía, ésta se afianza logrando la grandeza de México, no con su creciente sumisión ante el crimen organizado y con la interminable construcción de barreras al desarrollo económico. La relación con EUA puede ayudar en ambos frentes, pero no cuando se les usa de puerquito. (Luis Rubio, Reforma, Opinión, p. 9)
El próximo martes 12 de julio se reunirá el presidente de México con el de Estados Unidos. El encuentro se dará en una situación difícil para Joe Biden porque estarán en juego el control de las cámaras por el partido demócrata, además de elecciones en las que se renovarán algunos gobernadores y secretarios de estado. Para Biden es importante contar con aliados cercanos al voto “hispano” y uno de ellos es el presidente mexicano quien tiene arraigo natural con los paisanos en posibilidad de ejercer su voto en las próximas elecciones en el país vecino. Sólo hay que ver cómo es recibido en las calles cada vez que cruza la frontera norte.
Para los demócratas 2022 es tan crucial como lo fue 2021 para Morena, elecciones en las que prácticamente arrasó en todo el país, con excepción de la Ciudad de México en la que muchos votaron por la derecha como en Coyoacán que hizo diputado a un individuo como Gabriel Quadri.
El aspecto migratorio y el control bilateral de la inflación serán sin duda temas cruciales, lo cierto es que el presidente ya ha comentado desde su “púlpito” mañanero, escriben algunos colegas desde flamígeros teclados, dos temas en los que no ha quitado el dedo del renglón: el financiamiento del gobierno estadunidense a la fundación Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, y el contexto actual de Julian Assange.
Julian Assange
No es casual que el “artículo” de fuentes que no se citan y soplones que son perfectamente identificables se haya publicado por The New York Times en la víspera del encuentro. Realizado por Natalie Kitroeff y María Abi-Habib el texto que más bien es un conglomerado de la opinión hegemónica que diario nos recetan, lleva en su título la intención: “La cercanía del embajador de EE.UU con López Obrador preocupa en el gobierno de Biden”.
Tampoco sorprenden las acusaciones ante el embajador del zar (aquí sin comillas porque eso es) Lorenzo Córdova contra el gobierno de México y en particular contra el presidente porque encuentran consonancia con el discurso del guión de que este gobierno es una amenaza contra la democracia, ataca a los periodistas y demás patrañas sincronizadas para combatir a los gobiernos de latinoamerica que no están al servicio de las derechas locales y el empresariado extractivista.
Qué bien que el presidente haya manifestado su intención de abogar por Julian Assange en su encuentro con Biden, condenar la libertad de expresión ensañándose con el australiano es un atentado contra la primera enmienda de la Constitución de EU.
Por cierto The New York Times fue uno de los diarios encargados de procesar parte de la información de Wiki Leaks y ahora le da la espalda o se hace de la vista gorda como muchos medios, periodistas o intelectuales en el mundo.
Mientras tanto, en este país surrealista, la corte del zar electoral del INE le manda citatorios y cuestionarios inquisitoriales a periodistas como Alina Duarte y Epigmenio Ibarra a propósito de sus actividades profesionales como si estuviéramos en una dictadura bananera. Más cinismo imposible.
Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad
En reiteradas ocasiones AMLO le ha solicitado al gobierno estadunidense no financiar a organismo como MCCI por su activismo político contra Morena. Los nexos del NYT con esta organización han sido revelados por varios periodistas, el más reciente se dio entre una charla entre Adriana Buentello y Kurt Hackbarth, “están perdiendo la narrativa” comentó el segundo y desde luego eso salta a la vista. Lo mismo sucede en México con la narrativa hegemónica.
Más allá de un asunto de palabras o de honor es relevante, como lo dio a conocer Álvaro Delgado, que el anterior presidente de MCCI, González Guajardo, estuviera en funciones cuando empezó a realizar reuniones en su casa para conformar la fracasada y antropófaga unión aliancista desde la que les dicta línea a los partidos. El mejor aliado que tiene Biden en América es AMLO. En este contexto, los golpes de la oposición, incluidos los reportajes sin fundamento, los artículos golpeadores como el del NYT, las solicitudes intervencionistas en distintos grados alcanzan momentos grotescos como los del todavía presidente del PRI. Las relaciones diplomáticas entre las dos naciones recuperaron el prestigio perdido desde el salinismo. Y desde luego que eso saca ronchas de los dos lados. Será interesante, nuevamente, leer las crónicas del encuentro. (David Gutiérrez Fuentes, La Crónica, Columnistas, p. 4)