Cuando el presidente afirma que son diferentes porque no hay corruptos en Morena y que “ellos” —así lo dice— actúan en “beneficio del pueblo” —lo que él interprete que eso quiera decir—, se refiere precisamente a que no hacen este tipo de chanchullos: manejo oscuro de efectivo, maletas llenas de dinero, depósitos de carrusel para múltiples beneficiarios, su propio secretario particular, Alejandro Esquer, grabado en una sucursal bancaria haciendo esas operaciones.
Pero la evidencia dice lo contrario.
Y de aquí al 2024, cuando la lucha por la sucesión se agudice, esas evidencias empezarán a aflorar por todos lados. En primer lugar porque existen, y el temor a la persecución ha predominado en estos años. En segundo — como sucede siempre— algunos grupos políticos avanzarán y conseguirán posiciones, cargos, presupuesto, contratos y marginarán a otros que no fueron privilegiados. Habrá múltiples evidencias, que finalmente demostrarán lo que ya sabemos. No son tan diferentes.
En una investigación reciente de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, se da cuenta del hallazgo de por lo menos 11 contratos suscritos entre Pemex Internacional y la empresa estadounidense Baker Hughes, por un monto superior a los 29 millones de dólares.
Se trata de la empresa americana que negó en su momento, tener relación alguna con la célebre “Casa Gris” probablemente rentada, pero ciertamente ocupada por el hijo del presidente López Obrador, José Ramón López Beltrán.
Es decir, una sólida evidencia de conflicto de interés, puesto que la empresa beneficiada con los contratos de la paraestatal estadounidense, otorgó —¿a cambio?— al hijo del presidente y su esposa, una contraprestación, favor, regalía, comisión por la obtención de dichos contratos. Más aún, el primero de ellos, está firmado justamente el mismo día en que el susodicho primogénito presidencial, ocupó la residencia.
Recordemos que la mansión era propiedad de Keith Schilling, unos de los altos ejecutivos de Baker Hughes.
Ante la SEC (Security Exchange Comission) y ante el FBI existen denuncias por conflicto de interés entre Baker Hughes y Pemex, un delito penado y muy perseguido en Estados Unidos, por las prácticas de muchas corporaciones estadounidenses que tienen tratos con empresas en Latinoamérica y Asia. El soborno, la comisión, los viajes a paraísos exóticos, las playas o residencias de lujo son mecanismos comunes mediante los cuales, dichas corporaciones disimulan corrupción ejercida para obtener contratos y beneficios.
Lo interesante en estos días es que el señor José Ramón López Beltrán está en la Ciudad de México. Muchos se preguntan si vino a renovar su visa, a cambiar su estatus migratorio puesto que ya tiene inversiones y negocios —deportivos, por cierto— en los alrededores de Houston, o se está protegiendo de potenciales investigaciones en Estados Unidos.
Tanto discurso de pureza moral en este régimen, para que no sólo destacados morenistas, sino la propia familia del caudillo, se vean involucrados en escándalos y evidencias que apuntan a conductas corruptas y delictivas.
Esto apenas inicia y se inclina a marcar un señalado parecido con los corruptos de otros tiempos. No tan diferentes, al final. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Opinión, p. 34)
La reciente aparición del libro de Mike Pompeo, Never give an inch (Nunca ceder en nada), puso en evidencia el modus operandi del precandidato presidencial: la simulación y la mentira.
El ex secretario de Estado rompió el secreto sobre el acuerdo “Quédate en México”, pactado a petición del señor Ebrard el 15 de noviembre de 2018 en Houston, consistente en fingir que se trataba de una decisión unilateral a la que México públicamente se opondría, pero en los hechos gozaría de la colaboración efectiva del gobierno de López Obrador.
El oscuro entreguista trató de ocultar a los mexicanos la verdad: ceder soberanía sin pagar el costo político por aceptar las presiones de Estados Unidos, a cambio de nada (gratis, como diría Trump), degradando nuestro territorio a la calidad de patio trasero de la migra estadunidense y convirtiendo en un infierno la vida de los expulsados, al no existir las condiciones humanitarias para recibir a cientos de miles.
Y una vez que el perverso de Pompeo lo exhibió y lo elogió, Ebrard trató de desmentir el contubernio sin convencer, pues nunca negó haber pedido ocultar el vergonzoso acuerdo.
Decía el legendario director de Siempre!, José Pagés Llergo, quien trabajó en Estados Unidos como editor en La Opinión de Los Ángeles: “el que se agacha ante los gringos una sola vez se lo chingan varias veces”.
Primero Pompeo le blandió el garrote a Ebrard con la amenaza del cierre de la frontera, después de que cedió lo elogió como colaborador a favor de los intereses norteamericanos y mexicanos, como si fueran iguales, luego le alzó la zanahoria con la promesa de aportar ayuda económica en la frontera, la cual nunca llegó, y finalmente como si fuera un tácito endoso le dio el “beso del diablo”: Ebrard “bien podría ser el próximo Presidente de México”.
Un mes después de la “Ebrardcesión” secreta en Houston, el señor Ebrard anunció con triunfalismo:
“Estados Unidos estará enfocado en aumentar la inversión privada y pública en México totalizando 4.8 mil millones de dólares, incluyendo 2 mil millones para proyectos apropiados (sic) en el sur de México”.
A Ebrard los gringos le tomaron el pelo. Nunca llegaron los miles de millones de dólares prometidos por Pompeo y en cambio México desplegó la Guardia Nacional en las fronteras mexicanas para frenar la migración hacia Estados Unidos.
En el gobierno de Manuel Ávila Camacho, el secretario de Relaciones Exteriores, Ezequiel Padilla, renunció al cargo para ser candidato a la Presidencia de la República por el Partido Democrático Mexicano, poco después que el PRI endosó a Miguel Alemán Valdés, secretario de Gobernación.
Pero como Padilla, uno de los tapados, no fue favorecido por el dedo presidencial se lanzó como candidato por otro partido distinto al PRI y perdió.
Padilla era identificado como proyanqui, entregado al poderoso vecino, alineado con Estados Unidos, país que siempre trataba de obtener ventajas a costa de México, lo cual le restó simpatizantes entre amplios sectores de la población.
Ahora el oscuro entreguista simula que es de izquierda progresista, exige piso parejo y al mismo tiempo teje en sigilo el plan B para recibir el apoyo del Partido Verde y de Movimiento Ciudadano, pues Ebrard lo sabe: la única encuesta de Morena que vale será la de AMLO y no cree que será el ungido. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p.8)
El presidente Joseph Biden en su segundo informe de gobierno (State of the Union),mostró su intención de relegirse, pero le quedó a deber mucho a los migrantes mexicanos y latinoamericanos.
Quienes lo vimos por la televisión llegamos a la conclusión de que en materia de migración o inmigración le quedó a deber mucho o muchísimo a personas de origen mexicano y latinoamericano, porque se concretó a pedir –por cierto de manera muy suave o muy leve– el apoyo para su reprobada iniciativa de reforma en la materia, que anunció con tanto bombo y platillo desde su campaña política y durante los primeros meses de su gobierno. Casi mencionó el tema por no dejar, es decir, para que no se dijera que lo ignoró. Pero le faltó amplitud, energía, precisión, enjundia y capacidad de oratoria, arenga y proclama, que usó en otros temas abordados durante más de una hora y 15 minutos que ocupó en su mensaje dirigido a la nación.
Si decimos que Mr. Biden quedó a deber mucho o muchísimo a los migrantes de ambos géneros es por lo que significan los millones y millones de mexicanos y latinoamericanos que trabajan, viven y malviven en Estados Unidos, impulsando la economía y los ingresos fiscales de ese país, al tiempo que contribuyen a paliar la situación económica de cientos de miles de familias que viven y malviven en la pobreza o la vulnerabilidad en México y en los países de Centroamérica y del Caribe.
Pues al señor Biden no le merecieron más que un comentario neutro y pusilánime, además de una expresión negativa cuando dijo a los legisladores estadunidenses que si no lo apoyan en su proyecto de reforma, entonces lo respalden con más presupuesto para que las fuerzas armadas puedan detener el flujo migratorio en la frontera sur de su país. ¡Hágame usted el favor!
Este dicho presidencial es lo más parecido al discurso siempre agresivo del ex presidente Donald Trump.
Mr. Biden no mencionó a México ni a America Latina; tampoco a China, que junto con Rusia es su principal competidor.
Y más aún, los migrantes cuentan y contarán más, así que el presidente tendrá que pagar oportunamente a nuestros paisanos, si no quiere que los nuestros le queden a deber en su elección presidencial. (Heriberto M. Galindo Quiñones, La Jornada, Política, p. 10)
El presidente Joe Biden lanzó de hecho su campaña por la reelección en 2024 con el discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció el martes y lo convirtió en un acto político donde legisladores republicanos, ansiosos de parecer duros y fuertes, fueron sus involuntarios patiños.
Los espectadores del discurso escucharon una lista de logros económicos y propuestas a futuro, pero sobre todo, pudieron ver a un mandatario determinado a recuperar tradicionales puntos demócratas, como la protección a la Seguridad Social y el programa de ayuda MediCare, especialmente importantes a su vez para audiencias que como los ciudadanos mayores se han acercado a los republicanos.
En su discurso incluyó temas que como el uso de tarifas escondidas o de sorpresa irritan a los estadounidenses de clase media, la creación de un impuesto mínimo para multimillonarios y para buscar el fin de la crisis del fentanilo y regularizar la situación de los Soñadores (hijos de padres indocumentados que se criaron en EU). (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. X)
Era imposible no estar pendientes en sus discursos sobre el Estado de la Unión para saber si no usaría esa tribuna del Congreso de su país para anunciar alguna decisión que afectara a nuestro país.
Ahora que Joe Biden es el presidente de Estados Unidos difícilmente hace referencias improvisadas sobre la relación de su gobierno con México. Incluso, en su mensaje de este martes, evitó nombrar a nuestro país en algunos de los temas más espinosos como el narcotráfico o la migración.
No tener el pendiente de ser la piñata del Presidente de Estados Unidos nos permitió ver y escuchar ese mensaje con cierta envidia por la posibilidad que tiene esa democracia de dialogar. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas, p. 7)