Hoy, en la mañana, durante su visita a Washington, el presidente López Obrador tendrá un desayuno con la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, para posteriormente comer con el presidente Joe Biden. Más tarde, o en la mañana del miércoles, se encontrará con empresarios. Un recorrido por la capital estadunidense que no será, por lo que vemos, agobiante, porque, en realidad, las reuniones para establecer, o no, acuerdos concretos se realizarán con los funcionarios de cada área en mesas por separado: ahí estarán Tatiana Clouthier, de Economía; el secretario de Agricultura, Víctor Villalobos; Francisco Garduño, del Instituto Nacional de Migración, y el canciller Marcelo Ebrard.
Llama la atención de que, a pesar de que dos de los principales temas de la agenda son energía y seguridad, no vayan funcionarios de ninguna de las dos áreas, me imagino que Tatiana cubrirá lo de energía, y Ebrard, los temas de seguridad. Pero no es lo mismo.
La semana pasada, el Vaticano, en un gesto político al que no se le prestó demasiada atención en México, designó un nuevo nuncio en nuestro país, Joseph Spiteri, un hombre con muy amplia experiencia diplomática en países en conflicto (viene de ocupar la nunciatura en Líbano), después de siete meses de que la nunciatura estuviera sin ocupar, tras la salida de Franco Coppola, un hombre que, en muchas ocasiones, dejó trascender su disconformidad con la política migratoria y de seguridad del gobierno federal.
Pero el asesinato de los dos sacerdotes jesuitas en Chihuahua, la pésima respuesta gubernamental a las demandas de la Iglesia por ese crimen y la agudización de las diferencias con la Iglesia, en general y con los jesuitas, en particular, me imagino que aceleraron la designación de Spiteri, en un momento en que las relaciones entre el gobierno federal y la propia Iglesia están en mínimos. La jornada de oración que se escenificó en todas las iglesias del país el domingo, reclamando en los hechos más seguridad, recordó una de las últimas intervenciones del nuncio Coppola en México, en Aguililla, Michoacán, el año pasado: “La mafia florece donde el Estado no está”.
Si hay algo en lo que se unen las agendas de la Iglesia y de la administración Biden en relación con México, es en seguridad y migración. Las demandas sobre la agenda de seguridad se expresan de formas muy diferentes, pero al final plantean lo mismo: hay un vacío en ese ámbito con una estrategia que la ciudadanía en México, y nuestros vecinos y socios comerciales en el norte perciben como un fracaso, algo que no está funcionando y que altera muchos capítulos de la vida cotidiana y de la relación bilateral.
Los intereses son diferentes. Aquí la gente, y en ello se incluye en forma destacada a la Iglesia, sufre miles de asesinatos, más de 120 mil en lo que va del sexenio, de desapariciones, unas 30 mil, de un incremento de extorsiones, robos, secuestros, asaltos, mientras las autoridades parecen más preocupadas por la persecución de viejos adversarios políticos que por hacer justicia, hoy y ahora.
En Estados Unidos, los más de 100 mil muertos por sobredosis de opiáceos son una losa para el gobierno de Biden y muchos de ellos fallecen por consumo de fentanilo ilegal producido en México, por cárteles mexicanos. En este último rubro, el presidente López Obrador llegará a Washington con la carta que le otorgó el decomiso de más de media tonelada de fentanilo puro en Sinaloa, la semana pasada, pero hay un problema: la relación con las agencias estadunidenses, por lo menos con el FBI y la DEA, está tan deteriorada, que la certidumbre sobre lo que se hace o se deja de hacer en México siempre queda bajo sospecha.
En el tema migratorio, los intereses comunes de la Iglesia y de la Casa Blanca son evidentes. Para Biden, la migración desordenada e ilegal implica un alto costo político, pero también cada día termina vulnerando algunas de su principales compromisos de campaña. En la medida en que se agudiza la migración ilegal (casi 700 mil detenidos y deportados en lo que va del año, buena parte de ellos mexicanos) sus promesas de una reforma migratoria se esfuman. La Iglesia católica es una de las principales instituciones protectoras de migrantes latinos en Estados Unidos y participa activamente en su defensa. Su presencia también es muy fuerte en ese ámbito en México, sobre todo en los albergues. El propio Biden es un presidente, como lo fue Kennedy, católico, con compromisos efectivos con su Iglesia.
Es un círculo perverso casi perfecto: Biden no puede avanzar en su gobierno con estos flujos migratorios; el gobierno mexicano no puede, o no quiere, endurecerse más, pero al mismo tiempo tampoco puede hacerlo plenamente porque, hoy, cerca de la mitad de esos migrantes no vienen de Centroamérica, sino de nuestro propio país; la Iglesia tiene como propósito defender a los migrantes de ambos lados de la frontera, pero, si no se emplean medidas más restrictivas, ello terminará favoreciendo a las candidaturas republicanas más xenófobas y racistas en noviembre y en 2024.
Ya veremos hoy qué depara la reunión con Biden. Nadie debería esperar sorpresas. Estos encuentros residen más en las formas que en el fondo: éste se trata en los encuentros, en las mesas paralelas y difícilmente se sabe qué pasó en ellas. Hay que esperar que la realidad nos lo muestre. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
Este martes 12 de julio se reunirán los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador y de Estados Unidos, Joe Biden.
¿Será un encuentro o será un desencuentro? Está por verse.
Los antecedentes inmediatos dejan ver fricciones entre ambos mandatarios. Tal vez la más relevante es el desaire del presidente de México a la reunión cumbre de las Américas, que organizó su homólogo estadounidense.
El mandatario mexicano no fue, en protesta porque EU no invitó a los presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. (…)
El presidente mexicano ha dicho que los temas que tratarán van desde la migración y las presiones inflacionarias, hasta la integración del continente americano.
El Jefe del Ejecutivo mexicano lleva en su valija el tema migratorio. Planteará la legalización de los trabajadores migrantes. Que el tema sea tratado por los gobiernos y no siga en manos de traficantes, de polleros, de traficantes de personas o de empleadores sin escrúpulos.
Lo que no dijo es si va a diferenciar o va a incluir a los trabajadores migratorios centroamericanos y de otros países que cruzan por el territorio nacional hacia Estados Unidos.
La reunión de mandatarios se registra en medio de una de las crisis migratorias más lamentables en términos humanitarios, luego del hallazgo de un camión de carga con migrantes ocultos, 53 de los cuales fallecieron asfixiados.
Y previamente en México, de un tráiler en el que se accidentaron un grupo de migrantes. Ambos casos, entre otros han dejado al descubierto el creciente y multimillonario negocio negro del tráfico y, prácticas de esclavitud, de seres humanos.
Antes y después del accidente del tráiler, el gobernador de Texas, Greg Abott, ha intentado presionar al gobierno de Biden y ha logrado presionar a los gobernadores de los estados fronterizos mexicanos para que redoblen la vigilancia y eviten que lleguen los migrantes a EU y entren por esa entidad. Otro tema que lleva en su portafolio el presidente mexicano es el de una estrategia bilateral México-EU para combatir la inflación.
Ha dicho que convocará a su homólogo estadounidense a “cerrar filas” para enfrentar la inflación.
En este viaje de trabajo acompañan a López Obrador los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón; de Economía, Tatiana Clouthier Carrillo; y de Agricultura, Víctor Villalobos Arámbula, así como el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez.
También acompañan al mandatario mexicano una comitiva de empresarios como Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios (CMN); Carlos Slim Helú, fundador de Grupo Carso, y Francisco Cervantes Díaz, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), entre otros. Es deseable que el gobierno mexicano aterrice las inversiones que ha venido analizando con empresas estadounidenses. Y si logra avanzar aunque sea parcialmente su propuesta migratoria, sería un gran logro. Lo que se ve difícil remontar es la perspectiva diferente entre México y EU en materia de energía. A ver. (Marco A. Mares, El Economista, Empresas y Negocios, p. 24)
El presidente Andrés Manuel López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez ya se encuentran en Washington para sostener un encuentro con el presidente de Estados Unidos Joe Biden.
Con el presidente llegaron el director para América del Norte de la cancillería Roberto Velasco y el jefe de su ayudantía Daniel Assaf.
La agenda de López Obrador durante la tercera visita a Washington será intensa y se sabe que este martes realizará un desayuno de trabajo, a las nueve de la mañana, hora local, con la vicepresidenta Kamala Harris.
A las 10:50, López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, llegarán a la Casa Blanca, donde conversarán brevemente con Biden y su esposa, Jill.
Ambas mujeres visitarán una biblioteca, como parte de una campaña para promover la educación. Más tarde, a las 11:15 horas está programado el encuentro entre los presidentes, Biden y López Obrador en la oficina Oval.
Ya en la tarde el presidente mexicano realizará un homenaje al expresidente Franklin D. Roosevelt, en el Parque Memorial y participará en una ceremonia en memoria del defensor de derechos civiles, Martin Luther King.
Mañana miercoles, López Obrador encabezará un encuentro binacional de empresarios, a las que asistirán los dirigentes del Consejo Mexicano de Negocios, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Coparmex y el empresario Carlos Slim Helú. Cabe mencionar que en esta gira de trabajo por EU lo acompañan la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier; el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño y los secretarios de Relaciones Exteriores y Agricultura, Marcelo Ebrard y Víctor Villalobos. Hasta donde adelantó el Presidente con el mandatario estadounidense tratará asuntos como la cuestión migratoria y la inflación, además de otros temas de interés para ambas naciones. Estaremos atentos. (Héctor Muñoz, Ovaciones, Política, p. 25)
POR CIERTO que la reunión de hoy entre AMLO y Joe Biden pinta para ser solamente para la foto. Desde la Casa Blanca ya avisaron que no se tiene previsto hablar de un número de visas de trabajo para migrantes, por lo que el presidente mexicano no podrá traerse las 300 mil que soñaba. Si a eso se le suma -o se le resta- la inquietud de Washington por la falta de certidumbre para las inversiones y los bandazos energéticos, México se percibe más como un vecino incómodo que como un socio estratégico. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
Confianza en la visita
El Presidente, nos aseguran, está muy confiado en que, del encuentro con su homólogo Joe Biden, obtendrá importantes beneficios para los mexicanos residentes en Estados Unidos y para quienes migran en busca de mejores oportunidades. Nos hacen ver que tiene claro que para tener resultados de peso es central, aunque no basta la voluntad presidencial, pues también falta el apoyo de congresistas entre quienes se encuentran algunos con los que está enfrentado —Bob Menéndez, Marco Rubio o Ted Cruz— y no desaprovecharán la oportunidad de lanzar algún buscapiés. La de hoy es sólo una visita de trabajo, no de Estado, pero sí permitirá, por lo pronto, dar una señal de mayor proximidad entre presidentes, nos comentan.
Otro trancazo a Alito
Pues resulta que el caso de Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, no termina de tener nuevos episodios o quizá habrá que denominarlos rounds. De los dos últimos: el de su retención por una alerta migratoria en el aeropuerto y el de la supuesta investigación de la FGR por cinco delitos, nos dicen, pareció salir bien librado. Tanto que el propio Presidente aclaró sobre la difusión del tuit que se refería al tema como un error. Sin embargo, el frente que tiene abierto con el gobierno de Campeche parece no tener fin y hoy la mandataria de esa entidad, Layda Sansores, lanzará un nuevo misil, es decir, un nuevo audio del líder priista. Desde hace unos días, la morenista ha venido generando expectativas sobre el nuevo trancazo que alcanzará, según ha advertido, no sólo a Alito sino al tricolor completo. Uf. (La Razón, La dos, p. 2)
Presión en Washington
Por tercera ocasión el presidente Andrés Manuel López Obrador visita Estados Unidos durante su administración. Hay quienes dicen que la reunión con su homólogo Joe Biden será un poco tensa, debido a las declaraciones que ha lanzado en su Mañanera, así como por lo que algunos dicen que fue acto para boicotear la Cumbre de las Américas, organizada por este país en mayo pasado. Sin embargo, nos comentan que el Presidente está consciente que debe de alcanzar un acuerdo concreto en materia de migración. Habrá que ver cómo se las ingenia. ¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)
Mal debe haber arrancado la semana para Joseph Biden, el presidente de EU. La nota principal en The New York Times es el resultado de una encuesta plagada de malas noticias: Así el primer párrafo: “El presidente Biden se enfrenta a un nivel alarmante de dudas desde dentro de su propio partido, con 64 por ciento de los votantes demócratas diciendo que preferirían un nuevo abanderado en la campaña presidencial de 2024, según una encuesta del New York Times/Siena College, ya que los votantes de todo el país se han agriado con su liderazgo, lo que le da un escaso índice de aprobación del trabajo de 33 por ciento”.
Un par de datos más: casi 80 por ciento de los votantes piensa que el país camina en la dirección equivocada, 33 por ciento de los demócratas no quiere a Biden de candidato por su edad y 32 por ciento por la manera en que ha presidido el país desde que está en la Casa Blanca.
Mala mañana la de ayer en la Casa Blanca. Esa es la situación del presidente con el que hoy se reunirá López Obrador.
Las razones por las que Biden está como está y la agenda que López Obrador lleva, según él mismo ha contado en las mañaneras, no auguran los mejores resultados.
Políticamente, Biden enfrenta el crecimiento del movimiento trumpista que ha tomado por completo al Partido Republicano y en cuyo centro está el ataque a los migrantes, en particular a los mexicanos y centroamericanos. Y ese sentimiento recorre buena parte de esos votantes que no lo aprueban.
La propuesta de trabajadores temporales, por demás sensata, no tendrá la mejor acogida entre los estrategas políticos de Biden y los demócratas.
Siguiendo con las encuestas, cualquier paquete serio de ayuda a Centroamérica y el sur de México, dado el sentimiento de que es la economía lo que va muy mal en EU, tampoco se ve muy posible.
Y en seguridad, el tercer tema que ha planteado la presidencia mexicana, pues los republicanos y los trumpistas quieren más armas, más mano dura y sí, menos abrazos y atacar las causas. Y en el asunto de las drogas tienen bien claro a quien culpar: a México, así que tampoco por ahí se ve que se pueda avanzar mucho.
La encuesta de ayer, que se une a otras en los meses recientes, son malas noticias para el futuro de la relación. El trumpismo acelerado, con él o con uno de sus protegidos, auguran tiempos complicados. De lo de hoy, no hay que esperar demasiado. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
La verdadera tarea de Andrés Manuel López Obrador en Washington DC no es la solicitud que hará a Joe Biden en la Casa Blanca en beneficio de los migrantes, sino convencer a los líderes empresariales que son quienes tienen esa necesidad de mano de obra en este país.
A su llegada a la capital estadunidense AMLO publicó un mensaje en Twitter para los paisanos que viven en Estados Unidos, diciendo que en la Casa Blanca los defenderá como siempre y recordará que los migrantes “son seres excepcionales que con arrojo se abren paso y trabajan dura y honradamente para mantener a sus familias aquí y allá”.
Los migrantes que ya viven aquí quieren que se les garantice su estadía legal, mientras que los que buscan el sueño americano desde allá quieren que se les dé trámite a sus solicitudes de asilo o se les otorgue la posibilidad de alcanzar a sus familiares sin tener que cruzar sin documentos con los riesgos que eso implica, incluido el de la deportación inmediata.
Aunque el gobierno de Biden conceda la entrega de más visas temporales de trabajo para los mexicanos, la labor de convencimiento de AMLO debe completarse con los empresarios, quienes pueden hacer uso de esas visas para realizar las contrataciones correspondientes e iniciar los procesos de legalización de la mano de obra que ya les trabaja sin documentos.
Para ello, AMLO debe aprovechar el encuentro de este miércoles, un desayuno al que fue invitado como parte de las actividades del CEO Dialogue (Diálogo de CEOs) que encabezan las organizaciones empresariales de ambos países. Donde, además de resolver las inquietudes en materia de energía, seguridad y certidumbre para las inversiones en México, puede plantearles que contraten más mexicanos y así abrirles en automático vías legales a nuestros paisanos que dice querer tanto y a quienes, cada mes, agradece el envío de millones de dólares en remesas.
A cambio, AMLO debe garantizar esa certidumbre que los empresarios le pedirán para mantener o ampliar sus inversiones en México.
Así todos salen ganando y la visita a Washington habrá valido la pena. (Alejandro Domínguez, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Si Cárdenas fue el primero en recorrer todo el país, el presidente Andrés Manuel López Obrador es el que más veces lo ha hecho. Sus visitas siempre tienen contenido y significado. De ahí lo simbólico de que la parada previa a su visita a Estados Unidos haya sido Chiapas. Es la segunda visita de 2022 y la número 22 desde el inicio de su administración. En promedio AMLO está en Chiapas una vez cada dos meses.
Visitar la frontera sur antes de cruzar la frontera norte. El pueblo de Chiapas, históricamente, ha conocido del drama migrante. Es un mensaje claro respecto a la posición que en materia migratoria defenderá el presidente López Obrador frente al presidente Joe Biden. Lo dijo en un tuit al llegar a Washington: A mis paisanas y paisanos en Estados Unidos les mando un saludo cariñoso (…) en la Casa Blanca, los defenderé como siempre y recordaré que los migrantes —de cualquier lugar del mundo— son seres excepcionales que con arrojo se abren paso y trabajan duro y honradamente para mantener a sus familias aquí y allá.
El presidente López Obrador en Estados Unidos defenderá los intereses del pueblo de México. Lo hará con dignidad y aplomo. Por eso pienso que la cuarta razón para ir antes a Chiapas tuvo que ver con llenarse de la energía que nuestros árboles, nuestras montañas y nuestros ríos nos inyectan a los que, como el Presidente, vivimos allá, pero pasamos mucho tiempo fuera. (Zoe Robledo, Milenio Diario, Política, p. 10)
El esperado encuentro en Washington D. C. entre el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y el mandatario estadunidense, Joe Biden, se da en las mejores condiciones para que ambos gobiernos entreguen buenas cuentas a sus respectivos pueblos.
Por parte del mandatario mexicano, la agenda está a la vista y abarca en primerísimo lugar la migración, para después entrar a temas de asistencia para el desarrollo, seguridad alimentaria e inversión en infraestructura. Ha llamado la atención el planteamiento sobre la liberación de Julian Assange, considerado por el titular del Ejecutivo federal como un caso emblemático de la libertad de expresión.
En el caso del presidente Biden, la agenda está sobre la mesa desde el inicio de su administración: seguridad, energías limpias, supervisión del T-MEC. Debemos reconocer la labor de negociación del embajador Ken Salazar, quien logró evitar que el tema de las demandas de varios corporativos estadunidenses por presuntas violaciones de México al Tratado fuese el elefante en la sala de este encuentro binacional.
A partir de la pandemia y de la guerra de Rusia contra Ucrania, el mundo se está reconfigurando en el corto y mediano plazo. La migración sigue aumentando y las empresas globales se regionalizan.
México es escenario de ambos fenómenos. Por visión y convicción, el presidente AMLO lleva como punto destacado de su agenda el tema de la migración segura, ordenada y regular (tal como lo propone el Pacto Mundial sobre Migración de la ONU). En específico, la propuesta de que EUA expida de manera legal y regular visas de trabajo para migrantes de nuestro país y de Centroamérica, así como un programa de asistencia económica para esta última región, que permita atender de raíz el problema de la migración, es decir, la falta de oportunidades de empleo y desarrollo en las zonas altamente expulsoras de mano de obra.
No está de más recordar algunos de los objetivos principales del Pacto Mundial sobre Migración, consensuado por la ONU en 2018: …mitigar los factores adversos y estructurales que impiden a las personas construir y mantener medios de vida sostenibles en sus países de origen; […] reducir los riesgos y las vulnerabilidades a las que se enfrentan los migrantes en las diferentes etapas de la migración, respetando, protegiendo y cumpliendo sus derechos humanos y brindándoles atención y asistencia; […] abordar las preocupaciones legítimas de los estados y comunidades, [y reconocer] que las sociedades están experimentando cambios demográficos, económicos, sociales y ambientales en diferentes escalas que pueden tener implicaciones para y como resultado de la migración; es un esfuerzo por crear condiciones propicias que permitan a todos los migrantes enriquecer nuestras sociedades a través de sus capacidades humanas, económicas y sociales, y así facilitar sus contribuciones al desarrollo sostenible a nivel local, nacional, regional y global.
Si con el republicano Donald Trump el presidente López Obrador alcanzó entendimiento y acercamiento, con el demócrata Joe Biden (devoto, por cierto, de la Virgen morena de Guadalupe) seguramente habrá afinidad, cordialidad y buena vecindad. (Ricardo Monreal, Milenio Diario, Política, p. 15)
Poco interés ha mostrado la prensa de Estados Unidos por la reunión que sostendrán hoy los presidentes López Obrador y Joe Biden en Washington.
La inflación, las malas prácticas de Uber, el tema Elon Musk-Twitter, el aborto, llenaban ayer las primeras planas de Washington Post, NYT, The Wall Street Journal, Los Angeles Times…
Y, sin embargo, el Grupo Eurasia, consultor de riesgos políticos alrededor del mundo, le dedicó su reporte sobre México a la visita de AMLO. “No es probable que surjan acuerdos significativos de la cumbre”, concluye.
La reunión se centrará en los temas más polémicos de la relación bilateral: migración, energía, drogas.
Eurasia subraya que la migración ha estado en el centro de atención al norte del río Bravo. “Es un tema extremadamente polémico, antes de las elecciones intermedias de Estados Unidos”, advierte. Y recuerda que el gobernador de Texas, Greg Abbott, ha criticado las políticas de inmigración de Biden y de López Obrador, y ha propuesto un plan para enviar inmigrantes de regreso a México.
AMLO ha dicho que le pedirá a Estados Unidos que aumente el número de visas para trabajadores temporales.
“El tema los obliga a colaborar estrechamente. Con esto, López Obrador, hasta ahora, ha podido reducir las tensiones en otros temas controvertidos, como el energético, donde sus políticas se desvían de los objetivos estadunidenses.
“Sin embargo, la administración Biden parece estar cada vez más incómoda con las políticas nacionalistas de México y probablemente pedirá un trato justo y reglas claras para las empresas estadunidenses, aunque es poco probable que obtenga mucho a cambio, ya que López Obrador seguirá impulsando su agenda nacionalista”. En cuanto al narcotráfico, el fentanilo es el principal tema a abordar. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Andrés Manuel López Obrador es un político dual. Capaz, por un lado, de mantener el equilibrio en las finanzas públicas, pero, por otro, de poner en duda la necesidad de cumplir con la ley.
Durante la visita que comienza hoy en Washington, DC –la tercera en su gestión–, el Presidente tendrá la oportunidad de mostrar su lado ideológico y también su lado pragmático.
Existe una oportunidad inmejorable para que México y EU lleguen a un acuerdo en materia migratoria. No se logrará la “enchilada completa” de la que hablaba en su momento el canciller Jorge Castañeda, pero quizá sí un buen paso adelante.
Es evidente que la Unión Americana requiere, en estos momentos, de migrantes. Según su Oficina del Censo, el crecimiento poblacional experimenta una caída drástica, pues sólo creció 7.4%, entre 2010 y 2020. También que el Partido Demócrata, del presidente Joe Biden, necesita mandar una imagen de control fronterizo para poder ser competitivo en las elecciones intermedias de noviembre.
Obvio, como sucede en política, para ganar algo, hay que ceder. López Obrador, a quien el adjetivo pragmático le parece casi un insulto, puede no querer ponerlo en esos términos.
Aun así, si quiere construir algo en su reunión con su homólogo Biden, tendrá que refrenarse de insultar y provocar al gobierno estadunidense y asumir que la sociedad que existe entre los dos países requiere de corresponsabilidad y complementariedad en temas como ése.
¿Qué incentivo tendría Biden de darle un triunfo político a López Obrador –con la ampliación del programa de visas temporales o inversión en Centroamérica–, si éste llama a desmontar la Estatua de la Libertad, uno de los pocos símbolos que siguen uniendo a la polarizada sociedad estadunidense?
Claro, el mandatario mexicano puede seguirle dando vuelo a su vertiente ideológica y ensalzar, como hizo hoy, la memoria de Fidel Castro, cuando tiene un pie en el avión que lo llevará a EU, pero, al hacerlo, sólo acabará dándole la razón a Donald Trump, quien cree que la única forma de negociar con alguien es aplastarlo antes. No es un secreto que la relación que tiene el Presidente con Biden es muy distinta a la que tenía con su antecesor.
Si el tabasqueño quiere poner como obstáculo para una relación fluida, la extradición de Julian Assange, ¿qué impedirá que Washington le haga ver que los procesos que se siguen aquí contra políticos opositores como Rosario Robles o Pasiano Rueda –el encarcelado presidente municipal electo de Jesús Carranza, Veracruz– no son precisamente ejemplos de debido proceso? ¿Y los asesinatos de periodistas en México? ¿Y los pretextos que pone López Obrador para justificar la represión contra comunicadores y disidentes en Cuba, un país donde, en cinco minutos, Assange caería en prisión por hacer lo que hace?
¿Cuál será el lado que el Presidente deje que se destaque en su visita a Washington?
El de la pureza ideológica es altamente endeble y no tiene mucha utilidad en la negociación que se requiere con Washington, en momentos en que la alta inflación y la contracción económica global hacen muy vulnerable a México. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
El presidente López Obrador se encuentra en Washington, D.C., para reunirse con el presidente Biden. Uno de los temas a tratar será la migración.
Un incremento en la oferta de trabajadores podría frenar la escalada de los salarios y en consecuencia de los precios. Un acuerdo migratorio traería beneficios económicos para ambas partes, pero solo si este se da en la magnitud necesaria. Se especula que Estados Unidos podría ofrecer un programa de alrededor de 100 mil visas temporales, mientras que el presidente mexicano buscaría un monto significativamente mayor. Permitir que cientos de miles de trabajadores se incorporaran legalmente ―aunque fuera de manera temporal― a la fuerza laboral de Estados Unidos permitiría ajustar de alguna manera el desequilibrio laboral de ese país, daría un respiro a la inflación, y permitiría aliviar las presiones sociales crecientes en la frontera.
Sin embargo, la migración se considera un tema político más que económico. En un mundo cada vez más complejo, con disrupciones en las cadenas productivas, con pulsiones aislacionistas y pugnas por la supremacía global, un acuerdo de colaboración de ese estilo sería una gran noticia. ¿Se logrará? Veremos. (Valeria Moy, El Universal, Opinión, p. 16)
Lo más importante es que ambos presidentes coincidan en la aportación a la economía estadounidense de los migrantes en general, y los mexicanos en particular.
Se podrían anunciar el fin de Quédate en México, la agilización de los juicios de asilo, dar un trato más humanitario a los migrantes y refugiados; un aumento de las visas H2A y H2B y las TN para profesionales mexicanos en EU.
En materia de seguridad es probable que los dos Presidentes reciban un informe sobre los progresos en la instrumentación del Entendimiento Bicentenario sobre Seguridad y del Grupo de Alto Nivel sobre el tema. En específico, las medidas que conduzcan a combatir la producción de fentanilo y metanfetaminas en nuestro país y el consumo en la Unión Americana.
Otra área prioritaria debería ser la cooperación para el combate al tráfico de personas, cuyas terribles consecuencias vimos con los muertos en el tráiler en San Antonio.
Quizás la parte estadounidense pida más información sobre las medidas que ha implementado el gobierno de México para detener y castigar a los asesinos de sacerdotes, periodistas, luchadores de derechos humanos y ambientales, y proteger a aquellos que están amenazados. A su vez, el Gobierno de México seguramente solicitará información sobre la estrategia a seguir por parte del gobierno de Biden para el control de la venta de armas de asalto, tras la reforma aprobada recientemente en EU.
La invasión de Rusia a Ucrania afectó la seguridad alimentaria por el alza en los costos de los alimentos, y la seguridad energética por el incremento en los precios de estos. Dos causas de la inflación en ambos países y el continente. Se puede esperar un anuncio de cooperación ulterior en materia de seguridad alimentaria.
En el ámbito energético hay una recomposición de los flujos y mercados, con una creciente importancia del Gas Natural Licuado (GNL), del cual EU es ya el primer exportador. México podría beneficiarse de estos cambios. Pero, seguramente, el gobierno estadounidense reiterará lo dicho por la Representante Comercial de ese país a la secretaria Clouthier: que EU está preocupado por el clima de inversión en México, incluyendo las políticas en materia de energía que “continúan amenazando la inversión de EU y dañan los esfuerzos de México para enfrentar el cambio climático”.
Este tema está vinculado a la relocalización de las cadenas de valor de Asia hacia América del Norte y México. Estamos ante una oportunidad no suficientemente aprovechada para atraer aún más inversión. Corresponde a nuestro país dar la certeza jurídica; el acceso a electricidad segura, sustentable y competitiva; cooperar para una mejor y mayor capacitación de la mano de obra, y mejorar la infraestructura, sobre todo, en la frontera.
Se extrañará un encuentro de nuestro Presidente con los líderes de la comunidad mexicana y mexicanoamericana. (Martha Bárcena, El Heraldo de México, País, p. 9)
La migración, habrá que insistir, es un asunto multilateral. No lo puede resolver las políticas dictadas desde Washington o a través del voluntarismo de López Obrador.
A estas alturas el Presidente mexicano se habrá dado cuenta que no tiene sentido alentar la migración como lo planteó en campaña. La pandemia cambió los esquemas y los planes, pero de origen no se podían abrir las puertas de la migración sin antes tener un acuerdo con EU.
La belicosidad de López Obrador hacia Donald Trump se diluyó casi que de manera inmediata. Lo que parecía ser la construcción de una relación sobre bases diferentes en materia migratoria se perdió, al paso del tiempo nuestro país se convirtió en el muro que Trump no pudo acabar de construir.
El empresario-expresidente fue derrotado dejando en el terreno de los pendientes la migración. México acabó haciendo buena parte de las tareas, las cuales pareciera entraron en terrenos de negociación con Trump. Nunca quedó claro por qué razón cambió la perspectiva de la migración de López Obrador con el exmandatario, siendo que hasta un libro escribió en su contra.
La migración mexicana ha crecido de manera significativa. Se han cruzado muchas circunstancias para que crezca, la más importante es la situación económica interna del país. López Obrador presumimos lo debe saber y debe saber también que no se trata solamente de poner la migración de otros países en el centro, es evidente que los problemas nuestros en materia económica no se están resolviendo.
No se ve por dónde pueda disminuir la migración hacia EU y en particular la mexicana. Si el Presidente acabó por aceptar casi todo lo que le planteaba Trump, por las razones que se quiera, hoy está ante un escenario muy distinto para los dos países y en general en la zona.
Biden va perdiendo capacidad de maniobra, porque existe una inconformidad grande en su contra, a lo que se suma que la migración sea un tema que divide a los estadounidenses.
Por más que le sea al país indispensable el trabajo de millones de hombres y mujeres migrantes, existe un marcado racismo que ante la división política que vive el país se ha incrementado de manera palpable.
Una cosa es lo que quiera hacer Biden y otra muy distinta lo que pueda hacer, las propuestas de López Obrador pueden topar con pared, a pesar de la voluntad de los mandatarios, sobre todo en el tema de las visas y el dinero que se asegura solicitará el Presidente mexicano.
Joe Biden concibe la política y sus formas de manera muy distinta a Trump, recordémoslo por más evidente que sea. Por lo general no impone, sino que más bien plantea razones para convencer. No es un signo de debilidad, es más bien una forma de hacer política, la cual debe tener en consideración el Presidente mexicano, lo cual nos da la impresión que no ha sido tomada en cuenta.
Las diferencias son parte de la relación. No puede ser de otra manera cuando se viven realidades distintas y cuando los presidentes son en algunos campos tan diferentes. Es paradójico, pero podría ser que López Obrador tuviera más coincidencias con Trump que con Biden.
El encuentro de hoy es de gran importancia por el momento que están pasando los dos países, porque además se suma un conflicto internacional de primera importancia para EU ante el cual le podrían pedir definiciones a nuestro país. La geopolítica va a cambiar, con razón el presidente de Rusia dijo que el dominio de un solo país va a dejar de tener vigencia.
Es probable que enel mediano plazo las potencias sean zonas del mundo más que países. Canadá, EU y México forman uno de los mercados más poderosos y podrían estar llamados también a convertirse en una potencia de futuro.
Debe ser un encuentro de resultados, no sirven ni las fotos y menos las relaciones públicas. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)
En medio de un clima de recelo y desconfianza, que tratarán de superar con mensajes y discursos de una buena relación y disponibilidad de llegar a acuerdos, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, recibirá hoy en la Casa Blanca a su homólogo de México, Andrés Manuel López Obrador, para analizar la relación bilateral en la que el problema migratorio, por el imparable flujo de miles de familias procedentes de Centroamérica se ha agravado y originado la muerte de muchas de ellas es prioritario, amén del tráfico de drogas, armas y personas.
Si el Ejecutivo Federal procuró siempre mantener una relación complaciente y hasta sumisa con Donald Trump, no obstante el desprecio con el que se refiere a los mexicanos —migrantes o no— la que sostiene con Biden ha estado preñada de críticas, cuestionamientos, desafíos, antipatía personal y hasta injerencista en asuntos del vecino país, lo que no ha dudado en manifestar, con regularidad en sus mañaneras en Palacio Nacional. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 8)
Hoy 12 de julio, el Presidente López Obrador está en Washington, es su quinta visita al extranjero, la cuarta en Estados Unidos, donde se reunirá con su homólogo Joe Biden para tratar temas bilaterales.
Este encuentro se da tras una tensa calma que se vive en la relación entre ambos países, recordemos, hace apenas unos meses, López Obrador canceló su participación en la Cumbre de las Américas, dijo, porque no se había invitado a Cuba, Venezuela y Nicaragua.
También, luego de las exigencias del mandatario mexicano de que no se extradite a Julian Assange a Estados Unidos y se le pueda dar asilo político en México. Un hombre a quien el país vecino considera, vulneró la seguridad interior de su nación.
Incluso, López Obrador en pleno 4 de julio, dijo que si no dejaban libre a Assange empezaría una campaña para quitar la estatua de la libertad, porque Estados Unidos no era una tierra de libertades.
A esto, le podemos agregar que muchos acuerdos en el Tratado de libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, han sido violentados sobre todo en el tema de energías.
Está la migración que tiene la relación entre ambos países complicada y por supuesto el de seguridad y drogas, cuando en Estados Unidos tienen más de 100 mil muertos al año por consumo de fentanilo, que se produce en su mayoría por grupos del narcotráfico en México y tendrán que platicar también sobre el control de armas, en donde incluso, hay una demanda del Gobierno mexicano contra las principales armerías en EU por su venta indiscriminada de artefactos que llegan a México.
Lo cierto es que mientras la geopolítica cambia, mientras México quiere armar un fuerte bloque de América Latina y enfrenta al Gobierno de nuestro vecino país del norte, no se nos puede olvidar que Estados Unidos es nuestro principal socio comercial.
Hay un dato que muestra cómo se están dando los cambios entre México y Estados Unidos, algo que hace unos años era impensable. En un video difundido en redes sociales, supuestos miembros del CJNG están ahora utilizando también armas como ametralladoras y lanzacohetes presuntamente de fabricación rusa y china. Todavía gran parte del armamento en manos de criminales mexicanos es de EU.
Enfrentan extensa agenda bilateral
Con esta agenda, llega López Obrador a Washington. En el itinerario oficial está una reunión con Kamala Harris, vicepresidenta de la Unión Americana y después el encuentro con el presidente Biden.
Lo complicado es que, para los mandatarios, los temas sobre los que habrán de conversar son prioridades distintas.
A Joe Biden le interesan las nuevas energías, que se respete el Tratado de libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y los acuerdos que se tenían establecidos. Para López Obrador, regresar a refinar petróleo es de sus prioridades.
El encuentro será sin duda cordial, pero en el fondo, las diferencias de ideología y pensamiento entre ambos mandatarios son muchas.
En el tema de migración, el mandatario mexicano ha indicado que es crucial revisar lo que ocurre, insiste en que se debe brindar ayuda económica para evitar que millones de personas salgan de sus países de origen. Incluso, ha propuesto el programa Sembrando Vida para apoyar a los países de Centroamérica, algo que no es prioridad para Joe Biden.
Y si hace unos años la gran mayoría de los migrantes que se mudaban a Estados Unidos eran centroamericanos, hoy son muchos más los mexicanos que están en búsqueda del sueño americano. La gran muestra es la cantidad de remesas que llegan a México. La cifra es récord, a nuestro país han llegado en el primer cuatrimestre del 2022, 17,240 millones de dólares de trabajadores mexicanos en el país vecino.
López Obrador propondrá a su homológo Joe Biden un plan anti-inflación conjunto entre México y Estados Unidos. El mandatario mexicano adelantó que presentará este proyecto en la Casa Blanca.
Este plan constaría de tres acciones y tendría como objetivo que Estados Unidos contribuya de alguna forma a la economía mexicana, en compensación al permiso de México para que ciudadanos estadounidenses crucen la frontera y llenen sus tanques de gasolina.
En Estados Unidos están preocupados por las políticas energéticas de México. El tema mantiene las miradas de inversionistas de ambos lados de la frontera atentos al encuentro de este 12 de julio.
Apenas el pasado 8 de julio, la representante comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, expresó sus preocupaciones a la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, sobre la política energética de México y el clima de inversiones, la cual aseguró que amenaza las del país vecino en territorio mexicano.
En una reunión que sostuvieron, en el marco del segundo encuentro de la Comisión de Libre Comercio del T-MEC, Katherine Tai habló también del trato que da México a los inversionistas estadounidenses y que afectan a importantes operaciones de fabricación en la frontera sur de Estados Unidos.
Tai destacó la importancia de unas prácticas reguladoras sólidas y transparentes, donde se incluya un proceso de aprobación ajustado, basado en la ciencia y el riesgo para los productos de biotecnología agrícola en México.
Y con esta agenda empieza esta reunión bilateral entre el Presiente Andrés Manuel López Obrador y su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 12)
La relación entre México y Estados Unidos es tensa, las diferencias entre los dos gobiernos se acumulan y no parecen tener muchas vías para encontrar soluciones en un corto plazo.
Eso no significa que el encuentro entre los presidentes de ambos países tenga que ser estresante o grosero.
Del lado de Estados Unidos, la administración demócrata cuida mucho las formas y el presidente Joe Biden suele ser afable con sus invitados, por lo que no podemos esperar otra cosa que cordialidad con su homólogo del sur.
Del lado mexicano, el presidente Andrés Manuel López Obrador suele ser uno desde la tribuna de sus mañaneras de Palacio Nacional y otro cuando ya está ante la presencia de los presidentes de Estados Unidos. Así que también se le verá sonriente y sereno.
La agenda de desencuentros crece, pero el tiempo de la reunión de hoy es breve, por lo que quizá el mayor provecho sea concentrarse en los problemas serios y urgentes como el incremento del flujo migratorio.
La agenda comercial es todo un tema para Estados Unidos, por lo que apenas cuatro días antes del encuentro Biden-López Obrador, la representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, dejó en claro que su país insistirá en atender sus preocupaciones en materia energética y comercial. Incluso habló de la posibilidad de iniciar consultas formales, que es un paso más allá en la inconformidad estadounidense.
El tema ambiental pesa mucho en el ánimo de la Casa Blanca y la política energética del gobierno mexicano, contraria al cambio hacia las energías limpias y opuesta al respeto a las inversiones privadas, siempre estará presente en el ánimo de una reunión bilateral.
Es un hecho que no habrá sobresaltos públicos, ni malas caras ante la prensa, si el Presidente mexicano plantea liberar a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, o si López Obrador pretende dar clases de control inflacionario a Joe Biden.
No habrá ningún resentimiento manifiesto por aquello de emprender una campaña para desmantelar la Estatua de la Libertad o por desairar la Cumbre de las Américas por defender a los dictadores del continente.
Habrá imágenes amables del encuentro de los dos presidentes y sus delegaciones. López Obrador regresará a México presumiendo que se lleva muy bien con Joe Biden.
En nuestro país será tema de discusión todo el día y varios días en la radio, la televisión y las primeras planas de la prensa.
En Estados Unidos podría alcanzar algunas notas en interiores. Y si no hay ningún tipo de imprudencia declarativa, el encuentro pasará rápido al olvido ante el inicio de una muy importante gira de Joe Biden por Israel.
A Biden le interesa un tema de alto impacto político-electoral y ese es detener el flujo migratorio, será su objetivo público reflejar que puede lograr que México incremente los controles. Los demócratas luchan contra la imagen de un Donald Trump dando órdenes al gobierno mexicano para frenar a los migrantes o bien atenerse a las consecuencias.
Sin estridencias ni amenazas, Biden debe lograr un efecto similar ante los electores.
El resto de la agenda bilateral, tensa y cada vez más complicada, habrá de mantenerse intacta tras la visita. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y dinero, p. 7)
Notas en remolino
A juzgar por las palabras del asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, es probable que en el acuerdo que hoy informen en Washington incluyan algo del tema migratorio que interesa al presidente López Obrador, aunque no sabemos a cambio de qué… El ritmo de las Jornadas de Oración por la Paz en todas las parroquias de la República recordó que hace casi 40 años Girolamo Prigione dijo: “La Iglesia Católica no tiene prisa”… Ahora resulta que a la tarea de los vendedores de vacunas de los laboratorios la llama acoso Hugo López Gatell. ¿Cómo decía aquel viejo comercial? “El mar marea”… Eso de sustituir el presidencialismo por el parlamentarismo es discusión para iniciados… Hace medio siglo el político estadunidense Hubert Humphrey hizo esta advertencia: “el derecho a ser escuchado no incluye automáticamente el derecho a ser tomado en serio”… (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 37)
En su conferencia de prensa de ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró que en su reunión de hoy en Washington con el presidente Joe Biden enfatizará el hecho de que la escasez de mano de obra en ese país podría ser menor si se abrieran las fronteras a los migrantes.
Dijo que “Lo que queremos es que la migración no sea forzosa, nosotros queremos que sea opcional y, desde luego, legal, completamente legal. Que se llegue a un acuerdo, ordenar el flujo migratorio, legalizarlo tanto para los que ya están allá, que trabajan honradamente, viven en Estados Unidos, contribuyen al desarrollo de esa gran Nación, como los que, por necesidad, tienen que ir a Estados Unidos”.
Añadió que “La mano de obra es igual de importante que el capital o que la actividad de una empresa, entonces si queremos enfrentar la crisis económica, tenemos que producir (…) ¿Por qué negar que hace falta fuerza de trabajo, que hace falta trabajadores?”.
Y AMLO tiene razón, porque entre las 13 razones que de acuerdo con businessinsider.com explican la falta de trabajadores en EU, está la falta de inmigrantes a ese país.
El artículo del 8 de diciembre del año pasado que se publicó en ese sitio señala que “Un grupo de personas que podría ayudar a aliviar la escasez de mano de obra en industrias como la construcción podrían ser los inmigrantes. Pero Joseph Lavorgna, economista jefe para las Américas de Natixis, le dijo a Axios que ‘la inmigración a los EU se ha desacelerado’ y está ‘exacerbando el problema de la escasez de mano de obra’. ‘Hay alrededor de 1.2 millones de trabajadores extranjeros adultos o inmigrantes elegibles para trabajar que simplemente no están aquí debido a las restricciones impuestas durante la pandemia’, dijo David Bier del Cato Institute a NPR. ‘Y eso es aproximadamente una cuarta parte del aumento en las ofertas de trabajo’. Antes de las restricciones por la pandemia, la inmigración se desaceleró debido a las políticas restrictivas de la era Trump. Jason Lalljee y Andy Kiersz, de businessinsider.com, encuentran que si la tendencia de migración internacional neta anterior a 2016 hubiera continuado, habría habido 2.1 millones de inmigrantes más entre 2017 y 2020”.
Esos millones de inmigrantes podrían cubrir un porcentaje importante de las vacantes que hay en el país vecino. En mayo, de acuerdo con el Departamento del Trabajo del gobierno estadounidense, “El número de ofertas de trabajo fue de 11.3 millones, un poco menos que los 11.7 millones de abril y un máximo de 11.9 millones en marzo. Las cifras superaron las expectativas del mercado de 11 millones y aún estaban por encima de los niveles previos a la pandemia, lo que sugiere que la demanda de trabajadores se mantuvo sólida (…) unos 4.3 millones de estadounidenses renunciaron a sus trabajos en mayo, con pocos cambios respecto al mes anterior, con la llamada tasa de abandonos cayendo a un mínimo de cuatro meses del 2.8 % y hubo 1.9 puestos vacantes por cada persona desempleada”.
Andrés Manuel podría convencer a Biden de aceptar a trabajadores migrantes; sin embargo, aunque esto ocurriera, su propuesta laboral naufragaría en el Senado estadounidense, en donde el presidente estadounidense no cuenta con la mayoría necesaria para lograr un cambio legislativo. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Entre la agenda de temas para la reunión Biden-López Obrador destacan evidentemente los asuntos migratorios. Biden recibe a su homólogo con la buena noticia de que la Suprema Corte falló en favor de anular el programa “Quédate en México”, una pifia que le aceptó Ebrard a Trump en una pésima concesión a cambio de nada. Esto despresurizará el lado mexicano de la frontera, aunque Abbott de Texas manifestó que regresará a los ilegales a la frontera, como siempre ha sucedido. La tragedia del tráiler en San Antonio marcará la discusión sobre la ilegalidad migratoria. Seguramente la propuesta de Biden será reforzar la lucha para desmantelar a las organizaciones criminales de los dos lados de la frontera que en colaboración mueven el flujo de ilegales.
López Obrador planteará la propuesta de emitir permisos temporales de trabajo, para así atender a los sectores que requieran mano de obra. Sin embargo, esto es una facultad del Congreso estadounidense, que es a quien debería de presentarle esta iniciativa. Pero inexplicablemente la agenda omitió una reunión con congresistas, una falla elemental de Ebrard.
Sobre el tema de la seguridad y violencia, Biden podría exigir resultados urgentes en la lucha contra los cárteles criminales por parte de México, no solo para la seguridad fronteriza (paso de droga y personas), sino en general para las condiciones de combate a la penetración del narco en actividades económicas y políticas. Ello, porque son un obstáculo a las inversiones de su país al no existir plena seguridad mediante reglas claras e inamovibles congruentes con el cumplimiento del estado de derecho y respeto a los derechos de propiedad.
López Obrador también le quiere plantear a Biden una estrategia conjunta contra la inflación. Esto es un disparate. Tanto la Reserva Federal como el Banco de México saben qué hacer para bajar la inflación. Se da una coordinación natural entre las dos instituciones. Ambas están inmersas en un ciclo de aumento de tasas de interés para controlar la inflación. Asimismo, pensar que se puede conjuntamente controlar por acuerdo o decreto los precios del comercio internacional para frenar la transmisión hacia la inflación llevaría a un resultado final ineficaz y distorsionante ya que son precios determinados internacionalmente.
En su agenda, López Obrador ha dicho que también quiere restregarle a Biden su diatriba de inclusión latinoamericana con la que hizo el ridículo no asistiendo a la reciente Cumbre. Sería más conveniente ya no insistir en ese tema, pues la postura de Biden es muy clara. Asimismo, debe abstenerse de comentar el tema de Assange; en el mejor de los casos, Biden lo podría ver como un improperio fuera de lugar, en el peor, desatar una reclamación que es una intromisión en asuntos de justicia que no le corresponde. También no creo que la trama del embajador Salazar sea motivo de comentario.
Finalmente, de seguro Ebrard (Mr. Bottle Cap) aprovechará la escena para mostrarse ante Estados Unidos como una opción presidenciable “amigable”. Pero tendrá que ser hábil para no contradecir o irritar al gran destapador. (Federico Rubli Kaiser, El Economista, El Foro, p. 46)
A fines de junio, mientras la cumbre de la OTAN atraía los titulares de la prensa mundial, ocurrieron dos nuevas tragedias con migrantes involucrados: el 24 de junio, 23 sudaneses murieron al intentar ingresar al enclave español de Melilla, en condiciones aún por esclarecer.
Tres días después, 53 personas – 26 mexicanos entre ellas- fallecieron dentro de un tráiler ubicado en San Antonio, Texas, como resultado del hacinamiento y las altas temperaturas. Hechos trágicos que se suman al calvario de miles de personas que se desplazan a diario por naciones como México tras haber abandonado sus hogares, desesperados por la falta de oportunidades, la pobreza y/o la violencia que prevalecen en sus países de origen.
Desde Siria, países centroamericanos o del África subsahariana, miles de personas realizan recorridos agotadores en condiciones precarias para intentar llegar al anhelado primer mundo, mientras enfrentan el riesgo de ser secuestrados, extorsionados, esclavizados o asesinados durante su periplo, sin que ello atraiga ya la atención de la comunidad internacional.
En tal condición de vulnerabilidad, los migrantes suelen caer en manos de grupos dedicados a la trata de personas que les cobran un dineral por llevarlos a su destino, mientras los exponen a condiciones inhumanas durante su viaje, poniéndoles en riesgo de perder la vida, ya sea dentro de un contenedor o de morir ahogados en el mar Mediterráneo.
En este sentido, cabe señalar que la ONU considera ya a la trata de personas como la tercera actividad ilícita más rentable en el mundo, tan sólo por detrás del narcotráfico y el trasiego ilegal de armas: en un mundo donde todo puede ser reducido a la condición de mercancía, no es sorpresa que haya tanta gente codiciosa y sin escrúpulos dedicada a lucrar con la esperanza de los migrantes de llegar a Estados Unidos o a algún país de Europa, movilizando “su carga” en condiciones de alto riesgo.
Mientras tanto, los gobiernos de los países destino prefieren reforzar sus fronteras, endurecer sus políticas migratorias o, de plano, pagar a otros países para que ellos retengan en su territorio a los migrantes (como ocurre en el caso de la Unión Europea al valerse de países como Marruecos o Turquía o con políticas como “Quédate en México” aplicadas por el gobierno estadounidense) con tal de evitar su arribo al Primer Mundo. Eso sí, en esos mismos días los países integrantes de la OTAN decidieron incrementar su gasto en armamento para reforzar la seguridad en el flanco oriental de Europa ante “la amenaza rusa”, aun cuando persistan graves crisis humanitarias en Yemen, Siria, Haití u Honduras.
¿Hasta cuándo dejará de verse al migrante como un objeto en lugar de una persona con dignidad y derechos? Seamos empáticos con los migrantes que cruzan por México mientras los líderes de las potencias siguen prestando atención a temas más importantes. (Mtro. Fernando Octavio Hernández Sánchez / Coordinador de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Anáhuac México y Carlos Eduardo Hernández Vives / Estudiante de licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Anáhuac, con interés especial en temas de migración internacional, El Sol de México, Mundo, p. 23)
Lo dijo en Tijuana y lo dijo claramente: el gobierno estadounidense accedió a conceder 300 mil visas temporales de trabajo. La mitad serán para migrantes que están en México y la otra mitad para otros que esperan en Centroamérica.
Lo declaró el 22 de junio el secretario de Gobernación, Adán Augusto Flores, quien hoy opera el poder Ejecutivo mexicano, en espera de que regrese con noticias el presidente Andrés Manuel López Obrador, de su misión en Washington.
Los más urgidos podrían ser empresarios estadounidenses que exigen a su gobierno una reforma migratoria que ayude a llenar 6.4 millones de puestos de trabajo para los que no encuentran gente.
Imaginen que ponen un restaurante que no pueden abrir por falta de meseros. Bienvenidos a la realidad de los años veinte, del otro lado de la frontera.
Especular sobre el posible anuncio de una entrega de visas de trabajo tiene un bajo riesgo esta semana.
Pero hay otro asunto en la computadora del presidente Joe Biden, contraparte del mandatario mexicano en una reunión prevista para este martes. Esto es tan importante que merece romperse la cabeza un momento.
Surgió el año pasado cuando empresas europeas se quejaron de que compañías de otras partes del mundo les están ganando mercado, jugando ‘chueco’. Petroleras, cementeras, acereras y muchas que venden productos que terminan en forma de coche o de casa, fabrican sin límites de impacto al medio ambiente.
Eso contrasta con crecientes restricciones que enfrentan las firmas de aquel continente.
Por eso pidieron suelo parejo. Los europeos exigieron al gobierno un “carbon border adjustment”, tarifas de entrada al país para productos provenientes de otras partes del mundo en donde, por ejemplo, generan electricidad con carbón o combustóleo. Sí, como la CFE lo hace en México.
Esas reglas avanzan y al concretarse, los productos extranjeros que entren a Europa pagarán una suerte de “arancel” que los encarecerá y podría sacarlos del mercado.
Por eso notarán que muchas empresas ahora hablan de sus metas de ‘net zero’.
Vayan a Google y busquen esas palabras. Observarán una lista de logos con esos dos vocablos que comprometen a sus compañías a bajar su nivel de emisiones contaminantes.
Estados Unidos camina en esa ruta por dos vías. Por una, sus empresas invierten en cambiar la energía que usan a una que dependa del sol o del viento.
¿Recuerdan cuántas veces ya vino a ver a AMLO el enviado estadounidense para el Clima, John Kerry? Él ha dicho públicamente que quiere que México venda energía solar o eólica a fábricas y oficinas de allende el río Bravo.
Por la otra vía, un grupo de legisladores ya respondió a los europeos con otro ‘muro’ de carbón… pero en Estados Unidos.
“El Senador estadounidense Sheldon Whitehouse (D-RI) presentó hoy la Ley de Competencia Limpia”, publicaron sus voceros el 8 de junio.
La iniciativa de Ley contiene un mecanismo de ajuste de la frontera de carbono. Justamente, un “carbon border adjustment” que Whitehouse define como “una política comercial ambiental que incluye cargos sobre las importaciones de fabricantes particularmente intensivos en carbono”.
Su intención es proteger a las empresas y trabajadores estadounidenses de compañías extranjeras, estableciendo una barrera de entrada a ese país. Detener a China parece uno de los objetivos. México también representa competencia potencialmente desleal. Recuerden a Donald Trump.
Ayer, el Banco de México informó que las exportaciones de productos manufacturados alcanzaron en mayo un récord de 43 mil 346 millones de dólares, 20 por ciento más que en 2021. Las expansiones más importantes se observaron en productos siderúrgicos y equipo especial para industrias. Ambos, devoradores de energía.
Este año, la mitad de todo el dinero que cobran ustedes y el resto de los mexicanos, podría venir de afuera. AMLO debe sumarse a la iniciativa estadounidense y algo platicará de eso con Biden… luego claro, de hablar de visas. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Empresas, p. 20)
Hace muchos años, tal vez más de 30, desde los tiempos previos al TLC (1994), que México no tenía una relación tan ríspida, tan tensa con Estados Unidos.
Las voces oficiales y el combate de flores entre Ken Salazar, embajador de Estados Unidos en México, y el presidente López Obrador dicen lo contrario. Que todo es bonito, miel sobre hojuelas, “que vamos muy bien” –la clásica declaración de AMLO cuando quiere ocultar justo lo contrario–.
Desde la firma del tratado y las negociaciones comerciales, vinieron casi tres décadas de entendimiento, de diálogo, con las evidentes asimetrías y los intereses encontrados: reforma migratoria ha pedido México, control de armas, versus mayor seguridad, intervención americana en asuntos de inteligencia y combate al narcotráfico.
Pero fuera de eso, la última década del siglo pasado y las primeras de este siglo han sido las etapas de mayor cercanía, sintonía y búsqueda compartida de soluciones.
El Grupo Mérida de Calderón y Bush se extendió y profundizó durante Obama, no sin la pifia sangrienta de Rápido y Furioso (aquella entrada de armas pseudocontrolada desde Washington, que pretendía identificar y localizar rutas y seguimiento que terminó en un baño de sangre binacional).
El comercio ha sido la materia de mejor comprensión, el flujo libre o semilibre de mercancías, el crecimiento de un mercado y de un intercambio que ha generado la zona comercial más activa y económicamente productiva entre dos naciones a nivel global.
Pero desde 2018 para acá, los prejuicios y la ideología que nos gobiernan decidieron enviar el mensaje –esquizofrénico– de la sana distancia y el respeto a la soberanía, con el siempre sí quiero mucho comercio y negocio, pero no en energía, porque esa es soberanía nacional.
El gobierno de AMLO fue reiteradamente obsequioso con la Casa Blanca de Trump, tal vez en prevención a un arrebato del ciertamente desequilibrado mandatario estadounidense –luego hasta supimos que consideró enviar misiles a las organizaciones del narcotráfico en México–.
Mientras que ha sido ostensiblemente áspero, soberbio y chingaquedito con el gobierno de Biden. AMLO, en un distorsionado entendimiento de su independencia y autonomía, salió en una errática defensa de Venezuela, Nicaragua y Cuba; rechazó la asistencia a la cumbre; se negó a imponer sanciones a Rusia, el invasor asesino a los ojos del mundo entero, y, peor aún, permitió y auspició el llamado Grupo de Amistad y Apoyo a Rusia, con la inefable presencia de los impresentables del PT y otras momias políticas como Gómez Villanueva (PRI), quien luego de 70 años en la política salió a decir que lo chamaquearon.
El gobierno de AMLO presentó una demanda contra el gobierno americano en el marco del T-MEC por subsidios a autos fabricados con y para energías limpias; otra más contra el tráfico y la venta de armas –que en ese país es legal– porque alimenta a organizaciones criminales en nuestro territorio.
Ha sido descortés con el secretario de Estado, Antony Blinken, cuando expresó preocupación por la muerte de periodistas; ha soltado las manos al delicado asunto migratorio al reducir los controles que la Guardia Nacional mantenía en la frontera con Guatemala.
Pareciera que la intención de López Obrador es provocar al gobierno de Biden, quien ha resultado más astuto al no dejarse “envolver” en una narrativa de confrontación.
Así que la reunión de hoy en Washington promete muy buenas caras, sonrisas, esposas en la foto, mensajes de preocupación sobre la migración, los opioides –fentanilo–, las metanfetaminas, los graves reclamos empresariales por la cancelación de permisos y cambio de políticas en materia energética.
Por el otro lado, la retórica de López Obrador en defensa de los migrantes, la petición de 300 mil visas, la prometida atención a los contratos eléctricos y petroleros, que no resolverá nada.
La firme invitación a que Biden venga con Trudeau en noviembre para hablar del T-MEC, el tratado que crece en inconformidades y reduce su competitividad. Es probable que Biden acepte, y ya veremos si viene, aunque debiera corresponder con el mismo desaire que el paladín de la democracia latinoamericana le propinó en la cumbre de Los Ángeles.
En suma, nada significativo. No habrá avances en materia de seguridad, porque AMLO considera vulnerada la soberanía nacional si se persigue a los criminales internacionales en suelo mexicano. Tampoco se logrará nada en revisión de contratos o compensación a empresarios estadounidenses cuyas inversiones e intereses han sido afectados.
Un espaldarazo al “amigou” Ken, por su simpatía y su sombrero frecuente en Palacio, que nada gusta a los círculos de poder en Washington.
El embajador Moctezuma probará, una vez más, su ineficacia al estar ausente por Covid, igual que cuando fue la señora Gutiérrez Müller en mayo. Nunca está cuando se le necesita. Ahora, ¡qué bueno!, que AMLO no conocerá la residencia oficial en Washington: si pone un pie en la mansión, decidirá cerrarla por ostentosa y excesiva. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Mundo, p. 25)
¿A qué va López Obrador a Washington? A pedir visas y dinero. ¿Y para qué lo invita Joe Biden? Porque necesita apoyo con los electores de origen mexicano para los comicios intermedios de noviembre.
Una visita de trabajo de un presidente mexicano a Washington no genera mucha atención en los medios estadounidenses. En vano buscaremos notas de primera o reportajes importantes en periódicos o noticiarios de la Unión Americana. Pero eso no le quita importancia. La relación entre México y Estados Unidos nunca ha sido la más atractiva en Washington, pero nadie niega su relevancia fundamental. México es el segundo socio comercial de la Unión Americana, solo detrás de Canadá, y el origen más importante de sus inmigrantes indocumentados.
El presidente López Obrador afirmó ayer: “Lo que queremos es que la migración no sea forzosa. Nosotros queremos que sea opcional y, desde luego, legal, completamente legal. Que se llegue a un acuerdo, ordenar el flujo migratorio, legalizarlo tanto para los que ya están allá, que trabajan honradamente, viven en Estados Unidos, contribuyen al desarrollo de esa gran nación, como los que, por necesidad, tienen que ir a Estados Unidos”.
Nadie puede cuestionar esta posición, especialmente en un momento en que la desocupación en Estados Unidos se encuentra en 3.6 por ciento, un nivel muy bajo en un país con seguro de desempleo. Estoy 100 por ciento de acuerdo con Andrés Manuel cuando dice: “La inflación puede originarse circunstancialmente por la pandemia, por la guerra, pero lo estructural tiene que ver con la falta de producción. ¿Por qué negar que hace falta fuerza de trabajo, que hace[n] falta trabajadores?”.
El problema es que los inmigrantes no son populares en Estados Unidos (ni en México, ni en otros países) y Biden necesita fortalecer su popularidad para conseguir un triunfo demócrata en las elecciones del 8 de noviembre. En febrero de este 2022 el Presidente registraba una aprobación de solo 38 por ciento en una encuesta de Harris y el Centro de Estudios Políticos Estadounidenses (CAPS) de Harvard, pero su calificación más baja la registraba en inmigración, donde caía a solo 32 por ciento.
No sorprende que varios políticos estadounidenses, y no solo Donald Trump, también el tejano Greg Abbott y el floridano Ron DeSantis, estén buscando proyectarse como los verdaderos enemigos de la inmigración ilegal. Este 17 de junio el gobernador DeSantis anunció la creación de una “fuerza de choque”, sí, un término de guerra, “para proteger a los floridanos de la crisis fronteriza de Biden”. Aunque el Presidente quisiera legalizar a indocumentados y permitir el acceso a más migrantes legales, difícilmente lo puede hacer ahora sin correr el riesgo de perder la elección.
Sería más rentable políticamente para Biden arrojarle dinero al problema, en la forma de asistencia económica para México y Centroamérica, pero la experiencia nos dice que esto servirá de poco o nada. Pese a que AMLO afirma que sus programas sociales reducen la emigración ilegal, su gobierno ha coincidido con un aumento muy importante en el número de mexicanos que buscan cruzar ilegalmente la frontera.
Hoy, con la escasez notable de mano de obra en la Unión Americana, sería el momento ideal para legalizar definitivamente a los dreamers, nacidos en México pero que no han conocido más patria que Estados Unidos, y abrir las puertas a un esquema sensato de migración legal. La política, sin embargo, tiene reglas muy distintas a la economía. Si Biden impulsa una apertura migratoria, estará cavando su propia tumba.
SIN AVIÓN
Cuatro funcionarios acompañan a AMLO a Washington, así como su esposa. Un equipo de respaldo ha tenido también que trasladarse. ¿No tendría más sentido usar el avión presidencial, que para eso se tiene y nos cuesta? (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 10)
Confiado en su capacidad de persuasión, pero sobre todo en la necesidad de Estados Unidos de tener al sur a un vecino que sea la fuente de los menos problemas posibles, Andrés Manuel López Obrador está en Washington buscando apaciguar al gobierno de Biden, y que éste se mantenga lejos de cualquier intervencionismo.
La frase “qué necesitas que te dé para que tú me des lo que yo necesito” podría resumir el ánimo del Presidente mexicano en las negociaciones de hoy en la capital estadounidense.
AMLO querrá escuchar el precio por mantener lo que logró con Donald Trump: que Estados Unidos no se ocupe de la calidad democrática de su vecino del sur.
Si para ello hay que reforzar el muro migratorio de la Guardia Nacional y dar desde territorio mexicano otras facilidades a las expulsiones de migrantes, el mandatario mexicano está más que dispuesto al trueque.
López Obrador, dirán oficialmente en la administración, va por un millón de visas para trabajadores. La realidad es que acaso obtendrá la quinta parte de eso –lo cual ayuda– y una oferta de que ambos gobiernos lucharán por mitigar la precariedad que impulsa al norte a centroamericanos, y mexicanos.
Mas el verdadero objetivo para el tabasqueño es hacerse de nuevo del margen que requiere para que Estados Unidos no se convierta, como ha ocurrido ya con la Iglesia, en factor de desgaste o presión.
El sueño de López Obrador de establecer un nuevo régimen sólo será posible si durante el tiempo necesario tiene manga ancha para asentar lo que él considera las bases del mismo.
A estas alturas del sexenio, la primera táctica de esa estrategia es minimizar la posibilidad de que la oposición genere una corriente de opinión favorable a la alternancia.
La llamada transformación de Andrés Manuel no habrá nacido si en 2024 pierde Morena o si, incluso ganando, su partido queda en mala condición en el Congreso o sufre retroceso en gubernaturas.
La oposición busca denunciar las insuficiencias, errores, negligencias y corrupción del actual gobierno. Es natural que los resultados de una administración se queden cortos con respecto a lo prometido, máxime si lo prometido fue un renacimiento.
En el plano local, López Obrador se basta para socavar el discurso opositor que reclama la falta de resultados en seguridad y salud, y las políticas que impiden a la economía despegar.
Pero si la Iglesia se convierte en el megáfono de los reclamos en cuanto a violencia e inseguridad, la oposición tendrá un aliado en el objetivo de dibujar un balance en el que Palacio Nacional sale reprobado.
En lo que se ve cómo desactivan al clero, Andrés Manuel acude a Washington con el propósito de asegurarle al presidente de Estados Unidos no que habrá respeto al Estado de derecho o que se reactivará la funcionalidad de contrapesos, como las agencias reguladoras que han sido cooptadas por el lopezobradorismo. Para nada. López Obrador va dispuesto a escuchar nombre por nombre de las empresas que se comprometerá a cuidar para no segarlas con su impenitente ánimo de tabula rasa. El caso es que las compañías que no terminen en ese listado –podría ser el caso de Vulcan Materials en Quintana Roo, que AMLO usa como coartada cuando le acusan de violentar el medio ambiente con el Tren Maya– estarán de aquí a final del sexenio desprotegidas.
Porque al Presidente le interesa que Estados Unidos no se meta con su fascinación con el Ejército, ni con sus ataques a la prensa, ni sus caprichos energéticos, ni su opacidad… México para los mexicanos para una democracia “a la López Obrador”, pedirá AMLO, y estará dispuesto a pagar por eso. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)
AMLO va por visas // Urge tratado formal // Crecen deportaciones
El presidente López Obrador ya se encuentra en Washington, en donde se reunirá con su homólogo Joe Biden, con quien abordará temas bilaterales como migración, inflación, seguridad y programas de cooperación para el desarrollo, no sólo en el caso de México, sino también el apoyo a países de Centroamérica, de acuerdo con el propio mandatario mexicano.
Además, dice López Obrador, tenemos una relación económica muy importante, somos el segundo socio comercial de Estados Unidos en el mundo (el primero es Canadá) y hablamos de un intercambio comercial constante, permanente. Por la crisis económica actual, por la inflación, México es un país con muchas oportunidades para la inversión y está llegando mucha inversión extranjera a nuestro país, como nunca, y se fortalecen las relaciones económicas y comerciales con el vecino del norte.
Con todo, hasta donde se sabe la prioridad del presidente López Obrador es el tema migratorio. Dos semanas atrás el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, aseguró que el gobierno estadunidense aceptó entregar 150 mil visas temporales de trabajo para mexicanos y un número similar para ciudadanos centroamericanos, como una solución para hacer frente a las caravanas de migrantes.
De acuerdo con el inquilino de Bucareli, tal acuerdo será dado a conocer durante la visita del presidente López Obrador a Washington, y confió en que esas 300 mil visas de trabajo contribuirán a bajar la tensión provocada por miles de migrantes que se hacinan en distintos estados del país a la espera de llegar al norte y conseguir cruzar a Estados Unidos ( La Jornada).
Pero no es un platillo fácil de cocinar, porque si bien 300 mil visas en total (mitad para mexicanos y mitad para centroamericanos) es una cantidad no despreciable, ni lejanamente soluciona el constante flujo de migrantes que intentan llegar a Estados Unidos; ese número de visas temporales sólo son aspirinas para un problema infinitamente mayor”, de tal suerte que se requiere un tratado migratorio amplio, formal y de largo alcance.
En vía de mientras, la Organización de Naciones Unidas divulgó el siguiente informe: durante los primeros meses de 2022 se ha observado que los eventos de detención registrados por la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo de Estados Unidos van en aumento. En el primer mes del año se registraron 154 mil 812 eventos; en el segundo, 165 mil 894, y en el tercero, 221 mil 303. Al comparar los datos del primer trimestre de 2021 con los del año en curso, se observa un aumento de 53.6 por ciento, ya que en 2021 se registraron 352 mil 790 eventos, mientras que en 2022 van 542 mil 9. Los actos de detención de niñas, niños y adolescentes también han tenido un pequeño incremento. Durante el mismo periodo, en 2021 se registraron 34 mil 92 mientras que en 2022 van 34 mil 868, lo que representa un aumento de 2.28 por ciento. Lo anterior indica que es probable que los siguientes meses la tendencia continúe al alza.
Durante los primeros meses del año se refleja un ligero pero continuo aumento de eventos de repatriación de connacionales desde Estados Unidos. Al comparar cifras de enero y febrero de 2021 respecto de 2022, destaca un aumento de 66.35 por ciento ya que, comparativamente, durante este periodo el registro pasó de 24 mil 788 a 41 mil 231 eventos deportaciones, de las cuales 86.8 por ciento correspondieron a hombres y 13.2 por ciento restante a mujeres.
Aunque a finales de 2021 se observó una disminución en los eventos de personas extranjeras presentadas por la autoridad migratoria en México, durante los primeros meses de 2022 se registró una tendencia ascendente. Al comparar los primeros meses de 2021 con los de 2022 también se identifica un aumento considerable, ya que durante el año pasado, hasta febrero, se contabilizaron 22 mil 457 contra 46 mil 688 en 2022, lo que significa un incremento de 107.9 por ciento. Las principales nacionalidades de las personas presentadas o canalizadas son hondureñas (25 por ciento), guatemaltecas (24.7) y cubanas (11.8) (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 18)
Morir huyendo, tratando de subsistir con dignidad o de mejorar su calidad de vida, cualquiera de éstas fue la triste historia de por lo menos 650 migrantes que perdieron la vida en 2021 buscando la manera de cruzar la frontera de México con Estados Unidos, la mayor cifra desde 2014, de acuerdo con la Organización […]
Morir huyendo, tratando de subsistir con dignidad o de mejorar su calidad de vida, cualquiera de éstas fue la triste historia de por lo menos 650 migrantes que perdieron la vida en 2021 buscando la manera de cruzar la frontera de México con Estados Unidos, la mayor cifra desde 2014, de acuerdo con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).
Como el segundo corredor migratorio con mayor flujo en el mundo (el primero es India) y, por sí mismo, un continuo hacedor de migrantes, México había normalizado ya el tránsito de personas indocumentadas hacia Estados Unidos y, con ello, el de víctimas mortales.
Hoy, sin embargo, las cifras están sacudiendo conciencias, tanto por la acostumbrada continuidad de los flujos migratorios, como por lo relativamente novedoso de la masividad en el tránsito: una gran cantidad de migrantes se unen en numerosas caravanas y ello hace muy notorios sus padecimientos y carencias.
A partir de 2016 comenzamos a recibir continuamente migrantes en caravanas. La pandemia de COVID-19, el gran disruptor de los flujos migratorios en todo el mundo, pudo contenerlos durante 2020, pero a partir de 2021 se renovaron con nuevos bríos, y a México llegaron 18 mil haitianos para concentrarse en Ciudad Acuña, Coahuila, esperando pasar a Del Río, Texas.
Esta última migración masiva, que concentró varias caravanas, fue la que finalmente nos puso en alerta: México corre el riesgo de sufrir de una crisis humanitaria migratoria y, hay que decirlo, no estamos preparados.
Así lo corroboró la penosa tragedia de finales de junio pasado, en la que perecieron en un tráiler en Texas, a causa del calor, 53 migrantes, entre ellos, 27 mexicanos. El Gobierno texano consideró este lamentabilisimo acontecimiento como el caso más mortífero de tráfico de personas en la historia reciente de Estados Unidos.
Hay, pues, en las circunstancias descritas, un panorama sumamente preocupante: ya no es solo la pobreza o incluso la aspiración de alcanzar el “american way of life” lo que motiva a los migrantes, es el desplazamiento debido a regímenes autocráticos de Gobierno que han resultado un fracaso, han conculcado libertades, perseguido opositores y empobrecido a casi toda la población, con la triste consecuencia de un crecimiento inusitado de las actividades del crimen organizado, que se ha vuelto por sí mismo un gran expulsor de población.
Estos migrantes obligados se encuentran ante una triste situación de falta de solidaridad en su penoso tránsito y en el lugar de destino. El Papa Francisco la describió así en su encíclica de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021: “Los nacionalismos cerrados y agresivos y el individualismo radical resquebrajan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia. Y el precio más elevado lo pagan quienes más fácil pueden convertirse en los otros. Los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales”.
México, debido a que está padeciendo una situación de inseguridad generalizada sin precedentes y a que no tiene un marco legal migratorio apropiado, no está pudiendo gestionar adecuadamente el paso de migrantes por su territorio, promoviendo, protegiendo, respetando y garantizando sus derechos humanos, que es ciertamente lo único que podemos hacer.
Desafortunadamente, los migrantes que llegan a México son, en su mayoría, captados y traficados por el crimen organizado.
De no corregirse esta situación, podríamos ser, en nuestro propio territorio, testigos de una tragedia como la de Texas. ¿Cuándo México va a tratar a los migrantes de otros países como nos gustaría que trataran a los nuestros en Estados Unidos? (Rubén Moreira, Reporte Índigo, Reporte, p.6)
Tras las derrotas priistas en las recientes elecciones para gobernador en seis estados, más de una decena de expresidentes del partido le pidió al líder nacional, Alejandro Moreno, que renunciara. Moreno, con la soberbia que lo caracteriza, les respondió que él no había sido nombrado por el presidente, refiriéndose a Enrique Peña Nieto, sino por las bases. Por lo tanto, enfrente de todos, tiró la propuesta a la basura. Moreno les mintió, no una sino dos veces. Sí fue puesto por Peña Nieto, en calidad de expresidente, porque así le informaron que quería el presidente Andrés Manuel López Obrador. No lo puso un presidente sino dos, y el que manda ahora, por mentiroso y traidor, lo quiere eliminar del mapa político.
Con todo el respaldo del gobierno y los ojos cerrados y oídos sordos de la Fiscalía General, la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, ha seguido difundiendo audios que le entregó el Centro Nacional de Inteligencia para mantener el proceso de aniquilación de la imagen de Moreno, que fue su predecesor. Sansores viola sistemáticamente –y con dolo– la ley al difundir grabaciones obtenidas de manera ilegal, pero cuando se trata de una operación de Estado, en este régimen la ley es lo de menos. Son más de 60 horas de audios de Moreno, obtenidos mediante intercepciones telefónicas extrajudiciales y a través del micrófono de su teléfono móvil. Se puede decir que tienen todo sobre él, lo público, lo privado y lo íntimo.
Moreno, que no tiene idea cuántas cosas sobre él existen, ya no aguantó la presión cuando la fiscalía de Campeche cateó sus propiedades hace una semana como parte de la investigación en su contra por enriquecimiento inexplicable cuando fue gobernador. Tomó un avión y viajó a Ginebra, para denunciar en la oficina de Michelle Bachelet, la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, una persecución del gobierno mexicano en su contra. No se sabe si realmente la presentó, pero eso dijo. Había dicho que iría a Washington a presentar la misma denuncia en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero ya no fue. En suma, quien sabe cómo funcionan esos organismos sabe que esas acciones fueron juegos pirotécnicos para apantallar a la gradería.
Más allá de la investigación en Campeche, que tiene su propia dinámica, Moreno tiene razón cuando habla de una persecución del gobierno federal en su contra. Su retención en el aeropuerto este domingo a su regreso de Europa por una alerta migratoria es parte de esa presión pegada a su espalda.
La utilización del aparato de inteligencia civil del Estado para cualquier fin, la violación a la ley por parte de Sansores sin que haya freno, la omisión generalizada –empezando por los medios– de que hay una transgresión al Estado de derecho con las grabaciones ilegales, apoya sus argumentos políticos a su estrategia, que, sin embargo, no deja de ser política y mediática en busca de blindaje. Es un asunto individual, en defensa de sus intereses personales, porque debe sentir que se juega la vida política y, por las investigaciones en Campeche, la libertad.
Moreno está frito porque, se puede decir, él mismo se metió al fuego al traicionar a todos. Incluso, al facilitador de su presidencia, su compadre por tres décadas, el senador Manuel Velasco, exgobernador de Chiapas, que en algún momento fue cercano a López Obrador. Velasco fue quien llevó a Moreno con López Obrador para decirle que quería ser líder del PRI, y el Presidente lo recibió con buenos ojos. La idea era que desde la dirigencia nacional del partido lo apoyara en la agenda legislativa para sacar sus reformas. Con el visto bueno de López Obrador, Velasco habló con Peña Nieto, sumiso ante López Obrador, que aun como expresidente tenía incidencia en las decisiones del partido, y envió el mensaje que, por edad, sería mejor que el PRI hiciera de lado a quien lo iba a presidir, José Narro Robles, y optara por Alito.
Es decir, antes de ser líder del PRI, Moreno ya había traicionado al PRI y a la oposición, con la que formaría más adelante Va por México. Después incumplió los compromisos con López Obrador cuando se puso a discusión la reforma eléctrica. Ofreció los votos a cambio de las gubernaturas de Campeche, el año pasado, y de Hidalgo, en este. En ambos casos la respuesta de López Obrador fue negativa. Había un acuerdo previo, que debió respetar. Moreno se reunió en varias ocasiones con el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, para encontrar alternativas, pero tampoco llegó a ninguna parte.
La contraofensiva vino con Sansores, que agudizó las contradicciones en el PRI. Dos prominentes priistas que estuvieron en la reunión con Moreno cuando rechazó renunciar, hablaron con el secretario de Gobernación para explorar si existía alguna forma que el gobierno lo presionara. López Obrador, que considera a Moreno un enemigo, instruyó al secretario que los escuchara, pero que no se involucrara. La gatillera de Campeche haría el trabajo sucio. Lo que sucedió el domingo en el aeropuerto es una ratificación de que no dejarán de hostigarlo.
La Alianza Va por México sigue respaldando al presidente del PRI, pese a que lo único que está haciendo es cargando un muerto. Moreno tiene dos frentes abiertos muy complicados. Uno es la investigación en Campeche, que entre más avanza, más información surge sobre el enriquecimiento ilegal del que lo acusan. El otro es con el gobierno federal, donde es tan notoria la sevicia, que no importa que los audios vayan quemando fusiles en la oposición que habían sido útiles para el Presidente.
El respaldo a Moreno por parte de los aliancistas puede interpretarse en este momento como un cierre de filas para no mostrarse intimidados por la embestida gubernamental. Pero deben entender que Alito es su pierna gangrenada y que tendrán que deshacerse de él. Es la misma situación dentro del PRI, para los aliados incondicionales de Moreno, que deberán considerar soltar su lastre antes de que también los ahogue. Entre más pronto, mejor. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)
El pasado viernes alguien, desde la cuenta oficial del gobierno federal —@GobiernoMX—, le anunció al mundo que Alejandro Alito Moreno tenía abierta una indagatoria por cinco delitos federales, entre los cuales están lavado, enriquecimiento ilícito y defraudación fiscal. La revelación no la hizo la FGR, ni la Fiscalía de Campeche, a quien el Presidente atribuyó el expediente, sino el gobierno federal.
Ante las preguntas de la prensa, el Presidente dijo que hubo un chismecillo desde la fiscalía aludida, que ellos se enteraron sin querer queriendo y que “alguien” —la despistada muchacha de la excusa— lo subió indebidamente a las redes.
López le achacó asimismo a la fiscalía campechana —esa que parece tener de vocero al Presidente, porque el titular, Sales Heredia, no ha dicho ni medio pío— la retención de Moreno en el aeropuerto al regreso de su gira triunfal por Europa, donde fue a todas las instituciones políticas de postín que se cruzaron por su camino a decir que López Obrador es un gobernante autoritario, acosador y censor de toda crítica u oposición; para darle la razón el denunciante fue recibido con una alerta migratoria nomás pisando territorio nacional. El Presidente confirmó que fue una represalia cuando quiso enfatizar que no lo fue, remarcando que Moreno “está en su derecho de ir a denunciar lo que quiera, no pasa absolutamente nada”. (Roberta Garza, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
El problema de la migración es muy grave para México y para EU y debería buscarse primero que todo un trato digno y humano para los mexicanos que buscan trabajo en ese país.
Los migrantes de cualquier país buscan mejorar sus vidas y las de sus familias y los gobernantes deberían de facilitarles eso y tratarlos dignamente. (Luis Borrego, Reforma, Opinión, p. 10)
Cartones

(Xolo, 24 Horas, La dos, p. 2)

(Tacho, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)

(Chavo Del Toro, El Economista, Política y Sociedad, p. 38)

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 14)

(Reforma, Opinión, p. 10)