El movimiento masivo de personas provenientes de Centro América es ya una de las migraciones más complejas en el mundo. Según expertos el factor económico era una de las principales causas en la década de los setenta, no obstante, esto ha ido evolucionando con el tiempo. Se ha documentado que los conflictos armados de los años ochenta obligaron a muchas personas a escapar (sobre todo las guerras civiles de Nicaragua, Guatemala y El Salvador).
De igual forma, en la década de los noventa los desastres naturales contribuyeron a la migración masiva (por ejemplo, el Huracán Mitch en 1998, considerado el peor del siglo XX en Centroamérica). Y desde el año 2000, se reporta que los desplazamientos han sido, en su mayoría, por los altos índices de inseguridad y las bandas delictivas que asolan a los países centroamericanos.
La migración de personas provenientes de países centroamericanos ha generado una crisis en la frontera entre Estados Unidos y México. La Secretaría de Seguridad Nacional de EE.UU. estima que tan sólo en el 2022 los agentes fronterizos encontraron a casi 2.4 millones de migrantes en la frontera, un aumento del 37 % respecto al 2021.
El repunte es consecuencia, sobre todo, del aumento histórico de migrantes provenientes no sólo de Centroamérica sino también de países como Venezuela y Cuba. Y si a esto le sumamos las restricciones fronterizas que Donald Trump heredó al actual gobierno de la Unión Americana, como la del Título 42, podemos ver que la “invasión” de miles de migrantes, como lo dicen autoridades fronterizas, está generando una crisis humanitaria. Los especialistas estiman que si se elimina el Título 42, como posiblemente se efectúe en el mes de mayo según lo anunció el propio gobierno estadounidense, hasta catorce mil personas al día intentarían cruzar la frontera de manera indocumentada.
La crisis migratoria está causando tensión no sólo en la frontera, también afecta de manera profunda a los gobiernos federales de EU y México. En una encuesta realizada por Gallup se dio a conocer que “la satisfacción de los estadounidenses con el nivel de inmigración ha caído seis puntos porcentuales durante el último año, siendo el peor nivel de aprobación en una década”. ¿Qué significa esto? Que el gobierno de Joe Biden no está convenciendo a nadie en materia migratoria.
Pero ésta no es la única mala noticia para las intenciones de Biden de recuperar credibilidad con los latinos. La mayoría de los republicanos en las dos cámaras del Congreso difícilmente aprobarían cualquier intento por beneficiar a los migrantes en los siguientes meses, ya que en el 2024 serán las elecciones presidenciales. Y ni qué decir de la actuación del presidente estadounidense en el tema humanitario: en su primera visita a la frontera con México no se dio el tiempo para entrevistarse con alguno de los migrantes que se encuentran varados comiendo una vez al día y sin saber cuál será su suerte.
En cuanto a nuestro país, los desencuentros a causa del tema migratorio también fueron tendencia la semana pasada. El actual canciller, Marcelo Ebrard, y la exembajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, sostuvieron una fuerte discusión en redes sociales derivada de las afirmaciones de Mike Pompeo (Secretario de Estado durante el mandato de Donald Trump) respecto al programa “Quédate en México”. Bárcena aseguró que Ebrard no sólo aceptó que el programa se llevara a cabo, y el cual permitía que retuvieran a los migrantes en la frontera mientras se resolvía su solicitud de asilo (la mayoría de ellos centroamericanos, por cierto), sino que lo mantuvieran en secreto.
Mientras los gobiernos federales de EU y de México atienden la crisis migratoria en la frontera, en los estados seguimos de manera incansable trabajando por los migrantes. Por dar un ejemplo, en mi participación en el encuentro sobre migración en Panamá destaqué el protocolo de atención a migrantes en tránsito que desarrollamos en Guanajuato por instrucciones del gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo. Esta herramienta ha servido para que, a través de la Coordinación Nacional de Oficinas de Atención a Migrantes (CONOFAM), otras entidades de nuestra país desarrollen su propio protocolo.
La reunión en Panamá concluyó pero yo no dejaba de pensar en las personas que viajaban en el camión que se accidentó en aquel país. Quienes murieron eran, precisamente, migrantes. Paradójicamente, sus historias, que se apagaron trágicamente ese 15 de febrero, son también parte del foco rojo que enciende las alertas en la frontera de Estados Unidos y México. No supe sus nombres, pero seguramente en sus hogares las veladoras con sus fotos ya los iluminan. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 17)
Es el turno del estado de Sonora, las miradas están en Puerto Peñasco, pequeña ciudad de pescadores que se dedicaron a la acuacultura por cientos de años. En el golfo de California se encuentran varias de las mejores especies de crustáceos, como el camarón (chano, azul y café), además de moluscos (ostiones) y peces, también muy apreciados, como la carpa, bagre y mojarra, que han significado el sostén económico por muchos años.
La acuacultura ha sido una de las actividades que ha mantenido a grandes pesqueras, medianas y las más modestas pesqueras. Y, a pesar de las grandes desventajas que enfrentaron los pescadores más desprotegidos, lograron sostener su fuente de trabajo hasta que ya no pudieron competir con las pesqueras bien equipadas ni con el desdén de las autoridades en turno.
Uno de los grandes problemas para la acuacultura en Sonora ha sido la falta de un verdadero programa que incluya a todos los grupos que viven de esa actividad.
En suma, la acuacultura local fue una fuente de trabajo importante para quienes se dedicaban a la pesca en pequeña escala. Sin embargo, las autoridades no siempre les ofrecieron las condiciones para desarrollar esa actividad en igualdad de condiciones laborales seguras ni de equidad comercial. El mar es de todos y especialmente de los pueblos sonorenses originaros que han vivido de los productos marinos.
La falta de garantías obligó a la población pesquera a buscar su sostén participando en la industria de la construcción. No obstante, después de la crisis económica estadunidense, cuando ya no fueron posibles los créditos para este tipo de proyectos en México y los préstamos de los bancos nacionales eran inaccesibles, un sinnúmero de trabajadores de la pesca quedaron en el abandono. Ni pesca ni albañilería. El empobrecimiento de la población se incrementó.
Así, desde sexenios atrás, la situación económica ha sido crítica. La migración y la desintegración de miles de familias han sido el resultado de la falta de atención por parte de los gobiernos neoliberales en turno; sin embargo, emigrar hacia Estados Unidos ya no es una garantía para salir de la pobreza.
Creció entonces la delincuencia organizada y el asedio de los cárteles sobre la población vulnerable. La oferta de riqueza pronta y segura permeó entre los sectores más necesitados. Obligados por las amenazas, o voluntariamente, regiones del estado norteño han caído en el mundo del narcotráfico.
Para miles de familia, la pesca y la construcción fueron una mediana solución a sus economías endebles. Los conflictos colectivos e individuales, tanto emocionales como de salud y atraso social, continúan siendo una realidad.
Pese a todo, la producción pesquera de Sonora todavía representa 35 por ciento a nivel nacional. Ese porcentaje podría aumentar con una mayor inversión para nuevos proyectos de pesca y de protección a la fauna marina en peligro de desaparecer.
Al parecer, el panorama adverso laboral, económico y social se resolverá pronto. No cuestionamos su origen político o partidista de quienes están al frente de esta posibilidad. Lo importante es resolver sin simulaciones y con la meta de beneficiar a la población.
Debemos tomar en cuenta que los gobiernos anteriores abandonaron a su suerte a los pueblos originarios y a la población en general, pero ahora sí existe una solución concreta. El sector energético, para el estado de Sonora, puede modificar esa realidad adversa.
El Plan Sonora ratifica los compromisos que la Cuarta Transformación (4T) tiene, desde su inicio, con la población más pobre del país. El presidente Andrés Manuel López Obrador se comprometió con la lucha por la soberanía energética y el plan mencionado es uno de los pasos para concretar la propuesta y la promesa.
Además de cumplir con el compromiso de avanzar con la utilización de las energías limpias, se abre una nueva etapa de desarrollo para la población sonorense que ha esperado una solución digna, de respeto e inclusión, por cientos de años.
A los seris, yaquis, cucapás, guarijíos, mayos, pápagos y pimas, nuestras congratulaciones. Ahora, con la 4T, serán incluidos en los beneficios del Plan Sonora.
Con la inauguración del megaproyecto, nombrado con justeza Campo Fotovoltáico Rafael Galván, comienza esta nueva etapa para Sonora. A partir de hoy (anteayer) va a significar electricidad para 60 mil hogares, y es apenas el inicio. (Antonio Gershenson, La Jornada, Opinión, p. 11)