La Corte de EU acaba de asestar duro golpe a los migrantes que buscan nuevas oportunidades de vida o escapan de la violencia en sus países. En pleno invierno, en la sexta de ola de COVID podrán ser expulsados inmediatamente si el vecino país los considera un riesgo. Es momento de acudir a protegerlos o habrá una tragedia humanitaria en nuestra frontera. (La Crónica de Hoy, Pp)
La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos resolvió ayer que debe seguir vigente la orden emitida por el ex presidente Donald Trump que obliga a expulsar del país a quienes lleguen a él pidiendo asilo. Tal directiva, conocida como Título 42, fue adoptada en el marco del desastre pandémico por el que transitó el mundo –agravado por las torpes decisiones del propio Trump– y usó como justificación la necesidad de evitar contagios por parte de los extranjeros que acuden al territorio estadunidense huyendo de la violencia o de la persecución en sus países de origen.
Incluso en aquellas condiciones de emergencia sanitaria, el veto a los solicitantes de asilo era irracional, carente de bases científicas y profundamente inhumano. Lo es más ahora, cuando la pandemia de SARS-CoV-2 ha de empezar a considerarse, a decir de las autoridades internacionales, una afección endémica. De modo que el fallo del máximo tribunal estadunidense que perpetúa la prohibición trumpiana no tiene más fundamentos que la xenofobia y el racismo característicos de la presidencia anterior.
El fallo que da vigencia indefinida al Título 42 complica la crisis humanitaria que se vive en nuestra frontera norte y coloca al gobierno mexicano en una encrucijada de muy difícil solución, pues no hay condiciones para proporcionar servicios básicos y garantizar la seguridad de decenas de miles de migrantes, pero tampoco es viable regresarlos de manera digna y segura a sus países de origen. Por ello, la resolución del máximo tribunal estadunidense no sólo es una tremenda injusticia para los viajeros, sino también un agravio para México, que se ve enfrentado a un problema en cuya génesis no tuvo responsabilidad alguna.
Por otra parte, la resolución comentada no sólo representa un acto inhumano hacia los migrantes y un gesto de grosera insensibilidad para con nuestro país, sino que también ilustra la tragedia de una Corte Suprema de Justicia dominada por actitudes reaccionarias y fóbicas en el país que se categoriza a sí mismo como de las libertades.
Las deplorables tendencias que imperan en el órgano máximo de justicia de Estados Unidos son también una herencia de la era de Trump, el cual alteró el equilibrio que prevalecía en la Corte al nombrar a jueces y juezas retrógrados y oscurantistas, como Neil Gorsuch, Amy Coney Barrett y Brett Kavanaugh.
Vale la pena recordar, a este respecto, los repetidos fallos de ese organismo a favor del libertinaje total en materia de adquisición y posesión de armas de guerra por parte de los ciudadanos o sus posturas contrarias a la educación sexual, a las minorías y al derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. En suma, ese colegiado reaccionario es una desgracia para la propia sociedad estadunidense e incluso para su actual gobierno, pues la incapacidad de Joe Biden de hacer efectivas sus promesas de campaña se explica en buena medida por la obligación de acatar las resoluciones de una Suprema Corte de Justicia derechista y cavernaria. (Editorial, La Jornada, Editorial, p. 2)
El gran flujo de migrantes que continúan llegando a la frontera de Estados Unidos continuará bloqueado, en medio de las heladas de algunos estados y fuertes tormentas con muertos en otros, pues la Corte Suprema del país del norte determinó que seguirá vigente el Título 42 y eso implica que las personas que intenten ingresar ilegalmente a la nación de los McDonald ́s y Disney seguirán siendo expulsadas a México o sus países de origen.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos lanzó el aviso ayer por la tarde, luego de que circuló por todos lados la nota de portada del New York Post y canales de noticias que antes estaban alineados a Donald Trump repetían de los riesgos que dejar entrar a esa marea de humanos persiguiendo el sueño americano.
Maryann Martínez, reportera del New York Post, reveló ayer que en medio del desierto de Texas, una carpa gigante, una especie de casa de campaña más grande que un campo de la NFL, se instaló para funcionar como centro de procesamiento de migrantes, en espera de que en cualquier momento (esperaban ayer por la mañana) se finalizara el Título 42. La Border Patrol, recuerda Martínez, tiene un centro de procesamiento en El Paso, pero no es suficiente para la demanda que esperan, de unos cinco mil migrantes por día entrando a Estados Unidos desde México.
“La gente no debería escuchar las mentiras de los traficantes que se aprovechan de los migrantes vulnerables, poniendo en riesgo sus vidas. La frontera no está abierta y continuaremos aplicando plenamente nuestras leyes de inmigración”, advirtió el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, que encabeza Alejandro Mayorkas. “Continuaremos administrando la frontera, pero lo hacemos dentro de las limitaciones de un sistema de inmigración de décadas de antigüedad que todos están de acuerdo en que no funciona. Necesitamos que el Congreso apruebe la legislación de reforma migratoria integral que propuso el presidente Biden el día que asumió el cargo”.
En ese sentido, el Servicio de Investigación del Congreso de EU publicó el viernes pasado un documento en el que se recuerda que desde 1893 la ley federal de salud pública ha autorizado a ciertos funcionarios federales a prohibir la entrada de personas y bienes del exterior para detener la introducción de enfermedades transmisibles de ciertos países.
“Rara vez se ha invocado esta autoridad para restringir la entrada debido a enfermedades transmisibles. Antes de la invocación de la autoridad del Título 42 en respuesta a la pandemia de Covid-19, quizás el caso anterior más notable en el que se ejerció dicha autoridad ocurrió en 1929, cuando el presidente Herbert Hoover invocó la autoridad bajo el estatuto precursor de la Sección 265 para restringir los viajes desde ciertos países durante un brote de meningitis”, recuerda la abogada Kelsey Y. Santamaria.
Luego de algunas reflexiones, señala que alternativamente el Congreso puede desear que el poder ejecutivo continúe teniendo amplia discreción para responder a situaciones de rápido desarrollo que involucren enfermedades transmisibles. Algunas propuestas, agrega, implican no dejar entrar bajo este argumento a ningún migrante hasta el 1 de febrero de 2025. Por lo pronto, como dicen las autoridades migratorias, los traficantes siguen esparciendo mentiras y llevando hasta la frontera a familias completas que esperan empeñar su patrimonio con ellos, para comprar un mejor futuro falso. (Hiroshi Takahashi, El Sol de México, República, p. 5)
A principios de 2022 el mundo parecía entrar en un momento esperanzador, por fin comenzábamos a dejar atrás la fase más dura de la pandemia por Covid-19 y la economía global empezaba a recuperarse. Pero el 24 de febrero Rusia invadió a Ucrania y con ello lejos de dejar atrás una crisis, estas se multiplicaron.
Se han acumulado nubarrones en todos los frentes, economía, política, relaciones internacionales, cambio climático… El mundo se encuentra en pleno proceso de reestructuración. La sucesión de crisis globales que vivimos (…) son prueba de un cambio hacia una nueva era.
El fenómeno inflacionario es particularmente dramático cuando se trata de países de bajos ingresos, aquellos en los cuales el gasto en alimentación representa más de la mitad del presupuesto de las familias y que con el aumento de precios se ven en una situación angustiante. Este factor explica en cierta medida la efervescencia social en diversos países del planeta y los crecientes flujos migratorios que estamos atestiguando en la frontera entre México y Estados Unidos, y otras regiones del mundo. Las personas no se resignan a una vida sin horizontes, ni esperanzas, y deciden emprender el duro camino de la migración.
Del trumpismo al bolsonarismo, pasando por la Italia de Giorgia Meloni, el populismo de derecha sigue generando influyentes movimientos políticos; mientras que el populismo de izquierda crece en importancia, particularmente en América Latina con gobiernos como los de López Obrador, en México, o Luis Arce, en Bolivia. El común denominador de los populistas: un discurso nacionalista, anti-establishment, que busca proponer soluciones superfluas a problemas complejos y que pinta a quien no esté de acuerdo con el proyecto político como un enemigo del país. (Brenda Estefan, El Universal, Opinión, p. 16)
No fue un buen año para la vida pública. La acentuación de la polarización, el encono y el antagonismo político sellaron el año que está por terminar. Mucho de ello es atribuible a las renovadas y continuas descalificaciones hacia cada vez más sectores de la población desde el discurso oficialista, empezando por el mismo Jefe de Estado. A mi juicio, lo más gráfico en el deterioro de la vida pública se dio con el avance de una reforma electoral autoritaria.
La corrupción en Segalmex genera remembranzas al caso de la Estafa Maestra. Se inauguró el aeropuerto Felipe Ángeles, que a la fecha sigue estando —por motivos evidentes— muy por debajo del nivel de operaciones que debería tener.
Continuaron las grandes olas de migrantes y la ausencia de políticas para atender semejante drama. La política exterior fue lamentable por donde se le vea: la propuesta de nombramiento para la embajada de Panamá, las declaraciones sobre las elecciones en Colombia y Brasil, la carta en apoyo a Cristina Kirchner, la cándida —e ignorada— propuesta de paz para Ucrania y la absurda injerencia en el intento de autogolpe en Perú, lo que ameritó la expulsión del embajador mexicano en el país andino. (Horacio Vives Segl, La Razón, México, p. 8)