Opinión Migración 171222

Política zoom / No habrá ‘nearshoring’ sin resolver conflicto armado mexicano

La coordinación entre los gobiernos de Estados Unidos y México para enfrentar a las empresas criminales que operan en ambos territorios atraviesa por uno de sus peores momentos. Una palabra define la relación bilateral en temas de seguridad: desconfianza.

El día de ayer el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, se reunió en Washington con el secretario de Estado, Antony Blinken, para organizar la agenda de discusión que tendrá lugar en enero próximo en el marco de la cumbre de Líderes de América de Norte donde estarán presentes los jefes de Estado de Canadá, Justin Trudeau, de Estados Unidos, Joe Biden, y el anfitrión mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

Sin bien van a incluirse asuntos migratorios y comerciales, no será posible seguir postergando la discusión respecto de la seguridad de la región. La llamada “Norteamérica competitiva”, será una quimera si las empresas criminales continúan imponiendo su desafío constante.

En los últimos cuatro años ha crecido el tráfico de drogas, particularmente de fentanilo. En la misma proporción se ha multiplicado el consumo de opiáceos en el país vecino, así como el poder de las organizaciones que operan este negocio en ambas naciones.

Al mismo tiempo que México desplazó a China como principal socio comercial del la Unión Americana, también lo hizo como principal proveedor de opioides. En este negocio el nearshoring, es decir la relocalización en México de unidades económicas industriales antes ubicadas en Asia, sucedió más rápido.

Entre otros, los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Noreste y la Nueva Familia Michoacana han multiplicado laboratorios donde el fentanilo se transforma para la venta al menudeo dirigida al mercado estadunidense.

El ingreso estimado, proveniente de este sector, es de aproximadamente 10 mil millones de dólares anuales, (alrededor de 200 mil millones de pesos). En Estados Unidos se distribuye el producto, pero hay evidencia de que, en ese país viven también los altos directivos de las empresas criminales.

La multiplicación del poder económico ha significado obviamente un crecimiento notable en el poder político y territorial. Las noticias mexicanas informan todos los días sobre la violencia que recorre el país, desde Zacatecas pasando por Guerrero, Colima, Guanajuato, Tamaulipas, Chiapas, Estado de México, Sonora, Chihuahua, Baja California, Sonora o Jalisco.

Este jueves el reportero Rubén Mosso reveló para MILENIO información en manos de la Defensa Nacional sobre el control que tiene la Nueva Familia Michoacana en por lo menos cuarenta municipios pertenecientes a Guerrero, Michoacán y el Edomex. Los principales líderes de esta organización son los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascaga, conocidos por sus respectivos alias como El Pez y El Fresa.

La libertad y, sobre todo la impunidad, con que operan estos sujetos y, según Mosso, sus 38 lugartenientes, solamente pueden explicarse por la renuncia de las fuerzas de seguridad del Estado mexicano, particularmente del Ejército y la Guardia Nacional, para confrontar a dicha organización.

Este es solo uno de muchos ejemplos aportados para ilustrar la derrota del Estado mexicano frente al poderío criminal. En el otro extremo del país, a finales de noviembre, Nuevo Laredo tuvo que suspender clases porque la ciudad amaneció aterrada por el sonido de roncas balaceras. El consulado de Estados Unidos cerró sus puertas y varias industrias dedicadas a la maquila conminaron a sus trabajadores para que se quedaran en casa.

En las mismas fechas un grupo criminal asesinó al general José Silvestre Urzúa, jefe de la Guardia Nacional en el estado de Zacatecas y a principios de diciembre perdió la vida el juez Roberto Elías Martínez, en la capital de esa misma entidad, a manos de dos gatilleros.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia estatal, Arturo Nahle, declaró al día siguiente que lo que estaba ocurriendo en Zacatecas no era un problema meramente local. Estos actos de violencia –dijo en entrevista con la periodista Gabriela Warkentin– deberían entenderse como la consecuencia de una confrontación de grandes proporciones entre empresas criminales transnacionales que, en esta ocasión, escogieron Zacatecas como escenario para su guerra.

México está viviendo un creciente conflicto armado interno y estas empresas criminales imponen su imperio sobre los poderes constitucionales. Son hoy más ricas que hace cuatro años y también tienen un control mayor del país. También han aumentado su capacidad para extorsionar a la economía legal, así como su influencia para corromper autoridades electas.

En este contexto, el discurso de la “Norteamérica competitiva” es una mera quimera. No será posible si antes no se logra pacificar México y, sobre todo, si no se puede imponer el gobierno de la Constitución sobre las muy grandes extensiones donde hoy gobierna el poder criminal.

A este problema, que es enorme, se añade otro todavía peor. La razón por la que estas empresas criminales de talla transnacional han crecido tanto es porque los gobiernos mexicano y estadunidense han fracasado para oponer un frente unificado, a pesar de que se trata de un fenómeno que tiene un pie en el norte y otro en el sur de la misma frontera.

El sentido común dictaría perfeccionar la coherencia de la cooperación entre los dos gobiernos y, sin embargo, hoy la desconfianza bilateral es mayúscula. Ciertamente no funcionó la guerra contra las drogas, orquestada desde el año 2008, a partir del Plan Mérida. Se realizó una inversión multimillonaria y se perdieron incontables vidas con esta política. Pero el consumo de drogas en los Estados Unidos no se detuvo, el tráfico de armas desde ese país a México se multiplicó y la violencia mordió como no había sucedido nunca en muchas regiones mexicanas.

A partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia mexicana se dio por terminado el Plan Mérida para colocar en su lugar un marco nuevo, llamado “bicentenario” para la seguridad, la salud pública y la seguridad de las comunidades.

En los hechos, desde 2021, que fue echado a andar, lo que ha privado entre las instituciones de ambos países es la no cooperación. Del lado mexicano además se suma una defensa de la soberanía nacional que suena fuerte en el discurso, pero que en la realidad implica negar la naturaleza transnacional de estas organizaciones criminales.

El tema de la desconfianza y la fracasada cooperación tendría que ser abordado durante la reunión de líderes de América del Norte del próximo mes de enero. De lo contrario, será mera retórica la pretendida profundización de la integración económica en Norteamérica. (Ricardo Raphael, Milenio, Política, p.14)

¿De dónde eres?

Todos los que vivimos en Estados Unidos, pero que nacimos en el extranjero, hemos pasado por la misma experiencia. Alguien nos pregunta: “¿De dónde eres?”. En el mejor de los casos se trata de genuina curiosidad. Algo en tu apariencia y en tu acento denota que vienes de un lugar distante o que eres diferente. Pero en otras ocasiones se trata de marcar un límite; es para decirte: tú no eres de aquí. Ahí es cuando duele, cuando se convierte en un acto discriminatorio.

Cuando me preguntan de dónde soy, suelo decir que nací en México pero que ahora vivo en Estados Unidos. Eso cuenta parte de mi historia. Soy, antes que nada, un inmigrante (con un marcado acento en inglés que delata que lo aprendí muy tarde en la vida). En Miami -donde está mi casa, mi trabajo y mi familia- somos tantos los inmigrantes latinoamericanos que no es necesario justificar tu presencia.

Pero no siempre es así.

La escritora Reyna Grande -quien acaba de publicar en español su novela Corrido de amor y gloria- me contó su experiencia cuando llegó de México a California. “Cuando llegué a Estados Unidos a los nueve años siempre me hacían sentir avergonzada de mí, de mis raíces, de donde vine, de mi herencia mexicana, de mi piel morena, de toda mi identidad como mexicana”, me dijo en una entrevista. “Pero cuando me di cuenta que California era parte de México, que aquí se habló español antes que inglés, para mí fue un momento de empoderamiento; de que yo sí tenía derecho de estar aquí porque los mexicanos estábamos primero”.

Estados Unidos es un país cada vez más diverso. Para el 2044 la población blanca dejará de ser mayoría. Eso significa que viviremos en una nación de minorías donde va a prevalecer la variedad de culturas, idiomas y costumbres. Lo distinto será la regla. Y los latinos -que ya somos más de 62 millones- seguiremos creciendo. Aunque a muchos no les guste.

Una vez, en el 2015, el entonces candidato presidencial Donald Trump me dijo en una conferencia de prensa que “me regresara a Univision”. En realidad, lo que quiso decir es que me regresara a México. No le había gustado mi pregunta y trató de callarme. El caso es que su guardaespaldas me sacó de la conferencia de prensa pero no me pudo regresar a México. En EU mis derechos son iguales que los suyos.

Pensé en esto por el incidente que le ocurrió hace poco en Londres a Ngozi Fulani, una ciudadana británica negra y directora de una organización caritativa. La invitaron a una reunión en el Palacio de Buckingham cuando una de las colaboradoras de la familia real -Lady Susan Hussey de 83 años de edad- le tocó su pelo y le preguntó insistentemente sobre su origen. No una sino, al menos, seis veces: “¿De dónde eres? ¿De qué parte vienes? ¿De qué parte de África eres? ¿Qué nacionalidad tienes? ¿De dónde vino tu gente? ¿Cuándo llegaste aquí?”.

Ngozi le dijo a la BBC que lo consideró como un “interrogatorio” y un “abuso”. El palacio real investigó el incidente y despidió a Lady Hussey de su puesto honorario.

En Gran Bretaña y en Estados Unidos una de las cosas que más molestan a los que se resisten al cambio demográfico y a la diversidad étnica es decirles que este también es nuestro país. No acaban de entender que hay muchas maneras de pertenecer a una nación (no solo haber nacido ahí) y que, debido a las migraciones, los viajes y la globalización, el planeta es cada vez más mixto. El futuro es, inevitable y alegremente, de mezclas y combinaciones. Lo puro está desapareciendo.

La próxima vez que alguien te pregunte de dónde eres, basta responder: yo soy de aquí.

Posdata del conejo. Bad Bunny es un fenómeno. Lo vi el sábado pasado y, además de volar (sobre una palmera) y llenar el Azteca (como alguna vez lo hicieron Michael Jackson y Menudo), dio un espectacular concierto de cuatro horas (a pesar de los graves líos en la venta de boletos). Por tres años consecutivos, según Spotify, ha sido el artista más escuchado (streamed) del mundo. Y lo hizo en español. Hay que oírlo en persona y verlo, con un absoluto control del escenario, para entender por qué. Para mí ha sido una educación musical. Sé que su música y sus letras no les gustan a todos. Pero ha roto estereotipos musicales y de género. Cuando oyes cantar, y grabar en su celular, a 87 mil personas, sabes que algo importante está pasando. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

México SA

Ebrard y los espejitos españoles // Albares, peón de trasnacionales // Pausa bilateral se mantiene

Con la sonrisa de lado a lado, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, anunció el relanzamiento de las relaciones bilaterales México-España, pausadas desde febrero pasado por instrucciones del presidente López Obrador. A la diestra del canciller nacional, igualmente emocionado, su homólogo José Manuel Albares –descarado peón de las trasnacionales gachupinas– aseguró que tales relaciones tienen una salud excelente, con voluntad de relanzar y reforzar este vínculo, dado el compromiso estratégico mutuo.

Así es: felices y por la libre, Ebrard y Albares despausaron –valga el término– la relación bilateral a nivel gobierno, pero todo indica que al primero se le olvidó un pequeño detalle: consultar y obtener autorización de su jefe, que despacha en Palacio Nacional, a quien la citada celebración no le causó mayor gracia.

El pretexto del citado relanzamiento fue la reunión de la Comisión Binacional México-España, en la que hemos convenido comunes acciones y reactivado toda la red de cooperación que tenemos ambos países; fue un éxito; nos va a permitir avanzar rápido, a buen paso en la relación bilateral en favor de nuestros pueblos, según afirmó Ebrard en conferencia de prensa. A López Obrador (Marcelo dixit) le dio mucho gusto que se llevara a cabo el encuentro, el cual evidentemente autorizó.

Pero algo falló, porque en la mañanera de ayer un colega preguntó: ¿qué tendría que pasar para superar la pausa? (anunciada en febrero pasado), y López Obrador respondió “que haya una autocrítica; no les vamos a pedir que nos devuelvan todo lo que se llevaron (los españoles), nada más que reconozcan que hubo abusos, masacres, que se reprimió a los pueblos originarios … Es pedir perdón para la no repetición de estos abusos. Y la corrupción, que no vengan a promoverla, a fomentarla, que no se lleven a los presidentes de empleados de sus empresas, que respeten la dignidad del pueblo y de la nación mexicana”.

¿“Hubo algún ofrecimiento para que hablara usted con el canciller español?, reviró el colega, y la respuesta fue concreta: no me ha informado Marcelo, pero qué bueno, porque no se trata de rupturas, es una pausa. Entonces, ¿será que la corcholata Ebrard busca apoyos hasta por debajo de las piedras?

Entonces, la pausa se mantiene con todo y la felicidad de Ebrard y Albares. Por cierto, cuando en febrero pasado el presidente mexicano anunció dicha pausa, el ministro español rechazó tajantemente las descalificaciones de López Obrador contra España y las empresas españolas, es decir, los abusos cometidos por empresas de esa nacionalidad que han afectado al pueblo de México, así como los jugosos negocios que se hicieron por influyentismo, por acuerdos cupulares de políticos de España y políticos de México en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, la actitud o el comportamiento de consorcios como Repsol, Iberdrola y OHL.

En ese momento, el mandatario mexicano detalló: “no es ruptura de relaciones; es nada más decir no se permite robar, no somos tierra de conquista y que no se confunda al pueblo español, que respetamos y admiramos tanto, con estas empresas y con sus políticos protectores del más alto nivel. Dicen los internacionalistas conservadores, ‘expertos’ en política exterior, ¿qué es eso de pausar? ¿No lo entendieron? Claro que sí. Es: a ver, vámonos dándonos tiempo. Nos conviene, a los pueblos, a los gobiernos, para entender de que hay una nueva realidad, que hubo un cambio en México. Ya no les puedo mandar un telegrama, porque ya eso es obsoleto, pero es decirles: ya no”.

¿Algo más? Sí: en los últimos tiempos durante el periodo neoliberal empresas españolas, apoyadas por el poder político tanto de España como de México, abusaron de nuestro país y de nuestro pueblo, nos vieron como tierra de conquista; se dio promiscuidad económica-política en la cúpula de los gobiernos como en tres sexenios seguidos, y nuestro país llevaba la peor parte, lo saqueaban.

Palabras más o menos, eso es lo que ayer repitió el presidente López Obrador, aunque al parecer Ebrard no estaba enterado. ¿Será que los espejitos sólo atraen a la citada corcholata?

Las rebanadas del pastel

Como Pedro Castillo era un dictador y los golpistas son muy demócratas, éstos ordenaron a las Fuerzas Armadas reprimir y masacrar a los peruanos, mientras el gobierno espurio decretó el estado de excepción y el Congreso se niega a adelantar las elecciones presidenciales, porque ganaría la izquierda, otra vez … ¡Vamos Argentina! (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p.16)