Opinión Migración 060223

El Correo Ilustrado

Los movimientos migratorios también provocan guerras, dice

Son obvias las guerras de todo tipo que libran hoy día las superpotencias. Lo que muchas veces se soslaya es que la base de esos conflictos no sólo es el poder ni el dinero, sino los movimientos migratorios de todo el mundo, desde hace más de 2 mil años y esto no va a parar, porque así ha sido históricamente.

Hunos, lombardos, mongoles, visigodos, pictos, sajones, vándalos, persas, francos, hérulos, eslavos y 50 nombres más…

Ahora con los pueblos africanos migrando a Europa y los centro y sudamericanos y del Caribe en oleadas a Estados Unidos, además de los pueblos asiáticos, chinos filipinos, japoneses, etcétera, hacia todo el mundo.

Las preguntas son: ¿Por qué Europa teme tanto a Rusia?, si éste país tiene a su propios enemigos que son el frío y su baja población, ¿por qué Europa no entiende que es el laboratorio de guerra de todo el mundo?, incluyendo las mismas guerras creadas por sus mismos países, ¿por qué Europa no decide su propio destino? ¿Qué ganó este continente con la Segunda Guerra Mundial?

Tomás Arellano (El correo Ilustrado, La Jornada, p. 2)

Reforma migratoria, asignatura pendiente

Transcurrida la primera parte del periodo de gobierno demócrata en Estados Unidos y a punto de iniciarse las movilizaciones y consultas de cara a las elecciones primarias presidenciales de ese país, es preciso tener presente que la regularización del estatus migratorio de millones de connacionales y de otros países en la todavía principal economía mundial, sigue siendo una grave asignatura pendiente.

Si bien se ha observado un trato menos hostil a la comunidad inmigrante respecto de la pasada administración y ha perdido impacto mediático la narrativa de la derecha que imputaba a los trabajadores provenientes del exterior el desplazamiento de la mano de obra local, cuando en realidad lo ha sido la robótica y la innovación tecnológica, no debe desatenderse el hecho crudo de que no se ha podido concretar y ni siquiera avanzar en las cámaras legislativas, la reforma legal que legalizaría la estancia de cuando menos 10 millones de inmigrantes.

La regularización migratoria sería no sólo un acto de justicia para quienes no han hecho más que aportar por años su fuerza de trabajo, esmerada y productiva, sino que beneficiaría a la propia economía huésped, pues daría mayor certeza a la permanencia de los trabajadores, lo que impactaría en la producción, el consumo y la recaudación fiscal, para una mayor fortaleza y competitividad de Estados Unidos frente a otros mercados en expansión como el de China y los llamados tigres asiáticos.

Lo que quiero decir con esta reflexión es que se trata de un esquema ganar-ganar, que tiene que promoverse desde ambos países, haciendo equipo para vencer las resistencias de los sectores de la ultraderecha de Estados Unidos, sectores no mayoritarios pero sí muy estridentes e influyentes, al grado de tener frenada la iniciativa de una administración que tenía a la reforma migratoria como agenda prioritaria.

En mi primera colaboración del año, en este mismo espacio de reflexión, ya señalaba que uno de los grandes pendientes de 2022 era justamente impulsar la agenda migratoria, como acto de justicia para millones de mexicanos. Hoy agrego que es imperativo también, incluso antes que construir un programa trilateral para la sustitución de importaciones de otros mercados, acierto que comparto, darle mayor competitividad al bloque de América del Norte por la vía de la legalización y certidumbre a la fuerza de trabajo en Estados Unidos y Canadá, los receptores de los flujos migratorios del sur.

Este año de activismo político en nuestro principal socio comercial es tiempo propicio para un relanzamiento de esa gran asignatura pendiente. Nunca como en esta administración estadunidense estuvo tan perfilado lo que se llamó, a principios del 2021, el programa más ambicioso de reforma migratoria en décadas. Así se anunció, y no hay razones para poner en entredicho la autenticidad del espíritu que la animaba, espíritu compatible con la declaración universal de los derechos humanos, que pone el acento en los derechos inmanentes, atemporales y extrafronteras de todas las mujeres y hombres de los cinco continentes.

Ese espíritu es el que debe prevalecer y concretarse en una legislación migratoria de avanzada, y no el discurso de la derecha, como el contenido en la advertencia del ex presidente inmediato y ahora precandidato: pondremos fin a la política de detener y soltar, vamos a terminar la migración en cadena, la lotería de visas y vamos a tomar medidas drásticas contra la migración ilegal, justo como lo hicimos hace dos años y medio cuando tuvimos la frontera más segura de la historia de nuestro país.

No quiero dejar de mencionar en esta reflexión la enorme solidaridad de nuestros hermanos migrantes con sus familias, sus comunidades de origen y con la propia economía nacional, sobre todo a partir del desafío de la pandemia sanitaria.

Analistas de BBVA Research estiman que para el cierre de 2022 las remesas a México habrían alcanzado un nuevo máximo histórico, por más de 58 mil 400 millones de dólares, lo que representa un incremento de 13.3 por ciento respecto de lo recibido en 2021, año en que esas transferencias se ubicaron en 51 mil 586 millones. Las remesas acumularon una racha de 31 meses consecutivos con crecimiento, desde mayo de 2020.

El fuerte crecimiento de las remesas a México durante los tres primeros años de la pandemia ubica al país en la segunda posición a escala mundial en la recepción de estos recursos extraordinarios, desplazando a China desde 2021 y ampliando el margen desde entonces, hoy ya por más de 7 mil millones de dólares.

En el análisis global, América Latina y el Caribe fue la región con el mayor dinamismo en la recepción de remesas durante 2022, crecimiento de 4.7 por ciento.

En suma, es tiempo propicio para impulsar las agendas progresistas en el mundo entero, y no hay mayor asignatura pendiente que regularizar los flujos migratorios, dar certeza a la permanencia de quienes sólo aportan su fuerza de trabajo generadora de riqueza y crecimiento, hacerlo como ejercicio de justicia para los beneficiarios inmediatos y, en un circuito virtuoso de la economía, como medida para elevar la productividad y la competitividad de los propios países receptores. (José Murat, Presidente de la Fundación Colosio, La Jornada, Política, p. 14)

Más y más

De acuerdo con el censo 2020, la población de origen hispano en Estados Unidos era de 59.3 millones de personas y representaban 18.9 por ciento del total. La de origen mexicano era la más numerosa y daba cuenta de 61 por ciento, con alrededor de 36.5 millones.

La corriente de migrantes mexicanos a Estados Unidos se frenó en 2020 a causa de la pandemia de covid-19 y según el Anuario de migración y remesas, elaborado por el departamento de investigación de BBVA (publicado en septiembre de 2022) el número de migrantes mexicanos durante 2021 aumentó 400 mil personas.

La migración no documentada creció, y los encuentros en la frontera, que es el término con el que se refiere a las expulsiones que ocurren de modo inmediato y las detenciones, cuando menos temporales, involucraron en promedio a 59 mil personas mensuales en 2021 y 72 mil en los primeros nueve meses de 2022.

En 2021, además, se llegó a un máximo histórico de muertes de migrantes mexicanos ocurridas al tratar de cruzar hacia Estados Unidos: 719 en total, una cifra en constante aumento desde 2018 (en ese año fueron 272) y el mayor número anterior fue 461 en 2005.

Los datos que exhibe la organización WOLA, dedicada a promover los derechos humanos en América, muestran que la policía fronteriza habría registrado 298 mil encuentros con mexicanos en el año fiscal 2020 (por razones administrativas un año fiscal en Estados Unidos cubre del 30 de octubre de cada año al 1 de septiembre del año siguiente); en 2021 la cifra alcanzó 655 mil y en 2022 rebasó los 808 mil. (https://acortar.link/5Vi58E)

Esa es la dimensión del flujo de personas que buscan salir del país y abarca sólo aquellas que llegan a la frontera.

Sabido es que la población de origen mexicano, sean ciudadanos o residentes, o bien, sin papeles, envían una enorme cantidad de remesas al país. Al respecto vale la pena citar algunos datos relevantes acerca de esta población. Según el Foro de Remesas de América Latina y el Caribe que auspicia el Cemla, los trabajadores inmigrantes mexicanos en Estados Unidos tuvieron un ingreso laboral del orden de 320 mil millones de dólares en 2022 y habrían enviado ese mismo año 17 por ciento de dicho ingreso a sus familiares en México.

En una nota del foro fechada en septiembre de 2022 se asienta que en 2021 el ingreso por remesas fue del orden de 51.5 mil millones de dólares, lo que equivale a 4 por ciento del PIB del país. Las variaciones por estados son muy significativas: en Michoacán las remesas representaban 15.4 por ciento del PIB; en Guerrero, 13.9; Zacatecas, 12.6; Oaxaca, 11.38, y Chiapas 9.2 por ciento. En el otro extremo están: Campeche, 0.59 por ciento del PIB; Nuevo León, 1.24; Baja California Sur, 1.25; Tabasco, 1.37, y CDMX, 1.50. (Véase para más detalles relevantes la nota del foro en https://acortar.link/w7p9T9).

En esa misma nota se apunta que 4.9 millones de hogares recibieron remesas de un total de 36.1 millones entre julio de 2020 y agosto de 2021; así que 13.6 por ciento de los hogares son los principales receptores y en ellos esos recursos son muy representativos en el ingreso familiar. En 2021 las remesas fueron equivalentes a 6.2 puntos porcentuales del consumo privado y habrían financiado 45 por ciento del gasto de consumo de los hogares que las recibieron.

México es el segundo país receptor de remesas en el mundo. En 2021, India recibió 89 mil millones de dólares por concepto de remesas (es desde 2008 el mayor receptor), México 54, China 53, Filipinas 37 y Egipto 32 mil mdd.

En 2021, según los datos de Banxico, el ingreso por remesas fue de 51 mil 594 millones de dólares, cantidad que estuvo por encima de los 40 mil 605 mdd de 2020 y fueron 27 por ciento más altas (las remesas habían crecido 8.2 por ciento en 2019 y 11.4 en 2020). En una nota publicada el 2 de enero de este año el banco central informó que el monto acumulado por remesas entre enero y noviembre de 2022 fue de 53 mil 139 mdd, por arriba de los 46 mil 834 mdd o 13.5 por ciento más en el mismo lapso de 2021, así que hay una disminución en el ritmo del flujo de las remesas.

La entrada de divisas por concepto de remesas tiene una relevancia significativa en el país, sobre todo en términos sociales por lo que significa como apoyo al ingreso de los hogares que las reciben y su participación en el gasto de consumo de las familias.

Los montos de las remesas están cuantificados y se conoce el destino geográfico: por estado y por municipios receptores. Como una muestra, entre octubre y diciembre de 2022, Jalisco y Michoacán recibieron casi 9 por ciento cada uno del total; Guanajuato, 8.5 por ciento; en cada caso Chiapas y estado de México, 6 por ciento; Jalisco y Michoacán, casi 9 por ciento, y Oaxaca y Puebla 5 por ciento.

Estos recursos apoyan el ingreso y complementan en muchos casos a los que fluyen de los diversos programas de asistencia social que ofrece el gobierno. No hay una evidencia correlativa entre los resultados de dichos programas con las repercusiones de remesas. El caso es que los indicadores de la pobreza no mejoran, la gente sigue migrando a Estados Unidos, las remesas siguen siendo muy elevadas. La fe no es condición para poner en evidencia las ventajas que enmarcan a las políticas públicas. (León Bendesky, La Jornada, Economía, p. 18)

Juguete inservible

Pobre Andrés Manuel López Obrador y el AIFA. Su juguete nuevo que no sirve. Su magna obra que no despega. Un aeropuerto tan presumido, tan alabado, tan cacareado, y tan inútil. Mientras que el AICM traslada a 373 mil pasajeros al mes, el AIFA sólo logra 17 mil. Helo ahí, reluciente, con una cafetería Starbucks, y nada más 8 a 12 vuelos al día, medio llenos. Helo ahí, construido por militares, manejado por militares, aprovechado por militares y símbolo de la pleitesía que el poder civil ahora le rinde al poder militar. Un tributo a la terquedad, un monumento a la militarización, un regalo que López Obrador se hizo a sí mismo y a sus nuevos amigos. Un aeropuerto que entretiene, pero no funciona.

Y por ello los esfuerzos desesperados del Presidente para obligar a su utilización, aunque sea a la fuerza. Curioso que AMLO me criticara en una mañanera hace meses por pronosticar que ese sería el caso, cuando ha terminado imponiendo medidas, redactadas en su cabeza y dictadas desde Palacio Nacional. Fiel a su estilo de gobernar, López Obrador invoca la razón, pero recurre a la imposición. Si alguna institución se resiste a los machetazos, no tardan los decretazos. Si las aerolíneas no tienen demanda suficiente para despegar desde el AIFA, serán obligadas a hacerlo. Obediencia mata evidencia. Juguete presidencial mata obra pública racional. Patrimonialismo mata patriotismo.

El Presidente tiene una responsabilidad fiduciaria y moral sobre el erario, pero no le importa desperdiciarlo si de comprar pilas para su muñeco se trata. De acuerdo con los estados financieros del AIFA, 90 centavos de cada peso que el aeropuerto reporta como ingresos, fueron una ayuda del gobierno. Un subsidio permanente para pagar el cachivache promovido por Riobóo, a cambio de nombrar y mantener en la Suprema Corte a su esposa, Yasmín Esquivel. Para 2023, el gobierno proyecta proveer 836 millones 230 mil 355 pesos según el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2023, casi lo doble que lo solicitado para el primer año de operación. Ya lo había advertido la ASF: el plan de negocios del AIFA no tiene sustento alguno, ni técnico, ni económico. Por eso, perdió 22 millones 902 mil 811 pesos en su primer mes de operaciones. Un fracaso rotundo, excepto para quien se beneficia del subsidio. Y no es el pueblo de México, no es el Estado. Es el Ejército.

Hasta ahora, el único logro del AIFA ha sido que Joe Biden aterrizara ahí. A cambio, México aceptó recibir a 30 mil deportados -nicaragüenses, haitianos, salvadoreños y guatemaltecos- al mes. Un quid pro quo vergonzoso en el cual México entregó el oro de la política migratoria, por los espejitos del AIFA. Para tapar el elefante blanco financiado por el Estado, López Obrador ahora intenta forzar al uso del Felipe Ángeles, aunque no haya buenas razones para hacerlo. Aunque coloque a las aerolíneas nacionales en riesgo de quiebra con la propuesta de cabotaje. Aunque produzca disrupciones masivas en el transporte de carga al obligar que se traslade del AICM al AIFA. Detrás de los decretazos y las propuestas de reforma constitucional no hay estudios de costo-beneficio, de competitividad, de competencia, de eficiencia, de diagnósticos provistos por la SCT. Hay ideas peregrinas que transitan del pensamiento presidencial al papel. Ocurrencias transformadas en decretos. Caprichos convertidos en cambios a la Constitución.

En el caso del cabotaje, cualquier medida que fomente la competencia, baje los costos y favorezca a los consumidores en loable. Pero no si se instrumenta solo en México, sin asegurar la reciprocidad para que las aerolíneas mexicanas vuelen tramos domésticos en otros países. No si la iniciativa presidencial ignora los métodos de asignación de “slots” para nuevas rutas, o desestima los impactos económicos de la medida. Lo mismo para la terminación de los vuelos de carga al AICM y su traslado al AIFA. ¿Alguien en el gobierno ha proyectado cuántos almacenes se requerirán, cuántas rutas de salida terrestre se necesitarán, cuántos centros de logística se crearán, cuántos tráileres se comprarán, cuántas cadenas de suministro se trasladarán? El Tren Maya no contempló los cenotes, Dos Bocas no tomó en cuenta las inundaciones, y el AIFA reproducirá el mismo patrón. Un Presidente que trata al país como su guardería personal, y lo llena de juguetes caros e inservibles. (Denise Dresser, Reforma, Opinión, p. 11)