TRÁMITES RAPIDITOS
Donde no se permite que el elefante reumático haga de las suyas es en el tema de los asilos y menos cuando concederlos es instrucción superior. Así quedó claro ayer, nos comentan, cuando el Instituto Nacional de Migración sacó adelante con inusitada prontitud la regularización de la familia del depuesto presidente de Perú, Pedro Castillo. Y es que quienes conocen la tramitología en esa dependencia aseguran que una gestión de ese tipo puede llegar a tomar años. Es entendible que, dadas las circunstancias por las que atraviesa la familia del exmandatario peruano, ésta haya obtenido los beneficios de la política humanitaria de país, tal como ocurrió también con el expresidente boliviano Evo Morales, sin embargo, nos comentan, el hecho no deja de generar inquietud entre quienes sí deben lidiar con el elefante reumático de los trámites migratorios. (Redacción, La Razón, LADOS, p. 2)
La familia del expresidente de Perú, Pedro Castillo, llegó ayer a México en un vuelo de Aeroméxico en calidad de asilados por lo que el gobierno de nuestro país se hará cargo de los gastos de su manutención y a sus dos hijos se les va a proporcionar todas las facilidades para que retomen sus estudios.
El que hasta ayer en la noche no había llegado es Pablo Monroy, embajador mexicano expulsado de Perú al ser declarado persona non grata debido a que el nuevo gobierno del país sudamericano consideró que México, a través del presidente de la República y el propio representante diplomático se intrometieron en asuntos políticos después de que Castillo fue destituido y encarcelado tras haber disuelto el Congreso en un intento frustrado de golpe de Estado.
De acuerdo con fuentes del gobierno mexicano la esposa de Castillo y sus dos hijos se quedarán a vivir en el país hasta que no se resuelva el caso del ex mandatario peruano
El Instituto Nacional de Migración otorgó a la familia de documentos migratorios, con el fin de asegurar su situación legal en territorio mexicano.
La familia de Pedro Castillo fueron recibidos por el director general para América del Sur de la Secretaría de Relaciones, Martín Borrego Llorente, quien describió la bienvenida como un acto fiel de la diplomacia y “orgullo de la política exterior mexicana”
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El PAN y PRD le cobraron la traición ayer a Carlos Joaquín González, ex gobernador de Quintana Roo, quien llegó al poder por esas siglas políticas, pero fue propuesto por el presidente López Obrador como embajador de México en Canadá.
Fue en la primer sesión de trabajo de la Comisión Permanente donde González no logró mayoría calificada al obtener solo 18 votos a favor, 16 en contra y una abstención para aprobar en fast track la propuesta del nombramiento.
PAN y PRD consideran que el gobernador entregó el estado a Morena, por lo que al ser frenada la ratificación fue remitida a la segunda Comisión de Trabajo para su desahogo.
Uppercut: A través de un oficio, el PRD solicitó oficialmente al presidente de Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputos detalles de la certificación de Marí del Socorro Puga Luevano en “Yoga de la Risa”, a fin de determinar si es o no útil a los fines del Comité en el que pretende participar para elegir a consejeros del INE. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México, País, p. 5)
Los sueños del presidente Andrés Manuel López Obrador de ser el líder de la izquierda latinoamericana volvieron a estrellarse con la realidad. El último revés, la decisión del gobierno de Perú de declarar persona non grata al embajador mexicano Pablo Monroy, por las declaraciones en Palacio Nacional. Sólo una vez antes había sucedido algo similar, en Bolivia. Y esa vez también fue contra las afirmaciones de López Obrador a favor de Evo Morales, que para perpetuarse en el poder, como quería el expresidente Pedro Castillo, violó la Constitución.
La ministra de Relaciones Exteriores de Perú, Ana Cecilia Gervasi, dijo que su gobierno había decidido expulsar a Monroy por las “reiteradas expresiones de las más altas autoridades (mexicanas) sobre la situación política del Perú, que constituyen injerencias en nuestros asuntos internos y, por lo tanto, son violatorias del principio de no intervención”, contemplado en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas. Una vez más quedaron expuestas sus desafortunadas irrupciones en política exterior, aunque en el caso peruano, hay ramificaciones adicionales.
López Obrador apoyó desmedidamente al expresidente Castillo desde un principio. En diciembre de 2021, cuando el gobierno de Castillo venía en picada por su ineficiencia y desorden, envió al secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, y la entonces subsecretaria para el Bienestar, Ariadna Montiel, para “instruirlo” –así lo dijo– sobre los programas sociales de su gobierno para que los llevara a cabo y sacara de la crisis. No debe sorprender que no sirvieran para nada y López Obrador quizá vio en el colapso de Castillo una derrota, no sólo para sus programas, sino porque el Congreso peruano lo destituyó cuando, mediante actos autoritarios, intentó destruir la democracia peruana.
Las declaraciones reactivas de López Obrador fueron una reiteración de sus mañaneras, extrapoladas a Perú. Castillo, afirmó, había sido depuesto por los conservadores que se negaban a perder sus privilegios, lo que fue un disparate al soslayar que fue su gabinete, su partido, el Ejército, la policía y todas las instituciones quienes se opusieron a sus acciones, y que quien lo sustituyó, Dina Boluarte, era su vicepresidenta, venía de la izquierda y del mismo partido. Ante las críticas, el Presidente mexicano rechazó ser intervencionista y dijo que sólo expresaba su opinión.
Es bien sabido que López Obrador no tiene idea del valor de la palabra de un Presidente, por lo que constantemente se mete en problemas, como sucedió en 2019 en Bolivia, cuando defendió los intentos de Evo Morales por destruir la democracia, y que ante la presión a su intentona, renunció, y se metió en sus asuntos internos. Como resultado, el nuevo gobierno declaró persona non grata a la embajadora María Teresa Montaño, que regresó dos años después a La Paz tras negociaciones con un gobierno transicional.
Antes de Montaño, no hay precedente que se recuerde de una acción similar en ningún otro país. Pero, a diferencia de Montaño, en el caso de Perú, López Obrador escaló el intervencionismo más allá de la retórica. Monroy, un novato que fue enviado a Lima por su relación personal con una diplomática peruana, cabildeó en el Congreso y ofreció viajes a México a legisladores, para que bloquearan la sesión en el Congreso donde declararían incompetente a Castillo y lo depondrían.
Con dinero de los contribuyentes mexicanos, el gobierno de López Obrador intentó sobornar a diputados peruanos, algo inverosímil no por el hecho en sí mismo, sino por la forma abierta de intervenir flagrantemente en los asuntos internos de esa nación. Si López Obrador ha acusado de intervencionista a Estados Unidos porque Mexicanos contra la Corrupción recibe una ayuda limitada de la Agencia para el Desarrollo Internacional –el mayor beneficiario de este tipo de apoyos es la Secretaría de la Defensa–, con recursos presupuestales públicos, ¿de qué dimensión es lo que hizo en Perú? La analogía más cercana es con el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, que promovió la rebelión de generales contra Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, encabezada por el golpista Victoriano Huerta hace más de un siglo.
López Obrador fracasó, y tampoco logró que se sumaran a su misma línea de acción gobiernos de izquierda como Argentina, Chile, Colombia o el próximo en Brasil, con Luis Inácio Lula da Silva, que aunque condenaron las acciones contra Castillo, no se fueron de bruces. Ni se están yendo. López Obrador se ha quedado solo en sus extremismos, y está pagando consecuencias por lo irascible de sus acciones, en las que el resto de los presidentes de la región no cayó.
Al baile de López Obrador no se sumó nadie. La capacidad que él creía tener para persuadir al resto de los presidentes latinoamericanos, no existe. Su ambición por erigirse como el líder de la izquierda en el subcontinente, no tiene puerto de destino. López Obrador, que piensa conocer la historia, la desconoce. Desde los 90, como se escribió en este espacio en aquellos años, la decisión del presidente Carlos Salinas de negociar un bloque comercial norteamericano acabó con la influencia real mexicana en América Latina, donde las potencias económicas sudamericanas consideraron que sus intereses no estaban en esta región, sino con Estados Unidos.
Sin cambiar los términos que llevaban a esa reubicación política de México en América Latina –al renegociar el acuerdo comercial norteamericano–, la pretensión de encabezar a la izquierda continental no era un sueño, sino una utopía. Peor aún, sus declaraciones y torpes acciones en política exterior le están restando credibilidad por todas partes. Estados Unidos, por ejemplo, ya dio señales que a quien tendrá como interlocutor regional es a Lula, no a López Obrador, y su amigo, el presidente argentino, Alberto Fernández, actuando pragmáticamente, ha respaldado a Washington en decisiones –como la elección del nuevo presidente del BID– contra lo que deseaba el mexicano.
Todavía quiere López Obrador ser el líder latinoamericano, ha confiado a sus asesores, sin darse cuenta que nunca lo será y que, en realidad, posibilidades tampoco nunca existieron. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 30)
El régimen de Dina Boluarte escaló el martes su confrontación con México al declarar persona non grata al embajador de nuestro país en Lima, Pablo Monroy Conesa, y exigirle que abandone Perú en un plazo máximo de 72 horas. Ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que el diplomático regresará en breve, y descartó que haya volado junto con la esposa y los dos hijos menores de edad del depuesto mandatario Pedro Castillo, a quienes se concedió asilo ante la amenaza a su bienestar por parte de quienes urdieron y perpetraron el golpe parlamentario del 7 de diciembre.
Cabe destacar el papel fundamental desempeñado por Monroy en el rescate de la familia de Castillo al acogerla en la legación diplomática mexicana en Lima y acompañarla hasta la sala de embarque del aeropuerto internacional de la capital peruana a fin de asegurarse que abordara sin contratiempos el avión que la trajo a la Ciudad de México. Asimismo, debe subrayarse la pertinencia con la que el canciller Marcelo Ebrard ha manejado la situación, con apego al derecho y al principio de no intervención, posiciones en las que México se mantendrá firme. En este tenor, la Secretaría de Relaciones Exteriores a su cargo publicó un comunicado en el cual se ratifica la apuesta del gobierno federal por el diálogo, por lo que se mantendrán abiertos los canales de comunicación con todos los interlocutores.
Por su parte, el titular del Ejecutivo censuró la aplicación de medidas arbitrarias en la relación bilateral y señaló la incongruencia del régimen de Boluarte, que nada dijo ante la intervención directa de la embajada de Estados Unidos en la destitución de Castillo. El mandatario recordó que la política exterior del país, basada en la Doctrina Estrada, no otorga reconocimientos a gobierno alguno, sin importar su origen legítimo o usurpador: hacerlo, como lo hizo Estados Unidos, sería contrario a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Ante el desarrollo de los acontecimientos, debe señalarse que para las autoridades mexicanas y para el país supone un timbre de orgullo ser considerados no gratos por un régimen carente de legitimidad, que accedió al poder mediante maniobras antidemocráticas y tratos vergonzosos con Washington, y que masacra a sus ciudadanos para sostenerse. También es una nota honorable para el gobierno mexicano haber sido el único en ofrecer refugio a Castillo y su familia, con lo cual descuella en medio de una comunidad internacional que ha sido indiferente o hasta ha validado la involución vivida en Perú, y además consolida la recuperación de tradiciones diplomáticas que son un verdadero ejemplo para la región y el mundo.
Calificar de injerencismo la aplicación del derecho del asilo exhibe que, entre sus otras muchas miserias, el régimen golpista peruano padece un desconocimiento absoluto de un mecanismo de protección que compete únicamente a quien lo solicita y al Estado que lo otorga. En esta crasa ignorancia, como en su talante represor, el grupo que instaló en la Casa de Pizarro a Boluarte muestra sus semejanzas con el efímero golpismo boliviano de Jeanine Áñez y Luis Fernando Camacho. (Editorial, La Jornada, p. 6)
Monroy, un “patriota” expulsado y cuestionado
Diplomáticos de carrera nos hacen ver que el término de “patriota”, últimamente está muy desgastado. El presidente López Obrador aseguró que Pablo Monroy Conesa, embajador mexicano expulsado por el gobierno de Perú, es un “patriota”. Sin embargo, dentro del Servicio Exterior Mexicano (SEM), hay una impresión muy diferente de don Pablo. Nos comentan sobre su meteórica carrera: En el SEM la carrera diplomática inicia como Tercer Secretario, después de un tiempo y exámenes se asciende a Segundo, luego a Primero, luego a Consejero y por último Ministro. Para pasar de Ministro a Embajador se requiere de un nombramiento presidencial. Cuando Monroy fue nombrado embajador en Perú generó un gran malestar en SEM, pues apenas tiene el grado de Segundo Secretario. De hecho, Tatiana Ornelas, quien hoy por la contingencia se queda como encargada del despacho en Lima, es Primer Secretario, un rango superior a Monroy. Con su nombramiento como embajador “a la carrera”, nos dicen, México está pagando las consecuencias de su novatez, pues, aunque su salida tiene que ver con la injerencia de AMLO en temas internos de Perú, la actitud del diplomático no ayudó mucho. Hoy Monroy se encuentra en México, donde, por cierto, tendrá que regresar a su nivel de Segundo Secretario. (Redacción, El Universal, p. A2)
Embajada en Perú abierta
Me pareció excelente la decisión de México de conservar su embajada en Perú abierta, no obstante haber sido expulsado su embajador, declarado persona non grata, pues mientras el gobierno andino reacciona con las vísceras, el mexicano lo hace con el cerebro. Actuar de la misma manera hubiera significado dejar en la indefensión a los connacionales que viven y trabajan ahí. Ya habrá oportunidad más adelante de manifestar la protesta correspondiente. Bien por el gobierno de mi México querido. (Redacción, La Jornada, p. 6)
La estrategia en Perú
Nos dicen que ya está todo listo para que el expresidente de Perú, Pedro Castillo, venga a México con asilo político. Sin embargo, esto depende de las negociaciones que sus abogados hagan en aquel país sudamericano para encontrar un salvoconducto que lo saque de la cárcel y lo suba a un avión con destino a territorio azteca. Esperemos el desenlace. (Redacción, El Heraldo de México, LA 2, p. 2)
Trascendió
Que luego de los alegatos de Perú y México por el encarcelamiento de Pedro Castillo, el presidente del Senado, Alejandro Armenta, considera que debe haber una posición más clara de la cámara encargada de vigilar la política exterior y para ello buscará al titular de la Comisión de Relaciones Exteriores, Héctor Vasconcelos, para perfilarla, sobre todo a partir de nuevos hechos como la expulsión del embajador Pablo Monroy. La semana pasada hubo un pronunciamiento conciliatorio, pero ahora, dice, es necesario otro que insista en que se transgredió el voto popular al cesar al ex mandatario peruano y en la protección de sus derechos.
Que siguiendo con el tema de la crisis en Perú, autoridades de ese país han declarado que las críticas de México, Colombia, Bolivia y Argentina lesionan las relaciones bilaterales e incluso la integración regional que promueven mediante la Alianza del Pacífico, cuyo destino está en duda. En ese sentido, el canciller Marcelo Ebrard depositó desde el 19 de diciembre a nombre de México el instrumento de ratificación de la Agencia Latinoamericana y del Caribe del Espacio, con lo que se alcanzan los seis votos necesarios para que entre en vigor el convenio que permite realizar esfuerzos para la exploración espacial. (Redacción, Milenio, Al Frente, p. 2)
La política exterior acumula año con año una serie de fracasos, improvisaciones, escándalos y desaires, convirtiéndose en una de las peores en la historia.
Fracasaron tres importantes candidaturas de México a organismos internacionales: El subsecretario Jesús Seade Kuri, quien fue negociador del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, ni siquiera pasó a la segunda fase de selección de candidatos a dirigir la Organización Mundial del Comercio, al ganar la candidata de Nigeria.
La doctora Nadine Gasman Zylbermann, titular del Instituto Nacional de las Mujeres, fue derrotada por la propuesta de Brasil a encabezar la Organización Panamericana de la Salud.
El subgobernador del Banco de México, Gerardo Esquivel, perdió la votación para presidente del Banco Interamericano de Desarrollo ante otro candidato brasileño.
Fracasaron las solicitudes del presidente Andrés Manuel López Obrador dirigidas al rey Felipe VI de España y al papa Francisco para que pidieran perdón a los pueblos originarios de México por los abusos durante la conquista y la evangelización.
Fracasaron dos propuestas multilaterales del presidente Andrés Manuel López Obrador en la ONU: El Plan Mundial de Bienestar careció del respaldo económico de los países desarrollados para apoyar a más de 750 millones de personas que viven en pobreza extrema en el mundo.
La tregua mundial de cinco años para enfrentar la crisis por la invasión rusa a Ucrania fue también cuestionada por Kiev como un “plan ruso” y no despegó la idea.
Fracasaron por lo menos dos notorias propuestas del secretario Marcelo Ebrard Casaubon: Ebrard negoció el programa migratorio de Estados Unidos “Quédate en México”, el cual causó una grave crisis humanitaria en la frontera, supuestamente a cambio de diez mil millones de dólares de apoyo al sur de México y a Centroamérica, pero Trump no entregó ni un dólar.
Ebrard propuso sustituir a la Organización de Estados Americanos “por ser intervencionista” en el caso de la crisis política en Bolivia por rechazar el intento de reelección de Evo Morales, pero la idea careció de respaldo regional.
En cambio, por la injerencia de México, nunca habían sido declarados persona non grata dos embajadores de México, por las declaraciones intervencionistas del presidente y del mismo secretario: primero María Teresa Mercado en Bolivia y ahora Pablo Monroy en Perú.
Mientras que Mercado es una experimentada embajadora de carrera, México envió a Perú a Monroy, un novato diplomático con el rango de segundo secretario, en violación a la Ley del Servicio Exterior Mexicano, pues solo puede ser acreditado como embajador quienes ostenten el rango de ministro, no uno de nivel inferior como es el segundo secretario, pero Ebrard lo propuso por la inicua frivolidad de ser novio de una diplomática peruana, y estar cerca de ella al ser trasladada de la embajada de Perú en la capital mexicana a Lima.
Y falta espacio para abundar en la lista de nombramientos vergonzosos, como los casos de periodistas, políticos o amigos en Estambul, Madrid, Barcelona, Moscú, Seúl, Buenos Aires, Brasilia, Caracas, Managua, Belice, Bogotá, Santo Domingo, Orlando, Panamá, donde fue rechazado un acosador y sustituido por una actriz de vodevil.
La peor política exterior es la interior. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p. 13)
El gobierno de México ha dejado clara su posición respecto a lo sucedido en Perú. Al mismo tiempo, sería de esperarse que, tras ello, permitiera el paso de la diplomacia en beneficio de los mexicanos que viven allá y de las relaciones bilaterales. Insistir una y otra vez en el tema sólo conduce a la crispación. En política exterior la polarización es una política que a nadie conviene. (Redacción, La Crónica, P.p.)
El martes pasado las autoridades peruanas le dieron 72 horas al embajador Pablo Monroy para abandonar el país. Es decir; lo echaron por entrometido, por formar parte de un gobierno intervencionista, injerencista y en palabras llanas, metiche.
Al mismo tiempo, en un gesto de habilidad diplomática, los peruanos en el poder – la presidente, Dina Bouluarte y la canciller, Ana Cecilia Gervasi–, emitieron un salvoconducto familiar en favor de la esposa y los hijos de Pedro Castillo, el reprobado aprendiz de golpista. Desde ayer por la mañana doña Lilia Paredes y sus hijos, Arnold y Alondra Castillo, están entre nosotros. Un funcionario de baja jerarquía los recibió en el aeropuerto de la Ciudad de México, a hora temprana.
La Embajada de México en Perú quedó a cargo de la primera secretaria Karla Tatiana Ornelas Loera, jefa de Cancillería. Y la política exterior mexicana quedó por los suelos.
Ayer el presidente se mostró -además de entrometido–, desinformado, Sin pregunta previa, y ya encarrerado, dijo:
“…aprovecho para lamentar la decisión que tomó el gobierno de Perú, un gobierno muy cuestionado en su conjunto por su proceder, sobre todo por optar por la represión y no buscar al conflicto de Perú una salida mediante el diálogo y con el método democrático de convocar a elecciones lo más pronto posible para evitar que haya una situación de inestabilidad política que, como lo hemos dicho muchas veces, afecta fundamentalmente al hermano pueblo de Perú”.
¿De dónde le viene a nuestro Ejecutivo la autoridad internacional para decir si el gobierno peruano está “muy cuestionado en su conjunto por su proceder, sobre todo por optar por la represión y no buscar al conflicto de Perú una salida mediante el diálogo y con el método democrático de convocar a elecciones lo más pronto posible?
Pues por lo pronto de la desinformación (Marcelo, ¿dónde, donde estás?) porque mientras él hablaba los diarios publicaban esta nota originada anteayer:
“…(E.F.).- La nueva presidenta de Perú, Dina Boluarte, anunció este lunes de madrugada que propondría adelantar las elecciones a 2024, después de que miles de manifestantes salieran nuevamente a las calles en distintas ciudades de Perú el domingo para exigir su renuncia y programar elecciones con el fin de reemplazarla y al Congreso. Se reportaron al menos dos personas muertas durante las protestas…
“…Interpretando de la manera más amplia la voluntad de la ciudadanía”, indicó la mandataria, “he decidido asumir la iniciativa para lograr un acuerdo con el Congreso de la República para adelantar las elecciones generales”.
Y nuestro presidente respondió:
“Sabemos distinguir muy bien lo que es el pueblo de Perú, que es un pueblo hermano y la actitud de la llamada clase política de los grupos de poder económico y político del Perú, que son los que han mantenido esta crisis en ese país, por sus ambiciones personales, por sus intereses económicos.
“…Comprendemos que esta situación los ha llevado a tomar medidas arbitrarias como la de declarar persona non grata a nuestro embajador en Perú, que hemos estado pendientes y la Secretaría de Relaciones Exteriores le ha pedido que regrese pronto, y está ya por llegar a México, porque lo más nos importa es cuidar su integridad y la de su familia”.
Aquí hay un tufillo como de “al fin yo ni quería”. Tras la expulsión se le pide al embajador un pronto retorno. La prontitud de las 72 horas. Pues sí; no le queda de otra; ya lo echaron.
El 13 de diciembre esto se publicó:
“…El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que, para México, Pedro Castillo sigue siendo el mandatario de Perú y que las autoridades que detentan el poder deben reconocer que fue elegido por voto popular y revertir su destitución”.
Lo reversible o irreversible de la destitución es asunto de ellos.
¿Con esta actitud todavía nos preguntamos por qué se le acusa de injerencista? (Rafael Cardona, La Crónica, La Dos, p. 2)
“Nosotros preferimos la neutralidad,
no meternos. Y repito, no es un
asunto de simpatía, es un asunto
que tiene que ver con principios
de nuestra política exterior,
que los vamos a defender”.
Andrés Manuel López Obrador
México ha abandonado la neutralidad en política exterior, excepto en casos de gobiernos que violan los derechos humanos. Por eso el embajador mexicano Pablo Monroy fue declarado persona non grata en Perú. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú había convocado antes al embajador Monroy para comunicarle que “las expresiones de las autoridades mexicanas constituyen una injerencia en los asuntos internos del Perú y no resultan consistentes con los acontecimientos que se han sucedido en días recientes”.
El canciller Marcelo Ebrard criticó en Twitter la medida peruana: “Encuentro esa decisión infundada y reprobable. La conducta de nuestro embajador ha estado apegada a derecho y al principio de no intervención. México no variará su posición”. Es cierto. El embajador Monroy no cometió ninguna falta. El problema ha sido el presidente López Obrador. Cuando se le preguntó en una mañanera si sigue considerando a Pedro Castillo como presidente de Perú, respondió: “Sí, lo acabamos de decir en el documento”, firmado por Argentina, Bolivia, Colombia y México. “Hasta que lo resuelvan en términos de legalidad”.
No hay, sin embargo, nada que resolver en términos de legalidad. Castillo quiso impulsar un golpe de Estado el 7 de diciembre, al ordenar la disolución del Congreso y la imposición de un estado de excepción, pero fracasó en el intento. El Congreso, que tiene facultades para destituirlo por mayoría calificada, así lo hizo, con 101 votos a favor, seis en contra y 10 abstenciones. La vicepresidenta Dina Boluarte asumió la Presidencia como lo manda la Constitución peruana. Castillo fue detenido por rebelión, delito tipificado en el Código Penal. Considerar a Castillo como presidente de Perú, en violación a la legislación y los procesos políticos peruanos, es abiertamente injerencista.
En otros casos México sí se apega a una política de neutralidad, pero en violación a la fracción X del artículo 89 de la Constitución que establece que el Poder Ejecutivo deberá conducir la política exterior ateniéndose a una serie de principios normativos, entre ellos “el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos”. A pesar de esto, y de que el canciller Ebrard con frecuencia presume la política exterior feminista de nuestro país, México se abstuvo en la votación para excluir a Irán de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
Más que respetar principios, la política exterior de nuestro país se adapta cada vez más a las ocurrencias del Presidente. Recordemos el tiempo que se tomó para felicitar por su triunfo electoral de 2020 al presidente Joe Biden de Estados Unidos, en un intento por respaldar las falsas afirmaciones de su amigo Donald Trump de que Biden había ganado la elección por un fraude. En cambio, felicitó a Luiz Inácio Lula da Silva este año después de la primera vuelta electoral, antes incluso de la votación que lo llevó a la Presidencia de Brasil.
Me parece correcto que López Obrador haya anunciado ayer que México no romperá relaciones con Perú, pero una vez que lo dijo volvió a las andadas. Señaló que el gobierno peruano es “muy cuestionado en su conjunto, por su proceder, sobre todo por optar por la represión y no buscar al conflicto de Perú una salida mediante el diálogo y mediante el método democrático de convocar a elecciones lo más pronto posible”. La declaración no solo demuestra desconocimiento sobre lo que está ocurriendo en Perú, sino que exhibe una vez más el ánimo injerencista del Presidente.
“El atentado contra Ciro le conviene a Ciro y a los dueños de los medios donde trabaja Ciro”, dijo ayer el Presidente. Apenas el lunes 19 de diciembre expresó su solidaridad con el periodista; hoy lo acusa de haber fingido el ataque. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)
Teléfono descompuesto
Vaya lío en el que metieron al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien anunció que el embajador de México en Perú, Pablo Monroy, ya había llegado a México, y hasta un “bienvenido, embajador patriota” le dedicó, pero resultó que el diplomático seguía en Lima, y quien realmente había arribado al país fue la familia del depuesto mandatario peruano Pedro Castillo. La duda es si la información errónea surgió de la Cancillería, del personal de Ayudantía del Presidente, que habría tomado mal la nota, si el propio López Obrador leyó mal el mensaje o, simplemente, él tenía otros datos. Todo es posible en la 4T. (Redacción, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 27)
La crisis que viene
En México podría desatarse una crisis relacionada con Perú, se trata de la desaparición de Wendy Hellem Sandon Herrera, una empresaria de 33 años de origen peruano. La mujer, que se dedica a los negocios de belleza, fue vista por última vez el pasado 16 de diciembre en el municipio de Cuautlancingo, en Puebla, lo que ha generado ya tremendo revuelo en aquel país e incluso se ha pedido que la Fiscalía de Gilberto Higuera acelere los trabajos para dar con su paradero. ¿Será? (Redacción, 24 Horas, p. 2)
Con motivo de su vigésimo aniversario, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) organizó un diálogo entre cinco ex-cancilleres, donde tuve el honor de participar junto a mis colegas Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda y José Antonio Meade. La pregunta central que orientó este debate fue tan concreta como compleja: ¿cómo debería México relacionarse con el mundo en los próximos años?
Si bien la respuesta es extensa, pues implica delinear un proyecto de acción internacional, rescato tres grandes conclusiones.
En primer lugar, México debe tomar una decisión estratégica, a partir de la próxima administración: si deseamos mantener un distanciamiento del mundo, o reposicionarnos dentro la comunidad global y relanzar nuestro aparato de promoción internacional.
La realidad es que, en años recientes, se ha desgastado nuestra capacidad de incidir en la agenda internacional y de promover nuestros intereses. Ejemplos de ello abundan: desde el deterioro de relaciones bilaterales esenciales, como con Estados Unidos, hasta los puestos de influencia que hemos perdido en organismos internacionales, pasando por el desmantelamiento de la promoción turística.
México posee un magnífico servicio diplomático. Sin embargo, nuestra voz global pesa cada vez menos, por diversas razones: los más altos niveles de gobierno han decidido ausentarse de los foros donde se toman las decisiones; la mal llamada austeridad ha debilitado nuestras capacidades institucionales; además, los principios constitucionales de nuestra política exterior se han invocado más por filias ideológicas que en función del interés nacional.
La segunda conclusión es que México necesita crear una política exterior de Estado. La conducción de la diplomacia es facultad del presidente de la República, lo cual muchas veces, lejos de generar unidad provoca desorden: cada sexenio, las prioridades pueden cambiar de forma importante, se cancelan proyectos de largo aliento que estaban funcionando y el mandatario en turno puede hacer virajes ideológicos sin respetar un proyecto nacional. Al actuar más como jefe de la administración pública y menos como Jefe de Estado, se diluye ese objetivo.
Por ejemplo, instancias como el Senado de la República tienen un mandato constitucional para participar en la política exterior, pero en la realidad su papel ha sido relegado a lo testimonial. El Legislativo debe tener un peso real en temas como la negociación, y no la mera ratificación, de tratados internacionales o en la fiscalización de las acciones gubernamentales en el exterior.
Asimismo, hay otros actores que necesitan integrarse en la formulación de la política exterior; por ejemplo: gobiernos estatales que, por su vecindad fronteriza, en la práctica ya tienen diálogo con sus pares internacionales, actores privados cuya actividad genera empleos para México o universidades que cuentan con centros especializados que permitan aportar capacidades técnicas para la toma de decisiones.
Finalmente, hay que promover la especialización de los diplomáticos de carrera. Frente a los cambios estructurales que vive el sistema internacional, sería un gran avance si las instituciones dentro y fuera del Estado logran formar de manera sistemática funcionarios especializados en, por ejemplo, seguridad pública, migración o derechos humanos.
El COMEXI y otras instituciones, como el Instituto Matías Romero, pueden ganar un papel estratégico en esta tarea. México es un país con intereses globales; por tanto, las próximas discusiones sobre el futuro del país no pueden pasar por alto su papel en el exterior. Entre más pronto empecemos, mejor. (Claudia Ruiz Massieu, El Heraldo de México, LA 2, p. 2)
Esta semana, el Gobierno peruano decidió declarar al embajador de México en ese país como persona non grata, concediéndole 72 horas para abandonar su territorio. El motivo, de acuerdo con lo publicado por la cancillería de Perú, las reiteradas expresiones de las más altas autoridades mexicanas sobre la situación política en aquella nación. Para dimensionar la magnitud de esta situación, vale la pena hacer referencia al uso de este mecanismo diplomático en el pasado reciente.
Serguéi Skripal, exoficial ruso y agente doble de los servicios de inteligencia del Reino Unido, fue envenenado en 2018. Las investigaciones alrededor del caso arrojaron que, junto con su hija Yulia, fue víctima del uso de una sustancia conocida como novichok, un agente nervioso de origen ruso. Ambos, padre e hija, lograron sobrevivir, pero el incidente provocó un profundo deterioro en las relaciones diplomáticas entre las dos naciones involucradas.
Diez días después del envenenamiento, la entonces primera ministra británica Theresa May informó al Parlamento su decisión de nombrar personas no gratas a 23 integrantes del cuerpo diplomático ruso en el Reino Unido. Rusia contestó con una medida de iguales proporciones, al aplicar la misma acción sobre 23 diplomáticos británicos con funciones en ese país. Poco tiempo después, en apoyo al Reino Unido, el Gobierno estadounidense declaró a 60 diplomáticos rusos como personas no gratas.
La definición pura del concepto persona non grata se refiere a quien algún Gobierno o institución considera indeseable. Como instrumento diplomático, su uso es altamente flexible y discrecional; de acuerdo con la Convención de Viena, un Estado puede, en cualquier momento y sin tener que explicar su decisión, aplicar este mecanismo al personal diplomático de otro país.
Más allá de las definiciones, los casos en que Estados recurrieron a este mecanismo se dieron en momentos de extrema tensión entre naciones o en contextos en los que el respeto a la soberanía de otro país fue violentado de manera flagrante. Lo sucedido entre el Reino Unido, EU y Rusia en 2018, muestra también que, una vez que se invoca esta práctica, reconstruir las relaciones entre países resulta, al menos, complejo.
Perú atraviesa por una crisis institucional sobre la cual todas las naciones debemos, con respeto a la soberanía del país andino, hacer votos para que se restablezcan el orden, la democracia y el Estado de derecho.
Las expresiones del Gobierno de México no vulneran la soberanía de la República del Perú, al contrario, son realizadas bajo la política de no intervención, con el único objetivo de fortalecer nuestras relaciones y abonar a una ruta que permita restaurar la paz y el equilibrio.
Por ello, como ya lo mencionó el presidente Andrés Manuel López Obrador, la decisión del Gobierno peruano resulta infundada. En el Senado de la República, órgano revisor de la política exterior del país, hacemos votos para retornar a la ruta de la concordia y la hermandad que históricamente han unido a nuestras naciones. Evitemos seguir caminando hacia callejones sin salida. (Ricardo Monreal Ávila, 24 Horas, Estados, p. 8)