En los últimos meses, se ha reportado que México ha estado recibiendo montos récord de remesas por parte de su población migrante. Así, el Banco de México ha reportado que tan sólo en enero pasado, se recibieron 4 mil 406 millones de dólares vía remesas, mientras que entre febrero 2022 y enero 2023 se recibieron remesas por casi 59 mil millones de dólares.
Entre los analistas, se dice que estos elevados volúmenes de remesas se pueden explicar por la recuperación en la actividad económica y el empleo observados en los Estados Unidos. Por otro lado, la inflación y los diferenciales en tasas de interés también podrían tener un impacto.
De hecho, los crecientes flujos de capitales y remesas han producido una importante apreciación en el tipo de cambio del peso frente al dólar. Cabe recalcar que, si bien la apreciación de la moneda mexicana permite que los consumidores nacionales puedan importar bienes relativamente más baratos del exterior, la apreciación de la moneda encarece las exportaciones mexicanas en un contexto de altas tasas de inflación en México y sus socios comerciales. A decir del último informe trimestral del Banco de México, “los elevados ingresos por remesas compensaron en buena medida un mayor déficit comercial”.
Las altas tasas de inflación suelen tener efectos políticos importantes. Como sabemos bien, en nuestro país, la inflación tiene un impacto mayor en los hogares de menores ingresos: no sólo la canasta de bienes y servicios consumidos se encarece, sino también las transferencias monetarias de los programas sociales se deprecian. Es por ello que, tras la recuperación de la pandemia de covid-19, la inflación ha sido un tema recurrente en las elecciones presidenciales alrededor del mundo en los últimos meses. Si las comparamos con la inflación reciente, las últimas elecciones presidenciales en México han tenido tasas de inflación relativamente bajas: está por verse si la inflación se vuelve un tema relevante en las campañas presidenciales de 2024.
¿Es posible que las remesas tengan consecuencias políticas? La respuesta sencilla es afirmativa, pero los efectos concretos son diversos y a veces contradictorios.
Los líderes políticos y candidatos de diestra y siniestra suelen tratar a sus comunidades migrantes con especial interés. Los migrantes de cualquier país no sólo suelen apoyar a sus comunidades de origen con remesas, sino que también pueden ser actores influyentes en sus hogares de origen por la información y las ideas que pueden transmitir a sus familias: después de todo, las y los migrantes conocen de primera mano economías más desarrolladas y gobiernos de mayor calidad—a este tipo de efectos se le conoce como “remesas sociales” en la ciencia política—. La creciente literatura sobre los efectos políticos de las remesas parte de un supuesto básico: como las remesas aumentan de manera importante los ingresos de los hogares de origen, se puede esperar que, quienes reciben remesas se vuelvan relativamente menos dependientes —más autónomos, por así decirlo— de las transferencias gubernamentales o los programas clientelares.
Los gobiernos autoritarios, o bien los así llamados autoritarismos electorales, suelen apoyarse en la distribución de apoyos económicos a ciertos grupos sociales para mantenerse en el poder. En este contexto, las remesas pueden ayudar a detonar una transición democrática al debilitar el control político o la fuerza electoral de los grupos o partidos en el poder: los politólogos Abel Escribà-Folch y Covadonga Meseguer encontraron evidencia de este tipo de mecanismo.
En regímenes democráticos la evidencia es relativamente mixta. Por un lado, algunos autores han encontrado que los hogares que reciben remesas tienen menores tasas de participación electoral. Por otro lado, otros han encontrado mayores niveles de alternancia política en las comunidades que reciben remesas. Por último, también se ha encontrado que las remesas suelen aumentar en años o periodos de campañas electorales. (Javier Aparicio, Excélsior, Nacional, p. 10)
El Zócalo está cubierto por una marea color de rosa en las fotos que recibí de México. Todas las plazas del país, de hecho, pues este domingo hubo una manifestación nacional. “Se pinta el Zócalo de rosa en defensa de la democracia” (MILENIO), “Multitud llenó el Zócalo en rechazo a la reforma electoral” (La Jornada), “Piden a la Suprema Corte defender la democracia” (Excélsior), “El presidente le tiene miedo a la ciudadanía” (El Sol de México), “Marea rosa” (La Prensa), “¡Histórica manifestación!” (El Día).
Qué lástima no haber podido estar ahí, pensé. En Inglaterra, la prensa dio cobertura a la reforma que pasó el Congreso, a la reacción que provocó en México. “La democracia en México, ganada con tanto trabajo, está en peligro”, dijo el editorial del Financial Times. “El presidente populista de México”, sostuvo, “quiere retener la mayoría legislativa a cualquier costo, y si es posible llegar al umbral de dos terceras partes que permite hacer reformas constitucionales. Un instituto electoral servil haría mucho más fácil su trabajo”.
Es así como todos, aquí, interpretan la reforma. “Llegó la hora de que levanten la voz los aliados y los amigos de México”, concluyó el Financial Times. Europa, pero sobre todo Estados Unidos. No creo que eso sea fácil para el presidente Biden, que necesita la cooperación del gobierno de México para detener el tráfico de drogas y la migración ilegal, y para conservar el orden en la frontera, todo lo cual será crítico en las elecciones del año que viene en Estados Unidos. Washington tiene, además, muchos otros problemas en el mundo: en Ucrania, en Taiwán, en Irán, en Corea del Norte… Europa también. Un grupo de mexicanos nos reunimos en Oxford, el domingo, en apoyo al INE.
Éramos pocos. A nuestro lado estaban las fotos y las historias de las personas, conocidas aquí, que han muerto en Ucrania. Esa es la realidad que absorbe a los europeos. Por eso creo que somos nosotros los que vamos a tener que luchar para defender la democracia en México.
La manifestación nacional del domingo estaba dirigida a la Suprema Corte. El plan B tiene infinidad de contravenciones a la Constitución. Ciro Murayama ofreció varios ejemplos de ello en un artículo, el más grave de los cuales es abolir la estructura ejecutiva del INE. “La Constitución define que los órganos ejecutivos y técnicos dispondrán del personal calificado necesario para el ejercicio de sus atribuciones. Los órganos ejecutivos básicos”, dice Ciro respecto al INE, “son las 300 Juntas Ejecutivas Distritales.
El plan B (artículo 72 de la LEGIPE) desaparece esas Juntas Ejecutivas y elimina a sus cinco vocalías: ejecutiva, secretarial, del registro federal de electores, de organización, así como de capacitación electoral que, hasta hoy, se componen por miembros calificados del Servicio Profesional Electoral Nacional”. La reforma busca mutilar la estructura operativa básica del INE, sin la cual no puede organizar elecciones confiables en México. Eso atenta contra la democracia, viola la Constitución. Por eso, yo también espero que la Suprema Corte declare el plan B contrario a nuestra ley. Para que eso ocurra, ocho de los 11 magistrados deben votar por su inconstitucionalidad. (Carlos Tello Díaz, Milenio, Política, p. 10)
El gobierno de México podría influir en la próxima contienda electoral de los Estados Unidos por los temas de migración, fentanilo y seguridad fronteriza que no se pueden administrar sin la cooperación mexicana.
Asimismo, los intereses estadunidenses buscarán negociar con la presidenta electa o el presidente electo acuerdos que permitan crear un nuevo clima de estabilidad y confianza, en lugar de las provocaciones y desaires del actual mandatario mexicano.
La elección presidencial en México se llevará a cabo el 2 de junio y en Estados Unidos el 5 de noviembre, cinco meses después. En este periodo de transición el presidente Joe Biden, presunto candidato demócrata, podría invitar a la presidenta electa o presidente electo a una visita a la Casa Blanca para impulsar un nuevo entendimiento con México, pero si la invitación es aceptada (lo cual sería un error), el candidato republicano (Trump o algún otro republicano) podría acusar a México de intervencionista.
En el corto y mediano plazo pueden cambiar las circunstancias, pero en cierta medida, las llaves de la Casa Blanca las tiene ahora Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden lo sabe, de ahí que algunos se preguntan por qué ha sido tan condescendiente hasta ahora con su colega mexicano, quien continúa con sus desplantes, ahora afirmó que Estados Unidos es gobernado por una oligarquía y que en México hay más democracia que en EU porque aquí gobierna el pueblo.
El autoritarismo de López Obrador, reflejado en su afán de controlar al INE, logró unir en su contra tanto a demócratas como a republicanos en el Congreso y parece que la paciencia de Biden se agota pues el Departamento de Estado criticó el llamado Plan B.
Entre el Palacio Nacional y la Casa Blanca se ha desarrollado hasta ahora un aparente juego de cordialidad, pero los impulsos autoritarios de AMLO de sofocar al INE y minimizar la voluntad popular de 300 mil manifestantes en el zócalo, prendieron las luces de alarma en Washington.
Biden ha seguido una estrategia de evitar confrontaciones verbales, pero podría responder con acciones severas: sanciones onerosas para México por las disputas comerciales en el marco del panel por violar el T-MEC, investigar a funcionarios mexicanos presuntamente involucrados en el narcotráfico, con base a la ley Kingpin, entre otras medidas.
Del presidente mexicano depende la cooperación con Estados Unidos en el control del flujo migratorio de miles de personas y del tráfico de fentanilo, causante de la muerte de unos cien mil estadunidenses al año.
La pregunta es qué va a hacer López Obrador en el 2024: apoyar a su amigo el candidato Trump, a pesar de que insultó a los mexicanos, lo cual AMLO aceptó con tal de que el republicano no se entrometiera con la política energética de su gobierno.
La otra opción de AMLO sería apoyar a Biden, a pesar de no tener empatía con él, impidiendo el ingreso de caravanas a la frontera a cambio de que el demócrata no intervenga en el sistema electoral en México, pero si permitiera el flujo migratorio (como si fuera un Marielito) estaría apoyando al xenófobo Trump.
El 2024 será un año turbulento. México sería usado como piñata por Estados Unidos y viceversa.
La mejor opción para México y Estados Unidos es abstenerse de intervenir. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p. 14)
“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, frase falsamente atribuida a Albert Einstein. Es una verdad de a kilo. Pero aquí en México no parece que la queremos entender. O, para ser más precisos, los gobiernos son los que se rehúsan a hacerlo.
Veamos los hechos. La madrugada del domingo pasado, siete jóvenes circulaban en una camioneta en Nuevo Laredo. Venían del antro. Cinco de ellos no sabían que ésa sería la última noche de su vida. Y es que, de la nada, una patrulla del Ejército mexicano acribillaría la camioneta con más de 70 balazos. Jóvenes inocentes que iban desarmados. Una masacre más perpetuada por las Fuerzas Armadas que siguen realizando labores de seguridad pública.
Los vecinos salieron a reclamarle a los soldados que resguardaban la escena del crimen. Naturalmente estaban enojados. Increparon y hasta golpearon a los militares quienes, soldados al fin y al cabo, dispararon balazos al aire con el fin de dispersar a los inconformes.
Como suele ser en estos casos, la Secretaría de la Defensa Nacional salió a defender a sus elementos. “Espíritu de cuerpo”, le dicen. Según la Sedena, los militares escucharon un “estruendo” que venía de una camioneta sin placas que transitaba a exceso de velocidad y con las luces apagadas. “Al escuchar un estruendo, el personal militar accionó sus armas de fuego; suceso que actualmente diversas autoridades se encuentran investigando para determinar la veracidad de los hechos”.
En fin, el hecho es que mataron a cinco jóvenes inocentes y desarmados.
Nada nuevo que no hayamos visto en el pasado. El recuento de este tipo de masacres perpetuadas por las Fuerzas Armadas es largo desde que, en 2007, el presidente Calderón declaró la guerra en contra del crimen organizado e involucró activamente a soldados y marinos en la seguridad pública.
Y eso es lo que yo quisiera destacar. Henos aquí, de nuevo, frente al fracaso de la militarización de la seguridad pública en México. Seguimos haciendo lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Pues bien, los resultados son los mismos. La violencia no cesa y los abusos castrenses se repiten.
Es lógico. Como hemos dicho no sé en cuántas ocasiones, los militares están entrenados para matar al enemigo. Ésa es su doctrina central. Es muy difícil sacarlos de esa mentalidad. No son policías ni quieren serlo. Lo suyo es la guerra. Pero los últimos tres gobiernos de este país los han enviado a labores para las que no están entrenados. No sorprende, entonces, que cometan errores y vean en una pickup con jóvenes a un posible enemigo con intención de enfrentarlos.
Mal queda la imagen de las Fuerzas Armadas, por más que sigan teniendo altos índices de popularidad en las encuestas y su comandante en jefe asegure que los responsables serán procesados frente a la justicia.
También queda mal el presidente López Obrador que, una y otra vez, repite que él no es como sus antecesores. En este tema en particular, presume que ya no hay masacres cometidas por las Fuerzas Armadas durante su sexenio. Pues bien, resulta que sí las hay. No sólo se encuentran en las páginas de Reforma.
Pero es peor lo que está sucediendo este sexenio. No sólo seguimos con la falsa idea de que las Fuerzas Armadas van a resolver la seguridad pública, sino que este gobierno ha ampliado la cantidad de trabajos que realizan los militares y que son de naturaleza civil.
El otro día le platiqué a un extranjero todas las cosas que López Obrador le ha encargado al Ejército y la Marina. No lo podía creer. ¿La construcción de un tren? ¿La operación de todos los puertos y aduanas del país? ¿La administración del aeropuerto de la Ciudad de México?
Así es.
Los marinos, por ejemplo, son los que están a cargo de la operación de la terminal aérea de la capital. Hace poco regresé del extranjero y, en la sala de migración, había un marino alto y fortachón haciendo una labor extremadamente importante. “Pase a la 12”, “a la 7, por favor” les decía a los pasajeros para que se dirigieran a esa ventanilla migratoria. ¿Cuánto dinero gastó el Estado mexicano para formar a este militar, enseñarle a navegar, prepararlo para la guerra, y que termine haciendo un trabajo que cualquier bruto puede hacer?
En eso tenemos ocupadas a nuestras Fuerzas Armadas. Yo no sé si ellas estén contentas o no en las múltiples tareas que les ha encargado el Presidente incluyendo la seguridad pública. De lo que sí estoy seguro es que no van a resolver el problema de la inseguridad. Y no es que yo sea un adivino, sino que llevamos 16 años haciendo lo mismo y, oh, sorpresa, con los mismos malos resultados. (Leo Zuckerman, Excélsior, Nacional, p. 9)