Opinión Migración 140722

Café Político / En inversiones en energía, nada para nadie

Notas en remolino 

Si México y Estados Unidos acordaron reforzar los controles fronterizos, es posible que el INM deba pedir más presupuesto, porque tendrá que apurarse para “rescatar” a los migrantes de los traficantes de personas… (José Fonseca, El Economista, Política, y Sociedad, p. 37)

Razones

“Audacia” en la Casa Blanca

Varias cejas se levantaron ayer al enterarse de las expresiones que hizo en las benditas redes un funcionario de la Casa Blanca en el sentido de que la administración Biden “logró” algo de México, sobre todo porque evocó expresiones sobre Donald Trump y su propósito de construir un muro y que México lo pagara. “El presidente Biden acaba de lograr que México acepte pagar mil 500 millones de dólares para mejorar el procesamiento fronterizo y la seguridad por medio de soluciones de gestión fronteriza probadas e inteligentes”, fueron los señalamientos de Abdullah Hasan, secretario de prensa asistente de la Casa Blanca. Nos hacen ver que no vaya a ser que así se exprese el llamado que hizo el mandatario mexicano a tener arrojo. (La Razón, La dos, p. 2)

Jaque mate // Precios y sanciones

VISAS

Coincido con AMLO en su propuesta de ampliar las visas temporales de trabajo en Estados Unidos. Quizá el propio Biden está de acuerdo, pero pide “paciencia” porque sabe que cualquier apertura migratoria le costará votos en las elecciones intermedias del 8 de noviembre. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 10)

Puentes y cruces // El bosque y los árboles: la visita del Presidente a Washington

La visita del presidente López Obrador a la capital de Estados Unidos ha suscitado diversas opiniones en la conversación pública. Indudablemente, el interés en el ejercicio de la política exterior de México por parte del jefe de Estado mexicano es saludable. En ese sentido, vale la pena reparar en la agenda, la declaración conjunta que nuestras administraciones trabajaron, así como en el significado profundo de la visita del Presidente a Washington D.C.

La agenda contó con varios componentes centrales: en primer lugar, el ámbito histórico y cultural. Las visitas del presidente López Obrador a los icónicos monumentos de Franklin D. Roosevelt y Martin Luther King tienen un trasfondo simbólico, un mensaje y un guiño histórico del Presidente de México. Roosevelt estableció una política del Buen Vecino, impulsó el Programa Bracero y el New Deal, que representan ideales compartidos. De manera similar, el idealismo de Martin Luther King, un luchador pacifista en favor de la igualdad y las libertades, tiene ecos directos en la visión de gobierno del presidente López Obrador. Como lo señaló el hijo del Dr. King, compartimos las ideas y valores que están detrás de estas efigies en la capital estadunidense.

En segundo lugar, está el ámbito político, en las reuniones bilaterales, tanto con el presidente Joseph Biden como con la vicepresidenta Kamala Harris. La conversación con el presidente Biden, en un ambiente de gran calidez y respeto, permitió seguir avanzando en la agenda de alto nivel que ambos países hemos diseñado y en los grandes retos globales y regionales en los que México y Estados Unidos estamos insertos. El desayuno con la vicepresidenta resalta también la excelente relación personal que ha construido con el presidente López Obrador, así como la importancia de la primera mujer afroamericana y de herencia migrante en ocupar esa posición en la historia estadunidense. La conversación permitió abordar el desarrollo económico en Centroamérica, una prioridad de nuestra política exterior. Como muestra, además de la simpatía entre los mandatarios y sus esposas, las doctoras Beatriz Gutiérrez Müller y Jill Biden visitaron la Biblioteca del Congreso.

El intercambio comercial y la promoción económica son un tercer elemento central en la visita del Presidente. Reunidos en el Instituto Cultural de México en Washington, el primer mandatario encabezó un desayuno de trabajo con el CEO Dialogue México–EU para promover las oportunidades de inversión que México representa, particularmente bajo el T-MEC. Los gobiernos de México y de EU tuvieron una oportunidad de escuchar avances y propuestas del sector privado en inversiones, servicios, política y facilitación comercial, así como energía y cambio climático. Se anunciaron, por ejemplo, más inversiones en el sector energético por parte de Sempra.

La declaración conjunta es un consenso de varias secretarías de Estado de ambos países y representa la amplia gama de temas de la relación bilateral. Hay un compromiso de inversión y modernización fronteriza coordinado que facilitará el comercio bilateral. En materia de seguridad, destacan avances para hacer frente a la producción de fentanilo y al tráfico de armas a partir del nuevo enfoque del Entendimiento Bicentenario. Haremos frente a las presiones inflacionarias de manera coordinada y también se ratifican los grupos de trabajo binacionales para avanzar en materia de movilidad laboral en la región. Hay compromisos frente al cambio climático y sobre cooperación en materia energética. Es, a todas luces, un documento que establece un marco para el trabajo bilateral en los próximos dos años.

La principal conclusión de la visita del Presidente es la relación de respeto entre iguales. En la pasada Cumbre de las Américas, México presentó una posición en favor de la pluralidad y la inclusión. Además, hoy vemos que la relación entre México y EU es sólida y madura; admite discrepancias en ambas direcciones. Por eso, aunque a muchos no les guste, ambos países continuamos trabajando en proyectos ambiciosos en muy diversos ámbitos. Rumbo al bicentenario de nuestra relación bilateral, México y Estados Unidos no somos vecinos distantes, sino socios y amigos cercanos. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 17)

Estrictamente Personal / Solícito y dócil en la Casa Blanca

De la misma manera que con Donald Trump, el presidente Andrés Manuel López Obrador se comportó con Joe Biden. Belicoso de lejos y solícito en el cara-a-cara. Durante su breve visita a la Casa Blanca el martes pasado, López Obrador aceptó lo que su antecesor, Enrique Peña Nieto, rechazó: pagar por una barrera que impida que indocumentados y drogas crucen fácilmente por la frontera de México y Estados Unidos. Trump se lo exigió a Peña Nieto, y el entonces presidente lo confrontó. Trump no se lo pidió así a López Obrador, pero lo obligó a militarizar la frontera con Guatemala y a cambiar su política de asilo. Biden fue más allá. Logró lo mismo que Trump y más.

Antes de iniciar su plática bilateral con López Obrador, Biden sabía que el mandatario mexicano iba a aceptar las condiciones impuestas en Washington para la modernización de la infraestructura fronteriza. La iniciativa nació unilateralmente, como parte del Acta de Infraestructura y Empleo firmada por Biden en noviembre pasado, que incluía un plan a cinco años de modernización de la infraestructura fronteriza con un costo de 3 mil 600 millones de dólares para hacer más segura la región y más eficiente para la gente y el comercio, indicaron funcionarios de la Casa Blanca a la cadena de televisión ABC News.

El plan, elaborado por Aduanas y Protección Fronteriza, busca proteger a los estadounidenses y facilitar el comercio y el turismo, mediante un incremento de verificaciones biométricas de personas y vehículos para impedir el paso de drogas y neutralizar “otras amenazas a la seguridad”. Desde hace dos años la Casa Blanca lo estaba negociando con los gobiernos estatales fronterizos, con el gobierno mexicano y con sectores empresariales. El final de las conversaciones se anunció en mayo durante un fórum en Tijuana donde participaron el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard; el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, y el subsecretario de Estado para Narcóticos Internacionales y Asuntos Judiciales, Todd Robinson.

La instrucción de Biden y López Obrador, dijo en ese momento Ebrard, era acelerar el trabajo para que, a finales del próximo año, los proyectos estuvieran funcionando en su totalidad. Sin embargo, había un problema. La barrera con la que se había topado la Casa Blanca era el gobierno de López Obrador, que estaba en desacuerdo con una exigencia de seguridad del gobierno de Biden en territorio mexicano.

México estaba dispuesto a recibir equipo y tecnología de Estados Unidos para esos fines –algo similar a lo que hizo la Iniciativa Mérida, fuertemente criticada por el gobierno de López Obrador–, pero no la condición para ello: aceptar que las pruebas para verificar la puesta en marcha del equipo las realizara Sandia National Laboratories, una empresa subsidiaria de Honeywell International, que es contratista del gobierno estadounidense.

Esa empresa, para los efectos de la infraestructura fronteriza, se especializa en seguridad nacional, contraterrorismo, vigilancia policial, sensores militares para percibir humanos y satélites. La propuesta de la Casa Blanca, a través del Consejo Nacional de Seguridad, era que los equipos instalados en México fueran supervisados por esa empresa, que también haría las pruebas para tener las garantías de que no serían alterados sus programas.

La última resistencia se venció, y este martes López Obrador ya no chistó. La declaración conjunta de los presidentes se centró en los temas de la agenda de Estados Unidos y el anuncio de que México recibiría los equipos. Pero, a diferencia de la Iniciativa Mérida, se anunció una inversión mexicana de mil 500 millones de dólares, alrededor de 31 mil millones de pesos, el doble de lo que originalmente López Obrador había acordado con Biden. Es decir, no sólo cedió López Obrador, sino también aceptó pagar por la seguridad de Estados Unidos.

El gobierno mexicano tardó 24 horas en reaccionar, y dio a conocer un documento este miércoles donde abona muy poco a la información que dio a conocer Ebrard, desde mayo. Ayer en Washington, Ebrard trató de atajar las informaciones dadas por los funcionarios estadounidenses la víspera, y aseguró que no se trataba de ningún muro, y que el objetivo principal de la modernización fronteriza era facilitar el comercio, no frenar la migración, como parecía ser el espíritu original de la propuesta, modificada en la práctica por la Casa Blanca.

La información es confusa. Ninguno de los dos gobiernos precisó cuáles serán los puntos fronterizos donde trabajarán de manera compartida, e incluso no están de acuerdo, públicamente, en el total de puertos donde lo harán. Estados Unidos dijo que son 26 proyectos; México dijo que son 19. En mayo habían enumerado sólo 13.

De acuerdo con información de la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos, las prioridades de la Casa Blanca son la modernización de las fronteras en San Ysidro, Otay y Calexico, en California, y la construcción de nuevos puertos en San Luis, Arizona; Columbus, Nuevo México, y Laredo, Texas. Según el gobierno mexicano, los proyectos serán en la Mesa de Otay, en el área de Tijuana, la ampliación del puente y puerto de entrada de Reynosa y Phar, y la ampliación del puerto fronterizo San Jerónimo-Santa Teresa, en Chihuahua.

Las negociaciones entre los dos gobiernos y los sectores empresariales han explorado más alternativas. La prioridad expresada por ambos gobiernos es Otay II, que se ha convertido en una ruta altamente transitada entre Tijuana y San Ysidro. Los mexicanos querían que en la frontera de Nuevo Laredo y Laredo, por donde cruza alrededor de 70% del comercio hacia el mercado norteamericano, se ampliara la frontera a Laredo IV y V, pero el influyente diputado texano Henry Cuellar, que tiene incidencia en el Capitolio sobre los recursos presupuestales, ha insistido en construir, por el momento, sólo Laredo III.

¿Dónde quedarán finalmente los equipos de alta seguridad fronteriza que ofreció Estados Unidos? Públicamente no está claro nada, salvo que la Casa Blanca venció los obstáculos mexicanos y López Obrador aceptó la supervisión estadounidense de los equipos y, además, pagará por ello. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)

La visita

Mucha pena y poca gloria. Es el resumen de la visita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a la Casa Blanca en Washington. Apenas instalado en su hotel, el Presidente y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, asomaron por la ventana de su cuarto para saludar a una docena de porristas que suelen contratar para estas visitas. Al retirarse de la ventana por la que la no primera dama había mirado a los asistentes, se dio tremendo porrazo en la cabeza, que, para variar, se reprodujo miles de veces en redes sociales. Mal augurio.

El encuentro en la Casa Blanca fue extraño. El Presidente no resistió a su propensión a dar clases de historia, y ante la prensa ofreció sólidos 30 minutos ininterrumpidos (y aburridos) de la historia de la relación entre México y Estados Unidos. No se desperdicia así el tiempo que tiene en una audiencia con POTUS.

El tema principal fue la migración. Estados Unidos probablemente llegará este año a 2 millones de migrantes indocumentados detenidos, la cifra más alta de la historia. Así como hace apenas cinco años ya presumíamos que más mexicanos estaban regresando a su país de los que buscaban el norte, hoy las cifras muestran que la emigración de mexicanos aumenta, dado el deterioro económico que se vive en México. Estos migrantes han demostrado que son gente de trabajo, que no quieren vivir a expensas de las dádivas del gobierno, pero como la creación de empleos en México no es prioridad, empiezan a buscar oportunidades fuera.

López Obrador le pidió a Biden más visas de trabajo y regularizar a quienes ya están allá. Todos sabemos que eso no está en manos del presidente. Las visas de trabajo se expiden por cuotas que decide el Congreso. En cualquier caso, el argumento de AMLO choca con lo que pasa en México con los migrantes centroamericanos, cubanos, haitianos y muchos más. El trato que se les da en territorio mexicano está fuera de control. En Tapachula, por ejemplo, se han juntado 122 mil migrantes en busca de asilo, de los cuales, 40 mil fueron regresados. López Obrador se queja de la lentitud de los procesos migratorios en la frontera con Estados Unidos, pero de enero de 2021 a la fecha ha habido casi 400 mil solicitudes de asilo en México, y se han procesado menos de 10 mil. México ha expulsado casi 47 mil migrantes este año, y el año pasado rebasó los 100 mil.

Por supuesto que escuchamos lo de siempre. Los famosos cinco puntos que ofreció López Obrador para ayudar a Estados Unidos en su lucha contra la inflación son ridículos e inoperantes. El Presidente no se da cuenta, pero aquí es donde se da el tiro en el pie. Su rechazo a emplear personal capacitado en diversas áreas del gobierno ocasiona estas fallas garrafales. No hay quien lo asesore, porque no tiene a nadie que sepa. Pero es la historia de siempre. La embajadora Martha Bárcena, quien ocupó la embajada de México en Washington, era una diplomática ampliamente capacitada, pero, a pesar de parentescos, no estaba dispuesta a ser un florero más. En su lugar pusieron a Esteban Moctezuma, un burócrata más bien oscuro, claramente incapaz de desempeñar con brillo su cargo. Finalmente, está al frente de la embajada más importante que tenemos.

López Obrador prometió a Joe Biden invertir mil 500 millones de dólares en la zona fronteriza para eficientar el flujo comercial. El miércoles por la mañana, en el Instituto Cultural Mexicano, el Presidente se reunió con empresarios mexicanos y estadounidenses. La reunión fue privada, pero es fácil especular que los empresarios extranjeros exigieron garantías de seguridad jurídica. Son muchas las quejas a ese respecto que se han expresado, y que han hecho eco en el Congreso de Estados Unidos.

Por segunda visita consecutiva, el presidente López Obrador no tuvo reunión ni acercamiento alguno con representantes o senadores del Congreso. Esto es un grave error. Vienen elecciones muy importantes para Estados Unidos en noviembre, y el Presidente debería sacudirse la imagen de cercanía que tiene con Donald Trump. Los demócratas, desde luego, no lo ven con buenos ojos. (Jorge Berry, El Financiero, Mundo, p. 29)

Sin Ataduras // En Washington: oportunidad desperdiciada

El encuentro entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden en la Casa Blanca fue una oportunidad desperdiciada para tratar de mejorar las relaciones entre Estados Unidos y México, perjudicada por la estridencia estéril. 

Demandas previas que ocuparon las primeras planas como las de Julian Assange y la Estatua de la Libertad, el embargo a Cuba, la demanda a los fabricantes de armas, el financiamiento a ONGs, las amenazas a congresistas, la desaparición de la OEA y el boicot a la Cumbre de las Américas, no fueron mencionadas en la reunión del martes con Biden ni en el comunicado conjunto.

Desde hace tiempo los nexos bilaterales se desarrollan en dos planos contradictorios: la relación diplomática discreta, en la que ambos gobiernos tratan de superar diferencias y lograr acuerdos, y la relación pública estridente, en la que un día se lanzan golpes y al siguiente se envían mensajes amistosos.

La esquizofrénica diplomacia se conduce en dos carriles opuestos pero predecibles, uno público y otro privado: Estados Unidos sabe que México asume desplantes públicos para la audiencia mexicana que deja pasar, sin confrontación mediática, pero en privado presiona a los mexicanos para lograr lo que quieren, por las buenas o por las malas.

Por las malas, Trump se jactó de haber doblegado a México con la amenaza de imponer aranceles si no frenaba el flujo migratorio con el despliegue de miles de soldados mexicanos en la frontera.

Por las buenas, Biden logró que México pague mil 500 millones de dólares para mejorar el control migratorio y la seguridad en la frontera, mientras que Trump no pudo terminar el muro ni que México lo pagara, fanfarroneó el actual secretario adjunto de prensa de la Casa Blanca, Abdullah Hasan.

La visita de López Obrador a Washington estuvo mal planeada por la SRE. El secretario Marcelo Ebrard estuvo días antes en Corea y en Indonesia, cuando la prioridad era el viaje a Estados Unidos, y ya en Washington no se contuvo: en plena visita de su jefe se promocionó como candidato presidencial en la cuenta de Twitter Ebrard24, a través de una fotografía saludando a la comunidad mexicana: “Así nos recibe nuestra comunidad en EU. Agradecidos por este recibimiento!!”, escribió el canciller.

Se crearon expectativas que no se podían cumplir, como acordar una reforma migratoria con Biden, lo cual no era posible pues solo el Congreso, no el poder Ejecutivo, tiene la facultad de definir la reforma de la política migratoria, a la que se oponen los republicanos.

El mismo día de la reunión con Biden, la respuesta de los legisladores señalados por López Obrador no se hizo esperar: senadores demócratas criticaron la inseguridad de periodistas mexicanos, mientras que los republicanos exigieron el respeto a las inversiones de EU en el marco del TLC.

El Presidente hizo un viaje de tres días para estar menos de dos horas con su colega de EU, tener un desayuno con una vicepresidenta, por más que se encargue del desarrollo en Centroamérica, y encabezar otro desayuno con empresarios de México y EU, cuyo nivel habrá que ver, pues los directores generales o CEOs no asisten a estas reuniones improductivas, de bellos discursos y pocos resultados, por lo que prefieren enviar a sus segundos, encargados de México o de América Latina. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

Por un nuevo acuerdo contra la trata de personas

A las mexicanas y mexicanos: El encuentro en Washington entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden, arrojó saldos positivos y sentó las bases para seguir avanzando a paso firme. La congruencia del presidente de México fue evidente al poner en el centro de la agenda el tema migratorio como tarea central en la relación bilateral. 

La regularización del flujo migratorio, otorgando visas temporales de empleo y la legalización de quienes viven en E.U., contribuirán a reducir el tráfico de personas y los delitos asociados como la trata de personas que, es uno de los crímenes transnacionales más aberrantes y que junto con el tráfico de drogas y armas, se posiciona entre los ilícitos más lucrativos para la delincuencia organizada.

La respuesta del mandatario Biden fue sensible al señalar que su Gobierno creará oportunidades de trabajo legales para las personas migrantes e incluso el año pasado otorgaron 300 mil visas a personas a centroamericanas, alcanzando niveles históricos en el último lustro, de ahí que agradeció al presidente López Obrador la emisión de más visas de trabajo. Esto resulta alentador, ya que se evitará la explotación laboral, que constituye una modalidad de trata de personas, de la que son víctimas las personas migrantes a manos de sus contratistas que ostentan una doble moral, por un lado, las desprecian y criminalizan, y por el otro, explotan inhumanamente su fuerza laboral para elevar su producción y aumentar sus ganancias. 

En materia de seguridad destacó, el esfuerzo para atacar el tráfico de fentanilo que está matando a muchísima gente, las acciones para detener la trata de humanos, el tráfico de drogas y de armas.

Entre los compromisos ratificados, está el compromiso del Entendimiento Bicentenario sobre Seguridad, Salud Pública y Comunidades Seguras para enfrentar los desafíos del fentanilo, el tráfico de armas y el contrabando de personas. Así como la Declaración de los Ángeles sobre Migración y Protección, a fin de gestionar los flujos migratorios, reconociendo que el desarrollo debe estar en el centro de las políticas migratorias. 

Asimismo, ratificaron la importancia de Implementar un grupo de trabajo binacional sobre vías de migración laboral y protección de los trabajadores, y para el fortalecimiento de la respuesta transfronteriza a la migración infantil; y el Grupo de Trabajo Conjunto Alpha para combatir el tráfico de personas migrantes, en donde la Fiscalía General de la República y los Departamento de Justicia y de Seguridad Interior de Estados Unidos se coordinan para arrestar y enjuiciar a quienes ponen en peligro la vida de las personas migrantes vulnerables. 

El encuentro entre los mandatarios trascendió la frontera de los acuerdos económicos para abrir espacio al bienestar social y a la justicia, poniendo en un lugar preponderante a las personas y no sólo a los mercados. En la agenda bilateral, el presidente de México posicionó con éxito asuntos de gran relevancia para las personas latinoamericanas más vulnerables.

Como activista contra la trata de personas, considero un acierto que el del tráfico de personas hay sido diferenciado del de la trata, lo cual es un paso adelante, porque no podemos cerrar los ojos a la realidad, Estados Unidos es un país consumidor de pornografía y turismo sexual infantil y México un país proveedor.

En noviembre próximo, se reunirán los mandatarios de México, Estados Unidos y Canadá, ojalá y en su agenda se aborde la trata de personas, particularmente en sus vertientes de explotación sexual, pornografía y turismo sexual infantil y explotación laboral, para tomar medidas conjuntas para la eficaz prevención, investigación, persecución, sanción y erradicación de estos delitos, que atenta contra la dignidad humana y mayoritariamente quedan en la impunidad. Es urgente un acuerdo trilateral para proteger a las víctimas, asegurándoles su plena reincorporación a la vida social y productiva, libres del miedo a ser ubicadas por los tratantes. (Paola Félix Díaz, El Universal, Opinión, p. 16)

Quebradero // “Arrojo” y “paciencia”

La relación México-EU no deja ni dejará de fluir independientemente de los gobiernos y también a pesar de ellos. El estilo de los presidentes marca las formas de relación, pero el fondo de la mayoría de las cosas está en otras ventanillas.

En algunos casos los presidentes han sido factor de influencia, pero no necesariamente han sido determinantes, la relación pasa antes que nada por la dinámica interna de cada país.

La interpretación que se ha hecho del encuentro se mueve en el elogio desbocado y la crítica propia de las filias y fobias.

La cuestión que hay que atender está en si el Presidente mexicano consiguió los objetivos que se propuso. No queda claro del todo qué buscaba, porque hubo momentos en que parecía que lo único importante era la migración, asunto que Joe Biden tenía definido a partir de los acuerdos de la Cumbre de Los Ángeles.

Todo indica que López Obrador logró algo de lo que se había propuesto, habrá que ver si efectivamente le “sacó” la promesa de 600 mil visas a su homólogo estadounidense. Si así fuera es un asunto que ahora tendrá que verse en qué términos se van a expedir.

Otro de los acuerdos son los compromisos de los mandatarios en materia de inversión. López Obrador se comprometió a invertir mil 500 mdd en infraestructura fronteriza, en tanto que Joe Biden recordó que su gobierno firmó una Ley de Infraestructura Bipartidista que incluye 3.4 mmdd para llevar a cabo 26 proyectos de reconstrucción y modernización en puertos de entrada en la frontera norte y sur.

La visita no fue diseñada en el ámbito de lo oficial. Fue una reunión de trabajo, la agenda del tabasqueño fue consensuada con base en las delegaciones de los dos países, si no hubo más fue porque así lo decidieron. Lo que sí pudo hacer López Obrador era reunirse con diferentes actores políticos, académicos y sindicales de EU, lo cual es importante porque permite tener referentes en sectores influyentes en donde se puede establecer una retroalimentación para entender cómo nos ven y cómo los vemos.

En la diplomacia hay reglas escritas y no escritas. Si el Presidente mexicano quiso hablar media hora ante Joe Biden y los medios en la Casa Blanca, poco le importó el protocolo. 

Está visto que a López Obrador no le importan las formas, es su forma de ser y no hay que darle muchas vueltas al asunto. Si se le critica por cómo estaba sentado, o porque no habla inglés es una cuestión que presumimos no le da importancia. Lo que no puede pasarse por alto es que en cuanto a las formas es relevante no perder de vista que al fin y al cabo nos representa en el extranjero.

Ante el hecho de que no haya tenido repercusión la visita en medios y portales estadounidenses no pasemos por alto que es una constante en las visitas de los presidentes mexicanos. Hemos tenido oportunidad de asistir a varios de estos encuentros y de no ser por la visita de Carlos Salinas, cuando estaba de por medio el TLC, por lo general no nos voltean a ver, trátese de quien se trate.

Independientemente de los acuerdos que se hayan alcanzado, la empatía entre los presidentes siempre ayuda, porque es lo que puede hacer que las cosas sean diferentes y efectivas; las sonrisas y las fotos dicen mucho menos de lo que se cree.

Destaquemos parte de lo que se acordó: visas para los migrantes, acuerdos en materia de productos agropecuarios —quedó claro que a Biden no le gustó aquello de que China es el mercado del mundo—, que les vamos a permitir en la frontera comprar gasolina mexicana subsidiada y que uno quiere “arrojo” y el otro pide “paciencia”, al final no quedó claro lo que quiso decir ni uno ni otro. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

Razones // Frío en la Casa Blanca

Decíamos apenas ayer que, luego de encuentros como el que sostuvieron el martes los presidentes López Obrador y Biden, se comenzarían a filtrar los acuerdos, o no, que éstos mantuvieron, más allá de las declaraciones de rigor en estas citas. Pues bien, hoy ya sabemos que simplemente no hubo acuerdos y cuando vamos a la forma y el fondo de la visita, nos topamos con uno de las reuniones más desangeladas entre mandatarios de México y Estados Unidos de las que se tenga memoria.

Primero, no hubo ningún acuerdo importante. Se habló de muchas cosas, pero no hubo compromisos reales o temas que no se hubieran tratado en otras ocasiones, todos sin demasiada repercusión en la relación bilateral.

Ninguno de los temas que trató el presidente López Obrador fue respaldado por el presidente Biden. Al contrario, cuando se refirió a China como la fábrica del mundo, fue refutado por Biden, que agregó, contrario a lo dicho por López Obrador, que Estados Unidos había creado más empleos que cualquier otro país. Lo de las visas tipo programa Bracero simplemente fue ignorado y Biden habló de los trabajos que se crearon en el campo.

De Sembrando Vida ni hablemos. La propuesta de que los estadunidenses vinieran a cargar gasolina del lado mexicano fue una pésima ocurrencia, sobre todo si partimos del hecho de que nuestra gasolina está subsidiada por el propio gobierno (le extenderíamos el subsidio a los estadunidenses). Lo de la inversión de mil 500 millones de dólares en infraestructura fronteriza es un tema de nuestra agenda interna. El plan antiinflación que presentó López Obrador no tuvo siquiera respuesta.

No hubo acuerdos en el ámbito comercial, pero tampoco en el energético o en el migratorio. Fue una visita desangelada, incluso en términos de la agenda: apenas una reunión de una hora con la vicepresidenta Kamala Harris sobre temas migratorios y otra con Joe Biden, donde el Presidente pronunció un discurso lentísimo en español de media hora (Biden habló apenas ocho minutos) y en el cual habló de historia de Estados Unidos, de los conservadores y de temas que nada tenían que ver con la coyuntura y las exigencias bilaterales actuales. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)

Esto dijo AMLO en EU

“Es un honor para mí ser recibido en este recinto. Lo es también el traer un mensaje del pueblo de México, al que humildemente represento. México y EU compartimos casi dos mil millas de frontera, pero también compartimos problemas que podemos convertir en oportunidades. Millones de migrantes mexicanos y centroamericanos intentan cruzar nuestra frontera común todos los años, cientos de miles lo logran. Como antes lo hicieran migrantes irlandeses o italianos, de quienes muchos de ustedes descienden, hoy son los migrantes de América Latina, Asia y África quienes vienen en busca del sueño americano. 

Como dice George Will, el célebre columnista conservador del Washington Post, “migrar es la forma más pura de emprendimiento, donde hombres y mujeres arriesgan la vida con el único objetivo de mejorar la situación de sus familias”. EU es cuna de innovación y emprendimiento precisamente porque su población proviene de quienes tuvieron esa determinación y arrojo. Por eso, hoy son la mayor potencia del mundo y también la economía más poderosa.

“A muchos nos sorprende que este país de migrantes hoy parezca rechazarlos. Hace unos días, más de 50 seres humanos murieron en la caja de un tráiler cuando la temperatura exterior rebasaba los 40 grados. No quiero imaginar la angustia de quien ve a un ser querido, un hijo o un hermano, morir de sed o asfixia ante sus ojos, sin poder evitarlo. Esas tragedias cotidianas hablan mal de quienes no logramos generar la prosperidad y oportunidades para que se queden en casa, cerca de familiares y amigos; pero también del que no respeta la dignidad de quien sólo se atrevió a perseguir un sueño. Impidamos juntos más tragedias. EU necesita de migrantes, su economía alcanza inflación no vista en 40 años. Al menos en parte, ésta se debe a una evidente escasez de trabajadores. Letreros de help wanted abundan en restaurantes, hoteles, fábricas y empresas.

“La población de EU envejece rápidamente. Gracias a la migración, este país todavía no tiene los problemas demográficos que hoy presentan economías europeas y asiáticas, incluyendo a Japón y China. Sólo la migración de fuerza laboral joven permitirá que sus programas de pensiones tengan los recursos para mantener a decenas de millones de estadounidenses que se están retirando.

“Algunos de ustedes han caído presa de teorías peligrosas que afirman que migrantes de otras razas buscan desplazar a los blancos en este país. Nada podría estar más lejos de la realidad. Nuestros migrantes no se quedan por gusto, sino porque no tienen la seguridad de poder volver a entrar si deciden regresar a casa. Diseñemos programas de migración temporal masiva que permitan que permanezcan en este país cuando se les necesita, que paguen impuestos, pero que regresen a casa posteriormente. ¿Esa idea les parece peligrosa? Entonces busquemos mecanismos de inversión en México que generen trabajos localmente. Sus industrias y empresas han expresado el interés por acercar sus cadenas de suministro a territorio estadounidense, y México es un destino ideal para lograrlo. Sabemos que lo es porque en años recientes ya hemos sido el mayor socio comercial de EU, y hoy somos el segundo más grande. Nuestros trabajadores han demostrado su valía, y preferirían quedarse en casa si encuentran trabajo digno. Por cierto, no hay país en el mundo que tenga mayor preferencia que el nuestro por lo Made in America. 130 millones de mexicanos consumen sus modas y productos. Nuestra prosperidad les beneficia.

“México quiere compartir su éxito. No les pedimos caridad. Les pedimos que nos dejen demostrar nuestro tesón y capacidad de trabajo. Nuestro barrio será más seguro con vecinos prósperos. No se trata de construir muros, sino puentes”. 

Algo así pudo decir AMLO en Washington. Pudo hablar del daño que nos hace que sus armas entren ilegalmente, o del combate al crimen transnacional. En vez de eso, desperdició media hora del tiempo del hombre más poderoso del mundo. ¡Si tan sólo entendiera cuánto dañan a México sus desplantes! (Jorge Suárez – Vélez, Reforma, Opinión, p. 11)

¿Gasolina a cambio de visas temporales?

En su más reciente visita de trabajo a Estados Unidos, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo cinco propuestas al presidente norteamericano, Joe Biden. Durante su intervención desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, el mismo Presidente de México reconoció que la mayoría del petróleo crudo que exporta el país llega a las refinerías de Estados Unidos, incluyendo la de Deer Park, en Texas, recientemente adquirida por Pemex.

La primera de cinco propuestas concretas fue la siguiente: que se permita que “estadunidenses que viven cerca de nuestra frontera puedan cargar sus automóviles del lado mexicano a menor precio”.

Le ofreció poner “a disposición de su gobierno más de mil kilómetros de gasoductos a lo largo de la frontera sur con México para transportar gas de Texas a Nuevo México, Arizona y California”. A cambio de estas dos medidas, López Obrador pidió suspender de inmediato algunos aranceles y “trámites tediosos en comercio de alimentos y otros bienes que aminoren los precios a los consumidores en nuestros países”.

En quinto y último lugar, el Presidente también propuso “ordenar el flujo migratorio y permitir la llegada a EU de obreros, técnicos y profesionales de las distintas disciplinas, mexicanos y centroamericanos con visas temporales de trabajo para asegurar que no se paralice la economía por falta de mano de obra”. 

La quinta propuesta sobre visas temporales de trabajo podría beneficiar a los mexicanos que ya se encuentren allá como indocumentados, o bien, a quienes decidan emigrar en busca de mejores oportunidades de trabajo que las que les ofrece su país de origen. Lo que no queda claro de las cinco propuestas del Presidente es cómo, consideradas en conjunto, éstas puedan representar una estrategia de desarrollo para México y, en particular, para los más pobres. (Javier Aparicio, Excélsior, Nacional, p. 10)

¿Y si no fuera el embajador?

La prioridad de Estados Unidos respecto a México no es la democracia, es la estabilidad. Los gobiernos estadounidenses siempre han estado dispuestos a tolerar la corrupción, el autoritarismo, la impunidad, la violación de derechos humanos, la pobreza, la represión, las políticas nacionalistas contrarias a sus intereses, en fin, lo que sea necesario tolerar, siempre y cuando en México haya un gobierno con capacidad de mantener al país en orden; es decir, que pueda garantizar ciertos niveles de control político, de calma económica, de paz social. Se trata de una prioridad mucho más pragmática que principista, en la que incluso la defensa de los principios tiene una utilidad práctica. Lo verdaderamente fundamental para Estados Unidos no es combatir las injusticias sino evitar las crisis en México. ¿Por qué? Por el hecho que ha configurado, a lo largo de su historia, la relación entre ambos países: la frontera.

Los gobiernos mexicanos suelen estar muy conscientes de esa prioridad estadounidense y han sabido usarla a su favor como un recurso que les permite negociar su propia prioridad (tener márgenes efectivos de autonomía) frente a Estados Unidos. Como supo expresarlo la célebre fórmula de Mario Ojeda, la interdependencia asimétrica que define la relación bilateral crea condiciones para un principio de reciprocidad -que si bien está lejos de ser equitativo, no por ello deja de ser estratégicamente funcional-: “los Estados Unidos reconocen y aceptan la necesidad mexicana de disentir de la política norteamericana en todo aquello que le resulte fundamental a México, aunque para los Estados Unidos sea importante, mas no fundamental. A cambio de ello, México brinda su cooperación en todo aquello que siendo fundamental o aun importante para los Estados Unidos, no lo es para el país” (Alcances y límites de la política exterior de México, 1976).

La semana pasada se publicó una fascinante historia en The New York Times, firmada por Natalie Kitroeff y Maria Abi-Habib, a propósito de las malas sensaciones que está generando, tanto en México como en Estados Unidos, la cercanía que el actual embajador estadounidense, Ken Salazar, ha desarrollado con el presidente López Obrador (https://nyti.ms/3PmEAe9). Mientras que la preocupación en Estados Unidos es que dicha cercanía, lejos de ayudar a una gestión más eficaz de los objetivos estadounidenses en territorio mexicano, está poniéndolos en riesgo; la preocupación en México es que Salazar no parece entender muy bien la gravedad de la situación por la que atraviesa el país ni está ejerciendo suficiente presión contra las políticas más controvertidas del gobierno lopezobradorista. Con todo, el reportaje recoge una declaración de Juan González, el principal asesor para América Latina del presidente Biden, en la que asegura que “parte de la crítica que se le hace es debido a que está interactuando muy activamente con el gobierno mexicano, pero francamente lo hace para intentar impulsar los intereses de Estados Unidos”.

Desde luego, la polémica remite a una de las grandes discusiones en la teoría de las relaciones internacionales: ¿Qué son los intereses nacionales? ¿Quién los define? ¿Cómo? ¿Qué pasa cuando no son del todo compatibles? ¿Cuál termina imperando? ¿Por qué? Pero remite, también, a las expectativas más mundanas sobre el papel que puede jugar hoy el embajador de Estados Unidos en México cuando su misión consiste, como lo dice explícitamente la nota del Times, en “evitar conflictos con un líder mexicano volátil que tiene el poder de afectar el futuro político de Biden al negarse a contener la migración”. ¿De veras hay motivos realistas, fundados para suponer que, en las circunstancias actuales y enfrentando las mismas restricciones de uno y otro lado de la frontera, un embajador distinto obtendría resultados muy diferentes? ¿A qué costos? ¿Con qué consecuencias? Tal vez el principal problema no sea tanto el embajador sino la manera en que la política interna de cada país está influyendo en la relación bilateral… (Carlos Bravo Regidor, Reforma, Opinión, p. 12)

Número cero // Reunión en Washington, entre tirios y troyanos

La visita de López Obrador a Washington tuvo un objetivo eminentemente político de mostrar fortaleza en el diálogo bilateral tras el desencuentro diplomático por la Cumbre de las Américas y crecientes tensiones con el Congreso estadunidense. Su escenificación supone un éxito para el Presidente en esa dirección, aunque los resultados sean sólo buenos propósitos sin novedades para la agenda bilateral. Para tirios, otra oportunidad perdida, y para troyanos, una prueba de audacia retórica nacionalista frente a un gobierno debilitado como el de Biden.

El encuentro había despertado muchas expectativas por el rol del bloque regional de Norteamérica para enfrentar una recesión mundial, que amenaza con una crisis alimentaria global. Los dos gobiernos coincidieron en la necesidad de mayor integración económica a través del T-MEC como principal apuesta para pertrechar sus mercados de la inflación y la guerra comercial con China. Pero ese diagnóstico en poco coincide con sus urgencias políticas, que se imponen sobre la diplomacia como un recurso de política interna. De poco sirve analizar la visita en términos técnicos ni su falta de resultados concretos o como otro momento frustrante para la relación bilateral.

Pero ése no era el objetivo, sino las amenazas de corto plazo que socavan a sus gobiernos y que requieren triunfos políticos y acciones inmediatas para paliar la inflación. Los cinco puntos planteados por López Obrador para combatirla no parecen tomarse en cuenta, salvo acciones emergentes como la importación de leche en polvo y fertilizantes por parte de México, y de EU, financiamientos ya presupuestados sin gasto extra. Esto deja la impresión de que el pragmatismo de Biden sacó algo por el desaire de Los Ángeles. Sin embargo, en términos políticos, López Obrador fue el que más ganó por lograr lo que buscaba al conminar en público y de frente a Biden a actuar con “audacia” ante los grandes desafíos de la migración o la economía. Mostrar que toma la iniciativa ante la potencia. Su llamado a emprender acciones sin importar riesgos, como la negativa del Congreso a regularla, le granjea una narrativa épica nacionalista de cara a las reivindicaciones políticas internas y de América Latina. Por lo pronto, dar el mensaje de atreverse a defender a los migrantes en las fauces del imperio, aunque no haya más visas de trabajo y, en cambio, se comprometiera a invertir en infraestructura en la frontera. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 14)

Los numeritos // Inversiones mexicanas

Cuando en su campaña electoral en busca de la presidencia de Estados Unidos, el republicano Donald Trump prometió que habría un muro en la frontera con México para frenar la migración y que lo pagaría nuestro país, la indignación fue total.

De alguna manera, Trump se salió con la suya, porque si bien destinó recursos federales para construir una enorme pared en muchos tramos de la franja fronteriza, también es un hecho que logró que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador destinara miles de elementos de la Guardia Nacional para evitar que los migrantes cruzaran hacia los Estados Unidos.

Funcionó muy bien para los intereses estadounidenses, hasta que la crisis económica disparó el número de personas, mexicanos y extranjeros, que decidieron buscar oportunidades en aquel país.

Seguro que el anuncio que hizo López Obrador en La Casa Blanca, frente al presidente demócrata Joe Biden, debió hacer que Trump se revolcara del coraje.

Con la novedad de que el Gobierno mexicano va a destinar mil 500 millones de dólares, que son algo así como 31 mil 500 millones de pesos, para mejorar la infraestructura tecnológica en la frontera común.

Muy al estilo de este régimen, se lanzaron fuegos artificiales en el tema fronterizo y la discusión se fue hacia la promoción de las gasolineras de Pemex en las ciudades fronterizas mexicanas para que los estadounidenses cruzaran a cargar sus tanques con gasolinas baratas.

Una fantasía si tomamos en cuenta que toma horas cruzar la frontera y que hay desabasto de gasolinas en las ciudades mexicanas en esa franja, vamos no alcanzan las gasolinas ni para los mexicanos. Además de que realmente nadie se enteró en Estados Unidos de este ofrecimiento. Vamos, pocos allá supieron que López Obrador estuvo en La Casa Blanca.

Es un hecho que el Gobierno estadounidense no va a atesorar esa oferta de la promoción del turismo gasolinero como el mejor resultado de la visita de López Obrador, pero sí que lo harán con la oferta del Gobierno mexicano de invertir mil 500 millones de dólares en la frontera. 

Porque, hasta ahora, nadie ha dicho si todo ese dinero será para implementar tecnología de detección de ilegales o para mejorar los cruces fronterizos de los camiones de carga, o ambos. 

Estados Unidos dijo que sí a incrementar las visas laborales, pero no dijo cuándo. 

El Presidente de Estados Unidos tiene un serio problema de popularidad, la inflación tan alta no le ayuda en nada para ser aceptado y la realidad es que en ese terreno tiene muy poco que hacer para apuntarse una victoria.

Tiene, entonces, que dar golpes de efectividad en otros terrenos donde los republicanos le han ganado la partida y uno de ellos es detener los flujos migratorios en su frontera sur.

Por lo que en medio de todas las anécdotas de la visita de López Obrador a la Casa Blanca este martes pasado, lo que queda de utilidad para los demócratas no es la oferta de cruzar la frontera para ir a la gasolinera de Pemex, sino la promesa mexicana de reforzar el muro de freno a los migrantes con mil 500 millones de dólares.

Algo con lo que tanto soñaba el expresidente estadounidense Donald Trump. (Enrique Campos, 24 Horas, Negocios, p. 17)

Desde San Lázaro / Media hora de improperios y de promesas inviables

Más allá del hecho anecdótico que representó el somnoliento y larguísimo discurso del presidente mexicano ante su homólogo estadounidense, durante su visita a la Casa Blanca, veamos algunos puntos finos del contenido del mismo para constatar que la diplomacia quedó en segundo plano y el plan de cooperación presentado por AMLO, sonó más a una vacilada que a acciones de gran calado que mejoren la calidad de vida de los mexicanos.

Luego del agravio de no acudir a la Cumbre de Las Américas en franco apoyo a los regímenes totalitarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua, la respuesta de la Casa Blanca a López Obrador fue en el mismo sentido, al no ser tratado como sus antecesores en cuanto a ser hospedado en la Casa Blair, que es donde se hospedan los jefes de Estado invitados y tampoco lo convidaron a hablar al Capitolio. Casi, casi le dicen hablas y te vas.

El mandatario mexicano le dio consejos a Joe Biden para conseguir el apoyo popular en el contexto de las elecciones de noviembre. “Sé que sus adversarios, los conservadores, van a pegar el grito en el cielo, pero sin un programa atrevido de desarrollo y bienestar no será posible resolver los problemas ni conseguir el apoyo del pueblo. Frente a la crisis la salida no está en el conservadurismo sino en la transformación. Actuar con arrojo, transformar, no mantener el status quo”.

Le informó que se venderá más gasolina en la frontera, para ayudar a que los norteamericanos crucen a territorio mexicano para adquirir el combustible más económico de lo que se vende en EU.

“Actualmente ya se están abasteciendo automovilistas de Estados Unidos en gasolineras ubicadas en las ciudades fronterizas de México, pero podríamos incrementar nuestros inventarios de manera inmediata; nos comprometemos a garantizar al doble el abasto de este combustible, lo cual sería un considerable apoyo, al día de hoy un galón de gasolina regular cuesta 4.78 dólares en promedio de este lado de la frontera y en nuestro territorio, 3 dólares con 12 centavos. Quiero aclarar algo y aprovechar para agradecerle, la mayor parte de esta gasolina la estamos produciendo en la refinería de Pemex, que usted nos permitió comprar en Deer Park, Texas”, precisó López Obrador.

Ante la petición de otorgar más visas para trabajadores mexicanos, Biden le contestó que en 2021 se otorgaron 300 mil y anunció que se duplicará la cantidad para migrantes centroamericanos.

Sobre la inversión prometida por el presidente López Obrador de 1,500 millones de dólares en la franja fronteriza en materia de infraestructura, resulta que buena parte de esos recursos será para fortalecer a la Guardia Nacional y al INM para contener la migración.

Si la diplomacia es la ciencia de las buenas maneras y el tejido fino y respetuoso en las relaciones geopolíticas, el discurso de AMLO en varias partes de su contenido planteó la antítesis de tal propósito.

“Esta no será la primera ni la última ocasión en que cerremos filas para ayudarnos mutuamente. A pesar de nuestras diferencias y de agravios que no resultan fácil de olvidar ni con el tiempo ni con los buenos deseos, en muchas ocasiones hemos podido coincidir y trabajar como buenos amigos y verdaderos aliados”.

Y luego se atrevió a darle clases de historia norteamericana y de acciones que se deben hacer ante una crisis.

“Cuando el presidente Roosevelt llegó a la presidencia, el 4 de marzo de 1933, Estados Unidos padecía una de las crisis económicas y sociales más profundas de su historia. Por eso, con definición, arrojo y aplomo, desde los primeros días de su gobierno lanzó un torbellino de iniciativas que cambiaron al país e infundieron nuevas esperanzas entre sus habitantes”.

En cuanto a las medidas para combatir la inflación, AMLO le dio “cátedra” sobre cómo hacerlo al incentivar la capacidad productiva. Acción que no ha emprendido en territorio mexicano, al ahuyentar la inversión extranjera y nacional con sus medidas expropiatorias y estatizadoras.

Candil de la calle, oscuridad de su casa.

“Sin llegar al extremo de cerrar nuestras economías, debemos pensar que el desarrollo de las naciones depende en lo fundamental de su capacidad productiva”.

Al palpar los efectos de su discurso, AMLO se apuró a aclarar: “Señor presidente Biden, ya estoy por terminar”.

“Por nuestra parte, actuamos de buena fe y con toda transparencia porque no debe haber egoísmos entre pueblos vecinos y amigos; además, integración no significa hegemonía ni sometimiento, y a usted, presidente Biden, le tenemos confianza porque respeta nuestra soberanía. Estamos dispuestos a seguir trabajando con usted en beneficio de nuestros pueblos. Cuente siempre con nuestro apoyo y solidaridad”, aseguró el presidente mexicano para cerrar su alocución. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 31)

Prima Facie // Cumplir lo acordado

(… ) Es fundamental analizar las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos, las cuales se han ido transformando notablemente en los últimos años, particularmente desde 2016, cuando Donald Trump ganó la presidencia de la vecina nación, pasando por otros momentos clave, como el triunfo electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018 y la transición del republicanismo al ala demócrata de la política estadounidense, con el inicio de la administración del actual presidente Joe Biden.

En 2019, durante la administración Trump, se vivieron momentos de tensión cuando el entonces mandatario amenazó con un impuesto general del cinco por ciento a las importaciones mexicanas, si de este lado de la frontera no se reforzaban las acciones para mitigar los flujos migratorios. Ante tal escenario, el presidente López Obrador llamó al diálogo y propuso mayor inversión bilateral para el desarrollo en el sureste mexicano, a fin de generar más bienestar y combatir las causas de la migración; sin embargo, aunque la propuesta fue secundada por Trump, la inversión no se materializó por parte de su Gobierno.

No obstante, convencido de que sólo con mejores oportunidades de desarrollo es posible detener las fuertes olas migratorias, el Gobierno de México siguió adelante con los grandes proyectos para aquella región, como la Refinería Olmeca, el Tren Maya y el programa para el desarrollo del Istmo de Tehuantepec. En otras palabras, nuestro presidente sí cumplió su compromiso.

En su reciente visita a la Unión Americana, el jefe del Estado mexicano propuso a su homólogo Joe Biden cinco acciones conjuntas para enfrentar los retos que han dejado la pandemia y la guerra en Ucrania:

1) Duplicar el abasto de gasolina en la frontera norte de México, para seguir permitiendo que las y los estadounidenses puedan cruzar para cargar sus vehículos a menor precio que en su país.

2) Poner a disposición del Gobierno estadounidense más de 1,000 kilómetros de gasoductos, para transportar gas de Texas a Nuevo México, Arizona y California.

3) Suspender aranceles y trámites burocráticos al intercambio de alimentos para, de este modo, poderlos ofrecer a menor precio en los dos países.

4) Un plan conjunto de inversión privada y pública, para producir bienes que hoy se importan de otros continentes, a fin de fortalecer ambos mercados.

5) Visas de trabajo temporales para personal obrero, técnico y profesional mexicano, que ayudará a realizar los ambiciosos proyectos de infraestructura de la administración Biden. 

De este encuentro se tienen grandes expectativas. El mandatario estadounidense se comprometió a duplicar los permisos H2, lo que permitirá el ingreso legal de 600 mil trabajadoras y trabajadores mexicanos, mientras que el presidente AMLO hizo lo propio respecto a una inversión de 1,500 mdd en infraestructura fronteriza.

Esperamos que estos acuerdos realmente se cumplan y marquen el rumbo de una integración regional, como mencionó el propio presidente de México, sin hegemonías ni subordinación. (Ricardo Monreal, 24 Horas, CDMX, p. 9)

Yo también hablo del encuentro con Joe Biden en la Casa Blanca

(…) Los republicanos se han convertido (siempre lo han sido) en un hueso duro de roer y Biden precisa resistir varios frentes, entre otros, su edad. Anoche, por ejemplo, el doctor Rafael Fernández de Castro, en una entrevista para La hora de opinar (ADN 40), observó, dijo, que Biden necesitaba referirse a lo que llevaba escrito, envejecido, mientras que AMLO habló ad libitum confiado y seguro de sí mismo (sic). Es más, agregó, el presidente de México le espetó “en la cara” a su émulo estadounidense, que la gasolina mexicana es más barata que la de Estados Unidos y que los gabachos cruzan la frontera para cargar los tanques de sus vehículos. Seguramente, Biden no lo sabría (sic). Es decir, que Andrés Manuel, como lo llaman los que lo conocen o los que lo admiran, triunfó sobre Joe, el dirigente del país más poderoso del mundo.

Uno de los temas más contundentes de AMLO era la migración, asunto, por cierto, al que se rindió ante las exigencias de Donald Trump, cuando el hombre anaranjado era, por desgracia, el presidente the land of the free and the home of the brave. Con Trump, solícito, con Biden, altivo y exigente, a pesar de que su lenguaje corporal, si ven las fotografías del encuentro en la Oficina Oval, dice lo contrario (a lo mejor podrían darle unas clases de cómo sentarse, de movimientos de brazos y manos cuando se entreviste con otros líderes, porque hasta con Raúl Castro, quien lo impresiona a través del recuerdo de su hermano Fidel, el dictador, se mantuvo como niño regañado por la directora de una escuela primaria). 

Pero resulta que el tema de migración es tópico esencial tanto para los republicanos como para los demócratas en las próximas elecciones presidenciales (roguemos a los dioses que no se permita la candidatura de Trump, el delegado de los supremacistas blancos y de ultra derecha, de make America great again). AMLO, es curioso, se preocupa por Enrique Iglesias, el dirigente del partido español Podemos, de extrema izquierda, pero no por la amenaza del grupo afín a Trump, hecho de fanáticos religiosos, hijos del Ku Klux Klan, que destazarían a los mexicanos si pudieran. Ladrones y violadores calificó Trump, que tan bien le cae a nuestro presidente, a los mexicanos que migran a los Estados Unidos. JesusChrist! 

En estos momentos, Biden debe valerse del apoyo mexicano para parar la densa migración, las siniestras mafias de polleros e incluso las de trata de blancas. Eso sí, pero legalizar mexicanos en Estados Unidos, proporcionarle permiso como en los años cuarenta y cincuenta, cuando se llamaban braceros, no, por ahora. “Paciencia y trabajo conjunto”, le contesto Biden. Le pidió, eso sí, esfuerzo mutuo para lidiar con los traficantes de fentalino. Pero ya saben ustedes, de balazos, nada. El presidente quiere actuar como la Iglesia católica o la evangélica, que es a la que asiste, no como el estado protector. El orden para impedir la violencia no existe en México. (…) (Anamari Gomís, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 9)

Victoria para Chino

Mujeres, hombres, niños. Es un grupo numeroso que espera en el terraplén de una vía férrea. Un adolescente le dice a su compañero, apodado Chino, que deje de limpiarse los dientes y le arrebata el cepillo. De pronto, un hombre da la voz: vámonos, muévanse. Esa y otras voces apremian a los del grupo para que suban y se acomoden en el interior de una caja de tráiler. Somos muchos, no vamos a caber, dice Chino. Es un puro problema pendejo; este no es pinche Greyhound, wey, responde su tóxico compañero. Otro de los viajeros hace igual señalamiento: es que somos un chingo, no vamos a caber. Un hombre corpulento, de la pandilla de polleros que participan en la operación arremete contra el quejoso: tú ya pagaste para viajar, ¿no? ¿Entonces? Vámonos, vámonos.

Todos, en tropel, se acomodan en el remolque. Van a pasar un retén, así que calladitos. En un rato llegan a Houston, les dice otro de los polleros, en la actitud de un tío que da recomendaciones a sus sobrinos a punto de emprender un viaje. 

Una pareja lleva a un niño pequeño, que pronto da señales de malestar por agotamiento. El calor, el sudor y el poco oxígeno de que disponen los viajeros en aquel encierro crean una atmósfera agobiante. La angustia y la penumbra son el subrayado del hacinamiento y la falta de oxígeno.

En una de las paredes del tráiler hay una pequeña claraboya. Los migrantes se turnan para acercarse a ella para tomar alguna bocanada del aire que les falta en aquella arca asfixiante.

Los migrantes tratan de animarse entre sí; algunos son rendidos por la atmósfera viciada y el calor. Llegan hasta el retén. El celador le pregunta en inglés al chofer qué trae en el tráiler. Voy de vacío y con algo de leche, le contesta. Entre tanto, Chino, que observa el drama en el interior del tráiler, se decide a dar la alarma a través de la claraboya, pero sus compañeros de viaje se lo impiden. Puede dar al traste con el destino de todos, que ya sienten cerca. El niño se halla exánime. Pronto se corre la voz: El niño está muerto. Los migrantes se desesperan y empiezan a golpear las paredes del tráiler. Alguien saca un trapo rojo por la claraboya en señal de auxilio. El chofer detiene su vehículo bajo un puente. Baja exasperado, saca su celular y se comunica con alguien para decirle a gritos que no entiende nada de lo que está pasando. Los migrantes están destruyendo su tráiler y él no habla español. Abre la puerta y, como piezas de un rastro, caen de la caja varios cuerpos. Chino ve cómo se vuelve a cerrar.

El tráiler fue encontrado tiempo después por la Patrulla Fronteriza en el lugar donde lo había abandonado el chofer. En su interior yacían varias decenas de cadáveres. 

El episodio real tuvo lugar en mayo de 2003. Con mayor o menor magnitud, episodios similares se repitieron en lo que va del siglo. Hasta el más reciente, también registrado en Texas. Cadáveres más, cadáveres menos. Notas policiacas más o menos descriptivas y reiteradas. Después, la sombra del olvido.

El cortometraje Victoria para Chino fue un intento de mantener viva la memoria de un mundo que se abre con el peregrinaje de los migrantes del norte al sur del hemisferio –y del globo–, y se cierra con la intermediación de grupos criminales para desembocar en la noticia macabra que apenas escapa por unas horas al aluvión informativo donde el holocausto de la miseria convive con goles y trofeos deportivos, las imágenes compulsivas del fitness y el homo juvens, los índices bursátiles, la felicidad bancaria, el obituario de un señor que pasó a ser bueno y las catástrofes de siempre.

En Victoria para Chino (2004) participó un grupo de jóvenes recién salidos de la crisálida universitaria: Cary Fucunaga ( Sin nombre), Gabriel Nuncio y Rodrigo Guardiola ( El Comediante).

Los filmes que se refieren a los grandes problemas sociales son muy pocos. Y la audiencia está condicionada a ver acción, balazos, detectives, narcos, historias cubiertas de malvavisco. Victoria para Chino responde a la necesidad de crear imágenes y dar voz a los gritos que acompañan a la vida en esta sociedad mortífera y alienante, como dice David McNally en entrevista con Alejo Pedregal ( El Salto, 12/7/22).

Las que no aparecen ni con la frecuencia ni con la decodificación necesaria son las causas de los problemas sociales, entre ellos el de la migración. En México este problema se ha vuelto nuclear.

Para resolverlo de origen y evitar su masificación, López Obrador le ha planteado al gobierno de Estados Unidos inversiones que permitan a la región donde se produce el mayor número de migrantes crear condiciones para arraigar a sus sectores más pobres.

La respuesta de Washington ha sido casi un bostezo. Como si la riqueza del norte no fuera, en gran medida, la pobreza del sur. Claro, los migrantes no tienen en el Congreso de Estados Unidos representantes que cabildeen ese tipo de recursos, como sí los cabildea con gran éxito la bancada de la industria armamentista, que está enviando armas al gobierno de Ucrania por 10 veces más la suma que López Obrador le pidió alguna vez a Biden para atender el problema migratorio en América. (Abraham Nuncio, La Jornada, Opinión, p. 14)

Encuentro en Washington: saldo positivo

Tras su encuentro con empresarios de Estados Unidos y México en Washington, el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que empresas estadunidenses ofrecieron inversiones en nuestro país por 40 mil millones de dólares entre este año y 2024. De manera paradójica, aunque al menos dos de los asistentes a la reunión –el magnate Carlos Slim y el director general de Petróleos Mexicanos, Octavio Romero Oropeza– admitieron que las personas de negocios manifestaron sus dudas respecto a la política energética nacional, éste habría sido el rubro en el que se mostró más interés por invertir y al que se destinaría la mayor parte del monto planteado. El dueño de Grupo Carso incluso habló de una actitud muy positiva de compañías que ya tienen inversiones en el sector y que desean expandirlas.

Si bien es necesario matizar que tanto Slim como Romero Oropeza eludieron hablar de las cantidades comprometidas (el primero aseguró que no llegó a hablarse de cifras, y el segundo se limitó a decir que se trataría de miles de millones), el que se llevara a cabo el encuentro y las declaraciones vertidas a su término apuntan a una continuidad exitosa del proceso de integración económica. Esto constituye una buena noticia para México en la medida en que supone un factor nada desdeñable para reactivar la economía, crear empleos y, de esta manera, potenciar el bienestar y reducir el número de personas que se ven orilladas a migrar por falta de oportunidades. También hay evidentes beneficios para la parte estadunidense: además de las ganancias que las empresas obtienen al ampliar sus operaciones, el desarrollo dentro de la región norteamericana es una defensa frente a los choques externos y una ocasión para reorganizar los procesos productivos. De algún modo, puede decirse que este camino lleva a remontar la era del ex presidente Donald Trump, durante la cual se buscó activamente evitar que las inversiones atravesaran el río Bravo.

El saldo positivo de las conversaciones entre el gobierno mexicano y representantes del mundo de los negocios también es un varapalo para las voces que, a uno y otro lado de la frontera, han hecho ruido contra la presencia de la delegación oficial de nuestro país en Washington. Entre dichas voces se cuentan, por un lado, legisladores estadunidenses que critican de manera sistemática al presidente Joe Biden, pero también a cualquier político o movimiento de corte progresista. Muestra del grado de cinismo mendaz con que operan tales grupos se encuentra en las declaraciones del ultraderechista senador republicano Marco Rubio, quien se lanzó a calificar al mandatario mexicano como un líder que se hace ciego ante la crisis humanitaria en nuestra frontera compartida, cuando dicha situación ha sido causada precisamente por quienes, como él, esgrimen su xenofobia y su clasismo para negar cualquier posibilidad de reforma migratoria. Por otro lado, se encuentran los ya conocidos representantes de la oposición mediática y política que mantiene una campaña permanente para minimizar o distorsionar cualquier avance gubernamental en México.

Cabe felicitarse por que sea posible alcanzar acuerdos aun en este clima de sabotaje y con el telón de fondo de la crisis multidimensional que afecta a la totalidad del planeta, y es de esperar que pronto los anuncios realizados ayer se concreten en proyectos a beneficio del país. (Editorial, La Jornada, p. 2)

Política irremediable // Un “abrazo” es un buen empleo, pero…

La política pública sustentada en el principio de “abrazos no balazos” podría tener un equivalente directísimo en lo que toca al fenómeno de la inmigración ilegal, la cuestión que tanto parece preocuparles a nuestros vecinos del norte hasta el punto, miren ustedes, de que fue, dicen, el tema principal y casi exclusivo de la agenda acordada en la reunión de nuestro presidente con el hombre que lleva las riendas de la nación más poderosa del planeta.

Bajo el postulado de que los delitos se cometen porque la gente es pobre y no vislumbra otra alternativa, para salir adelante, que meterse a una vivienda a robar —digo, en el mejor de los casos— o, ya en plan más serio y profesional, ponerse a descuartizar al pistolero de la banda rival, a cortarle la oreja al niño secuestrado, a sacarle los ojos a unos policías federales, a violar mujeres y a matar a sangre fría a quien se le ponga delante, el régimen de la 4T busca atender primeramente las causas, o sea, los orígenes de la violencia criminal.

Uno pensaría que es un poco tarde para abordar así el asunto y que las acciones hubieran debido comenzar décadas atrás, implementando una gran reforma educativa para trasmitir valores a los niños y jóvenes de la nación mexicana, manteniendo el civismo como asignatura escolar en vez de suprimirlo de tajo y, en fin, promoviendo la productividad, el espíritu emprendedor, el respeto a la propiedad privada, los principios democráticos y los derechos humanos.

No fue así, qué caray. Sucedió lo contrario, más bien, y en lugar de proporcionar una buena instrucción a los estudiantes nuestros antiguos gobernantes concedieron sustanciosas canonjías y prebendas a las más retrógradas organizaciones magisteriales con catastróficas consecuencias para la educación nacional. Hoy, los chicos de estados como Oaxaca y Guerrero sobrellevan semanas enteras sin clases porque sus “maestros” organizan huelgas y paros para seguir exigiendo un rosario interminable de beneficios. 

En fin, en lo que toca a replantear los axiomas del embrollo migratorio y equipararlo —justamente, y para ponernos al día— a la receta aplicada para acabar con la delincuencia, ¿no estaría bien pregonar la proclama de “buenos empleos aquí y no inmigrantes clandestinos allá”? Digo… (Román Revueltas Retes, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Cartones

Cartón 1

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)

Visitante incómodo

cartón 2

(Galindo, El Universal, Opinión, p. 17)