Opinión Migración 121222

Kamala Harris se queda sin trabajo

La vicepresidente de Estados Unidos más impopular que se recuerde, Kamala Harris, a partir de enero se quedará sin la única función relevante que ha desempeñado en dos años de gestión: emitir su voto de desempate en el Senado.

Con el triunfo del demócrata Raphael Warnock en la segunda vuelta de las elecciones para senador en Georgia, la nueva composición de la Cámara alta queda en 51 senadores para los demócratas y 49 para republicanos.

Hasta ahora se encuentra dividida 50-50, lo que hacía necesario el voto de la vicepresidenta Harris para romper el empate. Ya no será necesario.

La vicepresidenta ha estado perdida durante meses, aunque reapareció pocos días antes de las elecciones con Hillary Clinton y otros miembros prominentes de la plana mayor demócrata, para defender a los candidatos vulnerables.

Es la candidata natural del Partido Demócrata cuando termine el ciclo de Joe Biden en la Presidencia, y su jefe la mandó a la congeladora.

La única misión importante que le ha sido asignada hasta ahora es la frontera sur. Se acercó y regresó corriendo.

Cuando fue designada titular de la diplomacia migratoria para enfrentar el problema desde una perspectiva regional, estableciendo alianzas con México, El Salvador, Guatemala y Honduras, su equipo filtró que era una misión imposible, que parecía más destinada a verla fracasar que triunfar.

Vino a México y Guatemala, y no volvió a hablar del tema. Entendió que no hay manera de arreglar las cosas por las buenas mientras persistan gobiernos incompetentes que son expulsores de gente.

A los actuales gobernantes de la región, carentes de ideas para promover desarrollo, abatir la pobreza con empleos bien remunerados y disminuir la violencia criminal en sus respectivos países, les conviene que la gente emigre.

Para ellos, mientras más se vayan, mejor.

De esa manera llegan más remesas en dólares, producto del trabajo que los emigrados obtienen en Estados Unidos.

Así despresurizan los sistemas de salud y la demanda de servicios.

De tal manera que Kamala Harris recibió un encargo envenenado y se deslindó del manejo del tema migratorio en la frontera, que en efecto le correspondía al Departamento de Seguridad Nacional.

Para ser la primera vicepresidenta mujer, la primera de color y la primera de origen indio en llegar a la segunda oficina más importante del país más poderoso del planeta, es una triste paradoja que el presidente le haya asignado el papel de figura de ornato.

Y si quiere juego, la manda a la frontera sur.

La historia de Estados Unidos ha estado llena de vicepresidentes experimentados que, en la mayoría de los casos, han jugado papeles importantes como copilotos del comandante en jefe.

Joe Biden fue instrumental en las relaciones con el Congreso durante la era Obama. Richard Cheney, el vicepresidente de George W. Bush, tuvo un peso desmedido sobre la política exterior y la seguridad nacional. Albert Gore impulsó su propia agenda contra el cambio climático durante la era Clinton.

Harris, una experimentada abogada y ex fiscal general de California y exsenadora por ese estado, que desempeñó un papel combativo en la defensa de los derechos civiles en el Congreso, ha pasado con pena y sin gloria.

Un titular del New York Times del año pasado fue devastador:

¿Heredera aparente o idea de último momento? Las frustraciones de Kamala Harris:

“A los aliados de la vicepresidenta les preocupa cada vez más que el presidente Biden confió en ella para ganar, pero no la necesita para gobernar”.

“Sin un papel destacado en algunas de las decisiones más complejas que enfrenta la Casa Blanca, la vicepresidenta se encuentra atrapada entre las críticas de que se está quedando corta y el resentimiento entre los partidarios que sienten que la administración a la que sirve la está socavando. Y a sus aliados les preocupa cada vez más que, si bien Biden confió en ella para que lo ayudara a ganar la Casa Blanca, no la necesita para gobernar”.

La situación de la vicepresidenta no ha cambiado significativamente desde esa evaluación dolorosa.

Aunque sigue siendo la heredera natural de Biden, si éste no busca la Presidencia en 2024, su imagen de debilidad hará que otros demócratas prominentes se lancen a disputarle la nominación presidencial demócrata, y le ganen.

El gobernador de California derrocha dinero en promoción para su candidatura, y la popularidad de la gobernadora de Michigan crece.

Los demócratas, por lo visto, la dan por muerta. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 40)

Asilo político, pilar de la diplomacia mexicana

La destitución sumaria y atropellada del presidente constitucional de Perú, Pedro Castillo, luego de un proceso de erosión permanente desde el inicio de su mandato por las fuerzas políticas tradicionales y la élite económica de ese país, el establishment gobernante por décadas, ha puesto en la mesa de debate la pertinencia o no de que México le otorgue asilo político.

Ni siquiera es necesario profundizar en las razones, de un lado y de otro, que llevaron a un punto de quiebre para destituir a uno de los presidentes más alejados de los estamentos que secularmente se han rotado el poder en Perú: un profesor rural, un luchador social que venció a la derecha política y económica aglutinada en torno a Keiko Fujimori. El tema ahora es la posición de México frente al presidente defenestrado.

Como ocurriera en su momento con el presidente de Bolivia, Evo Morales, también despojado de su gobierno por la oligarquía local, a quien nuestro país otorgó el derecho a salvaguardar su vida en el territorio nacional, hoy nuevamente surgen voces en los medios digitales y en algunos espacios impresos que cuestionan la oportunidad de resguardar la integridad personal, y la de su familia, del ahora ex presidente peruano.

Frente a este debate, alentado por sectores de la derecha, es importante precisar, de entrada, que no se trataría del beneplácito de un gobierno en funciones, sino un acto del Estado mexicano, es decir, del cuerpo político-jurídico que encarna al país mismo.

El asilo político es una de las expresiones más representativas de la política exterior de México, una de las tradiciones que le dan sello e identidad a la relación de nuestro país con el mundo. Es una doctrina y un derecho, claramente establecidos en la máxima ley de los mexicanos, en su artículo 11:

Toda persona tiene derecho a buscar y recibir asilo. El reconocimiento de la condición de refugiado y el otorgamiento de asilo político se realizarán de conformidad con los tratados internacionales. La ley regulará sus procedencias y excepciones.

Esta política humanitaria y generosa del Estado mexicano no se ha circunscrito a la figura del asilo político, se ha patentizado en múltiples gestos de soberanía y dignidad nacional.

A continuación se citan sólo algunos de los casos más representativos de esa tradición diplomática, timbre de orgullo de México.

El presidente Lázaro Cárdenas concedió asilo político en los años 30 a miles de españoles perseguidos por el dictador Francisco Franco. Entonces como ahora, hubo protestas de la derecha conservadora por esta decisión del Estado mexicano.

En 1962, el presidente Adolfo López Mateos se mantuvo solidario con la soberanía cubana. México fue el único país en votar en contra de la expulsión de Cuba del seno de la OEA, en contra de los dictados continentales de Estados Unidos.

En los 70, el presidente Luis Echeverría otorgó asilo político a la esposa del ex presidente chileno Salvador Allende, Hortensia Bussi, así como a miembros de aquel gobierno socialista, luego del artero golpe de Estado de Augusto Pinochet.

Un dato ilustrativo y emblemático es que, en ese mismo sexenio, el ex presidente Héctor Cámpora, de Argentina, estuvo más de tres años asilado en la embajada de México en Buenos Aires, luego de que trataron de aprehenderlo. El asilo es un principio esencial de la historia diplomática de México.

En el sexenio posterior, el presidente José López Portillo otorgó su apoyo franco al presidente Omar Torrijos para restaurar la soberanía territorial sobre el Canal de Panamá, hasta su firma en 1977 con el presidente Jimmy Carter, por lo que el icónico Canal se recuperó en 1999.

En 1983, el gobierno del presidente Miguel de la Madrid impulsó la creación del Grupo Contadora, con Colombia, Panamá y Venezuela, un esfuerzo diplomático que paulatinamente derivó en una salida negociada y civilizada a los conflictos internos en Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

Durante el gobierno del presidente Carlos Salinas, en 1989 el Estado mexicano creó la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) para otorgar refugio a miles de centroamericanos que huían mientras la paz se restablecía en esa región.

En el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, México acompañó el proceso de pacificación en Colombia hasta la firma de paz, el 26 de septiembre de 2016, entre el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño Timochenko, líder de las FARC. A partir de ese proceso de pacificación pudo emerger, ya en la vida civil, el ahora presidente Gustavo Petro.

A propósito del asilo, a contraluz, debemos también tener presente que el presidente Benito Juárez recibió la hospitalidad de Estados Unidos cuando encabezaba la lucha por restaurar la República, frente a Maximiliano y los conservadores; ya en el siglo XX Porfirio Díaz fue acogido por Francia.

En suma, el asilo político ha sido una política de Estado y un eje rector de la política exterior mexicana, un derecho y una tradición diplomática en favor de la vida que todos debemos defender, más allá de las ideologías partidarias. (José Murat, La Jornada, Política, p. 18)

Sacapuntas

Relaciones México-EU

Nos hacen saber que el senador Chris Dodd, que se desempeña como asesor presidencial de EU para las Américas, se reunirá hoy con el presidente Andrés Manuel López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard, en privado, para después asistir a las celebraciones con motivo de los 200 años de las relaciones entre Estados Unidos y México, algo que es una prioridad para el gobierno de Joe Biden. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)

Los migrantes a la fuerza

Nadie deja su casa por placer. Se van con lo puesto. Sus almas ya están degradadas. Sus cuerpos desgastados. Son los inmigrantes a la fuerza. Muchos salen de Liberia, Nigeria o Burkina Faso, Guinea Conakry. Se trata de países depauperados. Los que salen, no tienen nada que perder porque ya han perdido todo salvo la vida. Muchos de sus familiares han muerto en esas guerras tribales que no tenían nada que ver con los asesinados inocentes.

Les falta perder la vida. Por eso, por esa fuerza de la inercia, por ese instinto de supervivencia comienzan a caminar a ninguna parte. Añaden kilómetros y kilómetros. Cada paso es un canto a la vida. Un metro más para poder sobrevivir.

Después de semanas, de meses, dejándose los pies en el asfalto o en la arena llegan al inconmensurable desierto del Sahara y entonces comienzan la segunda parte de esa peregrinación. Y cuando menos se lo esperan aparecen los tuaregs o los miembros tribales que escoltan el desierto. Les roban y en muchos casos los ajustician. Los que tienen más suerte son esclavizados. A muchos de ellos los vejan. Después de todo esto, algunos tienen suerte y escapan y continúan caminando por ese inmenso desierto.

Y en ese avance algunos han oído hablar de España y de Europa. Saben que allí está su “salvación”, lo que no saben es que hay un muro en forma de valla que separa Marruecos de España, África de Europa. Es una valla de casi cinco metros qué termina en largas concertinas. Son cuchillas que ajironan la piel y desgarran la carne.

Después está la guardia civil, si les arrestan les deportarán a sus países respectivos y entonces tendrían que volver a empezar de nuevo en un eterno retorno del que no habría salida. Pero se atreven y saltan porque una valla no les detiene. Europa, España, ese mundo desarrollado del que tanto nos jactamos, dicen que no pueden absorber a tantos inmigrantes.

Vienen de todos lados, de África, de Oriente Medio, del lejano Oriente o de América Latina. Si absorben a todos el sistema colapsaría o, al menos, eso es lo que dicen. Sin embargo, para eso están los sacrificios, porque ¿realmente no se puede o no se quiere? ¿Existe voluntad? (Alberto Peláez, 24 Horas, Mundo, p. 14)

Bicentenario de las relaciones México-EU parte I

Hoy se celebran 200 años de las relaciones diplomáticas entre México y EU. No es menor el dato, nuestro vecino fue el primer país en reconocernos como nación independiente, poco después lo haría el gobierno de Gran Bretaña. Para ponerlo en contexto, mientras que EU reconoce a México en 1822, el Vaticano lo hará hasta 1836, luego que España finalmente se dignara a hacerlo ese año.

Estos han sido dos siglos de encuentros y desencuentros. Por supuesto que en la doctrina nacionalista se recuerda la guerra de intervención americana de 1847, que terminó con el cercenamiento de la mitad de nuestro territorio. Mala combinación de factores: México era un desastre, sin un Ejército permanente, con una hacienda pública quebrada y una élite política dividida. EU tenía una clara visión de expansión.

Las intervenciones militares de EU hacia México no terminaron ahí, le siguieron la intervención del puerto de Veracruz, durante la Revolución, para evitar el acceso de armas para el gobierno de Victoriano Huerta, y luego la expedición punitiva del general John J. Pershing para atrapar a Francisco Villa.

Por otro lado, recordemos que EU ingresa a la Primera Guerra Mundial después que el gobierno británico descifrara el Telegrama Zimmerman, enviado por el gobierno alemán al presidente Venustiano Carranza para que México declara la guerra a EU, a fin de que éste no ingresara al conflicto en Europa.

Durante la Segunda Guerra Mundial se estrechó la relación militar al ser aliados frente a los países del Eje. En este conflicto se consolidó una alianza estratégica en tiempo de conflicto. Comenzó con el suministro de recursos petroleros y mineros exclusivamente para los aliados y no para la Alemania nazi. Continuó con la defensa conjunta del pacífico mexicano frente a la hipótesis de ataque japonés que lideró el general Lazaro Cárdenas, como secretario de la Defensa Nacional del presidente Manuel Ávila Camacho. También, EU propuso el programa bracero para recibir mano de obra mexicana y cubrir el déficit de estadounidenses que dejaron los campos para ir a la guerra. Finalmente, nuestro país participó del lado de EU con el Escuadrón 201 en la guerra del Pacífico.

Durante la Guerra Fría, México empezó su consolidación como potencia regional y buscó espacios de equilibrio para reducir la asimetría de poder en el escenario internacional frente a EU. Sin embargo, la realidad geopolítica terminó por imponerse luego que Europa desechara la propuesta del expresidente Carlos Salinas de Gortari para firmar un acuerdo comercial. Salinas, después de este desaire, decide lanzar la oferta de un TLC a EU y Canadá ,lo que ató de manera definitiva nuestro destino como socios estratégicos comerciales.

En una columna posterior analizaremos los retos y sobre todo las oportunidades para el futuro de las relaciones.

Agenda estratégica: Recomiendo el sitio de la Embajada de EU sobre el plan de relanzamiento de las relaciones bilaterales, mejor conocido como Entendimiento Bicentenario: https://bit.ly/3HBb5DY (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 8)

Bicentenario

Hoy se cumplen 200 años de relaciones entre México y Estados Unidos. El 12 de diciembre de 1822, el gobierno del presidente Monroe (sí, el de la doctrina Monroe) reconoció al México independiente de Agustín de Iturbide. Pasó algún tiempo antes de que hubiese una embajada formal del país vecino, que ocupó Joel R. Poinsett, ejemplo en los libros de historia de bronce de intervencionismo y cuyo nombre ostenta la flor de Noche Buena en Estados Unidos.

No sé si se celebrará este bicentenario, o si esperarán al de la embajada, pero no cabe duda de que ocurre en uno de los momentos más bajos en las relaciones con Estados Unidos. Tal vez el peor desde mediados de los ochenta, cuando el caso Camarena, o de los setenta, cuando el modelo de López Obrador, Luis Echeverría, disfrutaba promoviendo a los no alineados, descalificaba naciones y se imaginaba líder tercermundista.

Así estamos ahora, con López Obrador posponiendo reconocimientos a nuevos gobiernos, como el de Perú ahora, o el de Biden mismo hace dos años, o de plano defendiendo corruptos y autócratas: Cristina, Castillo, Evo, etcétera. En un momento de recomposición geopolítica, este tipo de actitudes son mucho más riesgosas.

En materia económica, aunque ya se ha evitado un conflicto alrededor del maíz amarillo, porque el gobierno mexicano pospuso su idea de bloquearlo al menos un año, seguimos con la posibilidad de que haya un panel arbitral para decidir quién tiene razón en materia de competencia en el sector energético. Estados Unidos solicitó esa medida, pero no la ha ejecutado, aunque desde el 3 de octubre podía hacerlo. Parece que no quieren complicar aún más la relación, porque creen que la respuesta de López Obrador será dejar de actuar como muro migratorio, papel en el que lleva ya cuatro años. Puesto que la migración es un tema muy relevante en la política interna estadounidense, todo indica que Biden no quiere correr riesgos.

Si en cuestión geopolítica y de migración López Obrador está jugando con fuego, el reportaje publicado hace unos días en el NYT (8 de diciembre) por Tim Golden confirma que eso mismo ocurre en materia de seguridad. Es un documento amplio que ayuda a entender muchas dinámicas de los últimos 10 o 15 años en materia de narcotráfico, y sólo por eso valdría la pena leerlo. Sin embargo, creo que su principal impacto será sobre el Ejército mexicano.

Quedan pocas dudas, después de leerlo, del involucramiento del Ejército en el narcotráfico. Frente a ello, la decisión de López Obrador de terminar la colaboración con Estados Unidos en materia de seguridad, y la de fortalecer al Ejército con negocios, no con efectivos o material, toma una dimensión diferente, me parece, al menos desde la perspectiva estadounidense.

Por eso le decía que estamos en uno de los momentos más bajos en las relaciones con Estados Unidos. López Obrador ha logrado combinar la locuacidad absurda de Echeverría con el nivel de riesgo en seguridad que representó Manuel Bartlett en los años ochenta. Y esto ocurre cuando estamos en medio de un ajuste global, y cuando Estados Unidos sigue metido en una disputa interna muy polarizada. Aunque todo indica que Donald Trump no podrá volver a los primeros niveles de la política, es muy probable que su sucesor al interior del Partido Republicano sea Ron DeSantis, y que su campaña se centre en la migración y, muy posiblemente, en el riesgo que México representa para Estados Unidos.

Al mismo tiempo que, en materia económica, existe una oportunidad muy poco común para México, en el ámbito político y de seguridad nos encontramos en una situación crítica. No tengo idea de cómo se resolverá este conflicto, pero ahí lo tiene usted. (Macario Schettino, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 41)

México y su dependencia turística de Estados Unidos

Paco Madrid, director del Centro de Investigación Turística de la Anáhuac (Cicotur), ya está “afilando sus cuchillos”, pues en la próxima edición del Barómetro del Turismo de la Organización Mundial del Turismo (OMT), México caerá cuatro o cinco posiciones en la lista de los países más visitados.

Es una consecuencia lógica, una vez que las aguas están retomando su nivel y muchos de esos países que permanecieron cerrados por la pandemia, no sólo han reabierto sus puertas, sino que están invirtiendo en promoción para recuperar sus respectivas participaciones en el mercado turístico.

Lo interesante será saber hasta qué punto ese mayor arribo de turistas internacionales, sobre todo de Estados Unidos, podrá mantenerse en el futuro.

Después de la pandemia hay que registrar las siguientes consecuencias ventajosas:

1.- Un número importante de estadunidenses que nunca había venido a México, ahora ya conocen los destinos nacionales, es decir, sus bellezas naturales, su gastronomía, su riqueza cultural y el servicio mexicano fuera de serie.

2.- De la pandemia de covid-19 para acá, prácticamente no ha habido casos de turistas estadunidenses que hayan perdido la vida o hayan padecido al crimen organizado, así es que hay un número mayor de habitantes de ese país que ya no tienen miedo a venir.

3.- Las aerolíneas estadunidenses han incrementado sus rutas y frecuencias a México, aprovechando, además, el lamentable hecho de que la aviación mexicana sigue sin recuperar la Categoría 1 con las autoridades aeronáuticas de Estados Unidos. Obviamente, pueden reconfigurar sus rutas, pero en este momento mantienen el interés de que sigan siendo rentables.

Como contraparte, hay que considerar estos elementos:

1.- El gobierno mexicano se mantiene firme en su decisión de no contar con una estrategia seria y relevante de promoción turística en Estados Unidos, por lo que la Secretaría de Turismo seguirá haciendo su “trabajo hormiga” de los viajes “tocapuertas” y las embajadas y consulados continuarán con sus esfuerzos aislados para impulsar la llegada de turistas a México.

2.- El “superpeso” y los procesos inflacionarios han encarecido los destinos mexicanos y otros países como Colombia, República Dominicana y Perú no enfrentan la misma problemática.

3.- Nuevamente ha crecido la dependencia de los destinos mexicanos hacia el turismo estadunidense, que a octubre representaba 68% del total, contra 7% de Canadá, 10% de América del Sur y 10% de Europa. Una situación que hace vulnerable a los destinos nacionales.

El próximo año México pasará de ser el segundo al sexto o séptimo más visitado, pero lo verdaderamente importante es qué pasará con la relación turística con Estados Unidos.

Divisadero

HACIENDA DEL MAR. El hotel en Los Cabos, que dirige Pierre Ouradou, se acaba de sumar a la lista de hoteles inclusivos, seguros y amigables para la comunidad LGBTQ+ con el distintivo Queer Destinations Committed. Para ello, sus colaboradores recibieron un proceso de formación para atender las necesidades de estos viajeros, lo que se hizo durante los últimos meses de este año. En otros destinos desarrollados, como Las Vegas, desde hace años los hoteles han trabajado con grandes resultados para acercarse a esta comunidad.

Ouradou consideró que sumar esta certificación es parte del objetivo que tienen de propiciar espacios de trabajo incluyentes y sin discriminación para las diversas comunidades.

Precisión. Aunque se pronuncia Guañeli, el apellido del arquitecto mencionado el viernes en esta columna se escribe Guagnelli. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 5)