La mayoría de las encuestas señalan que el día de mañana el Partido Republicano recuperará la Cámara de Representantes, que podría ganar algunos estados clave y otros puestos locales que podrían significar cambios profundos en la democracia estadunidense en los próximos años.
Porque no ganará el Partido Republicano —ese cada vez más desdibujado— sino el trumpismo vestido de republicano.
Todo indica, además, que poco tiempo después de la elección Donald Trump anunciará el inicio de su campaña para volver a competir por la presidencia dentro de dos años.
Todo esto asegura dos años de peor polarización, el inicio de procesos de juicio político contra Joseph Biden anunciado por varios republicanos, la consecuente crisis política, todo en medio de una situación económica por lo menos incierta, por lo más peligrosa.
En este escenario, los mayores perdedores serán los migrantes.
Porque buena parte de los ganadores de mañana habrán hecho campaña en contra de los migrantes con falsedades y ataques racistas y xenófobos. Como reportó ayer The New York Times, un estudio de America’s Voice, un grupo de apoyo a migrantes, en esta temporada electoral ha habido más de 400 anuncios de televisión de candidatos uniendo el fenómeno migratorio en la frontera norte con la crisis de uso de fentanilo y culpando a los migrantes por ello. En anuncios de campaña relacionados con la migración —por supuesto, oponiéndose a ella— los republicanos gastaron quince veces más dinero en sus campañas: 119 millones de dólares contra 8 millones de los demócratas.
El discurso trumpista antimigración, antimexicano, inaugurado desde el día que anunció su primera campaña con todo y muro fronterizo, ha inundado las campañas locales y llevará a muchos de esos seguidores a escaños en la Cámara de Representantes y puestos en gobiernos locales. Los demócratas han abandonado el tema porque se saben derrotados frente a los electores.
El resultado seguirá imposibilitando, como desde hace tanto tiempo, cualquier solución sensata y humanitaria respecto al fenómeno migratorio —incluidos, por ejemplo, los dreamers— y, seguramente, más hostilidad local y en la frontera contra los migrantes. Ellos serán los mayores perdedores en la elección de mañana y, por como se ve la cosa, lo seguirán siendo varios años más. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Mañana es el día en que los estadounidenses elegirán entre defender la democracia o poner a su país en la senda del caos. Aunque muchos de ellos no lo sepan.
Si hay un triunfo aplastante de los candidatos pertenecientes a la corriente de Donald Trump (MAGA), la democracia más antigua del mundo entrará en descomposición acelerada y no exenta de violencia.
Trump logró ubicar a unos 300 candidatos de MAGA a puestos relevantes que estarán en disputa en las elecciones de mañana, y su principal elemento en común es que desconocen la legitimidad de Biden como presidente de Estados Unidos
Llegó a la Presidencia por fraude, dicen.
El peligro para Estados Unidos no es el Partido Republicano, sino Trump y MAGA.
La semana pasada el presidente Biden dio un mensaje, en Washington, cuya profundidad no ha sido aquilatada en su real importancia:
“Mientras estoy aquí hoy, hay candidatos que se postulan para todos los niveles de cargos en Estados Unidos: para gobernador, para el Congreso, para fiscal general, para secretario de Estado (locales), que no se comprometen a aceptar el resultado de las elecciones en las que están compitiendo”.
“Este es el camino hacia el caos en Estados Unidos. No tiene precedentes, es ilegal y es antiestadounidense. Como dije antes, no puedes amar a tu país sólo cuando ganas”.
Un caso emblemático del riesgo que corre Estados Unidos mañana martes se ubica en Arizona. La candidata a gobernadora Kari Lake sostiene que Biden es un presidente espurio, ilegal, porque venció mediante un fraude.
El fin de semana hizo campaña desde el muro en la frontera con México y anunció medidas más drásticas contra migrantes, envuelta en el discurso de odio que da energía al trumpismo.
Ahí en Arizona, el candidato republicano (MAGA) a senador también afirma que Biden no es el presidente legítimo de Estados Unidos.
Lo mismo afirma el candidato a secretario de Estado, exintegrante de un grupo armado, que –de ganar– será la autoridad electoral de Arizona. Ya dijo que desconocerá el resultado que dio por triunfador a Joe Biden.
El candidato a fiscal estatal anunció que llegará al cargo a “hacer justicia” contra los que le “robaron el triunfo a Donald Trump”.
Directo: Arizona no reconocería a Biden como presidente de Estados Unidos.
¿Qué estados le van a seguir?
Lo que viene después de un triunfo arrollador de los candidatos de Trump es lo que advirtió Biden la semana pasada: el caos.
Viene, también, un bloqueo total a la administración del presidente Biden, desde el Congreso.
No es descartable que haya violencia política en Estados Unidos el próximo año, si los candidatos de MAGA triunfan mañana y coartan derechos civiles, como ya han hecho al dificultar el voto a las minorías en 19 estados.
Y la elección presidencial en 2024 pondría a Estados Unidos en la boca de la guerra civil.
Trump candidato jamás va a reconocer una derrota.
Mucho menos si su movimiento tiene el control de gobiernos y autoridades electorales en los estados.
La prepotencia de MAGA olvida que los dueños de las calles son los demócratas. Han estado tranquilos estos dos años para no complicarle aún más las cosas al presidente por el cual votaron.
Pero la movilización en serio es una capacidad que ellos han demostrado tener. El principal detonante que los saca a protestar es el abuso contra minorías.
¿Supremacistas blancos, investidos de autoridad electoral, van a decidir quién gana y quién pierde en las elecciones?
Los extremistas de MAGA pueden mover a piquetes de milicias armadas, mas no a multitudes.
Biden sabe lo que dice: el triunfo de MAGA en las elecciones de mañana llevaría a Estados Unidos al caos.
Democracia o un paso hacia la barbarie, en el país más armado del mundo, es lo que se juega mañana.
La batalla decisiva, sin embargo, quizá la final, se dará en 2024, con la previsible derrota de Trump –que no va a reconocer–.
Mañana puede ganar el malestar por el precio de la gasolina, pues las motivaciones de los electores son bastante menos refinadas de lo que generalmente suponemos.
Pero 2024, la Presidencia, es otra cosa. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 44)
Las elecciones de mañana en los Estados Unidos cambiarán el escenario político y harán muy difíciles los dos siguientes años de la administración de Biden, que, además de ya no contar con mayoría legislativa propia, será atosigada por la campaña adelantada que desde el próximo 14 de noviembre lanzará Donald Trump. Vienen dos años marcados por una polarización que ese país no sufría desde la guerra civil en el siglo XIX.
¿Por qué los analistas están vaticinando un triunfo amplio del partido republicano? Porque han logrado arrebatar la agenda electoral a los demócratas. Biden y los demócratas han girado en la campaña en torno a dos temas, el proceso contra Trump y el peligro que corre la democracia, por una parte, y los derechos sociales y –sobre todo– el aborto, por la otra.
Luego de la decisión de la Suprema Corte conservadora de acabar con el derecho consagrado por la sentencia Roe vs. Wade, que había declarado legal el aborto en 1973, éste ha sido ilegalizado en varios estados. Eso dio a los demócratas una agenda, sobre todo con las mujeres, e hizo fluir mucho dinero a la campaña del partido.
Pero muy pronto ese tema quedó opacado por tres razones: primero, porque el efecto de esa decisión de la Corte no se sintió en los estados que ya gobernaban los demócratas en las costas este y oeste, que tienen una política mucho más liberal, pero lo que sí sucedió es que, siguiendo una tendencia que se ha agudizado en los últimos años, muchos electores latinos (y también afroamericanos) de mayor edad se han ido volcando hacia los republicanos. El peso de la cultura y las iglesias, en ese sentido, parece haber sido tan importante como el hecho de que la comunidad latina quiere la legalización de sus hijos, los llamados dreamers, pero cada vez más se oponen a la nueva migración ilegal y eso los lleva a votar por los republicanos. Hace ya tiempo que el voto latino no es exclusiva ni determinantemente demócrata y eso se está reflejando como nunca antes en estos comicios.
En toda esta historia los sectores más izquierdistas del propio partido demócrata tampoco ayudan. Fueron muy eficientes en la oposición a Trump, perfiles como los de la joven representante demócrata por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, pero luego, a la hora de gobernar, no fue fácil poner de acuerdo en el Congreso a ese grupo con la agenda más moderada de Biden e incluso algunos temas extremadamente radicales, como los relacionados con la educación, la sexualidad y la seguridad, provocaron un rechazo de los moderados dentro del propio partido.
Las divisiones internas también le impidieron a Biden sacar mucho más rápido su programa de recuperación económica, que, cuando se pudo poner en marcha, se topó con un proceso inflacionario que se convirtió en el principal punto de apoyo de la campaña republicana.
Los dos partidos invirtieron de forma muy distinta: los republicanos se concentraron en los distritos y estados controlados por los demócratas, dándoles la pelea con agendas conservadoras, enarbolando el tema de la inflación y la migración, obligando a éstos a concentrar esfuerzos y recursos en estados que pensaban que tenían seguros y ahora han visto que no es así, y distrayendo, por ende, esos recursos de distritos y estados republicanos como Texas o Florida.
Es un tema de agenda: ¿qué es lo que piden los electores republicanos e incluso los independientes? Que se haga algo con la economía y la inflación, que se haga algo con la inmigración y con el crimen (un tema que los republicanos han explotado al máximo ante la demanda de sectores radicales demócratas que insisten en quitar recursos a las policías y que ha llenado, por ejemplo, las pantallas de Fox News durante los últimos meses, ligándolo directamente con la migración) y que, como dice un consultor electoral al New Yorker, “los hombres no tengan por qué participar en los deportes femeninos o, por lo menos, que no actúen como imbéciles en los temas de género”. Otro tema que, por la forma en que fue llevado, ha refrendado el voto demócrata de los sectores de mayores ingresos y estudios, pero que los ha alejado dramáticamente de los sectores trabajadores, sindicales y latinos de menores ingresos y educación.
Como si fuera poco, se ha sumado otro factor: los estados del sur del país están viviendo un notable auge económico: Arizona, Texas y Florida están creciendo en forma sustancial, con todo tipo de inversiones y con impuestos mucho más bajos que California o Nueva York. El discurso de los republicanos en esos estados, sobre todo en Texas y Florida (y Arizona, que pueden recuperar) es sencillo: aquí la economía crece, no se aumentan los impuestos, los ingresos fiscales se incrementan por el crecimiento de la economía y con esos recursos se pueden asumir medidas populares. A sus electores les importa poco, en ese contexto, qué tan conservadores o trumpistas sean los gobernadores Abbott o De Santis. La prosperidad es más atractiva.
En su primera elección intermedia, Obama perdió 60 escaños en la Cámara de Representantes, pero Obama seguía siendo un presidente popular, lo que le permitió ganar con relativa facilidad su reelección. Biden no es popular, sus políticas pueden ser muy ambiciosas, pero no terminan de ofrecer resultados concretos y su partido está dividido y con una agenda que no llega a los electores de menores ingresos. Todo eso estará en juego mañana en la Unión Americana, y con ello el futuro de la relación de México con los Estados Unidos: porque todos estos temas nos involucran. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)
Washington. Para el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, una posible victoria republicana en Estados Unidos puede complicar negativamente la situación mexicana en la relación bilateral con su mayor socio y vecino.
La preocupación es correcta. Ciertamente, además, desde un punto de vista mexicano lo que podría venir sería un vuelco hacia políticas de imposición y fuerza.
De entrada, el impacto de la que parece casi probable victoria republicana en las elecciones legislativas del 8 de noviembre iría mucho más allá de las divergencias en la política doméstica de Estados Unidos, en las que resultaría afectado México.
Además, habría consecuencias en términos de políticas estadounidenses hacia el mundo en general y Latinoamérica en particular.
Temas como migración, seguridad fronteriza, narcotráfico y violencia son parte del debate de la actual campaña en EU y los republicanos se han preocupado por construir una narrativa a tono, en la que el gobierno del demócrata Joe Biden es responsable de políticas fracasadas y México el origen de los problemas.
Ciertamente, sería de esperarse que desde el Congreso estadounidense puedan darse presiones renovadas. Si como se espera los republicanos ganan la mayoría en la Cámara baja, la presión sobre esos temas y otros, como la contratación mexicana de médicos cubanos, políticas energéticas y el cumplimiento del Tratado de comercio México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), estarían en la mira.
La presión legislativa sobre el gobierno de Biden y el Departamento de Estado se multiplicaría y complicaría más si también el Senado pasará a manos republicanas.
Más aún, el impulso de ese vuelco a lo que podría definirse como una derecha nacionalista –con un contacto más que pasajero con formulaciones autoritarias– tiene desde ya un impacto en debates eternos del sistema estadounidense, como el poseer armas o los derechos de la mujer y las minorías étnicas, religiosas o sexuales.
En el caso de México, un vuelco en el Congreso bien podría reflejarse en una mayor énfasis estadounidense en temas como migración, seguridad fronteriza, narcotráfico, comercio, imperio de la ley, a reserva de mayores presiones a medida que se acerquen las elecciones presidenciales de 2024: la propaganda republicana tiene en esas cuestiones un rico filón.
Con todo, Ebrard tiene razón cuando alega que “hay una gran limitante de cualquier conflicto entre México y Estados Unidos, que se llama la integración que tenemos, misma que crece aceleradamente sin darnos cuenta” y que favorece en gran medida el nearshoring, o sea la llegada –para no decir el regreso– de plantas y partes del proceso de fabricación que salieron de México hace 15 o 20 años.
Pero el gobierno mexicano no tiene en Washington tantos amigos, ni tantos aliados como parece creer. Ebrard hace bien en preocuparse. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
Las elecciones intermedias para renovar la Cámara Baja en el Congreso de Estados Unidos que habrá mañana, mantienen la atención, y preocupación, del Gobierno federal de nuestro país, ante un posible triunfo y control del Partido Republicano de ese órgano legislativo, por un posible endurecimiento de medidas migratorias contra México y también por el incesante tráfico de drogas, en particular el fentanilo que ha causado la muerte de centenares de estadounidenses.
De antemano se sabe que, de ganar los republicanos, el expresidente Donald Trump, anunciará oficialmente su candidatura para regresar a la Casa Blanca, a pesar de que la anterior elección en la que fue derrotado por el actual mandatario demócrata, Joe Biden, alentó un violento ataque de sus partidarios contra la sede del Congreso en el que hubo varios muertos y varios heridos, por lo que se le ha seguido un juicio que podría llevarlo a prisión.
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Buscar recursos públicos a toda costa y aplicar aquello de encontrarlos “hasta debajo de las piedras”, parece ser la encomienda de los diputados de Morena, que del Presupuesto de Egresos de la Federación 2023 que están por discutir, con recortes presuntamente destinados a programas sociales y pensiones, aunque la opacidad con la que son manejados, motivan justificadas dudas.
Las propuestas de la oposición para que se reasignaran partidas que mejoraran salud, educación, campo, seguridad o infraestructura, han sido ignoradas y todo lo ha encaminado la bancada morenista a hacer recortes presupuestales a los organismos autónomos, uno de los cuales, el INE, ha sido convertido en blanco favorito, aunque pongan en riesgo la organización de los comicios de 2024.
Ante la andanada que ha recibido en las últimas semanas, Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Segob y presidente de la Comisión de la Verdad del caso Ayotzinapa, reaccionó tardíamente para salir con que hay una “intensa campaña orquestada desde las viejas estructuras del poder” para desacreditar —¿?— las “nuevas líneas de investigación” en las que se insiste en señalar la participación del Ejército en la desaparición de los 43 normalistas.
Por cierto que para mañana martes, los abogados de los cuatro militares presos en el Campo Militar Número Uno, entre ellos el general José Rodríguez Pérez, quien era comandante del 27 Batallón de Infantería en Iguala y al que se responsabiliza de haber “ordenado la ejecución de seis estudiantes que seguían con vida, ofrecerán una conferencia de prensa en la que contrarrestarán las imputaciones que falsamente se les han hecho.
Niegan dirigentes del PAN y PRI que sus diputados voten a favor de la reforma electoral, como asegura el titular de Segob, Adán Augusto López, a pesar de presiones y amenazas que se han multiplicado. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
Es tiempo de aprender, pero…
El frente democrático PAN, PRI y PRD no sacó provecho de las elecciones del 2021 y mañana debiera verse en el espejo de Estados Unidos.
Aunque competidas, las votaciones en ese país no perfilan la victoria para el presidente Joe Biden y los demócratas en el Congreso y en las gubernaturas.
Buenas noticias para López Obrador y su amigo Donald Trump, pero pésimas para México porque se incrementarían las presiones.
En especial en la exigencia de contención del flujo migratorio hacia el norte, tarea en la cual ha sido eficiente y generosa esta administración.
Con un Congreso republicano, las señales afectarían la colaboración binacional, pero los aliancistas de aquí podrían obtener enseñanzas hasta hoy desestimadas.
Observarían cómo la oposición de allá, con la Casa Blanca a la vista y los trumpistas de ariete, controlan la segunda mitad del Gobierno de Biden.
SIN CUADROS PARA 2024
Vaya lección al alcance.
Las previsiones de 2021 pusieron al PRI, PAN y PRD en ruta para la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
Hoy serían retén de caprichos y hasta podrían influir para enderezar el gasto federal hacia actividades prioritarias, salud, educación, obra pública, producción alimentaria…
Pero no fueron unidos en todo el país.
-Unidos habríamos ganado varias gubernaturas más, San Lázaro y prácticamente toda la Ciudad de México -me dijeron, en frase coincidente y diálogo separado, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano.
Por eso, planteó Alito, es necesaria la alianza total en 2024.
Pero no lo hicieron en las seis elecciones estatales del 2022, no hay buenas señales para el futuro.
Ni siquiera se ponen de acuerdo sobre los candidatos a gobernadores en Coahuila y el Estado de México… y del 2024 solamente hablan de la contienda presidencial.
No han escogido ni perfilan cuadros ganadores para gobernadores, senadores y diputados, única forma de contener la elección de Estado y alcanzar mayoría legislativa.
Y de contener el poder unipersonal si hay prolongación de mandato -sospecha cada día más intensa- o perpetuarse en Palacio Nacional con un@ incondicional.
Maximato puro.
PODER CRIMINAL vs. INE
El Gobierno y su partido ejercen un “poder criminal e ilegal” contra el INE, acusa Alejandro Moreno en víspera de entrar al debate de la reforma antidemocrática.
El dirigente priista difundió una colaboración reproducida en el portal de Teléfono Rojo y en la parte sustancial destaca:
“¿Cuántas instituciones públicas ha logrado crear el actual Gobierno? Ninguna… Entonces, ¿por qué confiar en quien sólo ha mostrado capacidad para destruir, empobrecer y calumniar?
“El PRI no votará a favor de sustituir al INE por un dogma de fe, tal y como lo propone el partido en el poder, el mismo que dijo que acabaría con la corrupción y que hoy ha hecho que México esté peor que nunca.
“Nuestro sistema electoral funciona y funciona bien porque acata el mandato popular. Los retos deben ser blindarlo frente al poder criminal y la ilegal influencia del gobierno, variables que se hicieron presentes en las elecciones intermedias de 2021”.
Palabra empeñada. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 3)
La utilización de las Fuerzas Armadas para combatir el crimen organizado derivado del narcotráfico comienza a ser permanente ante el desbordamiento del poder criminal y el agotamiento del modelo de contención policiaca.
En El Salvador, el presidente Bukele rompió las reglas del control de la fuerza para combatir el activismo criminal del grupo de los Maras, quienes, por cierto, se está consolidando como un grupo poderoso en Estados Unidos.
En Ecuador, el presidente Lasso -de origen bancario- tomó al toro por los cuernos y lanzó a las Fuerzas Armadas contra los grupos aliados al llamado -en ese país- “cártel de las cuatro letras”, el mexicano CJNG, cuyo nombre está prohibido de imprimir en periódicos y revistas.
En Brasil, donde las zonas francas criminales están fragmentando la soberanía territorial del Estado, también las Fuerzas Armadas han realizado drásticos operativos en contra de las bandas delictivas, con tal fuerza que se han violentado de manera grave los derechos humanos, pero con justificaciones de que no hay forma diferente para contener la violencia criminal.
En Venezuela, como producto de la crisis económica y la falta de empleo, bandas de delincuentes se fueron apoderando de algunas de las zonas residenciales más importantes hasta que las Fuerzas Armadas tomaron la decisión de atacarlas para recuperar la soberanía del Estado.
En México, en diciembre de 2006, se tomó la decisión, por razones de crisis de seguridad interior, de lanzar a las Fuerzas Armadas como nuevo dique de contención contra el avance de los cárteles criminales en el posicionamiento territorial. La actual Guardia Nacional ha sido adscrita a la Secretaría de la Defensa Nacional como para construir un sólido escudo unitario contra la delincuencia.
En conclusión, las Fuerzas Armadas son la última línea de defensa contra el crimen organizado.
Zona Zero
El común denominador del fortalecimiento del crimen organizado en países de América Latina tiene que ver con el tráfico de drogas y la parte más importante señala que habrá producción y trasiego de éstas, mientras existan entre 30 millones de adictos permanentes en Estados Unidos y otros 30 millones de consumidores frecuentes. Y el tema se complica por la decisión estadounidense de no combatir el consumo de drogas, sino solo atender adicciones. Así que habrá narcotráfico por mucho tiempo. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 12)
El tráfico de armas de Estados Unidos a México, que es ampliamente reconocido como la fuente de los arsenales de los cárteles, es una crisis de proporciones extraordinarias, dicen los abogados que contrató el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El Gobierno de México demandó en Estados Unidos a Diamondback Shooting Sports, SNG Tactical, The Hub, Ammo AZ y Sprague´s Sports, en octubre de este año.
“Los demandados en esta demanda civil son traficantes de armas de Arizona que sistemáticamente participan en el tráfico de armas y municiones de estilo militar para los cárteles de la droga en México”, dice la demanda. “Los acusados saben o deberían saber que sus prácticas comerciales imprudentes e ilegales, incluidas las ventas falsas y las ventas repetidas y al por mayor de armas de estilo militar, suministran a delincuentes peligrosos en México y Estados Unidos”.
Hace poco le contábamos en este espacio que incluso el narco mexicano Rafael Caro Quintero servía como mercadotecnia o embajador de 5.11 Tactical. Corría el sexenio de Enrique Peña Nieto cuando el “Narco de Narcos” fue filmado mientras vestía con sencillez, eso sí, mientras portaba sin preocupación una gorra de la firma estadounidense, que es una de las principales marcas con las que se ha abastecido de equipo táctico a gran parte de las fuerzas de seguridad de los tres niveles de gobierno de nuestro país. De esta manera, le contábamos que 5.11 Tactical se posicionaba en el mercado como favorita de autoridades y del narco por igual.
Las empresas de Arizona que son demandadas por el gobierno mexicano también utilizan redes sociales y talleres para vender más armamento, mientras que nadie parece indicarles que están generando con sus ventas masacres en el país del sur.
“La violencia actual de los cárteles en México, alimentada por armas de asalto suministradas por traficantes sin escrúpulos de estados fronterizos como los Demandados, es el segundo conflicto más mortífero del mundo en este siglo”, dice la demanda. “Con 28 personas por cada 100 mil asesinadas cada año, la tasa de homicidios de México es más de cuatro veces y media el promedio mundial”.
Recuerdan los abogados que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha reconocido durante mucho tiempo que el “corredor de Tucson” —Tucson, Arizona, a Nogales, México— es uno de los tres corredores de contrabando de armas más grandes de esa nación. Un análisis de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de los EU (ATF) mostró que el condado de Maricopa era una de las dos fuentes más grandes de armas de fuego recuperadas en México, con el condado de Pima no muy lejos. Reveló que de las 26 mil 860 armas de fuego recuperadas en escenas del crimen en México entre 2014 y 2018 que se rastrearon hasta una compra inicial en los EU, cuatro mil 444 de ellas se siguieron hasta Arizona.
“Arizona tiene una cantidad extremadamente grande de traficantes de armas, ya que sus traficantes abastecen no solo a los propietarios de armas de Arizona, sino también a los traficantes ilegales de armas y delincuentes en México. Con una población de sólo 7 millones 276 mil 316, Arizona alberga casi mil 500 concesionarios de armas”, dicen los abogados de México. “Entre esta abundancia de comerciantes y traficantes de armas, los Demandados aquí se encuentran entre los peores delincuentes al participar en el tráfico de armas hacia México. Son una fuente confiable de armas para los traficantes y testaferros, que se desviven por visitar las tiendas de los Demandados”. (Hiroshi Takahashi, El Sol de México, República, p. 5)