La pérdida de participación de mercado frente a otros competidores del turismo mexicano derivó hace años en la creación del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) y esa misma necesidad está resurgiendo cuatro años después de que fue liquidado por el gobierno actual.
El senador Ricardo Monreal, la corcholata del presidente Andrés Manuel López Obrador, que parece más distante de su “corazón”, como buen “hijo rebelde” no está cruzado de brazos mientras le pasan por encima como una aplanadora.
Por ello trabaja con un grupo de especialistas para revisar la situación de varios sectores clave para la economía mexicana.
Uno de ellos es el turismo y Alejandro Rojas, extitular de Turismo de la CDMX, invitó a Juan Carlos Arnau, quien recientemente dejó la subdirección de las Administradoras Portuarias Integrales (API) de Fonatur, y a Luis Eduardo Ros, un exitoso exsecretario de Turismo de Veracruz, para que redactaran un documento que abra la discusión sobre el futuro del turismo.
En su Proyecto de Nación, la iniciativa tres del capítulo turístico señala:
“Además, analizará la posibilidad de contar con un órgano descentralizado que reciba recursos públicos y privados y sea motor para la inversión en la materia y que coordine los esfuerzos de los estados alrededor de la marca país como destino turístico de clase mundial. Este organismo se llamaría
Destino México, el cual retomará las funciones de promoción y llevará a cabo una verdadera estrategia de atracción de mercados con una gestión correcta de marca e imagen del país, tomando la rectoría de la creación de contenido digital, impreso, filmográfico, televisivo, editorial, museístico entre otros muchos canales para articular un mensaje consistente de la imagen del país en el mundo. Destino México se fondearía con el 60% del actual DNI (sic), mismo que será revisado para equipararlo al cobro en otros países, permitiendo una mayor recaudación, etiquetado para Destino México y el Instituto Nacional de Migración (INM)”.
Monreal está convocando a un grupo mayor de conocedores del tema, para iniciar una segunda discusión que derive en una propuesta más estratégica.
En el de promoción, que es uno de 30 temas relevantes, surgen muchas dudas: ¿Por qué 60% del que en su última etapa era el Derecho de No Residente (DNR), cuando podría ser una cifra que se determinara flexiblemente en función de requerimientos específicos y de las aportaciones que se consiguieran de otros actores del ramo?
Tampoco dice nada de su razón social; sobre cómo sumar efectivamente a los empresarios turísticos o, incluso, respecto a la posibilidad de apoyar destinos clave, en vez de a la marca país.
Pero lo trascendente es que Monreal haya abierto una discusión política sobre el turismo, que debería estar en todas las campañas, de lo contrario el futuro de la Secretaría de Turismo será su liquidación o permanecer como el “florero despostillado” en que se ha convertido ahora.
DIVISADERO
TURISMO DE LUJO. Hoy inicia el International Luxury Travel Market Norteamérica (ILTM), con una noticia buena y otra mala. La buena es el crecimiento inusitado del turismo de alto gasto, como una consecuencia de la pandemia, y la mala es que el ILTM se mudará a Bahamas en 2023 después de 10 ediciones realizada en Mayakoba, en Riviera Maya.
Precisamente el poder y los recursos para competir de otros destinos explica que México pierda eventos relevantes como éste. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)
“Teníamos un país relativamente rico que ofrecía oportunidades, sin inseguridad. Nadie pensaba en irse”, Diego Arria, exembajador de Venezuela ante Naciones Unidos, actualmente residente de Nueva York.
Recientemente se han multiplicado las noticias del arribo de venezolanos a Estados Unidos, que siguen llegando con la esperanza de ser incluidos en el estatus de protección temporal establecido para ellos por el gobierno estadounidense. Según cálculos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ya están en ese país 343 mil migrantes elegibles para ese beneficio. Aunque ahora la avalancha del escape de la dictadura se acentúa en Estados Unidos, el éxodo venezolano lleva años, a tal punto que ya hay casi siete millones de ellos en el mundo.
Sí, los venezolanos se están yendo de un país del que no se iba nadie en el siglo XX y que ahora padece una crisis humanitaria causada por un régimen que llegó democráticamente sólo para acabar con la democracia y sus instituciones; persecutor de la disidencia, opresor y represor de la libertad de expresión, irresponsable en el manejo de las finanzas públicas e incapaz en todos los ámbitos de la administración pública. Venezuela tiene un gobierno autoritario, una población empobrecida y sometida, una economía colapsada por la falta de inversión y trabajo, y por una inflación galopante. Venezuela tiene hoy carencia de alimentos, de atención médica y medicinas. Por eso, y por no tener ninguna expectativa de cambio, millones están optando por la fuga en busca de una vida digna.
Sólo un escape masivo explica que actualmente haya venezolanos en Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Brasil, Panamá, México, Costa Rica, Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Guyana y Curazao.
En estos países de América está la mayoría de los 6.8 millones de venezolanos que han salido de su patria, de acuerdo con datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, un mecanismo de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
La misma agencia calcula que para fines de este año la cantidad de venezolanos emigrantes o refugiados será de 8.9 millones. Esta diáspora es superior al total de habitantes que tenía Venezuela hace 60 años.
En efecto, en 1960 Venezuela contaba con 8 millones 141 mil habitantes. En los siguientes 40 años la población creció a un promedio de 33 por ciento cada 10 años hasta llegar en 2000 a 24 millones 394 mil habitantes.
Pero justo al comenzar el siglo XXI el crecimiento poblacional de Venezuela sufrió una alteración: en 2010 se registraron 28 millones 524 mil habitantes, un crecimiento de sólo 17 por ciento en una década. Lo sorprendente, sin embargo, llegó en la década siguiente: para 2020 la población decreció y se quedó en 28 millones 435 mil personas.
Los venezolanos huyen de la tierra prometida que ofreció y destrozó el régimen chavista desde 1999, que heredó Nicolás Maduro en 2013 y que se mantiene hasta la fecha por la fuerza y el engaño, despojando de libertad y de esperanza a un pueblo que creyó que sus avances democráticos eran irreversibles. (Mauricio Farah, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Bogotá, Col.- China, India y México ocupan el podio mundial de países receptores de remesas desde Estados Unidos: el primero es una dictadura del Partido Comunista y los dos siguientes tienen gobiernos populistas.
Y los tres, en los hechos, están con Rusia en la invasión imperialista a Ucrania.
En América Latina, el país con mayor porcentaje de emigrantes es Venezuela, con 6 millones (cifras de la ONU, a mayo de este año).
Más de 20 por ciento de los venezolanos ha dejado su patria, tomada por los socialistas bolivarianos que lograron convertir un vergel en el país con más gente en la miseria de todo el continente.
“Yo era estilista en un spa en Caracas, y tenía un sueldo de cuatro dólares a la semana. Pero la harina para las arepas cuesta seis dólares”, me responde Julia, que pide limosna sentada bajo un árbol afuera de un restaurante de clase media, mientras sus dos críos corretean alrededor.
Venezuela –aliado de Putin y de los grandes cárteles mexicanos– es el modelo que desean otros países del continente, con matices, pero hermanados en la verborrea antiestadounidense, anticapitalista y nacionalista.
En el caso de México, el éxodo a Estados Unidos aceleró en 2019, cuando la economía retrocedió a tasas negativas y se tomaron medidas que cercenaron el crecimiento y malograron el destino de clases medias y pobres.
Las remesas también se dispararon, y ahora aportan 4% del PIB, de acuerdo con el informe sobre remesas del Woodrow Wilson Center.
El monto de dinero que envían los mexicanos que trabajan en Estados Unidos ha crecido de manera exponencial.
Un comparativo sencillo exhibe el fracaso populista en México, país al que llegaron a gobernar los “antigringos” en diciembre de 2018:
Este año, 2022, se va a duplicar el monto de dinero que recibe México de sus migrantes, en comparación a 2017, último año completo de los neoliberales “vendepatrias”.
2017= 30 mil 606 millones de dólares fue el monto total de remesas (cifras tomadas de Expansión).
2022 = 58 mil millones de dólares mandarán los que se fueron de México a Estados Unidos (proyección de la analista Gabriela Siller, de Banco Base).
Lo anterior va de la mano con el éxodo de mexicanos hacia Estados Unidos.
En 2017, de acuerdo con el Pew Research Center, más mexicanos regresaron a México de los que entraron ilegalmente.
Tal logro de repatriación se alcanzó tras gobiernos democráticos, liberales, cercanos a Estados Unidos, tal vez no por simpatías personales sino por elemental sentido común.
Luego, en 2019, el éxodo mexicano volvió con cifras de centenares de miles al año.
En el año fiscal 2020 hubo 297 mil 711 “encuentros” (detenciones o retachados a México ipso facto) con mexicanos en la frontera (cifras de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos).
Para 2021, a medida que las políticas sociales del gobierno de México mostraban su “éxito”, los indocumentados mexicanos detenidos o expulsados aumentaron a 655 mil 594, lo que significa un incremento de 120 por ciento.
En los primeros 10 meses de este año fiscal, los encuentros con migrantes mexicanos detenidos o expulsados ascendían a 683 mil 685, con lo que se batió con anticipación el récord “logrado” el año anterior.
(La cifra de “encuentros” incluye a quienes hayan intentado cruzar ilegalmente una o más veces, infructuosamente. Aunque a la migración hay que añadir a quienes sí lograron pasar: cientos de miles también).
Las remesas, obviamente, aumentan a medida que los mexicanos se van de su patria a trabajar a Estados Unidos.
De acuerdo con el Woodrow Wilson Center, los hogares mexicanos generalmente reciben remesas una vez al mes y las gastan principalmente en alimentos, ropa y atención médica familiar.
Es decir, sin la economía de Estados Unidos al lado para emplear a quienes se ven obligados a dejar su patria y su familia, en la presente administración de México el país tendría amplias franjas del territorio en crisis humanitaria por hambruna.
Penoso, por decir lo menos, resulta ver a los dirigentes de los partidos gobernantes en México dar rienda suelta a su retórica “antigringa”.
O ir a Caracas a abrazarse con Nicolás Maduro y darle su apoyo.
Formar comités de amistad con Rusia.
Presentar un “plan de paz” que legitima la invasión a Ucrania.
Condenar al capitalismo a rajatabla.
Aunque, si la mayoría de la población así lo quiere, no hay manera de evitarlo: hacia allá seguirán caminando la mayoría de los países latinoamericanos.
Y el futuro de millones será el de esa señora venezolana que entrevisté afuera del restaurante de comida “paisa” (regional). (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 44)
En su discurso por el 212 aniversario del inicio de la Guerra de Independencia, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer una propuesta de pacificación para el conflicto entre Rusia y Ucrania, consistente en un cese al fuego mundial.
La iniciativa, que —anunció el mandatario— será presentada formalmente en Naciones Unidas por el canciller Marcelo Ebrard, consistirá en “una tregua de, cuando menos, cinco años, aprobada por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la ONU y que implique la suspensión inmediata de acciones y provocaciones militares, así como de pruebas nucleares y de misiles; el acuerdo establecería el compromiso de todos los Estados de evitar enfrentamientos y de no intervenir en conflictos internos”.
Agregó: “En lugar de que se siga alimentando esta dolorosa y absurda guerra, se constituya de inmediato un comité para el diálogo y la paz, el cual estaría integrado, si se acepta y hay voluntad de participar de los posibles mediadores, por los jefes de Estado de la India y El Vaticano, así como por el secretario general de la ONU; me refiero al primer ministro Modi, de la India, el papa Francisco y el secretario general António Guterres. La misión pacificadora debe buscar de inmediato el cese de hostilidades en Ucrania y el inicio de pláticas directas con el presidente Zelenski, de Ucrania, y con el presidente Putin, de Rusia”.
No pasaron ni 24 horas para que el discurso surtiera efectos en el plano internacional, aunque éstos no fueran los que el tabasqueño esperaba. En un tuit, el principal asesor del presidente Volodímir Zelenski para asuntos de comunicación, Mijailo Podolyak, dio respuesta a la iniciativa.
“Los ‘pacificadores’ que usan la guerra como tema para sus propias relaciones públicas sólo causan sorpresa. López Obrador, ¿su plan es mantener a millones bajo ocupación, aumentar el número de entierros masivos y dar tiempo a Rusia para renovar las reservas antes de la próxima ofensiva? Entonces su “plan’ es un plan ruso”.
Periodista de formación, Podolyak fue el negociador ucraniano durante las pláticas de paz con Rusia celebradas en Bielorrusia durante las primeras semanas de conflicto, que concluyeron sin acuerdos el pasado 29 de marzo. Kiev y Moscú se han acusado mutuamente de no buscar la paz. El propio Podolyak ha declarado que un acuerdo con Rusia “no vale un centavo roto” (nota de Reuters, 28 de mayo de 2022).
La propuesta de López Obrador no parece haber sido antecedida de la menor preparación. No da la impresión de haber sido conversada con las partes para saber si al menos existe la voluntad de sentarse a negociar. Tampoco creo que la haya revisado algún conocedor de política internacional porque, de haber sido así, quizás el Presidente no habría llamado al primer ministro Narendra Modi “jefe de Estado” de India, cuando esa responsabilidad corresponde a la presidenta Draupadi Murmu.
Cuando Noruega logró que israelíes y palestinos firmaran los Acuerdos de Oslo, en 1993, eso sucedió después de meses de conversaciones secretas, primero con cada una de las partes y luego de forma conjunta. “Noruega no llegó por casualidad al proceso de paz en Oriente Medio. Su mediación fue consecuencia de los intensos contactos del país escandinavo”, publicó la emisora alemana Deutsche Welle, en un reportaje sobre el 25 aniversario de esa negociación, que ha sido tema de una película, Oslo, estrenada el año pasado.
“Desde hacía tiempo teníamos buenas relaciones a todos los niveles con Israel, pero también con la OLP”, relató el político noruego Jan Egeland y artífice de aquel acuerdo.
Si la experiencia de Oslo sirve de algo, no se debe lanzar una iniciativa de paz sin un contacto previo y profundo con las partes y un análisis concienzudo del conflicto, que contemple razones y posibles soluciones. El riesgo de hacerlo de otra manera es recibir una respuesta pública como la de Podolyak, que ha desacreditado, tal vez para siempre, cualquier intento de México de servir de mediador.
Ahora será un reto para el canciller Marcelo Ebrard presentar y defender la propuesta ante la Asamblea General de la ONU, como lo ha instruido el Presidente. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
El presidente López Obrador ha sido sorprendido en fuera de lugar a nivel internacional, lo que confirma que la política exterior de México no pasa por su mejor sexenio.
AMLO enviará a Marcelo Ebrard a la Asamblea General de Naciones Unidas para que proponga una tregua de cinco años en la guerra de Rusia en contra de Ucrania. El presidente desea que el secretario general de la ONU, el primer ministro de la India y el Vaticano, acompañen las negociaciones entre Rusia y Ucrania.
Sus palabras son buenos deseos, pero nada más. La propuesta de AMLO carece de credibilidad por una sencilla razón: no ha dedicado ni 10 minutos a lo largo de los casi siete meses que ha durado la guerra, a proponer esquemas de negociación. Ni siquiera ha reconocido el conflicto. Sus funcionarios tienen prohibido decir las palabras siguientes: “Invasión de Rusia a Ucrania”. Eligen mencionar la existencia de “un conflicto en Europa del Este”. Así lo dijo el director general para Europa de Relaciones Exteriores, Bernardo Aguilar Calvo durante la celebración del Día de Europa el pasado mayo en la representación de la Unión Europea en México.
¿Cuántas veces ha enviado AMLO al secretario Marcelo Ebrard a Moscú y Kiev para dialogar con Serguéi Lavrov y Dmitró Kuleba, ministros de Exteriores de los gobiernos ruso y ucranio, respectivamente?
¿Cuántas veces AMLO ha tenido comunicación con los presidentes Putin y Zelenski para hablar sobre el conflicto bélico?
Y, lo más importante: ¿Cuántas veces AMLO ha explicado lo que para su Gobierno representa la guerra en Ucrania?
¿Cuántas veces AMLO ha enviado a Ebrard a Bruselas para conocer la visión de los 27 países de la Unión Europea? ¿Cuáles son las discrepancias, por ejemplo, entre Polonia y Alemania sobre el tema de las sanciones?
¿Cuántas veces ha enviado a Ebrard a Ankara para conocer la mediación que Turquía tuvo entre Rusia y Ucrania pocas semanas después del inicio del conflicto?
La visión naif de AMLO sobre la guerra en Ucrania fue respondida por Mykhailo Podolyak, asesor de Zelenski.
“Los pacificadores que usan la guerra como tema para sus propias relaciones públicas sólo causan sorpresa. López Obrador, ¿su plan es mantener a millones bajo ocupación, aumentar el número de entierros masivos y dar tiempo a Rusia para renovar las reservas antes de la próxima ofensiva? Entonces, su plan es un plan ruso”, lanzó Podolyak.
Ayer, AMLO calificó de “sectarismos o intereses de élite” a las motivaciones que mueven a personajes que están en contra de su propuesta.
No entiende que no entiende.
El desinterés que tienen amplios sectores de la sociedad mexicana por la política exterior ha permitido la degradación de la misma en la actual administración. La clase política, en su mayoría, es etnocentrista. Lo mismo ocurre en los medios. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, GeoPolítica, p. 49)
Ya no se habla de la “colombianización” de México sino de la “mexicanización” de Colombia. Este concepto fue muy bien explicado por el reporte de la Fundación Pares de Colombia titulado Radiografía de la ominosa presencia de los cárteles mexicanos (2020). Este informe explica cómo las bandas criminales colombianas fueron copiando estrategias de extrema violencia y propaganda criminal del CJNG en los territorios que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que entregaron al control del gobierno colombiano, pero que fueron cooptados por los grupos criminales.
Esta semana se reveló un documento de inteligencia de Colombia que considera que los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación son una amenaza real contra su seguridad nacional. Este informe, al que obtuvo acceso la revista Proceso, confirmaría que para el gobierno del progresista Gustavo Petro los cárteles mexicanos son responsables de parte del fracaso del proceso de paz con las FARC y pueden ser un factor adverso en el nuevo proceso de paz con la segunda guerrilla que es el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
El presidente de Colombia propone un plan de Paz total que incluye una estrategia complicada de desmovilización del ELN, de diálogo con la disidencia de las FARC y con el Clan del Golfo. El problema es que no todos los guerrilleros y narcotraficantes van a aceptar este plan por los enormes recursos provenientes del tráfico de droga colombiana que va a EU y Europa.
Las agencias estadounidenses han señalado que Nicolás Maduro protege una red de tráfico de drogas operada por su ejército conocida como el Cártel de los Soles. Reportes de inteligencia americanos señalan que el ELN financia sus actividades guerrilleras a partir de la droga que sacan por Venezuela. El proceso de paz en Colombia pasa necesariamente por Caracas.
El proceso de paz en ese país es un terreno minado por los intereses económicos de los cárteles de Sinaloa y CJNG y por los integrantes de las FARC que no quisieron desmovilizarse y que mantienen negocios con criminales mexicanos. También está obstaculizado por el gobierno de Maduro, relacionado con el narcotráfico y guerrillas colombianas. Por último, pasa por las relaciones entre Bogotá y Washington, el consumo de cocaína por los estadounidenses y el trasiego de armas desde México y EU.
Gustavo Petro está mandando un mensaje al presidente López Obrador por la participación de los cárteles mexicanos para el futuro de su país. Esta es una misión complicada para el canciller Marcelo Ebrard. Los procesos de paz en Colombia duran varios años como sucedió con las FARC en La Habana. Sin embargo, esta podría ser una salida política de Ebrard si no obtiene la candidatura presidencial. La pregunta es si él quisiera ser un negociador de paz, como lo fue su mentor Manuel Camacho Solis, pero con un cargo de senador garantizado al 2030.
Agenda estratégica: Esta semana debemos esperar más información del caso Ayotzinapa, en la antesala del terrible aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 13)