Migración en Chiapas, ni justicia ni garantías para quien transita
Se acaba otro año, nos cuentan, y en Chiapas la migración sigue siendo un tema sin resolver, para muestra, se cumple el primer aniversario del caso de los 56 extranjeros fallecidos en un accidente de tráiler en el estado, que se redujo a un expediente sellado con hermetismo gubernamental, del que no se informó qué pasó con los responsables o autoridades involucradas. A un año de estos hechos, nos indican, del compromiso de justicia nada más quedó el discurso del embajador Ken Salazar, cuando en esa ocasión estuvo en Tuxtla Gutiérrez y destacó la unión de Estados Unidos con México, junto a los presidentes, Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador, quienes habían determinado que las cadenas criminales que abusan de los migrantes “las tenemos que quebrar”. Para remate, nos añaden, hasta hoy la migración hormiga no se detiene en la frontera sur, y del gobierno estatal de Rutilio Escandón (Morena), ni sus luces. (El Universal, Estados, p. 15)
Que el gobernador de California, Gavin Newsom, cruzó la frontera para reunirse con su homóloga de Baja California, Marina del Pilar Ávila, con quien intercambió puntos de vista sobre el tema migratorio y los retos para ofrecer mejores condiciones a quienes buscan una vida con mayores oportunidades, todo a unos días de la conmemoración del Día Internacional del Migrante, el 18 de diciembre. La cita fue en el albergue El Peregrino, de Mexicali, actualmente en proceso de ampliación, donde se instalan decenas en busca de descanso y comida (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Alianzas de BC con políticos pesados de EU
Y fue la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, la que sostuvo ayer un relevante encuentro en Mexicali con el gobernador de California, Gavin Newsom, quien es considerado uno de los perfiles más importantes del Partido Demócrata. Es sabido que las buenas relaciones entre mandatarios de entidades fronterizas vecinas suele ser una herramienta útil a la hora de atender problemas comunes, incluso más que las gestiones que se puedan desplegar desde el centro. De ahí que los gobernadores decidieran recorrer un albergue migrante en la capital bajacaliforniana. Nos hacen ver que por el buen cariz que tuvo la reunión, ésta seguramente será la primera de varias entre ambos políticos. Resulta relevante además que por fin se establezca una buena comunicación y entendimiento, porque nada de esta dimensión se había tenido en el pasado. Ahí el dato. (La Razón, La dos, p. 2)
En una consideración que podría presagiar problemas de toda índole, las autoridades estadounidenses afirman que más y más, la frontera de México y Estados Unidos se convirtió en un imán para migrantes de todo el mundo.
De acuerdo con reportes de prensa, las autoridades estadounidenses creen que la situación refleja más bien los esfuerzos de los traficantes de personas por ampliar su clientela.
Pero los números y la variedad de nacionalidades de los presuntos migrantes o solicitantes de asilo pueden tener resonancia en los argumentos de políticos, especialmente republicanos, para volver a usar electoralmente la cuestión migratoria como un peligro para los Estados Unidos y demandar mayor dureza en las medidas para enfrentarla.
Tradicionalmente, la mayoría de los que buscan cruzar la frontera desde México son mexicanos o de origen centroamericano, especialmente de los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador, Honduras), pero al menos en diciembre pasado fueron superados por personas de otros orígenes, en especial Venezuela, Cuba y Haití, así como de naciones como Rusia, Ucrania, Turquía e India.
Según los números: los inmigrantes que se dirigían a la frontera incluían a más de 2.000 rusos y 300 ucranianos. La mayoría llegaron o fueron descubiertos en un puerto de entrada legal en San Diego, California, según los datos.
– Más de 800 personas de la India también cruzaron ilegalmente la frontera entre Estados Unidos y México hacia Yuma, Arizona, en diciembre.
– Por segundo mes consecutivo, más de 500 migrantes de Turquía cruzaron a El Paso, Texas.
– La Patrulla Fronteriza aseguró haber arrestado a cerca de 53.000 migrantes de Brasil, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela en diciembre.
En muchos sentidos los problemas de migración, y la cooperación que desarrollan México y Estados Unidos para tratar de frenarla, marca las relaciones bilaterales.
Pero en Estados Unidos el tema es el centro de un profundo debate ideológico, con un profundo impacto político, por sus implicaciones y ribetes de xenofobia y racismo así como de seguridad, ley y orden.
En ese marco, no es un secreto que muchos republicanos esperan usar el tema de la migración y en especial los problemas en la frontera con México como argumentos en las elecciones legislativas del próximo noviembre.
El gobernador de Texas, Greg Abbot, que busca reelegirse, ordenó el despliegue de hasta diez mil elementos de la Guardia Nacional para frenar a migrantes indocumentados con acusaciones de delitos de jurisdicciòn local, en lo que el propio polìtico definió como un esfuerzo para reemplazar la fallida política migratoria federal estadounidense.
Lo que quiere decir que si los republicanos obtienen, como parece posible, la mayoría en al menos una de las dos cámaras del congreso federal, habrá renovadas presiones sobre México para frenar a los migrantes y no (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
La presencia de venezolanos en la frontera norte de México ha desatado polémica en la comunidad inmigrante venezolana que ya residía en EU. Durante 2022, cientos de miles de venezolanos han arriesgado todo, internándose en el peligroso tapón del Darién, transitando a pie Centroamérica y México, para llegar a la frontera norte, donde esperaban solicitar asilo.
Los venezolanos que usan esa ruta siguen los pasos de haitianos que ya cruzaron ese estrecho. Tras el terremoto de 2010, miles de haitianos marcharon desde Sudamérica, por el Darién hasta la frontera con EU. La imagen de los Texas Rangers azotando desde sus caballos a haitianos que cruzaban la frontera fue denunciada como gesto de crueldad e ignominia frente al drama de la inmigración. Sin embargo, las expresiones de solidaridad con el pueblo migrante venezolano han sido desiguales, particularmente entre sus connacionales ya asentados en EU.
¿Qué causó esta ola migratoria? Las motivaciones combinan factores políticos y económicos nacionales y trasnacionales. Resulta notable, por ejemplo, que las condiciones de precariedad habían sido aún más agudas en los años precedentes, por lo que habría que considerar otras dimensiones del problema. Es posible que el flujo migratorio haya encontrado aliciente en la percepción equivocada de que, con la salida de Trump, Biden traería condiciones más beneficiosas para los inmigrantes.
En la última década, los venezolanos que emigraban se establecieron en países latinoamericanos. Sin embargo, comenzaron a experimentar deportaciones y agresiones por quienes los percibían como invasión indeseable. Esto condujo a una vergonzosa xenofobia. En Perú ha habido protestas contra su presencia. En Chile refugiados fueron atacados. En Ecuador hubo linchamientos y, a lo largo de la región, los feminicidios constituyen un síntoma de las violaciones de los derechos humanos de quienes persiguen una mejor vida.
Estos factores ¿contribuyen al redireccionamiento de la migración hacia EU? Ello no parece suficiente para explicar la presencia de miles de venezolanos en la frontera estadunidense en 2022. Otro factor se vincula a lo que podemos describir como el mapeado y difusión de las rutas migratorias. Los caminantes se desplazan por vías prestablecidas, las cuales cuentan con una infraestructura, redes (de extorsión) y una incipiente cultura que, si bien no facilita ni hace menos penoso el trayecto, al menos lo hace factible. Quienes tienen recursos evitan el tapón del Darién tomando lanchas rápidas desde Colombia para llegar a Nicaragua. Ello también constituye una oportunidad para criminales que han sabido monetizar el viacrucis migrante. Estas facetas de la experiencia quedan documentadas en redes sociales; especialmente TikTok y WhatsApp. Los venezolanos registran así su éxodo mientras construyen una memoria y un saber de la diáspora.
¿Cuál ha sido la reacción de la clase política de EU y de venezolanos ya establecidos allí? Ninguno ha sabido responder con empatía humanitaria.
Pese a ser crítico severo de Nicolás Maduro, políticos como Marco Rubio, senador de Florida, no han promovido ninguna iniciativa para asistir a los migrantes venezolanos. Durante la administración Trump, se negaron apoyar el estado temporal de protección (TPS) para venezolanos. Si bien Biden otorgó dicha protección en marzo de 2021, la llegada de más migrantes revivió el llamado Título 42, originalmente impuesto por Trump en 2020, eliminando cualquier esperanza de asilo. En su lugar, Biden propuso lo imposible: considerar los casos de 24 mil venezolanos, siempre que cuenten con pasaportes vigentes, soliciten asilo desde su país, tengan pasaje aéreo y un benefactor económico en EU. Sin acceso a pasaportes, sin representación diplomática en el país, ni recursos económicos, la solución parece más bien táctica dilatoria. La respuesta de los políticos de EU y su decisión de transformar a los migrantes en comodín para maniobras internas era de esperarse.
Lo que ha sorprendido más es la reacción de miembros la comunidad migrante venezolana. En varios medios criticaron a los nuevos migrantes: los llamaron personas indeseables y peligrosas, reacción que recuerda la discriminación hacia los cubanos que salieron del puerto de Mariel en 1980. Unos y otros fueron tachados de incultos, criminales, bochornosos. Unos y otros fueron representados como oportunistas en busca de beneficios económicos o, peor, de ser enviados clandestinamente por los respectivos líderes del país para lesionar a EU.
El video de una madre venezolana que caminó con su hijo discapacitado desde Ecuador hasta Nueva York resulta emblemático de los discursos moralistas y punitivos que describimos. Cuando decidió celebrar su logro en Times Square, fue objeto de las críticas más crueles. Ello parece sustentarse en una dicotomía entre venezolanos meritorios y venezolanos indeseables. Unos calificados como profesionales y refinados emprendedores; otros marginales y desconocedores de su lugar. Esto pone de relieve otro debate: ¿quién representa a Venezuela?
Como el éxodo de Mariel, la crisis migratoria venezolana evidencia el lugar de nociones de clase social y raza, en las diásporas. En el caso venezolano se trata de factores que siguen dividiendo a la comunidad.
Cabe denunciar los usos políticos de la ordalía venezolana por EU (recuérdense los envíos de inmigrantes desde estados republicanos hacia estados demócratas); tanto como las puestas en escena de las repatriaciones organizadas por el gobierno de Venezuela y las expresiones de odio clasista y racista de los connacionales radicados en otros países.
Cuando el inmigrante se convierte en comodín de disputas políticas, cesa su humanidad y deviene signo que se intercambia en una confrontación entre sectores que sólo disputan sus propios intereses. En definitiva, ningún grupo puede o debe ejercer el monopolio de lo venezolano. (Miguel Tinker Salas y Luis Duno-Gottberg, La Jornada, Opinión, p. 18)
Bicentenario de relaciones México – EUA
La palabra empatía. Cuando las relaciones entre México y Estados Unidos atraviesan por el momento más cordial en mucho tiempo, coincidentemente, y para bien, se celebraron ayer los 200 años de relaciones entre ambos países. Como parte de la agenda, destacan dos puntos. El primero, la reunión del canciller Marcelo Ebrard con Chris Dodd, asesor especial del presidente Joe Biden para las Américas, que selló la Declaración de Amistad del Bicentenario. El enviado de Biden se entrevistó con el presidente Andrés Manuel López Obrador, con quien intercambió cartas alusivas al festejo. Y, el segundo, que la doctora Beatriz Gutiérrez Müller y la primera dama Jill Biden intercambiaran en redes mensajes de felicitación. Escribe sus primeras líneas la histórica visita. Cordialidad bilateral. (Excélsior, Nacional, p. 13)
Durante los últimos meses, hemos trabajado permanentemente con nuestra red consular, nuestra Embajada en Washington, D.C. y, por supuesto, con la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Embajada de Estados Unidos en México para desarrollar un programa que conmemore los dos siglos de relaciones diplomáticas entre nuestros países.
En ese tiempo, convocamos un concurso conjunto para el diseño del logotipo del Bicentenario, en donde Uriel Martínez, diseñador mexicano de Querétaro, resultó ganador. El viernes presentamos el nuevo número de la revista del Observatorio de la Relación Binacional México-Estados Unidos, de la UNAM, junto con el Acervo Histórico Diplomático; un número dedicado a los 200 años de historia compartida. Otorgamos el premio Isidro Fabela a la doctora Susie Porter, historiadora que presentó un trabajo sobre la memoria histórica del Consulado de México en Salt Lake City. También se organizó desde la Embajada de México en Washington, D.C. una carrera por el Bicentenario y entregamos trofeos conmemorativos a los Cardenales de Arizona y los 49ers de San Francisco en el juego de la NFL que, tras la pandemia, volvió al estadio Azteca.
Esto es una muestra de lo que nos espera este mes del Bicentenario y a lo largo del próximo año en el que celebraremos nuestros dos siglos de historia en común. Tan sólo en diciembre tendremos más de 200 eventos en los dos países, de la mano de nuestros consulados, embajadas y también de la sociedad civil y el sector privado. En ese sentido, mañana llevaremos a cabo un concierto conmemorativo para celebrar esta fecha en el antiguo Colegio de San Ildefonso. En los próximos días presentaremos también una edición conmemorativa de la Revista Mexicana de Política Exterior sobre el Bicentenario, en la que historiadores, diplomáticos, académicos, así como los dos respectivos embajadores y el canciller de México reflexionaremos sobre el pasado, presente y futuro de la relación bilateral. A la lista se suman un libro editado con la UNAM, sobre las lecciones a dos siglos de relación bilateral, y otro con el Inegi, sobre las comunidades de estadunidenses en México.
En la Cancillería llevaremos a cabo seminarios de análisis de los distintos aspectos de la agenda bilateral con universidades y centros de pensamiento. Y también trabajamos estrechamente con otras áreas del Gobierno de México, como la Secretaría de Cultura, el Banco de México, el Servicio Postal Mexicano y la Lotería Nacional, entre otros. Por ejemplo, con el Acervo Histórico Diplomático y el Canal Once trabajamos en un proyecto para difundir los documentos históricos que han marcado estos 200 años de relaciones diplomáticas. Presentaremos cápsulas informativas, así como una exposición para que la gente pueda ir a visitar y conocer de primera mano nuestra historia. Estas son algunas muestras del trabajo que llevaremos a cabo para conmemorar esta fecha. Buscamos presentar una reflexión plural en la que analicemos las lecciones de nuestro pasado, entendamos cómo profundizar nuestros vínculos presentes y también queremos proyectar el futuro en común de México y Estados Unidos.
A la luz de los 200 años que han transcurrido, queda claro que el pasado y el presente de los dos países están estrechamente vinculados. El trabajo conjunto —desde la cooperación, la solidaridad y el respeto mutuo— se traducirá en un futuro igualmente cercano y alentador para nuestros países y para la región norteamericana. La próxima Cumbre de Líderes de América del Norte en la Ciudad de México, así como el encuentro entre los presidentes López Obrador y Biden, serán un preámbulo prometedor para los próximos siglos de amistad. (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 16)
El presidente López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard se reunieron ayer con Christopher Dodd, exsenador y enviado especial del presidente Biden para conmemorar el bicentenario de las relaciones bilaterales.
Dodd, quien no es un funcionario de alto nivel en la administración Biden, se mostró muy sonriente tras la reunión y no hizo ninguna declaración sobre los temas candentes en la relación bilateral: la inseguridad, la crisis de migrantes en la frontera mexicana y los riesgos de sanciones comerciales en el marco del T-MEC.
Y no sólo están las consultas sobre política energética que podrían derivar en el inicio de un panel arbitral y eventuales sanciones arancelarias contra México; sino la preocupación del gobierno de Biden por las restricciones a la importación de glifosato y de maíz genéticamente modificado; y, desde luego, el arbitraje que ya perdió Estados Unidos sobre reglas de origen en el sector automotriz.
Por parte del sector privado, tanto del Consejo Coordinador Empresarial, que preside Francisco Cervantes, como de AmCham México, que preside Vladimiro de la Mora, emitieron comunicados señalando que en los últimos tres meses México ha sido el principal socio comercial de Estados Unidos, y evadieron también temas polémicos para concentrase en lo positivo porque, desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, el comercio bilateral se ha expandido y el acumulado en el año, al cierre de octubre asciende a 655,929 mdd.
AmCham informó que entre 1993 y 2022 el comercio total aumentó 704% y asciende a 10.8 billones de dólares. Se mantiene optimista de que se mantendrá el fortalecimiento de las inversiones y comercio, tanto por las oportunidades que se abren como el nearshoring, y el allyshoring, como por la organización del Mundial de Futbol en 2026, que por vez primera tendrá una sede tripartita: México, Estados Unidos y Canadá.
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Biden y López Obrador intercambiaron cartas muy cordiales sobre el bicentenario de las relaciones bilaterales y todo indica que será el mismo tono que prevalecerá en la Cumbre trilateral que se realizará el mes próximo en la CDMX.
Ojalá en verdad se llegue a acuerdos que impidan el inicio de arbitrajes y sanciones comerciales que afecten las optimistas expectativas del CCE y de AmCham. (Maricarmen Cortés, Excélsior, Dinero, p. 4)
La delegación estadunidense encabezada por Christopher Dodd pone en marcha el diálogo para afinar acuerdos y comunicados para la reunión del próximo enero entre el presidente López Obrador, el presidente Joseph Biden y el canadiense Justin Trudeau.
Más allá de los buenos deseos de la información oficial, subyacen temas como seguridad, migración, tráfico de fentanilo y los desacuerdos en el T-MEC, temas de principios ideológicos para México, de potencial riesgo político para Estados Unidos.
Si México, atrincherado en “sus principios ideológicos”, no cede en ninguno de los temas, probablemente, sin que nadie lo quiera, el horizonte de las relaciones con los socios del T-MEC, especialmente con Estados Unidos, se cubra de nubarrones de tormenta. (José Fonseca, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Mientras en la Cámara de Senadores se preparaba la reforma a la reforma de la reforma del llamado plan B, con más de 90 cambios a la iniciativa aprobada en forma desaseada y vergonzosa en la Cámara de Diputados, sin que la enorme mayoría de los legisladores hubieran siquiera leído lo que votaban, de la mano con los festejos de la Virgen (por primera vez en dos años sin limitaciones de participación), se celebraban los 200 años de las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos.
No es ningún secreto decir que se trata de las relaciones más complejas, integrales, codependientes del mundo. Con motivo de esa celebración estuvo en México uno de los funcionarios más cercanos al presidente Joe Biden, Chris Dodd, encargado de las relaciones con América Latina por la Casa Blanca.
No creo que haya sido simplemente una visita protocolaria, porque al mismo tiempo el presidente López Obrador dedicó buena parte de este lunes a reuniones con su gabinete de seguridad, en un momento en el que, más allá de los discursos, los números de la violencia siguen creciendo en buena parte del país, con puntos neurálgicos que parecen estar cada vez más fuera de control, como Zacatecas y Guerrero, donde la situación parece estar cada día más fuera de control.
La masacre de este fin de semana fue en Coyuca de Benítez, donde por hechos no demasiado diferentes, en la misma zona del estado, cayó el gobernador Rubén Figueroa en 1995, por la masacre de Aguas Blancas. Hoy hemos normalizado tanto las masacres que ni siquiera parecen ser una nota destacada.
Lo cierto es que se celebra el bicentenario de las relaciones bilaterales en un momento complejo donde, además, muchos de los temas centrales de la misma parecen estar clavados con alfileres que, tanto el canciller Marcelo Ebrard, como el embajador Ken Salazar, están haciendo todo lo posible para que nadie los desprenda, porque a ambos lados de la frontera hay muchos que están por la labor de quitarlos.
Los temas a abordar son inagotables: desde el crimen organizado, en su vertiente sobre todo del tráfico de drogas sintéticas y el fentanilo ilegal, hasta la migración, manejada cada vez más por el propio crimen organizado; desde el tráfico de armas de Estados Unidos hacia México (a cuya reducción se comprometió la administración de Biden) hasta el lavado de dinero de esos grupos. Desde la ciberseguridad nacional y regional, donde tenemos rezagos alarmantes, hasta la lucha contra el terrorismo, donde se han dado algunos de los capítulos de colaboración bilateral menos conocidos y más exitosos de estas historias; desde la construcción de zonas económicas y comerciales sólidas en estas nuevas épocas de duros enfrentamientos globales, muchas veces vulneradas (y en eso la responsabilidad nuestra como país es mayor por las políticas erradas en temas energéticos y agroindustriales, estos últimos por lo menos postergados hasta 2025), hasta la necesidad de adecuarlas a las exigencias nacionales.
La agenda de México y Estados Unidos es inabarcable, pero lo fundamental es buscar y encontrar una visión y un lenguaje común, en una época donde las tensiones para un distanciamiento son reales.
Algún día se debe comprender que no sólo estamos en América del Norte, sino que somos parte de este bloque regional y que aquí está nuestro presente, futuro y destino, en seguridad, en economía, en lo social y en el entorno diplomático. Ello no implica que no haya diferencias, como pueden tenerlas Francia y Alemania en la Unión Europea, pero ninguna de las dos naciones duda ni por un momento sobre cuál es su origen y destino. Tanto en México como en Estados Unidos hay quienes hoy aún no lo entienden así, aunque tengamos la frontera comercial más activa del mundo, vivan en la Unión Americana 40 millones de descendientes o nacidos en México, cuando nuestra economía en buena medida subsiste por los 50 mil millones de dólares en remesas que envían año con año nuestros paisanos.
México y Estados Unidos se necesitan. La historia ha demostrado no sólo que esa relación es benéfica para los dos países, sino también que, desde la perspectiva de la complementariedad regional, somos más fuertes, dentro de nuestros países y en el ámbito global cuando podemos aparecer, junto con Canadá, como un sólido bloque regional.
Vuelvo al tema de la seguridad bilateral. Nada puede vulnerar tanto al día de hoy la relación, como los desacuerdos en el ámbito de la seguridad. Incluso los comerciales y energéticos, al final, se tendrán que acomodar a la realidad, que suele imponerse a los devaneos ideológicos.
Pero en la seguridad lo que falta es algo clave y que sí se tuvo en el pasado: la confianza mutua. Hoy, lo que tenemos es exactamente lo contrario, se colabora, pero se desconfía; se apoya, pero se dan golpes por la espalda, se ven los problemas del otro pero poco los propios. Y eso ocurre a los dos lados de la frontera. Sucede con la migración, las drogas (sobre todo el fentanilo), las armas, el dinero, hasta con las propias instituciones. Ahí está hoy y estará mañana, el verdadero desafío bilateral: sin confianza y colaboración no se avanzará, los buenos deseos y las frases bonitas nunca van a alcanzar. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)
Este 12 de diciembre México y Estados Unidos celebraron 200 años de relaciones diplomáticas entre ambos países, una relación que ha tenido momentos de gloria y otros de tensión, pero la realidad es que es una relación fundamental para ambos países.
Como parte de la conmemoración hubo una reunión bilateral en Palacio Nacional, encabezada por el asesor presidencial de Estados Unidos para las Américas, Chris Dodd; el Presidente Andrés Manuel López Obrador; el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, quienes firmaron la Declaración de Amistad.
Ésta es la principal relación internacional de nuestro país, pues no debemos olvidar que compartimos una frontera marítima y terrestre de más de tres mil kilómetros, por la cual cruzan más de un millón de personas al día.
En Estados Unidos habitan cerca de 40 millones de personas de origen mexicano, mexicanos que allá han hecho su vida, y al menos un millón de personas de la Unión Americana viven en nuestro territorio; es decir, no sólo compartimos comercio e industria, migración y control de las fronteras, también las tradiciones, tecnología, aficiones, gastronomía y artes.
Estados Unidos fue uno de los primeros países en establecer relaciones diplomáticas con nuestro país, luego de que se firmó el Acta de Independencia de México, el 28 de septiembre de 1821.
Fue el 12 de diciembre de 1822 cuando, por primera vez, ambos países reconocieron formalmente a sus respectivos gobiernos independientes e intercambiaron embajadores.
Estos 200 años de relación han marcado a los dos lados de la frontera, y de ello platiqué con el embajador estadounidense en México, Ken Salazar.
Bibiana Belsasso (BB): ¿Cómo ve esta relación en este momento y cómo la ve a futuro?
Ken Salazar (KS): Mira, a fututo la vemos muy positiva, ¿no? La economía, la lucha ante el cambio climático y las energías renovables para que se promuevan, en todo aspecto de la vida, lo vemos como soluciones buenas para unir al pueblo de Estados Unidos y al pueblo mexicano, y eso lo vamos a hacer, por supuesto que hay inquietudes y hay cosas difíciles, porque no es nada fácil, pero siempre con optimismo, con una confianza muy determinada, sí lo vamos a lograr. El intercambio económico no podría ser lo que hoy conocemos sin la serie de cambios realizados en la década de los años noventa, con la liberalización del comercio, con la apertura gradual de fronteras, después de décadas de una política de sustitución de importaciones que nos aisló comercialmente del mundo. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y su continuación con el nuevo Tratado, el Tratado Estados Unidos-México-Canadá (T-MEC), nos ha hecho parte de la región económica más competitiva del mundo, en la que se produce al menos un cuarto de la riqueza mundial. En tan sólo 12 años del TLCAN se triplicó el comercio con Estados Unidos y Canadá.
Sólo por tener un dato presente: en 2021, el intercambio de las importaciones y exportaciones sumaron un total de 661 mil 164 millones de dólares, sobre la situación comercial y lo difícil que fue la negociación del T-MEC, sobre todo en temas energéticos y en temas agropecuarios, el embajador me indicó:
KS: Lo de la energía o lo de agricultura eso se va a resolver dentro del marco legal, ¿no?, entonces tengo optimismo y sé que teniendo este marco pues ahí se pueden resolver los problemas entre los dos países.
BB: Mientras se respeten los contratos, mientras se respete lo que está estipulado en la ley, todo va a fluir.
KS: Que hay soberanía entre los dos países y el respeto que Estados Unidos tiene hacia México, el Presidente Joe Biden lo dice muchas veces, se lo dice directamente al Presidente de México, que hay que tener respeto a la soberanía y siempre trabajando como socios en todo y ver para adelante. Uno de los temas más complicados en la agenda es el de la migración, la región vive un flujo récord, de acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, Estados Unidos detuvo en el año fiscal de 2022 un número inédito de más de 2.76 millones de migrantes.
Por ello, quizás, es uno de los temas más complicados en este momento:
Destaca fortalezas
BB: ¿Cómo lo ve?
KS: Es difícil y complejo, pero hay que dar solución ahora en la frontera de Estados Unidos y México, y solución así en las causas de origen de este flujo migratorio, que no se había visto nunca en la historia de Estados Unidos.
BB: Bueno, sí, nunca se había visto. Nos ha tocado estar en estas caravanas migrantes cuando empezaron, justo en la frontera sur, y era impresionante ver la cantidad de gente que venía, era impresionante, pero ¿a qué se debe que tanta gente esté yendo ahora a Estados Unidos? Y la política de Estados Unidos sí se ha endurecido en recibir a migrantes.
KS: Pues mira, el flujo ahora lo vemos por la pandemia, por la pobreza, por los gobiernos y política que no trabaja en países como Venezuela, ¿no?, entonces, tenemos que ver las soluciones y lo que tenemos que hacer es unirnos en que no se usen a los migrantes como propaganda y que no se use la frontera entre Estados Unidos y México para avanzar la causa política de algunos, que pasa mucho en Estados Unidos, incluso con el presidente anterior, que eso es lo que quería él hacer. Entonces hay que dar solución para algo bueno, y sí lo vamos a hallar. Y la otra crisis es la de salud en la Unión Americana, derivado del consumo de fentanilo, donde la situación se vuelve compleja con el uso de esta droga traficada por cárteles mexicanos, que está dejando más de 120 mil muertes al año en Estados Unidos.
Sobre este tema el embajador nos explicó que es una prioridad del Presidente Joe Biden:
KS: El fentanilo mata arriba de cien mil personas en Estados Unidos cada año, y es prioridad para el Presidente Biden en los Estados Unidos, pero también para acá; entonces, trabajando con el Gobierno de la República, con la Sedena, con Semarnat, con los demás, estamos teniendo éxito y, por primera vez, se ve casi todos los días de las semanas que se está quitando el fentanilo, que si no hubiera este esfuerzo legal estuviera llegando al otro lado de la frontera.
La relación entre México y Estados Unidos y lo que viene en un futuro es lo que platicamos con el Embajador Ken Salazar, quien ve un futuro esperanzador.
A 200 años de relación, ambos países deben fortalecer muchos aspectos, dejar a un lado las diferencias, evitar la polarización y trabajar en equipo para potenciar la región.
Pero también se busca fortalecer esta relación para que ambos países sean beneficiados.
El próximo viernes, en estas páginas, la plática completa con el Embajador Ken Salazar. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 16)
México y Estados Unidos en materia diplomática tienen una de las relaciones más complejas en el mundo, porque en temas de cooperación fronteriza, migración y seguridad pública cada día se presentan diferencias, en diferentes ámbitos y dimensiones, y se han logrado contener las crisis mediante mecanismos de solución bilateral.
México es el primer socio comercial de Estados Unidos; ambos países comercian 1.5 mil millones de dólares diarios; más de 80% de las exportaciones mexicanas no petroleras se dirigen a aquel país y menos de 16% de las estadounidenses ingresan al nuestro.
La relación, desde sus orígenes, tiene que ver fundamentalmente con el territorio y, por tanto, con la frontera que comparten, la cual comprende más de tres mil kilómetros. 11 millones de mexicanos viven en Estados Unidos, cinco millones de ellos son indocumentados y, de acuerdo con información del Department of Transportation Customs and Border Protection, tan solo en 2019 cruzaron legalmente la frontera norte, en promedio, más de medio millón de personas, lo que demuestra que está fuera de duda la importancia del vínculo bilateral.
En 200 años de relaciones con el vecino país del norte, nunca han sido tersas. En estos momentos, la relación de los presidentes López Obrador y Biden no es la más cercana. Porque no debemos olvidar que el Presidente mexicano priorizo su relación con Trump y tardó en reconocer el triunfo de Biden. Ayer, en el marco de la celebración de las relaciones diplomáticas de ambos países, no estuvo presente Joe Biden, aunque sí mandó una representación, lo que retrata una relación lejana.
Las diferencias que están presentes actualmente en la relación bilateral son en materia energética, en el marco del T-MEC, a causa de las consultas solicitadas en julio para evitar enfrentar un panel internacional. En el tema de migración, en México estamos viviendo un problema migratorio, pues ante la imposibilidad de ingresar a territorio norteamericano, los migrantes latinoamericanos están en todo el territorio nacional. Está por verse que sigue en política exterior de México y en las relaciones con Estados Unidos. (Dolores Colín, 24 Horas, CDMX, p. 8)
¡Todo lo que no ha sucedido en 200 años de relaciones de México con Estados Unidos!
En lo que revisamos la historia de esos dos siglos, estos dos países inician hoy el primer día del año 300 y lo hacen con una declaración conjunta de los dos gobiernos donde, además de la referencia histórica a aquel 12 de diciembre de 1822, hacen un recuento de los temas comunes.
Frontera, seguridad y comercio, asuntos bilaterales permanentes que llevan a las dos partes a declarar que van a mantener la cooperación plasmada en la Declaración sobre Protección y Migración de Los Ángeles. Sí, de esa reunión que boicoteó el presidente Andrés Manuel López Obrador porque no invitaron a los dictadores del continente.
Está, por supuesto, presente el tema comercial con las siglas del acuerdo trilateral por delante. Una comunicación bilateral que deja ver las preocupaciones de ambos lados de la relación.
Lo mismo dice que el T-MEC aborda temas económicos y comerciales, incluyendo asuntos agrícolas. Vaya anotación cuando desde las creencias de la 4T se busca limitar la importación de uno de los productos estrella de los granjeros estadounidenses, como lo es el maíz amarillo.
Y sigue el texto con el subrayado de que el acuerdo comercial incluye también los temas medioambientales y energéticos, ambos preocupaciones centrales del Gobierno de Joe Biden sobre la forma en que ha procedido el régimen de López Obrador.
Del otro lado, como uno de los temas centrales de la agenda de la 4T, la declaración conjunta dice que la relación bilateral debe estar cimentada en la confianza y el respeto mutuo a las soberanías. Clara obsesión del Gobierno mexicano.
Otro párrafo de clara inclusión por parte de La Casa Blanca es aquel que habla de enfatizar el compromiso bilateral de fortalecer los esfuerzos para proteger el medio ambiente, combatir la crisis climática y promover la transición hacia energías limpias y vehículos eléctricos. Todo eso que le pasa de noche al régimen mexicano.
Es un documento diplomático firmado por el canciller mexicano, Marcelo Ebrard y el asesor del presidente Biden para temas del continente americano, Christopher Dodd.
¿Habría sido mejor que por parte de Estados Unidos lo firmara el secretario de Estado, Antony Blinken?
Seguramente sí, porque parecería ser la contraparte del canciller Ebrard, pero desde esa oficina de Gobierno estadounidense han hablado de otro tema que seguramente quisieran incluir hoy en un comunicado conjunto y tiene todo que ver con la democracia.
Un punto central de la preocupación política de los Estados Unidos respecto a su socio del sur, en ese país con el que comparte todo lo que señalan puntualmente en esta declaración, es el futuro de la vida democrática mexicana.
Como pocas veces, hoy sí se habla de México en Estados Unidos. Está presente el tema mexicano en los medios de comunicación por la intentona de López Obrador de cambiar las reglas electorales con claros fines de apropiarse de sus resultados y del poder.
La palabra democracia no está en la declaración conjunta con motivo del 200 aniversario de la relación bilateral, pero eso no implica que para los del norte ese no sea un asunto básico, no dentro de cien años, sino en estos días y meses que son determinantes. (Enrique Campos Suárez, 24 horas, Mundo, p. 17)
Bicentenario México-Estados Unidos // 200 años de saqueo y agresión // ¿Alianza para la prosperidad?
¿Es para celebrar o llorar de rabia? (todo apunta a esto último), pero el hecho es que ahora se conmemora el bicentenario de las relaciones entre México y Estados Unidos; es decir, una historia pletórica de agresiones, guerras, golpes de Estado, invasiones, intervenciones, imposiciones, condicionamientos y mucho más del imperio en contra de nuestra nación, en particular, y de América Latina y el Caribe, en general.
En ese marco, el presidente Andrés Manuel López Obrador planteó a los enviados de Washington (encabezados por Christopher Dodd, asesor especial para las Américas del gobierno de Joe Biden) la necesidad de una alianza para la prosperidad en todo el continente, que se encamine al establecimiento de nuevos vínculos de las naciones del hemisferio. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, informó que el mandatario mexicano planteó el punto de esa alianza que tendría como objetivo un nuevo trato entre los países de América Latina y el Caribe con Norteamérica, particularmente con Estados Unidos, dejando de lado el pasado intervencionista del vecino del norte ( La Jornada, Emir Olivares y Alonso Urrutia).
¿Será la nueva versión de la anticomunista e intervencionista Alianza para el Progreso de John F. Kennedy, o una muestra de que Latinoamérica aprendió algo de esa tétrica historia en la que los gringos sonreían para la foto, pero golpeaban salvajemente la región? Con esa alianza Washington dominó países, impuso gobiernos, promovió y mantuvo sangrientos dictadores, financió y ejecutó golpes de Estado, guerras, intervenciones, saqueos y muchísimo más, siempre en nombre de la democracia.
Entonces, ¿en serio ahora vamos tras la alianza para la prosperidad con los mismos halcones de la Alianza Para el Progreso? Sin duda, la unidad fortalecerá a Latinoamérica y el Caribe, siempre y cuando ella se dé entre las naciones de la región, sin terceros. Esa coalición es una histórica asignatura pendiente y llegó la hora de concretarla. Un sólido bloque latinoamericano debe ser la respuesta a la creciente injerencia de Washington.
Como la memoria suele ser porosa, va un rapidísimo recuento (cortesía del periódico Granma) de la historia de las intervenciones de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, mediante el empleo de la CIA, otros servicios especiales y sus fuerzas armadas, que son harto conocidas y se encuentran bien documentadas, incluso por expedientes oficiales desclasificados por las autoridades yanquis.
México fue la primera víctima de la tristemente célebre doctrina Monroe (léase América para los gringos), pues entre 1846 y 1848 Estados Unidos llevó a cabo una guerra contra nuestro país, tras la cual perdió la mitad de su territorio.
En 1854, la Marina de Estados Unidos bombardeó y destruyó el puerto nicaragüense de San Juan del Norte. Un año más tarde, William Walker, entonces operario de los banqueros Morgan y Garrison, invadió Nicaragua y se proclama presidente; en 1898 los militares estadunidenses ejecutaron la invasión contra Puerto Rico y Cuba, entonces colonias españolas. Actualmente, Puerto Rico sigue siendo colonia de Estados Unidos.
En 1901, las fuerzas ocupantes de Estados Unidos en Cuba imponen la intervencionista Enmienda Platt en la Constitución de la nueva República, mediante la cual se arrogaba el derecho de intervenir en los asuntos cubanos cada vez que creyera conveniente; en 1903 llegó el momento de Panamá: Washington promovió la segregación del Canal de Panamá, que entonces era parte de Colombia, y se adueñó de sus derechos; en 1906, el secretario estadunidense de la Guerra, William H. Taft, asumió el cargo de gobernador provisional, con lo cual se consumó la segunda ocupación militar en Cuba.
Y de ahí para adelante, en reiteradas ocasiones: Panamá, Nicaragua, de nueva cuenta México (ocupación de Veracruz e invasión de John J. Pershing), Haití, República Dominicana, Honduras, Cuba, Brasil, Guatemala, Operación Cóndor, dictaduras en Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, El Salvador; Granada, Colombia, Ecuador, Paraguay, Venezuela y lo que se acumule. No hay rincón latinoamericano ni caribeño que no los haya padecido.
En esos dos siglos, 41 halcones han ocupado la Casa Blanca, y todos han actuado de la misma forma en contra de América Latina y el Caribe. Entonces, ¿se puede esperar una actitud distinta, igualitaria y no intervencionista mediante una alianza para la prosperidad, una suerte de versión moderna de la Alianza para el Progreso”? (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 22)