Sacapuntas
Biden desecha intromisión en México
Por cierto, la presidencia de Joe Biden rechaza y rechazará todas las iniciativas dirigidas a buscar que sus fuerzas armadas incursionen en México. Así se lo han hecho saber a las autoridades de nuestro país, aunque también se sabe que esa campaña seguirá allá, de aquí a 2024, por la sucesión en la Casa Blanca. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
El pleito con los yanquis está en el manual
El manual del populista marca claramente la necesidad de identificar y combatir a los enemigos del pueblo. Es ahí donde viven los neoliberales, los fifís, la clase media y los conservadores en el discurso presidencial.
Pero el instructivo indica también la necesidad de tener enemigos externos, poderes supranacionales a los que se pueda vender como una amenaza para las causas superiores del pueblo bueno.
Ahí en esa canasta están España, la Organización de Estados Americanos o Perú. Sin embargo, en esa simplificación que busca torcer la realidad, habían omitido al enemigo favorito de varias generaciones de la izquierda mexicana y latinoamericana: el imperialismo yanqui.
Claro, cuando el populismo mexicano tomó Palacio se encontró de frente con el papá de los populistas de derecha en la presidencia de Estados Unidos. Y más allá de la empatía inmediata con Donald Trump, no era buena idea jugar a las vencidas con un republicano que no conoció nunca los límites.
El gobierno de Joe Biden nunca mordió el anzuelo y de hecho México ha quedado relegado entre las prioridades políticas de La Casa Blanca.
Pero ahí están los otros populistas estadounidenses que evidentemente ven en México y sus problemas de migración, narcotráfico e inseguridad un inmejorable caldo de cultivo para sus propios intereses político-electorales.
Senadores, exfiscales, congresistas o hasta gobernadores estadounidenses que quedan muy bien con sus clientelas políticas pero que alimentan al monstruo populista mexicano que solo está a la espera de engancharse con un pleito de grandes ligas contra Estados Unidos en estas cercanías de las elecciones.
Es un hecho que hoy la inseguridad, el narcotráfico y hasta el estilo de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador ya son tema recurrente entre alguna parte de la opinión pública estadounidense.
Llegó a titulares el secuestro y asesinato de los ciudadanos estadounidenses en la frontera común, pero ya había estado en espacios destacados de los medios de comunicación la intentona de aniquilar a la autoridad electoral para quedarse con el control de las elecciones y sus resultados.
Joe Biden, a través de su vocera, se apresuró a desactivar la bomba legislativa que le preparaban a México para declarar como grupos terroristas a los cárteles de la droga mexicanos.
No lo quiso escuchar López Obrador, quien ya se envolvió en la bandera de la soberanía y la defensa de la patria, pero La Casa Blanca descartó el uso de cualquier recurso de fuerza en territorio mexicano contra esos grupos delincuenciales. El no fue rotundo.
El peligro del escalamiento de la beta nacionalista, por parte del régimen de López Obrador, es que se contagie rápidamente a otros ámbitos como el comercial. Ya amenazó con que su gobierno sería el promovente de un panel del T-MEC por el tema agroindustrial. Una controversia que claramente está perdida para México por la falta de argumentos científicos en ese tema.
Ya no queda duda que López Obrador está decidido de ir por el control electoral en este país, pero tal lance necesita también sus distractores ante lo negativo de esas intenciones.
Y el manual del populista también lo dice, hay que crear distractores que permitan generar una cortina de humo que encubra lo que ocurre detrás, que sería sí muy difícil de justificar. (Enrique Campos, El Economista, Finanzas y dinero, p. 7)
Tamaulipas: la gota que derramó el vaso
El año pasado 108 mil estadounidenses murieron por sobredosis de opioides. Aproximadamente, 70 mil por utilizar fentanilo. Una parte sustantiva de esta morfina sintética entra por la frontera sur de Estados Unidos. Por su gravedad, este año la crisis del fentanilo llegó a los grandes centros de poder en Washington: la Casa Blanca y el Capitolio.
La capital del vecino país está preocupada e irritada con México.
“México tiene que hacer más para detener el daño que esto está causando (el fentanilo)”, señaló Anne Milgram, la directora de la Agencia para el Control de Drogas (DEA), en febrero pasado en la audiencia convocada por el senador Bob Menendez (demócrata-Nueva Jersey) en su calidad de presidente del Comité de Asuntos Internacionales. Una semana antes, el 7 de febrero, en su mensaje anual al Congreso, el presidente Joe Biden arremetió: “Introduciremos graves sanciones para detener el fentanilo en la frontera”.
Como parte de la respuesta legislativa, unos días antes del evento en Tamaulipas, dos representantes republicanos, Dan Crenshaw (Texas) y Michael Waltz (Florida) introdujeron una resolución otorgándole al Ejecutivo autoridad para utilizar al Ejército en combatir a los cárteles mexicanos. La resolución, que simplemente expresa un sentir del Congreso y, por tanto, no tiene dientes, se inspira en un proyecto de ley, H.R. 2600 Drug Cartel Terrorist Designation Act, introducida en la legislatura anterior, la 117.
Es decir, el vaso estaba lleno y la noticia de que cuatro estadounidenses que hacían turismo médico fueron secuestrados en Matamoros, Tamaulipas, dos de ellos asesinados y los otros dos heridos, acabó siendo la gota que derramó el vaso lleno de la ira de Washington hacia un vecino del sur que, por lo menos, ha sido negligente en la introducción clandestina del fentanilo.
Los tiburones del Congreso, como el senador Lindsey Graham (republicano-Carolina del Sur), se lanzaron con todo: “México es un Estado narcoterrorista. Es un paraíso para los cárteles. Si México no hace nada, nosotros lo tenemos que hacer…incluyendo todas las respuestas, incluso la militar”. Los cuatro visitantes de Tamaulipas eran de su estado.
Destaca que la noticia sobre de los cuatro estadounidenses secuestrados en México llegó a ser la más leída o vista en varios diarios y canales televisivos.
La violencia en México y lo que se percibe, falta de capacidad y voluntad para frenar el “veneno” que está afectando seriamente a la sociedad estadounidense, alimenta la tradicional narrativa republicana: no queda otra que ir a la guerra contra las drogas. Hay que aniquilar a los cárteles. Es la respuesta del “hombre macho” que inventó Richard Nixon al arrancar los 70, y reafirmada por Ronald Reagan y Donald Trump.
Todos vamos a perder. La guerra contra las drogas sólo ha traído bajas en el sur y en el norte de la frontera.
Se ve difícil, no imposible, que el Ejecutivo estadounidense llegue a designar a los cárteles mexicanos terroristas. O bien que el Congreso apruebe una legislación en ese sentido. La crisis, sin embargo, ya se precipitó.
Los republicanos en campaña electoral, como el exsecretario de Estado y exdirector de la CIA Mike Pompeo, se presentan como quienes entienden la violencia que plaga al vecino del sur y ofrecen su “mano dura” para aplacarla. Trump, quien lleva la delantera en la contienda presidencial de 2024, no tarda en arremeter contra nuestro país.
En este tema, el presidente Biden no puede mostrarse ni paciente ni conciliador. Es demasiado tentador el populismo-nacionalismo punitivo.
No sorprende que AMLO caliente más las cosas. Lo de él es pelear y descalificar. Invita a defender la soberanía. Pero ésta se defiende con Estado y con acciones concertadas con el vecino del norte. Tuvo cuatro años para tener un plan binacional para entrarle con la fuerza y la estrategia que se merece el fentanilo. Ahora ya es tarde.
Las víctimas de Tamaulipas son el chispazo que prendió el barril de pólvora que constituía la crisis del fentanilo que se fue forjando en los últimos cinco años.
Hoy la relación bilateral está en jaque. Las fronteras van a sufrir. Quién se va a querer animar a hacer turismo médico en nuestras ciudades fronterizas.
De seguir la escalada verbal, hasta la propia inversión de Tesla está en juego. Es la hora de la diplomacia, no de nacionalismos populistas. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Mundo, p. 31)
Econokafka // Estadounidenses vs. AMLO (y México)
A los estadounidenses muertos por fentanilo se agregaron los asesinados en Matamoros, en tanto el ciclo político estadounidense inicia lo que será una larga campaña presidencial. Mientras que Joe Biden al parecer buscará la reelección, en el frente republicano el abanico se abre, y uno de los temas de esa campaña se perfila con nitidez: México como piñata, listo para ser golpeado.
Los mexicanos están acostumbrados, resignados, a que el Presidente presente a los criminales como seres humanos que no deben ser combatidos a balazos, sino pacificados con abrazos.
No hay expectativa de que el número de homicidios se reduzca sustancialmente. Se ha normalizado la violencia en las ciudades, los robos en las carreteras, el crimen organizado extorsionando a negocios grandes, medianos y pequeños, apoderándose de actividades económicas, la noción de que hay zonas del país en que el Estado ha claudicado y cedido el control.
Con interés genuino por sus ciudadanos, o ávidos de sacar raja política que les permita ganar puntos ante su electorado, y probablemente ambas cosas, políticos estadounidenses han pasado en días recientes a la ofensiva contra México. Los que mayor margen tienen para hacerlo, porque al mismo tiempo critican a la administración Biden, son los republicanos. Y tienen el abundante material que les proporciona el propio gobierno obradorista.
Donald Trump lanzó sus ambiciones presidenciales a mediados de 2015 atacando a los migrantes mexicanos: “están trayendo drogas, están trayendo crimen y son violadores”. A la postre, una de sus promesas más famosas fue que construiría un muro a lo largo de toda la frontera –y que lo pagaría México. Trump fue visto inicialmente como un payaso que nadie podía tomar seriamente. Lo importante no es si tenía razón en las acusaciones y promesas que no se cansó de lanzar en lo que constituyó una impresionante diarrea demagógica, sino que logró la candidatura presidencial y llegó a la Casa Blanca.
Ocho años más tarde, dos ciclos electorales estadounidenses, habrá quien considere que puede repetir la historia, o al menos ganar en su distrito o estado. Atacar a México es electoralmente redituable para cualquier político: se gana notoriedad, posiblemente votos, y a los que se ataca no pueden votar en contra. Si algo demostró Trump es que el llamado voto hispano no es monolítico y tampoco se solidariza necesariamente con la tierra de sus ancestros.
Lo que probablemente nunca esperó AMLO fue que políticos estadounidenses empezaran a plantear lo que hace pocos años era impensable: la necesidad de una intervención militar. A quien tanto le gusta hablar de soberanía, la pone en entredicho con una estrategia que en el mejor de los casos es vista como un fracaso ante las mafias criminales y en el peor como una encubierta complicidad con ellas. En otras palabras, México es un Estado fallido o un narcoestado. Ninguna de las dos alternativas es atractiva para tener tres mil kilómetros de frontera en común.
Un frente que López Obrador nunca planeó se está abriendo, y será crecientemente grave en el largo camino a 2024 en que se atraviesan la elección presidencial mexicana (en junio) y la estadounidense (noviembre). El inquilino de Palacio Nacional no puede ignorarlo, burlarse o decir que le atacan aquellos que perdieron sus privilegios. Quien se llena la boca al hablar de soberanía nacional es quien ahora la está poniendo peligrosamente en la mira de muchos estadounidenses. (Sergio Negrete, El Financiero, Economía, p. 15)
Sobreaviso // Narrativa en apuros
La creciente tensión entre México y Estados Unidos no se resuelve con desplantes antiintervencionistas o nacionalistas, sobre todo, cuando los problemas, las diferencias y los litigios con el vecino abarcan múltiples campos.
Coyunturalmente, el secuestro que dejó por saldo dos estadunidenses muertos, un herido y una ilesa en Matamoros, Tamaulipas, domina con estridencia el escenario y anima el piar de los halcones del norte. Sin embargo, estructuralmente el flujo migratorio hacia Estados Unidos que ha hecho de México el muro supuestamente repudiado; los litigios en materia de energía, maíz transgénico y acero, así como el tráfico de armas en un sentido y el de fentanilo en otro advierten un momento de enorme rispidez en la relación bilateral. Cualquier descuido o exceso en el tratamiento de esos asuntos podría acarrear a México consecuencias de enorme calado.
Un momento, por lo demás, contaminado desde ahora por la coincidencia de los concursos electorales del año entrante aquí y allá, cuya naturaleza subrayará las diferencias. Si no se distiende cuanto antes esa atmósfera, sobre la base de cumplir acuerdos donde los hay y construirlos donde no los hay, la rispidez de hoy se podría traducir en desencuentro mañana.
En ese capítulo, la narrativa presidencial patina. Sea porque se finca en una soberanía que se resolvió asociar o porque repudia la injerencia en los asuntos internos, mientras se practica en otras lares. ¿Cómo explicar esa diplomacia que de los acuerdos hace un olvido y, en otros aspectos, toma carriles distintos y contradictorios en su conducción? (René Delgado, El Financiero, Nacional, p. 29)
Injerencista atajado
El secuestro de cuatro ciudadanos estadunidenses y el asesinato de dos de ellos en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas, ha sido instrumentalizado por la ultraderecha estadunidense para dar rienda suelta a su discurso racista, xenófobo, militarista e intervencionista contra nuestro país, propiciando que vuelvan al centro del debate público posturas cavernarias que azuzan los miedos de la ciudadanía hacia la población migrante e incluso contra mexicanos y latinoamericanos en general, tal como ocurrió durante el gobierno de Donald Trump.
Un personaje que aprovechó la coyuntura para ganar notoriedad es el congresista republicano por Texas Dan Crenshaw, quien llamó a usar la fuerza militar de Estados Unidos contra el crimen organizado en México. Desde enero pasado, el político presentó una iniciativa de ley para declarar organizaciones terroristas a los cárteles del narcotráfico, clasificación que permitiría a Washington realizar intervenciones militares en nuestro territorio incluso contra la voluntad expresa del Estado mexicano.
El presidente Andrés Manuel López Obrador reaccionó en los términos más enérgicos contra esta pretensión que pisotea el derecho internacional y que se inserta en la peor tradición política de esa nación. Además de irresponsable, expresó el mandatario, es una ofensa al pueblo de México, una falta de respeto a nuestra soberanía.
Consideró inadmisibles los dichos de Crenshaw, y recordó que México no es un protectorado y no recibe órdenes de nadie. Horas después, el titular del Ejecutivo se reunió con Elizabeth Sherwood-Randall, asesora de Seguridad Nacional y encargada de la estrategia contra el fentanilo de la Casa Blanca. Al término de este encuentro, el presidente López Obrador manifestó en sus redes sociales que su homólogo Joe Biden respeta la soberanía mexicana, apreciación confirmada por el canciller Marcelo Ebrard, quien descartó un conflicto bilateral por las declaraciones de un legislador de oposición.
Más allá del oportunismo de Dan Crenshaw y otros (replicado de manera deplorable por la derecha mexicana, sus medios y opinadores), el asunto de fondo reside en el contagio de los problemas estadunidenses a nuestro país: la epidemia de adicción a las drogas legales (como los opioides recetados) e ilegales, el culto a las armas de fuego, y el terrible libertinaje para acceder a ellas, la desregulación financiera que ha convertido al sistema bancario en una gigantesca máquina de lavado de dinero, el mercantilismo salvaje y la búsqueda de pretextos para mantener una política imperial anacrónica y perniciosa son todos ellos conflictos de Estados Unidos que alimentansobremanera la violencia que padece México.
Por mencionar sólo dos elementos de esta ecuación, sin el insaciable apetito de los estadunidenses por las drogas y sin el incesante tráfico de armas fabricadas allí, las organizaciones criminales del sur del río Bravo no tendrían posibilidad de existir ni medios para desafiar a las autoridades.
En vez de culpar a México por sus problemas internos, los políticos estadunidenses que sienten la tentación de atacar a nuestra nación deberían cuestionarse cómo es posible que la superpotencia planetaria, dotada del mayor aparato de espionaje del mundo y de agencias de seguridad con presencia global, no sea capaz de combatir la distribución de sustancias ilegales en su propio territorio.
Esta inverosímil impotencia de Washington para atajar el tráfico de estupefacientes dentro de sus fronteras exhibe que la finalidad de Crenshaw y otros nada tiene que ver con las drogas, sino con azuzar a su electorado y reforzar el intervencionismo.
Cabe congratularse porque la relación bilateral se desarrolle por encima de las provocaciones injerencistas de algunos sujetos carentes de escrúpulos, continuidad que es expresión del nuevo paradigma en los vínculos con nuestro país vecino del norte.
Es previsible que este tipo de insolencias se multiplique conforme la clase política estadunidense se adentre en las campañas electorales del año entrante, y ante ellas habrá de recordarse cuantas veces sea necesario que México no va a volver a la lógica fallida de la guerra, la cual debe erradicarse para dar paso a una visión humanista e integral, en la que la violencia sea atendida en sus causas profundas, mediante soluciones auténticas, alejadas de salidas falsas y contraproducentes. (Editorial, La Jornada, p. 2)
Plata o plomo // El caso Matamoros y las rayas en la arena
El asunto de los estadounidenses secuestrados en Matamoros demuestra que el Estado mexicano tiene pintadas algunas rayas en la arena.
Si las víctimas son de Estados Unidos y su caso se vuelve nota en todos los medios del país vecino, las instituciones de seguridad y justicia moverán cielo, mar y tierra para lograr su pronta ubicación. Habrá retenes en los caminos, rondines en las colonias, helicópteros en los aires. Investigadores de élite se harán cargo de las indagatorias. Dos o tres secretarios de Estado, además del gobernador y el fiscal del estado, le darán seguimiento al caso. El asunto llegará incluso a la mañanera.
Si además el secuestro sucede en medio de tensiones entre México y Estados Unidos, cuando muchos políticos del otro lado hablan de medidas de mano dura contra los cárteles mexicanos, el desenlace probablemente sea más expedito. O como mínimo, la banda criminal responsable va a tener fuertes incentivos para recular, liberar a las víctimas que sigan vivas y poner de chivos expiatorios a algunos de sus integrantes.
¿Pero qué pasa si las víctimas son mexicanas? Bueno, entonces tendrían que demostrar que son prominentes por otro motivo. Que son políticos o actrices o futbolistas (tal vez algunos recuerden el frustrado intento de secuestro de Alan Pulido hace algunos años). O algo, lo que sea, que sugiera que su secuestro puede generar trending topic. Tal vez con eso, algo de caso le puedan hacer a las víctimas
¿Y si no son famosas o prominentes o están ubicadas en alguna circunstancia que permita viralizar el caso? En ese escenario, las perspectivas no son muy alentadoras. No les van a dar el tratamiento Matamoros. Les espera un largo cautiverio o la desaparición permanente. Sus familias tienen por delante los maltratos en el MP, la reacción lenta, las sugerencias de que nada sirve denunciar, las solicitudes de moches y la angustia que nunca se agota.
Alguien podría objetar, claro, que no todos los casos pueden recibir un trato de excepción. Pero ¿no sería posible que el criterio para dar respuesta extraordinaria a un secuestro o una desaparición fuera algo distinto que la nacionalidad, la prominencia social o la viralidad potencial?
¿Como qué? La edad, por ejemplo. Cualquier secuestro de un niño o adolescente podría recibir el tratamiento Matamoros. O el género: si una mujer fuese secuestrada, se detonarían todas las alarmas. O la pertenencia a alguna profesión particularmente vulnerable (periodistas, defensores de derechos humanos, etc.).
Y es que si la autoridad ha de hacer distinciones (y siempre las hace, no nos engañemos), mejor que las haga para proteger al mayor número posible de personas. Y a las más vulnerables.
En estos días, se lanzó el mensaje de que los estadounidenses no pueden ser blanco de secuestro y desaparición. ¿Pero no merecerían un trato similar las personas de nacionalidad mexicana? ¿Algunas, al menos?
Qué bueno que al menos dos de las víctimas de secuestro en Matamoros fueron liberadas. Qué bueno que el grupo criminal haya sentido suficiente presión para meter reversa. Qué bueno que al menos algunos de los posibles agresores serán castigados.
Qué malo que no escuchemos más de esas historias cuando las víctimas son personas mexicanas de a pie. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p. 5)
Las víctimas del mañana
Treinta balazos mataron a cinco jóvenes en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Fuentes públicas reportan que los soldados dispararon más de 60 veces. Uno de los siete jóvenes que viajaba en esa camioneta permanece hospitalizado. La madrugada del 26 de febrero los jóvenes salían de una discoteca y, de acuerdo con el testimonio del único que salió ileso, los militares chocaron contra ellos y comenzaron a disparar. El oficial que firmó el informe aseguró que los jóvenes no llevaban armas, cartuchos o drogas en el vehículo, y aun así uno de los muchachos recibió 12 impactos de bala y otro de ellos 10 más.
Las noticias de los siguientes días fueron casi tan crueles como las referidas muertes. De un lado, defensores de derechos humanos exigían transparencia y la impartición de justicia en tribunales civiles. Del otro, la Secretaría de Defensa y el clamor popular difundían la versión de que estos jóvenes eran integrantes de grupos criminales. A menos de dos semanas de los hechos, las voces se apagaron y la opinión pública se centró en un nuevo caso en Matamoros: el secuestro de un grupo de norteamericanos que terminó en dos muertes, un herido y una mujer a salvo. Un caso atendido diametralmente distinto por la intervención de su embajada, consulado y familiares.
No tengo información que permita afirmar cómo vivían los jóvenes de Nuevo Laredo, sólo conocemos cómo murieron. No sabemos si eran criminales, pero sí sabemos que fueron sentenciados a muerte. Ningún tribunal los juzgó, pero los soldados que participaron en ese operativo decidieron su sentencia y las redes sociales dictaron su veredicto.
En México ya no importa nuestra vida, se nos evaluará por la forma en que morimos. El gobierno nos ha enseñado durante 17 años que todas las muertes por homicidio doloso son de delincuentes; para las autoridades no se requiere investigación, sólo construir narrativas convenientes. No basta la crueldad de morir de una forma violenta, en la lápida también se tachará a esas víctimas como delincuentes.
Los mexicanos nos hemos acostumbrado a la muerte y a la impunidad; nuestras autoridades abdicaron en su función de investigar y perseguir asesinos. Cada víctima tiene nombre, familia, una historia y un victimario. Cada muerte merece justicia y los mexicanos merecemos saber la verdad sobre lo que ha estado ocurriendo en el país, al menos desde 2006. Las autoridades deben investigar cada una de las muertes por un indispensable respeto a los derechos humanos. Si para la autoridad no importan las víctimas, al menos debe investigar cada muerte como un instrumento básico para allegarse de información sobre cómo operan y quiénes integran los grupos criminales, de manera que pueda prevenir delitos y sancionar a los delincuentes. (Gabriela Cuevas, El Universal, Opinión, p. 17)
Bitácora del director // ¿Y cuando ya no haya para programas sociales?
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El crimen organizado domina la vida pública de Matamoros y, en una de esas, la de todo Tamaulipas. Hace una semana, los delincuentes persiguieron, balearon y secuestraron a cuatro estadunidenses. Luego le brindaron servicios médicos, en una clínica privada a su servicio, a dos de ellos, quienes habían quedado gravemente heridos y finalmente murieron. El miércoles por la noche, entregaron amarrados a cinco presuntos sicarios que, según ellos, se equivocaron al atacar al grupo referido. Crimen y el castigo quedan a cargo de los delincuentes. ¿Y dónde quedó el Estado? (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
Arsenal // Se burla republicano de la amenaza de López Obrador
El Presidente perdió la brújula. Su poder no va más allá del río Bravo. No es con amenazas que va a resolverse la crisis bilateral que provocó la ejecución de dos ciudadanos estadunidenses en Matamoros, Tamaulipas, por el Cártel del Golfo.
Y es que López Obrador, envuelto en la bandera nacional, advirtió en la mañanera que “desde hoy” comienza una campaña informativa en EU, para que en las próximas elecciones los republicanos no ganen ni un voto de ciudadanos mexicoamericanos. Dijo textual: “Que todos los mexicanos, nuestros paisanos, sepan de esta alevosía, de esta agresión de los republicanos a México. Y si continúan con esa actitud, vamos a estar insistiendo que no haya ni un voto de mexicanos, de hispanos, de los que quieren su patria”.
Lejos de amedrentar a los legisladores republicanos, la amenaza hizo reír al congresista texano, Dan Crenshaw, coautor del proyecto que busca que los cárteles de la droga mexicanos sean declarados objetivo militar. El republicano subió un tuit en el que se refiere a la advertencia del mandatario mexicano. Dice que López Obrador no sólo está en contra de él, sino de cualquiera que ponga en la mira a los cárteles de la droga. En su mensaje incluyó un burlón “jajaja”.
“Usted —agrega el texano— debería hacer campaña contra los cárteles que están asesinando a su propia gente, y no contra estadunidenses que quieren ayudar a erradicarlos”. En otro tuit que puso 48 horas antes, Crenshaw recordó que dos de los cuatro estadunidenses secuestrados fueron asesinados “y aún no los hemos declarado como objetivo militar”.
* Estoy de acuerdo con López Obrador que hay mucho de “propaganda” con fines electorales en la postura de los republicanos. La construcción del muro en la frontera entre ambos países fue eje de la campaña que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca. El tema de los narcos y los 70 mil estadunidenses muertos anualmente por consumir fentanilo, lo utilizan los correligionarios de Trump para ganar simpatizantes. El secuestro de los cuatro U.S. Citizens —dos de ellos asesinados— colocó de lleno el tema en el centro de la atención de los gringos.
* Declarar a los cárteles de la droga como objetivo militar no es una idea que respalde el presidente Biden. La vocera de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, la descartó el pasado miércoles. “No nos daría una autoridad adicional”, dijo.
Por ahora sólo son “declaraciones injerencistas”, como señaló ayer el jefe de la bancada de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, quien llamó a cerrar filas con el presidente López Obrador. “Hay que dar la espalda a quienes, desde la retórica preelectoral, están promoviendo este tipo de circunstancias que hacen de México una piñata electoral, con el propósito de ganar votos”, dijo.
En el otro extremo del tablero político, el panista Santiago Creel, presidente de la Mesa Directiva en la Cámara de Diputados, manifestó que López Obrador debe asumir su responsabilidad en el combate al crimen organizado. “El que debe dar una explicación es el Presidente; el que debe comunicarse con el gobierno de Estados Unidos es él. Son las buenas relaciones las que deben prevalecer y no los desplantes”, subrayó.
A Santiago Creel le hicimos una pregunta que toca un punto toral: ¿Cómo evitar que la soberanía termine como manto protector del crimen organizado y los cárteles sigan haciendo de las suyas en el territorio nacional, a muy alto costo para los mexicanos? “Si el Presidente está utilizando la retórica nacionalista, intervencionista, en aras de defender la soberanía, es una salida falsa porque el problema está en nuestro territorio”, respondió. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Violencia y desapariciones, el legado
El gobierno federal vive una de sus crisis más intensas. Su estrategia discursiva no alcanza a atenuar las tensiones internas y externas. Las marchas de cientos de miles de mujeres para demandar el fin de la violencia de género exhiben internacionalmente su fallida estrategia, y que ha sido la omisión, laxitud o complicidad el origen de la ola de feminicidios y desapariciones más grave de la que históricamente se tenga registro.
Domésticamente se cuestiona, con cierto grado de desencanto, si el gobierno del centrista López Obrador terminó siendo fallido, tomando en cuenta la invisibilidad que ha generado en torno a los crímenes en razón de género y la desatención de los sectores más pobres, golpeados por la carencia de medicamentos y la violencia del crimen organizado.
Externamente ha logrado movilizar grupos con una gran fuerza en Estados Unidos. Sectores que, pese a que la administración Biden ha tratado de matizar, no puede neutralizar frente a su propio proceso electoral.
Y antes de permitirles acumular un capital político, es probable que Biden termine soltando de la mano al gobierno mexicano, tomando sus propias medidas contra la migración, que ha sido uno de los recursos mexicanos más valiosos.
Esos sectores republicanos y algunos demócratas han decidido confrontar directamente al gobierno de México exhibiendo su tolerancia a los cárteles y su intención de controlar los órganos electorales. Al menos en documentos del Congreso de Estados Unidos —uno de varios que se han filtrado a la prensa— se señala evidencia de que los arreglos de algunos oficiales con los cárteles de las drogas para beneficiar electoralmente a Morena se han salido de control.
El reciente secuestro y homicidio de ciudadanos estadunidenses pone en riesgo el arreglo de tolerancia del gobierno vecino con el mexicano a cambio de frenar la migración en territorio nacional.
A ello se suma la revelación del espionaje telefónico del Ejército al defensor de derechos humanos Raymundo Ramos y a varios periodistas, cometido por una unidad especial, de acuerdo con reportes de la prensa mexicana y estadunidense, a partir del hackeo de documentos confidenciales y relacionado con un caso de ejecución extrajudicial.
Regresando a las marchas. Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) confirman que en 2022 se alcanzaron las cifras más altas en la historia del país de violencia contra las mujeres.
Debe recordarse que en 2015 se comenzaron a desagregar las cifras de violencia de género. Por ello, hoy podemos saber que, bajo el gobierno más feminista, en 2022, 67 mil 315 mujeres fueron víctimas de lesiones intencionales. (Jorge Camargo Zurita, Excélsior, Nacional, p. 10)
Protección consular humana e integral
México ha sido reconocido por ejercer la protección consular más moderna, proactiva y completa a nivel mundial. La especialización de los programas legales, la singularidad de nuestro componente de protección preventiva, creatividad, innovación y nuestra capacidad dinámica de autoaprendizaje y de evolución, a partir de experiencias y resultados acumulados por nuestras representaciones, nos caracteriza y distingue.
Este marco legal, organizacional y conceptual se ve fortalecido por el personal de protección que labora 24 horas, siete días a la semana, y que brinda una atención oportuna, digna, humana e integral a los millones de personas mexicanas que viven y radican en el exterior.
En atención a ese compromiso, esta semana se realizó la primera reunión de Cónsules de Protección de México en América del Norte, siendo la primera ocasión en la que integramos a todas las personas del Servicio Exterior Mexicano encargadas de protección en Estados Unidos y en Canadá. El ejercicio nos permite cumplir con las prioridades y objetivos que han delineado el secretario Marcelo Ebrard y el titular para América del Norte, Roberto Velasco, a fin de vigorizar y modernizar nuestras acciones y programas.
Durante tres días y más de 20 sesiones de trabajo, expusimos los retos y oportunidades de este año: cómo reforzar las actividades preventivas y de atención especializada que ofrecemos en materia laboral, penal, migratoria, civil, derechos humanos y derecho de familia. A lo largo del presente año se presentarán actualizaciones y nuevas medidas en el Programa de Asesorías Legales Externas (PALE), protocolos de atención a situaciones de emergencia, atención a víctimas de violencia de género y de trata de personas, y la ampliación de servicios del Centro de Información y Atención a Personas Mexicanas (CIAM).
Si bien el andamiaje normativo, conceptual y de atención es robusto y sigue ampliándose, nunca hemos perdido de vista el tema más importante: la atención humana que deseamos ofrecer. La base de nuestra labor es conectar con personas en situaciones de riesgo, vulnerabilidad o injusticia, ya sea porque son víctimas de los hechos o porque los ocasionaron. La atención y seguimiento que brinda nuestro personal de protección, tanto profesional como personal, en las horas invertidas, la confianza que transmiten, la atención con empatía y dignidad que otorgan, no puede traducirse en una estadística o en un resultado contable, no obstante, es lo que constituye cada caso que atendemos.
Sin importar su condición migratoria o juzgar las circunstancias que enfrentan, la protección consular contempla diversas situaciones, contextos y realidades para implementar un enfoque pro persona e integral a partir de las herramientas consulares y de las alianzas con autoridades y agrupaciones aliadas.
Ante la complejidad de las situaciones en las que nos involucramos, está siempre el privilegio de servir a nuestra comunidad, especialmente a aquellas personas que más lo necesitan. La labor de los y las protectore(a)s es pilar de la Política Exterior, y nuestra capacidad de respuesta ha sido y siempre será inmediata, integral y humana. (Vanesa Calva Ruiz, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)
Las que se quedan: Mujeres ante la migración en el oriente del Edomex
Pilar se despierta a las 4:30 de la mañana, prepara el desayuno de sus hijos, cocina la comida del día y se alista para salir a trabajar a las 7 de la mañana. Pilar es viuda, su esposo era trabajador migrante del Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT). Cada año, Luis se iba por ocho meses a Canadá como parte del programa, pero hace cinco años falleció. Enfermó en Canadá debido a las condiciones de vulnerabilidad en las que trabajan estos migrantes.
Pilar incluso tuvo que viajar a Canadá para cuidar de su esposo mientras estuvo hospitalizado por tres meses antes de fallecer. Pilar es ahora jefa de familia y responsable del cuidado de sus tres hijos varones. Se esfuerza además por apoyarles con su educación para que en el futuro no tengan que migrar y exponer su vida como lo hizo su padre.
El caso de Pilar es un retrato de la situación que enfrentan muchas mujeres en el país, específicamente en el oriente del Estado de México. ¿Cómo enfrentan la migración de los varones las que se quedan?, las mujeres que se quedan al frente de sus hogares con la responsabilidad de seguir realizando los roles tradicionales de su género en espacio rurales y además suplir a sus parejas en el cuidado de las hijas, los hijos y a veces de los padres.
La historia de Pilar es un relato de lo que está ocurriendo en la comunidad de Cuijingo, al oriente del Estado de México y da cuenta de cómo se están reconfigurando los escenarios que enfrentan las mujeres ante la migración masculina.
En los últimos 20 años la migración de varones del oriente del Estado de México ha crecido. Ya sea por el programa de empleo temporal a Canadá, que funciona desde la década de 1970, o por la migración a Estados Unidos, las comunidades pasan meses o incluso años sin la presencia de varones en edad laboral.
De acuerdo con el estudio de Anabel Flores y Norma Baca de la UAEMex, la migración en el marco del PTAT ha significado la ausencia y reconfiguración de la paternidad en la región y el aumento de problemas entre los adolescentes como el consumo del alcohol y drogas, los suicidios de varones y delincuencia.
Las mujeres que se quedan lidian con la presión social de suplir el rol de la paternidad y ejercer el de la maternidad sintiendo culpa cuando los hijos o hijas abandonan la escuela, se casan jóvenes, maternan y paternan a temprana edad, delinquen y reproducen los escenarios de vulnerabilidad con los que viven sus padres.
Según datos del Consejo Estatal de Población, la comunidad tiene altos índices de embarazo adolescente, alrededor de 125 embarazos de este tipo al año, en un municipio de 23 mil 500 habitantes, de los cuales la comunidad tiene 7 mil, lo que deja a las mujeres con pocos escenarios para crecer en el ámbito personal o laboral.
Esta situación aunada a otras problemáticas en el ámbito rural -como el poco apoyo económico para el campo y la escasez de recursos de movilidad social más allá del programa (PTAT) o la migración a Estados Unidos- está generando escenarios nuevos para las mujeres y se encuentran atados a la forma en que están reconfigurando sus espacios en la familia y en la comunidad, la ausencia de las figuras masculinas es un tema con importantes repercusiones en el ámbito social y también económico. (Jenny Flores, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 25)
Jaque mate // Plural de majestad
Entiendo que es una iniciativa para favorecer a Abraham Mendieta y quizá a los agentes/médicos cubanos, pero aun así respaldo la propuesta de AMLO para cambiar el artículo 33 constitucional a fin de garantizar el derecho de los extranjeros a “la libre manifestación de las ideas”. La libertad de expresión es un derecho humano, no se debe limitar por la nacionalidad de quien la ejerza. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 10)