MAÑANA que se reúna con Joe Biden, el presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá en la mano 648 mil 724 razones para convencerlo de que apoye sus peticiones de ayuda. Y es que ese es el número conjunto de migrantes de México y Centroamérica que intenta llegar a Estados Unidos este año.
ALGO ASÍ como 58 mil se encuentran de este lado de la frontera como solicitantes de asilo. El resto son los mexicanos y centroamericanos que sí cruzaron, pero fueron capturados por la Patrulla Fronteriza. En medio de una crisis que tiene demasiados frentes, el tema migratorio es más que un dolor de cabeza para Biden.
PESE A ESO, en Estados Unidos no confían del todo en López Obrador, en especial por su visión económica populista y centralizada, que hace a un lado los acuerdos comerciales y las preocupaciones ambientales. Se supone que del encuentro con Biden, AMLO tendría que regresar con 300 mil visas de trabajo en la maleta. A ver si es cierto. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p.12)
Justicia, pendiente en la frontera
Nos platican desde Chiapas que la visita del pasado viernes a la entidad del presidente Andrés Manuel López Obrador coincidió con las investigaciones que la Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Nacional realiza a un grupo de agentes, presuntamente involucrados en el accidente de un vehículo de migrantes, quienes acusaron a los uniformados de provocar el percance que dejó 11 extranjeros lesionados. El tema, nos dicen, no es menor, pues activistas han acusado que en la frontera sur opera una madeja de corrupción galopante, que involucra al crimen y al gobierno, que lo mismo persigue extranjeros que les retarda visas y permisos. ¿Será que con la presión presidencial ahora sí alguien pagará por los platos rotos? (Kiosko, El Universal, Estados, p. A19)
¡Qué susto!
Tal vez no estaba enterado de que las autoridades federales lo investigan por presuntos delitos –enriquecimiento ilícito y desvío de fondos–, pero Alito Moreno comenzó a sentir el rigor de lo que le aguarda cuando lo retuvieron algunos minutos en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, porque hay una alerta migratoria en su contra.
Voy llegando procedente de Francia en un vuelo, aquí en la Ciudad de México, y me informan las autoridades migratorias, después de tenerme varios minutos en esa oficina allí llenando documentos y diciéndome que tengo que firmar documentos, que tengo una alerta migratoria, no tengo razón de qué.
El presidente nacional del PRI no sólo estuvo en Francia, también en Suiza, la capital mundial de las transferencias sospechosas de dinero. En ese país escondió una fortuna Raúl Salinas de Gortari, conocido como el hermano incómodo del ex presidente. (Dinero, La Jornada, Economía, p. 6)
Las rebanadas del pastel
El tal Alito se queja amargamente, pues autoridades migratorias me retuvieron arbitrariamente durante más de una hora (por una alerta migratoria) en el aeropuerto Benito Juárez. Que se dé por bien servido y con mucha suerte, porque de no ser por una pifia de Palacio Nacional probablemente lo hubieran resguardado por algunos años y no precisamente en la terminal aérea. (México SA, La Jornada, Economía, p. 23)
El viaje de AMLO a Washington
El presidente Andrés Manuel López Obrador viaja hoy a Washington para realizar su segundo encuentro con su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, en la Casa Blanca. El encuentro, nos informan, será al mediodía del martes en el Despacho Oval, la oficina oficial del presidente Biden. Antes, tiene previsto que a las 9:00 horas se reúna con la vicepresidenta de Estados Unidos Kamala Harris, para tener un desayuno de trabajo. Nos hacen ver que en la memoria del gobierno de Biden está el descolón del presidente mexicano, quien no asistió a la Cumbre de las Américas, que se llevó a cabo el mes pasado en Los Ángeles, California. Ante ello, nos dicen, una de las intenciones es hacer el esfuerzo para que los estadounidenses no vayan a querer devolver el “gesto” y que el presidente Biden se niegue a asistir a la Cumbre de Líderes de América del Norte, que se debe celebrar a finales de este año en México. Amor con amor se paga, dicen por ahí. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
En vísperas del encuentro de los presidentes de México y Estados Unidos, y de cara a los funestos acontecimientos en Texas donde 51 personas perdieron la vida, ningún tema puede preceder a una solución definitiva, o cuando menos avanzada, a la más grave asignatura pendiente en las relaciones entre ambos países: el doloroso éxodo de migrantes en condiciones cada vez más difíciles e inciertas.
La violación sistemática de los derechos humanos en ese tránsito azaroso de cientos de miles de connacionales, y también ciudadanos y menores provenientes de los países hermanos de Centroamérica y el Caribe, no es un problema privativo de grupos y particulares; no es un producto derivado sólo de la reprobable operación de bandas y organizaciones criminales –lo que no significa exonerarlos–, sino que es un asunto de Estado, que debe ser resuelto al más alto nivel, con disposiciones legales, políticas públicas y acciones de gobierno, en ambos lados de la frontera.
Las inercias de un capitalismo imperialista, como definía Lenin y que por naturaleza genera desequilibrios económicos y desigualdades sociales, son la raíz de un fenómeno que, lejos de cesar, se incrementa y que requiere de atención urgente y de fondo, como hemos expuesto en este mismo espacio de reflexión.
Las cifras así lo revelan. En los últimos ocho meses que van de octubre de 2021 a mayo de 2022, las detenciones de migrantes mexicanos que intentaron cruzar hacia Estados Unidos se incrementaron 35.2 por ciento, respecto del periodo octubre de 2020 a mayo de 2021, al pasar de 414 mil 345 a 560 mil 579 personas. De esta cifra, un dato adicional alarmante es que 19 mil 463 eran menores de edad que viajaban solos, sin sus padres, tratando de encontrar un mejor horizonte de vida.
De acuerdo con datos oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), desde 2021 a lo que va de este año, los migrantes mexicanos encabezan las cifras de arrestos, superando a los de los países del Triángulo del Norte, formado por El Salvador, Honduras y Guatemala, lo que altera la tendencia descendente que se habían observado en este siglo.
Para decirlo de manera puntual, año con año, las y los mexicanos arrestados por tratar de cruzar la frontera norte fueron: en 2019, 237 mil 78; en 2020, 297 mil 711; en 2021, 655 mil 594, y en lo que va de 2022, 560 mil 579.
Ante ese flujo creciente, la respuesta del gobierno estadunidense ha sido intensificar y recrudecer los operativos de detención, no ofrecer oportunidades legales y dignas de trabajo en una economía, la mayor del mundo, que ha prosperado justamente con el trabajo, el consumo y los impuestos que generan los migrantes, y en muchos casos también sus familias.
Los resolutivos de la reciente Cumbre de las Américas ilustran de cuerpo entero la lejana prioridad que las necesidades y angustias derivadas de la pobreza y la desigualdad en el subcontinente latinoamericano representa para los tomadores de decisiones públicas en el país vecino, a contracorriente del sentido común, que indicaría poner primero a lo que atañe al hemisferio.
Mientras para los expulsados por la guerra en Ucrania el gobierno de Estados Unidos se dijo dispuesto a recibir de inmediato a 100 mil refugiados, para todo el continente americano, para los que viven del Río Bravo hasta la Patagonia, el compromiso de ese país, suscrito en la Declaración de Los Ángeles sobre migración y protección, es recibir a 20 mil anuales. Es decir, cinco veces menos, cuando se trata del mismo continente, en donde cualquiera pensaría debiera haber más solidaridad y fraternidad regional, así como de grupo, espíritu de cuerpo.
En términos económicos la asimetría se ve aún peor: mientras el Congreso de Estados Unidos autorizó para Ucrania ayuda militar y humanitaria por 14 mil millones de dólares en marzo y otros 40 mil millones de dólares en mayo, es decir 54 mil millones, cifra que podría crecer de prolongarse el conflicto bélico, para ayuda estratégica destinada a inhibir la inmigración proveniente de América Latina, el gobierno de ese país se comprometió a gestionar en diciembre de 2021 recursos por mil 200 millones de dólares y mil 900 millones más al amparo de los acuerdos de la novena Cumbre Americana, es decir, 3 mil 100 millones de dólares en total. Se trata de una relación de apoyos de casi 20 a uno entre un caso y otro; además, en este último, recursos inciertos, volátiles.
En suma, para quienes provienen del sur, en lugar de apoyos y hospitalidad, hay muros y detenciones, una acción dolorosa e ineficaz, pues la frontera entre México y Estados Unidos ha sido históricamente porosa. Por una ley de vasos comunicantes en lo económico, lo normal es que las personas más vulnerables del continente se vayan al lugar más seguro y próspero –el norte– buscando mejores condiciones de vida.
Por eso la respuesta tiene que ser de fondo: además de promover un desarrollo equitativo en el continente, acuerdos para definir tránsitos legales temporales para quienes sólo buscan un empleo, en cifras realistas no simbólicas, y facilidades para acceder a un estatus migratorio regular para quienes ya viven, trabajan y consumen por años en Estados Unidos, como en su momento, al inicio, lo planteó el propio gobierno estadunidense en funciones, compromiso que no se ha cumplido. Legalidad, seguridad y respeto a los derechos humanos debe ser la premisa de una nueva relación entre nuestros países, vinculados por la geografía, la historia y, en buen grado, por la cultura, además del necesario cuidado del medio ambiente y el cambio climático. (José Murat, La Jornada, Política, p. 16)
Parece difícil hacer propuestas y tener acuerdos positivos en política migratoria con las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Son momentos que se utilizan para la denostación hacia los migrantes y ganar posiciones políticas.
El objetivo es desviar la atención de los graves conflictos generados por el sistema. Se busca asignar culpas hacia seres vulnerables que son estigmatizados, con visiones cargadas de racismo y xenofobia volcando sobre ellos todas las frustraciones de un modelo que mercantiliza a los seres humanos.
Sin embargo, y a pesar de ello, no hay duda de que el presidente Andrés Manuel López Obrador debe aprovechar todos los foros y ocasiones para insistir en la necesidad de cambiar una política que ha sido terriblemente lesiva para los migrantes mexicanos. Exhortar para que se gestione una reforma migratoria integral que dé seguridad a los millones de indocumentados mexicanos que han dado su vida de trabajo a la sociedad y economía del país vecino; presionar para que se haga realidad el programa DACA para los jóvenes que llegaron con sus familias indocumentados y se les otorgue la ciudadanía; insistir en que los programas de trabajadores temporales deben acompañarse de opciones a la residencia permanente, porque el trabajo es permanente no temporal y negarse categóricamente al programa Quédate en México por ser contrario a los derechos humanos de los migrantes.
Andrés Manuel López Obrador propone que los programas de visas sean manejadas directamente por los gobiernos de ambos países y no resultado de acuerdos entre empresarios. Seguramente está pensando en una fórmula parecida al antiguo Programa Bracero. Vale la pena recordar que ese programa no evitó que los empresarios buscaran la forma de emplear ellos directamente a los trabajadores con el claro objetivo de decidir sobre salarios y jornadas. Y esto les fue posible porque el número de visas, como siempre, han estado por debajo de las necesidades laborales de la economía y sus sectores, aspecto que estuvo en la base de los enormes flujos migratorios indocumentados, muy conveniente para los empresarios. Desde entonces se han beneficiado sin límite de estos flujos de trabajadores, y mientras más bloqueos les oponen, más ganancias para los inescrupulosos patrones. Pero al mismo tiempo son enormes negocios para los delincuentes traficantes de personas que abusan sin freno de los migrantes y no hay castigo para ellos, pero finalmente pasan a trabajadores que son utilizados en Estados Unidos gracias a toda la corrupción desatada a lo largo de las rutas migratorias.
Estados Unidos enfrenta importantes carencias de fuerza de trabajo debido a la disminución de las tasas de fecundidad y, por tanto, requiere trabajadores migrantes para continuar con sus programas de desarrollo; sin embargo, bloquean sus fronteras. Si bien parece un sinsentido, la realidad es que los flujos humanos siguen llegando sin parar a sus fronteras y bajo condiciones de extrema vulnerabilidad. Estados Unidos ha sido históricamente un imán por ser sin duda una potencia económica, pero porque la propaganda ha sido muy efectiva, una visión tecnicolor del sueño americano, que dista mucho de la realidad.
Es urgente buscar nuevos caminos, nuevos aliados con los que se puedan articular visiones y posibilidades más simétricas. Por eso es importante que el presidente Andrés Manuel López Obrador aproveche el momento tan especial que está viviendo Latinoamérica, ahora que finalmente la izquierda en Colombia alcanzó el poder, y que es muy probable que Lula termine con el despropósito político de Jair Bolsonaro.
Por lo tanto serán 11 naciones soberanas de 19 que componen la región que, como señala Federico Fasano Mertens, se vestirán de izquierda y se convertirán en un ejemplo político del cambio histórico ante el ascenso de las derechas en Estados Unidos y Europa.
Una América Latina progresista e integrada que podrá enfilar sus enormes potencialidades y capacidades para superar la enorme desigualdad que la ha caracterizado, causa de los enormes flujos migratorios forzados. (Ana María Aragonés, La Jornada, Política, p. 19)
El presidente Andrés Manuel López Obrador viaja hoy a la capital de Estados Unidos, donde mañana sostendrá su segundo encuentro presencial con su homólogo Joe Biden, tras el que se efectuó en la reunión cumbre de América del Norte, también en Washington, en noviembre del año pasado. Y hace casi exactamente dos años, el mandatario mexicano visitó en la Casa Blanca a Donald Trump, con motivo de la firma del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), cuando las circunstancias eran muy distintas en el país anfitrión y en el mundo.
El fenómeno migratorio es hoy, sin duda, el asunto que exige con mayor urgencia la coordinación entre ambos gobiernos, y ello se refleja en la agenda convenida por las diplomacias de ambos países. El mandatario mexicano ha anunciado que no sólo insistirá en la necesidad de impulsar programas de desarrollo social y económico en las regiones expulsoras de migrantes, tanto en México como en Centroamérica, sino que pedirá que tales acciones se complementen con el reconocimiento, por parte de Estados Unidos, de que su economía necesita a los trabajadores extranjeros y acepte, en consecuencia, un plan de regulación migratoria que otorgue a los viajeros derechos y seguridad para laborar de manera legal en la agricultura, la industria y los servicios.
Aunque la adopción de tal medida es de obvia necesidad, de sentido común y de decencia, lo cierto es que Biden no ha podido hasta ahora abrirse paso entre la maraña de intereses políticos y las corrientes xenofóbicas que desde hace décadas bloquean toda posibilidad de construir un marco migratorio digno y seguro.
Tales factores no sólo están presentes en las dos cámaras del Capitolio, sino también en autoridades estatales, como la del racista Greg Abbott, gobernador de Texas, quien en su afán por perseguir a los migrantes –especialmente a los mexicanos y latinoamericanos– ha llegado a usurpar funciones del gobierno federal, como lo es la aplicación de las leyes migratorias.
Por otra parte, López Obrador presentará a Biden una propuesta de medidas conjuntas para luchar contra la inflación, que tanto aquí como en aquel país amenaza con generar un impacto grave en la economía. Tanto en las políticas migratorias como en las antiinflacionarias, la perspectiva del mandatario mexicano es la de una mayor colaboración bilateral. El titular del Ejecutivo federal ha informado que también abordará con su par estadunidense el problema del tráfico de armas del país vecino hacia México, el narcotráfico e incluso la necesidad de que la Casa Blanca deponga la feroz persecución en contra del periodista Julian Assange.
El encuentro de mañana tendrá como protagonistas a un mandatario en pleno uso del poder, como lo es el mexicano, y a otro que no ha podido avanzar gran cosa en su programa de gobierno y que no parece ser capaz de generar iniciativas audaces e innovadoras, que es el caso del estadunidense. En este sentido, las condiciones son en principio auspiciosas para que Washington reciba favorablemente las propuestas de su contraparte, aunque cabe preguntarse si tendrá la capacidad para sumarse a ellas en los hechos.
En lo inmediato, y al margen de los resultados del encuentro, debe reconocerse que en muy pocos años la relación bilateral se ha transformado de manera profunda y que el cambio ha sido por demás positivo. (Editorial, La Jornada, p. 2)
Miami, FL.- A propósito de la visita de AMLO a Washington hoy y mañana, y de su amenaza de movilizar a los paisanos para tirar la Estatua de la Libertad, entre la población latina se hizo viral una imagen que tiene de fondo el icónico símbolo con un mensaje respetuoso pero fuerte:
“Sr. Presidente de México: los inmigrantes en Estados Unidos no mordemos la mano que nos da de comer. Si nuestras remesas están salvando su fracaso económico, al menos tenga la decencia de aprender a respetar a este país”.
López Obrador, que hoy llega a Washington, quiere que la economía de Estados Unidos mantenga a flote a México a través de remesas y no de inversión.
Revirtió el argumento central con el que México logró el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: we want trade, not aid (queremos comercio, no ayuda).
Ahora es al revés: manden dinero, pero no fábricas, ni tecnología ni fierros.
A nuestros gobernantes les gustan las comodidades que genera el desarrollo, pero no les gusta el desarrollo.
Se boicoteó una cumbre continental organizada por Estados Unidos en Los Ángeles, es decir en su casa, porque no invitaron a los dictadores de Nicaragua, Cuba y Venezuela.
Y se amenaza al gobierno estadounidense con una campaña para desmontar la Estatua de la Libertad si juzgan a Julian Assange por la difusión de los wikileaks.
Pero hoy, a diferencia de hace tres años, López Obrador no tiene ninguna capacidad de movilizar a mexicanos en este país.
Su credibilidad naufragó y con ella se hundió también la posibilidad de ayudar al presidente Biden a sacar adelante una reforma migratoria que beneficie a mexicanos ilegales.
En el campo demócrata, el Presidente de México ya no tiene aliados, porque los ha insultado, y en un acto de masoquismo incomprensible se puso la playera del más antimexicano de los últimos presidentes de Estados Unidos, Donald Trump.
Los republicanos tampoco quieren saber nada de López Obrador, por su alineamiento con las dictaduras del continente e injurias públicas a congresistas destacados.
Esto es una tragedia para México, porque sucede en un momento histórico tal vez irrepetible.
La relación de Estados Unidos con China es mala y la herramienta de este país para presionar al gigante asiático es sacar sus inversiones de ahí.
Un gobierno sensato en México estaría montado en la coyuntura para dar un poderoso empujón al desarrollo del país y captar lo que Estados Unidos necesita sacar de China, y dejar de comprarle.
La ventaja geográfica y el T-MEC hacen a México el principal candidato para atracción de inversiones físicas, en fierros y empleo, en tecnología digital e inteligencia artificial, extracción de petróleo sin que nos cueste, detonar masivamente la generación de energías limpias.
Pero a los funcionarios les gustan las comodidades y destilan animadversión al desarrollo y a “los gringos”.
Durante la reciente reunión entre la representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, y la secretaria de Economía de México, Tatiana Clouthier, quedaron al descubierto algunas de las diferencias. El reporte de la reunión desde la parte estadounidense, que se envió a los medios, dice:
“La embajadora Tai planteó las preocupaciones actuales sobre el clima de inversión en México, incluidas las políticas energéticas de México que continúan amenazando la inversión estadounidense, y dañando los esfuerzos de México para abordar el cambio climático. Habló sobre el trato de México a los inversionistas estadounidenses que impactan importantes operaciones de manufactura en el sureste de los Estados Unidos y la importancia de prácticas regulatorias sólidas y transparentes, incluido un proceso de aprobación regulatoria basado en la ciencia y el riesgo para productos biotecnológicos agrícolas en México”.
Así es que, a menos que ambos presidentes tengan bajo la manga un anuncio espectacular, la visita tendrá un bajo perfil. Pasará desapercibida.
El tema dominante será el migratorio.
La administración del presidente López Obrador transformó la frontera en un problema en lugar de una ventaja.
Para el Ejecutivo y el Legislativo de este país, México es cada vez más visto como un mal necesario, presidido por un político volátil, imprevisible, que actúa en función de sus intereses electorales domésticos, aunque ello represente un retroceso en la relación bilateral y el desperdicio de una oportunidad histórica para el país que gobierna. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)
1.- En marzo del 2011, Carlos Pascual renunció como embajador de Washington en México, tras la revelación por Wikileaks de un cable diplomático que envió en 2009 al Departamento de Estado.
“La Secretaría de Marina … ha mostrado su capacidad para responder con rapidez a las acciones de inteligencia. Su éxito pone a la Sedena en la difícil posición de explicar por qué han sido reacios a actuar de manera inteligente y dirigir la operación contra objetivos de alto nivel”, decía el cable y también despreciaba, en otro despacho, a Genaro García Luna, el jefe de seguridad federal.
México por décadas fue certificado, vigilado, apoyado, sustentado, protegido, arropado por el gobierno y el Congreso estadounidenses en una batalla que parecía interminable contra el narco y que disimulaba el eterno problema binacional: la migración.
En su libro Narcoleaks, Wilbert Torre cuenta con detalle aquella salida de Pascual de México debido a la furia del presidente Felipe Calderón por lo que consideraba excesos intervencionistas en la política interna, y a la vez retrata a un diplomático que difiere de la estrategia belicista.
“¿Qué impulsa a la inseguridad y a la violencia? La pobreza agrava nuestras tensiones sobre la inmigración. En las zonas de inestabilidad, se crea una ola de reclutas listos para los cárteles del narcotráfico”, dice Pascual en documento que entregó a Torre para explicarle su perspectiva del México que conoció.
Joe Biden, siendo vicepresidente estadounidense, conoció el conflicto con Pascual. Y supo de los efectos de Wikileaks que EU consideró agraviantes y delictivos.
Ahora Washington requiere a Julian Assange, el periodista que diseminó los legajos de Wikileaks al mundo, para juzgarlo. Andrés Manuel López Obrador pedirá a Biden en su visita de esta semana el perdón a Assange y ratificar el cambio de enfoque en la política migratoria. (Y con García Luna encarcelado en Nueva York).
2.- Diez países latinoamericanos que representan el 51 por ciento de la población total de la región tienen gobiernos de izquierda. Si Lula ganara en octubre próximo los comicios de Brasil, serían once gobiernos de izquierda que representarían el 85 por ciento de la población. De aquí al 2030 una buena parte de la región tendrá los vientos de izquierda. Ningún presidente estadounidense había enfrentado esta circunstancia que obliga a poner a la doctrina Monroe en pausa.
El fermento de la Presidencia de Biden y Kamala Harris también comulga con buena parte de eso. Bernie Sanders o Alexandria Ocasio-Cortez son la punta. Acompañan movimientos latinos, de feministas, ambientalistas y del poder negro. Son parte de la polarización y crecen también debido a ella, al antagonismo contra el trumpismo, el racismo y los supremacistas. Y batallan con los moderados del Partido Demócrata que repelen a la izquierda.
Para algunos, AMLO ha retado a Washington. Para otros ha resultado extremadamente útil en la batalla interna de Biden. Hace buena parte del trabajo “sucio” de contención.
La causa migrante es un tema electoral que da o quita una Presidencia. AMLO ya está en esa revuelta. Y Biden puede mostrarse como un mandatario capaz de pisar sin problemas el nuevo mapa latinoamericano y rehacer sus trazos entendiéndose con uno de sus dibujantes.
3.- Según las revelaciones de Wikileaks, AMLO dijo en enero de 2006 al embajador republicano Tony Garza, que de llegar a la Presidencia daría más poder al Ejército para combatir al narco y promovería programas sociales y de infraestructura con apoyo privado y estadounidense para enfrentar la migración. Garza tituló ese cable diplomático como “Apocalipsis, No”, suavizando la perspectiva de un triunfo del tabasqueño. Igual piensa en 2022.
AMLO no puede salir de la Casa Blanca con las manos vacías. Ha puesto expectativas altas: Visas para migrantes, más dinero para programas sociales, un programa común contra la inflación, indulto a Assange o demuelen la estatua de la libertad.
Biden está contra las cuerdas internamente. Sus concesiones no necesariamente serán aplaudidas. Una mera fotografía no le ayuda a ninguno. Es una cita trascendental. (Roberto Zamarripa, Reforma, Opinión, p. 13)
“Perros robots podrían patrullar la frontera entre Estados Unidos y México”. Aunque este titular parece sacado de una película de ciencia ficción, por sorprendente que resulte, se trata de una noticia de la vida real. En febrero de 2022, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunció que esta tecnología se encontraba en una etapa de prueba, para su implementación como parte del esfuerzo de vigilar la franja fronteriza y con ello mejorar el control de las fuerzas migratorias.
La frontera que compartimos con la Unión Americana es quizá la más vigilada y tecnificada del mundo. Por eso, la propuesta de los perros robots es sorprendente, no porque parezca parte de una historia escrita por Margaret Atwood, Isaac Asimov o H. G. Wells, sino por el hecho de que frente a retos mayúsculos y amenazas latentes en contra de ambos países, la tecnología —y las inversiones millonarias que su desarrollo implica— se destine a reprimir personas y no a generar oportunidades de desarrollo.
Hace unas semanas, la tragedia de las más de 50 personas migrantes que murieron asfixiadas al interior de la caja de un tráiler en San Antonio, Texas, conmovió al mundo. Hechos como este evidencian que el uso de la tecnología nunca será suficiente para poder contener y mucho menos solucionar el fenómeno de la migración. Se debe aceptar que existe una red de complicidad en ambos lados de la frontera, y cambiar la lógica de los perros robots y del castigo, por una de verdadera colaboración y entendimiento.
A pesar de las evidencias, hay quienes se rehúsan a dar este viraje. Greg Abbott, gobernador de Texas, autorizó a las fuerzas del orden a su cargo regresar a los puertos de entrada fronterizos con México a las personas migrantes que sean detenidas. Doug Ducey, gobernador de Arizona, anunció que se destinarán 564 millones de dólares a la seguridad fronteriza, incluyendo una inversión que permita contar con la mejor tecnología para vigilar el muro divisorio con nuestro país. Este presupuesto, equivalente a 11,280 millones de pesos, bien podría utilizarse en programas de desarrollo que atiendan las causas estructurales de la migración.
El 6 de julio pasado recibimos en el Senado un oficio con el aviso de que el presidente Andrés Manuel López Obrador hará un viaje a Estados Unidos del 11 al 13 de julio, para reunirse con su homólogo en Washington. Las oficinas de ambos países comunicaron que durante la visita se repasarán los avances y retos en migración, comercio y seguridad, temas que han sido constantes en otros encuentros y llamadas, y que son fundamentales en la relación bilateral. Pero será también una buena oportunidad para ir más allá y proponer una nueva agenda que plantee los temas ya existentes y prevenga los futuros.
Más allá de la importancia del comercio, la complejidad del fenómeno migratorio y la necesaria colaboración en materia de seguridad, hay otros asuntos que deben ser discutidos, como el replanteamiento del uso y desarrollo de la tecnología. Por ejemplo, especialistas han señalado la importancia de contar con sistemas cibernéticos seguros y completos que permitan el flujo de información y datos entre los dos países, sin que haya amenazas a la seguridad. Los ciberataques son las armas del futuro, y la tecnología debe ser entonces entendida no como una herramienta para ataques mutuos, sino como un medio para lograr protección y desarrollo compartido y coordinado.
Es también necesario que ambos países prevean el cambio en el mercado laboral, lo cual impactará de manera drástica nuestra relación comercial. Los puestos de trabajo disponibles son cada vez menores, precisamente a causa del desarrollo tecnológico. Esto implica una reconfiguración profunda, que va desde la creación de un nuevo modelo educativo hasta la cooperación internacional, para que el desarrollo de la tecnología no se convierta en una carrera en la cual quienes estén a la zaga se queden fuera del desarrollo, sino que sea una nueva forma de generar mejores condiciones de vida para el mayor número posible de personas.
Por otro lado, también es momento de fortalecer la agenda verde. Combatir el cambio climático y consolidar las energías limpias requiere de nuestra inmediata atención, y ya han tenido lugar numerosos intercambios de primer nivel en este sentido. Nuestro país tiene un enorme potencial para desarrollar energía limpia, por los recursos naturales a su alcance, como el sol, el aire y el agua. Si aprovechamos esa capacidad, será posible generar más energía verde, aumentar su acceso y reducir los costos para las y los consumidores.
Nuestra relación con Estados Unidos es vasta y compleja. El encuentro programado será una oportunidad para intercambiar puntos de vista sobre los temas de la agenda binacional y extender la cooperación existente, para concretar un viraje permanente.
Hacia el futuro, nuestra relación deberá mantener un enfoque basado en la responsabilidad compartida y el respeto mutuo, para enfrentar los retos comunes y dar respuesta a los problemas globales. Seguiremos muy de cerca los resultados de la reunión. (Ricardo Monreal Ávila, El Universal Opinión, p. A21)
En la historia reciente de la humanidad, los migrantes se encuentran en situación de alta vulnerabilidad, debido a la falta de mecanismos para el tránsito ordenado de las personas, aunado a que los prejuicios y la xenofobia han impregnado el imaginario colectivo, haciéndolos más susceptibles de ser víctimas de las redes criminales.
El pasado lunes 27 de junio en la ciudad de San Antonio, Texas en los Estados Unidos de América, fueron encontradas 67 personas migrantes en la caja de un camión abandonado, sin ventilación, asfixiados y hacinados. 53 fallecieron. Sus condiciones mostraron al mundo su fragilidad.
Este no es un hecho aislado, unas cuantas horas después, también en Texas, agentes de migración localizaron a 43 migrantes encerrados en un vagón de tren con poca ventilación. El tráfico de migrantes no es propio de esta entidad. Sucede en México, en Centroamérica y en el mundo.
La tragedia de San Antonio hace evidente que, para los traficantes, los seres humanos son una mercancía. No podemos ser omisos ante el dolor y sufrimiento. Es fundamental fortalecer la colaboración entre las autoridades de ambos lados de la frontera para combatir al fenómeno criminal internacional del tráfico y trata de personas.
La estrategia tiene que ser en dos ejes: la seguridad y el desarrollo económico. Solo mediante la cooperación y el diseño de estrategias, planes y políticas binacionales con enfoque de derechos humanos, podremos combatir a las redes criminales de la trata de personas que actúan dentro de la región de América Latina y cuyo mercado y destino final es la Unión Americana.
También, para combatir las causas profundas de la migración, es menester impulsar el desarrollo económico inclusivo, donde se brinden incentivos a los empleadores para participar del mercado de trabajo legal y ordenado en los países receptores, lo que favorecerá la movilidad circular y segura de las personas.
La mayoría de quienes migran no lo hacen por gusto, por el contrario, son orilladas a buscar en otros países mejores condiciones de vida y de desarrollo, así como de servicios básicos de trabajo y salud. Su viaje no puede terminar en tragedia.
Recordemos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en sus artículos 13 y 14, consagra el derecho de los seres humanos a circular libremente y elegir su residencia en el territorio de un Estado; así como para buscar refugio y asilo en otro Estado por temor a la persecución, al conflicto, la violencia generalizada u otras circunstancias que pongan en peligro la vida de las personas.
Por tanto, la movilidad es inherente a la condición humana y ninguna persona es ilegal. Migrar es un derecho humano. (Geovanna Bañuelos, El Sol de México, Análisis, p. 14)
No me cabe la menor duda de que el tema de mayor relevancia que tratarán los Presidentes Biden y López Obrador en la reunión del 12 de julio será el de la migración. No solo por la crisis migratoria por la que atraviesa el hemisferio, dados los problemas políticos y económicos en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Honduras, Haití y otros países (como Ecuador o El Salvador), sino por el aumento tan significativo en la migración originada en México y por las muertes de migrantes en incidentes que involucran a los traficantes de personas.
Respecto del aumento en la migración mexicana, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (Customs and Border Protection) anunció en marzo de 2022 que el número de detenciones de mexicanos en la frontera ascendió a 87, 388, lo que coloca las cifras en los máximos históricos observados durante la década de los noventa. Es decir, que la crisis económica asociada a la pandemia, el mal desempeño de la economía y los problemas de inseguridad y violencia que se viven en el país están orillando a un número cada vez mayor de mexicanos a buscar oportunidades de vida y desarrollo en el vecino país del norte.
Esta crisis migratoria innegable está generando una animadversión en la opinión pública estadounidense hacia los migrantes, y ésta apunta a la administración de Biden como la culpable de la llegada de cantidades enormes de personas sin documentos al país. Esta situación se está politizando y, por consiguiente, está mejorando la posición electoral del partido republicano y de Donald Trump, quien utilizó el discurso antiinmigrante como su principal bandera.
En estas circunstancias, para Biden es crucial contar con el apoyo de México no solo para detener los flujos provenientes de otros países del continente, sino también para controlar los flujos que salen del país. Podría decirse que la reelección de Biden en 2024 depende en gran medida de su capacidad para afrontar la grave crisis de migración que la nación norteamericana está enfrentando, y México en este sentido es un aliado clave. Pero la migración es un fenómeno social que no solo responde a factores políticos y económicos. Hay también elementos que perpetúan los flujos, y entre ellos están las industrias que florecen al amparo del fenómeno. Por ejemplo, en México y Estados Unidos hay una gran cantidad de hoteles, restaurantes, despachos legales, y servicios diversos que se favorecen de una migración creciente, sin contar a una gran cantidad de empresas que ven en la mano de obra migrante a un insumo de producción de bajo costo. Y son precisamente estos negocios los que de una manera u otra disminuyen los costos de migrar y, de esa forma, incentivan a más personas a emprender el viaje. Una de las industrias que más crecen en las crisis migratorias son precisamente la de los traficantes, también llamados polleros o coyotes.
Respecto de los traficantes, la posición de Estados Unidos es que éstos deberían estar en la cárcel, pues son los causantes de las muertes y las desgracias de un sinnúmero de personas en situación de movilidad, afirmación que vale la pena analizar.
Claramente, si hubiera canales legales para migrar, no habría necesidad de contratar los servicios de los polleros o coyotes, quienes responden a una lógica económica de demanda por sus servicios. Es decir, el sistema migratorio de Estados Unidos y los problemas en los países de origen y tránsito de los migrantes son los verdaderos causantes de sus muertes. De hecho, en la mayoría de los casos, estos agentes (polleros o coyotes) facilitan el tránsito por México y aseguran la llegada de los grupos migrantes a los Estados Unidos de manera segura, debido a que tienen acuerdos con el crimen organizado y con las autoridades migratorias del país. Esto no quiere decir que no haya polleros irresponsables que abandonan a su suerte a los migrantes. En estos casos, los daños se deben reparar y se debe buscar justicia. Pero en la mayoría de las ocasiones, estos traficantes cumplen con su trabajo y apoyan a sus clientes dando un servicio acorde con la demanda. Se puede decir entonces que la corrupción y la inseguridad imperantes en México, además de las malas leyes y la insensibilidad de los hacedores de política en Estados Unidos, explican la existencia de los polleros y hasta sus altos precios.
En suma, la crisis migratoria actual se explica por muchos factores, y no es fácil detener los flujos migratorios una vez que éstos se inician, pues responden a realidades sociales, económicas, políticas y culturales muy complejas. En este sentido, es probable que el Presidente Biden no pueda reelegirse, y que el partido Republicano gane posiciones en las elecciones intermedias, pues los demócratas no han logrado los consensos necesarios para alcanzar un acuerdo migratorio que reduzca los efectos negativos de la migración en su país y potencie sus efectos positivos. Además, los problemas en los países de origen se han exacerbado por la pandemia, y ésta ha impedido al propio Biden el voltear a ver a otras latitudes, dados los problemas que enfrenta la sociedad estadounidense.
Si, efectivamente, el tema migratorio será prioritario en la reunión del 12 de julio, pero los problemas asociados al fenómeno son tan profundos y complejos, que difícilmente las decisiones cupulares impactarán en su dinámica, lo que conduce a escenarios políticos complejos para Biden y para el partido Demócrata en general.
(Liliana Meza González, El Sol de México, Análisis, p. 12)
(Liliana Meza, Ovaciones, Opinión, p. 27)
Autoridades mexicanas detuvieron en Chiapas a 115 migrantes centroamericanos que viajaban en cuatro camionetas tipo van y dos camionetas de redilas, es decir, en condiciones de hacinamiento y de alto riesgo.
Esta detención ocurrió el pasado 7 de julio, 10 días después de la tragedia del tráiler estacionado cerca de San Antonio, Texas, en el que murieron 53 migrantes y 13 fueron hospitalizados.
La catástrofe causó profundo dolor e indignación. Y uno pensaría que podría ser un fuerte disuasivo para quienes estaban por emprender su camino migrante, y que para los traficantes representaría una alerta, al menos una pausa, para evitar trasladar a migrantes hacinados en vehículos inseguros.
Pero para los migrantes una tragedia de estas características no es un freno ni un motivo para cambiar su decisión porque salen de sus países con urgencia. No niegan el riesgo. Simplemente no pueden detenerse por él. No es que no tengan conciencia del peligro. Es que es más grande la necesidad de trabajo, sustento o seguridad.
Por eso siguen asumiendo riesgos, como lo han hecho después de las sucesivas tragedias de migrantes a lo largo de los años en América y en otras partes del mundo.
Por ejemplo, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), en lo que va del año fiscal 2022 (octubre 2021-mayo 2022) ingresaron a Estados Unidos 140 mil cubanos. Calculaban 155 mil en todo el año, pero con la actual tendencia puede llegarse a 210 mil, una cifra anual histórica en la migración cubana.
Lo mismo ocurre con mexicanos y centroamericanos, que están dispuestos a pagar a los traficantes entre 5 mil y 15 mil dólares.
La migración mexicana se está incrementando: en los primeros ocho meses del año fiscal 2021, la CBP detuvo a 414 mil mexicanos, en tanto que en el mismo periodo del año fiscal 2022 detuvo a 560 mil, un aumento de 36 por ciento y otro crecimiento para la colosal ganancia de los traficantes.
En los mismos periodos, los nacionales de Honduras, Guatemala y El Salvador detenidos en la frontera estadounidense pasaron de 375 mil en 2021 a 360 mil en 2022, un ligero decremento.
La reciente tragedia ocurrida en San Antonio, el abundante flujo de migrantes hacia Estados Unidos, los graves riesgos que enfrentan en su camino y los casi 500 migrantes fallecidos en la frontera de ambos países en lo que va de 2022, son el marco de la reunión entre los mandatarios de México y Estados Unidos.
El presidente Andrés Manuel López Obrador lleva una propuesta conceptual relevante: que la migración sea asunto de gobiernos y no de traficantes ni tratantes.
Para lograrlo, se requiere lo que se ha requerido siempre y que sigue sin alcanzarse: que los países expulsores de migrantes brinden a sus nacionales condiciones de trabajo, bienestar y seguridad, y que Estados Unidos de curso legal y seguro al arribo de los trabajadores que tanto necesita. Llevamos décadas estancados en esta aspiración. (Mauricio Farah, El Heraldo de México, LA2, p.2)
Me estruja el corazón pensar cómo murieron esos 53 migrantes. Con los labios resecos por la deshidratación, famélicos, asfixiados pegados a la lámina del tráiler tratando de encontrar un orificio que les permitiera aguantar unos minutos más esperando la ayuda que nunca llegó. Me duele Adela, de 28 años, que iba a encontrarse con su madre en Los Ángeles; Alejandro y Margie, recién casados con ganas de formar una familia lejos de la pobreza; los niños Wilmer y Pascal, primos, que salieron de Guatemala buscando ayudar a sus padres.
Me acongojan todos y cada uno de quienes murieron bajo el sol abrasante de Texas. Pero, sobre todo, me enfurecen, porque ninguna muerte de un migrante indocumentado es un destino manifiesto.
Todos pudieron salvarse, si dejamos a un lado discursos polarizantes y nos enfocamos en los beneficios de una frontera segura y vigilada entre México y Estados Unidos. No se trata de estar a favor de un muro infranqueable para los perseguidos o de abrir los puentes internacionales al paso libre y desordenado, sino de utilizar de manera urgente la tecnología a la mano , cuyo uso es respetuoso de los derechos humanos para impedir que otra tragedia enlute a las familias más vulnerables de Centroamérica y México.
Ahí está, por ejemplo, un nuevo dispositivo de la Dirección de Ciencia y Tecnología del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos que puede detectar a personas escondidas entre las paredes de un tráiler. Hay nuevos y sofisticados medidores de temperatura corporal que identifican a seres humanos traficados en dobles fondos. Y hasta micrófonos que registran ondas sonoras inaudibles al oído humano , como las de la respiración.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos ya tiene en desarrollo a perros robot capaces de escalar montañas y pendientes peligrosas para hacer inspectores en lo alto que permitan ubicar a traficantes de indocumentados, así como existen drones equipados con cámaras que identifican rostros humanos para su rescate.
La mayoría de esa tecnología ya existe del otro lado de la frontera, y un acuerdo entre México y Estados Unidos, permitiría no sólo compartirla, sino que daría un impulso para que nuestras instituciones desarrollen inventos propios que tengan como objetivo salvar vidas arrancándolas del crimen organizado. Los 53 migrantes asesinados por traficantes de personas en Texas no usaron una ruta exclusiva para ellos, sino que entraron por los mismos senderos que usan los traficantes de drogas y de armas.
Si se combate con tecnología e inteligencia a los polleros y coyotes, estamos al mismo tiempo cerrando el paso a la explotación sexual transnacional de niñas y niños, el envío de fentanilo a comunidades estadounidenses y la llegada de armas de alto poder hasta las manos de los cárteles. La muerte de Adela, Alejandro, Margie, Wilmer, Pascal y 48 migrantes más no puede ser en vano: salvemos vidas y exijamos fronteras seguras y vigiladas. (Rosi Orozco, El Heraldo de México, Editorial Heraldo, p. 12)
Mañana se reunirán Biden y López Obrador. Lo harán acompañados de sus esposas, lo cual le dará a la reunión un toque más suave y protocolario a un encuentro de trabajo entre mandatarios.
Con las cortesías habituales tres fantasmas estarán en el salón. El primero es el desdén que AMLO le infligió a Biden no asistiendo (y boicoteando) la Cumbre de las Américas. Este gesto viene a sumarse a desconsideraciones previas que se dieron en el proceso de transición entre Trump y Biden. Biden ha eludido (y por tanto minimizado) los desaires de AMLO, ni siquiera cuando desautorizó públicamente a su enviado Kerry al salir de Palacio Nacional, reaccionó. Ha demostrado, pues, que no está dispuesto a jugar sus fichas en el casino de la confrontación bilateral ya que tiene enemigos de más calado (y potencialmente más peligrosos) que los desplantes del presidente mexicano que (con formas dudosamente diplomáticas) ha sido en el fondo cooperativo y para acreditar su alineamiento, esta será su tercera visita a DC.
El segundo fantasma es Salazar y su disfuncionalidad. Desde la visita de Calderón a Obama, siendo Carlos Pascual embajador, no se había dado una visita en la cual la figura del embajador fuese un elemento a considerar. En el caso de Pascual la molestia venía desde Los Pinos hasta el punto de pedir a Obama su salida; con Salazar estamos ante un tablero inverso. El artículo del NYT presenta el perfil de un embajador que es visto desde Washington como un diplomático funcional a los intereses de la 4T. Es probable que lo veamos haciendo campaña en las elecciones de noviembre.
El tercer fantasma es el desacuerdo de fondo en el tema energético. A pesar de que AMLO ha cedido terreno para la preparación de la cumbre de líderes de América del Norte prevista en noviembre, la integración regional sigue generando en México resquemores en el terreno de la energía y otros expedientes como Calica. El presidente ve todas las ventajas en la integración y el “nearshoring”, pero cuando se trata de su soberanía energética algo le incomoda y en consecuencia no permite que el modelo regional despegue con toda la fuerza que potencialmente tiene.
Es afortunado que, de manera paralela a la reunión de los presidentes, se desarrolle también en DC el CEO Dialogue que, como recordamos en su última versión celebrada en Mérida, abrió un ambiente de cooperación extraordinariamente positivo. Es de esperarse que los sectores privados de ambos países hagan ver a sus gobiernos la necesidad de que no se incrementen los costos para que la integración fluya y se eviten trabas burocráticas y reticencias políticas.
No preveo, pues, ninguna salida de tono, ni siquiera una propuesta de reubicar la Estatua de la Libertad, sino más bien una línea protocolaria correcta con algunas concesiones, pues ambos gobiernos han aprendido a torearse. Ambos saben que les queda poco tiempo y eso impide pensar en grandes virajes. Ambos saben que su mejor opción es fluir. Por tanto asumo que Biden seguirá apostando a no tener zozobras extraordinarias en el sur y AMLO no tiene incentivo para estirar la liga, pues sabe bien que la inercia económica mexicana descansa hoy en nuestra vinculación con Estados Unidos. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p. A21)
El día de mañana, el presidente norteamericano Joe Biden recibirá a Andrés Manuel López Obrador para una reunión bilateral en la Casa Blanca.
Será la cuarta ocasión en que el Presidente mexicano visite Estados Unidos, y se espera que durante el encuentro se aborden diversos temas de interés para ambos países, aunque son dos los que destacan en la agenda: la inflación y la migración.
Sobre el plan inflacionario, el Presidente de México ha mencionado con anterioridad la necesidad de realizar acciones conjuntas para combatir la inflación.
En ambos países están lejos las metas de sus bancos centrales. Estados Unidos registra inflación de 8.6 por ciento, mientras que en México es de 7.99 por ciento. Lo que buscaría el plan sería la implementación de medidas que permitan la estabilidad de precios y la instalación de más cadenas de suministro para evitar las alteraciones en la cadena de valor.
En cuanto al tema migratorio, de la reunión tendrá que salir un plan conjunto que permita evitar que se repitan nuevamente escenas como la de hace unos días, cuando se encontró un tráiler con 53 migrantes fallecidos en San Antonio, Texas.
Ésta, si bien fue la tragedia más reciente, dista de ser la única. En diciembre del año pasado se accidentó en Chiapas un tráiler en el que fallecieron 56 personas, o los más de 300 migrantes que encontraron en la caja de un camión por Veracruz.
Según la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP), en mayo hubo 239 mil arrestos de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, 2 por ciento más en comparación con el mes anterior.
Es aquí donde se presenta la oportunidad para que Andrés Manuel López Obrador convenza a su homólogo norteamericano de implementar su plan de financiamiento para el desarrollo, especialmente en la zona sur del país y en Centroamérica, y con ello poder brindar oportunidades de desarrollo y frenar la migración forzada.
Por último, el encuentro entre ambos mandatarios tiene como aderezo las recientes críticas que ha recibido el embajador norteamericano en México, Ken Salazar, a quien la prensa ha señalado por poner en riesgo los intereses de Washington.
Da la impresión de que hay otro tipo de tendencia, la que busca enturbiar la sólida relación que actualmente tienen los dos países.
A raíz del crecimiento del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en las recientes encuestas de opinión, han aparecido campañas en las redes sociales para tratar de ensuciar su imagen. La última, una relacionada con la CURP, por lo que queda preguntarse ¿quiénes le tienen tanto miedo? (Arturo Ávila Anaya, El Heraldo de México, Merk-2, p. 21)
Los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden se reunirán mañana en un encuentro que será dominado, a gustar o no, por el tema migratorio, y las desventajas de los dos.
Oficialmente, según declaraciones del canciller Marcelo Ebrard al semanario Proceso, los temas de la agenda serán “dos prioridades de corto plazo”: la definición de una estrategia para detener la inflación y cooperación en materia migratoria, que necesariamente incluye cuestiones de seguridad.
Pero la situación de cada uno difiere lo suficiente como para asegurar que cualesquier acuerdo que puedan alcanzar esté limitado por realidades políticas brutales.
Biden es el presidente del país más grande, económicamente más fuerte, receptor de millones de inmigrantes con y sin documentos, pero es relativamente débil por su situación doméstica y el feroz debate que normalmente rodea el tema migratorio en EU, que esta vez lo tiene en desventaja política.
López Obrador, por su parte, tiene una popularidad indiscutible en México, pero su fuerza en este tema parece derivarse más de la situación del país como punto de partida y de paso para cientos de miles de migrantes.
Y en todo caso, las posibles soluciones –excepto un endurecimiento de controles sobre las rutas de migrantes– no son de corto plazo, aunque esto podría ayudar a los demócratas de Biden en las próximas elecciones legislativas.
La visita se realiza casi como muestra de la normalidad de las relaciones bilaterales, luego de la ausencia del mandatario mexicano de la “cumbre” hemisférica convocada por Biden, en protesta por la no-invitación a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y reportes sobre la irritación en la capital estadounidense con los aparentemente escasos resultados de la cercanía del embajador Ken Salazar con López Obrador.
Pero el hecho aparente es que la reunión se realiza bajo nubes de tormenta: las polémicas sobre leyes mexicanas, especialmente en la industria energética, de enorme simbolismo nacionalista para el gobierno López Obrador y señal de hostilidad según los inversionistas estadounidenses. El tema, como un número creciente de otros vinculados con proyectos de ley del gobierno López Obrador, deberá verse en el marco de los paneles de solución de disputas del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Hay además, una creciente visión negativa por las “oportunidades perdidas” por la acción, o la inacción, del gobierno.
Las cuestiones migratorias y de cooperación sobre seguridad son tanto o más complicadas. La percepción externa sobre la situación en México deriva de los continuos reportes sobre asesinatos de alto perfil, masacres, y el evidente impacto del crimen organizado sobre diversas regiones del país.
Y si se añaden crisis ambientales, como la megasequía que afecta porciones de Norteamérica, se advierte la complejidad de la relación bilateral y la necesidad de mostrar comunicación.
Y del acuerdo en estar en desacuerdo. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
El próximo martes el presidente Andrés Manuel López Obrador se reunirá con Joe Biden en Washington. No es menor recordar que ambos son al mismo tiempo jefes de gobierno y jefes de Estado. ¿Qué significa esto? Que sus proyectos políticos y de gobierno conviven con la búsqueda de los intereses nacionales de sus respectivos países.
El presidente Biden seguramente le recordará a López Obrador que él es un político serio y que no provocará chantajes públicos como las que promovió Donald Trump, como la cancelación del tratado de libre comercio a cambio del control de la migración desordenada. Por su parte, AMLO reiterará la exigencia de respeto a su gobierno. Permítanme unos apuntes en el marco de esta reunión.
AMLO quiere un acuerdo migratorio. Paradójicamente López Obrador alcanzará un éxito diplomático que no logró Vicente Fox y es el anuncio de un acuerdo entre los dos gobiernos que permita un número significativo de visas de trabajo temporales para mexicanos a cambio de mantener las restricciones de paso de migrantes extranjeros. Esta por supuesto no es la enchilada completa que querían Fox y su ex canciller Jorge Castañeda. Pero es una propuesta política que beneficia políticamente a los dos líderes.
Problemas de Biden pasan por México. Los republicanos están buscando pasarle factura política a Biden en las elecciones de noviembre en temas de la agenda con México. Nuestro país sigue siendo un dolor de cabeza para Biden en asuntos como el trasiego de drogas (fentanilo), tráfico de personas y la transición energética de las industrias de la región.
Texano adversario en común. El gobernador de Texsa, Greg Abbott, busca su reelección en una contienda muy cerrada en contra del demócrata Beto O’Rourke que afirma que derogará la prohibición del aborto en Texas si es elegido gobernador. Abbott está centrando sus ataques en contra de Biden y México, si logra reelegirse es probable que busque en 2024 la candidatura presidencial. AMLO y Biden tienen a un conservador que se aprovecha de los problemas de la relación como Trump hace seis años.
Biden quisiera tener popularidad de AMLO. Las encuestas señalan un panorama poco favorable para Biden. Si hoy fueran las elecciones, el partido demócrata perdería la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado. El 55% de los estadounidenses rechazan la gestión de Biden y solo 40% la aprueban. El presidente de EU necesita triunfos difíciles de alcanzar con el alargamiento de la guerra en Ucrania, alta tasa de inflación, elevados precios de la gasolina y una recesión económica anunciada.
Últimos años de AMLO y probablemente de Biden. En 2024, López Obrador probablemente entregará la presidencia a un/a alfil de la 4T. Sin embargo, Biden es probable que no se reelija. El último presidente demócrata que no se reeligió fue Jimmy Carter en 1980.
México se encuentra en una situación diferente frente al poder de EU. En ambas capitales conocen esta nueva correlación de fuerzas en favor de nuestro país. Es preferible la cooperación al conflicto. Ojalá sea un éxito la reunión en Washington.
Agenda estratégica: El 12 de diciembre se conmemoran 200 años de las relaciones diplomáticas entre México y EU. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 9)
La gira que inicia hoy por Estados Unidos marcara un antes y un después en la relación que mantiene Andrés Manuel López Obrador con Joe Biden, pero también con México, en temas de política interna relacionados con la economía, la seguridad y asuntos migratorios.
Motivado por un proyecto que implicaba una inversión de 4 mil millones de dólares, para atender la crisis migratoria en Centroamérica, y que no se ha concretado, AMLO pidió´ audiencia, y el encuentro, por fin, se realiza mañana en la Casa Blanca.
El tema es un pretexto para poner otros pendientes en la mesa, en los que México quiere hacer énfasis, porque involucra a ambas naciones, me dijo una fuente de Palacio Nacional.
En materia económica, la inflación y la crisis internacional llaman a concretar acuerdos conjuntos.
Por ejemplo, la comitiva mexicana llega con una serie de propuestas bajo el brazo, para facilitar la inversión y operación de empresas en territorio azteca, sobre todo de manufactura y el sector automotriz.
Eso por si solo implica ya un cambio en la forma en la que la 4T había gestionado este tipo de relaciones con los vecinos del norte. Ofrecerá facilidades a empresas y a hombres de negocios para atraer capital y crear más y mejores fuentes de empleo.
Es un cambio del que no se hace alarde, como ocurre también en el ámbito de la seguridad, sobre todo en la lucha contra el crimen organizado, tema que preocupa siempre a la Casa Blanca, porque perciben pocos avances.
Sin embargo, de un tiempo para acá, por ejemplo, la Secretaría de Seguridad, que encabeza Rosa Icela Rodríguez, modifico´ la estrategia para dar a conocer la captura de importantes cabecillas de la delincuencia organizada.
Fue algo que al principio de su gobierno rechazo AMLO para evitar hacer apología del narcotráfico. Pero, las circunstancias y la necesidad de hacer visibles los resultados, motivaron un cambio.
Hoy ya no se les llama narcos o capos. Todos los jueves, el subsecretario Ricardo Mejía presenta un balance de los arrestos y los informa como “objetivos” o “generadores de violencia”.
Con eso, buscan que en México y EU se perciban resultados y cero impunidad en casos de alto impacto.
Y en el asunto migratorio, tema central de la visita a Washington, todo parece indicar que la 4T perdió´ la batalla porque ya hicieron saber a nuestro gobierno que el dinero prometido para atender la problemática en México y países vecinos del sur se quedara´ sólo en Centroamérica.
La inversión de 4 mil millones de dólares se destinara a empresas estadounidenses para que lleven parte de sus operaciones a países como Guatemala, Honduras y El Salvador, con el fin de generar fuentes de empleo que permitan mitigar el flujo migratorio.
Como podemos ver, López Obrador llega con una postura diferente a su cuarta visita a Estados Unidos. Las desavenencias por la Cumbre de las Américas quedaron lejos y hoy viaja con una maleta de nuevas propuestas y resultados, porque lo que necesita es allanar el camino para entregar buenas cuentas a los mexicanos rumbo al cierre de su gobierno y de cara a la sucesión presidencial del 2024.
El magistrado Reyes Rodríguez me hizo llegar una carta para aclarar que su amistad personal con el senador Germán Martínez no influye en las decisiones del organismo que preside, y que quiénes votaron por la integración del Grupo Plural a la Permanente fueron la mayoría de sus colegas.
También me “reclama” no haberlo consultado con anticipación sobre el tema. Lo que queda decir es que, desde hace meses, solicite´ a su coordinador de comunicación social, José´ Luis Alcudia, una entrevista, y es fecha en la que no han atendido la petición.
Y como dice el filósofo… No me acuerdo: “Para construir nuestra nación, todos debemos superar nuestras expectativas”. (Alfredo González Castro, El Heraldo de México, País, p. 7)
Van por acuerdos
Por cuarta ocasión en su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador pisa tierras estadounidenses, pero ahora la agenda con su homólogo Joe Biden será Migración y temas económicos, como la inflación, por lo que hay expectativas para concretar acuerdos sobre ordenar el flujo migratorio. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Por todos los flancos el gobierno cerca al PRI. En España le llamarían labor de acoso y derribo. A Peña le mandan decir cállate y tápate, para obtener, sin su intervención, el Estado de México.
Al presidente del partido, lo humillan derribando con arietes las puertas de su casa, y después lo guardan “en el cuartito”, con un pretexto baladí, dizque de alerta migratoria cuando no migra; regresa de Europa. (El Cristalazo, Rafael Cardona, La Crónica, LaDos, p. 2)
El viaje, malos augurios
En las próximas horas, el presidente López Obrador emprenderá un nuevo viaje a la Casa Blanca. Ya estuvo por ahí, no hace mucho, para darle ánimos a Donald Trump en la fallida campaña presidencial del republicano.
La agenda bilateral es tan extensa y el problema migratorio tan complejo, que el presidente Joe Biden, un profesional de las relaciones internacionales, se esmerará por no ajustar cuentas con su colega mexicano, al menos no en público.
Pero los medios norteamericanos, se incluye los programas de comedia, no tienen esas ataduras diplomáticas y ya comenzaron a publicar reseñas críticas sobre el gobierno del tabasqueño. El tema de la Estatua de la Libertad ha dado material abundante para los cuenta-chistes.
En el Capitolio también proliferan los legisladores norteamericanos que no se miden a la hora de las descalificaciones al presidente mexicano. No hay, en suma, buenos augurios.
Se dice que, para compensar, pequeños grupos de migrantes seguidores de la 4T, ya preparan la porra de bienvenida. (Pepe Grillo, La Crónica, Columnistas, p. 3)
¿Puede ser? Estados Unidos es la potencia, pero México tiene al presidente localmente poderoso. Resulta que ahora mismo, en materia de negocios, el presidente mexicano podría ayudar más a su vecino que viceversa, en asuntos de corto plazo.
Mañana conversarán los dos mandatarios. El presidente Joe Biden opera en una democracia que lo puso en el fuego por un problema: la inflación. Hay otro asunto sobre su escritorio igualmente importante, más técnico y aquí lo expondré mañana. En ambos necesita ayuda. Va el primero.
Andrés Manuel López Obrador, jefe del poder Ejecutivo en México, tiene en su favor a la mayoría de los electores en México, quienes perdonan todas sus fallas.
Su popularidad le permite influir en la agenda de mexicanos de ambos lados de la frontera.
Biden necesita gente, muchos trabajadores inmigrantes. La necesitan los más poderosos empresarios de su país a quienes simplemente no les alcanza con la que hay allá para llenar todos los puestos de trabajo que tienen vacantes.
“Según las últimas cifras de empleos de la Oficina de Estadísticas Laborales, Estados Unidos tiene 11.3 millones de empleos abiertos, pero solo 5.9 millones de personas desempleadas. Eso es casi el doble de puestos vacantes que personas disponibles para ocuparlos”.
La frase anterior no proviene del gobierno o de una de esas organizaciones que gustan de analizar números. Es del grupo empresarial más grande del país vecino: la US Chamber of Commerce o Cámara de Comercio de los Estados Unidos, que es el equivalente al Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en México.
Ese gremio, indirectamente quita y pone gobernantes a través de apoyos a sus campañas. En la más reciente se inclinaron abiertamente en favor de los Demócratas y estos ganaron.
La agrupación soltó el jueves un informe llamado “Cómo solucionar nuestra escasez de trabajadores puede combatir la inflación”, documento que incluye la frase expuesta antes y explica cómo a medida que aumenta el costo de la nómina, las empresas elevan los precios lo más que pueden para mantener sus márgenes de ganancia.
La US Chamber es un grupo bien conocido por AMLO, pues tuvo reuniones con sus líderes en Yucatán desde el inicio de su administración sexenal, durante negociaciones para firmar el Tratado México Estados Unidos y Canadá, T-MEC. ¿Lo recuerdan? Es el acuerdo comercial vigente que sustituyó al viejo TLCAN.
Esa cámara estadounidense quiere duplicar el número de trabajadores inmigrantes legales en ese país y propuso un plan de acción que incluye una reforma migratoria. Ésta incluye varias peticiones como la de duplicar el límite de visas de 140 mil, a 280 mil por año y la de no incluir en ese límite a esposas o hijos de los trabajadores como sucede ahora, pues obviamente reduce la disponibilidad para empleados.
Atención, lo que busca la US Chamber no se limitaría los beneficios a mexicanos u otros extranjeros que puedan ocupar puestos en fábricas, hoteles o restaurantes. La exigencia a los legisladores es amplia:
“Proporcionar a los estudiantes internacionales que se gradúan de universidades de Estados Unidos más oportunidades para obtener tarjetas de residencia basadas en el empleo al graduarse”, expone el texto el plan llamado “America Works Agenda”.
“(También) mejorar y expandir las oportunidades para que los empresarios obtengan la residencia permanente para que puedan construir sus negocios aquí en los Estados Unidos”.
El presidente López Obrador celebra cada mes la llegada de remesas de paisanos que huyeron al norte para obtener trabajo ante la reducción de oportunidades en México.
Su gran habilidad política puede permitirle tejer un plan que contribuya en algo que ya no piden solo los grupos “liberales”, sino también los más conservadores, agrupados en la US Chamber of Commerce.
¿Puede ayudar AMLO a Biden a estructurar una urgente reforma migratoria que por obvias razones incluye a México? Mañana podría haber algo de luz al respecto. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Empresas, p. 30)
La reunión oficial mañana entre el presidente López Obrador y el presidente Joseph Biden se dará en el escenario complicado de que Estados Unidos está necesitando, como nunca, la alianza estratégica con México, pero Palacio Nacional ha sido muy claro en señalar que los intereses nacionales mexicanos no son los mismos de los intereses nacionales americanos.
La reunión entre los dos presidentes en la Casa Blanca ocurrirá después del plantón público de López Obrador en la IX Cumbre de las Américas, donde Estados Unidos fijó con claridad las líneas geopolíticas para la región al sur del río Bravo. Asimismo, el encuentro se realizará en medio de la desactivación del papel de representante estadounidense del embajador Ken Salazar, a quien acusan en Washington que es ya militante de la cuarta transformación.
La cita entre los dos presidentes, por si fuera poco, tendrá como escenario el mensaje globalizador del presidente Biden en la pasada reunión de la OTAN y el replanteamiento de las tres principales líneas de acción: relanzar a ese organismo como una especie de Pentágono europeo o casa de la guerra estadounidense a nivel trasatlántico, obligar a todos los países europeos a gastar no menos de 2% del presupuesto en requerimientos militares y asumir, todos, el compromiso de confrontar a Rusia y a China.
Un poco para calentar el ambiente, el presidente López Obrador anunció que no confrontará a Rusia por la guerra de Ucrania y convocó a una búsqueda inmediata de la paz, refrendando la decisión mexicana de no apoyar la beligerancia de la Casa Blanca como el motor político de la invasión rusa de Ucrania y después de que Washington logró sacar a Suecia y a Finlandia de su posición histórica de no involucrarse en bloques militares. Al tomar posesión de su cargo, el secretario de Defensa de EU invitó públicamente a México a adherirse a la OTAN.
De ahí que la visita de López Obrador está pintando para puros no.
Zona Zero
Un video acreditado al Cártel Jalisco está reproduciendo un mensaje bastante extraño: esa organización armada del narcotráfico declara la guerra a otros cárteles, pero señala la paz con la sociedad y sobre todo con las comunidades religiosas, aunque en la realidad ese agrupamiento delictivo está confrontando a las fuerzas federales de seguridad y a la sociedad. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 13)
El piloto aviador de la Marina Armada de México, Carlos Velázquez Tiscareño, nuevo administrador del AICM, tiene el reto de normalizar la situación. Vicealmirante, tampoco es ningún mérito hacerlo mejor que el ingeniero Morán. Los usuarios esperamos buenos resultados y pronto.
En la crónica de una muerte anunciada, finalmente el miércoles 7 de junio fue anunciado el cambio de administrador del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el funcionario más incompetente de la 4T fue relevado después de una caótica gestión que tan solo duró seis meses.
Si hay un culpable de la enredada situación del sector aeronáutico en México, no lo busque más, es el defenestrado Carlos Morán Moguel, ex subsecretario de comunicaciones.
Convenció a Andrés Manuel López Obrador de cancelar el AICM en Texcoco y hacer un sistema de aeropuertos que comprende Santa Lucía, Ciudad de México y Toluca, seis meses después, el experto aeronáutico no pudo hacer que funcionaran.
Durante la gestión del Carlos Morán Moguel, una persona soberbia que quería manejar el aeropuerto como en el siglo pasado cuando fue director de aeronáutica civil.
En el AICM hubo de todo: cancelación de vuelos, aterrizajes fallidos, reventa de slots, retraso de más de una hora para recoger maletas, licitaciones amañadas, quitó al servicio de Uber, retrasos en los trámites de migración y aduanas, bueno, hasta a los perros callejeros que vivían en la Terminal 2 persiguió. Toda una ficha el ingeniero Morán.
Se peleó con los usuarios, taxistas, proveedores, líneas aéreas, contralores aéreos, personal de limpieza, concesionarios, una verdadera calamidad el ing. Morán. Nadie lo va a extrañar en el AICM.
El piloto aviador de la Marina Armada de México, Carlos Velázquez Tiscareño, nuevo administrador del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México tiene el reto de normalizar la situación. Vicealmirante, tampoco es ningún mérito hacerlo mejor que el ingeniero Morán. Los usuarios esperamos buenos resultados y pronto.
Los mal pensados afirman que el plan del inútil del ing. Morán era estirar la liga para que todos nos mudemos al aeropuerto Felipe Ángeles –su legado para México–, su servidor y amigo testigo de dos aterrizajes fallidos en dos meses, con mucho gusto compro boletos de donde me indique el inge, el problema que dicho aeropuerto tiene seis vuelos a tres destinos.
En fin, esperemos que pronto se normalicen las operaciones del AICM, millones de usuarios fifís y conservadores que no votamos por la cancelación del aeropuerto de Texcoco se lo vamos a agradecer. Hasta la próxima. (Eliseo Rosales Avalos, El Economista, El Foro, p. 54)
Van y vienen por los barrios de Salamanca, Universidad y Argüelles, en el céntrico Chamberí, uno de los distritos más aristocráticos de Madrid. Pocos llegaron para cumplir con la cuarentena; la mayoría, por objeciones políticas hacia la Cuarta Transformación.
Se trataba de pasar una temporada larga. ¿Un sexenio? A diferencia de los empresarios del Bajío y del norte del país, que transitan entre Miami y Nueva York, los decision makers autoexiliados en Europa tienen raíces en la Península ibérica, por lo que pudieron comprar boletos solo de ida. Ya vendrán tiempos mejores en México, confían.
Desde hace muchos años, el financiero Allen de Jesús Sanguines-Krause ha tenido una vida discreta, aunque la dimensión de sus inversiones —compró el mítico hotel Villa Magna— y su amistad con el Rey emérito Juan Carlos I lo pusieron recientemente en el radar de los medios españoles. Carlos Slim era el otro referente mexicano. Y más recientemente, María Asunción Aramburuzabala.
La clase media y alta mexicana son blanco de las inmobiliarias españolas, que venden pisos cuyo valor oscila entre los 500,000 euros y un millón en esos barrios y otros como Trafalgar, Arapies, Almagro, Rios Rosas y Valle Hermoso, en el centro de Madrid. Desde el final del confinamiento es constante la presencia de familias mexicanas.
Y notoria, en los restaurantes de la zona. En los recién aperturados, como Q87 o Manero, al que muchos acuden con la esperanza de encontrar al expresidente Carlos Salinas de Gortari. Pero cotidianamente acuden al Puntarena, la sucursal madrileña del restaurante insignia del emporio gastronómico erigido por Federico Rigoletti, en la Casa México en España.
El inmueble, de 2,700 metros cuadrados, fue construido hace un siglo por el arquitecto Luis Bellido y fue cedido por el ayuntamiento de Madrid a la embajada de México en España. Su remodelación corrió a cargo de la Fundación Casa de México, que preside Valentín Díez Morodo, que hace cuatro años firmó un convenio para gestionar y administrar sus distintos espacios, por una década, con la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Dos meses antes de que finalizara el sexenio de Enrique Peña Nieto fue inaugurado el recinto por el empresario y el entonces canciller, Luis Videgaray. Su administración quedó a cargo de Ximena Caraza Campo, quien se ha dedicado a la promoción de un intenso programa de actividades artísticas y culturales, además de la promoción del intercambio económico entre las dos naciones.
Xena Caraza es nuera de Claudio X. González y a través de las redes sociales y una intensa gestión de actividades académicas y culturales se ha colocado en el centro de la comunidad mexicana residente en España. Y más, de las inversiones inmobiliarias en los céntricos barrios de la capital española. En los últimos años, además de dirigir la Casa México, ha participado, como consejera independiente, en Realia, la empresa con la que Carlos Slim incursionó en el mercado inmobiliario de Madrid. El equipo de Slim en Madrid integra a Gerardo Kuri Kauffman y Carlos Jarque.
Efectos secundarios
INDICIOS. Con reportes desactualizados y fuentes enrevesadas, las primeras versiones sobre los negocios de Enrique Peña Nieto fueron rápidamente descartadas: en Plasti-Estéril, el político mexiquense desinvirtió hace casi tres décadas. Justamente otro negocio familiar atrajo la atención de la Unidad de Inteligencia Financiera: la Impulsora Agrícola La Laguna, una comercializadora de granos que dirige Arturo, hermando del expresidente priista. Las pesquisas sobre sus operaciones financieras se extenderían a otras “personas de interés”, como Maribel Barroso, exintegrante del staff de Los Pinos y quien junto a su esposo, Luis Alfonso Rodríguez, y el empresario Héctor Alfonso Maccise Yitani habría diseñaron una trama para hacer transferencias de dinero de México a Madrid, vía Houston. Una de las empresas investigadas es Buganvilia Servicios Empresariales, establecida en España. (Alberto Aguirre, El Economista, Política y Sociedad, p. 51)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)