Opinión Migración 110223

Trump, Biden y el muro

Ninguno de los dos. Ni Joe Biden ni Donald Trump. La mayoría de los estadounidenses quiere un cambio generacional en la Casa Blanca. Eso es lo que dicen las encuestas. El problema es que ni demócratas ni republicanos se atreven a decírselo a Biden y a Trump.

Primero los números.

El 58 por ciento de los demócratas dice que preferiría nominar a otra persona que no sea Biden, según una reciente encuesta de ABC News y The Washington Post. Estas no son buenas noticias para un mandatario que apenas tiene un 42 por ciento de aprobación a su trabajo en la Casa Blanca.

Los republicanos tampoco quieren a Donald Trump como su candidato presidencial. El 49 por ciento preferiría a otra persona al frente de su partido. Trump es un loser: perdió ampliamente las elecciones presidenciales del 2020 y muchos de los candidatos que él apoyó en las votaciones del 2022 también perdieron.

La parte más interesante de la encuesta de ABC es cuando pone a competir a Trump y a Biden. Trump, supuestamente, le ganaría a Biden: 48 por ciento para Trump frente al 45 por ciento de Biden. Pero esta respuesta cae dentro del margen de error. Además, ocurre a 21 meses de las elecciones de noviembre del 2024 y cualquier cosa podría ocurrir en ese intervalo.

La verdad es que si Biden, a sus 80 años, se quiere lanzar a otra campaña presidencial, ningún miembro de su partido va a retarlo. Aunque sea el primer octogenario en la Casa Blanca. Hace poco la cadena NPR se preguntaba: “¿Qué tan viejo es muy viejo para ser Presidente?”. Pero la lógica de los bidenistas es muy sencilla: si ya le ganó una vez a Trump, lo puede repetir.

Entre los republicanos existe una actitud similar hacia Trump. Aunque más que de respeto, es de miedo. Nadie se atrevería a decirle a Trump, de 76 años, que no busque nuevamente la candidatura del Partido Republicano. La joven gobernadora de Arkansas, Sarah Huckabee Sanders -quien fue vocera de Trump-, abordó el delicado tema en su respuesta al reciente discurso del presidente Biden al decir que “llegó el momento de tener un nuevo liderazgo dentro del Partido Republicano”. Sin embargo, no mencionó a Trump por nombre.

En ambos partidos ya hay jóvenes políticos dispuestos a probar ideas nuevas, a trabajar con la oposición y a ser más inclusivos en un país cada vez más diverso. No es posible que en pleno siglo XXI la única alternativa política sea Biden contra Trump y una constante polarización.

Estados Unidos está atorado: lo nuevo ya nació pero no sabe cómo dejar atrás el pasado. Y dependiendo de a quién escojan los estadounidenses, se podrá rectificar la relación con México en materia migratoria.

Pocas veces ocurre pero en el 2024 tanto México como Estados Unidos van a escoger nuevo Presidente. Y esta es una oportunidad única para romper con la injusta política que ha convertido a México en el muro y en la patrulla fronteriza de Estados Unidos.

La culpa es del presidente López Obrador quien, súbitamente, cambió su discurso de ayuda y cooperación con los migrantes centroamericanos y del Caribe. Bajo presión de Trump y cediendo a sus amenazas de nuevos aranceles, AMLO negoció en secreto -según Mike Pompeo, ex secretario de Estado- el programa Quédate en México, violando así el derecho internacional al asilo de miles de inmigrantes. Además, AMLO puso a la Guardia Nacional a bloquear el paso de extranjeros en territorio nacional.

Y ya con el gobierno de Biden, México sigue cediendo. El gobierno de AMLO hace poco aceptó recibir 30 mil inmigrantes al mes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Haití que, originalmente, iban a quedarse en Estados Unidos. El Presidente ha hecho todo lo que Biden y Trump han querido. A cambio, no hay críticas -al menos públicamente- de la violencia en México ni de la particular manera de gobernar de López Obrador. Dando y dando.

Estados Unidos está en el proceso de escoger a Biden, a Trump o a ninguno de los dos. Pero el próximo presidente de México debe aprovechar la coyuntura electoral en ambos países para escoger su propia y soberana política migratoria. México siempre ha sido un país de migrantes. Ahora le toca cuidar -y no reprimir o detener- a los que necesitan ayuda para llegar al norte.

México no debe ser el muro, ni el centro de detención migratoria de Estados Unidos. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)

Reflexiones constitucionales / Biden será candidato por el Partido Demócrata

El pasado 7 de febrero se celebró el denominado discurso sobre el “Estado de la Unión”, en el que el presidente se presenta ante el Congreso de Estados Unidos para informar sobre su gestión durante el último año. Joe Biden apareció de manera sorpresiva como un hombre sereno, dinámico y sin titubeos en sus proposiciones políticas; fue un presidente que llamó poderosamente la atención, por su capacidad oratoria y su orientación ideológica.

Afirmó que él es capitalista, pero que el capitalismo no puede existir sin la competencia, es decir, retomó las viejas lecciones de Adam Smith sobre el mercado perfecto y la condena a los monopolios. De manera clara, arremetió contra las grandes corporaciones del Imperio; apoyó firmemente la política de Seguridad Social y el Medicare de manera rotunda; asimismo, subrayó el apoyo a los sindicatos y a la clase trabajadora.

No sólo fue una embestida política, sino también, una propuesta de reforma fiscal: mayores impuestos a los grandes capitales y menores a aquellos que ganan menos de 400 mil dólares anuales; apoyó la política a favor de los adultos mayores, la niñez, sobre todo, insistió en dar mejores posibilidades económicas a la clase media.

Al parecer, Biden dio un viraje más a hacia la izquierda, que nos hizo recordar al senador Bernie Sanders; también convocó a la unidad con los republicanos y arremetió contra la industria farmacéutica y las grandes corporaciones bancarias y financieras; insistió en la necesidad de una economía social, reviviendo –quizá– la interpretación del capitalismo que hace John Maynard Keynes.

Se le vio con toda energía, desmintiendo a esa opinión pública que lo señala como un funcionario senil y caduco; recuperó las banderas claras del Partido Demócrata; y, defendió las posiciones internacionales de Estados Unidos en su guerra comercial contra China y apoyando de manera firme a Ucrania en su guerra con Rusia. Fue un Biden diferente, le habló con precisión a su pueblo, defendiendo los ideales libertarios de Estados Unidos.

Un discurso de nacionalismo total y dirigido –sin la menor duda– al electorado, por lo que seguramente obtendrá la candidatura demócrata y, a pesar que las encuestas no le favorecen, puede volver a tener el éxito electoral en los próximos comicios.

En cuanto a la migración, aun cuando apoyó a los dreamers y a la necesidad urgente de una ley Migratoria, su posición no fue lo suficientemente enfática, aun así, planteó este tema; también expuso las libertades que tienen que ver con el derecho de las mujeres al aborto.

Criticó a la Suprema Corte, con el cuidado y la diplomacia que se requiere. En suma, se presentó como un candidato en campaña con respaldo, con fuerza y con entereza.

Para los mexicanos es muy importante observar y analizar –con todo cuidado– la arena política norteamericana, pues, la geopolítica –nos guste o no– nos obliga a depender –en gran parte– de la potencia Americana.

En términos generales, son buenas noticias, pues al menos en el discurso, el presidente Biden se presenta como un auténtico reformador social. (Alfredo Ríos Camarena, El Heraldo de México, Estados, p. 9)

La Corte / Una gran oportunidad

Esta semana, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, presentó su segundo informe sobre el Estado de la Unión ante el Congreso de ese país, donde se abordaron tópicos como la crisis por opioides, el sistema de salud o migración, reconociendo las 300 leyes bipartidistas que se han aprobado durante la presente administración en asuntos como apoyo a veteranos de guerra, combate a la violencia en contra de la mujer e infraestructura, en tanto que aprovechó la coyuntura para hacer un llamado a la unidad nacional frente a los inmensos retos domésticos y extranjeros.

En ese sentido, el presidente Biden indicó que la migración indocumentada desde países expulsores de migrantes se ha reducido 97% gracias al nuevo plan fronterizo presentado en enero, además del arresto de ocho mil traficantes de personas y la incautación de más de diez toneladas de fentanilo en la frontera con México, no obstante, aclaró que los problemas en la frontera no se solucionarán sin la intervención del Congreso en temas de recursos y sensibilización respecto a rutas sostenibles de migración reglamentada.

Este discurso enmarca lo que pareciera el principio del proceso personal y político del presidente hacia el próximo proceso electoral de 2024, exponiendo los logros legislativos en sus primeros dos años, abordar la recuperación económica tras la pandemia, considerando los indicadores que sugieren una posible recesión, en contraste con la perspectiva de ultraconservadores republicanos y su forma de interpretar la política en la actualidad.

Más allá de las intenciones del presidente, bajo un contexto de encuestas que demuestran que la opinión pública y el electorado no lo ven apto, a sus eventuales 82 años, de iniciar un segundo mandato, la posibilidad de que ello ocurra representaría para México una oportunidad interesante.

El sobrevuelo de un globo no tripulado chino y su derribamiento sobre aguas estadunidenses representa el capítulo más reciente dentro del deterioro de las relaciones entre ambos países, destaca el consenso bipartidista respecto al endurecimiento de posturas en el tema y cómo ello pudiera beneficiar a México con la reubicación de capitales estadunidenses desde China. Para ello, tendremos que estar listos para entender el reto y las oportunidades de desarrollo que implica esta decisión.

Por otra parte, con la eventual desaparición del Título 42, que permite, con autorización de nuestras autoridades, la estancia indocumentada de miles de migrantes centro y sudamericanos en territorio nacional, la administración de Biden está empeñada en mantener esta cooperación a través de otros medios.

Más allá de las intenciones electorales del presidente Biden, y el contexto político exacerbado y ultraconservador vuelven aún más importantes estos temas con nuestro país en una oportunidad y en ese gran reto que debemos superar conjuntamente. (Azul Etcheverry, Excélsior, Nacional, p. 11)