Opinión Migración 261122

Frentes Políticos

Daño colateral. Sí, viste mucho como país ser solidario con los demás; sí, es humanista el permear las fronteras a voluntad para que ingresen flujos “controlados” de migrantes, y eso nos coloca como grandes defensores de los derechos humanos; sí, pero los huecos en la zona fronteriza son tantos que el problema se desborda. Y se comienza a sentir: ante los gastos extras que ha tenido el gobierno municipal de San Pedro Tapanatepec, Oaxaca, por la llegada de más de 300 mil migrantes de distintas nacionalidades de julio a la fecha, se generó un colapso financiero en el erario, que lo ha llevado a la quiebra. Ya le pegó a la entidad gobernada por Alejandro Murat. ¿Cómo evitar el contagio territorial? (Excélsior, Nacional, p.17)

Serpientes y Escaleras / El ya no tan amigo Ken

El embajador de los Estados Unidos en México, Ken Salazar, pasó de ser totalmente cercano a Palacio Nacional, a donde acudía al menos una vez por semana para ser recibido personalmente por el presidente López Obrador, a mantener una relación diplomática buena y que sigue siendo prioritaria, pero ya no tan cercana al mandatario mexicano, quien ya no lo recibe con la frecuencia con la que lo hacía antes y le ha puesto una cierta distancia en la que ya no hay tanto contacto personal y se limita a los temas prioritarios de la relación bilateral entre los dos países.

Y es que, según confirman fuentes del Palacio Nacional, desde hace al menos dos meses el embajador Salazar dejó de recibir las invitaciones de cada miércoles para desayunar en Palacio con el Presidente mexicano, a quien veía cada semana para revisar los temas de la agenda diplomática con Estados Unidos, pero también para convivir e intercambiar puntos de vista sobre otros asuntos. Hubo semanas en las que, además del acostumbrado desayuno de los miércoles, el diplomático estadounidense iba hasta tres o cuatro veces al despacho presidencial, recibiendo un trato que ningún otro embajador de Washington había recibido por un Presidente mexicano.

La relación entre López Obrador y Ken Salazar llegó a ser tan cercana, que en los corrillos políticos de Washington, primero, y luego en la poderosa prensa estadounidense, se llegó a cuestionar en columnas y editoriales de diarios como el New York Times o el Washington Post, si el embajador oriundo de Colorado y con ascendencia hispana representaba los intereses de la administración Biden o los de la llamada 4T mexicana.

Los comentarios y críticas periodísticas arreciaron en febrero de este año, cuando el representante de Washington declaró en la Cámara de Diputados que la reforma energética de López Obrador “es necesaria” y que el Presidente mexicano “tiene razón al decir vamos a hacer cambios en beneficio del pueblo” por lo que pidió “entender las razones de él” en el proceso de cambios constitucionales al sector energético que se discutía en aquellas fechas en el Congreso mexicano.

Fueron tan fuertes las reacciones en la prensa de Estados Unidos a esa declaración de su embajador en México, que incluso ocasionaron una llamada del secretario de Estado, Anthony Blinken a Salazar para que moderara sus comentarios a la prensa mexicana y que no causara confusiones sobre cuáles eran los intereses que representaba en su labor diplomática.

Al final, terminó siendo ese mismo tema, el energético, en el que Ken Salazar siempre se defendió diciendo que su cercanía con López Obrador le ayudaba a defender a las empresas estadounidenses y sus intereses ante el gobierno mexicano, el que terminó causando el enfriamiento de la relación personal entre el diplomático de Washington y el inquilino del Palacio Nacional.

A partir del mes de agosto, cuando iniciaron las consultas formales entre México y Estados Unidos, para discutir la política energética de López Obrador y las afectaciones que, según la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), inhibe la libre competencia en el sector energético mexicano y afecta los intereses de sus empresas e inversionistas al privilegiar a la CFE y a Pemex, la molestia del Presidente mexicano se hizo cada vez más evidente con sus comentarios y declaraciones sobre la queja estadounidense, sobre que el presidente Biden no le dijo nada de esas quejas durante su visita en julio a la Casa Blanca, y principalmente sobre el “tono soberbio y altanero” de la representante comercial de Estados Unidos, la embajadora Katherine Tai.

Fue en ese contexto del enojo evidente y público de AMLO por la queja contra su política energética que dejaron de llegar las invitaciones a los desayunos de los miércoles a las oficinas del embajador estadounidense. La notoria y comentada cercanía del “amigo Ken”, como se referían en Palacio Nacional al diplomático de la texana, ya no se ha visto desde entonces y, aunque Salazar sigue teniendo una muy buena relación diplomática e institucional con el Presidente y una comunicación fluida por las vías institucionales, el contacto y la atención personalísima que llegó a brindarle López Obrador ya no son las mismas.

Una señal de ese cambio ocurrió el pasado 10 de octubre, cuando desde su conferencia mañanera, el presidente López Obrador desautorizó un plan de ayuda en materia de seguridad que el embajador Ken Salazar había ofrecido y acordado con el gobernador de Zacatecas, David Monreal, para que agencias estadounidenses como la DEA y el FBI ayudaran con información de inteligencia para combatir al narcotráfico en el territorio zacatecano y colaborar así a disminuir los altos niveles de violencia que padece ese estado”.

“En la Constitución está expresamente prohibido que los estados no pueden, en ningún caso, celebrar alianza, tratado o coalición con otro Estado ni con las potencias extranjeras”, dijo el Presidente quien aclaró que su gobierno le tiene confianza al embajador Ken Salazar, “pero la política exterior le corresponde al Ejecutivo Federal”.

Así que Ken Salazar sigue y seguirá siendo el diplomático extranjero más importante para el gobierno mexicano y seguirán sin duda hablando con él y discutiendo y negociando los temas de la compleja relación bilateral; pero la cercanía y el contacto personal que llegó a tener el diplomático con el despacho presidencial definitivamente cambiaron por una relación más institucional. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p.13)

En desacuerdo con el jefe

Lo primero que te llama la atención de Mike Pence es su amabilidad. El ex vicepresidente entró al cuarto de hotel donde íbamos a realizar la entrevista de televisión saludando a todos los camarógrafos y productores. Lo sorprendente es que alguien que trabajó con uno de los presidentes más rudos, mentirosos y groseros de la historia -Donald Trump- sea tan distinto a él.

¿Cómo trabajaron juntos por cuatro años? ¿Qué hacía cuando no estaba de acuerdo con el jefe? ¿Cuál era su papel como vicepresidente: apoyarlo con absoluta lealtad o cuestionar sus decisiones?

Mike Pence está promoviendo el único libro que ha escrito. Se llama So Help Me God (Que Dios me ayude) y en él narra su larga carrera política como congresista, gobernador de Indiana y luego vicepresidente. Pero el libro está lleno de anécdotas personales, de su conversión religiosa y de su muy pública pelea con Donald Trump luego de las elecciones presidenciales de noviembre del 2020. Pence cuenta cómo Trump lo presionó, en público y en privado, durante semanas para rechazar los resultados oficiales de las votaciones.

Pero Pence no cedió.

“El presidente Trump estaba equivocado”, escribió, “yo no tenía el derecho de anular la elección”. De hecho Trump perdió la elección por más de siete millones de votos. Pero eso nunca lo ha reconocido. Este importantísimo desacuerdo alejó a Pence de quien por años consideró su amigo.

Y luego Trump lo puso en peligro.

El 6 de enero del 2021 una turba, incitada por un discurso de Trump, se lanzó violentamente contra el Capitolio, invadiéndolo y destruyendo muchas áreas. Varias personas murieron. Algunos de los participantes en la insurrección iban gritando que querían “ahorcar” al vicepresidente. “Me mostraron un tuit que el Presidente había enviado diciendo que yo no tenía valor”, me dijo Pence durante la entrevista. “Las palabras y acciones del Presidente pusieron en peligro a mi familia y a todas las personas en el Capitolio”.

Pence y Trump no se hablan estos días.

“Yo siempre fui leal al presidente Donald Trump”, me explicó, sin entrar en detalles. “Y como cuento en mi libro, había veces en que teníamos diferencias de opinión, pero se las expresaba a él en privado. Creo que ese es el trabajo del vicepresidente de Estados Unidos: ser leal al Presidente excepto cuando interviene una lealtad mayor hacia Dios o a la Constitución”.

Su respuesta clarifica esa complicada relación entre un Presidente y un vicepresidente. Es, a veces, un pacto con el diablo.

Durante casi cuatro años, Pence nunca rompió con Trump. Solo lo hizo hasta el final de su Presidencia. Pero hubo muchos momentos en donde hubiera sido muy útil y sanador para el país escuchar su voz. No solo cuando separaron a miles de niños inmigrantes de sus padres, sino también cuando había que condenar el racismo.

“No puedo responder por las opiniones de otras personas”, me dijo Pence en la entrevista. “El Presidente tenía un estilo muy áspero y su retórica era muy distinta a la manera en que yo hablo. Somos hombres diferentes”.

Exacto. Pence y Trump son seres humanos muy distintos. Por eso es tan dificil imaginar cómo y por qué el ex vicepresidente soportó el trato y las palabras del Presidente por tanto tiempo.

Cuando le pregunté, antes de irse, si estaba considerando seriamente lanzarse como candidato a la Presidencia -y potencialmente enfrentarse a Trump por la nominación del Partido Republicano- no me contestó pero me dijo que sería una decisión familiar. “Somos una familia que cree en la oración”, comentó. “Y te prometo que te mantendré informado”.

Posdata en marcha. Con la marcha de mañana, el presidente López Obrador pretende llenar todo el Zócalo. Es un juego un poco infantil. Quiere demostrar su popularidad y que es más fuerte que la oposición. Pero lo que yo traigo en la cabeza son cifras y datos. Hace poco, en una mañanera, el Presidente dijo que el Zócalo se llenaba con 125 mil personas. Y en lo que va de su sexenio ya han sido asesinados más de 131 mil mexicanos. Es decir, toda la plaza central del país se podría llenar con los homicidios dolosos en este gobierno. Sería una imagen salida de Bardo, la nueva película de González Iñárritu. Pero, tristemente, es parte de nuestra brutal realidad. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

De Libertad y responsabilidad / Mundial: sociedad y política

Calles vacías, televisiones a todo volumen, el murmullo, el grito, fue el sonido de fondo que se escuchó en restaurantes, escuelas, plazas, salas, oficinas, en el primer partido del Mundial de Catar 2022 y es que, de acuerdo al Centro de opinión pública de la UVM, después de los desastres naturales, entre los mexicanos, la selección nacional de futbol provoca el mayor sentimiento de unidad nacional para 9 de cada 10.

Y es que cuando Lewandowski estaba poniendo la pelota en el manchón penal, salió “la oración” desde el corazón de todo México, el guante de Paco Memo Ochoa, traía la carga de toda una nación, desde el estadio en Catar hasta la vivienda más humilde del país. La etnografía digital de los niños en las escuelas y universidades de todos los estratos sociales, en las calles, en las oficinas, y hasta con la abuelita rezando por “el milagro”, es el retrato social que se observó de norte a sur y más allá de las fronteras; esto se explica porque después de los días de la Independencia, de Muertos, de la Madre, de la Revolución, la celebración de triunfos deportivos es lo que más unidad genera (UVM).

Tras el guante salvador de Paco Memo, y el grito eufórico de millones de mexicanos, aparecieron los memes en distintas plataformas digitales, que como señalan Jacob Bañuelos y Branko Pérez del ITESM, retratan imaginarios sociales mexicanos, en los que se incluye la religión (quién no vio el meme de San Paco Memo), personajes populares, sexismo e incluso racismo, llegando a ser un “sistema de representación de realidad” como apunta Juan Villoro.

Para Villoro, el futbol se ha convertido en un elemento crucial en el día a día mexicano, que incluso llega a expresiones verbalizadas popularmente como: el tradicional “me quedé fuera de lugar” o “me metí autogol”, e incluye también una simbología propia.

Algo de esto se recoge en los Ensayos sobre fútbol y nación en América Latina, de FLACSO, de Roger Magazine, Sergio Varela y Miguel Ángel González; su estudio sugiere que la selección nacional representa para los mexicanos una oportunidad de enaltecer a la nación, pero también para evaluar y criticar al propio país; constituyéndose en una oportunidad de avance hacia una nación exitosa y competitiva internacionalmente, de ese tamaño es el Mundial.

Este estudio muestra que incluso entre quienes no se declaran aficionados al futbol, el Mundial es un evento que resulta atractivo, y que “nos representa a nivel internacional”. Encuentra además que en la selección se palpan símbolos de mexicanidad considerados tanto positivos como negativos, que abarcan el estilo de celebración de los jugadores, su lucha y trabajo duro a pesar de las probabilidades y condiciones desfavorables en contra, la resistencia a la autoridad con “ingenio” o “maña”, el egoísmo ante metas colectivas, así como el conformismo y la “falta de mentalidad” para alcanzar la grandeza, esto último que se traduce en ocasiones, en una auto-representación negativa conocida como “malinchismo”.

Es decir, la propia selección representa un dilema cultural mexicano que se mezcla intensamente. Por un lado, el de lo heroico, los grandes personajes, la fiesta, la convivencia, y por el otro la apatía y la falta de mentalidad ganadora. Hay también una relación con el humor, que se puede observar en los chistes donde los mexicanos derrotan a “los gringos” y a los europeos a través de maña, es decir, lo inferior o vergonzoso, se puede trasladar incluso al humor.

Esta identidad se ve reflejada en “Al grito de Guerra” de León Krauze, en las entrevistas a los jugadores sobre la rivalidad futbolística entre México y Estados Unidos, algo que en sus propias palabras representa más que un solo partido, representa a los propios migrantes mexicanos frente a los “patrones” en Estados Unidos. O también en “Ilusión nacional” de Olallo Rubio, donde reconstruye derrotas y triunfos de la selección, y su impacto en el ánimo social, que se traducen en la ilusión nacional, que cae y se levanta, con el corazón en la mano.

La selección mexicana en el Mundial sobrepasa a cualquier figura política y también es más que sólo futbol, es un reflejo identitario. Hay una temperatura muy característica en estos días y es que a pesar de que el equipo no trae los momios ganadores en la opinión de la gente (Mitofsky), el apoyo es contundente. Para el mexicano, religiosamente “hay que apoyar”; algunos actores políticos se han replegado estratégicamente, o navegado con la corriente mundialista, en este sentido, el Presidente debe aprender que México no gira en torno a él; este fin de semana ha convocado a una marcha en su apoyo, en un ambiente social en que él no es figura central. La maquinaria del Gobierno va a echar toda la carne al asador, seguramente atascará su marcha; pero para el domingo, la unidad, el cántico y la ola nacional de este sábado los habrá rebasado, sea cual sea el resultado. (Rafael Solano, La Razón, La 2, p.2)