Uno de los ejes prioritarios de la relación México-Estados Unidos es el comercio y la integración económica regional. Hoy, los flujos comerciales transfronterizos han alcanzado un dinamismo histórico. En 2022, el comercio con Estados Unidos equivalió a más de 770 mil millones de dólares, una cifra sin precedentes. La intensidad de este comercio está aumentando gracias al reciente fenómeno conocido como nearshoring. Para aprovechar al máximo estas oportunidades, México trabaja con EU en el marco del proyecto Frontera Siglo XXI y el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) para incrementar y facilitar aún más la actividad económica transfronteriza.
México es cada vez más un espacio clave para la inversión extranjera por diversas razones. Por ejemplo, al implementar un programa macroeconómico adecuado, nuestras políticas fiscal y monetaria son el pilar de un buen clima de inversión. Además de atraer capitales extranjeros, buscamos proveer servicios para que las empresas que invierten en México se desarrollen y generen empleos bien remunerados, al tiempo que respeten los ecosistemas, recursos naturales y derechos laborales en nuestro país.
En ese sentido, la Unidad para América del Norte trabaja también para modernizar los cruces y puentes en la frontera norte. Con esto en mente, los gobiernos de México y Estados Unidos, así como el Banco de Desarrollo de América del Norte, participamos en una serie de proyectos con un componente de sostenibilidad ambiental. Además, el gobierno de México lleva a cabo una inversión histórica para modernizar la infraestructura y el equipo de nuestros cruces fronterizos y aduanas. Esto incluye un proceso de licitaciones para modernizar el equipo de revisión e inspección fronterizo con nuevas tecnologías, mismo que realiza la Secretaría de la Defensa Nacional y que concluirá este año.
El objetivo de estos esfuerzos de modernización es contar con una frontera inteligente que recorte los tiempos de espera para cruzarla al tiempo que sea más segura. En el marco del Entendimiento Bicentenario, la SRE busca también promover el intercambio de información entre México y Estados Unidos para reforzar la seguridad regional y prevenir la incidencia de delitos transfronterizos, particularmente detener el flujo de armas, municiones, drogas, así como hacer frente al tráfico de personas.
Junto con Estados Unidos hemos formulado un compromiso conjunto de inversión en modernización fronteriza equivalente a unos tres mil millones de dólares. México también reconoce la importancia de los gobiernos locales y de la diplomacia multinivel para fomentar la integración regional. Por ejemplo, la colaboración entre los gobiernos de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y Laredo, Texas, con la empresa Kansas City Southern para construir la red ferroviaria de Norteamérica. Similarmente, destacan proyectos clave, como el cruce de la Mesa de Otay II; el cruce Mexicali II y el transporte masivo, que conectará a San Diego con Baja California; la reubicación de la línea férrea Nogales y el nuevo puerto de entrada Agua Prieta-Douglas II, en Sonora; la ampliación San Jerónimo-Santa Teresa y el nuevo libramiento de Ciudad Juárez, en Chihuahua; la ampliación de Piedras Negras II, en Coahuila; y la ampliación de Reynosa-Pharr.
La cooperación fronteriza, que incluye seguridad, migración e intercambio comercial, fue también uno de los temas que el presidente López Obrador y el canciller Ebrard discutieron, junto con una delegación bipartidista de senadores y representantes estadunidenses. Acompañados por la Fiscalía General de la República, ahondamos con el grupo legislativo, encabezado por el senador demócrata de Delaware, Tom Carper, sobre los avances bajo el Entendimiento Bicentenario, de modo tal que la cooperación entre ambos siga siendo efectiva y suceda en un marco de cooperación y pleno respeto a la soberanía nacional, en beneficio de nuestros pueblos. (Roberto Velasco Álvarez, Abogado y maestro en políticas públicas. Jefe de la Unidad para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Excélsior, Nacional, p. 14)
Por mucho tiempo se ha intentado restar importancia a la lucha contra el cambio climático. Se ha dicho que es un problema distante, remoto, que no pone en riesgo la subsistencia ni el desarrollo de la humanidad. Se ha dicho que es un reto que podemos solventar con la ciencia y el desarrollo tecnológico, y que el crecimiento económico nos permitirá salir adelante. Se ha dicho que la degradación ambiental y la pérdida de la biodiversidad es una exageración, un mal necesario o sencillamente que no está sucediendo.
Lo cierto es que el cambio climático es una de las crisis más profundas de nuestra era. Con cada grado que aumenta la temperatura global incrementa exponencialmente el riesgo de enfrentar incendios, inundaciones, sequías, tormentas, hambruna y olas de calor, arriesgando la integridad y la vida de millones de personas en todo el mundo. Con cada tonelada de gases de efecto invernadero se acelera la extinción de miles de especies de plantas y animales, que hoy avanza de forma más rápida y expansiva que en ningún otro periodo en la historia de la humanidad. Con cada ecosistema perdido, nos acercamos peligrosamente a un planeta inhabitable y sin futuro.
Los estragos del cambio climático tienen profundas repercusiones en los derechos humanos. El deterioro de la naturaleza afecta gravemente los derechos a salud, alimentación, agua, propiedad, vivienda, libre desarrollo de la personalidad y la vida de millones de personas. Inevitablemente, los más afectados son las personas y comunidades más vulnerables, quienes no tienen voz ni recursos, incluyendo a mujeres, niños, niñas y adolescentes, pueblos y comunidades indígenas, personas de la diversidad sexual, migrantes, personas con discapacidad, entre otros.
Ninguna sociedad es inmune a esta amenaza. Por ello debemos actuar en todos los niveles y desde todas las trincheras para hacerle frente. Todavía tenemos una oportunidad, pero es una ventana estrecha que se cierra rápidamente. Aprovecharla depende de las decisiones que tomemos en esta década.
Como humanidad, está en nuestras manos cambiar el curso de esta historia. Está en nuestras manos reducir y mitigar la contaminación de los suelos, el aire y el agua, la emisión de gases de efecto invernadero, la deforestación, la sobreexplotación de los recursos naturales, entre muchas otras actividades que aceleran el deterioro de la naturaleza y la pérdida de la biodiversidad.
Está en nuestras manos informarnos sobre la gravedad del cambio climático, entender sus causas y repercusiones; comprender la forma en la que afecta a nuestras comunidades y a sus miembros más vulnerables, quienes muchas veces son los que menos contribuyen al problema.
Como garantes de los derechos humanos, a las juezas y jueces nos corresponde velar por la protección de la naturaleza y el derecho a un medio ambiente sano, con base en la mejor información científica disponible y con la participación efectiva de todas las partes implicadas.
Ante todo, nos corresponde escuchar a quienes llevan décadas luchando por esta causa: a las y los activistas, que ponen en riesgo su vida para defender a la naturaleza; a la comunidad científica, que nos alerta sobre la emergencia climática y sus implicaciones; a las personas indígenas, que defienden sus tierras de la explotación desmedida de los recursos naturales; a los migrantes, que deben abandonar sus hogares con motivo de las inundaciones, los incendios y las deforestaciones; a niñas, niños y jóvenes, que reclaman su derecho a un futuro con dignidad y con justicia, en el que sus sueños puedan hacerse realidad.
Como sociedad, está en nuestras manos compartir la urgencia de esta lucha, pero también infundir la confianza de que aún podemos ganarla. Las emisiones globales se pueden reducir, la contaminación se puede detener, la naturaleza se puede conservar, si nos decidimos a actuar con firmeza y unidad.
Es tiempo de reconocer que lo que está en juego no es menor. Es el planeta que habitamos. Son nuestros derechos más fundamentales. Son las libertades de las generaciones futuras. Es la posibilidad de construir un futuro más justo y más igualitario. Actuemos hoy. (Arturo Zaldivar, Milenio, Política, p. 12)