Alito, a guardar las maletas
Yazmín Eréndira Ruiz Ruiz, titular del Juzgado Décimo Sexto de Distrito de Amparo en Materia Penal, le negó la suspensión definitiva a Alito Moreno contra la emisión de la alerta migratoria que tiene en su contra. La juzgadora mantuvo su criterio, después de ya haber rechazado la suspensión provisional. Será mejor que el mandatario priista no viaje tanto, si no que quiere que lo vuelvan a detener “de manera arbitraria” como lo hicieron después de su viaje a Europa.
Ganándose su embajada
Quien se subió a la defensa de las marchas fue Alejandro Murat, gobernador agonizante en Oaxaca, pues permiten “generar debate y reflexión” sobre lo que quieren los mexicanos. Así lo comentó ayer tras una reunión de seguimiento al tema migratorio con el Presidente. (El Financiero, Nacional, p.49)
Donald Trump está nuevamente en campaña presidencial para librarse de la cárcel. Tal vez logre esto último, pero no volverá a ser presidente de Estados Unidos.
Luchará con todo para hacerse de la candidatura republicana, aunque pierda, porque en este tipo de personajes su ego es más importante que su partido y que la nación.
Tres apuntes que nos adelantan su derrota –si logra ser el candidato presidencial– van a continuación.
1.- The New York Times publicó el miércoles un editorial institucional titulado Enough (Suficiente, Basta), que sintetiza las razones del rechazo de los electores a los principales candidatos auspiciados por Trump en la elección del martes 8.
“Aviva el racismo”. Ciertamente Estados Unidos tiene un problema de inmigración desordenada que entra por la frontera sur, que necesita ordenar, pero agitar la llama del odio contra los no blancos (especialmente hacia mexicanos) no cabe en un país pluriétnico, con gente pensante, a estas alturas del siglo 21.
“Pone sus intereses personales sobre el interés nacional”.
“Desprecia a la ley”.
“Abusos flagrantes del poder presidencial.
“Dañó gravemente la democracia estadounidense”.
“Mentiras descaradas, insultos, provocaciones”.
No se puede difamar, mentir, odiar, transgredir las leyes, dividir, dañar a las instituciones independientes, erosionar la democracia y subordinar el interés nacional a su ego sin que haya consecuencias.
2.- Republicanos y demócratas son fuerzas políticas relativamente equilibradas, por lo que el resultado de las elecciones lo definen los independientes. Y los independientes no compran el discurso polarizador del trumpismo.
El Laboratorio de Investigación de la Polarización, integrado por académicos de tres grandes universidades, sostuvo entrevistas con 13 mil votantes en las semanas previas a estas elecciones.
Y la respuesta fue que los electores independientes se oponen a los retrocesos democráticos.
Eso, concluyen, se reflejó en las urnas. En los estados de competencia reñida, los independientes votaron mayoritariamente contra los candidatos de Trump.
En Arizona apoyaron al candidato demócrata al Senado en una proporción de 57-39.
Pensilvania: votaron 58-38 en favor del candidato demócrata. New Hampshire, lo mismo: 54-43. Etcétera.
Igual comportamiento tuvieron los votantes independientes en las elecciones de gobernador. Se alejaron de los candidatos apoyados por Trump.
En Michigan, por ejemplo, la candidata a gobernadora Tudor Nixon, ultratrumpista, estuvo ocho puntos debajo de la votación promedio de un candidato republicano a ese cargo. La demócrata Gretchen Whitmer la derrotó con una ventaja de dos dígitos.
¿Por qué? Por el sufragio de los independientes.
Dos tercios de ellos califican negativamente la gestión económica de Biden, pero antes que nada defienden su democracia.
3.- Trump pierde su encanto entre los republicanos.
Fox News no transmitió completo su discurso de lanzamiento de candidatura este martes en Mar-a-Lago. CNN también pasó sólo una parte. Las cadenas ABC, NBC y CBS no interrumpieron su programación habitual para ir al discurso de Trump. Fue nota donde debía ser: en los noticiarios.
La vocera de Trump, Liz Harrington, acusó “censura” y arremetió contra los medios: “No quieren que el pueblo estadounidense escuche directamente al líder más grande del momento político más grandioso de nuestra historia”.
Mick Mulvaney, director de la Oficina de Administración y Presupuesto en el mandato de Trump: “Donald es el único candidato republicano que puede perder en 2024″.
Alysa Farah, directora de Comunicaciones en su gobierno: “Trump es totalmente incapaz de volver a ocupar un cargo”.
Sarah Matthews, secretaria adjunta de prensa de la Casa Blanca con Trump: “Este es uno de los discursos menos inspiradores y de menor energía que le he escuchado a Trump. Incluso los asistentes parecían aburridos”.
Laura Ingraham, de Fox News, (ex) trumpista acérrima: “Si los votantes concluyen que estás anteponiendo tu propio ego o los rencores a lo que conviene al país, buscarán en otra parte”.
Otro comunicador trumpista recalcitrante, Kurt Schlister, escribió: “Trump presenta problemas y debemos enfrentarlos. No le debemos nada a Trump, es un político”.
Senador Kevin Cramer, de Dakota del Norte, que llegó al cargo en 2018 con el apoyo de Trump, dijo sobre el discurso de su mentor: “No escuché una sola palabra. Espero que muchas personas entren (en la carrera por la candidatura presidencial). Tenemos opciones”.
Mitt Romney, senador por Utah y excandidato presidencial republicano: “Si queremos empezar a ganar, necesitamos un nuevo líder”.
Jebb Bush, exgobernador de Florida: “Fue un discurso carente de energía”. Y le puso un apodo: “Sleepy Donnie”.
Su periódico por excelencia, el New York Post, un día lo ridiculizó en portada y al siguiente publicó una foto de Ron DeSantis a toda primera plana, con la leyenda: DeFuture.
Mitch McConnell, el líder la bancada republicana en el Senado, a quien Trump llama “traidor” e intentó deponer, fue reelecto por sus compañeros de partido.
Y así, candidatos derrotados (como el gobernador de Maryland, entre otros) culparon a Trump por los malos resultados electorales.
Así es que, en lo dicho: Trump podría llegar a alcanzar la candidatura republicana y librar la cárcel, pero está acabado: no volverá a ser presidente de Estados Unidos.
Los electores dijeron basta. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p.50)
Aguascalientes, accidentes y sospechas
DE TURQUÍA A MÉXICO
La semana pasada, un importante operativo del Ejército mexicano con autoridades de la Fiscalía General de la República logró la detención de una célula criminal, encabezada por un sujeto al que se identificó como Pancho, que se especializaba en el tráfico de personas.
Muchas veces hemos insistido en que esa actividad hace ya mucho tiempo que no es llevada a cabo por simples polleros, que es el crimen organizado el que se ha hecho cargo de ella, convirtiéndola, además, en mucho más sofisticada, redituable y también más peligrosa, para los migrantes, sus familias y para el propio Estado.
La célula desmantelada lo demuestra. No movía gente de la frontera sur a la norte, sino de Turquía y otros países, pasando por centro y Sudamérica, y conseguía incluso documentación falsa para ingresos aéreos y el tráfico de esos migrantes de distintos orígenes, algunos tan lejanos como India y Nepal, en la frontera norte.
Estamos hablando de extensas organizaciones internacionales que combinan, como es cada día más frecuente, diversas actividades criminales, pero en las cuales el tráfico de personas, de drogas y armas son de las más redituables. Una vez más, ésas son las organizaciones que se deben desmantelar y, en el caso de los fenómenos migratorios, debemos ser conscientes de que ésa es una parte fundamental de su dinámica.
Ningún país puede tener abiertas sus fronteras sin tener, al mismo tiempo, un control de quién entra y quién sale por ellas, con una perspectiva de seguridad pública, pero también nacional. El golpe dado por el Ejército a la célula de traficantes de gente es un buen paso en la dirección correcta, pero debemos asumir que es eso, un paso frente a un fenómeno que rebasa en mucho la dimensión pública que se le quiere dar. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p.10)
La falta de una agenda estratégica del presidente Joseph Biden hacia México, el Gobierno dividido en Estados Unidos por la victoria republicana en la Cámara de Representantes y el estilo atrabancado del expresidente Donald Trump para meterse en la elección presidencial estadounidense de 2024, son factores políticos que se han colado en el proceso mexicano de sucesión presidencial.
En las próximas semanas, el Gobierno de Biden va a demostrar si ha aprendido estrategias de seguridad nacional: la decisión de permitir los paneles que castiguen a México con decisiones arancelarias costosas que afectarían el deteriorado nivel de crecimiento económico o sacrificar a empresas estadounidenses perdonando a México la violación de compromisos del Tratado para evitar un deterioro en el PIB mexicano que repercuta en un aumento en la migración hacia EU.
Por lo pronto, el expresidente Trump ya comenzó a poner a México en el centro de su discurso electoral y fijará los criterios republicanos de convertir a la migración y el problema asociado de narcotráfico en las campañas presidenciales americanas del 2024.
El factor estadounidense no solo estará presente en la sucesión mexicana por los discursos estridentes de Trump, sino por el deterioro de la crisis migratoria que no ha podido ser definido ni encarado por la Casa Blanca y que ahora se ilustra, como han mostrado fotografías recientes, con tiendas de campaña levantadas a la orilla del río Bravo con venezolanos a la espera de poder ingresar de manera legal o hasta ilegal a territorio americano.
Las últimas elecciones legislativas en Estados Unidos mostraron indicios de que la comunidad hispana ha decidido abandonar a los demócratas y ha buscado apoyos en el lado republicano y este realineamiento tendrá efecto en la sucesión presidencial mexicana. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Política, p.5)
Como señal de las complicaciones que aguardan en la relación entre Estados Unidos y México, bien podrían señalarse las dificultades en la conexión entre Texas y el gobierno federal estadounidense sin contar, por supuesto, el micromanejo del contacto entre ese estado y nuestro país.
Recientemente, el gobernador de Texas, Greg Abbott, hizo saber que en su opinión, los problemas migratorios en la frontera con México son el equivalente de una “invasión” que justificaría la militarización.
Abbott anunció el martes por Twitter una serie de medidas, incluido el despliegue de “barcos cañoneros” en el Río Grande y la declaración de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, invocando “las cláusulas de invasión de las constituciones de Estados Unidos y Texas”.
Ese mismo día, México giró instrucciones para que sus consulados en ese estado estén atentos a problemas y violaciones de derechos de los migrantes mexicanos, para subrayar que esa cuestión se trata a nivel de gobiernos federales.
Pero Texas suele conducirse por su cuenta, en este caso, se pone a la sombra del gobierno estadounidense mientras lanza patadas para subrayar su independencia.
Y ese es el sentido de la carta que enviaron seis diputados demócratas de Texas al gobierno de EU.
“Como miembros del Congreso que representan al gran estado de Texas, estamos profundamente preocupados por los recientes comentarios hechos por el gobernador de Texas, que sugieren que ha invocado las autoridades de invasión bajo la Constitución de EU para justificar el uso de recursos estatales para militarizar aún más nuestra frontera sur”, apuntaron los firmantes en la carta organizada por la representante Sylvia García.
“Escribimos para instar al Departamento de Estado y al Departamento de Seguridad Nacional del país a que intervengan en los esfuerzos en curso del gobernador de Texas para usurpar el poder del gobierno federal para administrar las relaciones internacionales y la ley de inmigración”, agregaron.
El problema es más complicado porque México y Texas comparten una frontera de casi dos mil kilómetros de largo y con más de dos docenas de pasos que, de hecho, absorben la mitad del intercambio comercial entre Estados Unidos y nuestro país.
Texas tiene casi 30 millones de habitantes y se estima que casi 40.2 por ciento de su población es de origen latino, principalmente mexicano, y unas cuantas décimas de punto mayor que el porcentaje de población de origen anglosajón, que se estima en 39.8 por ciento.
Abbott ya ha tomado antes medidas presuntamente para controlar la frontera con México, incluso el inicio de la construcción de un muro fronterizo financiado por suscripción privada.
Puede afirmarse que el gobernador republicano busca más bien molestar a la administración de Joe Biden y atacar a los demócratas, en específico, que sólo liberar a su nostálgico apartheid que lleva dentro. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.32)
‘Está muy viejo’. ‘No tiene carisma’. ‘Es muy aburrido’. ‘No está en sintonía con los electores’. Ni propios ni extraños le concedían mucho mérito al presidente demócrata y vaticinaban una ola roja que podía ir de paliza hasta masacre.
Joe Biden, quien fue Senador por 36 años (1973-2009) y después condujo al Senado por 8 años más en su papel de vicepresidente (2009-2017), logró el mejor resultado para su partido en una elección intermedia en 60 años, desde el presidente Kennedy.
Los demócratas retuvieron el control del Senado, se quedaron con gubernaturas clave y perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes por apenas 10 u 11 legisladores, y no 30 o más, como pronosticaban sus detractores. La disputa de los republicanos se mueve ahora a definir su liderazgo en la cámara baja, y a pelear un escaño en el Senado en Georgia, en segunda vuelta.
Biden es el gran ganador y Donald Trump el gran perdedor de la elección. Aunque sus nombres no estaban en las boletas, ambos gravitaron de manera muy importante: el demócrata con acciones de gobierno en favor de las familias y de los trabajadores, mientras que los candidatos negacionistas apoyados por Trump tuvieron un desempeño muy pobre, por debajo de los candidatos republicanos tradicionales.
La senadora Elizabeth Warren señala que los electores recompensaron a Biden y a los candidatos demócratas por sus políticas públicas acertadas (https://nyti.ms/3Ocy35X):
Warren concluye: ‘cuando peleamos en favor de las familias trabajadoras, nosotros ganamos’.
En suma, Biden le apostó a la defensa de la democracia y debilitó a la corriente trumpista, cuyo líder deberá además defenderse de problemas legales que él mismo generó. Sin embargo, en una nueva fuga hacia adelante, Trump ya anunció que contenderá y no debe ser subestimado en su propósito de provocar una crisis constitucional en 2024.
Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, ha abierto el paso a la renovación generacional del liderazgo demócrata. Biden tendrá que jugar su baraja inteligentemente con el mismo propósito.
Esta vez, contra lo esperado, ganaron el sentido común y el sentido de la civilidad. Después de esta elección, muchos estadounidenses aprendieron en carne propia que la democracia no es irreversible y que les toca defenderla todos los días. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p.19)