Tras varios días convulsos, México recibirá a Joe Biden y Justin Trudeau. La X Cumbre de Líderes de América del Norte iniciará de manera extraoficial el domingo, ya no el lunes, con la llegada del presidente de Estados Unidos un día antes y, para beneplácito de López Obrador, aterrizará en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Todo ocurre apenas tres días después de la aprehensión de Ovidio “N”, que, aunque se asegure que nada tuvo que ver con la Cumbre, el calendario acerca las fechas y subraya la coincidencia. Finalmente, las estrategias contra el narcotráfico en cada país de Latinoamérica siempre han tenido sobre sí el ojo del gobierno estadunidense. En el caso de Ovidio “N”, el Presidente de México expresó ayer que nada tuvo que ver la inteligencia del país vecino ni se recibió presión alguna, porque se actúa con autonomía, la captura tampoco será asunto en la agenda de la X Cumbre: “No creo que sea tema, en efecto, hay una solicitud de extradición, se va a tramitar, es un proceso legal que lleva algo de tiempo, por supuesto que sí se va a hacer, pero no será tema de los encuentros que tendremos la próxima semana…”, me afirmó ayer Roberto Velasco, jefe de la Unidad para América del Norte de la SRE.
Los temas que sí están anotados, decíamos hace un par de días, están enfocados en la integración de la región: “En la reunión trilateral son seis ejes: equidad, diversidad-inclusión, cambio climático, salud, seguridad, competitividad (…) Con Estados Unidos, tendrá mayor peso la migración, el desarrollo y el cambio climático (…) con Canadá es una agenda que tiene asuntos de los pueblos originarios de ambos países, donde hay una gran coincidencia de la movilidad laboral”, aseveró.
Una cumbre como ésta evidentemente tiene como finalidad actualizar y modernizar la visión común entre los países. Socios comerciales importantísimos que buscan ampliar el comercio intrarregional: “de esa forma se puede promover que la región sea competitiva y le podamos hacer frente al bloque asiático…”, agregó Velasco.
Con Estados Unidos, y en menor medida con Canadá, la migración es un factor relevante para el desarrollo y esa integración que se busca. Ayer mismo, Biden anunció un plan migratorio, pero que no será único instrumento para fortalecer el camino rumbo a la regularización de miles de personas que desde hace décadas abandonan sus lugares de origen para llegar a EUA: “también hay un tema de movilidad en nuestra sociedad y cómo podemos tener una migración segura, ordenada y regular en las Américas”, dijo Velasco.
Esta X Cumbre de Líderes de América del Norte, llega en un inicio de año nada en calma, pero a México le da oportunidad de posicionar su liderazgo y compartir con sus pares la labor para fortalecer a la región como una de las más competitivas del planeta. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p.10)
Había que quedar bien con el mandamás del imperio, a unos días de su visita a México. El jueves se organizó el tremendo zafarrancho para recapturar al hijo de El Chapo Guzmán -Ovidio-, al que se había aprehendido hace un par de años, pero AMLO dio orden de que se liberara “para no arriesgar la vida de inocentes”.
Se le acabó la temporada de gracia que, un tlatoani que se ve muy cercano a cárteles y mafias, le dio para hacer negociazos a sus anchas, en vista de que, después del maltrato que el emperador de palacio le ha propinado al Ejecutivo gringo, había que lamerle las heridas.
La aprehensión del narco, con las consecuentes balaceras, quemas de automóviles y parálisis de la vida en Culiacán, confirma el enorme poderío al que han llegado estos sátrapas, dueños y señores de enormes regiones de la República. Como si fuera baba de perico, los cárteles se enfrentan al Ejército y a la Guardia Nacional, haciendo gala de su armamento sofisticado, su entrenamiento y su descaro para defender esos grandes cotos de poder, que le han arrebatado a la sociedad y qué decir de a este gobierno, ajeno por completo a combatir al hampa.
Recién sucedía la tragedia del penal de Ciudad Juárez, al que entró un comando a liberar a otro líder mafioso, El Neto (Banda de los Mexicles, asociada con los hijos del Chapo), con un saldo trágico de muertos. Se logró la recaptura del bandido, quien pereció en la balacera. ¿Qué horrores más nos deparará el vivir en un territorio en el que las mafias han sentado sus reales, con la complacencia de un gobierno irresponsable, negligente y probable socio de la delincuencia?
El nuevo Culi8acanazo le quitó impacto a la reciente declaración del tabasqueño, en cuanto a que usa a los pobres como estrategia política. Nos hemos acostumbrado a escucharle todo tipo de barrabasadas, pero esta es de campeonato y confirma que lo que busca es incrementar el número de menesterosos -como ya lo ha hecho en cuatro millones-. Su objetivo es tener esa “base social” a la que le regala dinero a cambio de su incondicionalidad y no sacar de la miseria a quienes en ella viven.
El que mucho habla, mucho yerra, pero en esta ocasión rebasó la medida de la ética, la moral y la propia ley, que sanciona el uso de programas sociales para fines políticos. La frialdad con la que se expresó refleja su inexistente sensibilidad y trasluce su fin último de acumulación de poder.
Miseria, premio de consolación de unos cuantos pesos y votos seguros para una causa absurda, sin fundamentación alguna y sin otro deseo que el de destruir a un país, forma de revancha a sus múltiples traumas, odios y resentimientos.
Reveló, de paso, su imposibilidad de conducir a una nación -como lo ha demostrado hasta ahora- y por desgracia pronosticó lo que todavía nos espera. Por lo pronto, vergüenza de vergüenzas a nivel internacional, como la solicitud a Biden para que aterrizara en su mamarracho aeropuerto. 30 mil deportados y captura de Ovidio, lo llevará a aterrizar en la esperpéntica instalación.
De poco sirve la captura de Ovidio, de cara al marasmo cotidiano, que sólo él crea y alimenta. Sus hermanos, el resto de la familia y secuaces seguirán engordando el brutal negocio familiar.
El AIFA quedará como una instalación mediocre, pueblerina y las aerolíneas harán lo imposible por no tener que usarlo, a pesar del espeluznante desembolso que salió de nuestros bolsillos. ¡Como para Ripley! (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p.12)
Cuando el mandatario estadounidense, Joe Biden, llegue a México, en unas horas se va a encontrar con un país polarizado, muy violento -con muchos muertos y un creciente control de los narcocárteles- y con un Presidente fuerte y popular que insiste en imponer su agenda y que, en el proceso, se está volviendo cada vez más autoritario.
El reciente arresto de Ovidio Guzmán en Sinaloa dejó decenas de muertos y heridos, ocasionó bloqueos en varias ciudades y provocó ataques en carreteras, a aviones en el aeropuerto de Culiacán y a una base aérea militar. Esto no es normal. En cualquier otro país, esto hubiera generado una emergencia nacional. La estrategia de seguridad ha fracasado -con más de 133 mil asesinatos en lo que va del sexenio- y el de AMLO ya es el gobierno más violento del siglo. Y la resistencia presidencial a un cambio de estrategia pronostica dos años muy difíciles.
Pero México es mucho más -y mejor- que su gobierno.
Biden también verá a una joven democracia que se resiste a dejar de serlo, a una nación creativa, alegre, luchadora y cuestionadora, que ve en Estados Unidos a un socio y, también, una oportunidad cuando las cosas se ponen mal en México. Durante décadas, Estados Unidos ha sido para muchos mexicanos una aspiración, una válvula de escape y la mejor opción para una segunda vida.
Los lazos entre México y Estados Unidos son profundísimos. No solo por la obvia cercanía territorial sino, sobre todo, por los más de 37 millones de personas de origen mexicano que vivimos en el norte.
Y, sin embargo, somos tan distintos.
“Probablemente en ningún lugar del mundo vivan, lado a lado, dos países tan diferentes como México y Estados Unidos. Al cruzar la frontera, digamos, de El Paso a Ciudad Juárez, el contraste es impactante: de riqueza a pobreza, de organización a improvisación, de sabores artificiales a especias picantes. Pero las diferencias físicas son menos importantes. Probablemente en ningún lugar del mundo dos vecinos se entiendan tan poco”.
Este párrafo del libro Vecinos distantes fue escrito en 1984 por el corresponsal del diario The New York Times Alan Riding. Y sigue teniendo validez casi cuatro décadas después. México y Estados Unidos aún mantienen enormes diferencias de salarios y de crecimiento económico. Además, en los últimos cuatro años México se ha convertido en el muro de Estados Unidos, tal y como lo quería Trump.
Somos muy distintos pero el destino de ambos países está amarrado al otro.
Estados Unidos y México comparten una frontera que no es frontera. Millones la han cruzado nadando, caminando por desiertos y montañas, o con visas de turista que luego expiran. Por primera vez, desde que se llevan las cuentas, 2.7 millones de personas cruzaron ilegalmente hacia Estados Unidos, por la frontera sur, en el pasado año fiscal.
La frontera entre México y Estados Unidos está pintada con lápiz; es porosa por naturaleza, por historia y por costumbre. Está llena de huecos y hoyos. Nadie la puede sellar. Fue creada -¿inventada?- luego de la guerra entre ambos países (1846-1848) y todos los esfuerzos por marcarla, asegurarla y cerrarla han fracasado. Es una frontera impuesta por la fuerza -en que México perdió la mitad de su territorio- incómoda y frecuentemente violada.
Y así como entran inmigrantes, entran drogas. La gran mayoría de la heroína y las metanfetaminas que se consumen en Estados Unidos -el principal mercado de drogas del mundo- pasa a través de México. Más de 80 mil estadounidenses murieron por sobredosis de opioides en el 2021.
¿Vecinos distantes? A veces nos aguantamos y otras nos abrazamos.
Tras 175 años con la misma frontera, ya hay pocas cosas que nos sorprendan del vecino. Drogas, migración, el nuevo acuerdo comercial (junto con Canadá) y el tráfico de armas de Estados Unidos hacia México son los temas permanentes de la relación entre ambos países. Biden y el presidente Andrés Manuel López Obrador tendrán mucho que discutir. Pero estar en desacuerdo es lo normal. Cada uno responde a intereses e historias distintas.
A final de cuentas, Biden y AMLO saben lo esencial: que México y Estados Unidos están tan amarrados que la única solución es aprender a vivir juntos.
La frontera es solo una rayita. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)
Hace cinco meses, el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, retaba al gobierno de México a tener resultados en materia de seguridad. Decía el diplomático que el tema era más importante que cualquier acuerdo comercial. Si bien las diferencias con el gobierno de Joe Biden brotaban o se apagaban en otros ámbitos, el asunto de seguridad se mantenía en la agenda como prioridad.
Por eso, ante la llegada del presidente de Estados Unidos a México el día de mañana, la recaptura de Ovidio Guzmán toma otra perspectiva. Las suspicacias no pueden ser menores: apenas se supo de la detención de Ovidio, cuando el presidente Biden anunció que México había aceptado admitir a 30 mil migrantes al mes de Venezuela, Cuba, Nicaragua y Haití expulsados de territorio estadounidense por cruzar la frontera de forma irregular.
Casi simultáneamente a la detención de El Ratón, ocurría el abatimiento de Ernesto Piñón de la Cruz, El Neto, autor de la primera masacre del año y responsable de la fuga de una treintena de reos en Ciudad Juárez, pero además, líder de los Mexicles, una banda ligada al Cártel de Sinaloa que hacía la guerra contra el Cártel de Juárez. Tres hechos que tienen como común denominador el interés de Estados Unidos… y de la seguridad nacional.
Los tiempos y confirmaciones levantan más de una ceja al darse por entendido un acuerdo tácito de intercambio entre el gobierno mexicano y el estadounidense para llevar a cabo la detención del hijo de El Chapo, sin embargo, otros datos llevan a pensar que el timing de la detención puede no estar del todo relacionado con la vista de Justin Trudeau y Joe Biden.
Lo cierto es que el 5 de enero marca un rumbo en el que la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador enfrenta a los grupos de la delincuencia organizada. Evidentemente, esto genera una discusión más entre los seguidores y detractores del Presidente en torno a la estrategia de “abrazos, no balazos”. No tienen razón ni los que festejan la recaptura, ni quienes la critican ante el Culiacanazo de 2019.
La detención de Ovidio y la muerte de El Neto representan, sí, golpes espectaculares, pero faltan muchos más. Por ello habrá que ver la ruta a seguir a partir de este operativo en Sinaloa, que no tuvo saldo blanco: 29 muertos, entre ellos 10 militares y 19 sicarios.
Además, la zozobra entre los habitantes de Sinaloa que tuvieron que permanecer encerrados ante el temor que generaron los delincuentes en reacción a la captura.
Para el registro queda el ataque a un avión de Aeroméxico antes de despegar, cosa nunca vista. Esos delincuentes siguen libres, con amplio acceso a armas, vehículos, dinero y droga. La capacidad de reacción fue inmediata y duradera, aunque poco estratégica.
Por último, queda el protagonismo de la Guardia Nacional, dando su primer gran golpe, como para legitimarse. Pero, faltan muchos más. (Carlos Zúñiga, El Heraldo de México, Opinión, p.8)
Ovidio Guzmán era el eslabón más débil en la jefatura del grupo mafioso que las autoridades llaman Cártel de Sinaloa. Su perfil psicológico, elaborado por la inteligencia de Estados Unidos y México, dice que era el más propenso a hablar bajo presión y el más descuidado de sus hermanos, los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Ovidio se descuidó en octubre de 2019, cuando se quedó con su pareja y una escolta mínima en su casa en Culiacán. Se descuidó de nuevo esta semana, en el poblado de Jesús María. Allí lo capturó un operativo del Ejército, que se nutrió con información de la CIA e informantes clave. Recopilé esta información con fuentes de seguridad en ambos países, en las últimas horas.
El gobierno mexicano primero informó que llevaba seis meses siguiendo a Guzmán, aunque después anunció que el Ejército lo detuvo cuando revisaba unas camionetas con un blindaje sospechoso.
Hubo otra contradicción. El canciller Marcelo Ebrard dijo que Guzmán tiene que responder ante la justicia en México. Este viernes, un juez informó al hijo de “El Chapo” que fue detenido por una solicitud de extradición a Estados Unidos para enfrentar cargos por trasiego de cocaína, marihuana y metanfetaminas.
La indagatoria que llevó a la detención comenzó meses antes. La CIA infiltró el círculo de confianza de los hijos de “El Chapo”, me dijo una fuente que estuvo cerca del operativo. En julio pasado, en Topilejo, cerca de la Ciudad de México, la policía detuvo a 14 personas que trabajaban para Guzmán. El grupo de élite que seguía a Guzmán obtuvo información.
En noviembre, en Culiacán, el Ejército buscaba a Aureliano Guzmán, “El Guano”, hermano de “El Chapo”. No fue capturado, pero sí cinco escoltas. Pocos medios lo publicaron. “Ese silencio militar nos hizo pensar que seguirían otras detenciones de alto nivel en Sinaloa”, me dijo Eduardo Guerrero, director de Lantia Intelligence.
En esos días, informantes en el cártel entregaron datos clave a Estados Unidos. Esta semana, el mismo grupo de élite militar que detuvo a Guzmán en octubre de 2019 lo capturó otra vez. El operativo comenzó por aire, con un helicóptero que disparó sobre las casas a mansalva, dijeron vecinos a la prensa local.
El grupo de élite trasladó enseguida a Guzmán fuera de la zona, mientras otros elementos del Ejército llegaban en apoyo táctico para contener la violencia desatada por los delincuentes. A diferencia de 2019, en esta ocasión no llegó la orden de liberarlo.
El único caso público contra Guzmán en Estados Unidos está en una corte del Distrito de Columbia, data de 2017 y lo presenta como un traficante menor, en comparación con otros miembros de su familia. Sin embargo, otras acusaciones pueden estar aún bajo secreto en Estados Unidos. Según conversaciones entre ambos gobiernos a cuyos detalles tuve acceso, Guzmán era un operador clave en el trasiego de fentanilo.
México se ha convertido en el mayor exportador de esa sustancia hacia Estados Unidos y en uno de los principales productores, dice un informe del Congreso estadounidense que se publicó el mes pasado.
Antes, la mayor producción de fentanilo en el mundo estaba en Wuhan, China. Los precursores se enviaban a México. En 2020, Wuhan fue el epicentro de la pandemia de Covid-19 y la estricta cuarentena que impuso el gobierno chino obligó a los productores mexicanos a conseguir precursores en otros sitios.
Ahora, la detención de Guzmán ayuda al gobierno mexicano en su relación con Estados Unidos, ayuda frente a la narrativa de la oposición de que existe un pacto oficial con los traficantes de Sinaloa y ayuda a Ismael “El Mayo” Zambada, quien puede retomar poder operativo.
Para frenar la producción y el trasiego se necesita, sin embargo, no una detención espectacular, sino minar la estructura logística y el lavado de millones de dólares en ganancias diarias por el fentanilo. De esto, aún esperamos noticias. (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p.8)

(Obi, Reforma, Opinión, p.9)

(Camacho, Reforma, Opinión, p.9)