En México hay más de 2.5 millones de personas trabajadoras migrantes agrícolas, de las cuales alrededor de 13 por ciento son mujeres. Sumado a lo anterior, cerca de 250 mil migran por temporadas para trabajar en la industria agrícola en Estados Unidos. Las y los trabajadores migrantes agrícolas son un sector históricamente vulnerado y que vive y trabaja en condiciones de gran precariedad en el país.
Generalmente las mujeres enfrentan peo[1]res condiciones que los hombres debido a que sufren violencias, discriminación, acoso sexual en los lugares de trabajo, dobles o triples jornadas por la labor de cuidados no remunerado y, en muchos casos, la completa invisibilización de sus contribuciones al mundo laboral. A pesar de jugar un rol importante para la industria agrícola, sólo tres de cada 10 mujeres trabajadoras migrantes agrícolas reciben pago por su trabajo; 93.4 por ciento carece de contrato; 90.9 por ciento no cuenta con acceso a instituciones de salud y 85.3 por ciento no cuenta con prestaciones laborales, según revelan cifras de 2020 de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.
En el contexto laboral, en los corredores migratorios entre México y Estados Unidos, las mujeres son discriminadas y carecen de igualdad de oportunidades para migrar de forma regular a través del esquema de visas H-2A, de las cuales apenas se les otorga 6 por ciento del total. De acuerdo con un informe del Centro de los Derechos del Migrante sobre el acceso a este programa, en muchas ocasiones, las mujeres no son reclutadas para las la[1]bores agrícolas o son contratadas en términos menos favorables que los hombres, e incluso en algunos casos empleadores y reclutadores prohíben explícitamente contratarlas.
A pesar del panorama que presentan estos datos, estas mujeres desempeñan un papel crucial en la transformación de esta industria y son agentes de cambio en sus familias y comunidades. Por esto, el Proyecto Periplo, conformado por un grupo de organizaciones de la sociedad civil de México y Estados Unidos e impulsado por la Fundación Avina, ha lanzado la campaña #EllasHablan, un esfuerzo para amplificar y reconocer las historias de 10 mujeres trabajadoras agrícolas de toda la nación. “Yo levanto la voz por todos mis compañeros jornaleros que hemos migrado. Pues, para que ya termine todo esto, para que ya nos paguen y nos den un salario mínimo”, dice Rosalba Gabriel, de la comunidad de Joya Real, Guerrero.
Las protagonistas de la campaña presentada por Proyecto Periplo son mujeres que provienen, en muchos casos, de comunidades de distintos estados, como Guerrero, San Luis Potosí y Baja California, pero que comparten problemas comunes, como falta de servicios de salud, educación u oportunidades labora[1]les. Estas son sólo algunas de las condiciones que las han obligado a migrar para trabajar en los surcos, una actividad que en ciertos casos lleva varias generaciones dedicándose a cosechar jitomates, pepinos, coles y berries de distintos tipos, en campos de México y Estados Unidos.
Por ejemplo, Ermelinda, protagonista del primer video de la campaña, nos cuenta cómo las trabajadoras están incorporadas en el campo incluso desde antes de nacer. “Nosotros estamos metidos ahí desde niños. Desde hace dos, un año, dijeron por ahí. Estamos en el vientre de nuestra mamá, quien está metida en los surcos. Nosotros ahí nacemos, ahí crecimos. Somos jornaleros.” En las 10 entrevistas de la campaña, ellas hablan de mejores salarios, prestaciones y condiciones laborales en general; de inspecciones efectivas y un verdadero seguimiento por parte de las autoridades mexicanas, de respeto a sus derechos, a una vivienda digna, a centros de salud y a docentes para la educación de niñas y niños; de respeto a la libertad de asociación laboral y sindical e igualdad en las oportunidades para migrar a Estados Unidos con el programa H-2A.
En la campaña se escucha a estas 10 mujeres exigir a empresas y personas consumido[1]ras que se reconozca la importancia de su trabajo, como dice Diana Yuharí, de Xilitla, San Luis Potosí: “es así como llegan los productos del campo a las mesas de miles de familias en México y otros países”. Como sociedad, tenemos una deuda histórica con las personas trabajadoras migrantes agrícolas.
Si queremos ser una sociedad más justa, debemos exigir que se garanticen los derechos de todas y todos, valorar el trabajo que hacen estas mujeres significa reconocer el papel que juegan para nuestra economía y vida cotidiana.
Esta es una oportunidad para transformar la industria agrícola hacia un modelo de producción de alimentos que integre un marco de legalidad en el que se consagren los derechos humanos de todos y todas. Proyecto Periplo estará publicando semanalmente una nueva entrevista hasta mediados de octubre en sus redes sociales: facebook.com/ProyectoPeriplo y twitter.com/ProyectoPeriplo (Miguel Concha, La Jornada, Opinión, p. 16)
CARTA ACLARATORIA DE EURO LOGISTIC, S.A. DE C.V.
Con relación a la publicación realizada por este medio de comunicación el pasado 28 de julio, de título: Abandonan tráiler con 400 migrantes en Veracruz, también en su versión en línea (https://www.excelsior. com.mx/nacional/abandonan-trailer-con-400-migrantes-en-veracruz-abren-hueco-para-no-morir-asfixiados) de la reportera Lourdes López, la empresa EURO LOGISTIC, S.A. de C.V. ejerce su derecho de réplica con fundamento en la Ley Reglamentaria del artículo 6o, párrafo primero, de la Constitución Federal, aclarando y rectificando lo siguiente:
Si bien el tráiler encontrado con migrantes en la carretera federal 180, en el tramo de Acayucan a Sayula de Alemán, al sur de Veracruz, se encontraba rotulado con el logotipo o marca identificable con la leyenda de “EURO LOGISTIC”, mi representada, siendo titular de los registros marcarios 1011386 y 1804216 que amparan dicho nombre y diseño, se deslinda de toda responsabilidad, relación o vínculo con los hechos, dado que el vehículo no es, ni fue, propiedad o posesión de EURO LOGISTIC, S.A. de C.V.
Lo anterior se debe a que, indebidamente, se utilizó sin autorización el diseño de la imagen y marca registrada, generando la errónea percepción en el medio en que desarrolla EURO LOGISTIC, S.A. de C.V., que se encuentra vinculada con los hechos.
Sin más por el momento, agradezco su atención.
ERICK ESCOBAR
MICHEL REPRESENTANTE DE EURO LOGISTIC, S.A. DE C.V (Yo lector, Excélsior, Nacional, p. 7)
Se llamaba Margaret. El cuerpo de la niña de cinco años fue encontrado muy lejos del lugar donde se soltó de la mano de su madre en el río Bravo. Las dos venían de Guatemala y trataron de cruzar desde México hacia Texas. La niña fue arrastrada por la corriente “unos cinco kilómetros del punto A al punto B”, dijo a Reuters el jefe de bomberos de Ciudad Juárez, donde la encontraron a la orilla del río. Por televisión vi imágenes de la madre, después que identificaran a su hija, y estaba desconsolada; no puedo imaginarme un dolor más grande.
El río que separa a México de Estados Unidos hace honor a su nombre; es grande y bravo. Y engañoso y mortal. A veces parece un riachuelo que se puede saltar de piedra en piedra como en un juego de niños. Pero otras es un monstruo que se lo devora todo debajo de una superficie casi siempre plácida y plana. Es un río que ahoga los sueños.
Dos veces me metí a ese río para hacer un reportaje. Y lo hice con todos los cuidados. Una lancha de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos siempre estuvo a mi lado. El agua es oscura, verdosa y fría, llena de desechos, es el desagüe de casas y empresas, y en una de las dos veces me hice una cortada en un pie con los enredados helechos que hay en el fondo. Pero lo peor era la corriente. A pesar de su aparente calma, el río me arrastró decenas de metros desde el lugar en que entré hasta donde salí. Impensable hacerlo sin ayuda o con un niño a un lado.
Desde octubre del año pasado han muerto más de 200 inmigrantes en el sector fronterizo de Del Río, en Texas. No todos ahogados. Pero las cifras destacan lo peligroso que es cruzar ilegalmente hacia Estados Unidos.
A pesar del riesgo de morir ahogado en el río, deshidratado en el desierto, de tener un accidente en el tren o de ser víctima de criminales y violadores, hay cifras récord de inmigrantes cruzando al norte. Más de 162 mil personas entraron ilegalmente a Estados Unidos en julio y fueron detenidas. En los últimos 10 meses el total sobrepasa los 2.2 millones de “encuentros” de la Patrulla Fronteriza con indocumentados.
Para la mayoría de los estadounidenses (53%), lo que está pasando en la frontera sur es una “invasión”, según una encuesta de NPR. Eso refleja el lenguaje que utilizan los grupos de extrema derecha. Pero se equivocan. No es una invasión porque no se trata de ningún gobierno o grupo que tenga la intención de dominar a otro país, ni de ocupar su territorio. Ese lenguaje de guerra no refleja la fluidez y las verdaderas causas de la migración.
La conclusión es muy sencilla: Estados Unidos sigue siendo el principal refugio de todo el continente. Cuando las cosas se ven mal en nuestros países del sur, nos pelamos pa’l norte. Algo nos atrae de Estados Unidos. Y algo nos empuja a irnos.
La pandemia dejó a una América Latina muy golpeada económicamente, las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua están expulsando como nunca a miles de refugiados, y la criminalidad, el hambre y la falta de oportunidades han obligado a familias enteras a tomar la decisión más difícil de sus vidas: dejarlo todo -casa, parientes, amigos, mascotas, esquinas, olores y sabores- para irse a un país desconocido.
Eso lo sabe Jordán José, un nicaragüense de 24 años a quien conocí en McAllen, Texas, en mayo pasado. Se tardó un mes en llegar desde Chinandega, en Nicaragua, hasta la frontera con México. Y tuvo que pagarles 3,300 dólares a los coyotes por todo ese trayecto y por cruzarlo a Estados Unidos. Su salario en Nicaragua -el equivalente a 200 dólares al mes- apenas le alcanzaba para sobrevivir a su familia y a su hija de dos años. Cuando cruzó el río Bravo cargó en sus hombros a un niño de nueve años, desconocido para él, ya que su madre no lo podía hacer.
¿Te dio miedo cruzar el río?, le pregunté a Jordán José. “Algo, algo”, me contestó. “Pero por una mejor vida uno se arriesga”. Poco después se subió a un camión rumbo a Indianápolis, donde tenía conocidos, y le perdí la pista.
Muchos se están arriesgando y muchos están muriendo.
Parte de la solución está en que se permita entrar legalmente a más inmigrantes a Estados Unidos. El doble del millón que entra anualmente. No hay razón para que mueran niños, como Margaret, en la frontera. Hay ríos que matan. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 10)