Opinión Migración 200922

Puentes y cruces // La necesaria nueva movilidad laboral en Norteamérica

Tanto el presidente López Obrador como el canciller Ebrard han sido enfáticos en la urgencia de redoblar los esfuerzos de la diplomacia mexicana para fortalecer los mecanismos de movilidad laboral en América del Norte. La idea de fondo es sencilla y también pertinente: la fuerza laboral de México y de Centroamérica es un factor clave para fortalecer la recuperación económica pospandémica en Estados Unidos —y también en Canadá. Una oferta laboral más robusta ayudaría también a hacer frente a las presiones inflacionarias que enfrentamos en Norteamérica. También, y no menos importante, mejorar nuestros mecanismos de movilidad laboral es un paso en la dirección correcta hacia flujos migratorios más ordenados, seguros y regulares en nuestro continente, un objetivo común para México, Canadá y Estados Unidos.

La necesidad de mejorar la movilidad laboral en la región es evidente. Basta, por ejemplo, con consultar la primera plana de hace una semana en The New York Times. El artículo titulado “¿Dónde están los trabajadores ausentes en EU?” es claro y contundente: “mientras EU emerge de la pandemia, los empleadores están desesperados por contratar. Si bien la demanda de bienes y servicios se ha recuperado, la oferta de trabajo ha quedado corta, limitando a la economía”. La misma nota explica que la demografía de una fuerza de trabajo que envejece y los frenos a la migración legal explican esta falla del mercado laboral en EU. Esa misma necesidad de trabajadores explica en gran medida la llegada de migrantes indocumentados, como recientemente señaló el Cato Institute, a lo que se suman políticas que, en vez de incentivar la migración laboral temporal y regular, generan confusión entre potenciales migrantes.

En este contexto, desde la Unidad para América del Norte hemos, precisamente, reforzado nuestras acciones, políticas y programas para mejorar los mecanismos de movilidad laboral. El Grupo de Trabajo Binacional de Movilidad Laboral entre México y EU explora mecanismos de cooperación para reclutar trabajadoras y trabajadores en México y el norte de Centroamérica y canalizarlos hacia las visas H2 —es decir, hacia una avenida de trabajo regular. Además, buscamos dinamizar y aumentar el uso de las visas TN que contempla nuestra arquitectura norteamericana, tanto con EU como con Canadá. Se trata de un esfuerzo de la Cancillería y el Sistema Nacional de Empleo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en conjunto con USAID y los Departamentos de Estado y Trabajo de EU.

Mejorar y aumentar las vías de movilidad no puede leerse —no debería— sin su complemento natural: el fortalecimiento de los derechos laborales. El objetivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores no es sólo expandir el acceso a trabajo de manera ordenada, segura y regular, sino hacer valer los derechos de nuestros connacionales en el exterior. En consecuencia, buscamos mejorar los intercambios de información entre las autoridades mexicanas, estadunidenses y canadienses sobre las empresas que no respetan los derechos laborales de nuestros paisanos.

En ese mismo sentido, la semana pasada concluimos la Primera Semana de los Derechos Laborales en Canadá. Tras el ejercicio número catorce en Estados Unidos replicamos nuestro programa en la red consular de México en Canadá con resultados alentadores: los consulados y la Embajada de México en Ottawa recibieron a más de 3,000 personas. Llevamos a cabo visitas a granjas y centros de trabajo, y ofrecimos talleres y capacitaciones con la participación de autoridades laborales federales, provinciales y locales, junto con organizaciones comunitarias. 

De este modo, buscamos que las ofertas laborales en Norteamérica se ofrezcan en condiciones dignas y con pleno respeto a nuestras respectivas leyes y al marco internacional. Es una condición indispensable que los tres países suscribimos en la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 20)

Political triage // El circo electoral de DeSantis

El apretado calendario electoral de Estados Unidos provoca que casi no exista un periodo en el que los políticos no estén en campaña. Esto, lejos de ayudar a que se concentren en servir al pueblo, los coloca en una carrera desenfrenada por aumentar y mantener su popularidad. Así, acciones extremas que sirven para acaparar la atención mediática son comunes en años electorales mientras se dejan de lado soluciones bipartidistas a los apremiantes problemas que se viven en el día a día.

Para muestra tenemos al gobernador de Florida, Ron DeSantis. Actualmente está en campaña para renovar su puesto y es, probablemente, uno de los candidatos más fuertes para contender por la presidencia por el Partido Republicano, si Trump se lo permite.

DeSantis es una figura reconocida entre los votantes republicanos. Es bien conocida su aversión por los migrantes y sus acciones que rayan en la crueldad para frenar estos movimientos. Ahora, en un movimiento más teatral que político, ha mandado por avión a un grupo de inmigrantes venezolanos a Martha’s Vineyard, una conocida isla en la que personas adineradas y, en su mayoría, demócratas tienen sus casas de veraneo. DeSantis buscaba crear estupor y pasarles el problema real de la migración a aquellos que tanto la alaban. Con esto, se aseguró los reflectores y el aplauso de los votantes duros de su partido, aquellos que apoyan a Trump y que podrían quedarse sin un líder si el expresidente decide no contender por la presidencia.

Los migrantes fueron bien recibidos en aquella localidad, claro está que esto es así por el número manejable de personas y por ser un acontecimiento fuera de lo común y con tintes políticos. Lo cierto es que los Estados del norte gobernados por el Partido Demócrata deberían cuestionarse su participación en el problema migratorio y no sólo ver los toros desde la barrera.

DeSantis está jugando sus cartas con sumo cuidado. Sabe que ante un intento de Trump por alcanzar nuevamente la presidencia no tendría oportunidad, pero la situación jurídica del exmandatario le abre la puerta a alguna figura que esté dispuesta a recoger lo sembrado. Y ése es DeSantis, una figura republicana sin el menor empacho de continuar con la senda de odio y separación que dejó Trump. DeSantis quiere mostrar que puede ser esa mano dura e irreverente que siga los pasos del neoyorquino y se aúpe en la ola antiinmigrante para ganar el voto duro de su partido.

Las siguientes elecciones girarán en torno a tres temas centrales: la inflación, el aborto y la migración.

Las elecciones legislativas, las gubernaturas y la elección presidencial, un calendario que exige una campaña permanente llena de actos teatrales, confrontación y muy poco gobierno. Un circo autodestructivo. (Montserrat Salomón, La Razón, Mundo, p. 22)

Frontera entre Estados Unidos y México, una región clave

La frontera entre México y Estados Unidos es mucho más que un espacio limítrofe de 3,142 kilómetros de extensión que marca la jurisdicción territorial de ambos países. La institución que represento me ha permitido atestiguar que esta línea divisoria es en realidad una región binacional única y excepcional que, con cerca de 26 millones de habitantes, día a día vive una intensa integración social, cultural y comercial. Diariamente las personas cruzan en varias ocasiones por la frontera para trabajar, ir al colegio o hacer compras. La frontera es parte del paisaje.

La integración comercial es un sello propio de esta frontera. Tan sólo en el año 2020 México y Estados Unidos intercambiaron bienes y servicios por más de un millón de dólares cada minuto. A través de sus múltiples cruces fronterizos pasan más de 300,000 vehículos al día y cruzan alrededor de 7 millones de camiones de carga, en promedio, durante un año. De hecho, alrededor del 80% del comercio bilateral se debe al intercambio que se lleva a cabo, vía terrestre, en esta frontera.

En el año 2021, la economía fronteriza creció 6.5% en el lado mexicano y 5.3% en el lado estadounidense. Ese mismo año el cruce fronterizo de vehículos particulares y camiones aumentó en 16% y 9%, respectivamente, en comparación con el 2020.

Los parques industriales y las redes logísticas internacionales sofisticadas son ahora actividades esenciales que detonan y mantienen el dinamismo económico y comercial de la región. Hoy, por ejemplo, hay aproximadamente 350 parques industriales en los estados fronterizos mexicanos.

Además del fuerte vínculo económico, comercial y cultural, hay uno más que es esencial para la vida misma: el ecosistema. En efecto, la región comparte un mismo ecosistema y, por lo tanto, mantiene una relación ambiental muy estrecha, de tal manera que un problema de suministro de agua o de contaminación del aire, por decir algunos ejemplos, afectaría a la población de ambos lados de la frontera. Es interesante cómo el Río Colorado, que nace y atraviesa varios estados de la Unión Americana, proporciona agua a Baja California, y viceversa; el Río Conchos, que nace en Chihuahua, alimenta de agua al Valle de Texas. Así de estrecha e interconectada es la convivencia.

Por ello, cualquier solución a los problemas medioambientales será más efectiva si emerge de la coordinación entre las autoridades y comunidades de ambos países. Encontrar dichas soluciones no es un reto menor, por dos principales razones: la primera, por el acelerado y continuo crecimiento económico y demográfico de la frontera, que es mayor al crecimiento nacional de ambos países y, la segunda, por una mayor y más constante presencia de fenómenos climáticos extremos a raíz del cambio climático.

Aquí es en donde los proyectos de infraestructura verde o con un impacto ambiental positivo se han vuelto cruciales por ser parte de la solución y garantizar una mayor calidad de vida de los habitantes de esta región. Proyectos como plantas potabilizadoras, rellenos sanitarios, almacenamiento de energías limpias, cadenas de valor sustentable de los alimentos, entre muchos otros más, podrían ayudar a la mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático.

Para hacer frente a esta coyuntura existen instituciones como el NADBank que tienen la capacidad de operación e interlocución en ambos lados de la frontera y que son aliados del sector público y de los empresarios para financiar y detonar proyectos de infraestructura verde que, por un lado, benefician directamente a la comunidad fronteriza, y por otra parte, impulsan la competitividad y sostenibilidad de una región clave para ambos países.

En próximas colaboraciones hablaremos sobre temas específicos de la frontera y el medio ambiente. (Calixto Mateos Hanel, El Economista, Empresas y negocios, p. 24)